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- Evidencias de su antigüedad como tefiláA pesar de no ser exclusiva y necesariamente una tefilá, se tienen pruebas de
que, por lo menos, desde la época del Segundo Beit Mikdash, se recitaba diariamente el
Keriat Shemá, el Talmud (Tamid 5ª) describe como los cohanim entonaban el Shemá Israel
luego del Korbán Tamid Shajarit. La gente reunida en el patio del Mikdash al oír la
primera frase respondían al unísono: «Baruj Shem Kevod Maljuto LeOlam Vaed»,
como forma de testimoniar su adhesión al culto allí celebrado y a las mitzvot de la
Torá.
La Mishná establece que una persona debe ‘esmerarse en leer el Shema y recitar la
Amidá’ (Avot 2:18). El primero de los tratados del Talmud (Berajot), que fuera comenzado
a escribirse posteriormente a la diáspora causada por los romanos, empieza con la
interrogante «¿Desde cuándo se lee el Shemá en Arvit?», dando así a esta
plegaria el relieve que posee, pues es la que centraliza tanto las tefilot diarias y
especiales como el sistema de creencias judío.
También en la Hagadá de Pesaj se leen pasajes talmúdicos que hacen referencia a esta
sección encumbrada de la Torá.
Tradicionalmente eran las primeras palabras que el padre alentaba a su hijo pequeño a
decir.
Origen
La Keriat Shemá, en tanto plegaria establecida para ser
recitada en Shajarit y Arvit, comprende tres porciones de la Torá (Devarim 6: 4-9 ;
Devarim 11 : l3-21; Bemidbar 15: 37-41 ).
Ocasiones de recitado establecido
Técnicamente hablando la Keriat Shemá puede ser dicha
independientemente del resto de las tefilot, ya que la mitzvá de la Torá de que sea
dicha dos veces por día en nada se relaciona con el servicio de tefilot cotidianas.
Fue en la época de la Mishná que se estableció como texto obligatorio en las tefilot
diarias, durante el primer cuarto del día (en shajarit o servicio matutino) y después de
la caída de la noche (en arvit o servicio vespertino) está basada en las palabras de la
Torá de «hablar de ellos… cuando estés acostado y cuando te levantes»
(Devarim 6:7 ), de lo cual los jajamim interpretaron que hacía referencia a momentos del
día en el cual se debía, obligatoriamente, pronunciar estas palabras. (Otros
interpretaron que por la mañana había que recitar el Shemá de pie y por la noche
sentado, pero la halajá no obliga tales acciones.)
El Shemá es, junto a la Amidá, el núcleo
de las tefilot de la mañana y noche, y fuera del contexto de las tefilot organizadas, se
alza el Shemá como bandera y monumento a las más profundas y certeras creencias del
Pueblo Judío a lo largo de su milenaria historia; por lo cual, fue la escogida por los
innumerables mártires judíos (muertos al kidush shem shamaim) de todas las épocas para
morir con sus palabras exhaladas con el último suspiro de existencia individual.
Dada su fundamental influencia se ha insertado parte o toda la keriat
shemá en otras ocasiones:
Antes de acostarse a dormir; cuando el Sefer Torá se saca del
Aróm Kodesh en el Beit Kneset en tefilat shajarit de Shabbat y jaguim; durante la
Kedushá del musaf en las misma ocasiones; como declaración de irrevocable confianza en
el Juicio Eterno al final del servicio de Neilá cuando finaliza Iom Kipur; al finalizar
las Hoshanot en Hoshaná Rabá y en el vidui (confesión) en el lecho de muerte.
Técnicas y halajot de recitado
El momento apto para comenzar la lectura del Shemá
matutino es el mismo que para colocarse los tefilín y se extiende hasta el fin del primer
cuarto del día, ya sea el día largo o breve. La extensión del día es calculada desde
el despuntar del sol hasta que las estrellas se tornan visibles a ojo desnudo. El
cumplimiento ideal de la mitzvá es hacer como el hombre devoto de antaño, que comenzaba
la lectura de modo de finalizar el Shemá junto con sus bendiciones con los primeros rayos
del sol. Seguir su ejemplo implica merecer una gran recompensa. Sin embargo, la lectura
del Shemá no ha de ser dilatada más allá del primer cuarto del día, aunque está
permitido leer el Shemá con sus bendiciones antes de que hubiera pasado un tercio del
día.
En Shajarit la Keriat Shemá es precedida
por dos berajot (Iotser or (Que creas la luz); Ahavá rabá o Ahavat Olam (Con abundante
amor o Amor eterno)) y continuada por una (Emet veiatsib (Verdadero y firme)). En tanto
que en Arvit la preceden dos, y la suceden otras dos.
Las dos primeras berajot, básicamente van llevando el pensamiento y el
sentimiento desde lo más general a la cumbre máxima de lo ordenado por la Torá: Ahavat
Hashem, el amor a H; que es en definitiva el leit motiv de la Keriat Shemá, como veremos
luego.
Antes de que la comencemos a leer, debemos concientizarnos de que
estamos a punto de cumplir la mitzvá de leer el Shemá, así como el H’ nos ha
ordenado. Cuando decimos la frase inicial del «Shemá Israel», debemos prestar
especial atención a su significado, es decir, que el Señor, nuestro Dios, es el Unico en
el cielo y en la tierra.
Luego, la kavaná, la intencióm y concentración debe ser completa en todas y cada una
de las palabras y letras de la keriá. De no estar bien intencionado en su decir, es
necesario repetirla.
Es práctica correcta y acertada en el momento de recitarse el primer párrafo del
Shemá, pronunciar cuidadosamente y con esmero la letra ‘dalet’ de la palabra
Ejad, puesto que es muy posible en hebreo confundir la ‘dalet’ con la
‘reish’, por lo cual se diría ‘Ajer’, que es, precisamente, el
concepto contrario al que se quiere enfatizar. Pues ‘Ajer’ es el otro, lo otro,
tal como si dijéramos que Hashem es otro, o que hay otros dioses aparte de Él. Cosa que,
es un aberración a la letra y al espíritu del Shemá. El tiempo adecuado para estirar la
pronunciación es exactamente el que se precisa para reflexionar que el Santo, bendito
sea, está solo en Su mundo y que El gobierna en los cuatro rincones del universo. Estirar
más de el lapso necesario para este pensamiento es perjudicial, y mejorar no estirar, si
esto produce una deformación de las palabras.
Durante la Keriat Shemá, luego de una pequeña pausa, se inserta entre el pasuk de
‘Shemá’ y el de ‘Vehaavta’ una frase: Baruj Shem Kevod Maljutó
LeOlam Vaed (‘Bendito Sea Su Nombre, Cuyo Reino Glorioso es para la eternidad’).
Esta locución siempre se recita en un murmullo apenas audible, excepto en Iom Kipur
cuando se lee en voz alta (tal como se acostumbrara hacer en el período de la opresión
romana). Como ya dijéramos más arriba, esa era la contestación solemne de la
concurrencia al Beit Mikdash cuando oían a los cohanim entonar la Shemá.
Según el Talmud (Pesajim 56ª) se la recita quedamente para diferenciarla de los
pasajes bíblicos, ya que no tiene origen en el TaNa»J. Luego de una breve pausa se
continúa con el resto de la Keriá.
Junto con esta fórmula, la totalidad del Shemá comprende 245 palabras, pero cuando en
la tefilá el Jazán expresa estos párrafos en alta voz, repite las dos últimas palabras
de la tercera sección (Adonai Eloheijem) y las anexa, sin interrupción, con la primera
del párrafo posterior al Shemá (Emet), quedando así el número de palabras en 248, que
es exactamente la cifra de las mitzvot asé de la Torá, tal como si se quisiera expresar
la equivalencia del Shemá con todas las mitzvot (al respecto leer más adelante). Como
esa cifra (248) no se alcanza si se reza sin minián, es que el individuo agrega antes de
la Keriat Shemá tres palabras El Melej Neemán (‘¡Dios, Rey Fiel!’).
Por distintos motivos, algunos alegan que como medio de concentración, los ojos se
cierran o se cubren con la mano derecha o el talit, cuando cada mitpalel recita en voz
alta el primer pasuk.
En algunas congregaciones, es costumbre recitar la totalidad del primer párrafo al
unísono.
El tono general de recitado debe ser claro y nítido, según estipula el Talmud y la
halaja (Berajot 15a y Oraj Jaim 62:3), ya que si bien el Shemá se utiliza como tefilá,
tiene un carácter instructivo, por lo cual se puede aprender y enseñar algo en cada
ocasión que es recitado.
Se deben efectuar pausas entre una parashá y la siguiente. Así como detenerse en los
lugares indicados con una raya vertical (|), pues la misma sirve para delinear
correctamente el significado de lo que se pronuncia.
En caso de que la letra final de una palabra coincida con la primera de la palabra
siguiente, debe hacerse una pausa, para pronunciar correctamente ambas palabras.
Todas las letras deben decirse de acuerdo a su correcta pronunciación, teniendo
especial cuidado en no variar el sonido de la letra zain.
En cuanto a la postura corporal en el momento del recitado, según la halajá si el
mitpalel está sentado, debe permanecer así, pues no está permitido pararse adrede;
aunque en algunas congregaciones se estila incorporarse dada la importancia de esta
sección, y ya que el Shemá es una forma de testificar la Unicidad de H’ y en la
antigüedad los testimonios se brindaban estando de pie.
No debe leerse mientras se está acostado; y si está tendido, ha de apoyarse por
completo sobre un costado y leer. Si se halla enfermo y le es difícil apoyarse sobre su
lado, se limitará a inclinarse un poco. En caso que pueda incorporarse sin peligro para
su salud, así debe hacer.
En toda ocasión debe estar correctamente vestido, a no ser en caso de fuerza mayor.
En el momento de la tefilá de shajarit se acostumbra que los hombres que usan talit o
visten Arva Kanfot tomen los cuatro tzitzit de los mismos. Para hacer tal se procede de la
siguiente manera: en la brajá inmediatamente previa, cuando llegamos a ‘Vehavienu
leshalom’ tomamos los tzitziot en nuestra mano izquierda y los sostenemos a la altura
del corazón hasta recitar la primera frase del Shemá, luego los cambiamos de mano. Los
mantenemos sujetos en la mano derecha, procediendo a besarlos cada vez que se menciona la
palabra tzitzit en la tercera parashá de la Keriá, así como en la palabra
«venehemanim venejemadim», momento en el cual los soltamos.
También se acostumbra a besar la tefilá del brazo y la cabeza en las dos ocasiones
que son mencionadas dentro de las dos parshiot iniciales.
Si el Shemá ha sido ya recitado en forma privada y luego se ingresa en donde un
minián esta leyendo esta oración, es obligación decirla junto a ellos, pues de no
hacerlo parecería que no estamos dispuestos a asumir el mandato de H’ sobre nuestras
existencias. Si procedemos de manera adecuada, no sólo ganamos el respeto del prójimo,
sino que se considera que hemos estudiado Torá, pues el Shemá es parte de ella.
Es correcto que la persona que no posee facilidad en el idioma hebreo pronuncie la
frase inicial del Shemá con toda su intención y que luego recite y medite en el idioma
que comprenda, ya que de esta forma también queda cumplida la mitzvá.
Algunas explicaciones
La primera parashá del Keriat Shemá (Devarim 6: 4-9 )4-Oye, Israel: Hashem nuestro Dios, Hashem uno
es:5-Y Amarás a Hashem tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todo tu
poder.
6-Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón:
7-Y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por
el camino, y al acostarte, y cuando te levantes:
8-Y has de atarlas por señal en tu mano, y estarán por frontales entre tus ojos:
9-Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas.dxa h vnyhla h larsy ims
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¡Oye!, o, ¡Escucha!, es la palabra con la cual comienza la recitación
de la proclamación del Shemá Israel (‘¡Oye, Oh Israel!’).
El versículo inicial (Devarim 6:4 ) contiene lo que generalmente se considera uno de
los dos pilares esenciales del Judaísmo: ‘¡Oye, Oh Israel, el Señor es nuestro Dios, el
Señor es Uno!’: la existencia de un solo Dios, y que Éste es único, no hay otros, ni
Él se puede dividir en elementos.
En cuanto a la palabra Shema, que hemos traducido como ‘Oye’, es posible
reconocer en su raíz lingüística otras dos acepciones:- Mashm’aut o mashm’a, que es significado, sentido y acepción;
- Mishma’at, que representa estar a la orden, disciplina y obediencia.
De estas asociaciones sintagmáticas es posible construir un nuevo significado para la
frase inicial del Shemá Israel: ‘Israel: ¡Presta atención, y obedientemente llena
de significados la afirmación que Hashem, el que es tu Dios, es uno!’
Es decir, no tan sólo que esta proclamación se convierta en un eslogan, en palabras
dichas por alguien, y escuchadas como ejercicio exclusivo de la percepción, sino un acto
que compromete tanto el intelecto como el sentimiento, como lo es el de buscar el sentido
a la trascendente existencia de un Dios, como lo es Hashem, que es completamente distinto
a todo lo que hemos podido percibir en nuestras vidas, pero, que sin embargo ahí está,
presente a cada instante, aun cuando no se Lo considera.
Por lo cual, Shemá, como dijimos, es más que oír, se transforma en construir, en
creer y crear en nuestras vidas el testimonio de Su existencia.
Esto de servir como testimonio, podríamos decir que se encuentra escondido entre la
letras del pasuk. Si contempláramos un Sefer Torá, veríamos que (al igual que en la
transcripción que hemos hecho) hay dos letras que sobresalen en dimensiones de las otras.
Las letras hebreas finales de Shemá (‘Oye’) y Ejad (‘Uno’), escrita en forma
destacada en el «Sefer Torá», pueden querer significar Ed, que en hebreo es
‘testigo’, permitiendo interpretar que aquella persona que recita el Shemá, y lo asimila
a su vida, se transforma en testigo de la unidad y dominio de Dios sobre la Creación.
Es interesante el midrash que explica que esta frase de ‘Shemá Israel’ la
dijeron por vez primera los hijos de Israel / Iaacov cuando éste agonizaba. Según el
mismo midrash la profunda significación de este hecho se encuentra en la promesa y en la
amorosa despedida de todos los hijos, que a pesar de las discrepancias y múltiples
diferencias, en torno al padre desfalleciente le iluminaron sus últimos instantes al
demostrar que en la creencia en el único Dios ellos permanecían unidos, y éste
pronunció de manera apenas audible: «Baruj Shem Kevod Maljuto LeOlam Vaed». Los
hijos le indicaban así al anciano padre que los largos años de sufrimiento por la
desaparición de un hijo, los constantes dolores que sufría, no culminaban en un vacío,
ya que la enseñanza de respeto y amor al único Dios había prendido y arraigado
firmemente en los corazones de sus hijos, quienes, a su vez, lo transmitían con unción a
sus propios descendientes.
En otros lugares de la Torá se ordena que se cumpla fielmente las palabras de Hashem,
y que el temor o la reverencia a Él sea el eje en torno al cual gira la existencia del
judío. Pero, con el Shemá se sube un peldaño en la aproximación al Eterno, puesto que
se supera la reverencia para alcanzar el amor.
El amor es realmente tal si se da a través del servicio físico y la devoción
espiritual. Los jajamim explican que la entrega de la persona por amor debe ser completa,
incluso las inclinaciones más primitivas o perniciosas deben ser adiestradas con el fin
de elevar a la persona al encuentro de Hashem. Tan alto grado de perfección humana se
puede ir consiguiendo integrando una conducta ejemplar constante, que puede llegar hasta
el grado del autosacrificio, estudio permanente de la Torá, enseñanza de la misma a los
jóvenes y cumplimiento de las mitzvot.
En este primer párrafo de la Keriat Shemá el teocentrismo es absoluto. H’ es el
centro de la existencia del hombre, quien se esfuerza y dedica leshem shamamim, es decir,
haciendo todo por amor a H’, sin esperar nada a cambio, sin promesas de castigos o
premios, sin trueques de ninguna especie, tan sólo el acatamiento de las órdenes de
H’ por el mismo hecho de acatarlas.
Como veremos un poco más adelante, esta parashá es el grado máximo al cual puede el
judío aspirar en su relación con H’, pero la Torá atenta a las carencias e
imperfecciones humanas transmite un plan para ir escalando las posiciones de
espiritualidad sin fatigar prontamente al que se empeña en tan digna tarea. El método
que presenta la Torá es el de la ascensión gradual, es decir, primero se sube un poquito
hoy, mañana otro poquito y así sucesivamente. La prueba para afirmar la existencia de
este método la obtenemos al comparar la primera parashá del Shemá con la segunda:
La segunda parashá (Devarim 11: 13-21 )13- Y será que, si obedeciereis
cuidadosamente mis mandamientos que yo les prescribo hoy, amando a Hashem vuestro Dios, y
sirviéndolo con todo vuestro corazón, y con toda vuestra alma,14- Yo daré la lluvia
de vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y cogerás tu grano, y tu vino,
y tu aceite.
15- Daré también hierba en tu campo para tus bestias; y comerás, y te hartarás.
16- Guardaos, pues, que vuestro corazón no se infatúe, y les apartéis, y sirváis a
dioses ajenos, y les inclinéis a ellos;
17- Y así se encienda el furor de Hashem sobre vosotros, y cierre los cielos, y no
haya lluvia, ni la tierra dé su fruto, y perezcáis presto de la buena tierra que les da
Hashem.
18- Por tanto, pondréis estas mis palabras en vuestro corazón y en vuestra alma, y
las ataréis por señal en vuestra mano, y serán por frontales entre vuestros ojos.
19- Y las enseñaréis a vuestros hijos, hablando de ellas, ora sentado en tu casa, ó
andando por el camino, Cuando te acuestes, y Cuando te levantes:
20- Y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus portadas:
21- Para que sean aumentados vuestros días, y los días de vuestros hijos, sobre la
tierra que juró Hashem a vuestros padres que les había de dar, como los días de los
cielos sobre la tierra.ykna rsa
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Observamos que las diferencias entre esta sección y la anterior ya se dan desde la
primera palabra. En la primera era un amor incondicional, irrestricto, en esta segunda ya
se comienza con una condición: «Y será que si…», es decir, quizás se apunta
a una misma finalidad, pero en esta segunda parashá se acepta las dificultades de la gran
mayoría para lograr un amor puro y sin reservas en relación a H’, por lo cual, se
advierte explícitamente y se hace llegar a la conciencia de que existirá recompensa y
castigo por obediencia o desobediencia.
Tanto el premio como el castigo son dichos en términos netamente materiales,
concretos, sin metáforas ni fantasiosas descripciones. Se refieren a sucesos que
sobrevendrán en esta vida a las personas, y se hace hincapié en lo que en especial
afectaba a las personas en la antigüedad, y hoy en día con menor fuerza pero igualmente
importante, es la presencia de ‘lluvia en su tiempo’. Es decir, el ritmo de la
naturaleza no se verá afectado, la continuidad de las estaciones se producirá, el
ambiente no se perjudicará por las malas acciones humanas, y H’ permitirá que
aquellos que cumplen con Sus mitzvot sean bendecidos con lluvias buenas y adecuadas y con
riquezas provenientes de la fertilidad que produce la abundancia y la saciedad del cuerpo
y el espíritu.
Tenemos pues esta segunda parashá que testimonia el esfuerzo del hombre por alcanzar
el amor propuesto en la primera parashá. En la segunda el amor es condicionado, pero con
un fin educativo: enseñar a no esperar ni premio ni castigo, sino tan sólo amar por el
propio amor a H’.
Si el primer párrafo era un canto al teocentrismo y monoteísmo extremo, este segundo
es un teocentrismo teñido de antropocentrismo, ya que H’ le brinda al hombre bienes
o le prodiga castigos de acuerdo a su conducta, tal como si H’ tuviera que estar
pendiente del hombre. Por lo cual, la imagen de un Dios por completo separado del hombre
se disipa y surge la imagen pate al del Dios preocupado por sus criaturas, e iracundo en
los momentos de desaire por parte de sus hijos, pero que lleno de misericordia nos perdona
y busca que en los castigos una forma de enmienda a las conductas crasas de las personas
(Hashgaja Pratit).
¿Por qué se afirma que el premio y castigo son del Olam HaBá si en este párrafo se
hace hincapié en premio y castigo concreto? Maimónides argumentó que la satisfacción
de las necesidades materiales, en este mundo, llevan a dejar más tiempo y ocasiones para
poder dedicarse a elevarse en el plano espiritual. Pero, depende de la persona a qué le
quiere dedicar su tiempo, por esa razón es que esta parashá comienza en forma
condicional, ya que la persona con su libre albedrío puede preferir adherirse al pecado
en lugar de a H’.
Otra gran diferencia entre una y otra parashá, es que la primera se dirige al
individuo en tanto que la segunda al colectivo. De esta forma la persona es responsable
individualmente, pero a la vez no puede dejar de lado su responsabilidad social, es decir,
de formar parte de un colectivo comprometido con las metas propuestas en estas parshiot.
La primera parashá es el amor sublime y en estado puro, en la segunda el amor
práctico, puesto a prueba en las ocasiones cotidianas. No son caracteres contrapuestos,
sino complementos de la misma tarea, el amor a H’, la afirmación de su Unicidad y la
ejecución de sus mitzvot (Maimónides, Hiljot Keriat Shemá 1:2).
La primera es ‘kabalat ol maljut shamaim’, la seguna es ‘kabalat ol
hamitzvot’, una el compromiso con el Eterno, la otra la compenetración con Sus
palabras y acciones.
Como sea, ambas parshiot recalcan el amor hacia H’ como la meta última a la cual
debe llegar el judío, para lo cual debe cumplir las mitzvot e implementar ciertos
símbolos específicos y declarados en estos párrafos: tefilín (tefilá de la cabeza y
del brazo), Mezuzá y en el tercer párrafo del Shemá se anuncia el tercer símbolo, que
son los tzitzit.
Además de estos símbolos, de la entrega completa a H’ y del amor se da especial
énfasis al tema de la educación. Es importante, imprescindible que el judío no sea
ignorante en temas de Torá, que la conozca, que hable de ella, que su conversación este
siempre enriquecida con palabras de Torá, y le sea dedicado tiempo a educar a los propios
hijos en cuestiones relativas a la Torá.
Como podemos aprender, más allá de las promesas y advertencias específicas que el
segundo párrafo contiene, podemos reparar en que las familias judías que comparten la
Torá como tema de conversación tienen oportunidades para aprender juntos y crecer
juntos, a cada momento, pues se dice que sea la Torá tema de conversación constante.
Como anécdota, quizá no muy precisa pero adecuada al fin, recordamos aquella de que
los Benei Israel, los judíos hindúes, se reconocieron como pertenecientes al Pueblo de
Israel, porque lo único que guardaban de sus milenarias tradiciones era la primera frase
del Shemá en hebreo, que repetían en todas las conmemoraciones y reuniones de
importancia. Es así que merced al Shemá la familia israelita pudo reintegrarse con
algunos de sus integrantes luego de miles de años de distanciamiento.
Si recordamos que habíamos dicho que se completan 248 palabras en la Keriat Shemá,
tantas como mitzvot asé hay en la Torá, podemos recordar que jaza»l dijeron que
«cualquier persona que se asienta en la Tierra de Israel, habla hebreo y lee el
Shemá en la mañana y en la tarde, tiene asegurado (un lugar en) el Mundo por Venir»
(Talmud Ierushalmi Shekalim 3.4). Según los jajamim 248 también son los órganos del
cuerpo, de esta manera se quiere señalar que todo el organismo se dispone a asumir el Ol
Maljut Shamaim, El Yugo de H’ sobre sus vidas.
Otra afirmación del Talmud es la de que ‘si tu recitas sólo el Shemá en la
mañana y en la tarde, no serás conquistado’ (Sota 42a). Esto significa que la
persona puede enfrentar el Ietzer Hará y vencerlo con el concurso de la recitación del
Shemá.
Al respecto menciona RaSH»I que los dos impulsos de las persona, el positivo y el
negativo, deben ser puesto al servicio de H’, porque ambos impulsos son creaciones de
Él. Esto significa que toda la persona, incluso las partes más oscuras y lúgubres son
aptas para servir a H’ y hasta amarLo.
La tercera parashá (Bemidbar 15: 37-41 )37- Y Hashem habló a Moshé, diciendo:38-
Habla a los hijos de Israel, y diles que se hagan franjas en los remates de sus vestidos,
por sus generaciones; y pongan en cada franja de los remates un cordón de cárdeno:
39- Y serviros ha de franja, para que cuando lo viereis, les acordéis de todos los
mandamientos de Hashem, para ponerlos por obra; y no miréis en pos de vuestro corazón y
de vuestros ojos, en pos de los cuales fornicáis:
40- Para que les acordéis, y hagáis todos mis mandamientos, y seáis santos a vuestro
Dios.
41- Yo Hashem vuestro Dios, que les saqué de la tierra de Mitzraim, para ser vuestro
Dios: Yo Hashem vuestro Dios.rmal hsm la h
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Al leer este párrafo se da cumplimiento a la mitzvá de la Torá
que ordena que todos los días sea recordada la Ietziat Mitzraim, además de servir a
otros cinco propósitos.
Si la primera parashá era el grado máximo de amor H’, y la
segunda era un eslabón para las grandes masas del pueblo que entre idas y venidas se
aproximan y alejan de H’, ¿para quién está dedicado este tercer párrafo?
Obviamente que para todas las personas, sean sabios o ignorantes,
amplios conocedores de la Torá o apenas tímidos visitantes, creyentes extremos o fríos
conservadores tradicionales, todos pueden expresar su devoción a H’ a través de la
vestimenta típicamente judía como lo es los tzitzit, que se traducen franjas o flecos.
Esta mitzvá que sirve como recordatorio de todas las otras mitzvot es
para todos y cada uno de los varones de Israel, por lo cual fue insertada esta sección
siguiendo a las otras dos.
Como para indicar que toda persona esta en condiciones de esforzarse
para apartarse de lo impropio e irse aproximando a H’. Ya que no se puede reglamentar
qué va a pensar una persona, ni hacia dónde su fantasía lo llevará, se estipula el uso
de esta vestimenta, puesto que las conductas si pueden ordenarse, y de esta forma educar
el pensamiento y la fantasía.
Al respecto, cuenta la anécdota que un grupo de científicos
judíos ortodoxos colocó avisos en forma regular en la prensa israelí durante los
últimos años de la década de 1970. En los mismos ellos apelaban al cumplimiento de la
mitzvá de Keriat Shemá, para fortalecer así la resolución espiritual de la nación y
acelerar la Redención universal; mientras otros ortodoxos enseñaban a poner tefilín o
ayudaban a hacerlo o brindaban la oportunidad de vestir tzitzit.
Tanto la mezuzá, como los tefilín y los tzitzit son señales del pacto existente
entre H’ y el pueblo de Israel (las otras dos señales son el Berit Milá y Shabbat y
Moadim). Vemos pues la relevancia que tienen los elementos concretos contenidos en la
Keriat Shemá en estas palabras del Talmud (Menajot 43b): «Dilectos los Hijos de
Israel para H’, pues el Santo Bendito Sea, los rodeó con los preceptos de tefilín
para sus cabezas, tefilín para sus brazos, tzitzit para sus vestimentas y mezuzot para
sus puertas.»
Retornando al tema del Amor, este es desinteresado y que se manifiesta en la realidad
concreta. Integra el sentimiento de plenitud pero lo excede, ya que se pretende que este
Amor sea material, en actos, constante y principalmente, sin esperar nada a cambio. Amor
Verdadero, tal como el que H’ prodiga a Su Creación.
Amor que es muy difícil de alcanzar por la mayoría de las personas, pero que sin
embargo es y ha sido meta de muchos judíos que habiendo sido más o menos cultos, al
momento de expirar, generalmente en masacres o torturas, no hesitaban en paladear como
última cosa de este Mundo las palabras del Shemá Israel.
De manera similar como la oración del Aleinu Leshabeaj se convirtió en lema de los
mártires judíos del medioevo (según el «Emek HaBajá»), el Shemá acompañó
a inmolados y héroes judíos en sus diversos avatares a lo largo de los tiempos. El gran
sabio Rabí Akiva en la época de las persecuciones del Imperio Romano sirve como ejemplo
del Shemá llevado a la práctica concreta hasta su máximo grado. Él solía enseñar que
las palabras «bejol nafsheja» (‘con todo tu ser’) debían significar
aun con el auto sacrificio, llegar hasta el extremo de ofrendar la vida terrena por amor
pleno y puro hacia el Eterno. Así, cuando el romano verdugo arrebataba sus ca es con
peines de acero, Rabí Akiva desafió su cruel martirio demostrando paz de espíritu, y
aun gozo en medio del tremendo suplicio, mientras entonaba el Shemá, puesto que era la
hora de cumplir con tal mitzvá de aceptar el Ol Maljut Shamaim (yugo de H’). Sus
malogrados discípulos que eran testigos de su cruel asesinato extrañados le interrogaron
por su inexplicable gozo. A lo cual él enseñó: «Durante toda mi vida, cuando leía
el Shemá, me preocupaba de cuando habría de alcanzar el momento que pueda
relamente llegar a cumplir completamente con esta mitzvá de amar de H’ sin esperar
nada a cambio; ahora que llegó el momento ¿no he de cumplir el precepto?». Y
prolongó la palabra ‘Ejad’ hasta expirar. (Según Berajot 61b.)
Rabí Akiva amaba a H’ con todo su corazón y con todo su ser y con todo lo que
poseía, ahora él podía hacer del amor al Eterno algo más que una enseñanza en
palabras o una metáfora, merced a entregar su vida a cambio de preservar el bienestar de
su pueblo y por el cumplimiento de las mitzvot. - Agosto 1998 / Av 5758DARJEY NOAM https://serjudio.com
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