Garantizando Moralidad

YR Por Rav Yehuda Ribco
15/05/2002 10 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

Garantizando Moralidad

Por Rav Yehuda Ribco • 15/05/2002 • Material de estudio para la mesa de Shabat


Garantizando Moralidad

 

 

Los Siete Mandamientos Noájicos

 

Este material fue publicado por
Jabad
Argentina

 

El 25 de Agosto de 1986,
el General Israel Drazin del Ejército de los Estados Unidos estuvo entre
los millares que asistieron al farbrenguen (encuentro jasídico) del Rebe
en honor al iohrtzait (aniversario) de su padre el 20 de Av. El evento
fue televisado al mundo entero.

Durante su alocución, el
Rebe habló acerca de la responsabilidad del judío de diseminar la
observancia de los siete Bíblicos “Mandamientos Noájicos” por parte de
no-judíos. Entre los segmentos de su charla, el Rebe llamó al General
Drazin y habló con él en privado, pidiéndole que hiciera uso de su
posición como Jefe Auxiliar de Capellanes del Ejército con este fin.

El siguiente es el texto
del discurso que el General ha ofrecido desde entonces en docenas de
ocasiones a miles de personas, mayormente integrantes del clero
no-judío:

 

 

En la primavera de 1986, el Presidente Ronald
Reagan emitió una proclama alentando a todos los norteamericanos a observar
los Siete Mandamientos Noájicos.

 

¿Qué son estas leyes?

 

La Biblia nos cuenta que la generación de Noaj
violó los mandamientos de Di-s. Estas normas eran conocidas por tradición
oral durante generaciones. Fueron registradas luego, alrededor del año 200
de la Era Común, en una obra llamada Tosefta y repetida en el siglo XII en
el Código de Moshé Maimónides en un orden retocado.

 

La Tosefta los enumera de la siguiente manera:

 

(1) El establecimiento de
tribunales,

(2) la prohibición de
blasfemia,

(3) idolatría,

(4) inmoralidad sexual,

(5) derramamiento de sangre,

(6) robo, y

(7) comer una extremidad
arrancada de un animal vivo.

 

El Código de Maimónides
ordena los preceptos de manera diferente:

 

(1) Prohibiciones de
idolatría,

(2) blasfemia,

(3) derramamiento de sangre,

(4) inmoralidad sexual,

(5) robo,

(6) el establecimiento
tribunales, y

(7) la norma que prohíbe
comer de una extremidad arrancada a un animal vivo.

 

Me parece que la Tosefta enumera los
mandamientos antropocéntricamente, en un orden orientado a la gente; y que
Maimónides los presenta teocéntricamente, como valores progresivamente
orientados a Di-s. El primero centra la mira en la humanidad y hace posible
que la gente pueda sobrevivir. El segundo tiene una imagen telescópica:
reconoce que los humanos tienen la necesidad de sentir lo Divino y mejorar.

 

Maimónides prohíbe la idolatría primero.
Esta norma nos enseña que no deberíamos usar siquiera símbolos religiosos
sin tratar de comprender su propósito Divino. Nos enseña que debemos
centrarnos en Di-s como el propósito y meta de cada pensamiento y acción.
Precisamos entrenarnos para temer, comprender y amar a Di-s, en ese orden.
Debemos comprender que dado que cada humano es creado a imagen de Di-s con
una chispa Divina, tenemos el deber de temer, comprender y amar a todos. De
nosotros se requiere que unamos a la gente y combinemos sus chispas Divinas
en una llamarada que emite calidez y luz a todos.

 

Rabí Shneur Zalman, el primer Rebe de Jabad,
demostró la importancia de esta enseñanza en forma cotidiana. Una vez, por
ejemplo, cuando ocupaba un apartamento encima de su hijo y nieto infante,
oyó al nieto llorando. Abandonó sus estudios y descendió al apartamento de
su hijo donde vio al niño en un rincón y al padre del niño en otro, absorto
en el estudio de la Torá. El Rebe levantó y apaciguó al niño, y dijo a su
hijo: “Todo nuestro estudio no tiene utilidad mientras no oímos los llantos
de un niño”. Su hijo captó el concepto de su padre. Me gusta pensar que fue
esta comprensión lo que hizo posible que su hijo llegara a ser el segundo
Lubavitcher Rebe.

 

El segundo mandamiento prohíbe la
blasfemia.
Maldecir a Di-s es una negación radical de lo Divino. Es una
afección ciega que rechaza la importancia de Di-s. En un sentido positivo,
este mandamiento nos orienta a que nos desempeñemos de maneras que realzan
la existencia e importancia de Di-s para otros.

 

El Talmud nos cuenta que Shimón ben Shetaj
vivió una vida tal. Una vez, envió a sus discípulos a comprar una silla de
montar. Ellos volvieron alborozados. Habían encontrado un diamante en la
silla. Alabaron a su maestro como siendo bendecido por Di-s porque, bajo una
estricta lectura legal, el vendedor, habiendo concretado la venta, había
vendido ambos, la silla y su contenido. Pero Shimón ben Shetaj solicitó a
sus alumnos que devolvieran el diamante. Cuando el vendedor recobró la joya,
exclamó: “¡Bendito es el Di-s de Shimón ben Shetaj!”

 

El comportamiento de Shimón ben Shetaj es
mejor que cualquier sermón. Impulsa la alabanza a Di-s y, más importante,
una toma de conciencia de que los caminos de Di-s son beneficiosos y rectos.

 

El tercer mandamiento prohíbe el asesinato.
Las personas de orientación antropocéntrica enfatizan que esta norma
minimiza la pugna y preserva a la civilización. Sin embargo, los
teocéntricamente orientados reconocen que hace más. Nos pide que nunca
extingamos, o siquiera estropeemos, la chispa de Di-s. No debemos osar hacer
a humanos lo que no haríamos a Di-s. Hasta debemos ser cuidadosos de lo que
decimos uno al otro.

 

El cuarto mandamiento reglamenta las
relaciones sexuales
. Veda el incesto, el adulterio, la homosexualidad y
el bestialismo. Maimónides nos enseñó que toda la vida requiere control:
hábitos de acción según el medio de oro. Este mandamiento Noájico controla
la dirección equívoca del pensamiento y el comportamiento. Nos insta a
aumentar al máximo la racionalidad. Motiva el fortalecimiento de vínculos de
parentesco acerca de los cuales Salomón entonó en su Cantar de los Cantares.

 

Todos piensan que comprenden el quinto
Mandamiento
Noájico que prohíbe el robo. “¿No está en los Diez
Mandamientos?”, preguntan. “¿Y no lo está también el homicidio?”

 

En verdad, Los Siete Mandamientos Noájicos se
encuentran en muchas declaraciones indirectas en los capítulos iniciales de
la Biblia. Estas declaraciones sugieren valores más amplios, más abarcantes,
para todos. Génesis 2:16 📖, por ejemplo, es una fuente para la prohibición
Noájica de robo: “Puedes comer de todo árbol del jardín excepto del Árbol
del Bien y el Mal”. Este versículo nos informa que todo pertenece a Di-s.
Robamos a Di-s cuando tomamos cualquier cosa de alguien.

 

El sexto mandamiento
maimonideano es el primero en la Tosefta.

 

Antropocéntricamente, las leyes y los
controles comienzan el ordenamiento de la sociedad.

Teocéntricamente, sin embargo, el orden
cambiado de los mandamientos imparte mucho más: La sociedad comienza con un
sistema de valores reconociendo a Di-s. El requerimiento de leyes ocupa el
sexto lugar en el segundo sistema y dirige el desarrollo de un programa que
asegure la observancia de los otros seis mandamientos. Creo que esto también
enseña que las prácticas y ceremonias religiosas se necesitan como
recordatorios que nos dan dirección, hitos y metas.

 

Hemos visto que Moshé Maimónides hizo una
presentación ordenada de reglas que preservan y mejoran la humanidad.

 

Los Mandamientos Noájicos nos educan
primero
acerca de Di-s como la fuente, el fundamento y la meta de cada
pensamiento y acción.

El segundo induce al comportamiento que
motiva a otros a loar a Di-s.

El tercero nos ayuda a ver las chispas
de Di-s en la gente y nos hace percatarnos de nuestras responsabilidades
hacia estas chispas.

El cuarto enseña restricción en el
pensamiento, el habla y la acción.

El quinto nos recuerda que todo
pertenece a Di-s y nos insta a pensar en las consecuencias de ello.

El sexto establece un programa de
recordatorios para conservar los valores y promover el comportamiento
apropiado.

 

¿Por qué, entonces, es el mandamiento de
Génesis 9:4 📖: “Ciertamente carne con su sangre de vida no comeréis” el
séptimo
? Lógicamente, hubiera sido de esperar que la declaración final
fuera el máximo principio teocéntrico.

 

De hecho lo es. Enseña la lección más difícil.
Debemos ir más allá de relacionarnos con la chispa Divina en los humanos. El
séptimo mandamiento ordena respeto por los animales y objetos inanimados,
comportarse adecuadamente con todo en un siempre ascendente movimiento hacia
Di-s. No podemos subir por la escalera del progreso a menos que descendamos,
como lo hizo el primer Rebe, para asegurarnos que nada, absolutamente nada,
sufre dolor. Debemos caminar cuidadosamente, asegurándonos que ni siquiera
las piedras protestan: “Cómo osas caminar sobre mí sin observar los deseos
de Di-s”.

 

Las leyes antropocéntricas mantienen nuestra
existencia. Aseguran la paz mental y protegen el status quo.

Las leyes teocéntricas hacen más. Distinguen
lo deseable de lo indeseable, traen auténtica felicidad al cuerpo y al alma,
y conducen a la perfección y la certeza. Las leyes humanas garantizan la
seguridad, pero las leyes Divinas garantizan la inmortalidad.

 

No es sorprendente que el Código de Maimónides
coloque las Leyes Noájicas justo antes del análisis de la Era Mesiánica. La
normas Noájicas articulan el comienzo y fin de la vida. Adecuadamente
entendidas y plenamente observas, son una guía hacia la Era Mesiánica. Así,
el Presidente Reagan estaba en lo cierto al fomentar su observancia.

 

Una historia realza la meta de estos
mandamientos:

 

Un jovenzuelo esperaba en la
costa un buque que lo llevara a su hogar. Un adulto se detuvo, se burló de
él, y le dijo que estaba parado en el lugar equivocado. Sugirió al muchacho
que caminara tres millas hasta el sitio fijado usualmente para el ascenso de
pasajeros. El jovenzuelo se mantuvo firme. Poco después, el barco vino río
abajo. Se volvió hacia él, y liberó la planchada para llevarlo a bordo. El
adulto miraba con sorpresa.

“¿Cómo sabías”, preguntó,
“que el buque pararía para recogerte?”

“Muy simple”, contestó el
muchacho. “Verás, el capitán es mi padre”.

 

Una vez que nos percatamos de que Di-s es el
padre y capitán de todos, y actuamos en consonancia, la vida recibe mayor
dirección y significado, y Di-s nos llevará a casa.

 

Esta es la meta final de los Mandamientos
Noájicos.

 

Si no eres judío, se feliz:
eres noájida.

Por el pronto retorno de los fieles de entre las naciones,
Lic. Jonathan Ortiz


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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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