Para hacer frente
a los grandes gastos en los Iamim Noraim (Altas Fiestas), la sinagoga
de la ciudad puso en venta entradas para ocupar los asientos dentro del
templo. Era una cuestión necesaria aunque no agradable, pues durante el
resto del año los remisos dineros que entraban a la sinagoga provenían de
las donaciones voluntarias de los congregados.
Por esta situación, llegados los días reverenciales, los shamashim
(conserjes) impedían el paso a todo aquel que no hubiera adquirido su
correspondiente entrada.
Era la primera
tarde de Rosh HaShaná cuando un joven nervioso se presenta en la
puerta del Bet HaKneset y solicita ingresar. Los shamashim no
le autorizan, pues no cuenta con su sitio. Entonces el joven ruega:
– Por favor señor, es una cuestión urgente, tengo, necesito, debo hablar con
mi padre que está dentro…
-No y no. La orden es: sin boleto no hay entrada.
– Pero señor, no es más que entrar y salir. Es imprescindible que le diga a
mi padre algo urgente… por favor…
– Está bien, está bien. Me has enternecido… debe ser por las fechas en que
estamos. Puedes pasar, pero, ¡pobre de ti si entro y te encuentro rezando!
Shabbat
Shalom les desea Yehuda Ribco
Destellos de la parashá
Sidrá 14ª de la Torá; 2ª del sefer Shemot / Éxodo.
Entre versículos 6:2 y 9:35.
Haftará está en Iejezkel / Ezequiel 28:25 29:21.
El sufrimiento de los Hijos de Israel es tan grande que
deja de ser absorbido por el inconsciente de lo cotidiano y se transforma en
figura resaltante. Es decir, finalmente los Hijos de Israel reconocen su
miserable situación.
La persona humana es tan plástica, posee la facultad para acomodarse de tal manera que parecería poder
sobrevivir hasta lo improbable. Y cuando la acomodación se ha producido, lo
que molesta tiende a desaparecer de la conciencia, va camino al olvido, a
pesar de estar presente.
Pero, tras siglos de acostumbramiento a la tormentosa esclavitud, a la
vejación total, los israelitas renacen al re-conocimiento, re-viven a
sentirse ultrajados, y recuerdan que existe la promesa para ser mejores.
Y cuando eso acontece, es que la Torá menciona que "Dios, cuando los
escucha, los recuerda merced al pacto entablado con sus antepasados"
(6:5)… sin embargo, los Hijos de Israel ya están nuevamente esclavizados
por la normalidad…
Luego se suceden las maravillas y portentos en pos de la liberación.
Primero son milagros minúsculos, incluso que entran dentro del
alcance de las ciencias de aquella alta cultura egipcia.
Pero luego, los sucesos van marcando la presencia de lo sobre-natural
operando en la naturaleza.
Y es el corazón acobardado y endurecido de Faraón y los suyos, los que los
ciegan a constatar la realidad.
Es su ceguera lo que los lleva hacia el fracaso.
De la Parashá
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