Categoría: Opiniones e ideas

  • El consejo diario 423

    El optimismo genuino a veces no trae hechos consigo, porque la realidad no lo permite, y sin embargo sigue siendo positivo.
    Igualmente afecta efectivamente a la persona y su entorno, en una acción interna, modeladora, alumbradora, aunque tal vez no provea de una actividad externa.

    La fantasía nociva es el delirio disfrazado de optimismo,
    la parálisis arrogante que espera milagros sin asociarse a ellos,
    la que pretende doblegar a Dios y el cosmos
    según el capricho del momento.

  • Las caras que buscamos, las causas “inteligentes” que asumimos.

    Te propongo en este texto estudiar un poco acerca de las caras que buscamos y las causas “inteligentes” que asumimos.
    Comencemos.

    Miramos al cielo, pronto comenzamos a distinguir figuras, objetos, animales y rostros. También en manchas, en plantíos, en el diseño de la arena llevada por el viento, en el vuelo de las aves, en… ¿en dónde no?

    Con más o menos esfuerzo pronto podrás ir identificando rostros humanos, o que pudieran tener semejanza con el hombre.
    Te doy unos minutos para que lo hagas, si gustas, con la foto de arriba antes de continuar.

    Nuestro cerebro está preparado para reconocer caras, es parte de un sistema de adaptación que se localiza en el área fusiforme facial, situada en el hemisferio derecho cerebral, dedicada exclusivamente al procesamiento de rostros.
    Seguramente que desde muy niños estamos pendientes de que esas caras estén allí, aunque no tengamos conciencia de que son de un “alguien”, ni quien es ese “alguien”, pero sí percibimos en nuestra brumosa existencia que cuando ese rostro se encuentra, sentimos que son satisfechas nuestras necesidades. Al estar esa configuración de ojos y boca, y secundariamente lo que forma su marco, pronto desaparece esa molestia que luego denominaremos apetito, se nos quita esa pesadez que luego llamaremos aburrimiento, nos sentiremos alzados cosa que nos calma mágicamente y así con el resto de las necesidades que son cubiertas.
    El rostro habitual nos hace sentir cómodos, seguros, menos impotentes, con cierto grado de poder.
    Claro, cuando el niño es atendido y cuidado; en caso de faltar regularmente la atención adecuada, es más que probable que se forme algún trastorno, si se tiene la predisposición genética para ello. Las dificultades pueden ser variadas, dependiendo de la parte orgánica y de la regularidad de las distorsiones en el cuidado.

    Es natural que estemos expectantes por la aparición de ese rostro benefactor. Tanto que llegamos a desdibujar información que recibimos por medio de los sentidos para hacerlo aparecer “mágicamente”. Allí en donde casualmente hay dos orificios y una raya, tenderemos a ver un rostro. Aunque se aun efecto de luces y sombras, un objeto inanimado sin pretensiones de cara, igualmente nuestro cerebro creará esa ilusión (aunque no es así habitualmente en el caso de los esquizofrénicos).
    Cuando los rostros no están allí, realmente, el cerebro se encargará de tomar percepciones difusas para suponer y fantasear caras.
    Podemos imaginar otras configuraciones, pero la del rosto es habitual.

    Ejemplos sobran, te daré un par, supongo que bastante conocidos.


    La famosa efigie en la superficie marciana, que es nuestro cerebro el que la forma a partir de sombras y una imagen de muy baja resolución. Comprobado está,

    gracias a nuevas fotografías mucho más nítidas y detalladas, que no existe tal efigie.

    Y otra imagen, de una parte posterior de un reloj despertador, donde fácilmente reconocemos un rostro amargado (quizás por su rudo trabajo diario), donde no hay más que perillas y un surco para apagar la alarma.

     

     

     

    Nuestros primitivos ancestros no tenían mucho conocimiento acerca del mundo, ni del interno ni del externo.
    Como podían iban adquiriendo nociones, formando conceptos, transmitiendo la información a sus congéneres y a los descendientes.
    A pequeños pasos avanzaban en la elaboración de una cultura.
    Veían el mundo y lo decodificaban con los elementos que tenían a mano en su caja de herramientas conceptuales, las cuales eran bastante escasas.

    Dadas estás condiciones, no tardaron en proyectar su EGO en el mundo.
    Expliquemos del EGO brevemente, porque sobre la temática hemos escrito más que en abundancia y se encuentra todo el material accesible y gratuito aquí mismo.

    Llamamos EGO a una función cerebral, primitiva, natural y necesaria del ser humano (probablemente de la mayoría de los animales).
    Cuando se presenta una situación de impotencia se disparan algunos de sus instrumentos, que son bien rudimentarios: llanto, grito, pataleo y en caso de no ser efectivos los anteriores, también la desconexión de la realidad.
    Así, un bebe humano, el cual es absolutamente impotente durante mucho tiempo, cuando siente esa impotencia reacciona automáticamente con llanto, grito, pataleo y/o desconexión de la realidad.
    Este mecanismo natural sirve en situaciones de real impotencia, cuando no hay otros procedimientos que permitan reaccionar a tiempo y conseguir llamar la atención salvadora, o responder satisfactoriamente, o conseguir eliminar la necesidad vivida como traumática.
    Es un mecanismo realmente útil, posiblemente salvador, en aquellos extremos en los cuales no existe otra manera de responder.

    El problema radica cuando se dispara el EGO en situaciones de impotencia sentida, que no tiene una presencia real y que pudiera afectar la salud o vida de la persona.
    Un ejemplo clásico: el niño no obtiene una golosina y rompe a llorar, como si fuera poco arma tremendo escandalo con sus gritos, por si no alcanzara patea el piso mientras rueda agitando los brazos como poseído por una fuerza demoníaca (es una metáfora), sin parar de berrear, babear, atronar con sus exclamaciones lastimeras y agresivas. Todo porque, no le permitieron disfrutar de esa malsana golosina.
    ¿Amerita ese drama espantoso y “apocalíptico” la impotencia sentida por no paladear un caramelo?
    Por supuesto que no, ¿no?
    Pero, en la creencia inconsciente del niño, ¡por supuesto que sí!
    Es su arma para batallar contra la impotencia sentida, para obtener lo que desea, para llamar la atención y recibir lo que quiere, es su válvula de escape para el estrés de sentirse negado.

    Este ejemplo lo podemos extrapolar con simplicidad al niño de cualquier edad y en cualquier rol social, desde 0 a 120 años.
    El esposo que abofetea a la esposa porque se le quemó el pollo con arroz (¿suena atroz? ¿parece irreal? sí, pero conozco personalmente a estas personas).
    El tipo que salió con un revolver a matar al que le abolló un poco el auto en un pequeño accidente de tránsito.
    La madre que pega cintazos tremendos en la espalda del hijo desobediente en cosas mínimas.
    Podríamos continuar, pero creo que se entiende la idea.

    A esto sumemos las situaciones en las cuales no hay un otro presente, sino que el sentimiento de impotencia es en soledad.
    Entonces nos agredimos a nosotros mismos, con palabras o actos.
    O planeamos macabras venganzas.
    O rumiamos nuestro odio y desesperación.

    Por si fuera poco, añadamos lo que quizás no es tan evidente como gritos, golpes o llantos.
    Las mentiras, el engaño, fraude, hostigamiento, y muy especialmente la manipulación, esto es por lo general, hacer sentir al otro en impotencia para que se sienta obligado a realizar una acción a nuestro favor, que de otra manera no la haría.

    Tenemos al EGO ejerciendo su función fuera del contexto para el cual fue diseñado.
    El EGO secuestrando al pensamiento para lograr sus objetivos de someter a la persona, incluso haciéndola creer que tiene poder.

    Así nos poblamos de creencias de impotencia y otras de poder allí en donde no existe.
    Son creencias prestadas/impuestas por otros o torpemente auto confeccionadas.
    Creencias que nos paralizan en el miedo, que recordemos, todo miedo se resume al “no poder”.
    Creencias que nos dejan débiles y sin reacción constructiva, aunque físicamente estemos en plena capacidad.
    Creencias que nos encierran en celditas mentales, nos esclavizan, sin haber ninguna cadena ni barrote que nos esté apresando.
    Nos sentimos impotentes, inútiles, incapaces, fracasados, ineptos, inapropiados, perdedores, con mala suerte, no merecedores de cariño y/o respeto, y otras creencias por el estilo que nos llevan a reaccionar desde el EGO, y por tanto no de una manera realmente adaptativa y que nos empondere y libere.

    Por ahí actuamos un poder que realmente no tenemos, y somos abusivos, paternalistas, entrometidos, mandones, tiranos, hostigadores, violadores y una decena de otras maneras espantosas de vivir sometiendo a otros con ilusiones de poder, pero sin el verdadero poder del autocontrol, de la confianza, del trabajo positivo que construye shalom.

    A todo esto, ¿qué tiene que ver con las pareidolia y especialmente la de vislumbrar rostros incluso donde no se encuentran?
    Te daré una respuesta parcial en este momento.

    Nuestros primitivos ancestros, y muchos actualmente, no solamente crean esos rostros inexistentes haciendo uso de información distorsionada. Van un pasito más allá y se inventan inteligencias y poderes sobrenaturales, allí donde precisan sentirse seguros, observados por una entidad superior y protectora, cuando se sienten impotentes y angustiados reclaman por un EGO salvador que los rescate milagrosamente.
    Entonces, con retazos de información mezclados con sus creencias, suponen presencias angelicales, intervenciones divinas, causalidades en vez de casualidades, destinos, hermanos ascendidos, extraterrestres metafísicos, dioses y demonios, que están ejerciendo sus influencias en el mundo.
    Son entidades con inteligencia, y que también pueden ser de alguna forma manipulados con los trucos corrientes del EGO. Se ora para obtener beneficios. Se pacta con ellos. Se negocia curaciones y éxitos comerciales. Se los adora a cambio de bendiciones. Se diezma para que de alguna manera llueva la riqueza. Se ofrenda hasta lo imposible, para que el dios esté controlado por el minúsculo hombre.
    Puedes ver a tu alrededor, quizás en ti mismo, y encontrarás esto. Sí, también hay multitud de judíos y de noájidas, que debieran llevar otra manera de vida, que se comportan de esta manera y sustentan creencias similares. Multitud, lamentablemente. Por lo general, son los que viven el judaísmo y el noajismo como religión, en lugar de como lo que realmente son: modos de vida multidimensionales, con especial anclaje en la espiritualidad.
    Pero sin dudas que esto se aprecia con muchísima claridad y frecuencia en gente religiosa, cristiana, musulmana, animista, santeiros, etc. Donde predominan las creencias de dioses que son como títeres en manos del creyente. Si el adorador hace x el dios responderá y. Si el fiel clama j el dios enviará k. Etcéteras hasta el infinito.

    Se presume de la existencia de inteligencias escondidas, de la efectividad de los poderes sobrenaturales, y a través de las ilusiones que provoca el EGO uno se encuentra aprisionado por ello y en completo estado de impotencia, o tramposamente se provoca el sometimiento del dios a través de trucos religiosos.

    No faltará quien acusará a judíos y noájidas de cuestiones similares.
    Como habrás visto, estoy de acuerdo de que nadie está libre de “pecado”, en esto. Hay muchos que actúan así, en discordancia con lo que es el judaísmo y el noajismo.
    Además, es una cuestión totalmente normal, humana, que se puede limitar y reducir con el estudio, el aprendizaje de otras pautas de vida, con el entrenamiento para construir shalom en lugar de moverse a instancias del EGO.
    El gran problema es cuando el modo “animista” se institucionaliza y pasa a ser credo obligatorio, cuestión de “fe”, lo que marca la “santidad” de la herejía.

    Pero, ni el judaísmo ni el noajismo en su pureza y sin contaminación de religión (que es siempre una proyección socializada del EGO), precisan de trucos, ni de magia, ni de asumir cosas fantásticas que no se apegan a la realidad que pudiera ser compartida y comprobada (en la medida de lo físicamente comprobable).
    La base de ambas es una vida de construcción de shalom, por medio de acciones concretas de bondad Y justicia, en donde las creencias quedan en segundo plano.
    Entonces, uno puede llevar una vida simple y al mismo tiempo completa, plena de santidad y espiritualidad, sin empeñarse en aprender párrafos, ni participar de rituales, ni llenarse de dogmas.

    Pero además, el judaísmo tiene una milenaria tradición que se ha preservado y en la cual se mantiene el relato fidedigno de las ocasiones en las cuales Dios se manifestó a los hombres, y cuáles fueron sus pedidos explícitos.
    No se basa en creer por fe, ni en negar la inteligencia humana, sino en recibir y trasmitir un mensaje que se ha venido cuidando de generación en generación. Desde aquellos que vivieron en carne propia la revelación de Dios al pueblo judío en el monte Sinaí, y luego manifestó Su Presencia a diario ante todo el pueblo durante cuarenta años. No se trata de creer en cosas absurdas o en imaginar dioses mágicos, sino de continuar el relato fielmente y sin modificarlo, de cuando Dios se presentó y mostró Su existencia y Su relación con el mundo.

    En este caso, no es una sombra que forma un rostro en nuestra imaginación.
    No es una deidad que suponemos, para que de esa manera nos sintamos protegidos y con poder sobre el dios.
    Sino un “ser” real, Dios, que no hubo que imaginarlo ni inventarlo, ya que Él se encargó de hacernos sentir su Presencia.

    Cuidado con los que actualmente te dicen que sienten a Dios en esto y aquello, porque probablemente estarán imaginando dioses, tal como vemos la cara en la parte trasera del despertador.
    Cuidado con los que insisten en llevarte a una existencia de nubes mágicas, rituales de poder metafísico, carismáticos líderes que auguran controlar o explicar todo. Mucho cuidado con suponer inteligencias superiores allí en donde solamente hay EGOs inferiores.

  • Ser simple no es lo mismo que ser simplón

    Tenemos esa tendencia a complicar lo que de por sí es simple.

    Sea a la hora de expresarnos.
    O para resolver lo que se presenta como problema.
    O para descubrir patrones de conductas.
    O para explicar sucesos.
    O súper simplificando al punto de perder de vista la realidad.
    O para manejar los recursos que tenemos a disposición.
    O buscando controlar aquello que está más allá de cualquier control que podamos ejercer.
    O negándonos a controlar aquello que es de nuestra potestad dominar.
    O… son infinidad de oportunidades y situaciones en las cuales ejercemos esa extraña atracción por la complicación en lugar de optar por el camino de la sencillez, de lo concreto, de lo simple.

    Entrenarnos a ser simples, sin por ello ser banales, es una gran tarea, una consigna que puede llevar toda nuestra travesía terrenal.
    Apreciar lo sencillo, valorarlo, apreciarlo, promoverlo, crearlo, ¡qué gran misión!

    Como cualquier otro hábito, precisa de repetición y constancia para conseguirlo.
    Si actuamos de manera enrevesada, una y otra vez, difícilmente encontraremos la claridad mental y la acción concreta certera.
    Si poblamos de palabras nuestro discurso, para finalmente no decir mucho, o directamente nada, ¿cómo estaremos capacitados para comunicarnos auténticamente?
    Si en cada ocasión aprovechamos para perseguir sombras, llenarnos de sentimientos pesados, descartar la simplicidad que revela una opción más válida, ¿cómo desprendernos de ese constante sentimiento de impotencia?

    La vía simple, es la sugerida.
    Puedes ponerte en campaña hoy mismo para lograrlo.
    Si algo lo puedes decir en pocas palabras, ¿para qué añadir?
    Si el camino breve te lleva a buen puerto, ¿para qué dar vueltas alrededor de nada hasta encarar hacia la meta?
    Si las explicaciones pesadas no aclaran nada, ¿por qué no preguntar y encontrar la luz?
    Si las creencias absurdas se caen por su ineficacia, ¿no es mejor declarar la detención de las excusas y el comienzo de un pensamiento analítico?

    Sé simple.

  • Aprender a elegir

    Una de las cualidades humanas es la de poder escoger con relativa independencia.

    Es indudable que tenemos instintos que son automáticos y provocan acciones irreflexivas.
    También nos moldean las pautas que nos dan otros, nuestros padres y familiares, nuestras creencias, las entidades sociales, nuestros amigos y compañeros, la escuela, la tnuá, etc.
    Pero, en última instancia, cada uno se define con sus decisiones.

    A veces nuestras elecciones coinciden con las de nuestros mayores, cuando libremente optamos por prolongar sus pasos.
    Este es uno de los grandes secretos de la continuidad de la nación judía.

    La capacidad de elegir es natural en el ser humano, pero se cultiva y fortalece a través del aprendizaje.
    Por esto, es imprescindible educarnos, adquirir todo tipo de herramientas que nos ayuden a diseñar con talento nuestro camino.
    Soñar o desear no alcanzan, sino que también hay que prepararnos, planificar, ocuparnos, realizar para disfrutar, en lo personal y con el prójimo, la bendición que es la vida.

    El judaísmo lo sabe hace milenios y por ello muchas de sus tradiciones y ordenanzas tienen la finalidad de ayudarnos a aprender a elegir con responsabilidad, a ser comprometidos, a querer construir el Shalom en cada situación.
    Por ejemplo, el milenario Talmud señala: “El futuro del Mundo depende del aliento de los niños que van a la escuela”.

    ¿Se dan cuenta?
    ¡El futuro del mundo, ni más ni menos, depende de la educación de los niños!
    Así enseñaban y vivían nuestros sabios.
    ¿Sigue siendo válido actualmente? ¿Qué opinan?

    Educarse para la vida, comienza con el nacimiento, o incluso antes.
    Llegamos a este mundo con nuestra maleta repleta de misterios para descubrir, proyectos para concebir y desarrollar, muchísimas oportunidades para ser socios en la creación de un mundo mejor.
    Llegamos a un ecosistema y a un marco familiar. Estamos rodeados de amor, de incertidumbres, de deseos, de personas, de cultura, de historia, de ideales, de proyectos, tradiciones locales y religiosas. Todo ello tiene su parte en nuestra formación.

    Así, por ejemplo, en la semana de nuestro nacimiento se leía una determinada parashá, hecho sobre el cual algunos místicos judíos dicen que encontramos en ella mensajes ocultos “personalizados”.
    Será cierto o no, ¡yo no lo sé!
    Pero si sé que resulta muy interesante aprender nuestra parashá, no solamente a leerla de manera ritual, sino a comprender su significado, encontrar enseñanzas, compartirlas, etc. Seguramente que al hacer esto ya estamos encontrando, o elaborando, mensajes personalizados que tiene el judaísmo para cada uno de nosotros.
    En un aparte, permíteme decirte que así podemos hacer con cada una de las parashot, conocerla, profundizar en ella, leerla de la forma ritual, encontrar paralelos con otras porciones del texto sagrado, elaborar mensajes personalizados, compartirlos, hacer que la Torat Jaiim (Torá de vidas) sea una Torá con vida, que vive en cada uno de los que la internalizan y llevan sus moralejas al mundo cotidiano.

    Nacemos y seguimos en completa dependencia de otros, pero paulatinamente vamos comenzando a dar nuestros propios pasos. Nos introducen conceptos y valores, aprendemos, experimentamos, probamos, nos caemos y nos volvemos a levantar. Cada vez vamos adquiriendo mayor fortaleza y seguridad, por eso podemos irnos despegando de a poquito de nuestros padres. ¡Esto es bueno! Pero solo un poquito.

    Entramos a la escuela, y la escuela entra en nuestro ser.
    Nuestro entorno físico cambia, pero especialmente el social, porque hay otras personas parecidas a nosotros, somos pares.
    El centro de nuestro pequeño mundo ahora no es mamá, papá, bobe-yaya, zeide-tata, la señora que me cuida, los hermanos (por lo general o más grandes o más chicos), ni siquiera la maestra. ¡Somos nosotros y nuestras relaciones!

    Con estos hermanos del camino vamos aprendiendo a decidir y a comunicarnos. A aceptar y a rechazar. A caminar y a detenernos. A reír y a llorar, con motivos y no automáticamente. A negociar y a compartir por gusto y no por obligación.
    Ya no somos obra exclusiva de otros, estamos siendo también nuestra propia escultura genial y viviente.
    Lentamente, pero sin pausas, estamos pudiendo integrar lo recibido de fuera con lo creado por nosotros mismos.

    Nuestro desarrollo fisiológico nos lleva a la pubertad, a la edad de las mitzvot, en que promediamente se festeja la bat y bar mitzvá. Nuestro cuerpo comienzo a cambiar, tal como nuestros pensamientos y sentimientos se van complejizando y consolidando.
    Es de esperar que hemos internalizado gran parte de nuestra educación en valores, como el ser solidarios, respetar al prójimo, ser responsables, aceptar los propios errores y tratar de corregirlos, ser comprometidos, entre otros.

    Es esto, precisamente lo que celebra la edad de las mitzvot, la bat y la bar mitzvá.
    Atravesar el umbral que separa la etapa de la infancia con el inicio de la nueva fase.

    Muchas cosas empiezan a cambiar, otras a reafirmarse, otras a endurecerse.
    En el cumplimiento de los mandamientos, para los varones por lo general, se comienza a usar los tefilín a diario –en días comunes-.

    Se ponen con una de sus cintas rodeando la cabeza, con su caja a la altura de los ojos donde nace el cabello (en mi caso donde nacía).
    La otra cinta se ajusta al brazo hasta la mano, con su caja a la altura del corazón.
    Esto simboliza que podemos lograr la perfección cuando las percepciones, la mente, los sentimientos y la acción están unidos para conseguir una meta positiva.

    Al prepararnos para ser bat y bar, al estar juntos en esta tarea, unimos la escuela con la casa, la familia con los compañeros, la emoción con el estudio, las esperanzas con el trabajo, los deseos con el compromiso, la alegría con la seriedad, el ser niño con el comenzar a ser adulto.

    Es un paso más, importante y querido, en la vida de un joven judío, o joven judía.
    Es un nuevo desafío, el de comenzar a ser quien decide y trata de escoger siempre la vida, a través de la construcción permanente del shalom (con acciones buenas Y justas).

  • Hacer y hablar

    De las enseñanzas del maestro para las generaciones, Maimónides:

    Incluso sobre las necesidades físicas es conveniente no platicar demasiado; sobre esto encomendaron los sabios:  Todo aquel que se excede en sus palabras, introduce el pecado” y dijeron: Toda mi vida la pasé entre sabios, y nada hallé mejor para el cuerpo que el silencio.  Lo principal no es la teoría, sino la práctica.” (Abot 1:17).

    Del mismo, modo tanto en los temas referentes a la Torá, como también en los relativos a la sabiduría, es apropiado tratar de ser breve y conciso, así ordenaron los sabios:  “En todo momento el maestro de enseñar a sus alumnos por el camino más concreto y breve” (Pesajim 3b).

    En cambio si la plática se vuelve abundante y el contenido escueto, se trata de tontería, sobre lo cual se declaró:  «Pues de la mucha preocupación viene el soñar; y de las muchas palabras, el dicho del necio» (Kohelet / Predicador 5:2).

    Un cerco para la sabiduría es el silencio, por lo tanto, la persona no debe apresurarse en responder ni hablar en demasía. Que eduque a sus discípulos con tranquilidad y cordialidad, sin gritos ni extensos discursos. Eso es lo que dijo Shelomó: «Las palabras del sabio con sosiego son oídas, y son mejores que el grito del que gobierna entre los necios» (Kohelet / Predicador 9:17).”
    (Mishné Torá, Hiljot Deot, Leyes de cualidades, primer capítulo)

    En numerosas ocasiones explicamos la importancia de la Comunicación Auténtica.
    No es una propuesta nuestra sin fundamentos, sino una verdadera base para la vida en plenitud, de construcción de Shalom.

    Aprender a usar la Comunicación Auténtica puede llevar tiempo, es necesario desaprender otros modelos, quitar creencias, borrar lo que entorpece la manifestación de la NESHAMÁ (Yo Esencial, o espíritu).
    Sin embargo, es una cuestión ineludible para el noájida, así como para el judío.

    Si puedes decir las cosas de forma concreta, simple, apuntando a la claridad, a la eliminación de inconvenientes para la comprensión del otro, ¿por qué no hacerlo?
    Si podemos ser respetuosos, ¿para qué emplear malos modos, agresiones, gritos, etc.?
    Si podemos preguntar amablemente, con ánimo de establecer la claridad, ¿para qué afirmarse en presuposiciones y creencias sin base?

    Pero, no nos enseñan, ni aprendemos, a usar la Comunicación Auténtica.
    Por el contrario, se nos impulsa a seguir las pautas del EGO, entre las cuales se encuentra el dificultar la comunicación, tanto del lado del emisor como del receptor.
    Nuestra capacidad para fijar la atención es sumamente débil, apenas si podemos ir reteniendo unos pocos datos. Lo que pasa alrededor, se pierde.
    Entonces, cuando pretendemos comunicar, hagamos el esfuerzo de ayudar a nuestro auditor a enfocarse. Démosle la oportunidad de concentrarse en lo que estamos queriendo comunicar.
    Si queremos decir “hola”, ¿cuál te parece que debiera ser el mensaje?
    Y si queremos decir algo un poquito más complicado, por ejemplo, “amor”, ¿cómo hacerlo sin traicionarnos ni provocar errores innecesarios?
    No, no es fácil. Requiere un gran trabajo por nuestra parte. Por supuesto que el receptor también tiene su parte en la tarea, pero no le saturemos con asuntos que le desviarán o le llevarán a confundir el mensaje.

    Recuerda, parte de la actividad del EGO es llevarnos a sentirnos impotentes, para de esa manera ofrecernos una vía fácil de salvación que lo ubique en el sitio de nuestro amo.
    Podemos desarmar parte de sus trampas empleando las sencillas pautas de la Comunicación Auténtica.
    ¿Cómo? ¿Qué no sabes cuales son?
    Muy simple: usa el buscador, encuentra, lee, estudia, analiza, critica, comenta, aplica.
    ¿Estás dispuesto?

    Recuerda, el EGO quiere que te sientas impotente. Si te doy la papilla todita masticada para que tragues sin esfuerzo, ¿estoy colaborando con tu crecimiento a ayudando a tu EGO a mantenerte perplejo y a su mando?
    Pero, si te doy una durísima carne asada con cuero, que se te hace casi imposible de masticar y tragar, ¿estoy ayudándote o siendo cómplice del EGO?

    Hace tiempo propusimos un interesante ejercicio, decir todo en solo siete palabras.
    Te invito a que busques esa propuesta, la leas y trates de ejercitarla.
    Luego nos cuentas los resultados.

    Tenemos mucha cosa innecesaria o molesta parar ir quitando de nuestra mochila, para aligerarnos la vida y percibir la claridad radiante de nuestra esencia espiritual.
    Los pequeños consejos y enseñanzas que comparto contigo, tienen esa finalidad.

    Ten presente al gran maestro de maestros, Shamai: “haz del estudio un hábito constante, habla poco y haz mucho, y acoge a todas las personas con cara sonriente.” (Abot 1:15).

  • Reclamo de amor

    No estamos interesados en la verdad, ni en la justicia, ni en establecer shalom;
    en el fondo (o más arriba) todos estamos pidiendo que nos quieran.
    Que una madre esté atenta, que nos alce en brazos, que nos mime, que nos cobije y nos diga cuanto nos quiere solamente por ser quien somos.
    Que un padre nos proteja, nos sostenga, nos aliente, nos dé una palmadita de confianza, y hasta una nalgada para enderezarnos, que también nos quiera y por ello nos corrige.
    Ser alguien para algún alguien.

    Entonces, viene el pastor, el gurú, el político, el jefe de la manada, el referente y no nos interesa que tan sabio sea, ni cuanto conozca de su libro revelado, ni cuanta verdad haya en sus palabras y gestos, tampoco estamos tan atraídos por la mística en sí misma, ni tan siquiera por milagros o apariencia de tales. Solo queremos que nos quieran.
    Que el rabino, o el “padre”, esté allí para nosotros. Que nos conozca. Que nos pregunte de nuestra vida. Que nos diga alguna palabra alentadora. Que nos consuele. A veces que diga algo interesante y con contenido. Pero siempre, siempre que sea una presencia querendona, que destile amor, aunque sea solo para cumplir su labor profesional.

    Así, el brillante maestro, el inteligente consejero, el listo psicólogo, el educado ministro espiritual, el experiente líder del grupo, de poco vale si no aporta ese carisma especial, que poco y nadie tiene que ver con dotes intelectuales, habilidades sociales, sino solamente con estar ahí para que la persona se sienta satisfecha, como el niño aupado a la madre luego de saciarse con su leche.

    Desde el pequeñito al anciano, hasta el que está con un pie ya entrando a la tumba, lo que se anhela es esa mano firme, ese seno acariciante, esa aura de protección y cuidado, esa magia inconfesable de ser hijo de una madre (un padre) que atiende y concede su presencia activa.

    Cuando este “secreto” está en manos de los manipuladores (de toda calaña, religiosos, políticos, mercantiles, sindicales, grupales, etc.),
    sea porque están conscientes de él, o simplemente porque lo emplean sin mucha teorización detrás,
    podemos comprobar cómo caen masas de ovejas que se fidelizan a su pastor.
    Se congregan en torno a esa imagen de solvencia, que es un remplazo para esa madre (padre) añorada desde las entrañas.
    Puede ser el guía más obtuso, el que les inyecta venenos de todo tipo, el que les quita sus pertenencias y sueños, el que poco ayuda a mejorar sus vidas en la realidad; pero, sigue siendo el que les provee de esa magia que desde lo profundo les succiona la existencia. Así ha sido, y sigue siendo. Cuando vemos con detenimiento las figuras clásicas que congregan gente a su alrededor, nos encontramos con este estereotipo. Desde el curita de la cuadra, hasta el dictador enloquecido pero amado por las masas. Desde el nuevo gurú cabalistero, hasta el maestrito ignorante pero poblado de discípulos. Desde el rabino que convoca multitudes aunque su profundidad halájica y conceptual es escasa, hasta el demagogo que ofrece más de la misma miseria pero no pierde una elección. Es gente muy hábil en esto de aparecer como figura de “amor”, que está presente en las cosas de la vida de sus seguidores, aunque probablemente en los hechos no tenga ninguna efectividad. Pero está, conoce por el nombre, pregunta por la esposa, se acuerda del aniversario, le dice la palabrita cursi pero esperada, se vende como el ser especial que te ama y tú lo compras.

    Queremos que nos quieran, lo que nos conduce por caminos no siempre luminosos y de crecimiento.

    Por supuesto, si conoces nuestras enseñanzas, habrás descubierto al EGO también detrás de esto.
    Lo sabemos.

    Y ahora me dirijo especialmente a los líderes actuales y futuros de FULVIDA, y sus ramificaciones. Es una exhortación apta para todos, pero dirigida personalmente a cada uno de ellos.
    Resulta imprescindible educarnos para ser esa persona amorosa, atenta, que se ocupa por la gente que está a nuestro alrededor. Para fortalecer nuestras comunidades, hacer que los grupos a los que pertenecemos o lideramos no se pierdan detrás de cantos de sirenas asesinas que llevan a la muerte pero ofrecen la atención que el niñito lastimado y necesitado está llorando por recibir.
    Eduquémonos también para ser complacientes, a la par que firmes, no dejemos solamente llevarnos por elaboraciones intelectuales, por estudios elevados, por aspiraciones de mundos ideales; seamos constructores de shalom en los hechos cotidianos, con acciones de bien Y justicia. Y, si el niñito (aunque tenga 90 años) está precisando de esa mística de la atención, ofrezcámosla con sinceridad, aunque nos cueste actuar de esa forma. Aprendamos a hacerlo. Tendremos mucha precaución de no actuar como manipuladores, no aprovecharnos del poder que implica ser esa figura que atiende; estaremos preparados para no ser usurpadores ni personificaciones del EGO. Andaremos con cuidado para no ser sometidos por las trampas del EGO, nuestro y del otro.
    Pero, trataremos de dar esa comprensión, ese llamado telefónico, esa pregunta por la familia, ese abrazo, ese no sé qué que está esperando el otro, y no tanto el inteligente refrán o el sabio consejo metafísico.

    Atiendo a tus comentarios.

  • Optimistas y otros que no lo son

    Se dicen muchas cosas, entre las que se dicen está algo parecido a esto:

    Optimismo: “Tendencia a ver y juzgar las cosas considerando que el mal no existe, que es una ilusión”.

    Pesimismo: “Tendencia a ver las cosas positivas como si fueran desfavorables y negativas”.

    Pero, ¿qué dice la definición del diccionario (Espasa-Calpe del 2005)?

    Optimismo: “Tendencia a ver y juzgar las cosas considerando su aspecto más favorable”.

    Pesimismo: “Tendencia a ver las cosas en su aspecto más desfavorable y negativo”.

    ¿Resulta que lo que la gente cree o supone, no siempre tiene coincidencia con lo que el lenguaje reseña?
    A veces, podemos usar una palabra con un concepto diferente al habitual, siempre y cuando tengamos fundamento para ello.
    Pero, en infinidad de ocasiones notamos que la gente (tú y yo también) emplea conceptos de manera difusa, o decididamente errónea.

    Ponte a considerar qué entiendes tú en algunas palabras, desde las simples y cotidianas, hasta las que pudieran ser más abstractas y reservadas a determinadas situaciones.
    Es un ejercicio interesante, cuando tengas interés y tiempo, te invito a que lo hagas.
    Escribe una lista de palabras y junto a ellas lo que tú entiendes que significan. Luego busca en el diccionario y compara.
    Si quieres, nos compartes lo que encuentres.

    Ahora, volviendo a lo de optimismo y pesimismo.

    Se dicen muchas cosas, la cuestión es encontrar cuanto de verdad hay en ellas.

    Ser pesimista es ver el mal como lo que es: mal.
    Es aceptar que lo malo es malo. De acuerdo al parámetro dado por el Eterno, y que es objetivo. O de acuerdo a lo que nos apesadumbra en lo personal, el mal como un sentir subjetivo y plenamente válido.
    Porque el mal es un hecho que existe. Sea como negación del bien. Como falta de bien. Como daño. Como confusión. Como lo que fuera. El mal es una presencia habitual en nuestras vidas.
    Será solamente en el plano pasajero, terrenal. Pero allí está.
    Podremos racionalizarlo, encontrarlo disculpas, hasta inventar que esconde un bien, aunque nunca lleguemos a percibirlo sinceramente.
    Podremos elaborar bonitas teorías “religiosas, que no son espirituales, negando la existencia del bien, o suponiendo que lo que consideramos malo es solamente una puerta, a algo bueno.
    Podemos fantasear tranquilamente y vivir felices en la nube que dibujamos. ¿Por qué no?
    Pero, lo cierto es que el Padre Celestial ha dicho que el mal existe, y debemos hacer algo para que no dañe. Lo mejor es transformarlo en bien. A través de una actividad movilizadora, correctora, nada de fantasiosa o mística. Concreta. Sincera.
    Y cuando no tenemos poder para sublimar el mal, siempre tenemos el encontrar sentido, o crearlo; pero no para negar el mal, sino para subsistir a pesar de él y que la vida siga manteniendo sentido y finalidad de construir shalom.
    ¿Se entiende?

    Por su parte, ser optimista no quiere decir negar el mal para delirar creyendo que es bien. Eso es ser iluso, negador, ingenuo, volado, poco real.
    El mal es malo, porque Dios así lo ha dicho.
    Que podamos sacar alguna moraleja de un mal trance, ¡qué bueno!
    Que aprendamos a que un mal paso no significa, a menudo, la catástrofe final, sino una oportunidad para crecer, ¡qué genial!
    Pero, considerar que TODO es bueno, ¿en qué fuente bíblica se basa?

    En verdad, al pesimista le cuesta considerar posible algo mas que algo negativo. Piensa que si algo puede salir, probablemente así será. ¿Por qué tener una esperanza positiva cuando se puede vivir en temor al percance?

    En verdad, el optimista está bien afincado en este mundo, no anda volando en imaginaciones alocadas. Ejercita su mente para buscar soluciones y las implementa, y cuando no las hay, acepta la realidad sin desesperarse. No precisa de una mística negadora de los hechos, ni de asumir que lo malo es bueno, cuando evidentemente no lo es en este mundo y probablemente tampoco en otro.
    Pero, usa lo malo como combustible para moverse hacia lo bueno.
    En vez de concentrarse en el tropezón, encuentra el mecanismo para incorporase y ser más fuerte.
    No se queda en la queja, el sentimiento de culpa, el rezongo, la fantasía mística. Construye shalom a cada rato, con acciones concretas de bien Y justicia. Así es optimista.
    Así puede ir por la vida afirmando en verdad: “Todo lo que hace el Misericordioso es para bien”. Lo que hace el Misericordioso, pero NO lo que el hombre malignamente escogió realizar desde su libre albedrío. Por ahí un mal trance que proviene de la naturaleza, en el fondo es para bien. ¿Cómo saberlo ahora? ¡Sólo Dios lo sabe! Pero asegurar que TODO es para bien, es negar lo que el propio Padre Celestial ha informado.

    El optimista verdadero guarda una gran diferencia con el optimista delirante, porque éste vive en un mundo irreal y dando excusas para no afrontarlo.
    Será un hombre muy religioso, el optimista delirante, pero su espiritualidad está bloqueada por las murallas que ha puesto el EGO para dejarlo en impotencia, pero soñando con que posee la clave de la felicidad al afirmar que todo es para bien, incluso lo que el maligno ha causado.

  • ¿El hijo malo?

    Nuestro Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu) es nuestro ser más auténtico, la conexión que no se corta con el Eterno y con todo lo creado.
    A través de la NESHAMÁ irradia la Luz, la energía que proviene directamente del Eterno y que nos brinda plenitud, shalom.
    Nuestras acciones que contradicen el código espiritual que nos corresponde (noajismo para gentiles, judaísmo para judíos), van poniendo cáscaras que ocultan gradualmente la irradiación de esa Luz en nuestra vida. Así, nos vamos bloqueando a la vez que oscureciendo internamente, llenándonos de miedos, dudas fantasiosas, sentimientos de culpa, angustia, soberbia, impudicia, malicia, tristeza, entre otros sentimientos y pensamientos debilitantes.
    La Luz permanece intacta, brillante, pura, como desde el principio, como todo el tiempo. Nada de lo que hagamos afecta a la Luz ni a la conexión sagrada que nos une con el Padre y el universo. Pero, al estar oscurecidos, nos sentimos desconectados, lejanos, bloqueados, solos, sumergidos sin posibilidad de rescate. Esto es solo la sensación, es una imagen irreal pero que se presenta con tal fuerza que pareciera ser la verdad. Pareciera como si no estuviéramos más llenos de Luz en nuestro interior, como si el Eterno ya no estuviera en nuestras vidas, como si la amargura fuera la única presencia.
    ¡Pero no es así!
    Seguimos siendo esa NESHAMÁ pura, luminosa, clara, sagrada. Seguimos manteniendo firmeza nuestra identidad perpetua, incambiable, la de nuestro Yo Esencial.
    Pero, nos sentimos en exilio, desterrados y en desgracia, sin salvación.

    Las religiones (entre otros sistemas de adoctrinamiento y manipulación) se aprovechan de esa fantasía para obtener su poder y preservarse en el tiempo.
    Incentivan los sentimientos de angustia, de soledad, de miedo, de abandono, de impotencia, de falta, de pecado, de perdición, de condenación, de fracaso, de falta de esperanza, para presentarse como la única respuesta posible para escapar de la tortura eterna y obtener una redención mágica.
    Observa atentamente la oferta de las religiones (entre otros sistemas), estudia lo que afirman de la persona y de la humanidad, cómo siempre está la condena y el sentimiento de culpa acusador; y está la esperanza milagrosa, que por fe en lo absurdo, que a través de la sumisión, que negando el propio poder para convertirse en oveja de un rebaño enceguecido, solamente así se alcanza la salvación, el paraíso, el perdón.
    (Recuerda y nunca olvides, el noajismo y el judaísmo NO SON religiones, aunque a veces se las confunde con tales, o comparta algunos aspectos externos con ellas. Aunque gente que parece saber lo afirme, la esencia es clara: NO SON religiones).

    Es que, toda religión es producto socializado del EGO, nuestro primer salvador en el mundo físico que es también nuestro más férreo oponente.
    Todas las religiones se manejan con las reglas sencillas y brutales del EGO.
    Se disfrazan de espiritualidad, pero son la antítesis de la misma.

    Allí donde hay espiritualidad, no hay cabida para la religión.

    De manera similar actúan otros que también pretenden el control a través de los mecanismos del EGO.
    Padres, maestros, cónyuges, jefes, empleados, sindicatos, colegas, competidores, etc.
    Por ejemplo, el padre que solamente aprueba la conducta de sus hijos cuando estos hacen lo que él les dice y solamente eso. Si el hijo trae alguna alternativa, tan valiosa y valorable como lo que presenta el padre, no se le acepta, se le minimiza o burla, se le destruye en su autonomía y creatividad. ¡Cómo osa pensar y desdecir al padre! Sí, aunque no lo contradiga ni sea rebelde, aunque no proponga nada negativo y que altere ninguna regla “normal”, se le tilda de malo, corrupto, insolente, etc. Así, el padre pretende dominar, por miedo de la manipulación, con las herramientas del EGO.
    En nombre del respeto y del honor a los padres, hasta enarbolando el cumplimiento de un precepto (para los judíos) tal como el de honrar a los padres, se llega a maltratar a los hijos, negarles su lugar, llevarlos a grados de debilidad que no son para nada saludables. Sí, también aquí con disfraz de espiritualidad, se esconde su contrario.

    Diferente es la educación verdadera, espiritual, que le explica al niño que haga lo que haga, la Luz siempre está brillando. Aunque no la sienta, aunque se crea apartado de todo bien, el niño debe aprender y entender que externamente su conducta puede ser correcta o incorrecta, puede ser que haya cometido una acción terrible o que solo se haya equivocado levemente, nada de ello modifica la calidad y cantidad de la Luz que recibe de manera constante del Padre Celestial.

    Entender esto no impide el corregir a los hijos (alumnos, etc.), que sufran las consecuencias lógicas y necesarias de sus acciones que han roto el equilibrio.
    Si algo ha fracturado con su accionar, estará el dolor y la necesidad de repararlo, la obligación de emprender el camino de la TESHUVÁ, así como la aplicación de lo que la justicia exprese, ¡por supuesto! Pero, siempre sabiendo y entendiendo que en lo más íntimo, allí en donde somos auténticos y plenos, nada ha cambiado.
    El Padre nos sigue amando igual, aunque no acepte nuestra acción negativa, aunque recibamos el castigo correspondiente por ella. El amor no desaparece, tal como la Luz no deja de brillar.

    El  malo, es malo en sus acciones, en sus pensamientos, en sus dichos; pero solamente es malo en esa identidad que llamamos Yo Vivido. Pues, su Yo Esencial sigue sin tachas, sin lastimaduras. La Luz no la puede percibir, porque la ha tapado con sus acciones, pero ahí sigue estando, a la espera de que haga lo necesario para destaparla y volver a sentir plenitud espiritual.

    Si nosotros como padres o maestros solamente nos quedamos con al Yo Vivido de nuestro hijos/educandos, y tildamos de “malo” al que ha hecho alguna acción incorrecta (o varias de ellas), nos estamos congelando en la imagen externa, en la superficie, en la apariencia.
    Por supuesto que es nuestro deber detener la acción negativa, no permitir que el niño continúe dañando a otros o a sí mismo, es una obligación aplicar la norma para que se restablezca el orden y reine la justica con la bondad.
    Ahí está la clave, que exista el orden con justicia Y bondad.
    La justicia que restablece y mantiene el orden.
    La bondad que no olvida que el pecador en el fondo sigue siendo un espíritu de Luz, una buena persona secuestrada por su EGO.

    ¿Se entiende la idea?

    Si al niño le haces entender cabalmente esto, que no es malo, que sigue siendo un ser luminoso, pero que sus acciones deben rectificarse y que debe aprender a vivir en justicia y bondad, ¿cómo se sentirá?
    ¿Con permiso para hacer lo que quiera, y seguir en el camino del sufrimiento?
    ¿O con el ánimo dispuesto a hacer su mejor esfuerzo para estar en armonía entre su Yo Esencial y su Yo Vivido? Es decir, querrá vivir externamente con bondad tal como sabe que es bueno en su esencia más pura.
    Si lo maltratas, lo condenas, lo tildas de idiota, estúpido, malo, loco, etc. (al estilo de las religiones), seguramente que no le estás haciendo un favor, tampoco a ti. Tal vez consigas callarlo, anularlo, someterlo, sentirte poderoso, pero no eres nada más que un canalla, un impostor, un fraude, un dictador, externamente, porque en el interior también eres ese ser luminoso que no supo encontrar el camino para expresarse y vivir en armonía y unidad. ¿Te diste cuenta?

    Cuando no hay patologías que impulsan a acciones antisociales o similares, la gente comete faltas a instancias del EGO, en cierta forma para llamar la atención o para obtener por medios incorrectos lo que pretenden y suponen no poder obtener por medios correctos.
    La mala acción está escondiendo un sentimiento de impotencia, por algo real o fantaseado, que se expresa con acciones desde el EGO.
    Encontremos qué está pasando con nuestros hijos, qué están queriendo concretamente, en qué se sienten impotentes, para darles una mano para que se expresen con Comunicación Auténtica, para que puedan alcanzar el shalom y no persistir en el EGO. Si hicieron algo “malo”, que paguen las consecuencias, pero que no tengan la creencia de que son malos en su esencia, sino solamente en su ropaje que es el que deben aprender a cambiarlo para estar en sincronía con su verdadera identidad.

    Que nuestros hijos, nosotros, vivamos construyendo shalom es una tarea para todos los días, a cada momento estamos resbalando y cayendo por el tobogán del EGO.
    Es un trabajo que tiene sus ricos frutos aquí y en la eternidad.
    Entonces, aprende a construir shalom y enséñalo, especialmente con tu conducta cotidiana.

  • Cabalá Luriánica y CTerapia

    Advertencia previa.
    No es apropiado hacer “teología”, tratemos de no incurrir en errores ni de provocar el error en el lector.
    Procuremos mantenernos dentro de estrictos límites, en la medida de lo posible.

    Somos seres mutidimensionales, formados por espiritual, mental, social, emocional y físico.
    Este ser complejo que somos presenta tres Yoes:

    • Yo Esencial: la NESHAMÁ, o espíritu. Es aquello que somos en esencia, desde antes de nacer y luego de partir de este mundo. Es la “chispa” divina que perdura sin mutaciones, sin afectarse por nuestra conducta.
      Es la conexión constante con el Eterno y con todo lo creado, en existencia temporal actual o no. En su misterio está la unidad del todo.
      Su lenguaje es el AMOR.
      Es nuestra identidad más pura. La que no depende de lo que nos aportaron otros, ni de lo que hacemos en vida, sino solamente depende del Eterno, que es su proveedor y sostén.
      Opera como una voz silenciosa, siempre presente, pero tenue. No se manifiesta en estruendos, ni aparece con fuerza. Como si estuviera escondida, se retrae y pareciera no tener existencia. Los científicos no tienen cómo saber de ella, no hay patrones para medirla ni cuantificarla. Se puede pasar toda la existencia sin tener conciencia de ella, aunque tal vez en algunas ocasiones se la sienta pero sin lograr definirla con palabras ni limitarla con imágenes. Es nuestra más perfecta identidad y sin embargo se nos escabulle hasta parecer inexistente.
    • Yo Auténtico: formado por la NESHAMÁ y nuestra identidad genética. Es la materialización del encuentro de lo eterno con lo transitorio. Hasta el día de hoy no es modificable, una vez obtenida de sus fuentes (Dios, nuestros padres) es una realidad que nos acompaña a lo largo de nutro pasaje terrenal. Es la base sobre la que se construye todo el resto de nuestro ser, lo que determina en buena medida nuestras posibilidades y potencialidades.
    • Yo Vivido: que se forma a través de las interacciones (concretas, o virtuales, o imaginarias) que vamos atravesando desde el útero y hasta nuestra muerte. Se compone de las máscaras que nos imponen, las que asumimos y las que ideamos por nuestra cuenta. Alguna de ellas puede estar en sintonía con el Yo Esencial, o estar alienado a él. Cuanta mayor cantidad de máscaras distorsionan la representación de la NESHAMÁ, mayor es el conflicto, la confusión, el dolor. La actividad del EGO, cuando sale de su limitada y correcta órbita de influencia, lleva a adquirir máscaras contradictorias, que repelen la LUZ de la NESHAMÁ y la constriñen detrás de muros formados de cáscaras, sin por ello afectar en lo más mínimo su intensidad o pureza, pero dejando a la persona en sensación de desamparo y exilio, aún más ignorante de su Yo Esencial. A través de la TESHUVÁ se diluyen las cortezas que entorpecen el pasaje de la LUZ, permitiendo armonizar áreas del Yo Vivido con su Esencia.

    Esta identidad compleja que somos durante nuestra estadía en este mundo, puede servir como espejo de una realidad superior y trascendente.

    Permíteme que te resuma muy brevemente la doctrina del rabino cabalista Itzjac Luria Z”L, conocido como el Ari, quien diagramó un sistema, al que se conoce como Cabalá Luriánica (con la cual podemos coincidir o no).
    Habla del «tzimtzum», que en hebreo significa contracción.
    El Universo se manifiesta a causa del recogimiento de Dios, que hace “espacio” para dar lugar al mundo.
    Así, el mundo no aloja a Dios, pues Él se retiró para permitir que existiera la creación.
    Su energía, LUZ, emana y atraviesa Su obra.
    Pero, ocurre la  «shevirat hakelim», la ruptura de las vasijas. De acuerdo a esta doctrina, la luz está, cual «nitzotzot», chispas, que son recubiertas por «kelipot», caparazones o cáscaras.
    Toda la creación está en exilio, hasta que las chispas sean unificadas en el proceso llamado «Tikún», rectificación o reparación. El hombre es el encargado de esta tarea reparatoria, al asociarse al Eterno en la tarea de creación continua.
    Dios puede hacerlo por Sí mismo, por supuesto, pero es parte de Su plan el darle al hombre esta tarea trascendente, para que el bienestar que reciba el hombre no sea solamente como dádiva motivada en la gracia Divina, sino como justa y meritoria recompensa por su noble accionar. Entonces, lo que el hombre disfruta aquí y en la eternidad deja de ser una limosna que avergüenza, para ser una porción noble y justa.
    Así pues, cuando el hombre cumple con los mandamientos que le competen (los judíos de los 613 preceptos para Israel, los gentiles cada uno de los Siete Mandamientos para las Naciones), está recuperando una chispa Divina y retornándola a su sagrado origen. Tanto en las grandes obras como en las cuestiones menudas y cotidianas, en tanto la acción personal sea a la luz de los mandamientos que corresponden a cada uno, se está diluyendo kelipot y posibilitando el mayor esplendor de la LUZ divina en uno y en el Cosmos.
    ¿Qué es la redención?
    El fin del exilio, la unificación del mundo, el resplandor de la LUZ divina sobre el universo.

    Entonces, una vida dedicada a la construcción de shalom, con acciones de bondad Y justicia, no es solamente una vida moral y ética, sino una verdadera terapia personal así como colectiva, que redunda en una reparación a nivel cósmico.
    De poco valen las liturgias y palabrería, las procesiones y reuniones zalameras, las doctrinas jeroglíficas y la sectarización, los ropajes extraños y el estudio de doctrinas entreveradas, el seguir líderes religiosos y repetir lemas cursis, la impostura religiosa y la fe.
    Lo que precisamos es una actividad terapéutica concreta y verdadera, una que nos unifique en nuestro ser así como con el prójimo, con el universo y con Dios.

    Algunas preguntas para reflexionar:

    1. La idolatría, en todas sus formas, también las religiosas monoteístas (incluso las que se disfrazan de judaísmo, cabalismo, jasidismo, noajismo, etc.), ¿ayuda o perjudica el trabajo del tikún personal y del colectivo?
    2. La fe estéril de obras, ¿aporta a la misión sagrada de restaurar la LUZ del Eterno en nuestro interior, en la sociedad y en el universo?
    3. El conducirse según los modos del EGO, ¿establecen la unidad fundamental o suman cáscaras y confusión?
    4. Aprender y/o difundir  lo “religioso”, “teológico”, “metafísico”, que no suma a la obra de reparación, ¿debe ser promovido o mantenido a raya?
    5. Actuar de acuerdo a lo que uno cree sentir de Dios sin hacer caso al código espiritual contenido en los mandamientos acordes a la propia identidad espiritual, ¿es el camino que aproxima a Dios?
    6. ¿Podrías establecer un paralelismo entre nuestros diferentes Yoes y las manifestaciones de Dios (y los dioses, falsos, obviamente)?
    7. ¿Qué estarías dispuesto a hacer para mejorar tu proceso de tikún?
  • Enunciados espirituales básicos

    Algunos enunciados básicos.

    1. Existen reglas naturales, tanto espirituales como físicas.
    2. Conocer y respetar las reglas permite disfrutar una mejor existencia.
    3. Somos seres multidimensionales.
    4. Nuestra esencia es espiritual (NESHAMÁ, Yo Esencial), ella trasciende los límites de la vida terrenal.
    5. La NESHAMÁ es inmodificable, no se altera por nuestras acciones y omisiones.
    6. Ella es la conexión permanente con el Eterno, es el lazo luminoso que no se quiebra ni se oscurece.
    7. Ella es la conexión con TODO lo creado, sin límites temporales o espaciales.
    8. La fina y silenciosa voz de la NESHAMÁ suena constantemente en nuestro ser, pero no es sencillo reconocerla y atenderla.
    9. Deseamos disfrutar la plenitud en cada dimensión de nuestra existencia.
    10. La memoria de nuestro pasaje terrenal se resguarda, a través de la NESHAMÁ, en un lugar y tiempo sin espacio ni tiempo al que denominamos EDÉN.
    11. Desde el nacimiento opera un mecanismo natural, biológico y automático, el EGO, que tiene como función resguardarnos en situaciones de impotencia.
    12. Sus herramientas son básicas, pero útiles cuando es necesario llamar la atención para recibir auxilio, o reaccionar automáticamente para ponerse a resguardo.
    13. Cuando el EGO actúa fuera de sus límites naturales, se convierte en un dictador, que nos mantiene sometidos a sentimientos de impotencia.
    14. La energía que debiera dedicarse a construir Shalom y así disfrutar de la experiencia multidimensional, se malgasta en servir/combatir al EGO.
    15. El EGO traspasa límites porque nos impulsa a dominar en donde no ejercemos control, y/o a doblegarnos en deficiencia y minusvalía allí en donde debiéramos dominar.
    16. Con nuestras experiencias cotidianas vamos adquiriendo y/o formando máscaras que recubren nuestro Yo Auténtico, se suman para integrar la personalidad, a la que llamamos Yo Vivido.
    17. Hay máscaras que están en sintonía con nuestro Yo Esencial, en tanto otras están en contradicción.
    18. El camino del retorno a nuestra esencia, de armonización entre Yo Vivido y Yo Esencial, se llama TESHUVÁ.
    19. Obtener logros aprobados por el EGO nos puede llevar a momentáneos sentimientos de satisfacción y superioridad, pero son apariencias de poder y éxito.
    20. Otras apariencias son la altanería, la vanidad, el derroche, la prepotencia, la agresión injustificada, la burla, entre otros disfraces de poder que esconden la falta del mismo.
    21. Ubicar al EGO en su natural función y no actuar a su mando, es sinónimo de salud.
    22. Tenemos la misión de construir Shalom en cada momento, por medio de acciones de bondad y justicia.
    23. El ser altruista es una de las claves para derrocar al EGO de su puesto de dictador.
    24. La Comunicación Auténtica es un método fundamental para doblegar al EGO.
    25. Disfrutar de lo permitido y apartarse de lo prohibido, mantiene a raya al EGO.
    26. Conocer y respetar las reglas apropiadas a cada identidad espiritual (noájica o judía) nos permite desarrollar nuestra existencia en lealtad al Creador.
    27. Toda religión es una impostura de espiritualidad, un producto socializado del EGO.
    28. La idolatría se sostiene por valorar por sobre todas las cosas al EGO.
    29. Cuando actuamos movidos por el AMOR, estamos siendo conscientes del enlace entre NESHAMÁ y NESHAMÁ, unificándonos, tal como estamos unidos en el plano espiritual.
    30. El AMOR actúa para beneficiar al prójimo, sin perjudicarse a sí mismo, sin esperar nada a cambio.
  • Viene y va a la Luz

    Como comentario a un post reciente de mi autoría, un atento lector escribió:

    Vengo de la oscuridad, de una mala vida donde era un mal hombre, al cual no importaba pisotear a quien o a lo que fuera.
    Voy hacia la luz, a rendir cuentas por mis malos actos, a estudiarme a mi mismo y ver en que falle a El y a mi entorno, a reparar ese daño con trabajo intenso, a no volver atrás y no dejarme caer de nuevo, en fin, a ser un mejor hombre y un mejor servidor

    A partir de tan honestas y profundas palabras, quisiera añadir unas humildes y pequeñas ideas de mi parte.

    “Vengo de la oscuridad, de una mala vida donde era un mal hombre, al cual no importaba pisotear a quien o a lo que fuera. “
    Está muy bien rever la conducta pasada y encontrar los puntos en los cuales nos hemos podido equivocar, y peor aún, empecinarnos en la mala senda apartándonos más y más del bien, que es nuestra esencia. Al ver esas manchas en nuestro historial, que recubren la pura Luz de nuestro Yo Esencial (neshamá) y nos asfixian en todos los planos de existencia, está mucho mejor emprender el camino del retorno, lo que conocemos como TESHUVÁ.
    No quedarnos esclavizados por las conductas repetitivas nocivas, que nos mantienen atrapados en patrones de comportamiento que nos maltratan así como probablemente dañan a otros.
    Sino, atreverse a retornar a la patria, salir del exilio espiritual para reencontrarse.
    Es una senda con altibajos, con dudas, con temores, con la insistente voz del EGO que nos trata de retener en el mal paso. Encontraremos o inventaremos miles de excusas y pretextos, para cobijarnos en la comodidad de lo que creemos conocer, amparados en creencias que son equivocadas pero que las consideramos correctas por cargar con ellas.
    Sin embargo, el que persevera en andar por la senda correcta, de Arriba le proveen ayuda para lograrlo. Tristemente, el que decide quedar encerrado en su celdita mental, atrapado en la tela de araña de sus creencias y consiguientes patrones de conducta tóxicos, también le dicen amén desde Arriba. Así pues, mucho cuidado y esmero para no ser cómplice del retroceso, o del empeoramiento, siendo que uno ya ha dado el enorme paso de reconocer que ha actuado mal, que ha sido perjudicial, que se ha lastimado así como a otros.
    Más bien, actuar con responsabilidad, dando respuestas, en tanto se siguen realizando las preguntas necesarias para no volver a caer en errores y males.

    “Voy hacia la luz”
    Es genial tener en claro esto, que uno no simplemente quiere dar pasitos fuera de la celdita mental, ya no volver a repetir los errores, ya no dar excusas, ya no mirar para otro lado haciéndose el inocente. Por el contrario, lo estupendo es poder ser consciente y responsable, y actuar en consecuencia.
    Sé que estuve mal, entonces me comprometo con el mejoramiento, y lo llevo a cabo.
    Lo que el amigo del comentario expresó como “voy hacia la luz”.
    Si se me permite, haré una pequeñísima corrección.
    Me parece que debiera expresarse mejor como “RETORNO hacia la Luz”, porque nuestra esencia es pura, intachable, no se quiebra a causa del pecado o cualquier otra inconducta, sino que siempre destella la Luz espiritual, que nos mantiene en constante conexión con nuestro Padre y Hacedor.
    El pecado, la mala conducta, el desvío de la buena senda, no nos pone en el vacío, no corta la ligadura sagrada con Él, sino que pone cáscaras que nos impiden darnos cuenta de la brillante realidad que seguimos siendo, nos opaca la conciencia, nos perturba la mirada, nos desmorona la percepción de la verdad, pero en modo alguno corta el lazo con Él.
    Seguimos siendo luminosos, plenos, con un Yo Esencial que suavecito nos habla sin pausa, nos recuerda quien somos realmente y nos insta a retornar a nuestra verdadera identidad. Que nos despojemos de aquellas máscaras del Yo Vivido que nos desfiguran la cara y siempre nos mantengamos leales a nuestro ser eterno.
    Así pues, más no vamos a la luz cuando estamos en el sagrado proceso de TESHUVÁ, ya que nunca salimos de ella. Volvemos a la Luz, regresamos al hogar, dejamos el exilio para establecernos nuevamente en nuestra patria. Así como es el sionismo para el pueblo judío, es la TESHUVÁ para el alma de cada ser humano.

    “a rendir cuentas por mis malos actos”
    No solamente rendimos cuenta por actos malos, sino también por aquellos en los que permanecimos indiferente pudiendo hacer algo positivo, y también por los deleites permitidos y legales que teníamos a nuestro alcance pero rechazamos con la excusa de ser más santos por sumergirnos en privaciones innecesarias.
    Pero también, se nos valora nuestros actos positivos, se nos descubre lo que hemos aportado de bien al mundo, aquello que ni siquiera comprendimos su alcance de bondad se nos revela y obtenemos por ello el rédito correspondiente.
    El Juicio del Padre no es solamente de castigo, porque Él no es un Dios que ame el dolor y torture a Sus hijos, sino que es más bien como el momento ineludible de vernos y reconocernos en el espejo de la verdad, en donde somos nosotros mismos los encargados de demostrar lo que hemos sido, en todos los aspectos.
    Cada acto es medido y pesado, en sí mismo y en su contexto, siendo Él un Juez justo pero a la vez bondadoso.
    Entonces, no nos enfermemos con culpas y seguir cargando pesadas mochilas que dificultan el proceso de crecimiento que es la TESHUVÁ, cuando ya hemos recorrido el camino, cuando dejamos de lado la conducta negativa, no permanezcamos atrapados mentalmente en recuerdos y sentimientos de culpa que nos debilitan. Sepamos que somos falibles, en qué tropezamos, para no volver a hacerlo.
    Porque, parte del retorno a la esencia es perdonarse a sí mismo, cuando se ha cumplido cabalmente el trayecto necesario.

    “a ser un mejor hombre y un mejor servidor”
    Esa es la idea.
    Me alegro que tenga esa meta y que esté en el proceso de superarse a diario.
    Quiera el Eterno que cada día sea mucho mejor, de más plenitud, con sensación de regocijo por la tarea bien realizada, de bendición y de dador de bendiciones.

    Sabe de donde viene y hacia donde va, en el medio está haciendo lo necesario para que su vida tenga un sentido pleno, trascendente, de valor aquí y en la eternidad.
    Sin pomposidad, sin religiones, sin superstición, sin atribuirse identidades que no le corresponden, sin malabarismos místicos, sin palabrería incongruente y falsaria, sin dobleces, sin pretender ser lo que no se es, sino actuando como un excelente hijo del Eterno y un servidor leal a Él y al prójimo.
    ¡Que bueno que así sea!

  • Te has olvidado del Elokim que te hizo nacer

    Te has olvidado del Elokim que te hizo nacer

    Las creencias, especialmente las fantásticas del estilo religiosas o supersticiosas, tienen un poder enorme aunque sutil. Horadan profundo, hasta raíces incluso inaccesibles para la razón, y desde allí lanzan ramas que conquistan y anidan por doquier. Se entrometen, se multiplican, invaden y se entronan. El sistema de creencias tiene la habilidad para llegar a endurecerse, inmovilizar, drenar energías, sujetar a su presa para tenerla a su disposición, manipularla como a marioneta.
    Como un virus, de los naturales o los informáticos, se cuela y secuestra al sistema que lo hospeda, pudiendo llegar a matarlo aunque le conviene mantenerlo en estado atónito, para continuar aprovechando los recursos enajenados.
    Y la persona esclavizada tendrá la convicción de que es ella la ama de sus creencias, que las escoge libremente, que tiene la opción de desprenderse de ellas o cambiarlas según su voluntad, tal como se ufana un adicto al narrar su vínculo con su adicción. Pero, no es él el dueño de su existencia, son sus creencias.
    Teniendo en cuenta esto, ¿te parece necesario ser totalmente estrictos a la hora de introducir en nuestra mente trozos de ideas, que se convertirán en creencias? ¿O mejor somos abiertos y sin filtro, para que venga el visitante camuflado y al rato se transforme en rey de nuestro reino que hemos perdido?
    Te invito a leer un texto de nuestra autoría: http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/tu-creencia-tu-vida, tienes otros que pueden interesante. Ábrelo en otra ventana o pestaña de tu navegador para estudiarlo luego, porque ahora continuaremos aquí.

    Supongamos que una persona que de alguna manera se formó la convicción de que la luna es de queso, es muy probable que aunque se lo lleve hasta allá y se le demuestre a todas luces su error, igualmente seguirá creyendo en eso.
    De acuerdo a su inteligencia inventará las más elaboradas excusas, también podrá recurrirá a un arsenal mohoso y prefabricado de lemas y escudos aceitosos que le protegerán para mantenerlo en su oscuridad. Te disparo algunas ahora: “esto no es la luna, es un set de películas”; “esto no es la luna, es un satélite artificial creado para defraudar a los creyentes”; “la luna es de queso, pero hemos alunizado en una cáscara de piedra, si hubiéramos recogido muestras unos kilómetros más allá la cosa sería diferente”; “todos sabemos que es imposible llegar a la luna, me han hipnotizado o drogado para llenarme la cabeza con mentiras”; “esto es obra de Satanás que no desea que comprobemos la verdad, que la luna es de queso”; “quizás la luna era de queso, pero con la actividad humana se afectó de tal forma que se endureció”; podría seguir inventado conjeturas desquiciadas, pero creo que ha quedado clara la idea.
    No fue muy difícil para mí inventar en un minuto todas éstas, porque las he adaptado de excusas que gente supersticiosa, magufa, religiosa, dispara cuando se les confronta con la precariedad de sus creencias.
    Si tienes tiempo y deseo, tal vez podrías revisar las creencias que tienes sobre cuestiones religiosas o supersticiosas, confrontarlas con evidencias, o simplemente hacerte preguntas que te acerquen a la pared de tu celdita mental, y verás lo que respondes.
    (Recuerda, noajismo y judaísmo NO SON religiones, aunque haya personas, e incluso “líderes”, que las tomen como tales y se muevan como religiosos en todos los aspectos).

    Toda religión es manifestación social/emocional del EGO, sin arraigo alguno en lo espiritual. De hecho, la religión es la contracara de la espiritualidad. A mayor religión, menor espíritu.
    Recuerda lo ya enseñado y explicado, los dioses surgen como representación del EGO, el que es sentido como el primer salvador de la existencia personal. Es aquel que nos salvó del terror infernal de la impotencia total inmediatamente luego de nacer. Es el que nos auxilió una y otra vez en tanto íbamos aprendido otras maneras de llamar la atención a nuestros cuidadores e instrumentos para valernos por nuestra cuenta. Es el que está con nosotros en todo momento, desde su base en las profundidades de nuestra masa cerebral. Es nuestro amigo, pero nuestro peor enemigo. Y allí se mantiene, usurpando el trono del Rey, ejecutando sus mecánicas herramientas naturales, para nada sofisticadas pero muy efectivas.
    De él son todas las imágenes de dioses y entidades superiores inexistentes pero que pueblan nuestra imaginación y mente.
    Y recuerda, lo que en general se denomina “espiritual” no es más que emociones, manipulación social, malabarismos mentales, pero que impiden la conexión directa con nuestra esencia sagrada, nuestra NESHAMÁ o Yo Esencial.
    Puede la persona sentirse flotar en vapores de seudo espiritualidad, a causa de palabrería, de ritualismo, de bailoteos, de adoraciones rebuscadas, de posiciones corporales, de lo que sea que su creencia le provea, pero dudo mucho que esa emotividad provenga de la conexión con el Yo Esencial, puente de enlace directo con el Eterno. Porque, el camino espiritual que Él ha indicado es el noajismo para el gentil, judaísmo para el judío. Ambos básicamente, en su médula, se resumen en: construir shalom por medio de acciones de bondad Y justicia, con lealtad.
    Mucho bailoteo, grandes parloteos, aplausos arrobados, caras de éxtasis… ¡de qué valen si no contienen acciones concretas de bondad y justicia!
    Pero, pronto la creencia proveerá de recursos para excusar las acciones supersticiosas, abogar en contra de la racionalidad, atacar a quien se para con firmeza a revelar la podredumbre que conlleva la adoración del EGO.

    Cuando la persona está atrapada por las redes de la religión difícilmente quiera y pueda salir de su celdita mental. Porque, además de lo anteriormente mencionado, hay una presión social tremenda que no duda en manipular, amenazar, castigar, adoctrinar, asfixiar a quien ose dudar aunque sea un poquito. Los mecanismos represivos externos e internos se ponen en funcionamiento y tienen milenios de experiencia.
    Entonces, con el silencio obligatorio, se anulan las cuestiones, se exterminan las rebeldías, se abominan las sanas inquietudes para paralizarse en la adoración del EGO en forma de dioses, santos, fetiches y supersticiones.
    El EGO prevalece y se impone, se presenta como “dios” y bloquea la conexión con Dios.

    ¿Qué hacer para ser libres?
    ¿Cómo despojarse de las creencias enfermizas, o al menos reducirlas a un punto que no afecte el pensamiento, el habla y el comportamiento?
    Bien, como respuesta tienes cientos o miles de textos ya publicados aquí.
    Te invito a que hagas el viaje más importante que te tocará hacer: de la opresión de Egipto a la Tierra Prometida. No será simple. No lo harás en un par de días. No estarás rodeado de almohadones y algodones. Tendrás que luchar contra fuerzas tremendas que se opondrán a tu felicidad. Tú mismo te sabotearás en incontables ocasiones. Te negarás a avanzar, dudarás de tu poder, rechazarás la Mano Poderosa, te rebelarás contra tus maestros de Luz, preferirás la muerte en el desierto o la adoración de becerros de oro en lugar de cumplir tu parte en la tarea. Regresarás mil veces a Egipto, o lo añorarás a más no poder. Hasta el último instante seguirás esclavo del Faraón. Te prometo todo esto y otras cosas negativas también. Pero también te aseguro que tu viaje está signado por el éxito, si haces tu parte. Si de a poco te vas despojando de moléculas de creencias enfermizas, si desaprendes para ir aprendiendo. Si tomas conciencias de cómo vives, de quien controla tu vida. Si te comprometes y te esfuerzas. Tienes a un Amigo que te ayuda, tienes conexión con Él directa y no precisas de intermediarios ni fetiches, que son solamente emisarios del EGO.

    Tienes la opción de mantenerte en tu celdita, cualquiera que ella sea. Puedes dar un pasito, pequeñito, para salir de ella.
    Haz lo que mejor te venga en gana.
    El capítulo 32 de Devarim/Deuteronomio (parashá Haazinu) te provee de claves, quizás las veas mejor a la luz de este humilde articulo que he compartido contigo hoy.

    Hasta luego.