Parashá Behar _Bejukotai
«En el Monte» – «En Mis Estatutos»
Resumen
1.
Shemitá: el
año de reposo de la tierra.
2.
Iobel, cada
49 años, la tierra volvía a poder de su dueño por la ley del jubileo.
3.
La Torá nos
ordena asistir a aquel que está amenazado de caer en la pobreza.
¿Qué aprendemos
los noájidas?
La
Obligación de Ayudar al Necesitado
La Torá
ordena, «Y si tu hermano empobrece, deberás mantenerlo, incluso si es un guer/
converso o un guer toshav (un gentil que cumple las Siete Leyes Noájicas)
y llevártelo a vivir contigo» (Vaikrá 25:35 ).
Este versículo nos enseña que es una obligación asistir financieramente a otro
judío o a un guer toshav que necesite un préstamo o caridad. Es una mitzvá
prestarle o darle dinero para que realice sus negocios o alguna transacción
necesaria para la cual le faltan los medios. La Torá enfatiza el deber de ayudar
económicamente a otro judío antes de que quiebre o que se vea obligado a aceptar
caridad.
Si un
burro comienza a caerse por causa del bulto que carga, un hombre posee la fuerza
suficiente para ajustar la carga que lleva en la espalda o para sacar parte de
ésta, para que el burro pueda seguir caminando. Sin embargo, una vez que el
burro se cayó, incluso cinco hombres corpulentos, no podrían hacer que se
levante. De manera similar, debemos ayudar al que tiene problemas económicos, en
cuanto éstos comienzan y no esperar a que éste quiebre.
A pesar de que la mitzvá específica de dar tzedaká (caridad) al
necesitado se menciona en parashat Reé (Devarim 15:11 ), el Midrash también
comenta al respecto lo siguiente:
«La fortuna es el terreno de quien con sabiduría ayuda al pobre» (Tehilim 41:2 ).
Es un arte hacer caridad con sabiduría, sin avergonzar al que la recibe.
Cuando Rabí Ioná se enteró de que un hombre sabio perdió todo su dinero pero
tenía vergüenza de pedir caridad, fue a visitarlo a su casa y le dijo, «¡Tengo
buenas noticias para usted! Escuché que heredó una fortuna de alguien que vive
en el exterior. Mientras tanto, ¡por favor acepte un préstamo mío! Me pagará en
cuanto reciba el dinero.»
Cuando este hombre recuperó su posición, y le quiso pagar la deuda, Rabí Ioná le
dijo, «Puede quedarse con el dinero; se lo di en calidad de donación.»
Había una sala en el Beit Hamikdash que se llamaba «lishkat jashai/
La Sala de Donaciones Secretas». Los judíos que le temían a D- s donaban dinero
en esta sala, y los pobres de buenas familias la recibían en forma anónima y
podían vivir de ella.
Cuando
Rabí Lezer notaba que había un pobre que caminaba atrás de él, intencionalmente
dejaba caer un dinar, y daba así la impresión de que se le había caído de manera
accidental. El pobre lo levantaba y se acercaba para devolvérselo. «Puede
quedárselo» le decía Rabí Lezer, «Ya me había resignado a perderlo».
Al
interpretar un versículo de Ieshaiahu (58:12), nuestros Sabios nos enseñan, «Si
tienes méritos, satisfarás el hambre de Iaakov (gastarás dinero en caridad); si
no, el de Esav (en cambio, «Esav» consumirá el dinero).
Esta verdad se evidencia con la siguiente historia:
Rabí
Iojanán ben Zakai soñó la noche de Rosh Hashaná (cuando se determinan los
ingresos de la persona para el año entrante) que sus dos sobrinos perderían la
suma de setecientos dinares durante el año.
Después de Iom Tov, visitó a sus sobrinos y les ordenó que se encarguen de
mantener a los pobres.
«¿De dónde vamos a sacar los fondos?» le preguntaron.
«Debererán mantenerlos con el dinero de ustedes», les ordenó Rabí Iojanán.
«Anoten las sumas que distribuyen. Si ustedes pierden con este trato, yo les
devolveré el dinero a fin de año».
Obedecieron y distribuyeron importantes sumas de dinero en caridad. Hacia fin de
año, un funcionario del gobierno los fue a buscar y les pidió que le paguen al
gobierno setecientos dinares. Cuando ellos no reaccionaron, aparecieron dos
soldados y los llevaron a la cárcel.
Rabí Iojanán escuchó las noticias y fue a ver a sus sobrinos a prisión.
«¿Cuánto dinero dieron en tzedaká?» les preguntó.
» Anotamos todo», contestaron. Al consultar sus anotaciones, calcularon que
distribuyeron un total de 683 dinares.
«Déjenme decirles como actuar», Rabí Iojanán los instruyó. «Denme otros
diecisiete dinares, y yo les garantizo que saldrán de la cárcel».
«Qué idea mas extraña», le dijeron. «Nos ponen presos por deber setecientos
dinares, y dices que nos liberarás con diecisiete!»
El les respondió, «Simplemente, denme los diecisiete dinares y no se preocupen!»
Le dieron a Rabí Iojanán dicha suma y éste se fue a ver un emisario del
gobierno. Deslizando las monedas en sus manos, Rabí Iojanán le pedió que deje
que sus sobrinos escapen. Bajo la influencia de la coima, el hombre dió
instrucciones para que los dejen salir en secreto.
Los sobrinos se acercaron a Rabí Iojanán y le preguntaron cómo podía saber con
tanta precisión que los diecisiete dinares garantizarían su fuga.
«Tuve una revelación del Cielo en la noche de Rosh Hashaná que durante este año
perderían la suma de setecientos dinares», les explicó. «Como ya estaban
destinados a tener este gasto, yo les aconsejé que ayudasen a los pobres – es
mejor gastar ese dinero en tzedaká».
«¿Por qué no nos dijiste nada acerca de tu sueño? Sus sobrinos le preguntaron.
«También hubiésemos gastado los diecisiete dinares restantes en Tzedaká.»
«Preferí mantenerlo en secreto», le respondió Rabí Iojanán, «así darían el
dinero lishmá (en honor a D-s), para cumplir con la mitzvá, en vez de pensar que
lo hacían en beneficio propio.»
Esta
historia demuestra que si alguien es avaro para dar tzedaká, tendrá
gastos impredecibles que harán que sus ingresos no se aumenten y sean los
decretados en el último Rosh Hashaná.
Al hacer
caridad, el pobre le da al benefactor más de lo que este último le da al pobre.
Mientras que el donante apenas gasta riqueza material, éste recibe a cambio una
riqueza inestimable de méritos espirituales que superan por mucho lo que éste
dio.
Se
crearon diez objetos, cada uno más fuerte que el otro:
La roca es fuerte, pero el hierro la rompe.
El hierro es fuerte, pero el fuego lo derrite.
El fuego es fuerte, pero el agua lo extingue.
El agua es fuerte, pero las nubes la cargan.
Las nubes son fuertes, pero el viento las dispersa.
El viento es fuerte, pero el cuerpo lo detiene.
El cuerpo es fuerte, pero el miedo lo quiebra.
Sin embargo, la muerte es más poderosa que todo lo mencionado con anterioridad.
La tzedaká es aún más poderosa – te rescata de la Muerte.
Tomado de El Midrash Dice
«Vaikrá»
Preguntas
de Estudio:
1. Si
la Torá demanda al pueblo judío la ayuda al necesitado, y no es un mandamiento
para los noájidas, ¿entonces los noájidas no debemos ayudar al necesitado? ¿Por
qué?
2.
¿Cuándo debemos ayudar al necesitado, cuando comienza a empobrecer o cuando
empobrece completamente? ¿Por qué?
3. Al
practicar la caridad se recomienda no hacerlo de manera pública, ¿por qué esto
es así?
4.
¿Cuándo se da caridad, quién recibe más, el dador o el receptor? ¿Por qué?
5.
¿Quién es más poderosa, la muerte o la Tsedaká/Caridad? ¿Por qué?
Envía
tus respuestas a:
info@fulvida.com
Medite al respecto, practíquelo
esta semana y enseñe a otros noájidas lo que ha aprendido.
Viva (siendo noájida)
y deje vivir (a los judíos.)
¡Feliz Semana!
Licenciado Jonathan Ortiz
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