Caridad
Una Introducción a las Siete Leyes de los Hijos de Noé
Por Chaim Clorfene y Yakov Rogalsky
ATENCIÓN: Ninguna parte de esta publicación, «El Camino del Gentil Justo» (Clorfene & Rogalsky), puede ser traducida, reproducida, fotocopiada o almacenada en sistema mecánico o electrónico alguno sin la autorización explícita y por escrito de los autores y de los responsables de la traducción. Sin embargo, pueden referenciarse pequeñas porciones del texto, indicando la fuente:
Fundación Luz de Vida Internacional – J. Mayorga (traductor) & Y. Ribco (asesor de traducción):
Traducción al Castellano bajo permiso del Rabino Chaim Clorfene a partir de la edición 1987 (Feldheim Publishers Ltd.):
The Path of the Righteous Gentile
(An introduction to the Seven Laws of the Children of Noah)
Chaim Clorfene & Yakov Rogalsky
Derechos: 1987 Chaim Clorfene — Yakov Rogalsky
ISBN 0-87306-433-X
CARIDAD
1.
Hubo un hombre justo que era muy caritativo, ayudando a todos
quienes lo necesitaban. En una ocasión se hallaba a bordo
de un bote y éste se hundió ante los embates de una
tormenta. Rabí Akiva presenció el acontecimiento y corrió a
reportar las trágicas noticias; pero antes de que pudiera informarle
a alguien, miró y he allí que el hombre accidentado estaba parado
en su delante.
«¿No eres tú aquel que se hundió en las aguas?«,
preguntó Rabí Akiva.
«Sí, el mismo«, replicó el hombre.
«¿Y quién te sacó del agua?«, preguntó Rabí
Akiva.
«La caridad que he practicado me sacó del mar«, dijo el hombre.
«¿Y por qué sabes esto?«, indagó Rabí Akiva.
El hombre le dijo, «Cuando me hundí hasta lo profundo,
escuché el gran rugir de las olas, cada ola
diciéndoles a las demás, `Vamos!
Saquemos a este hombre del mar porque practica la caridad todos los
dias de su vida’.«.
Rabí Akiva
sonrió y declaró, «Bendito sea Dios, el Dios de
Israel, Quien ha escogido las palabras de la Torá y las palabras de
los Sabios estableciéndolas para siempre y hasta la eternidad,
porque está escrito, «Arroja tu pan al mar y lo
encontrarás después de muchos dias» (Eclesiastes 11:1 )»,
y,
«La caridad salva de la muerte» (Proverbios 10:2 )».
[1]
2.
Es un mandamiento positivo el dar caridad,
[2]
como está escrito,
«La vida de tu hermano está ante
ti» (Levítico 25:36 ).
Quienquiera que mira a un pobre solicitando ayuda
(económica) y lo ignora (a propósito) y no le da caridad, ha
trasgredido, como está escrito, «No endurecerás
tu corazón, ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre» (Deuteronomio 15:7 ).
3.
Es un principio general que una persona no empobrece por
dar caridad.
Ni nada malo o destructivo le acontece a uno por dar
caridad. De hecho, si uno tiene misericordia de otros, Dios le
retribuye de Su misericordia.
4.
Está prohibido tentar a Dios, es decir, llevar a cabo alguna
acción bajo la condición de que Dios revele Su Presencia. Ante
esto, la única excepción es el acto de dar caridad. La Torá
promete que Dios repagará a quienquiera que de caridad; y una
persona tiene permitido dar caridad con el propósito de probar a
Dios.
5.
Dios es cercano a los afligidos y desválidos
como está escrito,
«Y el lloro del pobre El oirá» (Job 34:28 ). Por tanto,
uno tiene que ser prolijo ante las súplicas de la gente pobre.
6.
Toda persona tiene la obligación de dar caridad de acuerdo a
sus capacidades. Aun una persona pobre quien se sustenta a sí mismo
de la caridad podría entregarla. Aun cuando sólo pueda dar
poquito, esto no lo exonera de dar caridad. Lo poco entregado por un
pobre es considerado tan digno como lo mucho provisto por un
rico.
Como dicen los Sabios, «Cuando uno ofrece un sacrificio, no
importa si la ofrenda es un buey o un ave o harina, ni que sea una
ofrenda pequeña o una grande: el criterio principal es que el
dador dirija su corazón a su Padre en los Cielos«.
[3]
Pero si uno tiene sólo lo suficiente para su sustento, no está en
la obligación de dar caridad. Una persona tiene la obligación de
proveer para sí misma antes de proveer a otros.
7.
La comunidad debería cubrir las necesidades o carencias de
una persona pobre. La gente de la ciudad está obligada a suplir a
esta persona lo que le hiciera falta para mantener el nivel al que
estaba acostumbrada antes de caer en la pobreza; y la gente
debería dar su ayuda de manera discreta de manera que pocos
sepan que la persona está recibiendo (este alivio).
8.
Si un pobre está pidiendo de puerta en puerta
(públicamente), uno debería darle una pequeña donación de
acuerdo a la situación del receptor.
9.
La comunidad debería proveer a todo pobre, al
menos, el equivalente a dos comidas diarias y un lugar para dormir.
10.
Una persona debería dar caridad de la siguiente manera: en
el año en que arranca su negocio debería donar al menos el diez
por ciento de su capital; luego, debería dar el diez por ciento
de sus ganancias (del negocio y capital en cuestión) después de
deducir sus gastos. Esta es la forma promedio’ de dar
caridad. Más notable aun es dar el veinte por ciento al inicio (del
primer año) y, en los años sucesivos, el veinte por ciento de
sus ganancias anuales. Aquel que no es supropio jefe’ y que gana
su dinero a través de un salario, debería dar entre el diez al
veinte por ciento basado en su ingreso neto después de impuestos.
11.
Aquel que deséa conducirse de una manera honorable debería
conquistar su inclinación hacia el mal y abrir su mano. Cualquier
cosa que sea hecha para la gloria de Dios debería ser efectuada
con gozo. Si se alimenta a un hambriento, se debería servirle lo
más fino que uno pueda ofrecerle. Cuando se viste a alguien que
lleva sus ropas raidas, debería ser hecho con las prendas más
finas que uno pueda ofrecerle.
12.
Regalos dados a los padres de uno, quienes necesitan ser mantenidos
por medio de la caridad, son considerados caridad. Además ellos
tienen prioridad ante otros.
13.
La caridad hacia parientes tiene prioridad ante la caridad a
extranjeros.
El pobre que vive en el edificio de uno tiene prioridad
ante el pobre que vive en otro vecindario.
El pobre que vive en la
ciudad de uno, tiene prioridad al que vive en otra ciudad, como dice
el versículo, «a tu hermano, a tu pobre y a tu
necesitado» (Deuteronomio 15:11 ).
Sin embargo, aquel que tiene la
responsabilidad de distribuir fondos comunales (para caridad),
debería ser cuidadoso para no dar más a sus parientes en
necesidad que a otros necesitados.
14.
Si alguien da caridad a una persona pobre y lo hace con mal
semblante sintiendo en su interior que no quisiera hacerlo,
aun si entregara
piezas de oro, ha pérdido el mérito de sus acciones. Esta
persona ha trasgredido el versículo, «Y tu
corazón no se apesadumbrará cuando le des» (Deuteronomio 15:10 ).
Uno debe
(sin remedio) dar con un sentimiento de gozo y con un semblante
alegre, y debería consolar al receptor (por sus tribulaciones),
alegrándolo con palabras reconfortantes.
15.
Está prohibido rechazar la solicitud de un pobre y enviarlo de
regreso con las manos vacías aun si todo lo que le puede
entregar en ese instante es un bocado (de comida). Si realmente no
hay nada a mano para darle, entonces uno debería con palabras
amables decirle que desea sinceramente darle algo pero que en ese
momento no es posible. Y es mejor no darle nada si lo único que
uno tiene es una pequeña moneda, cuando se tiene por cierto que
al entregarle tal moneda se afligiría u ofendería al
solicitante.
16.
Está prohibido reprender o alzar la voz a un pobre, porque su
corazón está quebrantado y es humilde. Maldecido es aquel que
desgracia a un pobre. Más bien, uno debería ser como un padre
para el pobre, demostrando misericordia con hechos y palabras.
17.
Si uno llegara a decir, «Me estoy comprometiendo a dar tal
cantidad de dinero para caridad«, o, «Estoy dando este billete
para caridad«, entonces está obligado a dar el dinero que ha
prometido inmediatamente o tan pronto como sea posible. Se considera
que uno transgrede al demorarse siendo que se está en capacidad de
honrar su obligación. Si no hay pobres a quien ayudar, debería
separarse el dinero hasta que se presente una persona pobre.
18.
Si un individuo dijera, «Daré tal cantidad de dinero a tal
persona«, puede esperar a que dicha persona venga a él. No
necesita salir a buscarla.
19.
Toda persona tiene permitido apartar dinero para caridad para
distribuirlo a quien bien lo estime y de la manera que crea más
conveniente.
20.
Aquel que convence a otros para que den caridad gana mayor
recompensa que quien efectivamente ya la da.
21.
Si uno da dinero a un pobre y este le `paga’ con un insulto, no
debría entristecerse (o enojarse) porque entonces su mérito
es aun mayor debido a la humillación que recibió.
22.
Al dar caridad, el mayor nivel se alcanza al asistir
financieramente a una persona antes de (y para prevenir) que caiga
en la pobreza. Tal ayuda debería presentarse de manera amable a
la manera de un regalo o de un préstamo u ofreciéndole ser
socios en un emprendimiento financiero u ofreciéndole un puesto
laboral de manera que la persona no se vea forzada a buscar
asistencia financiera de otros.
23.
Uno debría intentar, cuando sea posible, dar caridad
secretamente. La mejor manera de dar caridad es cuando el dador no
sabe quien es el receptor y éste a su vez no sabe quien es su
beneficiario.
24.
Uno no debería jactarse por sus propios actos de caridad;
proceder así sólo provoca que el mérito que había
alcanzado se pierda. Pero si uno dona un objeto (cualquiera) para
caridad, podría inscribir su nombre en el objeto para que sirva
como memorial. También uno podría hacer públicos sus actos
de caridad si esto inspirará a otros para que sigan el ejemplo.
25.
Una persona debería esforzarse por no llegar a tener que
depender de caridad. Es preferible pasar algunas necesidades antes
que llegar a ser dependiente de otra persona. Sin embargo, es
impropio hacer que otras personas (como la esposa e hijos) pasen
penurias como resultado de la reluctancia a recibir uno mismo
caridad.
26.
Quien no necesita caridad, pero que a través del engaño
obtiene tales fondos llegará a ser dependiente de
otros. Inversamente, quien realmente necesita caridad al punto de
que no puede vivir sin tales recursos (como un anciano sin ingresos
o una persona enferma o alguien con una familia numerosa con hijas
cuyos matrimonios debe costear) y se rehusa a aceptarla por orgullo,
es considerado como quien derrama sangre y se le considerará
responsable por sus actos. Todo lo que tendrá que mostrar por sus
sufrimientos son pecados. Sin embargo, quien necesita caridad, pero
opta por sufrir privaciones, no debido a orgullo sino a que no desea
ser una carga pública, no morirá antes de que sea levantado para
sustentar a otros (en necesidad).
27.
Está registrado en el Midrash Rabba,
[4]
«Una puerta que no se
abre para el pobre se abrirá para el médico«.
Referencias
[1]
Avot,
de Rabí Nathan
[2]
Kitzur Shulján Aruj,
capítulo 34, leyes 1-16
[3]
Talmud de Babilonia,
Menahot 110a
[4]
Midrash Rabá,
Cantar de los Cantares, capítulo 6, sección 17


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