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YR Por Rav Yehuda Ribco
15/05/2002 215 min de lectura
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Torá Viva y Sabiduría Aplicada a la Vida

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Por Rav Yehuda Ribco • 15/05/2002 • Material de estudio para la mesa de Shabat

(1 S. 1:1) Había un hombre de Ramataim-zofim, de la región montañosa de
Efraín, el cual se llamaba Elcana. Era hijo de Jerojam, hijo de Elihú, hijo de
Toju, hijo de Zuf el efrateo.
(2) Y tenía dos mujeres: Una se llamaba Ana, y la otra Penina. Penina tenía
hijos, pero Ana no los tenía.
(3) Aquel hombre subía año tras año desde su ciudad, para arrodillarse y ofrecer
sacrificios al Eterno de los Ejércitos en Shiló [Silo]. Allí estaban los dos
hijos de Elí: Ofni y Pinejás [Fineas], sacerdotes del Eterno.
(4) Y cuando llegaba el día en que Elcana ofrecía sacrificio, daba porciones a
Penina su mujer y a todos sus hijos e hijas.
(5) Y aunque a Ana le daba una sola porción, él la amaba, a pesar de que el
Eterno había cerrado su matriz.
(6) Pero su rival la irritaba continuamente para humillarla, porque el Eterno
había cerrado su matriz.
(7) Así hacía cada año, cuando subía a la casa del Eterno; ella la irritaba, por
lo cual Ana lloraba y no comía.
(8) Y Elcana su marido le dijo: -Ana, ¿por qué lloras? ¿Por qué no comes? ¿Por
qué está afligido tu corazón? ¿No soy yo para ti mejor que diez hijos?
(9) Después de haber comido y bebido en Shiló [Silo], Ana se levantó; y mientras
el sacerdote Elí estaba sentado en una silla junto al poste de la puerta del
templo del Eterno,
(10) ella oró al Eterno con amargura de alma y lloró mucho.
(11) E hizo un voto diciendo: -Oh Eterno de los Ejércitos, si te dignas mirar la
aflicción de Tu sierva, te acuerdas de mí y no te olvidas de Tu sierva, sino que
le das a Tu sierva progenie de hombres, entonces lo daré al Eterno por todos los
días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza.
(12) Sucedió que mientras ella oraba largamente delante del Eterno, Elí
observaba la boca de ella.
(13) Ana hablaba en su corazón; sólo se movían sus labios, pero no se oía su
voz. Elí creyó que ella estaba ebria.
(14) Y le preguntó Elí: -¿Hasta cuándo vas a estar ebria? ¡Aparta de ti el vino!
(15) Ana respondió y dijo: -No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de
espíritu. No he bebido vino ni licor, sino que he derramado mi alma delante del
Eterno.
(16) No pienses que tu sierva es una mujer impía. Es por mi gran congoja y por
mi aflicción que he hablado hasta ahora.
(17) Elí respondió y le dijo: -Ve en paz, y que el Elokim de Israel te conceda
la petición que le has hecho.
(18) Ella dijo: -Que tu sierva halle gracia ante tus ojos. La mujer siguió su
camino. Después comió y no estuvo más triste.
(19) Se levantaron de madrugada y se arrodillaron delante del Eterno. Y
volviéndose, llegaron a su casa en Ramá. Elcana conoció a Ana su mujer, y el
Eterno se acordó de ella.
(20) Y sucedió que a su debido tiempo, Ana concibió y dio a luz un hijo. Y le
puso por nombre Shemuel [Samuel], diciendo: ‘Porque se lo pedí al Eterno.’
(21) Después aquel hombre, Elcana, subió con toda su familia, para ofrecer al
Eterno el sacrificio anual y cumplir su voto.
(22) Pero Ana no fue, sino que dijo a su marido: -Tan pronto como el niño sea
destetado, lo llevaré para que sea presentado ante el Eterno y se quede allí
para siempre.
(23) Y Elcana su marido le respondió: -Haz lo que te parezca bien; quédate hasta
que lo destetes. ¡Sólo que el Eterno cumpla la palabra que sale de tu boca! Así
que la mujer se quedó y amamantó a su hijo hasta que lo destetó.
(24) Y después de haberlo destetado, lo llevó consigo y lo trajo a la casa del
Eterno en Shiló [Silo], junto con un toro de tres años, un efa de harina y una
vasija de vino. El niño era pequeño.
(25) Después de degollar el toro llevaron el niño a Elí.
(26) Y ella dijo: -¡Oh, señor mío! Vive tu alma, oh señor mío, que yo soy
aquella mujer que estuvo de pie aquí, junto a ti, orando al Eterno.
(27) Por este niño oraba, y el Eterno me ha concedido lo que le pedí.
(28) Por eso yo también lo dedico al Eterno; y estará dedicado al Eterno todos
los días de su vida. Y se arrodillaron allí ante el Eterno.
(1 S. 2:1) Entonces Ana oró y dijo: ‘Mi corazón se regocija en el Eterno; mi
poder se enaltece en el Eterno. Mi boca se ensancha contra mis enemigos, porque
me he alegrado en tu salvación.
(2) ‘No hay santo como el Eterno, porque no hay ninguno aparte de ti; no hay
roca como nuestro Elokim.
(3) No multipliquéis palabras altaneras; cesen en vuestra boca las palabras
insolentes. Porque el Eterno es un Elokim de todo saber; por él son examinadas
las acciones.
(4) ‘Los arcos de los fuertes son quebrados, pero los que tropiezan se ciñen de
poder.
(5) Los que estaban saciados se alquilan por comida, pero los que estaban
hambrientos dejan de estarlo. Aun la que era estéril da a luz siete hijos, pero
la que tenía muchos hijos languidece.
(6) ‘el Eterno hace morir y hace vivir. Él hace descender al Sheol y hace subir.
(7) El Eterno hace empobrecer y hace enriquecer. Él humilla y enaltece.
(8) Él levanta del polvo al pobre, y al necesitado enaltece desde la basura,
para hacerle sentar con los nobles y hacerle poseer un trono de honor. Porque
del Eterno son las columnas de la tierra, y sobre ellas asentó el mundo.
(9) ‘Él guarda los pies de sus fieles, pero los impíos perecen en las tinieblas;
porque nadie triunfará por su propia fuerza.
(10) El Eterno quebrantará a sus adversarios; contra ellos tronará desde los
cielos. El Eterno juzgará los confines de la tierra. Él dará fortaleza a su rey
y enaltecerá el poder de su ungido.’
(11) Después, Elcana regresó a su casa en Ramá, pero el niño servía al Eterno
delante del sacerdote Elí.
(12) Los hijos de Elí eran hombres impíos, que no tenían conocimiento del
Eterno.
(13) Los sacerdotes acostumbraban a proceder con el pueblo de esta manera:
Cuando alguno ofrecía un sacrificio, y mientras era cocida la carne, el criado
del sacerdote iba con un tenedor de tres dientes en su mano,
(14) y lo metía en el perol, en el caldero, en la olla o en la marmita. Y todo
lo que sacaba el tenedor, el sacerdote lo tomaba para sí. Esto hacían con todo
israelita que iba allí a Shiló [Silo].
(15) Asimismo, el criado del sacerdote iba, aun antes que quemaran el sebo, y
decía al que sacrificaba: ‘Da al sacerdote carne para asar, porque no tomará de
ti carne cocida, sino cruda.’
(16) Si el hombre le respondía: ‘Deja que primero hagan arder el sebo, y después
toma todo lo que te apetezca’, él decía: ‘No, dámela ahora mismo; de lo
contrario, la tomaré por la fuerza.’
(17) El pecado de los jóvenes era muy grande delante del Eterno, porque los
hombres trataban con irreverencia las ofrendas del Eterno.
(18) El niño Shemuel [Samuel] servía delante del Eterno, vestido con un efod de
lino.
(19) Su madre le hacía año tras año una túnica pequeña, y se la llevaba cuando
iba con su marido para ofrecer el sacrificio anual.
(20) Entonces Elí bendecía a Elcana y a su mujer diciendo: ‘el Eterno te dé
hijos de esta mujer, en lugar de este que ella pidió al Eterno.’ Y regresaban a
su casa.
(21) El Eterno visitó a Ana con su favor, y ella concibió y dio a luz tres hijos
y dos hijas. Y el niño Shemuel [Samuel] crecía delante del Eterno.
(22) Elí ya era muy anciano y oía todo lo que hacían sus hijos a todo Israel, y
cómo se acostaban con las mujeres que servían a la entrada del tabernáculo de
reunión.
(23) Él les preguntó: -¿Por qué hacéis semejantes cosas? Yo oigo de todo este
pueblo acerca de vuestras malas acciones.
(24) No, hijos míos, no es bueno el rumor que oigo y que el pueblo del Eterno
difunde.
(25) Si un hombre peca contra otro hombre, Elokim intercederá por él; pero si
alguno peca contra el Eterno, ¿quién intercederá por él? Sin embargo, ellos no
escucharon la voz de su padre, porque el Eterno quería hacerlos morir.
(26) Y el niño Shemuel [Samuel] crecía en estatura y en gracia para con Elokim y
los hombres.
(27) Entonces un hombre de Elokim vino a Elí y le dijo: ‘Así dice el Eterno: ‘Yo
me manifesté claramente a la casa de tu padre, cuando estaban en Egipto al
servicio de la casa del faraón.
(28) Yo le escogí como sacerdote mío entre todas las tribus de Israel, para que
subiera a mi altar, quemara el incienso y llevara el efod en mi presencia. Yo he
dado a la casa de tu padre todas las ofrendas quemadas de los Hijos de Israel.
(29) ¿Por qué habéis desdeñado mis sacrificios y mis ofrendas que mandé ofrecer
en mi morada? Has honrado a tus hijos más que a mí, y os habéis engordado con lo
mejor de todas las ofrendas de mi pueblo Israel.’
(30) ‘Por tanto, dice el Eterno Elokim de Israel: ‘En verdad, yo había dicho que
tu casa y la casa de tu padre estarían delante de mí para siempre.’ Pero ahora,
dice el Eterno: ¡De ninguna manera! Yo honraré a los que me honran, pero los que
me desprecian serán tenidos en poco.
(31) He aquí vienen días cuando cortaré tu brazo y el brazo de la casa de tu
padre, de modo que en tu casa no haya ancianos.
(32) Tú verás que tu morada padece necesidad, mientras yo colmo de bienes a
Israel; y jamás habrá ancianos en tu casa.
(33) Pero no eliminaré completamente a los tuyos que sirven en mi altar, para
consumir tus ojos y llenar tu alma de dolor. Todos los descendientes de tu casa
morirán en la edad viril.
(34) Te servirá de señal esto que acontecerá a tus dos hijos, Ofni y Pinejás [Fineas]:
Ambos morirán en el mismo día.
(35) Pero yo levantaré para mí un sacerdote fiel que actúe conforme a mi corazón
y a mi alma. Le edificaré una casa firme, y él andará en presencia de mi ungido
todos los días.
(36) Y sucederá que el que quede de tu casa irá a postrarse delante de él por un
poco de dinero y por un bocado de pan, diciéndole: ‘Por favor, asóciame con
alguno de los servicios sacerdotales, a fin de que yo tenga un poco de pan para
comer.»
(1 S. 3:1) El joven Shemuel [Samuel] servía al Eterno delante de Elí. La palabra
del Eterno escaseaba en aquellos días, y no había visiones con frecuencia.
(2) Entonces, aconteció ese día, mientras Elí estaba acostado en su aposento y
sus ojos habían comenzado a debilitarse, no podía ver.
(3) Y antes que la lámpara de Elokim se apagase, y Shemuel [Samuel] yacía; en el
santuario del Eterno donde estaba el arca de Elokim.
(4) El Eterno llamó a Shemuel [Samuel], y él respondió: -Heme aquí.
(5) Y corrió a Elí diciendo: -Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Elí
respondió: -Yo no te he llamado. Vuelve a acostarte. Él se volvió y se acostó,
(6) y el Eterno volvió a llamar: -¡Shemuel [Samuel]! Shemuel [Samuel] se
levantó, fue a Elí y dijo: -Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Elí respondió:
-Hijo mío, yo no te he llamado. Vuelve a acostarte.
(7) Shemuel [Samuel] todavía no conocía al Eterno, ni la palabra del Eterno le
había sido aún revelada.
(8) El Eterno llamó por tercera vez a Shemuel [Samuel]; y él se levantó, fue a
Elí y dijo: -Heme aquí. ¿Para qué me has llamado? Entonces Elí entendió que el
Eterno llamaba al joven.
(9) Y Elí dijo a Shemuel [Samuel]: -Ve y acuéstate; y sucederá que si te llama,
dirás: ‘Habla, oh Eterno, que tu siervo escucha.’ Shemuel [Samuel] se fue y se
acostó en su sitio.
(10) Entonces vino el Eterno, se paró y llamó como las otras veces: -¡Shemuel
[Samuel], Shemuel [Samuel]! Shemuel [Samuel] respondió: -Habla, que tu siervo
escucha.
(11) Y el Eterno dijo a Shemuel [Samuel]: -He aquí, yo voy a hacer algo en
Israel, que a quien lo escuche le retiñirán ambos oídos.
(12) Aquel día cumpliré contra Elí, de principio a fin, todas las cosas que he
hablado contra su casa.
(13) Yo le he declarado que juzgaré a su casa para siempre, por la iniquidad que
él conoce; porque sus hijos han blasfemado contra Elokim, y él no les ha
reprochado.
(14) Por tanto, he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa jamás
será expiada, ni con sacrificios ni con ofrendas.
(15) Shemuel [Samuel] permaneció acostado hasta la mañana. Luego abrió las
puertas de la casa del Eterno, pero Shemuel [Samuel] temía contar la visión a
Elí.
(16) Entonces Elí llamó a Shemuel [Samuel] y le dijo: -Hijo mío, Shemuel
[Samuel]. Él respondió: -Heme aquí.
(17) Él le preguntó: -¿Qué es lo que te ha hablado? Por favor, no me lo
encubras. Así te haga Elokim y aun te añada, si me encubres una palabra de todo
lo que ha hablado contigo.
(18) Shemuel [Samuel] se lo contó todo sin encubrirle nada. Entonces él dijo:
-¡Él es el Eterno! Que haga lo que le parezca bien.
(19) Shemuel [Samuel] crecía, y el Eterno estaba con él y no dejaba sin cumplir
ninguna de sus palabras.
(20) Todo Israel, desde Dan hasta Beer Sheva, sabía que Shemuel [Samuel] estaba
acreditado como profeta del Eterno.
(21) El Eterno volvió a manifestarse en Shiló [Silo], pues era en Shiló [Silo]
donde el Eterno se revelaba a Shemuel [Samuel] mediante la palabra del Eterno.
(1 S. 4:1) Y la palabra de Shemuel [Samuel] llegaba a todo Israel. Por aquel
tiempo Israel salió en pie de guerra al encuentro de los filisteos, y acampó
junto a Eben-ezer, mientras que los filisteos acamparon en Afec.
(2) Los filisteos se dispusieron para combatir contra Israel; y cuando se libró
la batalla, Israel fue vencido ante los filisteos, quienes mataron en el campo
de batalla a unos 4.000 hombres.
(3) Cuando el pueblo volvió al campamento, los ancianos de Israel preguntaron:
-¿Por qué nos ha causado hoy el Eterno una derrota ante los filisteos? Hagamos
traer acá desde Shiló [Silo] el arca del pacto del Eterno, a fin de que venga en
medio de nosotros y nos libre de mano de nuestros enemigos.
(4) Entonces el pueblo envió a Shiló [Silo], e hicieron traer de allí el arca
del pacto del Eterno de los Ejércitos, que tiene su trono entre los querubines.
Ofni y Pinejás [Fineas], los dos hijos de Elí, estaban allí con el arca del
pacto de Elokim.
(5) Aconteció que cuando el arca del pacto del Eterno llegó al campamento, todo
Israel gritó con un júbilo tan grande que la tierra tembló.
(6) Cuando los filisteos oyeron el estruendo del júbilo, preguntaron: -¿A qué se
debe este estruendo de gran júbilo en el campamento de los hebreos? Cuando se
enteraron de que el arca del Eterno había sido traída al campamento,
(7) los filisteos tuvieron miedo. Y decían: -¡Los dioses han venido al
campamento! -Y añadían-: ¡Ay de nosotros, porque semejante cosa no había
sucedido antes!
(8) ¡Ay de nosotros! ¿Quién nos librará de mano de estos dioses fuertes? Éstos
son los dioses que hirieron a los egipcios con toda clase de plagas en el
desierto.
(9) Esforzaos, oh filisteos, y sed hombres, para que no sirváis a los hebreos
como ellos os han servido a vosotros. ¡Sed hombres y combatid!
(10) Los filisteos combatieron, e Israel fue vencido; y cada uno huyó a su
morada. Ocurrió una gran derrota, pues cayeron de Israel 30.000 hombres de
infantería.
(11) El arca de Elokim fue tomada, y fueron muertos Ofni y Pinejás [Fineas], los
dos hijos de Elí.
(12) Aquel mismo día, cierto hombre de Benjamín corrió desde el campo de batalla
hasta Shiló [Silo], con la ropa rasgada y tierra sobre su cabeza.
(13) Cuando llegó, he aquí que Elí estaba sentado en un banco vigilando junto al
camino, porque su corazón temblaba a causa del arca de Elokim. Cuando aquel
hombre llegó a la ciudad y dio la noticia, toda la ciudad prorrumpió en
griterío.
(14) Al oír Elí el estruendo del griterío, preguntó: -¿Qué estruendo de alboroto
es éste? El hombre se dio prisa, vino y dio la noticia a Elí.
(15) Elí tenía ya 98 años; sus pupilas estaban inmóviles, de modo que no podía
ver.
(16) El hombre dijo a Elí: -Soy el que ha venido de la batalla; hoy escapé de la
batalla. Y Elí le preguntó: -¿Qué ha pasado, hijo mío?
(17) El mensajero respondió y dijo: -Israel ha huido delante de los filisteos.
Ha ocurrido una gran mortandad entre el pueblo. También han muerto tus dos
hijos, Ofni y Pinejás [Fineas]; y el arca de Elokim ha sido capturada.
(18) Y aconteció que cuando él mencionó el arca de Elokim, Elí cayó de espaldas
del banco, junto a la puerta. Se quebró la nuca, y murió, porque era hombre
anciano y obeso. Él había juzgado a Israel durante cuarenta años.
(19) También su nuera, la mujer de Pinejás [Fineas], que estaba encinta y
próxima a dar a luz, al oír la noticia de que el arca de Elokim había sido
capturada y que su suegro y su marido habían muerto, se encorvó y dio a luz;
porque le sobrevinieron sus dolores.
(20) Al tiempo que moría, le decían las que estaban junto a ella: -No tengas
temor, porque has dado a luz un hijo. Pero ella no respondió ni prestó atención.
(21) Ella llamó al niño Icabod diciendo: -La gloria se ha apartado de Israel.
Dijo esto porque el arca de Elokim había sido capturada, y por lo ocurrido a su
suegro y a su marido.
(22) Ella dijo: -La gloria se ha apartado de Israel, porque el arca de Elokim ha
sido capturada.
(1 S. 5:1) Después de haber capturado el arca de Elokim, los filisteos la
llevaron de Eben-ezer a Asdod.
(2) Los filisteos tomaron el arca de Elokim, la introdujeron en el templo de
Dagón y la pusieron junto a Dagón.
(3) Y cuando los de Asdod se levantaron temprano al día siguiente, he aquí que
Dagón estaba caído en tierra sobre su rostro, frente al arca del Eterno.
Entonces tomaron a Dagón y lo pusieron otra vez en su sitio.
(4) Pero al levantarse temprano al día siguiente, he aquí que Dagón estaba caído
en tierra sobre su rostro, frente al arca del Eterno; y la cabeza y las manos de
Dagón estaban cortadas, sobre el umbral. Sólo el tronco le había quedado a
Dagón.
(5) Por esta razón los sacerdotes de Dagón, y todos los que entran en el templo
de Dagón, no pisan el umbral de Dagón en Asdod, hasta el día de hoy.
(6) La mano del Eterno se agravó contra los de Asdod: Los asoló y los hirió con
tumores, tanto en Asdod como en sus territorios.
(7) Al ver esto, los hombres de Asdod dijeron: -¡Que no se quede con nosotros el
arca del Elokim de Israel, porque su mano es dura sobre nosotros y sobre Dagón
nuestro dios!
(8) Entonces mandaron reunirse con ellos a todos los gobernantes de los
filisteos y les preguntaron: -¿Qué haremos con el arca del Elokim de Israel?
Ellos respondieron: -Que el arca del Elokim de Israel sea trasladada a Gat. Y
trasladaron el arca del Elokim de Israel.
(9) Pero aconteció, después que la habían trasladado, que la mano del Eterno fue
contra la ciudad ocasionando gran pánico. E hirió a los hombres de la ciudad,
desde el menor hasta el mayor, de modo que aparecieron en ellos tumores.
(10) Entonces enviaron el arca de Elokim a Ecrón. Y sucedió que cuando el arca
de Elokim llegó a Ecrón, los de Ecrón dieron voces diciendo: -¡Han trasladado
hasta nosotros el arca del Elokim de Israel, para que nos haga morir a nosotros
y a nuestro pueblo!
(11) Entonces mandaron reunir a todos los gobernantes de los filisteos, y
dijeron: -Enviad el arca del Elokim de Israel y que vuelva a su lugar, no sea
que nos mate a nosotros y a nuestro pueblo. Pues había pánico de muerte en toda
la ciudad, y la mano de Elokim se había agravado allí.
(12) Los hombres que no habían muerto fueron llagados con tumores, y el clamor
de la ciudad subía hasta el cielo.
(1 S. 6:1) El arca del Eterno estuvo en la tierra de los filisteos siete meses.
(2) Entonces los filisteos llamaron a los sacerdotes y adivinos, y les
preguntaron: -¿Qué haremos con el arca del Eterno? Dadnos a conocer cómo la
hemos de enviar a su lugar.
(3) Ellos respondieron: -Si enviáis el arca del Elokim de Israel, no la enviéis
sola; sino más bien, enviadle una ofrenda por la culpa. Entonces seréis sanados
y entenderéis por qué su mano no se apartó de vosotros.
(4) Ellos preguntaron: -¿Cuál será la ofrenda por la culpa que le hemos de
enviar? Ellos respondieron: -Daréis cinco tumores de oro y cinco ratones de oro,
conforme al número de los gobernantes de los filisteos, porque la misma plaga os
ha afligido a todos vosotros y a vuestros gobernantes.
(5) Haced, pues, figuras de vuestros tumores y de los ratones que destruyen la
tierra, y dad gloria al Elokim de Israel; quizás aligere el peso de su mano
sobre vosotros, sobre vuestros dioses y sobre vuestra tierra.
(6) ¿Por qué endureceréis vuestro corazón, como los egipcios y el faraón
endurecieron su corazón? Después que él se había mofado de ellos, ¿no los
dejaron ir, y se fueron?
(7) Haced, pues, una carreta nueva; luego tomad dos vacas que estén criando,
sobre las cuales no haya sido puesto yugo; uncid las vacas a la carreta y haced
volver sus terneros, de detrás de ellas, al corral.
(8) Tomad luego el arca del Eterno y ponedla sobre la carreta. Poned junto a
ella, en una caja, los objetos de oro que le habéis de dar como ofrenda por la
culpa, y dejadla ir.
(9) Entonces mirad: Si sube a Bet-semes por el camino hacia su territorio,
entonces es el Eterno quien nos ha hecho este mal tan grande. Si no, nos
convenceremos de que no fue su mano la que nos hirió, sino que nos ha sucedido
por casualidad.
(10) Y los hombres lo hicieron así. Tomaron dos vacas que estaban criando, las
uncieron a la carreta y encerraron sus terneros en el corral.
(11) Luego pusieron sobre la carreta el arca del Eterno y la caja con los
ratones de oro y las figuras de sus tumores.
(12) Entonces las vacas se fueron de frente por el camino de Bet-semes. Iban por
el camino, mugiendo mientras iban, sin apartarse ni a la derecha ni a la
izquierda. Y los gobernantes de los filisteos fueron tras ellas hasta la
frontera de Bet-semes.
(13) Los habitantes de Bet-semes estaban segando el trigo en el valle, y alzando
sus ojos divisaron el arca y se alegraron al verla.
(14) La carreta llegó al campo de Iehoshua [Josué], de Bet-semes, y se detuvo
allí, porque había una gran piedra. Entonces ellos partieron la madera de la
carreta y ofrecieron las vacas en holocausto al Eterno.
(15) Los levitas bajaron el arca del Eterno y la caja que estaba junto a ella,
en la cual estaban los objetos de oro, y las pusieron sobre aquella gran piedra.
Aquel día los hombres de Bet-semes hicieron holocaustos y ofrecieron sacrificios
al Eterno.
(16) Cuando los cinco gobernantes de los filisteos vieron esto, regresaron a
Ecrón el mismo día.
(17) Los tumores de oro que los filisteos dieron al Eterno como ofrenda por la
culpa fueron: uno por Asdod, uno por Gaza, uno por Ascalón, uno por Gat y uno
por Ecrón.
(18) También los ratones de oro fueron según el número de todas las ciudades
filisteas de los cinco gobernantes, tanto las ciudades fortificadas como sus
aldeas sin muros. La gran piedra, sobre la cual colocaron el arca del Eterno,
está en el campo de Iehoshua [Josué], de Bet-semes, hasta el día de hoy.
(19) Entonces Elokim hirió a algunos de los hombres de Bet-semes, porque habían
mirado dentro del arca del Eterno. Hirió a setenta personas del pueblo. Y el
pueblo hizo duelo, porque el Eterno los había herido con una plaga tan grande.
(20) Los hombres de Bet-semes dijeron: -¿Quién podrá estar delante del Eterno,
este Elokim santo? ¿Y a quién irá desde nosotros?
(21) Entonces enviaron mensajeros a los habitantes de Quiriat-jearim, y dijeron:
-Los filisteos han devuelto el arca del Eterno. Descended y subidla a vuestro
lugar.
(1 S. 7:1) Los hombres de Quiriat-jearim vinieron, subieron el arca del Eterno y
la llevaron a la casa de Abinadab, en la colina. Luego consagraron a su hijo
Eleazar para que guardase el arca del Eterno.
(2) Aconteció que desde el día en que el arca llegó a Quiriat-jearim, pasó mucho
tiempo, unos veinte años; y toda la casa de Israel gemía por el Eterno.
(3) Entonces Shemuel [Samuel] habló a toda la casa de Israel, diciendo: -Si de
todo vuestro corazón os volvéis al Eterno, quitad de en medio de vosotros los
dioses extraños y las Astartes, y preparad vuestro corazón para el Eterno.
Servidle sólo a él, y él os librará de mano de los filisteos.
(4) Entonces los Hijos de Israel quitaron los Baales y las Astartes, y sirvieron
sólo al Eterno.
(5) Y Shemuel [Samuel] dijo: -Reunid a todo Israel en Mizpa, y yo oraré por
vosotros al Eterno.
(6) Se reunieron en Mizpa, sacaron agua y la vertieron delante del Eterno. Aquel
día ayunaron allí y dijeron: -Hemos pecado contra el Eterno. Y Shemuel [Samuel]
juzgaba a los Hijos de Israel en Mizpa.
(7) Cuando los filisteos oyeron que los Hijos de Israel se habían reunido en
Mizpa, los gobernantes de ellos subieron contra Israel. Al oír esto, los Hijos
de Israel tuvieron temor de los filisteos.
(8) Y los Hijos de Israel dijeron a Shemuel [Samuel]: -No ceses de clamar por
nosotros al Eterno nuestro Elokim, para que nos guarde de la mano de los
filisteos.
(9) Entonces Shemuel [Samuel] tomó un cordero de leche y lo ofreció entero al
Eterno, como holocausto. Shemuel [Samuel] clamó al Eterno por Israel, y el
Eterno le escuchó.
(10) Y aconteció que mientras Shemuel [Samuel] ofrecía el holocausto, los
filisteos se acercaron para combatir contra los Hijos de Israel. Pero el Eterno
tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos. Él los confundió, y
ellos fueron derrotados ante Israel.
(11) Los hombres de Israel salieron de Mizpa y persiguieron a los filisteos,
hiriéndolos hasta abajo de Betcar.
(12) Luego Shemuel [Samuel] tomó una piedra y la puso entre Mizpa y Sen, y la
llamó Eben-ezer, diciendo: -¡Hasta aquí nos ayudó el Eterno!
(13) Así los filisteos fueron sometidos y no volvieron más a invadir el
territorio de Israel. La mano del Eterno estuvo contra los filisteos todo el
tiempo de Shemuel [Samuel].
(14) Y fueron restituidas a Israel las ciudades que los filisteos le habían
tomado desde Ecrón hasta Gat. Israel rescató sus territorios de mano de los
filisteos. Y hubo paz entre Israel y los amorreos.
(15) Shemuel [Samuel] juzgó a Israel todo el tiempo que vivió.
(16) Él iba año tras año y hacía un recorrido por Betel, Gilgal y Mizpa; y
juzgaba a Israel en todos estos lugares.
(17) Después regresaba a Ramá, pues allí estaba su casa; y allí también juzgaba
a Israel. Allí mismo edificó un altar al Eterno.
(1 S. 8:1) Aconteció que habiendo envejecido Shemuel [Samuel], puso a sus hijos
como jueces de Israel.
(2) Su hijo primogénito se llamaba Joel, y su segundo, Abías. Ellos fueron
jueces en Beer Sheva.
(3) Pero sus hijos no andaban en los caminos de él. Más bien, se desviaron tras
las ganancias deshonestas, aceptando soborno y pervirtiendo el derecho.
(4) Entonces todos los ancianos de Israel se reunieron y fueron a Shemuel
[Samuel], en Ramá,
(5) y le dijeron: -He aquí que tú has envejecido, y tus hijos no andan en tus
caminos. Por eso, constitúyenos ahora un rey que nos gobierne, como tienen todas
las naciones.
(6) Estas palabras desagradaron a Shemuel [Samuel], porque dijeron: ‘Danos un
rey que nos gobierne.’ Shemuel [Samuel] oró al Eterno,
(7) y el Eterno le dijo: -Escucha la voz del pueblo en todo lo que te diga,
porque no es a ti a quien han desechado. Es a mí a quien han desechado, para que
no reine sobre ellos.
(8) De la misma manera que han hecho conmigo desde el día en que los saqué de
Egipto hasta el día de hoy, abandonándome y sirviendo a dioses ajenos, así hacen
contigo también.
(9) Ahora pues, escucha su voz, pero adviérteles solemnemente y declárales cuál
será el proceder del rey que ha de reinar sobre ellos.
(10) Shemuel [Samuel] refirió todas las palabras del Eterno al pueblo que le
había pedido un rey.
(11) Y dijo: -Éste será el proceder del rey que reine sobre vosotros: Tomará a
vuestros hijos y los pondrá en sus carros y en su caballería, para que corran
delante de su carro.
(12) Nombrará para sí jefes de millares y jefes de cincuenta. Hará que aren sus
campos y sieguen su mies, que fabriquen sus armas de guerra y el equipo de sus
carros.
(13) Tomará a vuestras hijas para que sean perfumadoras, cocineras y panaderas.
(14) También tomará lo mejor de vuestras tierras, de vuestras viñas y de
vuestros olivares, y los dará a sus servidores.
(15) Tomará el diezmo de vuestros granos y viñedos para dárselo a sus
funcionarios y servidores.
(16) Tomará a vuestros siervos, a vuestras siervas, vuestros mejores bueyes y
vuestros mejores asnos para ocuparlos en sus obras.
(17) También tomará el diezmo de vuestros rebaños, y vosotros mismos seréis sus
siervos.
(18) Aquel día clamaréis a causa de vuestro rey que os habréis elegido, pero
aquel día el Eterno no os escuchará.
(19) Sin embargo, el pueblo rehusó escuchar a Shemuel [Samuel]. Y dijeron: -¡No!
Más bien, que haya rey sobre nosotros.
(20) Entonces nosotros seremos también como todas las naciones. Nuestro rey nos
gobernará, saldrá al frente de nosotros y llevará a cabo nuestras batallas.
(21) Shemuel [Samuel] escuchó todas las palabras del pueblo y las refirió a
oídos del Eterno.
(22) Y el Eterno dijo a Shemuel [Samuel]: -Escucha su voz y constituye un rey
sobre ellos. Entonces Shemuel [Samuel] dijo a los hombres de Israel: -Regrese
cada uno a su ciudad.
(1 S. 9:1) Había un hombre de Benjamín que se llamaba Quis hijo de Abiel, hijo
de Zeror, hijo de Becorat, hijo de Afíaj, hijo de un hombre de Benjamín, un
guerrero valiente.
(2) Éste tenía un hijo que se llamaba Shaúl [Saúl], joven y apuesto. Entre los
Hijos de Israel no había otro mejor que él; de hombros arriba sobrepasaba a
cualquiera del pueblo.
(3) A Quis, padre de Shaúl [Saúl], se le perdieron sus asnas. Entonces Quis dijo
a su hijo Shaúl [Saúl]: -Por favor, toma contigo a uno de los criados, levántate
y ve a buscar las asnas.
(4) Ellos pasaron por la región montañosa de Efraín, y de allí a la tierra de
Salisa, pero no las hallaron. Entonces pasaron por la tierra de Saalim, y
tampoco. Después pasaron por la tierra de Benjamín, pero no las hallaron.
(5) Cuando llegaron a la tierra de Zuf, Shaúl [Saúl] dijo a su criado que le
acompañaba: -Ven, volvámonos, porque quizás mi padre, dejando de preocuparse por
las asnas, esté preocupado por nosotros.
(6) Él le respondió: -He aquí, en esta ciudad hay un hombre de Elokim, un hombre
muy respetado. Todo lo que él dice sucede sin fallar. Ahora vamos allá; quizás
nos señale el camino por donde debemos ir.
(7) Shaúl [Saúl] respondió a su criado: -Pero si vamos, ¿qué llevaremos al
hombre? Porque el pan de nuestras alforjas ya se ha acabado. No tenemos un
presente que llevar al hombre de Elokim. ¿Qué tenemos?
(8) El criado volvió a responder a Shaúl [Saúl] y dijo: -He aquí, tengo en mi
poder la cuarta parte de un siclo de plata. Se lo daré al hombre de Elokim para
que nos indique nuestro camino.
(9) Antiguamente en Israel cualquiera que iba a consultar a Elokim decía: ‘Venid
y vayamos al vidente’; porque al profeta de hoy, antiguamente se le llamaba
vidente.
(10) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a su criado: -Bien dices; anda, vamos. Fueron a
la ciudad donde estaba el hombre de Elokim.
(11) Y cuando subían por la cuesta de la ciudad, se encontraron con unas jóvenes
que salían a sacar agua. A éstas les preguntaron: -¿Está el vidente en este
lugar?
(12) Ellas les respondieron diciendo: -Sí. Allí está delante de ti. Ahora date
prisa, porque hoy ha venido a la ciudad con motivo del sacrificio que el pueblo
tiene hoy en el lugar alto.
(13) Cuando entréis en la ciudad, le encontraréis antes que él suba al lugar
alto para comer. Porque el pueblo no comerá hasta que él haya llegado, pues él
ha de bendecir el sacrificio. Después comerán los invitados. Ahora pues, subid,
y de inmediato le encontraréis.
(14) Entonces ellos subieron a la ciudad. Y cuando estuvieron en medio de la
ciudad, he aquí que Shemuel [Samuel] venía hacia ellos para subir al lugar alto.
(15) Un día antes que llegase Shaúl [Saúl], el Eterno le había revelado al oído
a Shemuel [Samuel], diciendo:
(16) ‘Mañana a esta misma hora te enviaré un hombre de la tierra de Benjamín. A
éste ungirás como soberano de mi pueblo Israel. Él librará a mi pueblo de mano
de los filisteos, porque yo he visto la aflicción de mi pueblo, y su clamor ha
llegado hasta mí.’
(17) Cuando Shemuel [Samuel] vio a Shaúl [Saúl], el Eterno le dijo: -He aquí el
hombre de quien te hablé; éste gobernará a mi pueblo.
(18) Cuando Shaúl [Saúl] se acercó a Shemuel [Samuel] en medio de la puerta de
la ciudad, le dijo: -Muéstrame, por favor, dónde está la casa del vidente.
(19) Shemuel [Samuel] respondió a Shaúl [Saúl] diciendo: -Yo soy el vidente.
Subid delante de mí al lugar alto, y comed hoy conmigo. Mañana por la mañana te
despediré y te diré todo lo que está en tu corazón.
(20) Y en cuanto a las asnas que se te perdieron hace tres días, no te
preocupes, porque ya han sido halladas. Pero, ¿para quién será todo lo más
preciado en Israel? ¿Acaso no será para toda la casa de tu padre?
(21) Shaúl [Saúl] respondió diciendo: -¿No soy yo de Benjamín, la más pequeña de
las tribus de Israel? ¿Y no es mi familia la más pequeña de todas las familias
de la tribu de Benjamín? ¿Por qué, pues, me has dicho semejante cosa?
(22) Entonces Shemuel [Samuel] tomó a Shaúl [Saúl] y a su criado, los hizo
entrar en la sala, y les dio lugar a la cabecera de los invitados, que eran unos
treinta hombres.
(23) Y Shemuel [Samuel] dijo al cocinero: -Trae acá la porción que te di, la
cual te dije que guardaras aparte.
(24) El cocinero tomó un muslo, lo sacó y lo puso delante de Shaúl [Saúl]. Y
Shemuel [Samuel] dijo: -He aquí lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y
come, porque para esta ocasión fue guardado para ti cuando dije: ‘Yo he invitado
al pueblo.’ Así que aquel día Shaúl [Saúl] comió con Shemuel [Samuel].
(25) Y cuando habían descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Shaúl
[Saúl] en la azotea.
(26) Al día siguiente madrugaron, y sucedió que al tiempo de la aurora Shemuel
[Samuel] llamó a Shaúl [Saúl] que estaba en la azotea, y le dijo: -Levántate
para que te despida. Shaúl [Saúl] se levantó, y salieron ambos, él y Shemuel
[Samuel].
(27) Descendieron al extremo de la ciudad, y Shemuel [Samuel] dijo a Shaúl
[Saúl]: -Dile al criado que se nos adelante, pero tú espera un poco para que te
declare la palabra de Elokim. Y el criado se adelantó.
(1 S. 10:1) Entonces Shemuel [Samuel] tomó un frasco de aceite, lo derramó sobre
la cabeza de Shaúl [Saúl] y le besó diciéndole: -¿No te ha ungido el Eterno como
el soberano de su heredad?
(2) Hoy, cuando te hayas apartado de mí, hallarás a dos hombres junto al
sepulcro de Raquel [Rajel] en Zelzaj, en la frontera de Benjamín. Ellos te
dirán: ‘Las asnas que fuiste a buscar han sido halladas. Y he aquí que tu padre
ha dejado de lado el asunto de las asnas y está preocupado por vosotros,
diciendo: ‘¿Qué haré acerca de mi hijo?»
(3) Cuando sigas de allí más adelante y llegues a la encina de Tabor, saldrán a
tu encuentro tres hombres que suben a Elokim en Betel, llevando uno tres
cabritos, otro tres tortas de pan y el tercero una vasija de vino.
(4) Después que te hayan saludado, te darán dos panes, los cuales tomarás de sus
manos.
(5) De allí irás a la colina de Elokim donde está el destacamento de los
filisteos. Sucederá que cuando hayas entrado en la ciudad, allí encontrarás a un
grupo de profetas descendiendo del lugar alto, precedidos de liras, panderos,
flautas y arpas; y ellos profetizando.
(6) Entonces el espíritu del Eterno descenderá sobre ti con poder, y
profetizarás con ellos; y serás cambiado en otro hombre.
(7) Y sucederá que cuando te hayan acontecido estas señales, haz lo que te venga
a mano, porque Elokim está contigo.
(8) Después descenderás antes que yo a Gilgal. Y he aquí que yo descenderé hacia
ti para ofrecer holocaustos y sacrificios de paz. Espera siete días hasta que yo
vaya a ti y te indique lo que has de hacer.
(9) Aconteció que cuando Shaúl [Saúl] volvió la espalda para apartarse de
Shemuel [Samuel], Elokim le transformó el corazón; y todas estas señales se
cumplieron aquel día.
(10) Cuando llegaron a la colina, he aquí que un grupo de profetas venía a su
encuentro. Y el espíritu de Elokim descendió sobre él con poder, y él profetizó
en medio de ellos.
(11) Sucedió que cuando todos los que le conocían antes vieron cómo profetizaba
en medio de los profetas, los del pueblo se decían unos a otros: -¿Qué le ha
pasado al hijo de Quis? ¿También está Shaúl [Saúl] entre los profetas?
(12) Un hombre de allí respondió diciendo: -¿Y quién es el padre de ellos? Así,
pues, se originó el refrán: ‘¿También está Shaúl [Saúl] entre los profetas?’
(13) Shaúl [Saúl] cesó de profetizar y llegó al lugar alto.
(14) Y un tío de Shaúl [Saúl] les preguntó a él y a su criado: -¿A dónde
fuisteis? Él respondió: -Fuimos a buscar las asnas; y como vimos que no
aparecían, acudimos a Shemuel [Samuel].
(15) El tío de Shaúl [Saúl] dijo: -Declárame, por favor, qué os ha dicho Shemuel
[Samuel].
(16) Y Shaúl [Saúl] respondió a su tío: -Nos declaró expresamente que las asnas
habían sido halladas. Pero del asunto del reino, no le declaró nada de lo que
Shemuel [Samuel] le había hablado.
(17) Entonces Shemuel [Samuel] convocó al pueblo delante del Eterno, en Mizpa,
(18) y dijo a los Hijos de Israel: -Así ha dicho el Eterno Elokim de Israel: ‘Yo
saqué a Israel de Egipto, librándoos de mano de los egipcios y de mano de todos
los reinos que os oprimieron.
(19) Pero vosotros habéis desechado hoy a vuestro Elokim, quien os libra de
todas vuestras desgracias y angustias, y habéis dicho: ‘¡No! Más bien,
constituye un rey sobre nosotros.’ Ahora pues, presentaos delante del Eterno por
vuestras tribus y por vuestros millares.’
(20) Shemuel [Samuel] hizo que se acercaran todas las tribus de Israel, y fue
tomada la tribu de Benjamín.
(21) Hizo que se acercara la tribu de Benjamín por sus clanes, y fue tomado el
clan de Matri, y de éste fue elegido Shaúl [Saúl] hijo de Quis. Y le buscaron,
pero no le pudieron hallar.
(22) Entonces consultaron otra vez al Eterno: -¿Aún ha de venir aquí ese hombre?
Y el Eterno respondió: -He aquí que está escondido entre el equipaje.
(23) Ellos corrieron y le trajeron de allí. Y una vez en medio del pueblo, era
más alto que todos, de los hombros para arriba.
(24) Shemuel [Samuel] dijo a todo el pueblo: -¿Habéis visto al que el Eterno ha
elegido? ¡De veras que no hay nadie como él en todo el pueblo! Y todo el pueblo
gritaba diciendo: -¡Viva el rey!
(25) Luego Shemuel [Samuel] explicó ante el pueblo el proceder de un rey, y lo
escribió en un rollo que guardó delante del Eterno.
(26) Entonces Shemuel [Samuel] despidió a todo el pueblo, cada uno a su casa.
Shaúl [Saúl] también se fue a su casa en Gabaa, y fueron con él algunos hombres
valerosos cuyos corazones Elokim había tocado.
(27) Pero unos perversos dijeron: ‘¿Cómo nos va a librar éste?’ Ellos le
tuvieron en poco y no le llevaron un presente. Pero él calló.
(1 S. 11:1) Najas el amonita subió y acampó contra Iaveish [Jabes], en Galaad, y
todos los hombres de Iaveish [Jabes] dijeron a Najas: -Haz alianza con nosotros,
y te serviremos.
(2) Najas el amonita les respondió: -Haré alianza con vosotros con esta
condición: que a cada uno de vosotros le saque el ojo derecho, de modo que yo
ponga esta afrenta sobre todo Israel.
(3) Entonces los ancianos de Iaveish [Jabes] le dijeron: -Danos siete días, para
que enviemos mensajeros por todo el territorio de Israel. Si no hay quien nos
libre, nos rendiremos a ti.
(4) Cuando los mensajeros llegaron a Gabaa de Shaúl [Saúl], dijeron estas
palabras a oídos del pueblo. Y todo el pueblo alzó su voz y lloró.
(5) Y he aquí que Shaúl [Saúl] venía del campo, tras los bueyes. Y Shaúl [Saúl]
preguntó: -¿Qué le pasa al pueblo, para que llore? Entonces le repitieron las
palabras de los hombres de Iaveish [Jabes].
(6) Y cuando Shaúl [Saúl] oyó estas palabras, el espíritu de Elokim descendió
con poder sobre él, y se encendió su ira en gran manera.
(7) Él tomó un par de bueyes, los cortó en pedazos y los envió por medio de
mensajeros a todo el territorio de Israel, diciendo: ‘Así se hará con los bueyes
del que no salga tras Shaúl [Saúl] y Shemuel [Samuel].’ Entonces el temor del
Eterno cayó sobre el pueblo, y salieron como un solo hombre.
(8) Shaúl [Saúl] les pasó revista en Bezec: Los Hijos de Israel eran 300.000,
además de 30.000 hombres de Yehudá [Judá].
(9) Y a los mensajeros que habían venido les dijeron: ‘Así diréis a los hombres
de Iaveish [Jabes], en Galaad: ‘Mañana, a la hora de más calor, seréis
librados.» Los mensajeros llegaron y lo dijeron a los hombres de Iaveish [Jabes],
quienes se alegraron.
(10) Entonces los hombres de Iaveish [Jabes] respondieron: -Mañana nos
rendiremos a vosotros, para que hagáis con nosotros todo lo que os parezca bien.
(11) Y sucedió que al día siguiente, Shaúl [Saúl] distribuyó el pueblo en tres
escuadrones. Luego entraron en medio del campamento durante la vigilia de la
mañana, e hirieron a los amonitas hasta la hora de más calor. Y sucedió que los
que quedaron se dispersaron de tal manera que no quedaron dos de ellos juntos.
(12) Entonces el pueblo preguntó a Shemuel [Samuel]: -¿Quiénes son los que
decían: ‘¿Ha de reinar Shaúl [Saúl] sobre nosotros?’ ¡Entregadnos a esos hombres
para que les demos muerte!
(13) Shaúl [Saúl] respondió: -No morirá nadie en este día, porque el Eterno ha
dado hoy una victoria en Israel.
(14) Entonces Shemuel [Samuel] dijo al pueblo: -¡Venid y vayamos a Gilgal para
que confirmemos allí el reino!
(15) Todo el pueblo acudió a Gilgal, y allí en Gilgal proclamaron rey a Shaúl
[Saúl], delante del Eterno. Allí también ofrecieron sacrificios de paz delante
del Eterno, y allí Shaúl [Saúl] y todos los hombres de Israel se alegraron
muchísimo.
(1 S. 12:1) Entonces Shemuel [Samuel] dijo a todo Israel: -He aquí que he
escuchado vuestra voz en todo lo que me habéis dicho, y he constituido un rey
sobre vosotros.
(2) Ahora, he aquí que vuestro rey irá delante de vosotros. Yo ya soy viejo y
estoy lleno de canas, y he aquí que mis hijos están con vosotros. Yo he andado
delante de vosotros desde mi juventud hasta el día de hoy.
(3) Heme aquí: Testificad contra mí en presencia del Eterno y en presencia de su
ungido. ¿De quién he tomado un buey? ¿De quién he tomado un asno? ¿A quién he
defraudado? ¿A quién he oprimido? ¿De mano de quién he aceptado soborno para
cerrar mis ojos por ello? Testificad contra mí, y yo os lo restituiré.
(4) Ellos respondieron: -No nos has defraudado ni nos has oprimido, ni has
tomado nada de mano de nadie.
(5) Él les dijo: -el Eterno es testigo contra vosotros. También su ungido es
testigo en este día, que no habéis hallado en mi poder ninguna cosa. Ellos
respondieron: -¡Él es testigo!
(6) Entonces Shemuel [Samuel] dijo al pueblo: -el Eterno es quien designó a
Moshé [Moisés] y a Aarón, y sacó a vuestros padres de la tierra de Egipto.
(7) Ahora, presentaos para que yo exponga con vosotros el caso ante el Eterno,
respecto a todos los actos de justicia que el Eterno ha hecho por vosotros y por
vuestros padres.
(8) Después que Iaacov [Jacob] entró en Egipto, vuestros padres clamaron al
Eterno, y el Eterno envió a Moshé [Moisés] y a Aarón, quienes sacaron de Egipto
a vuestros padres y les hicieron habitar en este lugar.
(9) Pero ellos se olvidaron del Eterno su Elokim, y él los entregó en mano de
Sísara, jefe del ejército de Hazor, en mano de los filisteos y en mano del rey
de Moab, quienes les hicieron la guerra.
(10) Ellos clamaron al Eterno y dijeron: ‘Hemos pecado, porque hemos abandonado
al Eterno y hemos servido a los Baales y a las Astartes. Pero ahora, líbranos de
mano de nuestros enemigos, y te serviremos.’
(11) Entonces el Eterno envió a Jerobaal, a Barac, a Jefté y a Shemuel [Samuel],
y os libró de mano de vuestros enemigos de alrededor; y habitasteis seguros.
(12) Entonces, al ver que Najas, rey de los amonitas, venía contra vosotros, me
dijisteis: ‘¡No! Más bien, que haya un rey que reine sobre nosotros’, aun cuando
el Eterno vuestro Elokim era vuestro rey.
(13) Ahora pues, he aquí el rey que habéis elegido, el cual habéis pedido. He
aquí que el Eterno ha constituido un rey sobre vosotros.
(14) Si teméis al Eterno y le servís, si obedecéis su voz y no os rebeláis
contra el mandato del Eterno, entonces viviréis en pos del Eterno vuestro
Elokim, tanto vosotros como el rey que reine sobre vosotros.
(15) Pero si no obedecéis la voz del Eterno y si sois rebeldes al mandato del
Eterno, entonces la mano del Eterno estará contra vosotros y contra vuestro rey.
(16) Presentaos, pues, ahora y ved esta maravilla que el Eterno va a hacer ante
vuestros ojos.
(17) ¿No es ahora la siega del trigo? Sin embargo, yo invocaré al Eterno, y él
enviará truenos y aguaceros para que conozcáis y veáis que es grande la maldad
que habéis cometido ante los ojos del Eterno, al haber pedido un rey para
vosotros.
(18) Shemuel [Samuel] invocó al Eterno, y aquel día el Eterno envió truenos y
aguaceros. Y todo el pueblo temió en gran manera al Eterno y a Shemuel [Samuel].
(19) Entonces todo el pueblo dijo a Shemuel [Samuel]: -¡Ruega al Eterno, tu
Elokim, por tus siervos, para que no muramos! Porque a todos nuestros pecados
hemos añadido el mal de pedir un rey para nosotros.
(20) Y Shemuel [Samuel] respondió al pueblo: -No temáis. Vosotros habéis
cometido todo este mal; pero con todo, no os apartéis de en pos del Eterno, sino
servid al Eterno con todo vuestro corazón.
(21) No os apartéis tras las insignificancias que no sirven ni libran, ya que
son insignificancias.
(22) Pues el Eterno no desamparará a su pueblo, por causa de su gran nombre;
porque él ha querido haceros pueblo suyo.
(23) En cuanto a mí, ¡lejos esté de mí pecar contra el Eterno dejando de rogar
por vosotros! Al contrario, os instruiré en el camino bueno y recto.
(24) Solamente temed al Eterno y servidle con fidelidad y con todo vuestro
corazón, considerando cuán grandes cosas él ha hecho por vosotros.
(25) Pero si perseveráis en hacer el mal, vosotros y vuestro rey pereceréis.
(1 S. 13:1) Shaúl [Saúl] tenía [como] un año cuando comenzó a reinar, y reinó
sobre Israel 2 años.
(2) Shaúl [Saúl] escogió para sí 3.000 hombres de Israel; y de ellos 2.000
estaban con Shaúl [Saúl] en Micmas y en la región montañosa de Betel, y 1.000
estaban con Iehonatán [Jonatán] en Gabaa de Benjamín. Y despidió al resto del
pueblo, cada uno a su morada.
(3) Entonces Iehonatán [Jonatán] atacó el destacamento de los filisteos que
había en Geba, y lo oyeron los filisteos. Luego Shaúl [Saúl] hizo tocar la
corneta por todo el país, diciendo: ‘¡Oigan los hebreos!’
(4) Y todo Israel oyó que se decía: ‘Shaúl [Saúl] ha atacado el destacamento de
los filisteos, y también Israel se ha hecho odioso a los filisteos.’ Entonces el
pueblo fue convocado en Gilgal para seguir a Shaúl [Saúl].
(5) También los filisteos se reunieron para combatir contra Israel, movilizando
3.000 carros, 6.000 jinetes y gente tan numerosa como la arena de la orilla del
mar. Ellos subieron y acamparon en Micmas, al este de Bet-avén.
(6) Cuando los hombres de Israel se vieron en aprietos, porque el pueblo fue
puesto en apuros, se escondieron en cuevas, grietas, peñascos, fosas y
cisternas.
(7) Y algunos de los hebreos cruzaron el Jordán hacia la tierra de Gad y de
Galaad. Shaúl [Saúl] estaba aún en Gilgal, y todo el pueblo iba tras él,
temblando.
(8) Él esperó siete días, conforme al plazo que Shemuel [Samuel] había señalado.
Pero como Shemuel [Samuel] no venía a Gilgal y el pueblo se le dispersaba,
(9) Shaúl [Saúl] dijo: -Traedme el holocausto y los sacrificios de paz. Él
ofreció el holocausto.
(10) Y sucedió que al acabar de ofrecer el holocausto, he aquí que venía Shemuel
[Samuel]. Shaúl [Saúl] le salió al encuentro para saludarle,
(11) y Shemuel [Samuel] le preguntó: -¿Qué has hecho? Shaúl [Saúl] respondió:
-Cuando vi que el pueblo se me dispersaba, que tú no venías en el plazo señalado
y que los filisteos estaban reuniéndose en Micmas,
(12) entonces pensé: ‘Los filisteos descenderán ahora a Gilgal contra mí, y yo
no he implorado el favor del Eterno.’ Por eso me vi forzado y ofrecí el
holocausto.
(13) Entonces Shemuel [Samuel] dijo a Shaúl [Saúl]: -Has actuado torpemente. No
guardaste el mandamiento que el Eterno tu Elokim te dio. ¡Pues ahora el Eterno
hubiera confirmado tu reino sobre Israel para siempre!
(14) Pero ahora tu reino no será duradero. El Eterno se ha buscado un hombre
según su corazón, a quien el Eterno ha designado como el soberano de su pueblo,
porque tú no has guardado lo que el Eterno te mandó.
(15) Entonces Shemuel [Samuel] se levantó y subió de Gilgal a Gabaa de Benjamín.
Shaúl [Saúl] pasó revista a la gente que se hallaba con él, unos 600 hombres.
(16) Entonces Shaúl [Saúl], su hijo Iehonatán [Jonatán] y la gente que se
hallaba con ellos se quedaron en Gabaa de Benjamín. Los filisteos habían
acampado en Micmas,
(17) y de su campamento salieron los destructores en tres escuadrones. Un
escuadrón se dirigió por el camino de Ofra hacia la tierra de Sual.
(18) Otro escuadrón se dirigió hacia Bet-jorón, y el tercer escuadrón se dirigió
hacia la región que mira al valle de Zeboím, hacia el desierto.
(19) En toda la tierra de Israel no había un solo herrero, porque los filisteos
habían dicho: ‘No sea que los hebreos se hagan espadas o lanzas.’
(20) Todos los israelitas iban a los filisteos para afilar cada uno su reja de
arado, su azadón, su hacha o su hoz.
(21) El afilado costaba un pim, tanto para las rejas de arado, como para los
azadones, los tridentes, las hachas o para afinar las aguijadas.
(22) Sucedió, pues, que en el día de la batalla no había ni una espada ni una
lanza en poder de ninguno de los que estaba con Shaúl [Saúl] y con Iehonatán [Jonatán],
excepto Shaúl [Saúl] y su hijo Iehonatán [Jonatán], que sí las tenían.
(23) Después el destacamento de los filisteos se dirigió al paso de Micmas.
(1 S. 14:1) Aconteció cierto día que Iehonatán [Jonatán] hijo de Shaúl [Saúl]
dijo a su escudero: -Ven, pasemos hasta el destacamento de los filisteos que
está al otro lado. Pero no lo hizo saber a su padre.
(2) Shaúl [Saúl] estaba en las afueras de Gabaa, debajo de un granado que hay en
Migrón. Los que estaban con él eran como 600 hombres.
(3) El que llevaba el efod era Ajías hijo de Ajitob [hermano de Icabod], hijo de
Pinejás [Fineas], hijo de Elí, sacerdote del Eterno en Shiló [Silo]. Pero el
pueblo no sabía que Iehonatán [Jonatán] se había ido.
(4) En el paso por donde Iehonatán [Jonatán] procuraba llegar al destacamento de
los filisteos, había un peñasco agudo a un lado, y otro peñasco agudo al lado
opuesto. El uno se llamaba Boses; y el otro, Sene.
(5) Uno de los peñascos estaba situado al norte, hacia Micmas; y el otro al sur,
hacia Gabaa.
(6) Entonces Iehonatán [Jonatán] dijo a su escudero: -Ven, pasemos al
destacamento de esos incircuncisos. Quizás el Eterno haga algo por medio de
nosotros, porque nada impide al Eterno salvar con muchos o con pocos.
(7) Su escudero le respondió: -Haz todo lo que está en tu corazón; ve, he aquí
que yo estoy contigo, a tu disposición.
(8) Y Iehonatán [Jonatán] dijo: -He aquí que nosotros pasaremos hacia aquellos
hombres y dejaremos que nos vean.
(9) Si nos dicen así: ‘Esperad hasta que nos acerquemos a vosotros’, entonces
nos quedaremos en nuestro lugar y no subiremos hacia donde ellos están.
(10) Pero si nos dicen así: ‘Subid hasta nosotros’, entonces subiremos; porque
el Eterno los ha entregado en nuestra mano. Ésta será la señal para nosotros.
(11) Ambos se dejaron ver por el destacamento de los filisteos, y éstos dijeron:
-¡He allí los hebreos que salen de las cuevas donde se habían escondido!
(12) Los hombres del destacamento gritaron a Iehonatán [Jonatán] y a su
escudero, diciendo: -¡Subid hasta nosotros, y os haremos saber una cosa! Y
Iehonatán [Jonatán] dijo a su escudero: -Sube detrás de mí, porque el Eterno los
ha entregado en mano de Israel.
(13) Iehonatán [Jonatán] subió trepando con sus manos y sus pies; y tras él, su
escudero. Los filisteos caían delante de Iehonatán [Jonatán], y su escudero los
remataba detrás de él.
(14) Éste fue el primer ataque, en el que Iehonatán [Jonatán] y su escudero
mataron a unos veinte hombres en el espacio de media yugada de tierra.
(15) Entonces hubo pánico en el campamento, en el campo y entre toda la gente.
Los del destacamento y también los destructores temblaron; y la tierra se
sacudió, pues hubo gran pánico.
(16) Los centinelas de Shaúl [Saúl] miraron desde Gabaa de Benjamín, y he aquí
que la multitud se dispersaba yendo en todas direcciones.
(17) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a la gente que estaba con él: -¡Pasad revista y
ved quién de los nuestros se ha ido! Al pasar revista, he aquí que faltaban
Iehonatán [Jonatán] y su escudero.
(18) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a Ajías: -¡Trae el arca de Elokim! Porque el
arca de Elokim estaba en ese día con los Hijos de Israel.
(19) Y aconteció que mientras Shaúl [Saúl] hablaba con el sacerdote, la
agitación aumentaba más y más en el campamento de los filisteos. Entonces Shaúl
[Saúl] dijo al sacerdote: -¡Retira tu mano!
(20) Entonces Shaúl [Saúl] se reunió con toda la gente que estaba con él, y
fueron a la batalla. Y he aquí que la espada de cada uno se volvía contra su
compañero, y había gran confusión.
(21) Y los hebreos que anteriormente habían estado con los filisteos, y que
habían subido con ellos de los alrededores al campamento, también ellos se
pusieron de parte de los israelitas que estaban con Shaúl [Saúl] y Iehonatán [Jonatán].
(22) Asimismo, todos los hombres de Israel que se habían escondido en la región
montañosa de Efraín oyeron que los filisteos huían, y ellos también salieron a
perseguirlos en la batalla.
(23) Así el Eterno dio la victoria a Israel aquel día. Y la batalla llegó hasta
Bet-avén.
(24) Pero aquel día los hombres de Israel fueron puestos en apuros, porque Shaúl
[Saúl] había sometido al pueblo bajo juramento, diciendo: ‘¡Maldito sea
cualquiera que coma algo antes del anochecer, hasta que yo haya tomado venganza
de mis enemigos!’ Así que ninguno del pueblo había probado alimento.
(25) Todo el pueblo llegó a un bosque, y en la superficie del campo había miel.
(26) Cuando el pueblo entró en el bosque, he aquí que la miel corría, pero nadie
acercó la mano a su boca, porque el pueblo temía el juramento.
(27) Pero Iehonatán [Jonatán] no había oído cuando su padre había sometido al
pueblo bajo juramento. Y extendiendo la punta de una vara que llevaba en su
mano, la mojó en un panal de miel y acercó su mano a su boca; y le brillaron los
ojos.
(28) Entonces alguien del pueblo le habló diciendo: -Tu padre expresamente ha
sometido al pueblo bajo juramento, diciendo: ‘Maldito sea el hombre que coma
algo hoy.’ Por eso desfallece el pueblo.
(29) Entonces Iehonatán [Jonatán] respondió: -Mi padre ha ocasionado destrucción
al país. Ved cómo han brillado mis ojos por haber probado un poco de esta miel.
(30) ¡Cuánto mejor si el pueblo hubiera comido hoy libremente del botín que tomó
de sus enemigos! ¿No se hubiera ocasionado una gran derrota a los filisteos?
(31) Aquel día hirieron a los filisteos desde Micmas hasta Ajalón. Pero el
pueblo se cansó mucho,
(32) y se lanzaron sobre el botín y tomaron ovejas, vacas y terneros, a los
cuales degollaron sobre el suelo. Y el pueblo los comió con la sangre.
(33) Informaron a Shaúl [Saúl] diciendo: -¡He aquí, el pueblo está pecando
contra el Eterno, comiendo carne con la sangre! Y él dijo: -¡Habéis cometido una
traición! Haced rodar una piedra grande hasta aquí.
(34) -Y Shaúl [Saúl] añadió-: Dispersaos entre el pueblo y decidles que cada uno
me traiga su toro, y cada cual su oveja, y degolladlos aquí y comed. No pequéis
contra el Eterno comiendo carne con la sangre. Aquella noche todo el pueblo
llevó cada uno consigo su toro, y los degollaron allí.
(35) Después Shaúl [Saúl] edificó un altar al Eterno. Este altar fue el primero
que él edificó al Eterno.
(36) Entonces dijo Shaúl [Saúl]: -Descendamos de noche contra los filisteos y
saqueémoslos hasta el amanecer. No dejemos a ninguno de ellos. Y dijeron: -Haz
todo lo que te parezca bien. Luego dijo el sacerdote: -Acerquémonos a Elokim
aquí.
(37) Y Shaúl [Saúl] consultó a Elokim: -¿Descenderé tras los filisteos? ¿Los
entregarás en mano de Israel? Pero aquel día él no le dio respuesta.
(38) Entonces dijo Shaúl [Saúl]: -Acercaos acá todos los jefes del pueblo.
Averiguad y ved por quién ha surgido hoy este pecado.
(39) ¡Vive el Eterno que libra a Israel, que aunque sea por mi hijo Iehonatán [Jonatán],
él morirá irremisiblemente! En todo el pueblo no hubo quien le respondiese.
(40) Entonces dijo a todo Israel: -Vosotros os pondréis a un lado; mi hijo
Iehonatán [Jonatán] y yo nos pondremos al otro. El pueblo respondió a Shaúl
[Saúl]: -Haz lo que te parezca bien.
(41) Shaúl [Saúl] dijo al Eterno Elokim de Israel: -Concédenos un resultado
perfecto. Fueron tomados Iehonatán [Jonatán] y Shaúl [Saúl], y el pueblo salió
libre.
(42) Luego dijo Shaúl [Saúl]: -Haced el sorteo entre mi hijo Iehonatán [Jonatán]
y yo. Y fue tomado Iehonatán [Jonatán].
(43) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a Iehonatán [Jonatán]: -Declárame: ¿Qué has
hecho? Iehonatán [Jonatán] se lo declaró diciendo: -Es verdad que probé un poco
de miel con la punta de la vara que llevaba en mi mano. Heme aquí; moriré.
(44) Shaúl [Saúl] respondió: -¡Así me haga Elokim y aun me añada, que morirás
irremisiblemente, Iehonatán [Jonatán]!
(45) Pero el pueblo preguntó a Shaúl [Saúl]: -¿Ha de morir Iehonatán [Jonatán],
el que ha logrado esta gran victoria en Israel? ¡Que no sea así! ¡Vive el
Eterno, que no caerá a tierra ni un cabello de su cabeza, porque hoy ha actuado
con Elokim! Así el pueblo libró a Iehonatán [Jonatán], y éste no murió.
(46) Shaúl [Saúl] dejó de perseguir a los filisteos, y los filisteos se fueron a
su lugar.
(47) Cuando Shaúl [Saúl] empezó a ejercer el reinado sobre Israel, hizo la
guerra contra todos sus enemigos de alrededor: contra Moab, contra los hijos de
Amón, contra Edom, contra los reyes de Soba y contra los filisteos. A
dondequiera que se dirigía era vencedor.
(48) Combatió con valentía y derrotó a Amalec, y libró a Israel de mano de los
que lo saqueaban.
(49) Los hijos de Shaúl [Saúl] eran: Iehonatán [Jonatán], Isvi y Malquisúa. Los
nombres de sus dos hijas eran: el de la mayor Merab, y el de la menor Mical.
(50) El nombre de su mujer era Ajinoam hija de Ajimaas. El nombre del jefe de su
ejército era Abner hijo de Ner, tío de Shaúl [Saúl].
(51) Quis, padre de Shaúl [Saúl], y Ner, padre de Abner, eran hijos de Abiel.
(52) Había guerra encarnizada contra los filisteos durante todo el tiempo de
Shaúl [Saúl]. Cuando Shaúl [Saúl] veía algún hombre valiente o esforzado, lo
añadía a los suyos.
(1 S. 15:1) Shemuel [Samuel] dijo a Shaúl [Saúl]: -el Eterno me envió para
ungirte como rey de su pueblo Israel. Escucha, pues, ahora las palabras del
Eterno.
(2) Así ha dicho el Eterno de los Ejércitos: ‘Yo castigaré a Amalec por lo que
hizo a Israel, porque se le opuso en el camino cuando subía de Egipto.
(3) Ve ahora y ataca a Amalec; destruye completamente todo lo que le pertenece.
No le perdones la vida; mata a hombres y mujeres, a niños y bebés, vacas y
ovejas, camellos y asnos.’
(4) Shaúl [Saúl] convocó a la gente y les pasó revista en Telaim: 200.000 de
infantería más 10.000 hombres de Yehudá [Judá].
(5) Shaúl [Saúl] fue a la ciudad de Amalec y puso una emboscada en el arroyo.
(6) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a los queneos: -Idos, apartaos y salid de en
medio de los amalequitas, no sea que yo os destruya juntamente con ellos; porque
vosotros tuvisteis misericordia de todos los Hijos de Israel cuando subían de
Egipto. Entonces los queneos se apartaron de en medio de los amalequitas.
(7) Y Shaúl [Saúl] derrotó a los amalequitas desde Havila hasta las
inmediaciones de Shur, al este de Egipto.
(8) Capturó vivo a Agag, rey de Amalec, y destruyó a filo de espada a todo el
pueblo.
(9) Sin embargo, Shaúl [Saúl] y el pueblo perdonaron la vida a Agag, a lo mejor
de las ovejas y de las vacas, de los animales engordados, de los carneros y de
todo lo bueno, lo cual no quisieron destruir. Pero destruyeron todo lo
despreciable y sin valor.
(10) Entonces el Eterno habló a Shemuel [Samuel] diciendo:
(11) -Me pesa haber puesto a Shaúl [Saúl] como rey, porque se ha apartado de mí
y no ha cumplido mis palabras. Shemuel [Samuel] se apesadumbró y clamó al Eterno
toda aquella noche.
(12) Shemuel [Samuel] madrugó para ir a encontrarse con Shaúl [Saúl] por la
mañana, y le avisaron a Shemuel [Samuel] diciendo: -Shaúl [Saúl] se fue a
Carmel, y he aquí que se erigió un monumento. Cuando volvió, prosiguió y
descendió a Gilgal.
(13) Shemuel [Samuel] vino a Shaúl [Saúl], y Shaúl [Saúl] le dijo: -¡el Eterno
te bendiga! He cumplido la palabra del Eterno.
(14) Shemuel [Samuel] preguntó: -Entonces, ¿qué es ese balido de ovejas en mis
oídos y el mugido de vacas que oigo?
(15) Shaúl [Saúl] respondió: -Las han traído de Amalec. El pueblo perdonó la
vida a lo mejor de las ovejas y de las vacas, para ofrecerlas en sacrificio al
Eterno tu Elokim. Pero lo demás lo destruimos.
(16) Entonces Shemuel [Samuel] dijo a Shaúl [Saúl]: -¡Basta! Voy a declararte lo
que el Eterno me dijo anoche: Shaúl [Saúl] le dijo: -Dilo.
(17) Shemuel [Samuel] dijo: -Aunque eras insignificante ante tus propios ojos,
¿no fuiste hecho cabeza de las tribus de Israel? ¿No te ha ungido el Eterno como
rey sobre Israel?
(18) El Eterno te ha encomendado una misión y te ha dicho: ‘Ve y destruye
completamente a esos pecadores de Amalec. Hazles la guerra hasta que los
extermines.’
(19) ¿Por qué, pues, no has obedecido la voz del Eterno? ¿Por qué te lanzaste
sobre el botín e hiciste lo malo ante los ojos del Eterno?
(20) Shaúl [Saúl] respondió a Shemuel [Samuel]: -He obedecido la voz del Eterno
y fui a la misión que el Eterno me encomendó. He traído a Agag, rey de Amalec, y
he destruido completamente a los amalequitas.
(21) Pero el pueblo tomó del botín ovejas y vacas, lo mejor del anatema, para
sacrificarlas al Eterno tu Elokim en Gilgal.
(22) Entonces Shemuel [Samuel] preguntó: -¿Se complace tanto el Eterno en los
holocaustos y en los sacrificios como en que la palabra del Eterno sea
obedecida? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar
atención es mejor que el sebo de los carneros.
(23) Porque la rebeldía es como el pecado de adivinación, y la obstinación es
como la iniquidad de la idolatría. Por cuanto tú has desechado la palabra del
Eterno, él también te ha desechado a ti, para que no seas rey.
(24) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a Shemuel [Samuel]: -Yo he pecado; porque he
quebrantado el mandamiento del Eterno y tus palabras, temiendo al pueblo y
accediendo a su voz. Perdona, por favor, mi pecado,
(25) y vuelve conmigo para que yo adore al Eterno.
(26) Pero Shemuel [Samuel] respondió a Shaúl [Saúl]: -No volveré contigo, porque
has desechado la palabra del Eterno, y el Eterno te ha desechado a ti, para que
no seas rey sobre Israel.
(27) Cuando Shemuel [Samuel] se volvió para marcharse, Shaúl [Saúl] se asió del
extremo de su manto, el cual se rasgó.
(28) Shemuel [Samuel] le dijo: -el Eterno ha rasgado hoy de ti el reino de
Israel y lo ha dado a tu prójimo, que es mejor que tú.
(29) Además, la Gloria de Israel no mentirá ni se arrepentirá, porque él no es
hombre para que se arrepienta.
(30) Y Shaúl [Saúl] respondió: -Yo he pecado; pero ahora hónrame, por favor, en
presencia de los ancianos de mi pueblo y delante de Israel, volviendo conmigo
para que yo adore al Eterno tu Elokim.
(31) Entonces Shemuel [Samuel] volvió tras Shaúl [Saúl], y Shaúl [Saúl] adoró al
Eterno.
(32) Después Shemuel [Samuel] dijo: -¡Tráeme a Agag, rey de Amalec! Agag vino a
él alegremente, pensando: ‘Ciertamente ya ha pasado la amargura de la muerte.’
(33) Pero Shemuel [Samuel] dijo: -¡Así como tu espada dejó sin hijos a las
mujeres, así tu madre quedará sin hijo entre las mujeres! Entonces Shemuel
[Samuel] descuartizó a Agag delante del Eterno, en Gilgal.
(34) Después Shemuel [Samuel] se fue a Ramá, y Shaúl [Saúl] subió a su casa en
Gabaa de Shaúl [Saúl].
(35) Hasta el día de su muerte Shemuel [Samuel] no volvió a ver a Shaúl [Saúl],
pero Shemuel [Samuel] lloraba por Shaúl [Saúl]. Y al Eterno le pesaba el haber
constituido a Shaúl [Saúl] como rey sobre Israel.
(1 S. 16:1) Entonces el Eterno dijo a Shemuel [Samuel]: -¿Hasta cuándo has de
llorar por Shaúl [Saúl], habiéndolo yo desechado para que no reine sobre Israel?
Llena de aceite el cuerno y ve; yo te enviaré a Isaí, de Belén, porque de entre
sus hijos me he provisto de un rey.
(2) Shemuel [Samuel] preguntó: -¿Cómo voy a ir? Si Shaúl [Saúl] se llega a
enterar, me matará. El Eterno respondió: -Toma contigo una vaquilla del ganado,
y di: ‘He venido para ofrecer un sacrificio al Eterno.’
(3) Invita a Isaí al sacrificio; yo te enseñaré lo que has de hacer, y tú me
ungirás al que yo te diga.
(4) Shemuel [Samuel] hizo lo que dijo el Eterno. Cuando llegó a Belén, los
ancianos de la ciudad salieron a recibirle temblando y preguntaron: -¿Es
pacífica tu venida?
(5) Él dijo: -Es pacífica. Vengo para ofrendar al Eterno. Preparaos y venid
conmigo al sacrificio. Y convocó a Isaí y a sus hijos, y los invitó al
sacrificio.
(6) Y aconteció que cuando ellos llegaron, él vio a Eliab y pensó: ‘¡Ciertamente
su ungido está delante del Eterno!’
(7) Pero el Eterno dijo a Shemuel [Samuel]: -No mires su apariencia ni lo alto
de su estatura, pues yo lo he rechazado. Porque el Eterno no mira lo que mira el
hombre: El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero el Eterno mira el
corazón.
(8) Luego Isaí llamó a Abinadab y lo hizo pasar ante Shemuel [Samuel], quien
dijo: -Tampoco a éste ha elegido el Eterno.
(9) Después Isaí hizo pasar a Sama. Y Shemuel [Samuel] dijo: -Tampoco a éste ha
elegido el Eterno.
(10) Isaí hizo pasar a siete de sus hijos ante Shemuel [Samuel], y éste dijo a
Isaí: -el Eterno no ha elegido a éstos.
(11) Entonces Shemuel [Samuel] preguntó a Isaí: -¿Son éstos todos los jóvenes? Y
él respondió: -Todavía queda el menor, pero he aquí que está apacentando las
ovejas. Shemuel [Samuel] dijo a Isaí: -Manda a traerlo, porque no nos sentaremos
a comer hasta que él llegue aquí.
(12) Isaí mandó por él, y le hizo entrar. Era rojizo, de bellos ojos y de buena
presencia. Entonces el Eterno dijo: -¡Levántate y úngelo, porque éste es!
(13) Shemuel [Samuel] tomó el cuerno de aceite y lo ungió en medio de sus
hermanos. Y desde aquel día en adelante el espíritu del Eterno descendió con
poder sobre David. Luego Shemuel [Samuel] se levantó y regresó a Ramá.
(14) El espíritu del Eterno se apartó de Shaúl [Saúl], y un espíritu malo de
parte del Eterno le atormentaba.
(15) Entonces los servidores de Shaúl [Saúl] le dijeron: -He aquí, un espíritu
malo de parte de Elokim te atormenta.
(16) Diga nuestro señor a tus servidores que están delante de ti, que te busquen
a alguien que sepa tocar el arpa; para que cuando el espíritu malo de parte de
Elokim venga sobre ti, él toque con su mano, y tú te sientas bien.
(17) Y Shaúl [Saúl] respondió a sus servidores: -Buscadme, por favor, alguno que
toque bien, y traédmelo.
(18) Entonces uno de los criados respondió diciendo: -He aquí, he visto a un
hijo de Isaí, de Belén, que sabe tocar. Él es valiente, hombre de guerra,
prudente de palabra, de buena presencia; y el Eterno está con él.
(19) Shaúl [Saúl] envió mensajeros a Isaí, diciendo: ‘Envíame a tu hijo David,
el que está con las ovejas.’
(20) Entonces Isaí tomó un asno cargado de pan, un odre de vino y un cabrito, y
los envió a Shaúl [Saúl] por medio de su hijo David.
(21) Cuando David vino a Shaúl [Saúl], se quedó a su servicio. Shaúl [Saúl] le
estimaba mucho y le hizo su escudero.
(22) Shaúl [Saúl] envió a decir a Isaí: ‘Por favor, permite que David se quede a
mi servicio, porque ha hallado gracia ante mis ojos.’
(23) Y sucedía que cuando el espíritu malo de parte de Elokim venía sobre Shaúl
[Saúl], David tomaba el arpa y la tañía con su mano. Y Shaúl [Saúl] hallaba
alivio y se sentía mejor. Así el espíritu malo se apartaba de él.
(1 S. 17:1) Los filisteos reunieron sus tropas para la guerra y se congregaron
en Soco, que pertenecía a Yehudá [Judá]. Después acamparon entre Soco y Azeca,
en Efes-damim.
(2) También Shaúl [Saúl] y los hombres de Israel se reunieron y acamparon en el
valle de Ela y dispusieron la batalla contra los filisteos.
(3) Los filisteos estaban a un lado sobre una colina, y los israelitas al otro
lado sobre otra colina; y el valle estaba entre ellos.
(4) Entonces, de las tropas de los filisteos salió un paladín que se llamaba
Goliat, de Gat. Éste tenía de estatura seis codos y un palmo.
(5) Llevaba un casco de bronce en la cabeza y estaba vestido con una cota de
malla de bronce que pesaba 5.000 siclos.
(6) Sobre sus piernas tenía grebas de bronce y entre sus hombros llevaba una
jabalina de bronce.
(7) El asta de su lanza parecía un rodillo de telar, y su punta de hierro pesaba
600 siclos. Y su escudero iba delante de él.
(8) Entonces se detuvo y gritó al ejército de Israel, diciendo: -¿Para qué salís
a disponer la batalla? ¿No soy yo el filisteo, y vosotros los siervos de Shaúl
[Saúl]? ¡Escoged de entre vosotros un hombre que venga contra mí!
(9) Si él puede luchar conmigo y me vence, nosotros seremos vuestros esclavos.
Pero si yo puedo más que él y lo venzo, vosotros seréis nuestros esclavos y nos
serviréis.
(10) -Y el filisteo añadió-: ¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Dadme un
hombre para que luche contra mí!
(11) Cuando Shaúl [Saúl] y todo Israel oyeron estas palabras del filisteo, se
amedrentaron y tuvieron mucho temor.
(12) Ahora bien, David era hijo de un hombre efrateo de Belén de Yehudá [Judá],
que se llamaba Isaí y que tenía ocho hijos. En los días de Shaúl [Saúl] este
hombre era anciano, de edad muy avanzada.
(13) Los tres hijos mayores de Isaí habían ido tras Shaúl [Saúl] a la guerra.
Los nombres de sus tres hijos que habían ido a la guerra eran: Eliab el
primogénito, Abinadab el segundo y Sama el tercero.
(14) David era el menor. Y mientras los tres mayores habían ido tras Shaúl
[Saúl],
(15) David iba y volvía de donde estaba Shaúl [Saúl], para apacentar las ovejas
de su padre en Belén.
(16) Aquel filisteo se aproximaba por la mañana y por la tarde, presentándose
así durante cuarenta días.
(17) Isaí dijo a su hijo David: -Toma, por favor, para tus hermanos un efa de
este grano tostado y estos diez panes, y llévalos de prisa al campamento donde
están tus hermanos.
(18) Lleva también estos diez quesos para el jefe de millar. Averigua si tus
hermanos están bien y toma alguna prenda de ellos.
(19) Shaúl [Saúl] y ellos, con todos los hombres de Israel, están en el valle de
Ela, combatiendo contra los filisteos.
(20) David se levantó muy de mañana, y dejando las ovejas al cuidado de un
guarda, tomó las cosas y se fue, como Isaí le había mandado. Llegó al círculo
del campamento cuando las fuerzas disponían la batalla y daban el grito de
guerra.
(21) Los israelitas y los filisteos estaban dispuestos, ejército contra
ejército.
(22) Las cosas que David traía las dejó en manos del guarda del equipaje, y
corrió hacia el ejército. Cuando llegó, saludó a sus hermanos, deseándoles paz.
(23) Entonces, mientras hablaba con ellos, he aquí aquel paladín que se llamaba
Goliat, el filisteo de Gat, salió del ejército de los filisteos y repitió las
mismas palabras, las cuales oyó David.
(24) Todos los hombres de Israel, al ver a aquel hombre, huían de su presencia y
tenían mucho miedo.
(25) Los hombres de Israel decían: -¿Habéis visto a ese hombre que ha salido? Él
se adelanta para desafiar a Israel. Y sucederá que al que lo venza, el rey le
enriquecerá con grandes riquezas, le dará su hija y eximirá de tributos a su
casa paterna en Israel.
(26) David habló a los que estaban junto a él y preguntó: -¿Qué harán por el
hombre que venza a ese filisteo y quite la afrenta de Israel? Porque, ¿quién es
ese filisteo incircunciso para que desafíe a los escuadrones del Elokim
viviente?
(27) La gente le respondió las mismas palabras, diciendo: -Así se hará al hombre
que lo venza.
(28) Eliab, su hermano mayor, le oyó hablar a los hombres. Entonces Eliab se
encendió en ira contra David y le preguntó: -¿Para qué has descendido acá? ¿Y
con quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto? ¡Yo conozco tu
arrogancia y la malicia de tu corazón! ¡Has descendido para ver la batalla!
(29) David respondió: -¿Qué he hecho yo ahora? ¿No fue sólo una palabra?
(30) Se apartó de él hacia otro y preguntó lo mismo. Y la gente le respondió
igual que antes.
(31) Las palabras que David había dicho fueron oídas y le fueron referidas a
Shaúl [Saúl], quien le hizo venir.
(32) Y David dijo a Shaúl [Saúl]: -No desmaye el corazón de nadie a causa de él.
Tu siervo irá y luchará contra ese filisteo.
(33) Shaúl [Saúl] dijo a David: -Tú no podrás ir contra ese filisteo para luchar
contra él; porque tú eres un muchacho, y él es un hombre de guerra desde su
juventud.
(34) David respondió a Shaúl [Saúl]: -Tu siervo ha sido pastor de las ovejas de
su padre. Y cuando venía un león o un oso y tomaba alguna oveja del rebaño,
(35) yo salía tras él, lo hería y la rescataba de su boca. Si se levantaba
contra mí, yo lo agarraba por la melena, lo hería y lo mataba.
(36) Fuese león o fuese oso, tu siervo lo mataba. Ese filisteo incircunciso será
como uno de ellos, porque ha desafiado a los escuadrones del Elokim viviente.
(37) -Y David añadió-: ¡el Eterno, quien me ha librado de las garras del león y
de las garras del oso, él me librará de la mano de ese filisteo! Y Shaúl [Saúl]
dijo a David: -¡Ve, y que el Eterno sea contigo!
(38) Shaúl [Saúl] vistió a David con su propia armadura. Le puso un casco de
bronce sobre su cabeza y lo vistió con una cota de malla.
(39) Luego David se ciñó la espada de él sobre su ropa e intentó andar, porque
no estaba acostumbrado. Entonces David dijo a Shaúl [Saúl]: -Yo no puedo andar
con esto, porque no estoy acostumbrado. David se quitó de encima aquellas cosas.
(40) Entonces tomó su cayado en su mano y escogió cinco piedras lisas del
arroyo, y las puso en la bolsa pastoril, en el zurrón que llevaba. Y con su
honda en su mano, se fue hacia el filisteo.
(41) El filisteo venía acercándose a David, precedido de su escudero.
(42) Cuando el filisteo miró y vio a David, lo tuvo en poco, porque era un joven
rojizo y de hermoso semblante.
(43) Y el filisteo preguntó a David: -¿Acaso soy yo un perro para que vengas
contra mí con palos? El filisteo maldijo a David por sus dioses.
(44) También el filisteo dijo a David: -¡Ven a mí, y daré tu carne a las aves
del cielo y a los animales del campo!
(45) Entonces David dijo al filisteo: -Tú vienes contra mí con espada, lanza y
jabalina. Pero yo voy contra ti en el nombre del Eterno de los Ejércitos, Elokim
de los escuadrones de Israel, a quien tú has desafiado.
(46) El Eterno te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré. Te cortaré la
cabeza y daré hoy los cadáveres del ejército filisteo a las aves del cielo y a
los animales del campo. ¡Y toda la tierra sabrá que hay Elokim en Israel!
(47) También todos estos congregados sabrán que el Eterno no libra con espada ni
con lanza. ¡De el Eterno es la batalla! ¡Y él os entregará en nuestra mano!
(48) Aconteció que cuando el filisteo se levantó y se fue acercando al encuentro
de David, éste se dio prisa y corrió al combate contra el filisteo.
(49) Entonces David metió su mano en la bolsa, tomó de allí una piedra y la
arrojó con la honda, hiriendo al filisteo en la frente. La piedra quedó clavada
en su frente, y éste cayó de bruces en tierra.
(50) Así venció David al filisteo con una honda y una piedra, golpeó al filisteo
y lo mató. Como espada no tenía en su mano,
(51) corrió David, se puso sobre el filisteo, y tomando la espada de éste, la
sacó de su vaina y lo remató cortándole la cabeza con ella. Cuando los filisteos
vieron muerto a su héroe, huyeron.
(52) Entonces los hombres de Israel y de Yehudá [Judá] se levantaron gritando, y
persiguieron a los filisteos hasta la entrada de Gat, y hasta las puertas de
Ecrón. Los cadáveres de los filisteos yacían por el camino de Saraim hasta Gat y
Ecrón.
(53) Cuando los Hijos de Israel volvieron de perseguir a los filisteos, les
saquearon su campamento.
(54) Tomó David la cabeza del filisteo y la llevó a Ierushalaim [Jerusalén],
pero puso sus armas en su morada.
(55) Cuando Shaúl [Saúl] vio a David que salía para encontrarse con el filisteo,
preguntó a Abner, el jefe del ejército: -Abner, ¿de quién es hijo ese joven?
Abner respondió:
(56) -¡Vive tu alma, oh rey, que no lo sé! El rey dijo: -Pregunta, pues, de
quién es hijo ese joven.
(57) Cuando David volvía de matar al filisteo, teniendo la cabeza del filisteo
en su mano, Abner lo tomó y lo llevó a Shaúl [Saúl].
(58) Shaúl [Saúl] le preguntó: -Joven, ¿de quién eres hijo? David respondió:
-Soy hijo de tu siervo Isaí, de Belén.
(1 S. 18:1) Aconteció que cuando David terminó de hablar con Shaúl [Saúl], el
alma de Iehonatán [Jonatán] se quedó ligada a la de David, y Iehonatán [Jonatán]
le amó como a sí mismo.
(2) Aquel día Shaúl [Saúl] le retuvo y no le dejó volver a la casa de su padre.
(3) Entonces Iehonatán [Jonatán] hizo un pacto con David, porque le amaba como a
sí mismo.
(4) Y Iehonatán [Jonatán] se quitó la túnica que llevaba y se la dio a David,
junto con otras prendas suyas, inclusive su espada, su arco y su cinturón.
(5) David iba a donde Shaúl [Saúl] le enviaba y tenía éxito, por lo cual Shaúl
[Saúl] lo puso al mando de la gente de guerra. Y esto era agradable a los ojos
de todo el pueblo y a los ojos de los servidores de Shaúl [Saúl].
(6) Aconteció que mientras ellos volvían, cuando David regresaba de vencer al
filisteo, las mujeres de todas las ciudades de Israel salieron para recibir al
rey Shaúl [Saúl], cantando y danzando con gozo, al son de panderos y otros
instrumentos musicales.
(7) Y mientras danzaban, las mujeres cantaban y decían: ‘¡Shaúl [Saúl] derrotó a
sus miles! ¡Y David a sus diez miles!’
(8) Shaúl [Saúl] se enojó muchísimo. Estas palabras le desagradaron, y pensó: ‘A
David le dan diez miles, y a mí me dan miles. ¡No le falta más que el reino!’
(9) Desde aquel día en adelante, Shaúl [Saúl] miraba con sospecha a David.
(10) Aconteció al día siguiente que un espíritu malo de parte de Elokim se
apoderó de Shaúl [Saúl], y éste desvariaba dentro de su casa. David tañía el
arpa con su mano, como lo hacía día tras día, y Shaúl [Saúl] tenía la lanza en
la mano.
(11) Entonces Shaúl [Saúl] arrojó la lanza pensando: ‘¡Clavaré a David en la
pared!’ Pero David le esquivó dos veces.
(12) Shaúl [Saúl] temía a David porque el Eterno estaba con él, mientras que se
había apartado de Shaúl [Saúl].
(13) Entonces Shaúl [Saúl] alejó de sí a David, haciéndole jefe de mil; y éste
salía y entraba al frente del pueblo.
(14) David tenía éxito en todos sus asuntos, pues el Eterno estaba con él.
(15) Al ver Shaúl [Saúl] que David tenía mucho éxito, le tenía miedo.
(16) Pero todo Israel y Yehudá [Judá] amaban a David, porque él era quien salía
y entraba al frente de ellos.
(17) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a David: -He aquí Merab, mi hija mayor. Yo te la
daré por mujer, con tal que me seas un hombre valiente y lleves a cabo las
batallas del Eterno. Pero Shaúl [Saúl] pensaba: ‘No será mi mano contra él. ¡La
mano de los filisteos será contra él!’
(18) David respondió a Shaúl [Saúl]: -¿Quién soy yo, y qué es mi vida o la
familia de mi padre en Israel, para que yo sea yerno del rey?
(19) Pero sucedió que cuando llegó el tiempo en que Merab, hija de Shaúl [Saúl],
debía ser dada a David, fue dada por mujer a Adriel el mejolatita.
(20) Pero Mical, la otra hija de Shaúl [Saúl], amaba a David. Esto le fue dicho
a Shaúl [Saúl], y el asunto le pareció bien.
(21) Pues pensó Shaúl [Saúl]: ‘Yo se la daré para que le sirva de trampa y para
que la mano de los filisteos sea contra él.’ Y Shaúl [Saúl] dijo a David por
segunda vez: -Hoy serás mi yerno.
(22) Entonces Shaúl [Saúl] dio órdenes a sus servidores: -Hablad en secreto a
David, diciéndole: ‘He aquí, el rey te aprecia, y todos sus servidores te
quieren bien; sé, pues, yerno del rey.’
(23) Los servidores de Shaúl [Saúl] dijeron estas palabras a oídos de David, y
éste preguntó: -¿Os parece poca cosa ser yerno del rey, siendo yo un hombre
pobre e insignificante?
(24) Los servidores de Shaúl [Saúl] dieron a éste la respuesta diciendo: -Estas
palabras ha dicho David.
(25) Y Shaúl [Saúl] dijo: -Decid esto a David: ‘El rey no tiene interés en el
precio matrimonial, sino en 100 prepucios de filisteos, para vengarse de los
enemigos del rey.’ Pues Shaúl [Saúl] pensaba hacer caer a David en mano de los
filisteos.
(26) Y cuando los servidores de Shaúl [Saúl] declararon a David estas palabras,
agradó a David el asunto de ser yerno del rey. Antes que se cumpliera el plazo,
(27) David se levantó y partió con su gente. Mató a 200 hombres de los
filisteos, llevó sus prepucios y los entregó todos al rey, para llegar a ser
yerno del rey. Y Shaúl [Saúl] le dio por mujer a su hija Mical.
(28) Pero al ver y reconocer que el Eterno estaba con David y que Mical hija de
Shaúl [Saúl] le amaba,
(29) Shaúl [Saúl] temió aun más a David. Y Shaúl [Saúl] fue hostil a David todos
los días.
(30) Los jefes de los filisteos continuaron saliendo a la guerra. Y sucedía que
cada vez que lo hacían, David tenía más éxito que todos los servidores de Shaúl
[Saúl], por lo que su nombre se hizo muy apreciado.
(1 S. 19:1) Shaúl [Saúl] habló a su hijo Iehonatán [Jonatán] y a todos sus
servidores para dar muerte a David. Pero Iehonatán [Jonatán] hijo de Shaúl
[Saúl] amaba mucho a David.
(2) Y Iehonatán [Jonatán] dio aviso a David, diciendo: -Mi padre Shaúl [Saúl]
procura matarte. Ahora, por favor, ten cuidado durante la mañana y escóndete en
un lugar oculto.
(3) Yo saldré y estaré al lado de mi padre en el campo donde tú estés y hablaré
de ti a mi padre. Si percibo algo, te lo avisaré.
(4) Iehonatán [Jonatán] habló bien de David a su padre Shaúl [Saúl], y le dijo:
-No peque el rey contra su siervo David, porque él no ha cometido ningún pecado
contra ti. Al contrario, sus obras te han sido muy beneficiosas.
(5) Él arriesgó su vida cuando mató al filisteo, y el Eterno dio una gran
victoria a todo Israel. Tú lo viste y te alegraste; ¿por qué, pues, pecarás
contra sangre inocente, dando muerte a David sin motivo?
(6) Al oír Shaúl [Saúl] la voz de Iehonatán [Jonatán], juró: -¡Vive el Eterno,
que no morirá!
(7) Entonces Iehonatán [Jonatán] llamó a David y le declaró todas estas
palabras. Iehonatán [Jonatán] presentó a David ante Shaúl [Saúl], y David estuvo
delante de él como antes.
(8) Volvió a haber guerra, y David fue y combatió contra los filisteos. Él les
ocasionó una gran derrota, y huyeron ante él.
(9) Entonces un espíritu malo de parte del Eterno vino sobre Shaúl [Saúl]. Y
estando él sentado en su casa, tenía su lanza en su mano, mientras David tañía
con la mano.
(10) Entonces Shaúl [Saúl] intentó clavar a David en la pared con la lanza, pero
David esquivó a Shaúl [Saúl], quien golpeó la lanza contra la pared. Aquella
noche David huyó y se escapó.
(11) Shaúl [Saúl] envió mensajeros a la casa de David para que lo vigilasen y le
dieran muerte a la mañana siguiente. Pero Mical, su mujer, avisó a David
diciendo: -Si no salvas tu vida esta noche, mañana estarás muerto.
(12) Entonces Mical descolgó a David por una ventana, y él se fue, huyó y se
escapó.
(13) Después Mical tomó un ídolo doméstico y lo puso sobre la cama, acomodándole
a la cabecera una almohada de cuero de cabra y cubriéndolo con la ropa.
(14) Y cuando Shaúl [Saúl] envió mensajeros para que prendiesen a David, ella
respondió: -Está enfermo.
(15) Shaúl [Saúl] volvió a enviar mensajeros para que viesen a David, diciendo:
‘¡Traédmelo en la cama para que lo mate!’
(16) Entraron los mensajeros, y he aquí que el ídolo estaba en la cama, y una
almohada de cuero de cabra a su cabecera.
(17) Entonces Shaúl [Saúl] preguntó a Mical: -¿Por qué me has engañado así y has
dejado ir a mi enemigo, de modo que se escapase? Mical respondió a Shaúl [Saúl]:
-Porque él me dijo: ‘¡Déjame ir! Porque si no, te mato.’
(18) David huyó. Se escapó y fue a Shemuel [Samuel], en Ramá; y le dijo todo lo
que Shaúl [Saúl] le había hecho. Entonces él se fue con Shemuel [Samuel], y
habitaron en Nayot.
(19) Luego avisaron a Shaúl [Saúl], diciendo: ‘He aquí que David está en Nayot,
en Ramá.’
(20) Y Shaúl [Saúl] envió mensajeros para que prendiesen a David. Éstos vieron a
un grupo de profetas que estaban profetizando y a Shemuel [Samuel] que estaba
allí y los presidía. Entonces el espíritu de Elokim vino sobre los mensajeros de
Shaúl [Saúl], y ellos también profetizaron.
(21) Cuando le informaron a Shaúl [Saúl], envió otros mensajeros, los cuales
también profetizaron. Shaúl [Saúl] envió mensajeros por tercera vez, y éstos
también profetizaron.
(22) Finalmente, él mismo fue a Ramá; y al llegar al gran pozo que está en Secú,
preguntó diciendo: -¿Dónde están Shemuel [Samuel] y David? Y le respondieron:
-He aquí que están en Nayot, en Ramá.
(23) Fue a Nayot, en Ramá, y también sobre él vino el espíritu de Elokim, e iba
profetizando hasta que llegó a Nayot, en Ramá.
(24) Él también se despojó de su ropa y se puso a profetizar de la misma manera
delante de Shemuel [Samuel]. Todo aquel día y toda aquella noche estuvo echado
desnudo. Por esto se suele decir: ‘¿También está Shaúl [Saúl] entre los
profetas?’
(1 S. 20:1) David huyó de Nayot, en Ramá. Después acudió a Iehonatán [Jonatán] y
le dijo: -¿Qué he hecho yo? ¿Cuál es mi maldad, o cuál es mi pecado contra tu
padre, para que él trate de quitarme la vida?
(2) Él le respondió: -¡De ninguna manera! No morirás. He aquí que mi padre no
hace cosa grande ni pequeña que no me la revele. ¿Por qué, pues, me ha de
encubrir mi padre este asunto? ¡No será así!
(3) Pero David volvió a jurar diciendo: -Tu padre sabe claramente que yo he
hallado gracia ante tus ojos y pensará: ‘Que Iehonatán [Jonatán] no sepa esto,
no sea que se entristezca.’ Ciertamente, ¡vive el Eterno y vive tu alma, que
apenas hay un paso entre mí y la muerte!
(4) Entonces Iehonatán [Jonatán] dijo a David: -Haré por ti lo que tú digas.
(5) Y David respondió a Iehonatán [Jonatán]: -He aquí que mañana es luna nueva,
y yo debo sentarme con el rey para comer. Pero tú dejarás que me vaya y me
esconda en el campo hasta el atardecer del tercer día.
(6) Si tu padre me echa de menos, dirás: ‘David me pidió encarecidamente que lo
dejase ir de inmediato a Belén, su ciudad, porque todos los de su familia tienen
allá el sacrificio anual.’
(7) Si él dice: ‘Está bien’, entonces tu siervo tendrá paz. Pero si se enoja,
sabrás que el mal está determinado de parte de él.
(8) Tendrás, pues, misericordia de tu siervo, ya que has hecho entrar a tu
siervo en un pacto del Eterno contigo. Si hay maldad en mí, mátame tú. ¿Para qué
llevarme hasta tu padre?
(9) Y Iehonatán [Jonatán] respondió: -¡Nunca te suceda tal cosa! Antes bien, si
llego a saber que está determinado de parte de mi padre que el mal venga contra
ti, ¿no te lo avisaré yo?
(10) Entonces David preguntó a Iehonatán [Jonatán]: -¿Quién me avisará, si tu
padre te responde con aspereza?
(11) Iehonatán [Jonatán] dijo a David: -Ven, salgamos al campo. Salieron ambos
al campo,
(12) y Iehonatán [Jonatán] dijo a David: -Vive el Eterno Elokim de Israel, que
cuando yo haya sondeado a mi padre mañana como a esta hora, la tercera hora, he
aquí que si él muestra buen ánimo para con David, ¿no enviaré yo para hacértelo
saber?
(13) Pero si mi padre quiere hacerte daño, ¡así haga el Eterno a Iehonatán [Jonatán]
y aun le añada, si no te lo hago saber! Así te despediré, y te marcharás en paz;
y que el Eterno esté contigo, como estuvo con mi padre.
(14) Y si quedo vivo, muéstrame la misericordia del Eterno, para que yo no
muera.
(15) Cuando el Eterno destruya de la tierra uno por uno a los enemigos de David,
no elimines para siempre tu misericordia de mi casa.
(16) Así Iehonatán [Jonatán] hizo un pacto con la casa de David, y dijo: -¡el
Eterno lo demande de mano de los enemigos de David!
(17) Iehonatán [Jonatán] hizo jurar de nuevo a David, a causa de su amor por él;
porque le amaba con toda su alma.
(18) Luego le dijo Iehonatán [Jonatán]: -Mañana es luna nueva, y tú serás echado
de menos, porque tu asiento quedará vacío.
(19) Al tercer día descenderás rápidamente y vendrás al lugar donde estabas
escondido cuando empezó este problema. Esperarás junto a aquella piedra.
(20) Yo tiraré tres flechas en esa dirección, simulando tirar al blanco.
(21) Y he aquí que enviaré al muchacho diciéndole: ‘¡Ve y busca las flechas!’ Si
digo al muchacho: ‘¡He aquí, las flechas están más acá de ti; tómalas!’, tú
vendrás; porque hay paz y no hay peligro. ¡Vive el Eterno!
(22) Pero si yo digo al muchacho: ‘¡He allí, las flechas están más allá de ti!’,
vete; porque el Eterno te manda.
(23) Y en cuanto a las palabras que tú y yo hemos hablado, he aquí que el Eterno
es testigo entre tú y yo para siempre.
(24) David se escondió en el campo. Y cuando llegó la luna nueva, el rey se
sentó a la mesa para comer.
(25) Como solía, el rey se sentó en su silla, la silla junto a la pared.
Iehonatán [Jonatán] se levantó, y Abner se sentó al lado de Shaúl [Saúl]; pero
el lugar de David quedó vacío.
(26) Aquel día Shaúl [Saúl] no dijo nada, pues pensó: ‘Algo le habrá acontecido,
y no está purificado. Seguramente no está purificado.’
(27) Pero sucedió que al día siguiente, el segundo día después de la luna nueva,
el asiento de David quedó vacío, por lo que Shaúl [Saúl] preguntó a su hijo
Iehonatán [Jonatán]: -¿Por qué no ha venido a comer el hijo de Isaí, ni ayer ni
hoy?
(28) Iehonatán [Jonatán] respondió a Shaúl [Saúl]: -David me pidió
encarecidamente que le dejase ir a Belén.
(29) Él me dijo: ‘Por favor, déjame ir, porque los de mi familia tenemos un
sacrificio en la ciudad, y mi hermano me lo ha ordenado. Por eso, si he hallado
gracia ante tus ojos, permite que me vaya y visite a mis hermanos.’ Por eso no
ha venido a la mesa del rey.
(30) Entonces Shaúl [Saúl] se enfureció contra Iehonatán [Jonatán] y le dijo:
-¡Hijo de la corrompida y rebelde! ¿Acaso no sé que tú has elegido al hijo de
Isaí, para vergüenza tuya y para vergüenza de la desnudez de tu madre?
(31) Todo el tiempo que el hijo de Isaí viva sobre la tierra, ni tú estarás
firme, ni tu reino. Manda, pues, a traérmelo, porque ha de morir.
(32) Iehonatán [Jonatán] respondió a su padre Shaúl [Saúl] y le dijo: -¿Por qué
tiene que morir? ¿Qué ha hecho?
(33) Entonces Shaúl [Saúl] le arrojó una lanza para herirlo, por lo que
Iehonatán [Jonatán] entendió que estaba decidido de parte de su padre el dar
muerte a David.
(34) Iehonatán [Jonatán] se levantó de la mesa ardiendo en ira, y no comió el
segundo día después de la luna nueva, pues estaba triste por causa de David;
porque su padre le había afrentado.
(35) Sucedió que a la mañana siguiente Iehonatán [Jonatán] salió al campo, según
lo convenido con David; y un muchacho pequeño estaba con él.
(36) Entonces dijo al muchacho: -¡Por favor, corre y busca las flechas que yo
tire! Cuando el muchacho iba corriendo, él tiraba la flecha de modo que pasara
más allá de él.
(37) Cuando el muchacho llegó a donde estaba la flecha que Iehonatán [Jonatán]
había tirado, éste gritó al muchacho diciendo: -¿No está la flecha más allá de
ti?
(38) Y Iehonatán [Jonatán] volvió a gritar tras el muchacho: -¡Date prisa,
apresúrate, no te detengas! El muchacho de Iehonatán [Jonatán] recogió las
flechas y volvió a su señor.
(39) Pero el muchacho no entendió nada; solamente Iehonatán [Jonatán] y David
entendían el asunto.
(40) Después Iehonatán [Jonatán] entregó sus armas al muchacho y le dijo: -Ve y
llévalas a la ciudad.
(41) Cuando el muchacho se fue, David se levantó del lado del sur y se inclinó
tres veces postrándose en tierra. Luego, besándose el uno al otro, lloraron
juntos; aunque David lloró más.
(42) Entonces Iehonatán [Jonatán] dijo a David: -Vete en paz, porque ambos hemos
jurado en el nombre del Eterno, diciendo: ‘el Eterno sea testigo entre tú y yo,
y entre mis descendientes y tus descendientes, para siempre.’
(1 S. 21:1) David se levantó y se fue, y Iehonatán [Jonatán] regresó a la
ciudad.
(2) Entonces David fue a Nob, al sacerdote Ajimelec. Éste se sorprendió al
encontrar a David y le preguntó: -¿Por qué estás tú solo, sin que haya nadie
contigo?
(3) David respondió al sacerdote Ajimelec: -El rey me ha encomendado un asunto y
me ha dicho: ‘Nadie sepa nada de este asunto al cual te envío y que te
encomiendo.’ Y en cuanto a los jóvenes, acordamos reunirnos en cierto lugar.
(4) Ahora pues, ¿qué tienes a mano? Dame cinco panes, o lo que haya.
(5) El sacerdote respondió a David y dijo: -No tengo a mano pan común. Solamente
tengo pan sagrado, si es que los jóvenes se han abstenido, al menos, de mujeres.
(6) David respondió al sacerdote y le dijo: -A la verdad, las mujeres nos han
sido vedadas como antes, al salir; y los cuerpos de los jóvenes están
purificados, aun cuando el camino es profano. Con mayor razón hoy, ellos tienen
sus cuerpos purificados.
(7) Así el sacerdote le dio el pan sagrado, porque allí no había más pan que los
panes de la Presencia, los cuales habían sido retirados de la presencia del
Eterno y reemplazados por panes calientes el día en que fueron quitados.
(8) Aquel día estaba presente allí, detenido delante del Eterno, uno de los
servidores de Shaúl [Saúl], cuyo nombre era Doeg el edomita, el principal de los
pastores de Shaúl [Saúl].
(9) David preguntó a Ajimelec: -¿No tienes aquí a mano una lanza o una espada?
Como las órdenes del rey eran apremiantes, no tomé en mi mano ni mi espada ni
mis otras armas.
(10) El sacerdote respondió: -La espada de Goliat el filisteo, a quien tú
venciste en el valle de Ela, está aquí envuelta en un lienzo, detrás del efod.
Si quieres tomarla, tómala, porque aquí no hay otra sino ésa. Y David dijo:
-¡Ninguna hay como ésa! ¡Dámela!
(11) Aquel día David se levantó y huyó de la presencia de Shaúl [Saúl], y se fue
a Aquis, rey de Gat.
(12) Los servidores de Aquis le dijeron: -¿No es éste David, el rey de la
tierra? ¿No es éste aquel a quien cantaban con danzas, diciendo: ‘Shaúl [Saúl]
derrotó a sus miles, y David a sus diez miles’?
(13) David tomó a pecho estas palabras y tuvo gran temor de Aquis, rey de Gat.
(14) Así que cambió su conducta delante de ellos, fingiéndose loco cuando estaba
con ellos. Hacía marcas en las puertas de la ciudad y dejaba caer su saliva
sobre su barba.
(15) Entonces Aquis dijo a sus servidores: -¡He aquí, veis que éste es un hombre
demente! ¿Por qué me lo habéis traído?
(16) ¿Acaso me faltan locos a mí, para que me traigan a éste, a fin de que haga
locuras en mi presencia? ¿Había éste de entrar en mi casa?
(1 S. 22:1) De allí se fue David y huyó a la cueva de Adulam. Cuando sus
hermanos y toda la casa de su padre oyeron esto, fueron allá a él.
(2) También se juntaron con él todos los oprimidos, todos los endeudados y todos
los amargados de espíritu. David fue hecho jefe de ellos, y tenía consigo unos
400 hombres.
(3) De allí David fue a Mizpa, en Moab, y dijo al rey de Moab: -Permite que mi
padre y mi madre habiten con vosotros hasta que yo sepa lo que Elokim hará de
mí.
(4) Los dejó, pues, con el rey de Moab, y vivieron allí todo el tiempo que David
estuvo en la fortaleza.
(5) Entonces el profeta Gad dijo a David: -No te quedes en la fortaleza. Ve y
entra en la tierra de Yehudá [Judá]. Y David partió y se fue al bosque de Haret.
(6) Shaúl [Saúl] se enteró de que habían sido hallados David y los que estaban
con él. Shaúl [Saúl] estaba en Gabaa, en el lugar alto, debajo de un tamarisco,
y tenía su lanza en su mano. Todos sus servidores estaban de pie alrededor de
él.
(7) Y Shaúl [Saúl] dijo a sus servidores que estaban de pie alrededor de él:
-Escuchad, por favor, vosotros, los de Benjamín: ¿También os ha de dar el hijo
de Isaí tierras y viñas a todos vosotros? ¿Os hará a todos jefes de millares y
de centenas,
(8) para que todos vosotros hayáis conspirado contra mí? No hay quien me revele
cuando mi hijo hace un pacto con el hijo de Isaí, ni hay entre vosotros quien se
conduela de mí y me revele que mi hijo ha levantado contra mí a un servidor mío,
para que me aseche, como lo hace en este día.
(9) Entonces Doeg el edomita, que estaba a cargo de los siervos de Shaúl [Saúl],
respondió: -Yo vi al hijo de Isaí, que fue a Nob, a Ajimelec hijo de Ajitob.
(10) Éste consultó por él al Eterno, le dio provisiones y también le entregó la
espada de Goliat el filisteo.
(11) El rey mandó llamar al sacerdote Ajimelec hijo de Ajitob y a toda su casa
paterna, los sacerdotes que estaban en Nob. Y todos ellos vinieron al rey.
(12) Shaúl [Saúl] dijo: -Escucha, pues, hijo de Ajitob. Y él dijo: -Heme aquí,
señor mío.
(13) Shaúl [Saúl] le preguntó: -¿Por qué conspirasteis contra mí, tú y el hijo
de Isaí, cuando tú le diste pan y espada, y consultaste por él a Elokim, para
que se levantase contra mí y me asechase, como lo hace en este día?
(14) Ajimelec respondió al rey diciendo: -¿Quién entre todos tus servidores es
tan fiel como David, que además es yerno del rey, jefe de tu guardia personal e
ilustre en tu casa?
(15) ¿Acaso fue aquel día la primera vez que consulté por él a Elokim? ¡De
ninguna manera! No culpe el rey de cosa alguna a su siervo ni a toda mi casa
paterna, pues tu siervo no ha sabido ninguna cosa de este asunto, ni grande ni
pequeña.
(16) Y el rey dijo: -¡Morirás irremisiblemente, Ajimelec, tú y toda tu casa
paterna!
(17) Entonces el rey dijo a los de su escolta que estaban apostados alrededor de
él: -¡Volveos y matad a los sacerdotes del Eterno! Porque la mano de ellos
también está con David, y porque sabiendo que él huía, no me lo hicieron saber.
Pero los servidores del rey no quisieron extender su mano para matar a los
sacerdotes del Eterno.
(18) Entonces el rey dijo a Doeg: -¡Vuélvete tú y arremete contra los
sacerdotes! Doeg el edomita se volvió y arremetió contra los sacerdotes y mató
aquel día a ochenta y cinco hombres que vestían efod de lino.
(19) Y a Nob, la ciudad de los sacerdotes, hirió a filo de espada: hombres y
mujeres, niños y lactantes; bueyes, asnos y ovejas; a todos los hirió a filo de
espada.
(20) Pero un hijo de Ajimelec hijo de Ajitob, que se llamaba Abiatar, escapó y
huyó tras David.
(21) Abiatar contó a David cómo Shaúl [Saúl] había hecho matar a los sacerdotes
del Eterno.
(22) Y David dijo a Abiatar: -Yo sabía aquel día que estando allí Doeg el
edomita, él sin falta se lo iba a contar a Shaúl [Saúl]. Yo he sido la causa de
la muerte de todas las personas de tu casa paterna.
(23) Pero tú, quédate conmigo; no temas. Quien atente contra mi vida también
atentará contra la tuya, pero conmigo estarás seguro.
(1 S. 23:1) Dieron aviso a David diciendo: ‘He aquí que los filisteos combaten
contra Queila y saquean las eras.’
(2) Entonces David consultó al Eterno diciendo: -¿Iré a atacar a esos filisteos?
Y el Eterno respondió a David: -Ve, ataca a los filisteos y libra a Queila.
(3) Pero los hombres de David le dijeron: -He aquí que nosotros tenemos miedo
aquí en Yehudá [Judá]; ¡cuánto más si vamos a Queila contra las tropas de los
filisteos!
(4) David volvió a consultar al Eterno, y el Eterno le respondió y dijo:
-Levántate, desciende a Queila, porque yo entregaré en tu mano a los filisteos.
(5) David partió con sus hombres a Queila, combatió contra los filisteos, se
llevó sus ganados y les ocasionó una gran derrota. Así libró David a los
habitantes de Queila.
(6) Aconteció que cuando Abiatar hijo de Ajimelec huyó a donde estaba David, a
Queila, llevó consigo el efod.
(7) Y cuando le fue dicho a Shaúl [Saúl] que David había ido a Queila, Shaúl
[Saúl] pensó: ‘Elokim lo ha entregado en mi mano, pues él se ha encerrado a sí
mismo al entrar en una ciudad con puertas y cerrojos.’
(8) Entonces Shaúl [Saúl] convocó a todo el pueblo para la batalla, para
descender a Queila y sitiar a David y a sus hombres.
(9) Pero entendiendo David que Shaúl [Saúl] planeaba el mal contra él, dijo al
sacerdote Abiatar: -Trae el efod.
(10) Entonces David dijo: -oh Eterno Elokim de Israel: Tu siervo tiene entendido
que Shaúl [Saúl] trata de venir a Queila para destruir la ciudad por causa mía.
(11) ¿Me entregarán los señores de Queila en su mano? ¿Descenderá Shaúl [Saúl],
como tu siervo ha oído? oh Eterno Elokim de Israel, revélalo, por favor, a tu
siervo. Y el Eterno respondió: -Sí, descenderá.
(12) Luego preguntó David: -¿Me entregarán los señores de Queila, a mí y a mis
hombres, en mano de Shaúl [Saúl]? Y el Eterno respondió: -Sí, te entregarán.
(13) Entonces David se levantó con sus hombres, que eran unos 600, salieron de
Queila y deambularon sin rumbo fijo. Y llegó a Shaúl [Saúl] la noticia de que
David se había escapado de Queila, por lo cual desistió de salir.
(14) David se quedó en el desierto, en los lugares de difícil acceso; se quedó
en las montañas del desierto de Zif. Shaúl [Saúl] lo buscaba todos los días,
pero Elokim no lo entregó en su mano.
(15) Y David, al ver que Shaúl [Saúl] había salido en asecho de su vida, se
quedó en Hores, en el desierto de Zif.
(16) Entonces Iehonatán [Jonatán] hijo de Shaúl [Saúl] se levantó y fue a David
en Hores, y le fortaleció en Elokim.
(17) Le dijo: -No temas, porque la mano de mi padre Shaúl [Saúl] no te
encontrará. Tú reinarás sobre Israel, y yo seré segundo después de ti. Aun Shaúl
[Saúl] mi padre lo sabe.
(18) Ambos hicieron un pacto ante el Eterno. Después David se quedó en Hores, y
Iehonatán [Jonatán] se volvió a su casa.
(19) Los de Zif subieron a decir a Shaúl [Saúl], en Gabaa: -¿No está David
escondido entre nosotros, en los lugares de difícil acceso de Hores, en la
colina de Haquila, que está al sur de Jesimón?
(20) Ahora, oh rey, desciende pronto, conforme a todo el deseo de tu alma, y
nosotros lo entregaremos en mano del rey.
(21) Y Shaúl [Saúl] dijo: -el Eterno os bendiga, porque habéis tenido compasión
de mí.
(22) Por favor, id y aseguraos bien. Averiguad y ved el lugar por donde anda y
quién lo ha visto allí, porque me han dicho que él es sumamente astuto.
(23) Mirad y reconoced todos los escondrijos en donde se oculta. Luego volved a
mí con información exacta, y yo iré con vosotros. Si él está en la zona, yo le
buscaré entre todos los millares de Yehudá [Judá].
(24) Ellos se levantaron y se fueron a Zif, antes que Shaúl [Saúl]. Pero David y
sus hombres ya estaban en el desierto de Maón, en el Arabá, al sur de Jesimón.
(25) Shaúl [Saúl] partió con sus hombres para buscar a David. Pero avisaron a
David, quien bajó de la peña y permaneció en el desierto de Maón. Cuando Shaúl
[Saúl] lo oyó, persiguió a David en el desierto de Maón.
(26) Shaúl [Saúl] iba por un lado del monte, y David con sus hombres iba por el
otro lado del monte. David se daba prisa para escapar de Shaúl [Saúl], porque
Shaúl [Saúl] y sus hombres estaban rodeando a David y a sus hombres, a fin de
capturarlos.
(27) Entonces llegó a Shaúl [Saúl] un mensajero, diciendo: -Date prisa y ven,
porque los filisteos han hecho una incursión en el territorio.
(28) Por tanto, Shaúl [Saúl] desistió de perseguir a David y partió contra los
filisteos. Por esta razón pusieron por nombre a aquel lugar Sela-hamajlecot.
(29) De allí David subió y habitó en los lugares de difícil acceso de En-guedi.
(1 S. 24:1) Sucedió que cuando Shaúl [Saúl] volvió de atacar a los filisteos, le
avisaron diciendo: ‘He aquí que David está en el desierto de En-guedi.’
(2) Entonces Shaúl [Saúl] tomó a 3.000 hombres escogidos de todo Israel y fue en
busca de David y de sus hombres, por las cumbres de los peñascos de las cabras
monteses.
(3) En el camino, Shaúl [Saúl] llegó a un redil de ovejas donde había una cueva,
y entró allí para hacer sus necesidades. David y sus hombres estaban sentados en
la parte más recóndita de la cueva.
(4) Y sus hombres dijeron a David: -Éste es el día del cual te dijo el Eterno:
‘He aquí, yo entregaré a tu enemigo en tu mano, y harás con él lo que te parezca
bien.’ Entonces David se levantó y cortó el borde del manto de Shaúl [Saúl], sin
ser notado.
(5) Sucedió después de esto que el corazón de David le golpeaba, por haber
cortado el borde del manto de Shaúl [Saúl].
(6) Y David dijo a sus hombres: -el Eterno me libre de hacer tal cosa contra mi
señor, el ungido del Eterno: que yo extienda mi mano contra él, porque él es el
ungido del Eterno.
(7) Entonces David reprimió a sus hombres con palabras y no les permitió que
atacasen a Shaúl [Saúl]. Luego Shaúl [Saúl] salió de la cueva y continuó su
camino.
(8) Después David se levantó, salió de la cueva y gritó detrás de Shaúl [Saúl]
diciendo: -¡Mi señor el rey! Cuando Shaúl [Saúl] miró atrás, David inclinó su
rostro a tierra y se postró.
(9) Entonces David preguntó a Shaúl [Saúl]: -¿Por qué escuchas las palabras de
los hombres que dicen: ‘He aquí que David busca tu mal’?
(10) He aquí, tus ojos han visto en este día cómo el Eterno te ha puesto hoy en
mi mano en la cueva. Me dijeron que te matara, pero yo tuve compasión de ti y
dije: ‘No extenderé mi mano contra mi señor, porque él es el ungido del Eterno.’
(11) ¡Mira, padre mío! Mira el borde de tu manto en mi mano. Yo corté el borde
de tu manto, pero no te maté. Mira, pues, y reconoce que no hay maldad ni
rebelión en mí. Yo no he pecado contra ti, pero tú andas a la caza de mi vida,
para quitármela.
(12) Que el Eterno juzgue entre tú y yo, y que el Eterno me vengue de ti; pero
mi mano no será contra ti.
(13) Como dice el proverbio de los antiguos: ‘De los impíos saldrá la impiedad.’
Pero mi mano no será contra ti.
(14) ¿Tras quién ha salido el rey de Israel? ¿A quién persigues? ¿A un perro
muerto? ¿A una pulga?
(15) Que el Eterno sea el juez y juzgue entre tú y yo. Que él vea y contienda
por mi causa, y me defienda de tu mano.
(16) Y sucedió que cuando David acabó de decir a Shaúl [Saúl] estas palabras,
Shaúl [Saúl] preguntó: -¿No es ésa tu voz, David, hijo mío? Entonces Shaúl
[Saúl] alzó su voz y lloró.
(17) Luego dijo a David: -Tú eres más justo que yo, porque tú me has tratado
bien, cuando yo te he tratado mal.
(18) Tú has demostrado hoy que me has hecho bien, porque el Eterno me entregó en
tu mano, y tú no me mataste.
(19) Cuando un hombre halla a su enemigo, ¿lo deja ir sano y salvo? ¡el Eterno
te recompense con bien por lo que has hecho conmigo este día!
(20) Ahora, he aquí yo sé que tú ciertamente has de reinar y que el reino de
Israel ha de ser estable en tu mano.
(21) Ahora pues, júrame por el Eterno que no eliminarás a mis descendientes
después de mí, ni borrarás mi nombre de mi casa paterna.
(22) David se lo juró a Shaúl [Saúl], y Shaúl [Saúl] regresó a su casa. Entonces
David y sus hombres subieron a la fortaleza.
(1 S. 25:1) Shemuel [Samuel] murió, y todo Israel se reunió para hacer
lamentación por él. Y lo sepultaron en su casa, en Ramá. Entonces se levantó
David y descendió al desierto de Parán.
(2) Había en Maón un hombre que tenía sus posesiones en Carmel. El hombre era
muy rico, pues tenía 3.000 ovejas y 1.000 cabras; y se hallaba esquilando sus
ovejas en Carmel.
(3) El hombre se llamaba Nabal, y su mujer se llamaba Abigaíl. Ella era una
mujer muy inteligente y bella, pero el hombre era brusco y de malas acciones. Él
era del clan de Caleb.
(4) David oyó en el desierto que Nabal estaba esquilando sus ovejas.
(5) Entonces David envió a diez jóvenes, diciéndoles: -Subid a Carmel e id a
Nabal. Saludadle en mi nombre
(6) y decidle así: ‘¡La paz sea contigo! ¡La paz sea con tu familia! ¡La paz sea
con todo lo que tienes!
(7) He sabido que estabas esquilando. Ahora bien, tus pastores han estado con
nosotros, y nunca les hicimos daño, ni les ha faltado nada durante todo el
tiempo que han estado en Carmel.
(8) Pregunta a tus criados, y ellos te lo confirmarán. Por tanto, hallen gracia
ante tus ojos estos mis jóvenes, porque venimos en un día de fiesta. Por favor,
da a tus siervos y a tu hijo David lo que tengas a mano.’
(9) Cuando llegaron los jóvenes de David, dijeron a Nabal todas estas palabras
en nombre de David, y se quedaron esperando.
(10) Entonces Nabal respondió a los siervos de David, diciendo: -¿Quién es
David? ¿Quién es el hijo de Isaí? Hoy hay muchos esclavos que se escapan de sus
amos.
(11) ¿He de tomar yo ahora mi pan, mi agua y la carne que he preparado para mis
esquiladores, para darlos a unos hombres que ni sé de dónde son?
(12) Los jóvenes de David se volvieron por su camino y regresaron; y cuando
llegaron, refirieron a David todas estas palabras.
(13) Luego David dijo a sus hombres: -¡Cíñase cada uno su espada! Y cada uno se
ciñó su espada. También David se ciñó su espada, y subieron tras David unos 400
hombres, dejando otros 200 con el equipaje.
(14) Pero uno de los criados avisó a Abigaíl, mujer de Nabal, diciendo: -He aquí
que David envió unos mensajeros desde el desierto para que saludaran a nuestro
amo, y él los ha zaherido,
(15) a pesar de que esos hombres han sido muy buenos con nosotros. Nunca nos han
hecho daño, ni nos ha faltado nada mientras hemos andado con ellos cuando
estábamos en el campo.
(16) Nos han servido como muro de día y de noche, todos los días que hemos
estado apacentando las ovejas entre ellos.
(17) Ahora pues, mira y reconoce lo que has de hacer, porque el mal está
decidido contra nuestro amo y contra toda su casa, pues él es un hombre de tan
mal carácter que no hay quien pueda hablarle.
(18) Entonces Abigaíl se apresuró y tomó 200 panes, 2 tinajas de vino, 5 ovejas
ya preparadas, 5 medidas de grano tostado, 100 tortas de pasas y 200 panes de
higos secos, y los cargó sobre unos asnos.
(19) Luego dijo a sus criados: -Id delante de mí, y he aquí que yo voy tras
vosotros. Pero nada reveló a su marido Nabal.
(20) Y sucedió que cuando ella, montada sobre un asno, descendía por la parte
opuesta de la colina, he aquí que David y sus hombres venían en dirección
contraria. Y ella fue a encontrarles.
(21) David había dicho: ‘Ciertamente en vano he guardado todo lo que éste tiene
en el desierto, sin que nada le haya faltado de todo cuanto le pertenece. Él me
ha devuelto mal por bien.
(22) ¡Así haga Elokim a los enemigos de David y aun les añada, si antes de la
mañana dejo vivo a un solo hombre de todos los que le pertenecen!’
(23) Cuando Abigaíl vio a David, se apresuró y bajó del asno; y cayendo delante
de David sobre su rostro, se postró en tierra.
(24) Se echó a sus pies y le dijo: -¡Señor mío, sea la culpa sobre mí! Pero
permite que tu sierva hable a tus oídos, y escucha las palabras de tu sierva.
(25) Por favor, no haga caso mi señor de este hombre de mal carácter, Nabal.
Porque como su nombre, así es él: Su nombre es Nabal, y la insensatez está con
él. Pero yo, tu sierva, no vi a los jóvenes de mi señor, a los cuales enviaste.
(26) Ahora pues, señor mío, vive el Eterno y vive tu alma, que el Eterno ha
impedido que llegaras a derramar sangre y a vengarte por tu propia mano. Ahora,
sean como Nabal tus enemigos y los que procuran el mal contra mi señor.
(27) Pero ahora, dése a los jóvenes que siguen a mi señor este regalo que tu
sierva ha traído a mi señor.
(28) Te ruego que perdones la ofensa de tu sierva, pues de cierto el Eterno
edificará una casa firme a mi señor, porque mi señor está dirigiendo las
batallas del Eterno. Que no sea hallado mal en ti en toda tu vida.
(29) Aunque alguien se levante para perseguirte y atentar contra tu vida, de
todos modos la vida de mi señor será conservada en el conjunto de los que viven
con el Eterno tu Elokim. Y él arrojará la vida de tus enemigos como de en medio
del hueco de una honda.
(30) Acontecerá que cuando el Eterno haga con mi señor conforme a todo el bien
que ha hablado de ti y te haya designado como soberano de Israel,
(31) entonces, señor mío, no será para ti motivo de remordimiento ni estorbo
para la conciencia el haber derramado sangre en vano, ni el que mi señor se haya
vengado por sí mismo. Y cuando el Eterno haga el bien a mi señor, acuérdate de
tu sierva.
(32) David dijo a Abigaíl: -¡Bendito sea el Eterno Elokim de Israel, que te
envió hoy a mi encuentro!
(33) Bendito sea tu buen juicio, y bendita seas tú, que hoy me has impedido ir a
derramar sangre y a vengarme por mi propia mano.
(34) No obstante, vive el Eterno Elokim de Israel que me ha impedido hacerte
daño; pues si no te hubieras apresurado a venir a mi encuentro, antes del
amanecer no le habría quedado a Nabal ni un solo hombre con vida.
(35) David recibió de su mano lo que ella le había traído y le dijo: -Vuelve a
tu casa en paz. Mira que he escuchado tu voz y que te he tratado con respeto.
(36) Abigaíl regresó a Nabal. Y he aquí que él tenía un banquete en su casa,
como el banquete de un rey, y el corazón de Nabal estaba eufórico. Él estaba muy
ebrio, por lo cual ella no le reveló nada del asunto hasta el día siguiente.
(37) Pero por la mañana, cuando a Nabal se le había pasado el efecto del vino,
su mujer le contó estas cosas. Entonces se le paralizó el corazón, y se quedó
como una piedra.
(38) Y sucedió, después de unos diez días, que el Eterno hirió a Nabal, y él
murió.
(39) Cuando David oyó que Nabal había muerto, dijo: -¡Bendito sea el Eterno, que
juzgó la causa de mi afrenta recibida de parte de Nabal y ha preservado a su
siervo del mal! ¡el Eterno mismo ha hecho caer la maldad de Nabal sobre su
propia cabeza! Después David mandó hablar a Abigaíl, para tomarla por mujer
suya.
(40) Los siervos de David fueron a Abigaíl, a Carmel, y hablaron con ella
diciendo: -David nos ha enviado a ti para tomarte por mujer para él.
(41) Ella se levantó y se postró con el rostro a tierra, diciendo: -He aquí tu
sierva, para que sea la sierva que lave los pies de los siervos de mi señor.
(42) Entonces Abigaíl se apresuró y levantándose montó sobre un asno; y con las
cinco criadas que le atendían, siguió a los mensajeros de David. Y vino a ser su
mujer.
(43) David también tomó como mujer a Ajinoam, de Jezreel. Ambas fueron sus
mujeres,
(44) pues Shaúl [Saúl] había dado a su hija Mical, mujer de David, a Palti hijo
de Lais, que era de Galim.
(1 S. 26:1) Entonces los de Zif fueron a Shaúl [Saúl], a Gabaa, y le dijeron:
-¿No está David escondido en la colina de Haquila, que mira hacia Jesimón?
(2) Shaúl [Saúl] se levantó y descendió al desierto de Zif, acompañado por 3.000
hombres escogidos de Israel, para buscar a David en el desierto de Zif.
(3) Y Shaúl [Saúl] acampó en la colina de Haquila, que mira hacia Jesimón, junto
al camino. David, que permanecía en el desierto, vio que Shaúl [Saúl] había
venido al desierto tras él.
(4) Luego David envió espías y supo con certeza que Shaúl [Saúl] había venido.
(5) Después David se levantó y se fue al lugar donde Shaúl [Saúl] había
acampado. Entonces David observó bien el lugar donde estaban acostados Shaúl
[Saúl] y Abner hijo de Ner, jefe de su ejército. Shaúl [Saúl] estaba acostado en
el centro del campamento, y la gente estaba acampada alrededor de él.
(6) David preguntó a Ajimelec el heteo y a Abisai, hijo de Tzeruiá [Sarvia],
hermano de Ioav [Joab], diciendo: -¿Quién descenderá conmigo al campamento, a
Shaúl [Saúl]? Y Abisai dijo: -Yo descenderé contigo.
(7) Entonces David y Abisai fueron de noche a la gente de guerra, y he aquí que
Shaúl [Saúl] estaba acostado, durmiendo en el centro del campamento, con su
lanza clavada en la tierra, a su cabecera. Abner y el pueblo estaban acostados
alrededor de él.
(8) Entonces Abisai dijo a David: -¡Hoy ha entregado Elokim a tu enemigo en tu
mano! Ahora pues, déjame que lo hiera con la lanza. Lo clavaré en la tierra de
un solo golpe, y no tendré que darle un segundo.
(9) David respondió a Abisai: -No lo mates, porque ¿quién extenderá su mano
contra el ungido del Eterno y quedará sin culpa?
(10) -Dijo además David-: Vive el Eterno, que el Eterno mismo lo herirá; o le
llegará su día, y morirá; o irá a la guerra, y perecerá.
(11) Pero el Eterno me libre de extender mi mano contra el ungido del Eterno.
Ahora pues, por favor, toma la lanza que está a su cabecera y la cantimplora de
agua, y vámonos.
(12) David tomó la lanza y la cantimplora de agua de la cabecera de Shaúl
[Saúl], y ellos se fueron. No hubo nadie que viese, ni nadie que se diese
cuenta, ni nadie que se despertase. Todos dormían, porque había caído sobre
ellos un profundo sueño de parte del Eterno.
(13) David pasó al otro lado y se detuvo a lo lejos, sobre la cumbre de la
colina. Había una considerable distancia entre ellos.
(14) Y David gritó al pueblo y a Abner hijo de Ner, diciendo: -¿No respondes,
Abner? Abner respondió y dijo: -¿Quién eres tú, que gritas al rey?
(15) David preguntó a Abner: -¿No eres tú un hombre? ¿Quién hay como tú en
Israel? ¿Por qué, pues, no has protegido al rey, tu señor? Porque uno del pueblo
entró para destruir al rey, tu señor.
(16) Esto que has hecho no está bien. ¡Vive el Eterno, que sois dignos de
muerte, porque no habéis guardado a vuestro señor, el ungido del Eterno! Ahora,
mira dónde está la lanza del rey, y la cantimplora de agua que estaba a su
cabecera.
(17) Shaúl [Saúl] reconoció la voz de David y preguntó: -¿No es ésa tu voz,
David, hijo mío? David respondió: -¡Sí, es mi voz, oh mi señor el rey!
(18) -Y añadió-: ¿Por qué persigue así mi señor a su siervo? ¿Qué he hecho? ¿Qué
maldad hay en mi mano?
(19) Ahora, por favor, escuche mi señor el rey las palabras de su siervo. Si el
Eterno te ha incitado contra mí, que él acepte una ofrenda. Pero si han sido
hombres, sean ellos malditos delante del Eterno, porque hoy me han expulsado
para que yo no tenga parte en la heredad del Eterno, diciendo: ‘¡Ve y sirve a
dioses ajenos!’
(20) Ahora pues, no caiga mi sangre en tierra lejos de la presencia del Eterno,
porque el rey de Israel ha salido para buscar una pulga, como quien persigue una
perdiz por los montes.
(21) Entonces Shaúl [Saúl] dijo: -He pecado. Vuelve, David, hijo mío, porque
ningún mal te haré en adelante, pues hoy mi vida ha sido estimada preciosa ante
tus ojos. He aquí que he actuado neciamente y he cometido un grave error.
(22) David respondió y dijo: -He aquí la lanza del rey. Pase aquí alguno de los
jóvenes y tómela.
(23) El Eterno pague a cada uno según su justicia y su lealtad, porque el Eterno
te entregó hoy en mi mano, pero yo no quise extender mi mano contra el ungido
del Eterno.
(24) Y he aquí, como tu vida ha sido valiosa ante mis ojos en este día, así sea
valiosa mi vida ante los ojos del Eterno, y él me libre de toda aflicción.
(25) Shaúl [Saúl] dijo a David: -¡Bendito seas, David, hijo mío! Sin duda, tú
harás grandes cosas y ciertamente triunfarás. Después David continuó su camino,
y Shaúl [Saúl] regresó a su lugar.
(1 S. 27:1) David dijo en su corazón: ‘Ahora bien, algún día voy a perecer por
la mano de Shaúl [Saúl]. Nada será mejor para mí que escapar de inmediato a la
tierra de los filisteos, para que Shaúl [Saúl] deje de ocuparse de mí y no me
ande buscando por todo el territorio de Israel. Así escaparé de su mano.’
(2) Se levantó pues David y se pasó, con los 600 hombres que estaban con él, a
Aquis hijo de Maoc, rey de Gat.
(3) David habitó con Aquis en Gat, él y sus hombres, cada uno con su familia, y
David con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de
Nabal, de Carmel.
(4) A Shaúl [Saúl] le llegó la noticia de que David había huido a Gat, y no lo
buscó más.
(5) Entonces David dijo a Aquis: -Si he hallado ahora gracia ante tus ojos, por
favor, que se me dé un lugar en alguna de las ciudades en el campo, para que
habite allí. ¿Por qué ha de habitar tu siervo contigo en la ciudad real?
(6) Aquel día Aquis le dio la ciudad de Siclag. Por esto Siclag pertenece a los
reyes de Yehudá [Judá], hasta el día de hoy.
(7) Y el tiempo que David habitó en la tierra de los filisteos fue de un año y
cuatro meses.
(8) David subía con sus hombres, y hacían incursiones contra los de Gesur, los
de Gezer y los de Amalec; pues desde antaño éstos habitaban en aquella tierra,
desde las inmediaciones de Shur hasta la tierra de Egipto.
(9) David atacaba la tierra y no dejaba vivo hombre ni mujer. Se llevaba las
ovejas, las vacas, los asnos, los camellos y la ropa; y después regresaba e iba
a Aquis.
(10) Cuando Aquis preguntaba: ‘¿Contra quién habéis hecho hoy la incursión?’,
David respondía: ‘Contra el Néguev de Yehudá [Judá]’, o ‘Contra el Néguev de
Jerameel’, o ‘Contra el Néguev de los queneos.’
(11) David no dejaba que llevaran a Gat con vida ni hombres ni mujeres, porque
decía: ‘No sea que informen acerca de nosotros diciendo: ‘Esto hizo David.» Así
fue su manera de proceder todo el tiempo que vivió en la tierra de los
filisteos.
(12) Aquis creía a David y pensaba: ‘Él ha llegado a hacerse odioso a su pueblo
Israel, de modo que será mi siervo para siempre.’
(1 S. 28:1) Aconteció que en aquellos días los filisteos reunieron sus tropas en
un ejército para combatir contra Israel. Entonces Aquis dijo a David: -Bien
sabes que debes ir conmigo a la campaña tú con tus hombres.
(2) David respondió a Aquis: -Sabrás, pues, lo que puede hacer tu servidor. Y
Aquis dijo a David: -Entonces te haré mi guarda personal para siempre.
(3) Shemuel [Samuel] ya había muerto, y todo Israel había lamentado su partida.
Lo habían sepultado en su ciudad, en Ramá. Y Shaúl [Saúl] había quitado del país
a los que evocaban a los muertos y a los adivinos.
(4) Los filisteos se reunieron, vinieron y acamparon en Sunem. Shaúl [Saúl]
reunió a todo Israel, y ellos acamparon en Gilboa.
(5) Al ver Shaúl [Saúl] el campamento de los filisteos, se atemorizó, y su
corazón se estremeció en gran manera.
(6) Entonces Shaúl [Saúl] consultó al Eterno, pero el Eterno no le respondió ni
por sueños, ni por Urim, ni por los profetas.
(7) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a sus servidores: -Buscadme una mujer que sepa
evocar a los muertos, para que yo vaya a ella y consulte por medio de ella. Sus
servidores le respondieron: -He aquí que en Endor hay una mujer que sabe evocar
a los muertos.
(8) Shaúl [Saúl] se disfrazó poniéndose otra ropa, y fue con dos hombres.
Llegaron de noche a la mujer, y él dijo: -Por favor, evócame a los muertos y haz
que suba quien yo te diga.
(9) Pero la mujer le respondió: -He aquí, tú sabes lo que ha hecho Shaúl [Saúl];
cómo ha quitado del país a los que evocan a los muertos y a los adivinos. ¿Por
qué, pues, pones una trampa a mi vida para causarme la muerte?
(10) Shaúl [Saúl] le juró por el Eterno, diciendo: -¡Vive el Eterno, que ningún
mal te vendrá por esto!
(11) Entonces la mujer preguntó: -¿A quién haré que suba? Él respondió: -Haz que
suba Shemuel [Samuel].
(12) Al ver la mujer a Shemuel [Samuel], gritó fuertemente. Y la mujer habló a
Shaúl [Saúl] diciendo: -¿Por qué me has engañado? ¡Tú eres Shaúl [Saúl]!
(13) El rey le dijo: -No tengas miedo. ¿Qué has visto? La mujer respondió a
Shaúl [Saúl]: -He visto un ser divino que sube de la tierra.
(14) Entonces él le preguntó: -¿Qué aspecto tiene? Ella respondió: -Sube un
hombre anciano, envuelto en un manto. Shaúl [Saúl] entendió que era Shemuel
[Samuel], e inclinando el rostro a tierra se postró.
(15) Entonces Shemuel [Samuel] preguntó a Shaúl [Saúl]: -¿Por qué me has
molestado haciéndome subir? Shaúl [Saúl] respondió: -Estoy muy angustiado, pues
los filisteos combaten contra mí, y Elokim se ha apartado de mí. No me responde
más, ni por medio de profetas, ni por sueños. Por esto te he llamado, para que
me declares lo que tengo que hacer.
(16) Entonces Shemuel [Samuel] dijo: -¿Para qué me preguntas a mí, puesto que el
Eterno se ha apartado de ti y se ha vuelto tu adversario?
(17) El Eterno ha hecho lo que dijo por medio de mí, pues el Eterno ha quitado
el reino de tu mano y lo ha dado a tu prójimo, a David;
(18) porque no obedeciste la voz del Eterno ni ejecutaste el ardor de su ira
contra Amalec. Por eso el Eterno te ha hecho esto hoy.
(19) Además, el Eterno entregará a Israel y también a ti en mano de los
filisteos. Mañana estaréis conmigo, tú y tus hijos. El Eterno entregará también
el ejército de Israel en mano de los filisteos.
(20) Entonces Shaúl [Saúl] cayó en tierra, tan largo como era, y tuvo gran temor
por las palabras de Shemuel [Samuel]. No le quedaban fuerzas, pues no había
comido nada en todo el día ni en toda la noche.
(21) Luego la mujer vino a Shaúl [Saúl]; y al verle tan aterrorizado, le dijo:
-He aquí que tu sierva ha obedecido tu voz. He arriesgado mi vida y he escuchado
las palabras que me has hablado.
(22) Ahora pues, te ruego que tú también escuches la voz de tu sierva: Permíteme
poner delante de ti un pedazo de pan, a fin de que comas y recuperes fuerzas
para seguir tu camino.
(23) Él rehusó diciendo: -No comeré. Pero sus servidores, junto con la mujer, le
insistieron; y él les escuchó. Luego se levantó del suelo y se sentó sobre la
cama.
(24) La mujer tenía en la casa un ternero engordado, y se apresuró a matarlo.
Luego tomó harina, la amasó y coció con ella panes sin levadura.
(25) Los puso delante de Shaúl [Saúl] y de sus servidores. Después que comieron,
se levantaron y partieron aquella misma noche.
(1 S. 29:1) Los filisteos reunieron todas sus tropas en Afec, e Israel acampó
junto al manantial que está en Jezreel.
(2) Cuando los gobernantes de los filisteos pasaron revista a sus batallones de
cien y de mil hombres, se halló que David y sus hombres iban en la retaguardia,
con Aquis.
(3) Entonces los jefes de los filisteos preguntaron: -¿Qué hacen aquí estos
hebreos? Aquis respondió a los jefes de los filisteos: -¿No es éste David,
siervo de Shaúl [Saúl] rey de Israel, que ha estado conmigo por días y por años,
y en quien no he hallado nada malo desde el día en que se pasó a mí, hasta el
día de hoy?
(4) Pero los jefes de los filisteos se enojaron contra él y le dijeron: -Haz
volver a ese hombre. Que se vuelva al lugar que le señalaste y que no venga con
nosotros a la batalla, no sea que en la batalla se vuelva nuestro enemigo.
Porque, ¿con qué cosa ganaría mejor el favor de su señor que con las cabezas de
estos hombres?
(5) ¿No es éste David, de quien cantaban con danzas diciendo: ‘Shaúl [Saúl]
derrotó a sus miles, y David a sus diez miles’?
(6) Entonces Aquis llamó a David y le dijo: -¡Vive el Eterno, que tú has sido
recto! Me ha parecido bien tu salir y tu entrar en el ejército conmigo, pues
ninguna cosa mala he hallado en ti desde el día que viniste a mí, hasta el día
de hoy. Pero a los ojos de los gobernantes tú no eres grato.
(7) Ahora pues, vuelve y vete en paz, para no desagradar a los gobernantes de
los filisteos.
(8) David preguntó a Aquis: -Pero, ¿qué he hecho? ¿Qué has hallado en tu siervo,
desde el día que vine a estar contigo hasta el día de hoy, para que yo no vaya y
luche contra los enemigos de mi señor el rey?
(9) Aquis respondió y dijo a David: -Yo sé que tú eres grato a mis ojos, como un
enviado de Elokim. Pero los jefes de los filisteos han dicho: ‘Que él no vaya a
la batalla con nosotros.’
(10) Levántate, pues, muy de mañana, tú y los siervos de tu señor que han venido
contigo. Y levantándoos muy de mañana, partid al amanecer.
(11) Entonces David y sus hombres se levantaron muy de mañana para irse y
regresar a la tierra de los filisteos, y los filisteos subieron a Jezreel.
(1 S. 30:1) Cuando David y sus hombres llegaron a Siclag al tercer día, los
amalequitas habían hecho una incursión en el Néguev y en Siclag. Habían atacado
Siclag y la habían incendiado.
(2) También se habían llevado cautivas a las mujeres y a todos los que estaban
en ella, desde el menor hasta el mayor. Pero no mataron a nadie, sino que los
tomaron cautivos y siguieron su camino.
(3) David y sus hombres llegaron a la ciudad, y he aquí que estaba incendiada y
que sus mujeres, sus hijos y sus hijas habían sido llevados cautivos.
(4) Entonces David y la gente que estaba con él alzaron su voz y lloraron hasta
que les faltaron las fuerzas para llorar.
(5) También habían sido tomadas cautivas las dos mujeres de David, Ajinoam, de
Jezreel, y Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel.
(6) David estaba muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo. Todo el
pueblo estaba con ánimo amargado, cada uno por causa de sus hijos y de sus
hijas. Pero David se fortaleció en el Eterno su Elokim.
(7) Entonces David dijo al sacerdote Abiatar hijo de Ajimelec: -Tráeme, por
favor, el efod. Abiatar trajo el efod a David,
(8) y David consultó al Eterno diciendo: -¿He de perseguir a esa banda? ¿La
podré alcanzar? Y el Eterno le respondió: -Persíguela, porque de cierto la
alcanzarás y librarás a los cautivos.
(9) Entonces David partió con los 600 hombres que estaban con él, y llegaron
hasta el arroyo de Besor, donde se quedaron algunos de ellos.
(10) Pero David continuó persiguiendo, él con 400 hombres, porque 200 se
quedaron atrás, los cuales estaban muy agotados para pasar el arroyo de Besor.
(11) Hallaron en el campo a un hombre egipcio y lo llevaron a David. Le dieron
pan para comer y agua para beber.
(12) También le dieron un pedazo de torta de higos secos y dos tortas de pasas.
Después que comió, recobró sus fuerzas, pues no había comido pan ni había bebido
agua durante tres días y tres noches.
(13) Entonces David le preguntó: -¿De quién eres tú? ¿De dónde eres tú? Y
respondió: -Yo soy un joven egipcio, siervo de un amalequita. Mi amo me abandonó
hace tres días, porque yo estaba enfermo.
(14) Nosotros hicimos una incursión en la región del Néguev de los quereteos, en
el de Yehudá [Judá], y en el Néguev de Caleb. También incendiamos Siclag.
(15) David le preguntó: -¿Podrás llevarme tú a esa banda? Él respondió: -Júrame
por Elokim que no me matarás ni me entregarás en mano de mi amo, y yo te llevaré
a esa banda.
(16) Entonces los llevó, y he aquí que estaban desparramados sobre la superficie
de toda la tierra, comiendo, bebiendo y haciendo fiesta por todo aquel gran
botín que habían tomado de la tierra de los filisteos y de la tierra de Yehudá
[Judá].
(17) David los atacó desde antes del amanecer hasta la tarde del día siguiente.
Ninguno de ellos escapó, excepto unos 400 jóvenes que montaron en los camellos y
huyeron.
(18) Así libró David todo lo que habían tomado los amalequitas. Asimismo, David
libró a sus dos mujeres.
(19) No les faltó cosa alguna, ni pequeña ni grande, ni de los hijos, ni de las
hijas, ni de las cosas robadas, ni nada de cuanto habían tomado para sí. Todo lo
recuperó David.
(20) David tomó también todas las ovejas y las vacas. Y llevándolas delante del
otro ganado, decían: -¡Éste es el botín de David!
(21) Entonces David vino a los 200 hombres que habían quedado muy agotados para
seguirle, a los cuales habían hecho quedar en el arroyo de Besor. Ellos salieron
a recibir a David y a la gente que venía con él. Y cuando David se acercó a
aquella gente, les saludó deseándoles paz.
(22) Entonces intervinieron todos los malos y perversos que había entre los
hombres que habían ido con David, y dijeron: -Puesto que no fueron con nosotros,
no les daremos del botín que hemos salvado, excepto a cada uno su mujer y sus
hijos; que los tomen y que se vayan.
(23) Pero David respondió: -No hagáis eso, hermanos míos, con lo que nos ha dado
el Eterno, quien nos ha protegido y ha entregado en nuestra mano la banda que
vino contra nosotros.
(24) ¿Quién os escuchará en este asunto? Igual parte han de tener los que
descienden a la batalla y los que se quedan con el equipaje. ¡Que se lo repartan
por igual!
(25) Y sucedió que desde aquel día en adelante él hizo que esto fuera ley y
decreto en Israel, hasta el día de hoy.
(26) Cuando David llegó a Siclag, envió parte del botín a sus amigos, los
ancianos de Yehudá [Judá], diciendo: ‘He aquí un regalo para vosotros del botín
de los enemigos del Eterno.’
(27) Lo envió a los que estaban en Betel, a los de Ramot en el Néguev, a los de
Jatir,
(28) a los de Aroer, a los de Sifmot, a los de Estemoa,
(29) a los de Racal, a los que estaban en las ciudades de los de Jerameel, a los
que estaban en las ciudades de los queneos,
(30) a los de Horma, a los de Corasán, a los de Atac,
(31) a los de Hebrón y a los de todos los lugares donde David había andado con
sus hombres.
(1 S. 31:1) Los filisteos combatieron contra Israel, y los hombres de Israel
huyeron delante de los filisteos y cayeron muertos en el monte Gilboa.
(2) Los filisteos siguieron de cerca a Shaúl [Saúl] y a sus hijos; y mataron a
Iehonatán [Jonatán], a Abinadab y a Malquisúa, hijos de Shaúl [Saúl].
(3) La batalla arreció contra Shaúl [Saúl], y los hombres que tiran con el arco
lo encontraron; y fue herido gravemente por los arqueros.
(4) Entonces Shaúl [Saúl] dijo a su escudero: ‘Saca tu espada y atraviésame con
ella, no sea que vengan esos incircuncisos y me atraviesen, y hagan mofa de mí.’
Pero su escudero no quiso, porque tenía mucho miedo. Entonces Shaúl [Saúl] tomó
la espada y se dejó caer sobre ella.
(5) Al ver su escudero que Shaúl [Saúl] estaba muerto, él también se dejó caer
sobre su espada y murió junto con él.
(6) Así murieron aquel día Shaúl [Saúl], sus tres hijos, su escudero y también
todos sus hombres junto con él.
(7) Y al ver los hombres de Israel que estaban al otro lado del valle, y los del
otro lado del Jordán, que los de Israel habían huido, y que Shaúl [Saúl] y sus
hijos habían muerto, abandonaron las ciudades y huyeron. Entonces los filisteos
fueron y habitaron en ellas.
(8) Aconteció que al día siguiente, cuando los filisteos fueron para despojar a
los muertos, hallaron a Shaúl [Saúl] y a sus tres hijos caídos en el monte
Gilboa.
(9) Ellos le cortaron la cabeza y le despojaron de sus armas, y enviaron
mensajeros por toda la tierra de los filisteos para dar la buena noticia en el
templo de sus ídolos y al pueblo.
(10) Después pusieron sus armas en el templo de Astarte, y clavaron su cadáver
contra el muro de Bet-seán.
(11) Cuando todos los habitantes de Iaveish [Jabes], en Galaad, oyeron lo que
los filisteos habían hecho con Shaúl [Saúl],
(12) todos los hombres valientes se levantaron, caminaron toda aquella noche y
tomaron del muro de Bet-seán el cadáver de Shaúl [Saúl] y los cadáveres de sus
hijos. Cuando llegaron a Iaveish [Jabes], los incineraron allí.
(13) Luego tomaron sus restos y los sepultaron debajo del tamarisco en Iaveish [Jabes],
y ayunaron siete días.

" (2 S. 1:1) Aconteció que después de la muerte de Shaúl [Saúl], cuando David
había vuelto de la derrota de los amalequitas, David se quedó dos días en Siclag.
(2) Y al tercer día, he aquí que un hombre vino del campamento de Shaúl [Saúl],
con su ropa rasgada y tierra sobre su cabeza. Al llegar a David, se postró en
tierra e hizo reverencia.
(3) Y David le preguntó: -¿De dónde vienes? Él le respondió: -Me he escapado del
campamento de Israel.
(4) David le preguntó: -¿Qué ha acontecido? Dímelo, por favor. Él respondió: -El
pueblo ha huido de la batalla. Muchos del pueblo también han caído y han muerto.
Shaúl [Saúl] y su hijo Iehonatán [Jonatán] también han muerto.
(5) David dijo al joven que le informaba: -¿Cómo sabes que Shaúl [Saúl] y su
hijo Iehonatán [Jonatán] han muerto?
(6) Y el joven que le informaba respondió: -Me encontré por casualidad en el
monte Gilboa, y he aquí que Shaúl [Saúl] estaba apoyado sobre su lanza, y que
los carros y los jinetes le alcanzaban.
(7) Entonces Shaúl [Saúl] miró hacia atrás y me vio, y me llamó. Yo dije: ‘Heme
aquí.’
(8) Me preguntó: ‘¿Quién eres tú?’ Le respondí: ‘Soy un amalequita.’
(9) Y me dijo: ‘Por favor, ponte a mi lado y mátame; porque la agonía se ha
apoderado de mí, pero mi vida está todavía en mí.’
(10) Entonces me puse a su lado y lo maté, porque sabía que él no podría vivir
después de su caída. Luego tomé la diadema que tenía en su cabeza y el brazalete
que llevaba en su brazo, y los he traído aquí a mi señor.
(11) Entonces David agarrando sus vestiduras las rasgó. Lo mismo hicieron todos
los hombres que estaban con él.
(12) E hicieron duelo, lloraron y ayunaron hasta el anochecer por Shaúl [Saúl] y
por su hijo Iehonatán [Jonatán], por el pueblo del Eterno y por la casa de
Israel; porque habían caído a espada.
(13) Después David preguntó al joven que le informaba: -¿De dónde eres tú? Él
respondió: -Soy hijo de un extranjero, un amalequita.
(14) Le dijo David: -¿Cómo no tuviste temor de extender tu mano para destruir al
ungido del Eterno?
(15) Entonces David llamó a uno de los jóvenes y le dijo: -¡Acércate y mátalo!
Él lo hirió, y murió.
(16) Y David le dijo: -Tu sangre caiga sobre tu cabeza, porque tu propia boca ha
atestiguado contra ti al decir: ‘Yo maté al ungido del Eterno.’
(17) David entonó este lamento por Shaúl [Saúl] y por su hijo Iehonatán [Jonatán],
(18) y mandó que enseñasen a los hijos de Yehudá [Judá] el Canto del Arco. He
aquí que está escrito en el libro de lo Recto [Bereshit / Génesis].
(19) ‘¡El esplendor, oh Israel, ha perecido sobre tus montes! ¡Cómo han caído
los valientes!
(20) No lo anunciéis en Gat, ni deis las nuevas por las calles de Ascalón. No
sea que se alegren las hijas de los filisteos; no sea que se regocijen las hijas
de los incircuncisos.
(21) ‘Oh montes de Gilboa: Ni rocío ni lluvia haya sobre vosotros, ni seáis
campos de ofrendas; porque allí fue profanado el escudo de los valientes, el
escudo de Shaúl [Saúl], como si no hubiera sido ungido con aceite.
(22) El arco de Iehonatán [Jonatán] jamás volvía sin la sangre de los muertos y
sin la gordura de los valientes; tampoco volvía vacía la espada de Shaúl [Saúl].
(23) ‘Shaúl [Saúl] y Iehonatán [Jonatán], amados y amables en su vida, tampoco
en su muerte fueron separados. Eran más veloces que las águilas; eran más
fuertes que los leones.
(24) ¡Oh hijas de Israel, llorad por Shaúl [Saúl], quien os vestía de escarlata
y cosas refinadas, y ponía adornos de oro en vuestros vestidos!
(25) ¡Cómo han caído los valientes en medio de la batalla! ¡Iehonatán [Jonatán]
ha perecido sobre tus montes!
(26) ‘Angustia tengo por ti, hermano mío, Iehonatán [Jonatán], que me fuiste muy
querido. Más maravilloso fue para mí tu amor que el amor de las mujeres.
(27) ‘¡Cómo han caído los valientes, y se han perdido las armas de guerra!’
(2 S. 2:1) Después de esto aconteció que David consultó al Eterno diciendo:
-¿Subiré a alguna de las ciudades de Yehudá [Judá]? el Eterno le respondió:
-Sube. David volvió a preguntar: -¿A dónde subiré? el Eterno le respondió: -A
Hebrón.
(2) Entonces David subió allá con sus dos mujeres: Ajinoam, de Jezreel, y
Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel.
(3) David hizo subir también a sus hombres que estaban con él, cada uno con su
familia; y habitaron en las aldeas de Hebrón.
(4) Entonces vinieron los hombres de Yehudá [Judá] y ungieron allí a David como
rey sobre la casa de Yehudá [Judá]. Informaron a David diciendo: ‘Los hombres de
Iaveish [Jabes], en Galaad, son los que sepultaron a Shaúl [Saúl].’
(5) Entonces David envió mensajeros a los hombres de Iaveish [Jabes], en Galaad,
y les dijo: ‘Benditos seáis del Eterno, porque habéis hecho esta bondad a Shaúl
[Saúl] vuestro señor, y le habéis dado sepultura.
(6) Ahora pues, que el Eterno os muestre misericordia y verdad. Y yo también os
haré bien por esto que habéis hecho.
(7) Y ahora, fortaleced vuestras manos y sed hombres valientes; porque ha muerto
Shaúl [Saúl] vuestro señor, y la casa de Yehudá [Judá] me ha ungido rey sobre
ellos.’
(8) Pero Abner hijo de Ner, jefe del ejército de Shaúl [Saúl], tomó a Isboset
hijo de Shaúl [Saúl] y le trasladó a Majanaim.
(9) Entonces lo proclamó rey sobre Galaad, sobre Gesur, sobre Jezreel, sobre
Efraín, sobre Benjamín y sobre todo Israel.
(10) Isboset hijo de Shaúl [Saúl] tenía 40 años cuando comenzó a reinar sobre
Israel y reinó dos años. Sin embargo, la casa de Yehudá [Judá] seguía a David.
(11) El tiempo que David fue rey en Hebrón sobre la casa de Yehudá [Judá] fue de
siete años y seis meses.
(12) Abner hijo de Ner y los siervos de Isboset hijo de Shaúl [Saúl] fueron de
Majanaim a Gabaón.
(13) También salieron Ioav [Joab], hijo de Tzeruiá [Sarvia], y los servidores de
David; y los encontraron junto al estanque de Gabaón. Entonces se sentaron los
unos a un lado del estanque, y los otros al otro lado.
(14) Luego Abner dijo a Ioav [Joab]: -¡Levántense los jóvenes y compitan delante
de nosotros! Ioav [Joab] respondió: -¡Que se levanten!
(15) Entonces se levantaron y pasaron en número igual, doce de parte de los
hijos de Benjamín y de Isboset hijo de Shaúl [Saúl], y doce de los servidores de
David.
(16) Cada uno agarró a su adversario por la cabeza y colocó su espada en el
costado de su adversario, y cayeron juntos. Por esto se llamó el nombre de aquel
lugar Helcat-hazurim, el cual está en Gabaón.
(17) Aquel día la batalla fue muy dura. Abner y los hombres de Israel fueron
derrotados por los servidores de David.
(18) Estaban allí los tres hijos de Tzeruiá [Sarvia]: Ioav [Joab], Abisai y
Asael. Asael era ligero de pies como un venado en el campo.
(19) Y Asael persiguió a Abner, yendo tras él sin apartarse ni a la derecha ni a
la izquierda.
(20) Abner se volvió hacia atrás y preguntó: -¿Eres tú Asael? Él respondió: -Sí,
yo soy.
(21) Entonces Abner le dijo: -Apártate a la derecha o a la izquierda. Atrapa a
alguno de los jóvenes y toma para ti sus despojos. Pero Asael no quiso dejar de
seguirle.
(22) Y Abner volvió a decir a Asael: -¡Deja de seguirme! ¿Por qué te he de
herir, derribándote a tierra? ¿Cómo podría después levantar mi cara ante tu
hermano Ioav [Joab]?
(23) Como él rehusó apartarse, Abner lo hirió en el vientre con el extremo
trasero de la lanza, y la lanza le salió por detrás. Así cayó allí y murió en el
mismo sitio. Sucedió que todos los que pasaban por el lugar donde Asael había
caído y había muerto, se detenían.
(24) Pero Ioav [Joab] y Abisai persiguieron a Abner. El sol se puso cuando
llegaron a la colina de Amá, frente a Guíaj, en el camino del desierto de Gabaón.
(25) Luego se agruparon los hijos de Benjamín tras Abner formando un solo
escuadrón, y se detuvieron en la cumbre de cierta colina.
(26) Entonces Abner dio voces a Ioav [Joab] diciendo: -¿Ha de consumir la espada
para siempre? ¿No sabes tú que al final sólo habrá amargura? ¿Hasta cuándo
esperas para decir al pueblo que se vuelva de perseguir a sus hermanos?
(27) Ioav [Joab] respondió: -¡Vive Elokim, que si tú no hubieras hablado, el
pueblo habría dejado de perseguir a sus hermanos desde la mañana!
(28) Entonces Ioav [Joab] tocó la corneta, y todo el pueblo se detuvo. Y no
persiguieron más a Israel, ni continuaron luchando más.
(29) Abner y sus hombres caminaron por el Arabá toda aquella noche, cruzaron el
Jordán, y atravesando todo el Bitrón llegaron a Majanaim.
(30) Ioav [Joab] también volvió de perseguir a Abner y reunió a toda la gente. Y
faltaban de los servidores de David 19 hombres, además de Asael.
(31) Pero los servidores de David hirieron a 360 de Benjamín, de los hombres de
Abner, los cuales murieron.
(32) Luego se llevaron a Asael y lo sepultaron en la tumba de su padre, que está
en Belén. Ioav [Joab] y sus hombres caminaron toda aquella noche, y les amaneció
en Hebrón.
(2 S. 3:1) Fue larga la guerra entre la casa de Shaúl [Saúl] y la casa de David.
Pero David se iba fortaleciendo, y la casa de Shaúl [Saúl] se iba debilitando.
(2) A David le nacieron hijos en Hebrón. Su primogénito fue Amnón, de Ajinoam,
de Jezreel.
(3) El segundo fue Quileab, de Abigaíl, que fuera mujer de Nabal, de Carmel. El
tercero fue Absalón [Abshalom], hijo de Maajá [Maaca] hija de Talmai, rey de
Gesur.
(4) El cuarto fue Adoniá [Adonías], hijo de Jaguit [Haguit]. El quinto fue
Sefatías, hijo de Abital.
(5) El sexto fue Itream, de Egla, mujer de David. Éstos le nacieron a David en
Hebrón.
(6) Aconteció que mientras había guerra entre la casa de Shaúl [Saúl] y la casa
de David, Abner se hacía más fuerte en la casa de Shaúl [Saúl].
(7) Shaúl [Saúl] había tenido una concubina que se llamaba Rizpa hija de Ayías.
Entonces Isboset preguntó a Abner: -¿Por qué te has unido a la concubina de mi
padre?
(8) Abner se enfureció muchísimo por las palabras de Isboset y le dijo: -¿Acaso
soy yo una cabeza de perro que pertenece a Yehudá [Judá]? Hoy estoy mostrando
lealtad a la casa de tu padre Shaúl [Saúl], a sus hermanos y a sus amigos, y no
te he entregado en mano de David. ¿Y hoy me llamas a cuentas por una falta con
esta mujer?
(9) Así haga Elokim a Abner y aun le añada, si yo no hago con David lo que el
Eterno le ha jurado:
(10) transferir el reino de la casa de Shaúl [Saúl] y confirmar el trono de
David sobre Israel y sobre Yehudá [Judá], desde Dan hasta Beer Sheva.
(11) Isboset no pudo responder palabra a Abner, porque le tenía miedo.
(12) Entonces Abner envió mensajeros a David para decirle de parte suya: ‘¿De
quién es la tierra? ¡Haz alianza conmigo, y he aquí que mi mano estará contigo
para hacer volver a ti a todo Israel!’
(13) David respondió: ‘Bien. Yo haré alianza contigo, pero te pido una cosa: No
vengas a verme sin que primero me traigas a Mical hija de Shaúl [Saúl], cuando
vengas a verme.
(14) Entonces David envió mensajeros a Isboset hijo de Shaúl [Saúl], diciendo:
‘Restitúyeme a mi mujer Mical, a la cual yo desposé conmigo por cien prepucios
de filisteos.’
(15) Isboset envió a quitársela a su marido, Paltiel hijo de Lais.
(16) Su marido fue con ella, siguiéndola y llorando tras ella, hasta Bajurim. Y
Abner le dijo: -¡Anda, vuélvete! Entonces él se volvió.
(17) Abner habló con los ancianos de Israel, diciendo: -Hace tiempo que
procurabais que David fuese rey sobre vosotros.
(18) Ahora pues, hacedlo, porque el Eterno ha hablado a David diciendo: ‘Por
mano de mi siervo David libraré a mi pueblo Israel de mano de los filisteos y de
mano de todos sus enemigos.’
(19) Abner habló también a los de Benjamín, y Abner mismo fue a Hebrón para
decir a David todo lo que parecía bien a los de Israel y a toda la casa de
Benjamín.
(20) Abner fue a David en Hebrón junto con veinte hombres, y David hizo banquete
para él y para los hombres que habían venido con él.
(21) Entonces Abner dijo a David: -Yo me levantaré e iré a reunir a todo Israel
junto a mi señor el rey, para que hagan una alianza contigo, de modo que tú
reines sobre todo lo que deseas. Luego David despidió a Abner, y él se fue en
paz.
(22) He aquí que los servidores de David llegaron con Ioav [Joab] de una
incursión, trayendo consigo mucho botín. Pero Abner ya no estaba en Hebrón con
David, pues éste le había despedido, y él se había ido en paz.
(23) Cuando llegaron Ioav [Joab] y todo el ejército que estaba con él, le
informaron a Ioav [Joab] diciendo: -Abner hijo de Ner vino al rey. Él le ha
dejado ir, y Abner se ha ido en paz.
(24) Entonces Ioav [Joab] fue al rey y le dijo: -¿Qué has hecho? He aquí que
Abner vino a ti; ¿por qué, pues, le dejaste ir? ¡Ahora se ha ido!
(25) Tú conoces a Abner hijo de Ner, que vino para engañarte, para conocer tu
entrada y tu salida, y para saber todo lo que haces.
(26) Cuando Ioav [Joab] salió de la presencia de David, envió mensajeros tras
Abner, los cuales le hicieron regresar desde el pozo de Sira, sin que David lo
supiera.
(27) Entonces Abner volvió a Hebrón, y Ioav [Joab] lo apartó a la entrada de la
ciudad como para hablar en privado con él. Allí le hirió en el vientre, a causa
de la sangre de Asael su hermano; y así murió.
(28) Después de esto, David lo oyó y dijo: -¡Inocente soy yo, y también mi
reino, ante el Eterno para siempre, de la sangre de Abner hijo de Ner!
(29) ¡Que recaiga su sangre sobre la cabeza de Ioav [Joab] y sobre toda su casa
paterna! ¡Nunca falte en la casa de Ioav [Joab] quien padezca flujo, o quien sea
leproso, o quien ande con bastón, o quien muera a espada, o quien carezca de
pan!
(30) Ioav [Joab] y su hermano Abisai mataron a Abner, porque éste había dado
muerte a Asael, hermano de ellos, en la batalla de Gabaón.
(31) Entonces dijo David a Ioav [Joab] y a todo el pueblo que estaba con él:
-¡Rasgad vuestra ropa! Ceñíos de cilicio y haced duelo delante de Abner. El rey
David iba detrás del féretro,
(32) y sepultaron a Abner en Hebrón. El rey alzó su voz y lloró junto al
sepulcro de Abner, y también lloró todo el pueblo.
(33) El rey entonó este lamento por Abner, diciendo: ‘¿Había de morir Abner como
muere un insensato?
(34) Tus manos no estaban atadas; tus pies no estaban sujetos con grillos.
Caíste como los que caen ante los malvados.’ Todo el pueblo volvió a llorar por
él.
(35) Entonces todo el pueblo fue para persuadir a David a que tomase alimento,
mientras aún era de día. Pero David juró diciendo: -¡Así me haga Elokim y aun me
añada, si antes que se ponga el sol yo pruebo pan o cualquier cosa!
(36) Todo el pueblo llegó a saber esto y le pareció bien, porque todo lo que el
rey hacía parecía bien a todo el pueblo.
(37) Aquel día, todo el pueblo y todo Israel entendieron que no había procedido
del rey el asesinar a Abner hijo de Ner.
(38) Entonces el rey dijo a sus servidores: -¿No sabéis que hoy ha caído en
Israel un príncipe y un gran hombre?
(39) Ahora yo soy débil, aunque soy un rey ungido; y estos hombres, los hijos de
Tzeruiá [Sarvia], son más duros que yo. ¡el Eterno retribuya al que hace mal,
conforme a su maldad!
(2 S. 4:1) Cuando Isboset hijo de Shaúl [Saúl] oyó que Abner había muerto en
Hebrón, sus manos se debilitaron; y todo Israel fue atemorizado.
(2) El hijo de Shaúl [Saúl] tenía dos hombres, los cuales eran jefes de tropa:
El nombre de uno era Baaná, y el nombre del otro Recab. Eran hijos de Rimón, de
Beerot, de los hijos de Benjamín. [Beerot era considerada como de Benjamín;
(3) los berotitas huyeron a Gitaim, donde habitan como forasteros hasta el día
de hoy.]
(4) Iehonatán [Jonatán] hijo de Shaúl [Saúl] tenía un hijo lisiado de los pies.
Tenía cinco años cuando la noticia de la muerte de Shaúl [Saúl] y de Iehonatán [Jonatán]
llegó de Jezreel, y su nodriza lo tomó y huyó. Y sucedió que cuando huía
apresuradamente, el niño se cayó y quedó cojo. Él se llamaba Mefiboset.
(5) Recab y Baaná, hijos de Rimón de Beerot, fueron y en pleno calor del día
llegaron a la casa de Isboset, quien se hallaba durmiendo la siesta.
(6) Y he aquí, entraron en el interior de la casa como para llevar trigo, y le
hirieron en el vientre. Después Recab y su hermano Baaná se escaparon.
(7) Así que entraron en la casa mientras él estaba acostado en su cama, en su
dormitorio, y lo hirieron y mataron. Luego le cortaron la cabeza, la tomaron y
anduvieron toda la noche por el camino del Arabá.
(8) Llevaron la cabeza de Isboset a David, en Hebrón, y dijeron al rey: -¡He
aquí la cabeza de Isboset hijo de Shaúl [Saúl], tu enemigo que atentó contra tu
vida! el Eterno ha vengado hoy a mi señor el rey, de Shaúl [Saúl] y de su
descendencia.
(9) Pero David respondió a Recab y a Baaná, su hermano, hijos de Rimón de Beerot,
y les dijo: -¡Vive el Eterno, que ha rescatado mi vida de toda adversidad!
(10) Si cuando uno, imaginándose que me traía buenas noticias, me informó
diciendo: ‘Shaúl [Saúl] ha muerto’, yo lo prendí y lo maté en Siclag, en pago de
sus buenas noticias,
(11) ¡cuánto más a unos hombres malvados que mataron a un hombre justo en su
casa y sobre su cama! Ahora pues, ¿no demandaré su sangre de vuestras manos,
eliminándoos de la tierra?
(12) Entonces David dio orden a los jóvenes, y ellos los mataron. Luego les
cortaron las manos y los pies, y los colgaron junto al estanque de Hebrón. Pero
tomaron la cabeza de Isboset y la enterraron en el sepulcro de Abner, en Hebrón.
(2 S. 5:1) Entonces vinieron todas las tribus de Israel a David, en Hebrón, y le
hablaron diciendo: ‘He aquí nosotros somos hueso tuyo y carne tuya.
(2) En tiempos pasados, cuando Shaúl [Saúl] aún reinaba sobre nosotros, tú eras
quien sacaba y hacía volver a Israel. Y el Eterno te dijo: ‘Tú pastorearás a mi
pueblo Israel, y tú serás el soberano de Israel.»
(3) Fueron, pues, todos los ancianos de Israel al rey, en Hebrón. Y el rey David
hizo un pacto con ellos en Hebrón, delante del Eterno. Entonces ungieron a David
como rey sobre Israel.
(4) David tenía 30 años cuando comenzó a reinar, y reinó 40 años.
(5) En Hebrón reinó sobre Yehudá [Judá] siete años y seis meses, y en
Ierushalaim [Jerusalén] reinó 33 años sobre todo Israel y Yehudá [Judá].
(6) Entonces el rey, con sus hombres, fue a Ierushalaim [Jerusalén], contra los
jebuseos que habitaban en aquella tierra. Y ellos hablaron a David diciendo: ‘Tú
no entrarás acá; pues incluso los ciegos y los cojos te rechazarán, diciendo:
‘David no podrá entrar acá.»
(7) Sin embargo, David tomó la fortaleza de Tzión [Sion], que es la Ciudad de
David.
(8) Aquel día dijo David: ‘Todo el que ataque a los jebuseos, use el conducto
para alcanzar a los cojos y a los ciegos, a los cuales aborrece el alma de
David.’ Por eso se dice: ‘Ni el ciego ni el cojo entrará en la casa.’
(9) David habitó en la fortaleza, y la llamó Ciudad de David. Luego David la
edificó alrededor, desde Milo hacia adentro.
(10) David iba engrandeciéndose más y más, y el Eterno Elokim de los Ejércitos
estaba con él.
(11) Entonces Hiram, rey de Tiro, envió mensajeros a David; también madera de
cedro, carpinteros y canteros para los muros; y edificaron una casa para David.
(12) Entonces David comprendió que el Eterno le había confirmado como rey sobre
Israel y que había enaltecido su reino por amor a su pueblo Israel.
(13) Después que vino de Hebrón, David tomó más concubinas y mujeres de
Ierushalaim [Jerusalén]; y le nacieron a David más hijos e hijas.
(14) Éstos son los nombres de los que le nacieron en Ierushalaim [Jerusalén]:
Samúa, Sobab, Natán, Shelomó [Salomón],
(15) Ibjar, Elisúa, Néfeg, Jafía,
(16) Elisama, Eliada y Elifelet.
(17) Cuando los filisteos oyeron que habían ungido a David rey sobre Israel,
subieron todos los filisteos en busca de David. Cuando David oyó esto, descendió
a la fortaleza.
(18) Los filisteos llegaron y se extendieron por el valle de Refaím.
(19) Entonces David consultó al Eterno diciendo: -¿Subiré contra los filisteos?
¿Los entregarás en mi mano? Y el Eterno respondió a David: -Sube, porque
ciertamente entregaré a los filisteos en tu mano.
(20) David llegó a Baal-perazim, y allí los derrotó David. Entonces dijo: -¡el
Eterno ha irrumpido contra mis enemigos delante de mí, como irrumpen las aguas!
Por eso llamó el nombre de aquel lugar Baal-perazim.
(21) Los filisteos abandonaron allí sus ídolos, y David y sus hombres se los
llevaron.
(22) Los filisteos volvieron a subir y se extendieron por el valle de Refaím.
(23) David consultó al Eterno, y él le respondió: -No subas, sino rodéalos por
detrás, y alcánzalos frente a los árboles de bálsamo.
(24) Y sucederá que cuando escuches el sonido de una marcha en las copas de los
árboles, entonces actuarás con decisión, porque entonces el Eterno saldrá
delante de ti para derrotar al ejército de los filisteos.
(25) David lo hizo conforme el Eterno le había mandado y derrotó a los filisteos
desde Geba hasta la entrada de Gezer.
(2 S. 6:1) David volvió a reunir a todos los escogidos de Israel, 30.000 en
total.
(2) Entonces David se levantó, y con todo el pueblo que estaba con él, partió de
Baala de Yehudá [Judá] para subir desde allí el arca de Elokim, sobre la cual es
invocado el nombre del Eterno de los Ejércitos, que tiene su trono entre los
querubines.
(3) Luego colocaron el arca de Elokim sobre una carreta nueva y se la llevaron
de la casa de Abinadab, que estaba en la colina. Uza y Ajío, hijos de Abinadab,
guiaban la carreta nueva
(4) con el arca de Elokim, y se la llevaron de la casa de Abinadab, que estaba
en la colina. Ajío iba delante del arca.
(5) David y toda la casa de Israel se regocijaban delante del Eterno, con toda
clase de instrumentos de madera de ciprés: arpas, liras, panderetas, sistros y
címbalos.
(6) Cuando llegaron a la era de Nacón, Uza extendió su mano al arca de Elokim y
la sujetó, porque los bueyes tropezaron.
(7) Entonces el furor del Eterno se encendió contra Uza, y Elokim lo hirió allí
por el atrevimiento. Y murió allí con el arca de Elokim.
(8) David se disgustó porque el Eterno había irrumpido contra Uza, y llamó aquel
lugar Perez-uza, hasta el día de hoy.
(9) Aquel día David tuvo miedo del Eterno y dijo: ‘¿Cómo ha de venir a mí el
arca del Eterno?’
(10) David ya no quiso llevar consigo el arca del Eterno, a la Ciudad de David.
Más bien, David la desvió a la casa de Obed-edom el geteo.
(11) El arca del Eterno se quedó en casa de Obed-edom el geteo durante tres
meses. Y el Eterno bendijo a Obed-edom y a toda su familia.
(12) Se le informó al rey David diciendo: ‘el Eterno ha bendecido la casa de
Obed-edom y todo lo que tiene, a causa del arca de Elokim.’ Entonces David fue e
hizo subir con regocijo el arca de Elokim de la casa de Obed-edom a la Ciudad de
David.
(13) Y sucedió que cuando los que llevaban el arca de Elokim habían dado seis
pasos, David sacrificó un toro y un carnero engordado.
(14) David danzaba con toda su fuerza delante del Eterno, y David estaba vestido
con un efod de lino.
(15) David y toda la casa de Israel subían el arca del Eterno, con gritos de
júbilo y sonido de corneta.
(16) Sucedió que cuando el arca del Eterno llegó a la Ciudad de David, Mical
hija de Shaúl [Saúl] miró por la ventana; y al ver al rey David saltando y
danzando delante del Eterno, lo menospreció en su corazón.
(17) Así trajeron el arca del Eterno y la colocaron en su lugar, en medio de la
tienda que David había erigido para ella. Luego David ofreció holocaustos y
sacrificios de paz delante del Eterno.
(18) Cuando David acabó de ofrecer los holocaustos y los sacrificios de paz,
bendijo al pueblo en el nombre del Eterno de los Ejércitos.
(19) Entonces repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, tanto a
hombres como a mujeres, a cada uno una torta de pan, una de dátiles y una de
pasas. Y todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.
(20) Luego volvió David para bendecir a su familia. Pero Mical hija de Shaúl
[Saúl], saliendo para encontrar a David, le dijo: -¡Cómo se ha cubierto de honra
hoy el rey de Israel, descubriéndose hoy ante los ojos de las criadas de sus
servidores, como se descubriría sin decoro un cualquiera!
(21) David respondió a Mical: -Fue delante del Eterno, que me eligió en lugar de
tu padre y de toda su casa, para constituirme como el soberano del pueblo del
Eterno, de Israel. Por tanto, me regocijaré delante del Eterno.
(22) Y aún me haré más vil que esta vez y me rebajaré ante mis propios ojos.
Pero con las criadas que has mencionado, ¡junto con ellas seré honrado!
(23) Y Mical hija de Shaúl [Saúl] no tuvo hijos hasta el día de su muerte.
(2 S. 7:1) Aconteció que cuando el rey habitaba ya en su casa, y el Eterno le
había dado descanso de todos sus enemigos en derredor,
(2) el rey dijo al profeta Natán: -Mira; yo habito en una casa de cedro,
mientras que el arca de Elokim habita en una tienda.
(3) Y Natán dijo al rey: -Anda, haz todo lo que está en tu corazón, porque el
Eterno está contigo.
(4) Pero aconteció que aquella noche vino la palabra del Eterno a Natán,
diciendo:
(5) ‘Ve y di a mi siervo David que así ha dicho el Eterno: ‘¿Me edificarás tú
una casa en la que yo habite?’
(6) Ciertamente yo no he habitado en una casa desde el día en que hice subir a
los Hijos de Israel de Egipto, hasta el día de hoy. Más bien, he estado
peregrinando en una tienda y en un tabernáculo.
(7) Dondequiera que he peregrinado con todos los Hijos de Israel, ¿acaso he
dicho una palabra a alguna de las tribus de Israel a la que yo comisioné para
apacentar a mi pueblo Israel, preguntando: ‘¿Por qué no me habéis edificado una
casa de cedro?’
(8) ‘Ahora pues, dirás a mi siervo David que así ha dicho el Eterno de los
Ejércitos: ‘Yo te tomé del prado, de detrás del rebaño, para que fueras el
soberano de mi pueblo Israel.
(9) He estado contigo por dondequiera que has andado. He eliminado a todos tus
enemigos de tu presencia, y haré que tu nombre sea grande, como el nombre de los
grandes de la tierra.
(10) Asimismo, dispondré un lugar para mi pueblo Israel, y lo plantaré para que
habite en su lugar sin que sea molestado más, ni los inicuos vuelvan a afligirlo
como al comienzo,
(11) desde el día en que constituí jueces sobre mi pueblo Israel. Y yo te daré
descanso de todos tus enemigos. »Además, el Eterno te declara que el Eterno te
hará casa a ti.
(12) Cuando se cumplan tus días y reposes con tus padres, yo levantaré después
de ti a un descendiente tuyo, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su
reino.
(13) Él edificará una casa a mi nombre, y yo estableceré el trono de su reino
para siempre.
(14) Yo seré para él, padre; y él será para mí, hijo. Cuando haga mal, yo le
corregiré con vara de hombres y con azotes de hijos de hombre.
(15) Pero no quitaré de él mi misericordia, como la quité de Shaúl [Saúl], al
cual quité de tu presencia.
(16) Tu casa y tu reino serán firmes para siempre delante de mí, y tu trono será
estable para siempre.»
(17) Natán habló a David conforme a todas estas palabras y conforme a toda esta
visión.
(18) Entonces entró el rey David, se sentó delante del Eterno y dijo: ‘Oh Señor
Elokim, ¿quién soy yo, y qué es mi casa para que me hayas traído hasta aquí?
(19) Y aun esto te ha parecido poco, oh Señor Elokim, pues también has hablado
del futuro de la casa de tu siervo. ¿Se comporta de esta manera el hombre, oh
Señor Elokim?
(20) ¿Qué más puede añadir David al hablar contigo? Pues tú conoces a tu siervo,
oh Señor Elokim.
(21) Por causa de tu palabra y conforme a tu corazón, has realizado toda esta
gran cosa para darla a conocer a tu siervo.
(22) Por tanto, tú eres grande, oh Eterno Elokim; porque no hay nadie como tú,
ni hay Elokim aparte de ti, conforme a todo lo que hemos oído con nuestros
oídos.
(23) ‘¿Y qué otra nación hay en la tierra como tu pueblo Israel, al cual Elokim
fue para rescatarlo como pueblo para sí, a fin de darse renombre y hacer a favor
de él hechos grandes y temibles, al expulsar las naciones y sus dioses ante tu
pueblo que rescataste para ti de Egipto?
(24) Has establecido para ti a tu pueblo Israel como pueblo tuyo para siempre; y
tú, oh Eterno, has llegado a ser su Elokim.
(25) ‘Ahora pues, oh Eterno Elokim, confirma para siempre la palabra que has
hablado acerca de tu siervo y de su casa, y haz tal como has dicho.
(26) Sea engrandecido tu nombre para siempre, a fin de que se diga: ‘el Eterno
de los Ejércitos es Elokim de Israel.’ Que la casa de tu siervo David sea
estable delante de ti;
(27) porque tú, oh Eterno de los Ejércitos, Elokim de Israel, lo has revelado al
oído de tu siervo, diciendo: ‘Yo te edificaré casa a ti.’ Por esto, tu siervo ha
hallado valor en su corazón para dirigirte esta oración.
(28) Ahora pues, oh Señor Elokim, tú eres Elokim, y tus palabras son verdad, y
has prometido este bien a tu siervo.
(29) Y ahora, ten a bien bendecir la casa de tu siervo, a fin de que permanezca
para siempre delante de ti. Porque tú lo has prometido, oh Señor Elokim, y con
tu bendición la casa de tu siervo será bendita para siempre.’
(2 S. 8:1) Aconteció después de esto que David derrotó a los filisteos y los
sometió. Entonces David tomó Meteg-haamá de mano de los filisteos.
(2) También derrotó a los moabitas y los midió con cordel. Los hizo tenderse en
el suelo y midió dos cordeles para que murieran y un cordel entero para que
vivieran. Los moabitas fueron hechos siervos de David y le llevaban tributo.
(3) También derrotó David a Hadad-ezer hijo de Rejob, rey de Soba, cuando éste
iba a establecer su dominio hasta el río Éufrates.
(4) David le capturó 1.700 jinetes y 20.000 hombres de infantería. Y desjarretó
David todos los caballos de los carros, pero dejó de ellos los de 100 carros.
(5) Los sirios de Damasco fueron para ayudar a Hadad-ezer, rey de Soba; y David
hirió a 22.000 hombres de los sirios.
(6) Después David instaló puestos militares entre los sirios de Damasco. Así
llegaron los sirios a ser siervos de David y le llevaban tributo. Y el Eterno
daba la victoria a David por dondequiera que iba.
(7) David tomó los escudos de oro que llevaban los servidores de Hadad-ezer y
los trajo a Ierushalaim [Jerusalén].
(8) Asimismo, el rey David tomó gran cantidad de bronce de Beta y de Berotai,
ciudades de Hadad-ezer.
(9) Cuando Toi, rey de Hamat, oyó que David había derrotado a todo el ejército
de Hadad-ezer,
(10) Toi envió a su hijo Ioram [Joram] al rey David para saludarlo y felicitarlo
por haber combatido contra Hadad-ezer y por haberlo derrotado, porque Toi estaba
en guerra con Hadad-ezer. Ioram [Joram] llevó consigo objetos de plata, de oro y
de bronce,
(11) que el rey David también consagró al Eterno, junto con la plata y el oro
que había consagrado de todas las naciones que había conquistado:
(12) de Edom, de Moab, de los hijos de Amón, de los filisteos, de Amalec y del
botín de Hadad-ezer hijo de Rejob, rey de Soba.
(13) David adquirió renombre cuando regresó de derrotar a 18.000 hombres de Edom
en el Valle de la Sal.
(14) Él instaló puestos militares en Edom; por toda Edom instaló puestos
militares, y todos los edomitas llegaron a ser siervos de David. Y el Eterno
daba la victoria a David por dondequiera que iba.
(15) David reinaba sobre todo Israel, y practicaba David el derecho y la
justicia con todo su pueblo.
(16) Ioav [Joab], hijo de Tzeruiá [Sarvia], estaba al mando del ejército.
Josafat hijo de Ajilud era el cronista.
(17) Tzadoc [Sadoc] hijo de Ajitob y Ajimelec hijo de Abiatar eran los
sacerdotes. Seraías era el escriba.
(18) Benaiá [Benaías] hijo de Iehoiadá [Joyada] estaba al mando de los quereteos
y de los peleteos. Y los hijos de David eran dignatarios.
(2 S. 9:1) Entonces David preguntó: -¿Hay todavía alguno que haya quedado de la
casa de Shaúl [Saúl], a quien yo muestre bondad por amor a Iehonatán [Jonatán]?
(2) Había un siervo de la casa de Shaúl [Saúl] que se llamaba Siba, al cual
llamaron a la presencia de David. Y el rey le preguntó: -¿Eres tú Siba? Él
respondió: -Tu siervo soy.
(3) El rey le preguntó: -¿No queda nadie de la casa de Shaúl [Saúl] a quien yo
pueda mostrar la bondad de Elokim? Siba respondió al rey: -Aún queda un hijo de
Iehonatán [Jonatán], lisiado de ambos pies.
(4) Entonces le preguntó el rey: -¿Dónde está? Siba respondió al rey: -He aquí
que está en la casa de Maquir hijo de Amiel, en Lo-debar.
(5) El rey David envió a traerlo de la casa de Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar.
(6) Entonces Mefiboset hijo de Iehonatán [Jonatán], hijo de Shaúl [Saúl], vino a
David, y cayendo sobre su rostro se postró. David le dijo: -¿Mefiboset? Y él
respondió: -He aquí tu siervo.
(7) David le dijo: -No tengas temor, porque ciertamente yo te mostraré bondad
por amor a tu padre Iehonatán [Jonatán]. Te devolveré todas las tierras de tu
padre Shaúl [Saúl], y tú comerás siempre a mi mesa.
(8) Él se postró y preguntó: -¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro
muerto como yo?
(9) Entonces el rey llamó a Siba, siervo de Shaúl [Saúl], y le dijo: -Yo he dado
al hijo de tu señor todo lo que pertenecía a Shaúl [Saúl] y a toda su casa.
(10) Labrarás para él la tierra, tú, tus hijos y tus siervos, y almacenarás los
productos para que el hijo de tu señor tenga provisiones. Pero Mefiboset, el
hijo de tu señor, comerá siempre a mi mesa. Siba tenía quince hijos y veinte
siervos.
(11) Y Siba respondió al rey: -Tu siervo hará conforme a todo lo que mande mi
señor el rey a su siervo. Y Mefiboset comía a la mesa de David como uno de los
hijos del rey.
(12) Mefiboset tenía un hijo pequeño que se llamaba Micaías. Todos los que
habitaban en la casa de Siba eran siervos de Mefiboset.
(13) Pero Mefiboset habitaba en Ierushalaim [Jerusalén], porque comía siempre a
la mesa del rey. Él era cojo de ambos pies.
(2 S. 10:1) Después de esto aconteció que murió el rey de los hijos de Amón, y
su hijo Hanún reinó en su lugar.
(2) Entonces David pensó: ‘Mostraré bondad a Hanún hijo de Najas, como su padre
mostró bondad conmigo.’ David envió a sus servidores para darle el pésame por la
muerte de su padre. Pero cuando los servidores de David llegaron a la tierra de
los hijos de Amón,
(3) los jefes de los hijos de Amón dijeron a Hanún, su señor: ‘¿Te parece que
David está honrando a tu padre, porque te ha enviado personas que te den el
pésame? ¿No te habrá enviado David a sus servidores para reconocer y espiar la
ciudad a fin de destruirla?’
(4) Entonces Hanún tomó a los servidores de David, les rapó la mitad de su
barba, cortó sus vestidos por la mitad, hasta sus nalgas, y los despidió.
(5) Le informaron a David, y él envió a encontrarles, porque los hombres estaban
sumamente avergonzados. El rey mandó que les dijeran: ‘Permaneced en Jericó
hasta que os crezca la barba, y entonces volved.’
(6) Al ver los hijos de Amón que se habían hecho odiosos a David, los hijos de
Amón enviaron a tomar a sueldo a los sirios de Bet-rejob y a los sirios de Soba,
20.000 hombres de infantería; del rey de Maajá [Maaca], 1.000 hombres; y de
Istob, 12.000 hombres.
(7) Cuando David oyó esto, envió a Ioav [Joab] con todo el ejército de los
valientes.
(8) Los hijos de Amón salieron y dispusieron la batalla a la entrada de la
ciudad, mientras que los sirios de Soba, de Rejob, de Istob y de Maajá [Maaca]
estaban aparte, en el campo.
(9) Al ver Ioav [Joab] que el frente de batalla estaba delante y detrás de él,
eligió a algunos de entre todos los escogidos de Israel y dispuso sus
escuadrones para enfrentar a los sirios.
(10) Puso al resto de la gente bajo el mando de su hermano Abisai, quien dispuso
sus escuadrones para enfrentar a los hijos de Amón.
(11) Y Ioav [Joab] dijo: ‘Si los sirios son más fuertes que yo, tú me darás
auxilio; pero si los hijos de Amón son más fuertes que tú, yo iré a auxiliarte.
(12) Esfuérzate, y luchemos valientemente por nuestro pueblo y por las ciudades
de nuestro Elokim; y que el Eterno haga lo que le parezca bien.’
(13) Entonces se acercó Ioav [Joab], con la gente que estaba con él, para
combatir contra los sirios; pero éstos huyeron ante él.
(14) Al ver que los sirios habían huido, los hijos de Amón también huyeron ante
Abisai y entraron en la ciudad. Entonces Ioav [Joab] dejó de atacar a los hijos
de Amón y volvió a Ierushalaim [Jerusalén].
(15) Los sirios, al verse derrotados por Israel, se volvieron a reunir.
(16) Hadad-ezer envió a traer a los sirios que estaban al otro lado del Río.
Éstos llegaron a Helam teniendo al frente de ellos a Sobac, jefe del ejército de
Hadad-ezer.
(17) Cuando se le informó a David, éste reunió a todo Israel; y cruzando el
Jordán, llegó a Helam. Los sirios dispusieron sus escuadrones para enfrentarse
con David, y combatieron contra él.
(18) Pero los sirios huyeron ante Israel, y David mató de los sirios a 700
hombres de los carros y a 40.000 jinetes. También hirió a Sobac, jefe del
ejército sirio, quien murió allí mismo.
(19) Al ver todos los reyes vasallos de Hadad-ezer que habían sido derrotados
por Israel, hicieron la paz con Israel y le sirvieron. Y los sirios tuvieron
miedo de volver a socorrer a los hijos de Amón.
(2 S. 11:1) Aconteció al año siguiente, en el tiempo en que los reyes suelen
salir a la guerra, que David envió a Ioav [Joab] junto con sus servidores y con
todo Israel. Ellos destruyeron a los hijos de Amón y pusieron sitio a Rabá. Pero
David se había quedado en Ierushalaim [Jerusalén].
(2) Y sucedió que al atardecer David se levantó de su cama y se paseaba por la
azotea del palacio, cuando vio desde la azotea a una mujer que se estaba
bañando. Y la mujer era muy bella.
(3) David mandó preguntar por la mujer, y alguien le dijo: -¿No es ésta BatSheva
[Betsabé] hija de Eliam, mujer de Urías el heteo?
(4) David envió mensajeros y la tomó. Cuando ella vino a él, él se acostó con
ella, que estaba purificándose de su impureza. Entonces ella regresó a su casa.
(5) La mujer concibió y mandó que lo hicieran saber a David, diciendo: ‘Yo estoy
encinta.’
(6) Entonces David mandó a decir a Ioav [Joab]: ‘Envíame a Urías el heteo.’ Y
Ioav [Joab] envió a Urías a David.
(7) Cuando Urías vino a él, David le preguntó cómo estaban Ioav [Joab] y el
pueblo, y cómo iba la guerra.
(8) Después David dijo a Urías: -Desciende a tu casa y lava tus pies. Cuando
Urías salió del palacio, fue enviado tras él un obsequio de parte del rey.
(9) Pero Urías durmió a la puerta del palacio junto con todos los siervos de su
señor, y no descendió a su casa.
(10) E informaron de esto a David diciendo: ‘Urías no descendió a su casa.’
Entonces David preguntó a Urías: -¿No has llegado de viaje? ¿Por qué no
descendiste a tu casa?
(11) Urías respondió a David: -El arca, Israel y Yehudá [Judá] están en cabañas,
y mi señor Ioav [Joab] y los servidores de mi señor están acampados al aire
libre. ¿Y había yo de entrar en mi casa para comer y beber y dormir con mi
mujer? ¡Por tu vida y por la vida de tu alma, que no haré semejante cosa!
(12) David dijo a Urías: -Quédate hoy también aquí, y mañana te dejaré ir.
Entonces Urías se quedó en Ierushalaim [Jerusalén] aquel día y el día siguiente.
(13) David le invitó, y Urías comió y bebió con él; y le emborrachó. Pero al
anochecer él salió a dormir en su cama con los siervos de su señor, y no
descendió a su casa.
(14) Y sucedió que por la mañana David escribió una carta a Ioav [Joab], y la
envió por medio de Urías.
(15) Y en la carta escribió lo siguiente: ‘Poned a Urías en el frente más
peligroso de la batalla; luego retiraos de él, para que sea herido y muera.’
(16) Y aconteció que cuando Ioav [Joab] sitió la ciudad, puso a Urías en el
lugar donde sabía que estaban los hombres más valientes.
(17) Los hombres de la ciudad salieron y combatieron contra Ioav [Joab], y
murieron algunos del ejército de los servidores de David. Y murió también Urías
el heteo.
(18) Ioav [Joab] mandó a informar a David de todos los detalles de la batalla.
(19) E instruyó al mensajero diciendo: -Cuando acabes de exponer al rey todos
los detalles de la batalla,
(20) si sucede que se enciende la ira del rey, y te dice: ‘¿Por qué os
acercasteis a la ciudad para combatir? ¿No sabíais que ellos tirarían desde
arriba del muro?
(21) ¿Quién mató a Abimelec hijo de Jerobaal? ¿No fue una mujer quien arrojó
sobre él desde arriba del muro una piedra de molino, y él murió en Tebes? ¿Por
qué os acercasteis al muro?’ Entonces le dirás: ‘También tu servidor Urías el
heteo ha muerto.’
(22) Fue el mensajero, y al llegar contó a David todas las cosas que le había
mandado Ioav [Joab].
(23) Dijo el mensajero a David: -Los hombres prevalecieron contra nosotros, y
salieron al campo contra nosotros; pero les hicimos retroceder hasta la entrada
de la puerta de la ciudad.
(24) Entonces los arqueros tiraron contra tus servidores desde arriba del muro y
murieron algunos de los servidores del rey. También tu servidor Urías el heteo
ha muerto.
(25) Entonces David dijo al mensajero: -Así dirás a Ioav [Joab]: ‘Que esto no
parezca malo a tus ojos, pues la espada devora unas veces a uno y otras veces a
otro. Refuerza tu ataque contra la ciudad y destrúyela.’ Y tú aliéntalo.
(26) Al oír la mujer de Urías que su marido, Urías, había muerto, hizo duelo por
su marido.
(27) Pasado el luto, David envió a traerla a su palacio. Ella vino a ser su
mujer y le dio a luz un hijo. Pero esto que David había hecho pareció malo a los
ojos del Eterno.
(2 S. 12:1) El Eterno envió a Natán a David, y al venir a él le dijo: -Había dos
hombres en una ciudad: el uno rico y el otro pobre.
(2) El rico tenía numerosas ovejas y vacas;
(3) pero el pobre no tenía más que una sola corderita que él había comprado y
criado, que había crecido junto con él y sus hijos. Comía de su pan, bebía de su
vaso y dormía en su seno. La tenía como a una hija.
(4) Pero un viajero vino al hombre rico, y éste no quiso tomar una de sus ovejas
o de sus vacas para guisarla para el visitante que le había llegado, sino que
tomó la corderita de aquel hombre pobre, y la guisó para el señor que había
venido a él.
(5) Entonces se encendió en gran manera la ira de David contra aquel hombre y
dijo a Natán: -¡Vive el Eterno, que el que hizo semejante cosa es digno de
muerte!
(6) Él debe pagar cuatro veces el valor de la corderita, porque hizo semejante
cosa y no tuvo compasión.
(7) Entonces Natán dijo a David: -Tú eres ese hombre. Así ha dicho el Eterno
Elokim de Israel: ‘Yo te ungí como rey sobre Israel y te libré de la mano de
Shaúl [Saúl].
(8) Te di la casa de tu señor y puse las mujeres de tu señor en tu seno. Te di
la casa de Israel y de Yehudá [Judá]; y por si esto fuera poco, yo te habría
añadido muchas otras cosas.
(9) ¿Por qué, pues, menospreciaste la palabra del Eterno e hiciste lo malo ante
sus ojos? Has matado a espada a Urías el heteo; has tomado a su mujer por mujer
tuya, y a él lo has matado con la espada de los hijos de Amón.
(10) Ahora pues, porque me has menospreciado y has tomado la mujer de Urías el
heteo para que sea tu mujer, jamás se apartará la espada de tu casa.
(11) Así ha dicho el Eterno: He aquí yo levantaré contra ti el mal en tu propia
casa. Ante tus propios ojos tomaré tus mujeres y las daré a tu prójimo, el cual
se acostará con tus mujeres a la luz del sol.
(12) Ciertamente tú lo hiciste en secreto, pero yo haré esto ante todo Israel y
en pleno día.’
(13) David respondió a Natán: -He pecado contra el Eterno. Y Natán dijo a David:
-el Eterno también ha perdonado tu pecado; no morirás.
(14) Pero como en este asunto has hecho blasfemar a los enemigos del Eterno, el
hijo que te ha nacido morirá irremisiblemente.
(15) Después Natán regresó a su casa. Entonces el Eterno hirió al niño que la
mujer de Urías había dado a David, y enfermó de gravedad.
(16) David rogó a Elokim por el niño. David ayunó, entró y pasó la noche
acostado en el suelo.
(17) Los ancianos de su casa fueron a él para hacer que se levantase del suelo,
pero él no quiso ni tampoco tomó alimentos con ellos.
(18) Sucedió que al séptimo día murió el niño. Y los siervos de David temían
informarle que el niño había muerto, pues pensaban así: ‘He aquí que cuando el
niño todavía vivía, le hablábamos, y él no quería escuchar nuestra voz. ¿Cómo
vamos a decirle que el niño ha muerto? ¡Puede hacer algo malo!’
(19) Pero David, al ver que sus siervos susurraban entre sí, entendió que el
niño había muerto. Entonces David preguntó a sus siervos: -¿Ha muerto el niño?
Ellos respondieron: -Ha muerto.
(20) Entonces David se levantó del suelo, se lavó, se ungió, se cambió de ropa,
entró en la casa del Eterno y adoró. Después fue a su casa y pidió alimentos. Le
sirvieron comida, y comió.
(21) Sus siervos le preguntaron: -¿Qué es esto que has hecho? Mientras el niño
vivía, ayunabas y llorabas; pero ahora que ha muerto, te levantas y comes.
(22) Él respondió: -Mientras el niño vivía, yo ayunaba y lloraba pensando:
‘Quién sabe si el Eterno tendrá compasión de mí, y el niño vivirá.’
(23) Pero ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver?
¡Yo iré a él, pero él no volverá a mí!
(24) David consoló a BatSheva [Betsabé] su mujer. Y fue a ella y se acostó con
ella. Ella dio a luz un hijo, y llamó su nombre Shelomó [Salomón]. El Eterno
amaba al niño,
(25) y envió un mensaje por medio del profeta Natán, quien llamó su nombre
Yedidías, a causa del Eterno.
(26) Ioav [Joab] estaba combatiendo contra Rabá de los hijos de Amón, y tomó la
ciudad real.
(27) Entonces Ioav [Joab] envió mensajeros a David diciendo: ‘He combatido
contra Rabá y también he tomado el barrio de las Aguas.
(28) Ahora pues, reúne al resto del pueblo, acampa contra la ciudad y tómala tú;
no sea que tomándola yo, sea llamada por mi nombre.’
(29) David reunió a todo el pueblo, fue a Rabá, combatió contra ella y la tomó.
(30) Entonces tomó la corona de la cabeza de su rey, la cual pesaba un talento
de oro y tenía piedras preciosas. Y fue puesta sobre la cabeza de David. También
sacó mucho botín de la ciudad.
(31) A la gente que estaba en ella la sacó y la puso a trabajar con sierras,
trillos de hierro y hachas de hierro. También la hizo trabajar en los hornos de
ladrillos. Lo mismo hizo con todas las ciudades de los hijos de Amón. Luego
David regresó con todo el pueblo a Ierushalaim [Jerusalén].
(2 S. 13:1) Absalón [Abshalom] hijo de David tenía una hermana hermosa que se
llamaba Tamar. Y aconteció después de esto que Amnón hijo de David se enamoró de
ella.
(2) Amnón estaba angustiado hasta enfermarse por Tamar su hermana; porque siendo
ella virgen, le parecía a Amnón difícil hacerle algo.
(3) Pero Amnón tenía un amigo que se llamaba Jonadab hijo de Simea, hermano de
David. Jonadab era un hombre muy astuto.
(4) Y le preguntó: -Oh hijo del rey, ¿por qué vas enflaqueciendo así de día en
día? ¿No me lo contarás a mí? Amnón le respondió: -Estoy enamorado de Tamar,
hermana de Absalón [Abshalom], mi hermano.
(5) Y Jonadab le dijo: -Acuéstate en tu cama y finge estar enfermo. Cuando tu
padre venga a verte, dile: ‘Te ruego que venga mi hermana Tamar para que me dé
de comer. Que ella prepare delante de mí una comida, de modo que yo la vea y la
coma de su mano.’
(6) Amnón se acostó y fingió estar enfermo. Entonces el rey fue para verle, y
Amnón le dijo: -Te ruego que venga mi hermana Tamar y haga delante de mí dos
pasteles, para que yo los coma de su mano.
(7) Entonces David envió a Tamar a su casa, diciendo: -Ve, por favor, a la casa
de tu hermano Amnón y prepárale una comida.
(8) Tamar fue a la casa de su hermano Amnón, quien se encontraba acostado. Tomó
masa, la amasó, hizo los pasteles delante de él y los coció.
(9) Luego tomó la sartén y los sirvió delante de él. Pero Amnón no quiso comer.
Y Amnón dijo: -¡Haced salir a todos de aquí! Y salieron todos de allí.
(10) Entonces Amnón dijo a Tamar: -Trae la comida al dormitorio para que yo la
coma de tu mano. Tamar tomó los pasteles que había cocido y los llevó a su
hermano Amnón, al dormitorio.
(11) Cuando ella se los puso delante para que él comiese, él asió de ella y le
dijo: -Ven, acuéstate conmigo, hermana mía.
(12) Ella le respondió: -¡No, hermano mío! ¡No me fuerces, porque no se debe
hacer esto en Israel! ¡No hagas tal vileza!
(13) Porque, ¿adónde iría yo con mi deshonra? Tú mismo serías considerado como
uno de los hombres viles en Israel. Ahora pues, habla al rey, y él no rehusará
darme a ti.
(14) Pero él no la quiso escuchar; sino que, siendo más fuerte que ella, la
forzó y se acostó con ella.
(15) Luego la odió Amnón con tal odio, que el odio con que la odió fue mayor que
el amor con que la había amado. Y Amnón le dijo: -¡Levántate; vete!
(16) Ella respondió: -¡No! Porque este mal de echarme es mayor que el otro que
me has hecho. Pero él no la quiso escuchar.
(17) Más bien, llamó a su criado que le servía y le dijo: -¡Echa a ésta fuera de
aquí, y pon el cerrojo a la puerta tras ella!
(18) Ella estaba vestida con una túnica de diversos colores, porque así solían
vestir las hijas vírgenes del rey. Y su criado la echó fuera y puso el cerrojo a
la puerta tras ella.
(19) Entonces Tamar tomó ceniza y la esparció sobre su cabeza, rasgó su túnica
de diversos colores que llevaba, puso las manos sobre su cabeza y se fue
gritando.
(20) Su hermano Absalón [Abshalom] le preguntó: -¿Ha estado contigo tu hermano
Amnón? Calla, pues, ahora, hermana mía. Tu hermano es; no tomes tan a pecho este
asunto. Entonces Tamar se quedó desolada en la casa de su hermano Absalón [Abshalom].
(21) Cuando el rey David oyó todo esto, se enojó mucho.
(22) Pero Absalón [Abshalom] no habló con Amnón ni para mal ni para bien, pues
Absalón [Abshalom] odiaba a Amnón por haber violado a su hermana Tamar.
(23) Después de dos años acontenció que Absalón [Abshalom] tenía esquiladores en
Baal-hazor, que está junto a Efraín, e invitó Absalón [Abshalom] a todos los
hijos del rey.
(24) Y Absalón [Abshalom] fue al rey y le dijo: -He aquí que tu siervo tiene
esquiladores. Por favor, que el rey y sus servidores vengan con tu siervo.
(25) El rey respondió a Absalón [Abshalom]: -No, hijo mío. No iremos todos, para
que no te seamos una carga pesada. Aunque le insistió, él no quiso ir, pero lo
bendijo.
(26) Entonces dijo Absalón [Abshalom]: -Si no, por favor, que venga con nosotros
mi hermano Amnón. El rey le preguntó: -¿Para qué ha de ir contigo?
(27) Como Absalón [Abshalom] le insistió, dejó ir con él a Amnón y a todos los
hijos del rey.
(28) Absalón [Abshalom] había dado órdenes a sus criados diciendo: ‘Mirad;
cuando el corazón de Amnón esté eufórico por el vino y yo os diga: ‘¡Herid a
Amnón!’, entonces matadle. No temáis. ¿No os lo he mandado yo? Esforzaos, pues,
y sed valientes.’
(29) Los criados de Absalón [Abshalom] hicieron con Amnón lo que Absalón [Abshalom]
les había mandado. Entonces se levantaron todos los hijos del rey, montó cada
uno en su mulo, y huyeron.
(30) Estando ellos aún en el camino, llegó a David el rumor que decía: ‘Absalón
[Abshalom] ha matado a todos los hijos del rey, y no ha quedado ninguno de
ellos.’
(31) El rey se levantó, rasgó sus vestiduras y se echó en el suelo. Y todos sus
servidores que estaban a su lado rasgaron sus vestiduras.
(32) Entonces intervino Jonadab hijo de Simea, hermano de David, y dijo: -No
crea mi señor que han matado a todos los jóvenes, hijos del rey. Sólo Amnón ha
muerto, porque estaba decidido por orden de Absalón [Abshalom] desde el día en
que Amnón violó a su hermana Tamar.
(33) Por eso, no haga caso mi señor el rey del rumor que dice: ‘Todos los hijos
del rey han sido asesinados.’ Porque sólo Amnón ha muerto.
(34) Y Absalón [Abshalom] huyó. Entre tanto, el criado que hacía de centinela
alzó sus ojos, y he aquí que mucha gente venía por el camino del oeste, por el
lado de la colina.
(35) Entonces Jonadab dijo al rey: -¡He aquí que llegan los hijos del rey! Como
tu siervo había dicho, así ha sucedido.
(36) Y sucedió que cuando él acabó de hablar, he aquí que los hijos del rey
llegaron; y alzando la voz, lloraron. También el rey y todos sus servidores
lloraron muy amargamente.
(37) Absalón [Abshalom] huyó y se fue a Talmai hijo de Amijud, rey de Gesur. Y
David lloraba por su hijo todos los días.
(38) Así Absalón [Abshalom] huyó y se fue a Gesur, y estuvo allí tres años.
(39) Y el rey David se consumía por ver a Absalón [Abshalom], porque ya se había
consolado de la muerte de Amnón.
(2 S. 14:1) Ioav [Joab], hijo de Tzeruiá [Sarvia], se dio cuenta de que el
corazón del rey se inclinaba por Absalón [Abshalom].
(2) Entonces Ioav [Joab] mandó a traer de Tecoa a una mujer sabia, y le dijo:
-Por favor, finge que estás de duelo. Ponte un vestido de luto y no te unjas con
aceite; antes bien, aparenta ser una mujer que hace tiempo guarda luto por algún
muerto.
(3) Luego entra a la presencia del rey y habla con él de esta manera… Y Ioav [Joab]
puso las palabras en su boca.
(4) Aquella mujer de Tecoa vino al rey, se postró en tierra sobre su rostro
haciendo reverencia y dijo: -¡Socórreme, oh rey!
(5) El rey le preguntó: -¿Qué te pasa? Ella respondió: -¡Ay de mí! Soy una mujer
viuda; mi marido ha muerto.
(6) Tu sierva tenía dos hijos. Pero los dos pelearon en el campo, y no habiendo
quien los separase, el uno hirió al otro y lo mató.
(7) Y he aquí que toda la familia se ha levantado contra tu sierva, diciendo:
‘¡Entrega al que mató a su hermano, para que lo matemos por la vida de su
hermano a quien mató, y destruyamos también al heredero!’ ¡Así extinguirán el
carbón encendido que me queda, no dejando a mi marido nombre ni descendencia
sobre la tierra!
(8) Entonces el rey dijo a la mujer: -Ve a tu casa, que yo me ocuparé de tu
caso.
(9) Y la mujer de Tecoa dijo al rey: -¡Oh mi señor el rey, sea la culpa sobre mí
y sobre mi casa paterna! Pero el rey y su trono sean sin culpa.
(10) El rey dijo: -Al que hable contra ti, tráelo a mí; y no te molestará más.
(11) Entonces ella dijo: -Acuérdate, por favor, oh rey, del Eterno tu Elokim,
para que el vengador de la sangre no siga destruyendo, no sea que destruya a mi
hijo. Él respondió: -¡Vive el Eterno, que no caerá en tierra ni un cabello de la
cabeza de tu hijo!
(12) Dijo la mujer: -Por favor, permite que tu sierva diga una palabra a mi
señor el rey. Él dijo: -Habla.
(13) Entonces dijo la mujer: -¿Por qué, pues, piensas de este modo contra el
pueblo de Elokim? Cuando el rey dice estas palabras, se culpa a sí mismo, por
cuanto el rey no hace volver a su desterrado.
(14) A la verdad, todos hemos de morir; somos como el agua derramada en la
tierra, que no se puede recoger. Pero Elokim no quita la vida, sino que busca la
manera de que el desterrado no quede desterrado de él.
(15) He venido ahora para decir esto a mi señor el rey, porque el pueblo me ha
atemorizado. Pero tu sierva pensó: Hablaré al rey; quizás él haga lo que su
sierva le diga.
(16) Porque el rey me oirá para librar a su sierva de mano del hombre que busca
destruirme a mí juntamente con mi hijo, de la heredad de Elokim.
(17) Dice, pues, tu sierva: ¡Que sea de alivio la respuesta de mi señor el rey,
porque como un enviado de Elokim es mi señor el rey para discernir lo bueno y lo
malo! ¡Que el Eterno tu Elokim sea contigo!
(18) Entonces el rey respondió y dijo a la mujer: -Por favor, no me encubras
nada de lo que te voy a preguntar. La mujer dijo: -Hable mi señor el rey.
(19) El rey preguntó: -¿No está contigo la mano de Ioav [Joab] en todo esto? La
mujer respondió y dijo: -¡Vive tu alma, oh mi señor el rey! Nadie se podrá
desviar ni a la derecha ni a la izquierda de todo lo que habla mi señor el rey.
Ciertamente fue Ioav [Joab] tu servidor quien me mandó. Él puso todas estas
palabras en boca de tu sierva.
(20) Ioav [Joab], tu servidor, hizo esto para cambiar la situación presente.
Pero mi señor es sabio, conforme a la sabiduría de un enviado de Elokim, para
conocer todo lo que hay en la tierra.
(21) Entonces el rey dijo a Ioav [Joab]: -He aquí, yo concedo esto: Ve y haz
volver al joven Absalón [Abshalom].
(22) Ioav [Joab] se postró en tierra sobre su rostro, y haciendo reverencia,
bendijo al rey. Entonces dijo Ioav [Joab]: -Hoy ha entendido tu siervo que ha
hallado gracia ante tus ojos, oh mi señor el rey, pues el rey ha concedido la
petición de su siervo.
(23) Entonces Ioav [Joab] se levantó, fue a Gesur y trajo a Absalón [Abshalom] a
Ierushalaim [Jerusalén].
(24) Pero el rey dijo: -Que se vaya a su casa y no vea mi cara. Así que Absalón
[Abshalom] se fue a su casa, y no vio la cara del rey.
(25) En todo Israel no había un hombre tan alabado por su belleza como Absalón [Abshalom].
Desde la planta de su pie hasta su coronilla, no había defecto en él.
(26) Cuando se cortaba el cabello [cosa que hacía al final de cada año porque le
era pesado, y por ello se lo cortaba], el cabello de su cabeza pesaba 200 siclos
de peso real.
(27) A Absalón [Abshalom] le nacieron tres hijos y una hija, que se llamaba
Tamar. Ella era una mujer hermosa.
(28) Durante dos años estuvo Absalón [Abshalom] en Ierushalaim [Jerusalén] y no
vio la cara del rey.
(29) Y Absalón [Abshalom] mandó llamar a Ioav [Joab] para enviarlo al rey, pero
Ioav [Joab] no quiso venir a él. Lo mandó llamar por segunda vez, pero él no
quiso venir.
(30) Entonces Absalón [Abshalom] dijo a sus siervos: -Mirad, la parcela de Ioav
[Joab] está junto a la mía, y allí él tiene cebada. Id y prendedle fuego. Los
siervos de Absalón [Abshalom] prendieron fuego a la parcela.
(31) Entonces Ioav [Joab] se levantó, fue a la casa de Absalón [Abshalom] y le
preguntó: -¿Por qué han prendido fuego tus siervos a mi parcela?
(32) Absalón [Abshalom] respondió a Ioav [Joab]: -He aquí, yo envié por ti
diciendo: ‘Ven acá para que te envíe al rey y le digas: ‘¿Para qué vine de Gesur?
Mejor me hubiera sido quedar aún allá.» Ahora pues, quiero ver la cara del rey;
y si hay culpa en mí, que me haga morir.
(33) Ioav [Joab] fue al rey y se lo informó. Entonces llamó a Absalón [Abshalom],
el cual vino al rey y se postró sobre su rostro en tierra ante él. Y el rey besó
a Absalón [Abshalom].
(2 S. 15:1) Aconteció después de esto que Absalón [Abshalom] consiguió un carro,
caballos y cincuenta hombres que corriesen delante de él.
(2) Absalón [Abshalom] se levantaba muy de mañana y se ponía de pie a un lado
del camino que conduce a la puerta de la ciudad, y a todo el que tenía pleito e
iba a juicio ante el rey, Absalón [Abshalom] le llamaba y preguntaba: -¿De qué
ciudad eres? Él respondía: -Tu siervo es de una de las tribus de Israel…
(3) Entonces Absalón [Abshalom] le decía: -Mira, tu causa es buena y justa. Pero
no tienes quién te oiga de parte del rey.
(4) -Y añadía Absalón [Abshalom]-: ¡Quién me pusiera por juez en el país, para
que viniera a mí todo el que tuviese pleito o causa, y yo le haría justicia!
(5) Sucedía que cuando alguno se acercaba para postrarse ante él, éste extendía
su mano, lo asía y lo besaba.
(6) De esta manera hacía Absalón [Abshalom] con todos los israelitas que iban al
rey para juicio. Así robaba Absalón [Abshalom] el corazón de los hombres de
Israel.
(7) Aconteció que después de cuatro años Absalón [Abshalom] dijo al rey:
-Permíteme ir a Hebrón a cumplir mi voto que hice al Eterno.
(8) Porque tu siervo hizo un voto cuando estaba en Gesur, en Siria, diciendo:
‘Si el Eterno me hace volver a Ierushalaim [Jerusalén], yo serviré al Eterno.’
(9) El rey le dijo: -Ve en paz. Entonces él se levantó y se fue a Hebrón.
(10) Pero envió agentes secretos por todas las tribus de Israel, diciendo:
‘Cuando escuchéis el sonido de la corneta, diréis: ‘¡Absalón [Abshalom] reina en
Hebrón!»
(11) Con Absalón [Abshalom] fueron 200 hombres de Ierushalaim [Jerusalén],
invitados por él. Ellos fueron inocentemente, sin tener conocimiento de nada.
(12) Entonces, mientras ofrecía los sacrificios, Absalón [Abshalom] mandó llamar
a Ajitofel el gilonita, consejero de David, de Gilo su ciudad. La conspiración
se hizo poderosa, y el pueblo que estaba de parte de Absalón [Abshalom] seguía
aumentando.
(13) Un mensajero vino a David y dijo: -¡El corazón de los hombres de Israel se
va tras Absalón [Abshalom]!
(14) Entonces David dijo a todos sus servidores que estaban con él en
Ierushalaim [Jerusalén]: -Levantaos, y huyamos, porque no podremos escapar ante
Absalón [Abshalom]. Daos prisa a partir, no sea que apresurándose nos alcance,
eche sobre nosotros el mal y hiera la ciudad a filo de espada.
(15) Los servidores del rey le dijeron: -He aquí que tus siervos estamos listos
para todo lo que nuestro señor el rey decida.
(16) El rey salió, y le siguió toda su familia; pero dejó a diez concubinas para
que guardasen el palacio.
(17) Salió, pues, el rey con toda la gente en pos de él, y se detuvieron en la
casa más distante.
(18) Todos sus servidores pasaban a su lado, con todos los quereteos y todos los
peleteos. Y todos los geteos, 600 hombres que habían venido tras él desde Gat,
pasaron delante del rey.
(19) Entonces el rey dijo a Itai el geteo: -¿Para qué vienes tú también con
nosotros? Vuelve y quédate con el rey, puesto que tú eres un extraño y también
un desterrado de tu lugar de origen.
(20) Viniste sólo ayer. ¿Y he de hacer hoy que andes errante por ir con
nosotros, mientras yo voy sin rumbo fijo? Vuélvete y haz volver a tus hermanos,
y que la misericordia y la verdad sean contigo.
(21) Pero Itai respondió al rey diciendo: -¡Vive el Eterno y vive mi señor el
rey, que sea para muerte o sea para vida, dondequiera esté mi señor el rey, allí
estará también tu siervo!
(22) Entonces David dijo a Itai: -Ven, pues, y pasa adelante. Así pasó Itai el
geteo, con todos sus hombres y todos sus pequeños que estaban con él.
(23) Todo el mundo lloraba en alta voz, mientras toda la gente cruzaba. También
cruzaron el arroyo de Quedrón el rey y toda la gente, rumbo al camino del
desierto.
(24) Y he aquí que también iba Tzadoc [Sadoc], y con él todos los levitas que
llevaban el arca del pacto de Elokim. Ellos asentaron el arca de Elokim, hasta
que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad. Entonces subió Abiatar.
(25) El rey dijo a Tzadoc [Sadoc]: -Haz volver el arca de Elokim a la ciudad;
pues si hallo gracia ante los ojos del Eterno, él me hará volver y me permitirá
ver el arca y su morada.
(26) Pero si dice: ‘No me agradas’, heme aquí; que él haga de mí lo que le
parezca bien.
(27) -Además, el rey dijo al sacerdote Tzadoc [Sadoc]-: ¿No eres tú un vidente?
Regresa en paz a la ciudad, y regresen con vosotros vuestros dos hijos: tu hijo
Ajimaas y Iehonatán [Jonatán] hijo de Abiatar.
(28) Mirad, yo me detendré en las llanuras del desierto, hasta que venga palabra
de parte de vosotros para informarme.
(29) Entonces Tzadoc [Sadoc] y Abiatar devolvieron el arca de Elokim a
Ierushalaim [Jerusalén], y se quedaron allí.
(30) Pero David subió la cuesta del monte de los Olivos; la subió llorando, con
la cabeza cubierta y los pies descalzos. También todo el pueblo que estaba con
él cubrió cada uno su cabeza, y lloraban mientras subían.
(31) E informaron a David diciéndole: -Ajitofel está entre los que han
conspirado con Absalón [Abshalom]. Entonces David dijo: -Frustra, por favor, oh
Eterno, el consejo de Ajitofel.
(32) Sucedió que cuando David llegó a la cumbre del monte donde solían
arrodillarse ante Elokim, he aquí que Husai el arquita le salió al encuentro,
con sus vestiduras rasgadas y tierra sobre su cabeza.
(33) Entonces David le dijo: -Si vienes conmigo, me serás una carga.
(34) Pero si vuelves a la ciudad y le dices a Absalón [Abshalom]: ‘Oh rey, yo
seré tu siervo; como he sido siervo de tu padre en el pasado, así seré ahora
siervo tuyo’, entonces tú frustrarás a mi favor el consejo de Ajitofel.
(35) ¿No estarán allí contigo los sacerdotes Tzadoc [Sadoc] y Abiatar? Todo lo
que oigas en la casa del rey se lo comunicarás a los sacerdotes Tzadoc [Sadoc] y
Abiatar.
(36) He aquí que están allí con ellos sus dos hijos, Ajimaas hijo de Tzadoc
[Sadoc] y Iehonatán [Jonatán] hijo de Abiatar. Por medio de ellos me enviaréis
información de todo lo que oigáis.’
(37) Así Husai, amigo de David, llegó a la ciudad. Y Absalón [Abshalom] entró en
Ierushalaim [Jerusalén].
(2 S. 16:1) Cuando David pasó un poco más allá de la cumbre del monte, he aquí
que Siba, criado de Mefiboset, salió a recibirle con un par de asnos aparejados,
llevando 200 panes, 100 tortas de pasas, 100 frutas de verano y una tinaja de
vino.
(2) El rey preguntó a Siba: -¿Para qué traes esto? Siba respondió: -Los asnos
son para que monte la familia del rey; los panes y la fruta, para que coman los
jóvenes; y el vino es para que beban los que se cansen en el desierto.
(3) El rey preguntó: -¿Dónde está el hijo de tu señor? Siba respondió al rey:
-He aquí que él se ha quedado en Ierushalaim [Jerusalén], porque ha dicho: ‘Hoy
la casa de Israel me devolverá el reino de mi padre.’
(4) Entonces el rey dijo a Siba: -¡He aquí que es tuyo todo lo que pertenece a
Mefiboset! Siba respondió: -Ante ti me postro; halle yo gracia ante tus ojos, oh
mi señor el rey.
(5) Al llegar el rey David a Bajurim, he aquí que salió de allí un hombre de la
familia de la casa de Shaúl [Saúl], que se llamaba Shimí [Simei] hijo de Gera.
Mientras salía, iba maldiciendo
(6) y arrojando piedras a David y a todos los servidores del rey David; pero
todo el pueblo y todos los hombres valientes estaban a su derecha y a su
izquierda.
(7) Shimí [Simei] decía maldiciéndole: -¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y
hombre perverso!
(8) El Eterno ha hecho recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Shaúl
[Saúl], en cuyo lugar has reinado. Pero el Eterno ha entregado el reino en mano
de tu hijo Absalón [Abshalom], y he aquí que estás en desgracia, porque eres un
hombre sanguinario.
(9) Entonces Abisai, hijo de Tzeruiá [Sarvia], preguntó al rey: -¿Por qué ha de
maldecir este perro muerto a mi señor el rey? ¡Por favor, déjame pasar, y le
cortaré la cabeza!
(10) Pero el rey respondió: -¿Qué tengo yo con vosotros, hijos de Tzeruiá
[Sarvia]? Que maldiga; porque si el Eterno le ha dicho: ‘Maldice a David’,
¿quién le dirá: ‘¿Por qué haces esto?’
(11) Entonces David dijo a Abisai y a todos sus servidores: -He aquí, mi hijo,
que ha salido de mis entrañas, acecha mi vida. ¡Cuánto más ahora uno de
Benjamín! Dejadle que maldiga, porque el Eterno se lo ha dicho.
(12) Quizás el Eterno mirará mi aflicción, y me concederá el Eterno bienestar a
cambio de sus maldiciones del día de hoy.
(13) Mientras David y los suyos iban por el camino, Shimí [Simei] iba por la
ladera del monte y paralelo a él, maldiciéndole, arrojando piedras frente a él y
esparciendo polvo.
(14) El rey y todo el pueblo que estaba con él llegaron fatigados, y descansaron
allí.
(15) Absalón [Abshalom] y todo el pueblo, los hombres de Israel, entraron en
Ierushalaim [Jerusalén]; y Ajitofel estaba con él.
(16) Sucedió que cuando Husai el arquita, amigo de David, llegó ante Absalón
[Abshalom], Husai dijo a Absalón [Abshalom]: -¡Viva el rey! ¡Viva el rey!
(17) Absalón [Abshalom] preguntó a Husai: -¿De esta manera expresas tu lealtad
para con tu amigo? ¿Por qué no te fuiste con tu amigo?
(18) Husai respondió a Absalón [Abshalom]: -No. Yo seré de quien elijan el
Eterno, este pueblo y todos los hombres de Israel; y con él me quedaré.
(19) Además, ¿a quién voy yo a servir? ¿No es a su hijo? Como he servido a tu
padre, así te serviré a ti.
(20) Entonces Absalón [Abshalom] dijo a Ajitofel: -Da tu consejo sobre lo que
debemos hacer.
(21) Y Ajitofel contestó a Absalón [Abshalom]: -Únete a las concubinas de tu
padre, que él dejó para guardar el palacio. Todo el pueblo de Israel oirá que te
has hecho odioso a tu padre, y se fortalecerán las manos de todos los que están
contigo.
(22) Entonces instalaron una tienda para Absalón [Abshalom] sobre la azotea, y
él se unió a las concubinas de su padre a la vista de todo Israel.
(23) En aquellos días el consejo que daba Ajitofel era como si alguien
consultara la palabra de Elokim. Así era considerado todo consejo de Ajitofel,
tanto por David como por Absalón [Abshalom].
(2 S. 17:1) Entonces Ajitofel dijo a Absalón [Abshalom]: -Permíteme escoger a
12.000 hombres, y me levantaré y perseguiré a David esta noche.
(2) Caeré sobre él cuando esté cansado y desalentado. Lo atemorizaré, y todo el
pueblo que está con él huirá; entonces mataré sólo al rey.
(3) Él es el hombre a quien buscas. Así haré volver a ti a todo el pueblo; y
cuando todos hayan vuelto, todo el pueblo estará en paz.
(4) El consejo pareció bueno a Absalón [Abshalom] y a todos los ancianos de
Israel.
(5) Pero Absalón [Abshalom] dijo: -Por favor, llamad también a Husai el arquita,
para que escuchemos asimismo lo que él tenga que decir.
(6) Cuando Husai vino a Absalón [Abshalom], éste le habló diciendo: -De esta
manera ha hablado Ajitofel. ¿Seguiremos su consejo? Si no, habla tú.
(7) Husai dijo a Absalón [Abshalom]: -El consejo que ha dado Ajitofel esta vez
no es bueno.
(8) -Y Husai añadió-: Tú sabes que tu padre y sus hombres son valientes y que
están con ánimo provocado, como la osa en el campo a la que le han quitado sus
crías. Además, tu padre es hombre de guerra y no pasará la noche con el pueblo.
(9) He aquí que ahora estará escondido en alguna cueva o en otro lugar. Y
acontecerá que si al comienzo caen algunos del pueblo, cualquiera que lo oiga
dirá: ‘Ha habido una matanza entre la gente que sigue a Absalón [Abshalom].’
(10) Así, aun el hombre más valiente, cuyo corazón es como el corazón de un
león, sin duda desmayará. Porque todo Israel sabe que tu padre es un hombre
valiente y que los que están con él son hombres de valor.
(11) Aconsejo, pues, que todo Israel se reúna contigo, desde Dan hasta Beer
Sheva, tan numeroso como la arena que está a la orilla del mar; y que tú en
persona vayas a la batalla.
(12) Entonces iremos contra él en cualquier lugar donde se encuentre y caeremos
sobre él, como el rocío cae sobre la tierra. Y no dejaremos vivo a él ni a
ninguno de los hombres que están con él.
(13) Y si se retira a alguna ciudad, todos los de Israel llevaremos sogas a esa
ciudad, y la arrastraremos hasta el arroyo, de manera que no se encuentre allí
ni siquiera una piedrecita.
(14) Entonces Absalón [Abshalom] y todos los hombres de Israel dijeron: -El
consejo de Husai el arquita es mejor que el consejo de Ajitofel. El Eterno había
determinado que el acertado consejo de Ajitofel se frustrara, para que el Eterno
hiciese caer el mal sobre Absalón [Abshalom].
(15) Entonces Husai dijo a los sacerdotes Tzadoc [Sadoc] y Abiatar: -De esta y
esta manera aconsejó Ajitofel a Absalón [Abshalom] y a los ancianos de Israel, y
de esta y esta manera les aconsejé yo.
(16) Por tanto, mandad inmediatamente a informar a David, diciendo: ‘No pases
esta noche en las llanuras del desierto. Cruza sin falta el Jordán, para que no
sea aniquilado el rey junto con toda la gente que está con él.’
(17) Iehonatán [Jonatán] y Ajimaas estaban junto a En-rogel. Una criada había de
ir e informarles, porque ellos no debían exponerse yendo a la ciudad. Y ellos
habían de ir e informar al rey David.
(18) Pero un muchacho los vio e informó a Absalón [Abshalom]. Por tanto, los dos
se dieron prisa y llegaron a la casa de un hombre en Bajurim, quien tenía un
pozo en su patio, y se metieron dentro de él.
(19) La esposa tomó una manta, la extendió sobre la boca del pozo y tendió sobre
ella grano trillado; y nada se supo del asunto.
(20) Cuando los servidores de Absalón [Abshalom] llegaron a la casa de la mujer,
le preguntaron: -¿Dónde están Ajimaas y Iehonatán [Jonatán]? La mujer les
respondió: -Ya han pasado el depósito de agua. Ellos los buscaron, pero no los
hallaron; y se volvieron a Ierushalaim [Jerusalén].
(21) Y sucedió que después que se habían ido, los hombres salieron del pozo.
Luego fueron e informaron al rey David diciéndole: -Levantaos y daos prisa para
cruzar las aguas, porque así ha aconsejado Ajitofel contra vosotros.
(22) Entonces David se levantó, junto con toda la gente que estaba con él, y
cruzaron el Jordán. Para el amanecer no quedó ni uno solo que no hubiese cruzado
el Jordán.
(23) Al ver Ajitofel que no se había seguido su consejo, aparejó el asno, partió
y se fue a su casa, en su ciudad. Después de poner en orden su casa, se ahorcó y
murió. Entonces fue sepultado en la tumba de su padre.
(24) David llegó a Majanaim, y Absalón [Abshalom] cruzó el Jordán con todos los
hombres de Israel.
(25) Absalón [Abshalom] había puesto a Amasa al mando del ejército, en lugar de
Ioav [Joab]. Amasa era hijo de un hombre llamado Iter [Jeter] el israelita, que
se había unido a Abigaíl hija de Najas y hermana de Tzeruiá [Sarvia], que era la
madre de Ioav [Joab].
(26) Absalón [Abshalom] y los de Israel acamparon en la tierra de Galaad.
(27) Y aconteció que cuando David llegó a Majanaim, Sobi hijo de Najas, de Rabá
de los hijos de Amón; Maquir hijo de Amiel, de Lo-debar; y Barzilai el galadita,
de Rogelim,
(28) trajeron camas, tazas, vasijas de barro, trigo, cebada, harina, grano
tostado, habas, lentejas,
(29) miel, mantequilla, ovejas y queso de vaca, y los presentaron a David y al
pueblo que estaba con él, para que comiesen. Porque pensaron: ‘La gente está
hambrienta, cansada y sedienta en el desierto.’
(2 S. 18:1) David pasó revista a la gente que estaba con él, y puso sobre ellos
jefes de millares y jefes de centenas.
(2) Luego David envió a la gente: una tercera parte al mando de Ioav [Joab],
otra tercera parte al mando de Abisai, hijo de Tzeruiá [Sarvia] y hermano de
Ioav [Joab], y la otra tercera parte al mando de Itai el geteo. Luego el rey
dijo al pueblo: -Yo mismo iré también con vosotros.
(3) Pero el pueblo dijo: -No irás; porque si nosotros tenemos que huir, no harán
caso de nosotros. Aunque muera la mitad de nosotros, no nos harán caso. Pero tú
vales hoy tanto como 10.000 de nosotros. Ahora pues, será mejor que nos des
ayuda desde la ciudad.
(4) El rey les dijo: -Haré lo que os parezca bien. Entonces el rey se quedó de
pie junto a la puerta mientras todo el pueblo salía de cien en cien y de mil en
mil.
(5) Y el rey mandó a Ioav [Joab], a Abisai y a Itai, diciendo: -Tratad
benignamente al joven Absalón [Abshalom], por consideración a mí. Y todo el
pueblo escuchó cuando el rey dio orden a todos los jefes acerca de Absalón
[Abshalom].
(6) La gente salió al campo al encuentro de Israel, y se dio la batalla en el
bosque de Efraín.
(7) Allí cayó el pueblo de Israel ante los servidores de David. Aquel día hubo
allí una gran matanza de 20.000 hombres.
(8) La batalla se extendió por toda la región, y aquel día el bosque devoró más
gente que la que había devorado la espada.
(9) Sucedió que Absalón [Abshalom] se encontró con los servidores de David.
Absalón [Abshalom] iba montado sobre un mulo, y el mulo se metió por debajo del
espeso ramaje de una gran encina. A Absalón [Abshalom] se le enredó la cabeza en
la encina, de modo que quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el
mulo que estaba debajo de él siguió adelante.
(10) Un hombre lo vio y avisó a Ioav [Joab] diciendo: -He aquí que he visto a
Absalón [Abshalom] colgado de una encina.
(11) Ioav [Joab] respondió al hombre que le dio la noticia: -Y viéndolo tú, ¿por
qué no lo mataste allí mismo, derribándolo a tierra? Yo te hubiera dado diez
piezas de plata y un cinturón.
(12) El hombre respondió a Ioav [Joab]: -Aunque yo recibiera en mi mano mil
piezas de plata, no extendería mi mano contra el hijo del rey, porque nosotros
oímos cuando el rey os mandó a ti, a Abisai y a Itai, diciendo: ‘Cuidadme al
joven Absalón [Abshalom].’
(13) Si yo hubiera arriesgado mi vida [y nada se le esconde al rey], tú mismo
habrías estado en contra.
(14) Ioav [Joab] respondió: -No perderé mi tiempo contigo. Y tomando tres dardos
en su mano, los clavó en el corazón de Absalón [Abshalom], que aún estaba vivo
en medio de la encina.
(15) Luego lo rodearon diez jóvenes, escuderos de Ioav [Joab], e hirieron a
Absalón [Abshalom] y lo remataron.
(16) Entonces Ioav [Joab] tocó la corneta, y el pueblo dejó de perseguir a
Israel, porque Ioav [Joab] detuvo al pueblo.
(17) Tomaron después a Absalón [Abshalom], lo echaron en un gran hoyo en el
bosque y levantaron sobre él un gran montón de piedras. Y todo Israel huyó, cada
uno a su morada.
(18) En vida Absalón [Abshalom] había mandado erigir para sí un monumento que
está en el Valle del Rey, porque había dicho: ‘Yo no tengo hijo que conserve la
memoria de mi nombre.’ Él puso su nombre a aquel monumento. Y hasta el día de
hoy se llama monumento de Absalón [Abshalom].
(19) Entonces Ajimaas hijo de Tzadoc [Sadoc] dijo: -Correré y daré las buenas
noticias al rey, de cómo el Eterno le ha librado de mano de sus enemigos.
(20) Ioav [Joab] le respondió: -No serás tú quien lleve las noticias en este
día. Las llevarás otro día. No llevarás las noticias en este día, porque el hijo
del rey ha muerto.
(21) Entonces Ioav [Joab] dijo al etíope: -Ve tú e informa al rey de lo que has
visto. El etíope se postró ante Ioav [Joab] y corrió.
(22) Entonces Ajimaas hijo de Tzadoc [Sadoc] volvió a decir a Ioav [Joab]: -Sea
como sea, deja que yo también corra tras el etíope. Ioav [Joab] le dijo: -Hijo
mío, ¿para qué has de correr, si no te van a dar un premio por las noticias?
(23) Pero él respondió: -Sea como sea, correré. Entonces le dijo: -Corre.
Ajimaas corrió por el camino de la llanura y pasó al etíope.
(24) David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela fue a la azotea de
la puerta de la muralla, y alzando los ojos miró, y he allí un hombre que corría
solo.
(25) El centinela llamó e informó al rey. Y el rey dijo: -Si viene solo, trae
buenas noticias. En tanto que él iba acercándose,
(26) el centinela vio a otro hombre que corría. Y el centinela llamó al portero
diciendo: -¡He aquí, otro hombre viene corriendo solo! Y el rey dijo: -Ése
también trae buenas noticias.
(27) El centinela volvió a decir: -Me parece que el correr del primero es como
el correr de Ajimaas hijo de Tzadoc [Sadoc]. El rey respondió: -Ése es un hombre
de bien y trae buenas noticias.
(28) Ajimaas llamó y dijo al rey: -¡Paz! Se postró ante el rey con el rostro en
tierra y añadió: -¡Bendito sea el Eterno tu Elokim, que ha entregado a los
hombres que habían levantado su mano contra mi señor el rey!
(29) El rey le preguntó: -¿Está bien el joven Absalón [Abshalom]? Ajimaas
respondió: -Cuando Ioav [Joab] envió al siervo del rey, a tu siervo, vi un gran
alboroto, pero no supe de qué se trataba.
(30) El rey dijo: -Pasa y detente allí. Él pasó y se detuvo.
(31) Y he aquí el etíope llegó y dijo: -Reciba mi señor el rey la buena noticia
de que el Eterno ha defendido hoy tu causa ante todos los que se levantaron
contra ti.
(32) El rey preguntó al etíope: -¿Está bien el joven Absalón [Abshalom]? El
etíope respondió: -Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y
todos los que se levantan contra ti para mal.
(2 S. 19:1) El rey se estremeció. Subió a la sala que estaba encima de la puerta
y lloró. Decía mientras subía: -¡Hijo mío Absalón [Abshalom]! ¡Hijo mío, hijo
mío Absalón [Abshalom]! ¡Quién me diera que yo muriese en tu lugar, Absalón
[Abshalom], hijo mío, hijo mío!
(2) Se informó a Ioav [Joab]: ‘He aquí que el rey llora y hace duelo por Absalón
[Abshalom].’
(3) Aquel día la victoria se convirtió en duelo para todo el pueblo, porque
aquel día el pueblo había oído decir: ‘El rey siente dolor por su hijo.’
(4) Aquel día el pueblo entró en la ciudad a escondidas, como suelen entrar
avergonzados los que han huido de la batalla.
(5) El rey cubrió su cara y clamó en alta voz: -¡Hijo mío Absalón [Abshalom]!
¡Absalón [Abshalom], hijo mío, hijo mío!
(6) Ioav [Joab] entró en la casa del rey y le dijo: -Hoy has avergonzado la cara
de todos tus servidores que hoy han librado tu vida y la vida de tus hijos y de
tus hijas, la vida de tus mujeres y la vida de tus concubinas;
(7) pues amas a los que te aborrecen y aborreces a los que te aman. Porque has
revelado que a ti nada te importan tus oficiales ni tus servidores. Ciertamente
ahora sé que si Absalón [Abshalom] viviera, aunque todos nosotros estuviésemos
muertos, entonces estarías contento.
(8) Ahora pues, levántate, sal y habla bondadosamente a tus servidores. Porque
juro por el Eterno que si no sales, ni un solo hombre quedará contigo esta
noche; y esto será peor para ti que todos los males que te han sobrevenido desde
tu juventud hasta ahora.
(9) Entonces el rey se levantó y se sentó a la puerta. Se anunció a todo el
pueblo diciendo: ‘He aquí el rey está sentado a la puerta de la ciudad.’ Y todo
el pueblo se presentó ante el rey. Mientras tanto, los israelitas habían huido
cada uno a su morada.
(10) Y sucedió que todo el pueblo contendía en todas las tribus de Israel,
diciendo: ‘El rey nos ha librado de mano de nuestros enemigos y nos ha salvado
de mano de los filisteos, pero ahora ha huido del país por causa de Absalón
[Abshalom].
(11) Sin embargo, Absalón [Abshalom], a quien habíamos ungido rey sobre
nosotros, ha muerto en la batalla. Ahora pues, ¿por qué guardáis silencio con
respecto a hacer volver al rey?’
(12) Por su parte, el rey David mandó a decir a los sacerdotes Tzadoc [Sadoc] y
Abiatar: ‘Hablad a los ancianos de Yehudá [Judá] y decidles: ‘¿Por qué seréis
vosotros los últimos en hacer volver al rey a su casa, siendo que la palabra de
todo Israel ha llegado al rey, a su casa?
(13) Vosotros sois mis hermanos, hueso mío y carne mía; ¿por qué, pues, seréis
los últimos en hacer volver al rey?’
(14) Asimismo, diréis a Amasa: ‘¿No eres tú hueso mío y carne mía? Así me haga
Elokim y aun me añada, si no has de ser jefe del ejército delante de mí, de
ahora en adelante, en lugar de Ioav [Joab].»
(15) Así se ganó el corazón de todos los hombres de Yehudá [Judá] como el de un
solo hombre, y enviaron a decir al rey: ‘¡Vuelve tú, y todos tus servidores!’
(16) Entonces volvió el rey y llegó hasta el Jordán. Y los de Yehudá [Judá]
habían ido a Gilgal para recibir al rey y hacerlo cruzar el Jordán.
(17) También Shimí [Simei] hijo de Gera, de Benjamín, que era de Bajurim, se dio
prisa para ir con los hombres de Yehudá [Judá] a recibir al rey David.
(18) Con él venían 1.000 hombres de Benjamín. Asimismo vino Siba, criado de la
casa de Shaúl [Saúl], y con él sus quince hijos y sus veinte siervos, los cuales
se apresuraron a llegar al Jordán delante del rey.
(19) Y cruzaron el vado para ayudar a pasar a la familia del rey y para hacer lo
que a él le pareciera bien. Entonces Shimí [Simei] hijo de Gera se postró ante
el rey, cuando éste iba a cruzar el Jordán,
(20) y dijo al rey: -Que mi señor no me impute iniquidad, ni se acuerde del mal
que hizo tu siervo el día en que mi señor el rey salió de Ierushalaim
[Jerusalén]. Que el rey no lo guarde en su corazón,
(21) porque yo, tu siervo, reconozco haber pecado, y he aquí que he venido hoy,
el primero de toda la casa de Iosef [José] para descender al encuentro de mi
señor el rey.
(22) Intervino Abisai, hijo de Tzeruiá [Sarvia], y dijo: -Por esto, ¿no ha de
morir Shimí [Simei], ya que maldijo al ungido del Eterno?
(23) Y David respondió: -¿Qué hay entre mí y vosotros, hijos de Tzeruiá
[Sarvia], para que hoy me seáis adversarios? ¿Habrá de morir hoy alguno en
Israel? ¿No sé yo que hoy soy rey sobre Israel?
(24) Entonces el rey dijo a Shimí [Simei]: -No morirás. Y el rey se lo juró.
(25) También Mefiboset hijo de Shaúl [Saúl] descendió al encuentro del rey. No
había cuidado sus pies, ni arreglado su bigote, ni lavado su ropa desde el día
en que el rey salió hasta el día en que volvió en paz.
(26) Cuando él vino a Ierushalaim [Jerusalén] al encuentro del rey, éste le
preguntó: -Mefiboset, ¿por qué no fuiste conmigo?
(27) Él respondió: -Oh mi señor el rey, mi siervo me engañó. Pues tu siervo
había dicho: ‘Aparéjame el asno; montaré en él e iré con el rey.’ Porque tu
siervo es lisiado.
(28) Él ha calumniado a tu siervo ante mi señor el rey, pero mi señor el rey es
como un enviado de Elokim. Haz, pues, lo que te parezca bien.
(29) Porque toda mi casa paterna no era sino digna de muerte delante de mi señor
el rey; sin embargo, tú has puesto a tu siervo entre los que comen a tu mesa.
¿Qué derecho tengo yo aun de clamar al rey?
(30) El rey le dijo: -¿Por qué hablar más de tus asuntos? Yo he determinado que
tú y Siba os repartáis las tierras.
(31) Y Mefiboset dijo al rey: -¡Que él las tome todas, porque mi señor el rey ha
vuelto en paz a su casa!
(32) También Barzilai el galadita descendió de Rogelim y cruzó el Jordán con el
rey, para despedirse de él en el Jordán.
(33) Barzilai era muy anciano; tenía 80 años. Él había sustentado al rey cuando
permaneció en Majanaim, porque era un hombre muy rico.
(34) El rey dijo a Barzilai: -Cruza conmigo; yo te sustentaré junto a mí en
Ierushalaim [Jerusalén].
(35) Pero Barzilai dijo al rey: -¿Cuántos años me quedarán de vida, para que yo
suba con el rey a Ierushalaim [Jerusalén]?
(36) Yo tengo ahora 80 años; ¿podré distinguir entre lo bueno y lo malo? ¿Podrá
saborear tu siervo lo que coma o beba? ¿Podré todavía oír la voz de los hombres
y de las mujeres que cantan? ¿Para qué ha de ser tu siervo una carga más para mi
señor el rey?
(37) ¿Por qué me ha de dar el rey esta recompensa? Tu siervo pasará un poco más
allá del Jordán con el rey.
(38) Por favor, deja a tu siervo que vuelva y que muera en mi ciudad, junto al
sepulcro de mi padre y de mi madre. Pero aquí tienes a tu siervo Quimjam; que
pase él con mi señor el rey, y haz por él lo que te parezca bien.
(39) Entonces el rey dijo: -Que pase Quimjam conmigo, y yo haré por él lo que te
parezca bien. Todo lo que tú me pidas yo te lo haré.
(40) Todo el pueblo cruzó el Jordán, y también cruzó el rey. Luego el rey besó a
Barzilai y lo bendijo, y éste regresó a su casa.
(41) Entonces el rey prosiguió a Gilgal, y Quimjam fue con él. Todo el pueblo de
Yehudá [Judá] y la mitad del pueblo de Israel acompañaban al rey.
(42) Y he aquí que todos los hombres de Israel vinieron al rey y le preguntaron:
-¿Por qué te raptaron nuestros hermanos, los hombres de Yehudá [Judá], y han
hecho cruzar el Jordán al rey y a su familia, y con él a todos los hombres de
David?
(43) Todos los hombres de Yehudá [Judá] respondieron a los hombres de Israel:
-Porque el rey es nuestro pariente cercano. Pero, ¿por qué os enojáis vosotros
por esto? ¿Acaso hemos comido a costa del rey, o nos ha dado obsequios?
(44) Los hombres de Israel respondieron a los de Yehudá [Judá] y dijeron:
-Nosotros tenemos en el rey diez partes, y más derecho sobre David que vosotros.
¿Por qué, pues, nos habéis tenido en poco? ¿Acaso no hablamos nosotros primero
de hacer volver a nuestro rey? Pero las palabras de los hombres de Yehudá [Judá]
fueron más duras que las palabras de los hombres de Israel.
(2 S. 20:1) Ocurrió que se hallaba allí un hombre perverso que se llamaba Seba
hijo de Bicri, de Benjamín. Éste tocó la corneta y dijo: -¡Nosotros no tenemos
parte en David ni heredad en el hijo de Isaí! ¡Cada uno a su morada, oh Israel!
(2) Así todos los hombres de Israel abandonaron a David y siguieron a Seba hijo
de Bicri. Pero los hombres de Yehudá [Judá] siguieron fielmente a su rey, desde
el Jordán hasta Ierushalaim [Jerusalén].
(3) Cuando David llegó a su palacio en Ierushalaim [Jerusalén], tomó a las diez
mujeres concubinas que había dejado para guardar el palacio, y las recluyó en
una casa. Él las sustentó, pero nunca más se unió a ellas, sino que quedaron
recluidas, viviendo como viudas hasta el día de su muerte.
(4) Después el rey dijo a Amasa: -Convócame a los hombres de Yehudá [Judá] para
dentro de tres días, y tú preséntate también aquí.
(5) Amasa fue a convocar a Yehudá [Judá], pero se retrasó más del tiempo que le
había sido señalado.
(6) Entonces dijo David a Abisai: -Seba hijo de Bicri nos hará ahora más daño
que Absalón [Abshalom]. Toma tú a los servidores de tu señor y persíguelo, no
sea que halle para sí ciudades fortificadas y se nos pierda de vista.
(7) En pos de Abisai salieron los hombres de Ioav [Joab], los quereteos, los
peleteos y todos los valientes. Salieron de Ierushalaim [Jerusalén] para
perseguir a Seba hijo de Bicri.
(8) Y cuando estaban cerca de la gran piedra que está en Gabaón, Amasa vino ante
ellos. Ioav [Joab] estaba vestido con su uniforme militar y encima llevaba un
cinturón y una espada sujeta en su vaina, la cual se le cayó cuando él avanzó.
(9) Ioav [Joab] dijo a Amasa: -¿Te va bien, hermano mío? Y tomó con la mano
derecha la barba de Amasa para besarlo.
(10) Como Amasa no se cuidó de la espada que Ioav [Joab] tenía en la mano, éste
le hirió con ella en el vientre y derramó sus entrañas por tierra. Cayó muerto,
sin necesidad de un segundo golpe. Después Ioav [Joab] y su hermano Abisai
continuaron persiguiendo a Seba hijo de Bicri.
(11) Luego uno de los hombres de Ioav [Joab] se puso de pie junto a Amasa, y
dijo: -¡Cualquiera que esté a favor de Ioav [Joab] y a favor de David, que siga
a Ioav [Joab]!
(12) Mientras tanto, Amasa yacía revolcándose en su sangre en medio del camino,
y todo el que pasaba se detenía junto a él al verle. Y viendo aquel hombre que
todo el pueblo se detenía, apartó a Amasa del camino al campo, y echó sobre él
una manta.
(13) Luego que fue apartado del camino, siguieron adelante todos los hombres
tras Ioav [Joab] para perseguir a Seba hijo de Bicri.
(14) Seba había pasado por todas las tribus de Israel hasta Abel-bet-maaca, y
todos los de Barim se congregaron y lo siguieron también.
(15) Entonces llegaron y le sitiaron en Abel-bet-maaca, y construyeron un
terraplén contra la ciudad, el cual se apoyaba sobre la muralla exterior. Y toda
la gente que estaba con Ioav [Joab] golpeaba el muro para derribarlo.
(16) Entonces una mujer sabia dio voces desde la ciudad: -¡Escuchad! ¡Escuchad!
Por favor, decid a Ioav [Joab]: ‘Acércate acá para que yo hable contigo.’
(17) Cuando él se acercó a ella, la mujer preguntó: -¿Eres tú Ioav [Joab]? Él
respondió: -Sí, yo soy. Ella le dijo: -Escucha las palabras de tu sierva. Él
respondió: -Yo escucho.
(18) Entonces ella volvió a hablar y dijo: -Antiguamente se solía decir: ‘El que
consulte, que consulte en Abel.’ Y así se concluía todo asunto.
(19) Yo soy una de las pacíficas y fieles de Israel, y tú procuras arrasar una
ciudad que es madre en Israel. ¿Por qué devorarás la heredad del Eterno?
(20) Ioav [Joab] respondió diciendo: -¡Lejos, lejos esté de mí que yo devore o
destruya!
(21) No es así el asunto; sino que un hombre de la región montañosa de Efraín,
que se llama Seba hijo de Bicri, ha levantado su mano contra el rey, contra
David. Entregad sólo a él, y me iré de la ciudad. La mujer dijo a Ioav [Joab]:
-He aquí que su cabeza te será arrojada de detrás del muro.
(22) La mujer fue a todo el pueblo con su sabiduría, y ellos cortaron la cabeza
a Seba hijo de Bicri y se la arrojaron a Ioav [Joab]. Éste tocó la corneta, y se
retiraron de la ciudad, cada uno a su morada. Y Ioav [Joab] regresó al rey en
Ierushalaim [Jerusalén].
(23) Ioav [Joab] estaba al mando de todo el ejército de Israel. Benaiá [Benaías]
hijo de Iehoiadá [Joyada] estaba al mando de los quereteos y de los peleteos.
(24) Adoniram estaba a cargo del tributo laboral. Josafat hijo de Ajilud era el
cronista.
(25) Seva era el escriba. Tzadoc [Sadoc] y Abiatar eran los sacerdotes.
(26) También Ira el jaireo era sacerdote de David.
(2 S. 21:1) Aconteció en los días de David que hubo hambre durante tres años
consecutivos. David buscó el rostro del Eterno, y el Eterno le dijo: -Es por
causa de Shaúl [Saúl] y su casa sanguinaria, porque él dio muerte a los
gabaonitas.
(2) Entonces el rey llamó a los gabaonitas y les habló. Los gabaonitas no eran
de los Hijos de Israel, sino del remanente de los amorreos, a los cuales los
Hijos de Israel habían hecho juramento. Pero debido a su celo por los Hijos de
Israel y de Yehudá [Judá], Shaúl [Saúl] había procurado matarlos.
(3) David preguntó a los gabaonitas: -¿Qué haré por vosotros y con qué haré
compensación, para que bendigáis la heredad del Eterno?
(4) Los gabaonitas le respondieron: -No tenemos pleito sobre plata ni oro con
Shaúl [Saúl] ni con su casa. Tampoco queremos que muera nadie en Israel. Él les
dijo: -Haré por vosotros lo que digáis.
(5) Ellos respondieron al rey: -De aquel hombre que nos destruyó y maquinó
contra nosotros para exterminarnos, sin dejar nada de nosotros en todo el
territorio de Israel,
(6) que nos den siete hombres de sus descendientes para que los ahorquemos
delante del Eterno en Gabaa de Shaúl [Saúl], el escogido del Eterno. El rey
dijo: -Os los daré.
(7) El rey perdonó la vida a Mefiboset hijo de Iehonatán [Jonatán], hijo de
Shaúl [Saúl], por el juramento del Eterno que había entre ellos, entre David y
Iehonatán [Jonatán] hijo de Shaúl [Saúl].
(8) Pero tomó a dos hijos de Rizpa hija de Ayías, que ella había dado a luz a
Shaúl [Saúl], a saber: Armoni y Mefiboset. También tomó a cinco hijos de Mijal
hija de Shaúl [Saúl], que ella [Merab su hermana] había dado a luz a Adriel hijo
de Barzilai el mejolatita.
(9) Los entregó en mano de los gabaonitas, y ellos los ahorcaron en el monte
delante del Eterno; y murieron los siete juntos. Ellos fueron muertos en los
primeros días de la siega, al comienzo de la siega de la cebada.
(10) Y Rizpa hija de Ayías tomó una manta de cilicio y se la tendió sobre una
roca, desde el principio de la siega hasta que empezó a llover sobre ellos agua
del cielo, sin dejar que ningún ave del cielo se posase sobre ellos de día, ni
los animales del campo de noche.
(11) Informaron a David de lo que hacía Rizpa hija de Ayías, concubina de Shaúl
[Saúl];
(12) y David fue y tomó los restos de Shaúl [Saúl] y los restos de su hijo
Iehonatán [Jonatán], de los señores de Iaveish [Jabes], en Galaad, quienes los
habían tomado secretamente de la plaza de Bet-seán, donde los filisteos los
habían colgado el día que éstos derrotaron a Shaúl [Saúl] en Gilboa.
(13) Hizo traer de allá los restos de Shaúl [Saúl] y los restos de su hijo
Iehonatán [Jonatán], y recogieron los restos de los ahorcados.
(14) Luego sepultaron los restos de Shaúl [Saúl] y los de su hijo Iehonatán
[Jonatán] en territorio de Benjamín, en Zela, en el sepulcro de su padre Quis; e
hicieron todo lo que el rey había mandado. Y después de esto, Elokim atendió las
súplicas con respecto a la tierra.
(15) Aconteció que hubo otra batalla de los filisteos contra Israel. David
descendió con sus servidores y combatieron contra los filisteos, y David quedó
extenuado.
(16) Entonces Isbi-benob, uno de los descendientes del rafa, cuya lanza pesaba
300 siclos de bronce, ceñido con una espada nueva, trató de matar a David.
(17) Pero Abisai, hijo de Tzeruiá [Sarvia], le socorrió, hirió al filisteo y lo
mató. Entonces los hombres de David le juraron diciendo: ‘No saldrás más con
nosotros a la batalla, no sea que apagues la lámpara de Israel.’
(18) Aconteció después de esto que hubo otra batalla contra los filisteos en
Gob. Entonces Sibecai, de Husa, mató a Saf, uno de los descendientes del rafa.
(19) Hubo otra batalla contra los filisteos en Gob. Entonces Eljanán hijo de
Jaare-oreguim, de Belén, mató a quien estaba con Goliat el geteo, el asta de
cuya lanza era como un rodillo de telar.
(20) Y hubo otra batalla en Gat, donde había un hombre de gran estatura, el cual
tenía seis dedos en cada mano y seis dedos en cada pie, veinticuatro en total.
Él también era un descendiente del rafa.
(21) Él desafió a Israel, pero lo mató Iehonatán [Jonatán] hijo de Simea,
hermano de David.
(22) Estos cuatro eran descendientes del rafa en Gat, y cayeron por mano de
David y por mano de sus servidores.
(2 S. 22:1) David dirigió al Eterno las palabras de este cántico, el día que el
Eterno le libró de mano de todos sus enemigos, y de mano de Shaúl [Saúl]. Él
dijo:
(2) ‘el Eterno es mi roca, mi fortaleza y mi libertador.
(3) Elokim es mi peña; en él me refugiaré. Él es mi escudo, el poder de mi
liberación, mi baluarte, mi refugio y mi salvador. Tú me salvas de la violencia.
(4) ‘Invocaré al Eterno, quien es digno de ser alabado, y seré librado de mis
enemigos.
(5) Ciertamente me rodearon las olas de la muerte, y los torrentes de la
perversidad me atemorizaron.
(6) Me rodearon las ligaduras del Sheol; me confrontaron los lazos de la muerte.
(7) ‘En mi angustia invoqué al Eterno; invoqué a mi Elokim. Él oyó mi voz desde
su templo, y mi clamor llegó a sus oídos.
(8) ‘La tierra se estremeció y tembló; se conmovieron los cimientos de los
cielos. Se estremecieron, porque él se airó.
(9) Humo subió de su nariz; de su boca salió fuego consumidor, y carbones
encendidos saltaban de él.
(10) Inclinó los cielos y descendió; una densa oscuridad había debajo de sus
pies.
(11) Cabalgó sobre un querubín y voló; se remontó sobre las alas del viento.
(12) Puso tinieblas alrededor de sí como su morada, oscuridad de aguas y densas
nubes.
(13) Por el resplandor de su presencia se encendieron carbones de fuego.
(14) ‘el Eterno tronó desde los cielos; el Altísimo dio su voz.
(15) Envió flechas y los dispersó; arrojó relámpagos y los desconcertó.
(16) A la reprensión del Eterno, por el soplo del aliento de su nariz, se
hicieron visibles los lechos del mar, y se descubrieron los cimientos del mundo.
(17) ‘Envió desde lo alto y me tomó; me sacó de las aguas caudalosas.
(18) Me libró de mi poderoso enemigo y de los que me aborrecían, pues eran más
fuertes que yo.
(19) Se enfrentaron a mí el día de mi desgracia, pero el Eterno fue mi apoyo.
(20) Él me sacó a un lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí.
(21) ‘el Eterno me ha pagado conforme a mi justicia; conforme a la limpieza de
mis manos me ha recompensado.
(22) Porque he guardado los caminos del Eterno, y no me he apartado impíamente
de mi Elokim.
(23) Porque delante de mí han estado todos sus juicios, y no he apartado de mí
sus estatutos.
(24) Fui íntegro para con él, y me guardé de mi maldad.
(25) Por tanto, el Eterno me ha recompensado conforme a mi justicia, conforme a
mi limpieza ante sus ojos.
(26) ‘Con el misericordioso te muestras misericordioso, e íntegro con el hombre
íntegro.
(27) Con el limpio te muestras limpio, y eres sagaz con el perverso.
(28) Salvas al pueblo humilde; pero tus ojos humillan a los altivos.
(29) Ciertamente tú eres mi lámpara, oh Eterno; el Eterno ilumina mis tinieblas.
(30) Contigo desbarataré ejércitos; con mi Elokim saltaré murallas.
(31) ‘Perfecto es el camino de Elokim; probada es la palabra del Eterno. Él es
escudo a todos los que en él se refugian.
(32) Porque, ¿quién es Elokim fuera del Eterno? ¿Quién es Roca fuera de nuestro
Elokim?
(33) Elokim es el que me ciñe de vigor, y hace perfecto mi camino.
(34) Hace que mis pies sean ágiles como los del venado, y me mantiene firme
sobre mis alturas.
(35) Adiestra mis manos para la batalla; así mis brazos pueden tensar el arco de
bronce.
(36) ‘Me has dado el escudo de tu salvación; tu condescendencia me ha
engrandecido.
(37) Tú has ensanchado mis pasos debajo de mí, para que no tiemblen mis
tobillos.
(38) Perseguí a mis enemigos y los destruí; no volví sino hasta acabarlos.
(39) Los consumí; los golpeé, y no pudieron levantarse; cayeron debajo de mis
pies.
(40) Me ceñiste de poder para la batalla; doblegaste a mis enemigos debajo de
mí.
(41) Hiciste que mis enemigos me dieran las espaldas, y destruí a los que me
aborrecían.
(42) Clamaron, pero no hubo quien los salvase. Clamaron al Eterno, pero él no
les respondió.
(43) Los desmenucé como polvo de la tierra; los deshice como lodo de la calle y
los aplasté.
(44) ‘Tu me libraste de las contiendas de mi pueblo, y me guardaste como jefe de
las naciones. Aun los pueblos que yo no conocía me sirvieron.
(45) Los hijos de los extraños me adulaban; apenas oían de mí, me rendían
obediencia.
(46) Los hijos de los extraños se desvanecían y salían temblando de sus
escondrijos.
(47) ‘¡Viva el Eterno! ¡Bendita sea mi Roca! Sea ensalzado Elokim, la roca de mi
salvación,
(48) el Elokim que ejecuta mi venganza; somete a los pueblos debajo de mí
(49) y me aparta de mis enemigos. Tú me has enaltecido sobre mis adversarios, y
me has librado del hombre violento.
(50) Por eso te confesaré entre las naciones, oh Eterno, y cantaré salmos a tu
nombre.
(51) ‘Él engrandece las victorias de su rey y muestra misericordia a su ungido:
a David y a sus descendientes, para siempre.’
(2 S. 23:1) Éstas son las últimas palabras de David: ‘Dijo David hijo de Isaí,
dijo el hombre a quien Elokim levantó, el ungido del Elokim de Iaacov [Jacob],
el dulce salmista de Israel:
(2) ‘El espíritu del Eterno ha hablado por medio de mí, y su palabra ha estado
en mi lengua.
(3) El Elokim de Israel ha dicho; me ha hablado la Roca de Israel: ‘El que
gobierna a los hombres con justicia, el que gobierna con el temor de Elokim,
(4) es como la luz matutina cuando sale el sol en un amanecer sin nubes; es como
el resplandor tras la lluvia que hace germinar la hierba de la tierra.’
(5) ‘¿No es así mi casa para con Elokim? Pues él ha hecho conmigo un pacto
eterno, ordenado en todas las cosas y seguro, aunque mi plena salvación y todo
mi anhelo él no los haga todavía prosperar.
(6) ‘Pero los perversos, todos ellos, serán arrancados como espinas, las cuales
nadie toma con la mano.
(7) Nadie las tocará excepto con un hierro o con un asta de lanza. Y con fuego
serán totalmente consumidos en su lugar.’
(8) Éstos son los nombres de los valientes que tenía David: Joseb-basebet el
tacmonita, jefe de los tres. Él blandió su lanza contra 800, y los mató de una
sola vez.
(9) Después de él estaba Eleazar hijo de Dodo, hijo de Ajoji. Él era uno de los
tres valientes que estaban con David cuando desafiaron a los filisteos que se
reunieron allí para la batalla, y se retiraron los hombres de Israel.
(10) Él se levantó e hirió a los filisteos hasta que su mano se cansó y se le
quedó pegada a la espada. Aquel día el Eterno dio una gran victoria, y el pueblo
fue tras él sólo para tomar el botín.
(11) Después de él estaba Sama hijo de Age el hararita. Cuando los filisteos se
reunieron en Leji, había allí una parcela de tierra sembrada de lentejas. El
pueblo había huido ante los filisteos,
(12) pero él se puso firme en medio de la parcela y la defendió, derrotando a
los filisteos. Y el Eterno les dio una gran victoria.
(13) Tres de los treinta principales descendieron y fueron a la cueva de Adulam,
donde estaba David, en el tiempo de la siega, mientras el ejército de los
filisteos acampaba en el valle de Refaím.
(14) David estaba entonces en la fortaleza, y un destacamento de los filisteos
estaba en Belén.
(15) Entonces David sintió un vivo deseo y dijo: ‘¡Quién me diera de beber agua
del pozo de Belén, que está junto a la puerta!’
(16) Entonces los tres valientes irrumpieron en el campamento de los filisteos y
sacaron agua del pozo de Belén, que estaba junto a la puerta. Se la llevaron y
la presentaron a David. Pero él no la quiso beber, sino que la derramó como una
libación al Eterno, diciendo:
(17) ‘¡Lejos esté de mí, oh Eterno, el hacer esto! ¿No es la sangre de los
hombres que fueron con riesgo de sus vidas?’ Y no quiso beberla. Estas cosas
hicieron los tres valientes.
(18) Abisai, hermano de Ioav [Joab], hijo de Tzeruiá [Sarvia], era el jefe de
los treinta. Él blandió su lanza contra 300 y los mató, y tuvo renombre junto
con los tres.
(19) Entre los treinta, él era el más respetado y fue su jefe; pero no fue
incluido entre los tres.
(20) Benaiá [Benaías] hijo de Iehoiadá [Joyada] era hijo de un hombre vivo
[valeroso] de Cabseel, de grandes hazañas. Él mató a los dos héroes de Moab. Él
descendió y mató un león dentro de un foso, un día de nieve.
(21) Él también mató a un egipcio, hombre de gran apariencia. El egipcio tenía
en su mano una lanza, y Benaiá [Benaías] salió a su encuentro con un palo, pero
arrebató la lanza de la mano del egipcio y lo mató con su propia lanza.
(22) Estas cosas hizo Benaiá [Benaías] hijo de Iehoiadá [Joyada] y tuvo renombre
junto con los tres valientes.
(23) Él era respetado entre los treinta, pero no llegó a estar entre los tres.
David lo puso al frente de su guardia personal.
(24) También estaban entre los treinta: Asael, hermano de Ioav [Joab]; Eljanán
hijo de Dodo, de Belén;
(25) Sama, de Harod; Elica, de Harod;
(26) Heles el peletita; Ira hijo de Iques, de Tecoa;
(27) Abiezer, de Anatot; Mebunai, de Husa;
(28) Salmón el ajojita; Maharai, de Netofa;
(29) Heleb hijo de Baaná, de Netofa; Itai hijo de Ribai, de Gabaa de los hijos
de Benjamín;
(30) Benaiá [Benaías], de Piratón; Hidai, de los arroyos de Gaas;
(31) Abi-albón, de Arabá; Azmávet el barjumita;
(32) Eliaba, de Saalbín; Iehonatán [Jonatán] de los hijos de Jasén;
(33) Sama el hararita; Ajiam hijo de Sarar, el ararita;
(34) Elifelet hijo de Ajasbai, hijo del macateo; Eliam hijo de Ajitofel el
gilonita;
(35) Hezrai, de Carmel; Paarai el arbita;
(36) Igal hijo de Natán, de Soba; Bani el gadita;
(37) Selec el amonita; Najarai, de Beerot, escudero de Ioav [Joab], hijo de
Tzeruiá [Sarvia];
(38) Ira, de Jatir; Gareb, de Jatir;
(39) Urías el heteo. Entre todos eran treinta y siete.
(2 S. 24:1) Volvió a encenderse el furor del Eterno contra Israel, e incitó a
David contra ellos, diciendo: ‘Ve y haz el censo de Israel y de Yehudá [Judá].’
(2) El rey dijo a Ioav [Joab], jefe del ejército, que estaba con él: -Por favor,
recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Beer Sheva, y haz el censo
del pueblo, para que yo sepa el número de la gente.
(3) Pero Ioav [Joab] respondió al rey: -¡Que el Eterno tu Elokim añada al pueblo
cien veces más, y que mi señor el rey lo vea! Sin embargo, ¿para qué quiere esto
mi señor el rey?
(4) Pero la palabra del rey prevaleció contra Ioav [Joab] y contra los jefes del
ejército. Entonces salió Ioav [Joab] con los jefes del ejército de la presencia
del rey, para hacer el censo del pueblo de Israel.
(5) Habiendo cruzado el Jordán, acamparon en Aroer, al sur de la ciudad que está
en medio del valle de Gad; y luego fueron a Jazer.
(6) Después fueron a Galaad y a la tierra de Tajtim-hodsi. De allí fueron a Dan,
a Jaán y a los alrededores de Sidón.
(7) Fueron luego a la fortaleza de Tiro y a todas las ciudades de los heveos y
de los cananeos. Por último, salieron hacia el Néguev de Yehudá [Judá], hasta
Beer Sheva.
(8) Después que recorrieron todo el territorio, volvieron a Ierushalaim
[Jerusalén] al cabo de nueve meses y veinte días.
(9) Ioav [Joab] dio al rey el resultado del censo del pueblo: Los hombres de
guerra de Israel que sacaban espada eran 800.000, y los hombres de Yehudá [Judá]
eran 500.000.
(10) Después que David había hecho contar al pueblo, su corazón le golpeaba. Y
David dijo al Eterno: -He pecado gravemente al haber hecho esto. Pero ahora, oh
Eterno, quita, por favor, el pecado de tu siervo, porque he actuado muy
neciamente.
(11) Cuando se levantó David por la mañana, vino palabra del Eterno al profeta
Gad, vidente de David, diciendo:
(12) -Ve y di a David que así ha dicho el Eterno: ‘Tres cosas te propongo;
escoge para ti una de ellas, y yo te la haré.’
(13) Entonces Gad fue a David y se lo hizo saber diciendo: -¿Que te vengan siete
años de hambre en tu país? ¿O que huyas durante tres meses de tus adversarios y
que ellos te persigan? ¿O que haya una epidemia en tu país durante tres días?
Ahora, pues, piensa y mira qué he de responder al que me ha enviado.
(14) Entonces David dijo a Gad: -Estoy muy angustiado. Por favor, caigamos en
mano del Eterno, porque grande es su misericordia. Y no caiga yo en mano de los
hombres.
(15) Así que el Eterno envió una epidemia a Israel, desde aquella mañana hasta
el tiempo señalado, y murieron 70.000 hombres del pueblo, desde Dan hasta Beer
Sheva.
(16) Cuando el enviado extendía su mano hacia Ierushalaim [Jerusalén] para
destruirla, el Eterno cambió de parecer acerca de aquel mal. Y dijo al enviado
que destruía al pueblo: -¡Basta ya! ¡Detén tu mano! El enviado del Eterno estaba
junto a la era de Arauna el jebuseo.
(17) Y cuando David vio al enviado que hería al pueblo, dijo al Eterno: -He
aquí, yo he pecado; yo he actuado perversamente. Pero estas ovejas, ¿qué han
hecho? Por favor, sea tu mano contra mí y contra mi casa paterna.
(18) Aquel día Gad fue a David y le dijo: -Sube y erige un altar al Eterno en la
era de Arauna el jebuseo.
(19) David subió, conforme a la palabra de Gad que el Eterno le había mandado.
(20) Arauna miró y vio al rey y a sus servidores que venían hacia él. Arauna
salió y se postró ante el rey con el rostro en tierra.
(21) Y Arauna preguntó: -¿Por qué viene mi señor el rey a su siervo? David
respondió: -Para comprarte la era y edificar un altar al Eterno, a fin de que
cese la epidemia en el pueblo.
(22) Arauna respondió a David: -Tómela y ofrezca mi señor el rey lo que le
parezca bien. Mira los bueyes para el holocausto, y los trillos y yugos de los
bueyes para leña.
(23) Todo, oh rey, se lo da Arauna al rey. -Dijo además Arauna al rey-: ¡Que el
Eterno tu Elokim te acepte!
(24) Pero el rey respondió a Arauna: -No, sino que por su precio te lo compraré,
porque no ofreceré al Eterno mi Elokim holocaustos que no me cuesten nada.
Entonces David compró la era y los bueyes por 50 siclos.
(25) David edificó allí un altar al Eterno, y ofreció holocaustos y sacrificios
de paz. Así el Eterno atendió las súplicas en favor de la tierra, y cesó la
epidemia en Israel.

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ACERCA DEL AUTOR

¿Quién es el Rav Yehuda Ribco?

Más de 4 décadas dedicadas a la enseñanza y difusión de la Torá viva, la ética judía, el pensamiento auténtico y la psicología espiritual aplicada a la vida cotidiana. Es autor de la monumental traducción moderna y completa del Tanaj al español latinoamericano (disponible en la inmensa biblioteca de Sefaria y en la app de Tanaj de SerJudio).

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