Parashat Bejukotai Vaikrá
26:3 y 27:34
Aunque no se lo oye
En esta parashá,
la última del sefer Vaikrá nos encontramos ante un momento de tomar
decisiones, de elegir.
Y para hacerlo
de la manera más racional posible, es que se nos ofrece no solamente las
alternativas, sino que también los lógicos efectos que acaecerían a partir de
nuestras actitudes.
Así es que se
nos plantea: Si los mandamientos y leyes de H siguiéramos, entonces,
disfrutaríamos de bienes varios, de distinta índole, tanto materiales como
espirituales. Pero, si por el contrario, prefiriéramos objetar las certezas que
la creencia en H nos brinda, y optáramos por guiarnos por nuestro buen
juicio, por nuestra subjetiva, limitada y pequeña inteligencia, entonces, y sólo
entonces, estaríamos a merced de terribles calamidades naturales, de desastres
de diversa especie, a entera disposición de los pareceres de nuestros enemigos.
Y la Torá no
se limita a describir brevemente los horrorosos padecimientos y torturas, sino
que muy por el contrario, buena parte de la parashá es un exhaustivo y
detallado informe de los sufrimientos y los maltratos.
Pero, llega un
momento, en lo que parece la apoteosis del dolor, que la esperanza de retornar a
H se enciende, y nos declara la Torá: Y aun con todo esto, estando
ellos en tierra de sus enemigos, Yo no los desecharé, ni los abominaré para
consumirlos, invalidando mi pacto con ellos; porque Yo H soy su H. Antes
me acordaré de ellos por el pacto antiguo, cuando los saqué de la tierra de
Mitzraim a los ojos de las naciones, para ser su H, Yo soy H (Vaikrá
26:44,45)
Muchas cosas podríamos estudiar de
estos psukim, y de su contexto, y decenas de preguntas surgen de estas palabras,
pero por razón del breve espacio, tan sólo veamos lo siguiente: ¿cuándo es
que la llama de la esperanza deja su condición de esperanza para transformarse
en una flama viva? ¿En qué momento deja de doler y el pacto entre H e
Israel es revitalizado, y el pueblo devuelto a su tierra, y las condiciones se
restablecen para promover una vida de plenitud y shalom?
Y no debemos inquirir por demás, ya que
algunos psukim cercanos dan las soluciones: Volver al camino de H, seguir sus
pasos, recordar y cumplir las mitzvot. De esta manera, las puertas del shalom
son abiertas, y por parte de H se encausan los elementos para posibilitar una
vida próspera, productiva, creativa, en buena compañía.
Luego, depende de las personas el querer
compartir la responsabilidad de sus propias vidas, y de saber elegir el mejor
camino para vivir, y para hacer de lo potencial otorgado por parte de H una
realidad.
En un sótano en donde se refugiaron algunos judíos durante el lúgubre período
nazi, se halló esta inscripción:
Creo en el sol, aunque no esté brillando.
Creo en el amor, aun cuando no lo siento.
Creo en D-s, aunque no se lo oye.
Licenciado en Psicología Prof. Yehuda Ribco
– Iyar 24, 5757
SerJudio.com
(En las citas de textos o parshanim, los
comentarios entre paréntesis son nuestros y no de las fuentes)
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