Estamos en Januca, época en la cual publicitamos milagros ocurridos a nuestros ancestros y que esperamos nos sigan alumbrando en nuestra época.
Resultaría interesante explicar el concepto de NES, milagro, en el judaísmo, pero no es la intención de este texto. Tampoco hablaremos acerca de personas descarriladas espiritualmente y que igualmente realizaban efectos sobrenaturales.
Aquí nos enfocaremos en conocer personas por cuyo intermedio se manifiesta la Presencia de Dios, ejecutando portentos.
En la tradición judía, hay varias personas que se consideran capaces de canalizar milagros. Como has leído, canalizar los milagros y no realizarlos, pues los milagros los hace Dios, aunque, suele usar personas para manifestarlos.
Los canalizadores clásicos son algunos de los profetas del TANAJ, a los cuales conocemos como movidos y/o inspirados por Dios para transmitir Su mensaje al pueblo judío. Para ser Sus emisarios, los que manifestaban Su Voluntad, no era imprescindible que estuvieran acompañados por hechos fuera de lo común, sobrenaturales. De hecho, la mayoría de los 48 profetas y 7 profetisas registrados en el TANAJ, no eran milagreros. Los que más recordamos por su activa canalización de milagros fueron Moshé, Eliahu y su alumno Elishá. Se nos mencionan otros, mucho menos conocidos, pero también de la época de los primeros reyes, que invocaban portentos, mayores o menores.
Luego, los profetas clásicos, no abundaban en elementos maravillosos, o directamente no materializaban ninguno.
Resulta interesante que no en todas las sociedades se demuestra la veracidad de sus palabras, la presencia de Dios en sus vidas, y su autoridad espiritual efectuando prodigios.
¿Será cuestión de que el efecto que provocan los milagros no siempre es el esperado?
Pasando a épocas posteriores al TANAJ, entre las narraciones del Talmud y del Midrash por ejemplo, es conocida la presencia de algunos líderes judíos de los que se narra que fueron capaces de canalizar milagros. Recordemos, entre otros, a Joni haMeaguel, Rabi Eliezer ben Hyrkanos, por supuesto, que Rabí Mehir, apodado «baal hanes», entre otros.
De hecho, la tradición rabínica afirma que los grandes maestros de la época tálmudica entre otras cualidades, se encontraba la de canalizar efectos sobrenaturales.
Incluso actualmente, especialmente entre aquellos de mente más simple y conocimiento menos exquisito, se suele colar el deseo de creer a partir de alguna demostración maravillosa, gracias a una fuerte fe, lo que sería sinónimo de fuerte conexión con Dios.
Es por ello que, en el mundillo de los místicos judíos, se suele hablar de la Cabalá práctica, por medio de la cual se pretende manipular hilos invisibles que controlan la realidad, y, por tanto, son capaces de alterar el mundo material, manifestando lo que pudiera ser considerado, por algunos, como milagros.
Es importante tener en cuenta que, en la tradición judía, los milagros se consideran eventos (sobrenaturales o no) que son realizados por Dios y no por las personas. Por lo tanto, aquellos que se les atribuyen milagros no son considerados como fuentes de poder o de curación por sí mismos, sino que se les ve como instrumentos de Dios.
Hay que andar con mucho cuidado y no designar como milagro lo que un análisis sensato y fundamentado en el conocimiento de lo espiritual descartaría.
Lo fundamental a tener en cuenta la central enseñanza de los Maestros: «EIN SOMJIN AL HANES» – «NO DEBEMOS DEPENDER DE MILAGROS».
Nuestra sociedad con Dios no está pendiente de obras sobrenaturales, de apariciones mágicas, de voces espectrales, sino de un trabajo concreto, aquí y ahora, construyendo SHALOM, con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.
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La gente quiere magia, siempre, en todo momento.
Siempre y cuando no haya tenido un verdadero despertar espiritual, haya permanecido despierto y trabaje constantemente para no caer en los hábitos del EGO.
Porque si no, la gente quiere magia.
Aunque le cueste una fortuna.
Aunque le cueste la vida o la de un ser querido.
La magia es la solución “mágica” a la impotencia.
Y… la impotencia es una presencia permanente en la vida del humano en este mundo.
Entonces, sentimos impotencia.
Desde lo más profundo de nuestro ser irracional sentimos que tenemos un poder místico, sobrenatural, que opera maravillas en la realidad.
Es que, el humano es una especie con una viva imaginación y desde los primeros instantes de nacidos la vamos llenando con creencias de que controlamos todo, hasta aquello que está por fuera de nuestro dominio. Si no, ¿cómo puede ser que el bebe sienta apetito, aunque no sepa lo que siente, ni definir el apetito, ni tenga idea de lo que es alimentarse, y de repente algo viene y lo satisface?
Porque lloró, porque berreó, porque gritó, porque pataleó, porque precariamente imaginó que estaba satisfecho… y por arte de “magia” en verdad se calmó su hambre. Y lo auparon, le cambiaron el pañal, le cantaron, le dieron calorcito, lo mimaron, le hicieron sentir especial y “mágico”. Esa conducta repetida cientos y miles de veces formó un hábito que se anudó a la irracionalidad automática del EGO.
Entonces, quedó grabado en profundas grietas inalcanzables por la razón que tenemos poder sobre todo, que tenemos capacidades mágicas.
Aunque no sepamos que es poder, ni tengamos idea de qué es magia, ni nada… porque todo se va procesando de manera inconsciente y automatizándose como hábito.
A esto tan materialista y prosaico se le añade un ingrediente intangible, inaccesible para la ciencia: intuimos que somos NESHAMÁ, es decir espíritu, un Yo Esencial, algo que trasciende lo limitado de nuestra existencia material.
No lo sabemos, no lo aprendemos, no lo llegamos a definir, pero de alguna manera está esa intuición.
Estamos conectados por siempre con el Todopoderoso, somos chispas de Su Luz.
Somos Sus hijos, porque somos con Él en unión y unidad.
Aunque en este mundo estemos limitados, en impotencia, separados, conflictuados… la intuición es que somos algo mucho más que lo que estamos siendo en esta existencia.
Esto se suma a los hábitos de la creencia mágica para darnos más sensación de invencible, de poderoso, de organizador del universo a través de la magia del pensamiento.
Y terminamos creyendo que somos amos del universo, que tenemos el poder de cambiar la realidad con el pensamiento, con el deseo. Asumimos, y nos reafirman, que la fe mueve montañas y que Dios se pone a nuestro servicio si pactamos con Él. Nos llenan de historietas de disfraz sagrado para mantenernos en la patética impotencia de creernos poderosos mágicamente.
Es que… la gente quiere magia, y ésta no existe.
¿Es posible revertir esta profunda inestabilidad humana?
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Es muy frecuente que cuando conversamos con otro, en verdad estemos haciendo un monólogo a duo, cada uno hablando de sus cosas, de sus temas, pisando las palabras del contrario, intentando decir más que escuchar, comprender y crecer juntos.
Es habitual que los debates sean un mecanismo del EGO, para querer tener la razón, demostrar que se tiene algún poder sobre el contrincante; en lugar de que sea un espacio y tiempo de intercambio fructífero, donde la meta es aproximarnos desde la diferencia hacia el destino inalcanzable de la Verdad.
Así pues, es necesario aprender más y mejor acerca de la Comunicación Auténtica, para poder practicarla de manera constante.
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Esta famosa frase de Hilel haZakén (en TB Shabat 31a) se suele traducir como: “lo que te es odioso, no se lo hagas al amigo”.
Pero al estudiar con detenimiento comprendemos que es otro el sentido: “lo que sabes que es odioso al amigo, no se lo hagas”.
Éste sentido es el verdadero y original, pero, sin embargo, fue el otro, el erróneo, el que cobró fama y se presenta como la frase del sabio Hilel.
Los motivos para que haya ocurrido esta troca de valuación popular, no vienen al caso (ahora); lo que sí importa es que nos quede claro tanto el pensamiento del notable maestro como su aplicación actual y cotidiana:
hay cosas que molestan al prójimo, tengamos conciencia de ello y no le hagamos daño queriendo o sin querer;
es nuestro deber andar por la vida haciendo lo posible para ser constructores de SHALOM, pensando, hablando y haciendo lo que es bueno y justo.
Ahora, veamos la frase en su contexto más cercano, para llegar a la enseñanza principal de este estudio.
Pero antes tengamos en cuenta que el contexto mayor es una serie de relatos de gentiles que venían con pretensiones diversas (y bastante alocadas) que ponían como condición para convertirse al judaísmo.
Pasemos al relato que contiene la frase:
“שוב מעשה בנכרי אחד שבא לפני שמאי א»ל גיירני ע»מ שתלמדני כל התורה כולה כשאני עומד על רגל אחת דחפו באמת הבנין שבידו בא לפני הלל גייריה אמר לו דעלך סני לחברך לא תעביד זו היא כל התורה כולה ואידך פירושה הוא זיל גמור.”
Otro suceso en el cual un extranjero llegó ante Shamai y le dijo: “Conviérteme, con la condición de que me enseñes toda la Torá completa mientras me sostengo en una pierna”. De inmediato lo expulsó con la vara de medida para construcción que tenía en su mano.
Fue ante Hilel (con el mismo planteo) quien lo convirtió porque le dijo: «’lo que sabes que es odioso al amigo, no se lo hagas, esa es toda la Torá completa, el resto es su interpretación. Ahora ve y termina de estudiarla en su totalidad.”
Hilel el Sabio tenía muchísimas cualidades extraordinarias, entre las cuales la perspicacia del “inteligente emocional”.
Por ello, él sabía que la conversión al judaísmo implica estudiar y memorizar párrafos de textos sagrados, conocer con fluidez normas legales y rituales, saberse códigos de conducta e historias, adherirse voluntaria y racionalmente a una nación y seguir lealmente sus principios, tener el compromiso firme para servir a Dios como deben hacerlo los judíos (sin condiciones o cuestionamientos) sin segundas intenciones.
PERO, muy especialmente él tenía claro que para lograr una conexión sagrada había que hacer un trabajo intenso y remover profundamente el Sistema de Creencias del prosélito, ese que cada uno de nosotros nos vamos formando desde el minuto cero de vida en esta tierra.
Porque, cada converso viene condicionado por la memoria de sus experiencias, por la historia que se cuenta a sí mismo de su existencia. Esto ocurre en el plano de lo consciente, por tanto, se puede trabajar sobre ello con relativa facilidad.
Sin embargo, ese mundo oscuro y terriblemente influyente del Sistema de Creencias, queda velado, escondido, sin ser trabajado ni reconocido; por lo cual, continúa ejerciendo sus manipulaciones y condicionamientos a pesar de que uno se haya convertido leal y legalmente al judaísmo.
¿Entiendes lo que sucede si no se neutraliza el efecto perturbador del Sistema de Creencias?
Para ponerlo en claro, daré algunas ideas.
Ejemplo 1: Si la mente del que quiere convertirse está cautiva de la idea mágica de la religión (que siempre es un producto social del EGO), entonces rápidamente transformará la belleza de la espiritualidad (que siempre es producto del Creador exclusivamente) en una mala copia de la idolatría que externamente ha dejado atrás. Por tanto, él entiende y siente al Eterno como un dios mágico, hacedor de mandados para el demandante, servidor del que Le pide cosas, un ser poderoso al que se lo puede comprar o presionar para que haga favores al solicitante. Tal cual ocurre en las culturas mágicas ajenas a la esencia del judaísmo/noajismo, se pretende reproducir el mismo patrón en el judaísmo al convertirse (o pretender estar en la senda espiritual).
Ejemplo 2: Si en el Sistema de Creencias patrocinado por la idolatría los dioses son fantasías que cubren necesidades emocionales de los fieles; entonces se tratará al Creador de la misma forma, convirtiéndolo en una excusa para todo tipo de enfermedades, disfunciones, desbarajustes. Dios será una droga para calmar la ansiedad, angustia, miedo y cualquier otra emoción perturbadora.
Y por supuesto, se hará cualquier malabarismo mental para explicar esto, para darle tintes de coherencia, para no sentir la contradicción.
Ejemplo 3: Si en el Sistema de Creencias formado por la religión se explican las causas y consecuencias con una determinada fórmula, esa misma fórmula (o su similar) se aplicará a los asuntos del judaísmo y de la senda espiritual.
Se encontrará al “rabino” o maestro que mejor encaje en esa ideología, de a poco se irá subvirtiendo su mensaje, se irán sumando más personas con trasfondo religioso a esta idea ajena, apoyándola, difundiéndola, blanqueándola, hasta que finalmente la creencia nefasta y extraña se meterá dentro del Sistema de Creencias general del judaísmo, obtendrá validez y hasta quizás se transforme en “mainstream”.
Estos fueron solamente tres ejemplos, bastante frecuentes incluso actualmente, de lo que sucede cuando no se trabaja sobre el Sistema de Creencias del que quiere convertirse al judaísmo y los consecuentes daños para él, su familia, medio social y hasta el propio judaísmo.
Por supuesto que el converso que ha atravesado el proceso leal y legalmente es valioso, una joya en la corona de nuestra familia. Pero, que la conversión sea completa, incluyendo al máximo posible en el Sistema de Creencias, es un hito indispensable.
Con esto en su mente brillante Shamai echaba a los burlones, a quienes de inmediato detectaba como gente con potencial perjudicial para los judíos y el judaísmo.
Con esto en su mente brillante Hilel encontraba la forma de neutralizar el peligro del Sistema de Creencias, provocando un cambio sustancial en la persona, una conversión profunda y verdadera.
Hasta aquí la enseñanza que nació de la frase con la que comenzamos y se continuó con el asunto de la conversión al judaísmo.
Pero podemos tener en mente esta misma enseñanza para otros aspectos de nuestra vida, como por ejemplo cuando nos encontramos con gente que ha dejado (conscientemente) su adhesión a tal o cual religión y ahora se dicen gentiles leales del Eterno, seguidores de tal o cual “rabino”.
Quienes ven y entienden la espiritualidad (al judaísmo/noajismo) con los lentes de su Sistema de Creencias, y no desde el punto de vista de la espiritualidad en su más bella pureza.
Pueden repetir como loros frases del Talmud, del Midrash, de Maimónides, de Ovadia Yosef, de quien sea; pero lo hacen convencidos de que quiere decir lo que ellos entienden, y eso que entienden es producto de su Sistema de Creencias, ajeno a la senda espiritual que ahora dicen transitar.
Así seguirán confundiéndose y llevando a confusión a otros, mientras no limpien sus Sistemas de Creencias, mientras la religión, el EGO, lo que aprendieron y se convirtió en su corazón emocional, mientras sigan en la mentalidad secuestrada por la vieja emocionalidad.
Para colmo, no faltan los mercaderes de “la fe” que se aprovecharán de ellos y los usarán como sus peones en la campaña por obtener dinero, fama, poder, superioridad, lustres de santidad y etc.
Con cariño, hora de aprender, desaprender, dedicarse con humildad a construir SHALOM.
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Por alguna razón la gente cree que a los gritos podrá hacerse entender.
Que oponiéndose con violencia (en cualquiera de sus formas) podrá surgir el entendimiento.
Se confunde debatir para alcanzar un acuerdo con vencer en una batalla.
No se sabe bien la diferencia entre el diálogo desde perspectivas diferentes a la discusión.
Es muy frecuente perder de vista la búsqueda del conocimiento, o de un plano en común; porque el EGO está a cargo y quiere imponerse, apartarse del duro aguijón de la impotencia.
Entonces, quizás sería mucho más productivo bajar la voz, esperar a que descienda la pasión.
No responder en caliente y tampoco querer ganar algún premio al más listo.
Para permitir que la Comunicación Auténtica quede a cargo.
Para que sea la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) esté dirigiendo todos los aspectos de la vida.
¿Qué te parece si nos ejercitamos en dialogar en vez de discutir?
¿Cómo ves que creemos un relato en común, aunque no nos pongamos de acuerdo, en vez de un amargo trago compartido entre los dos?
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El concepto hebreo EMUNÁ NO debe ser traducido jamás nunca como FE, al menos cuando de asuntos espirituales, de conexión con el Creador, se refiere. Pero, lamentablemente muchos cometen ese imperdonable error. ¡Imperdonable! Pues, entre otras cuestiones, lleva a multitud de personas a confundirse y adquirir conceptos supersticiosos e idolátricos como si tuvieran relevancia dentro de marco de la espiritualidad.
Fe es del mundo de la idolatría, de la superstición, del dominio del EGO. Tomemos esta definición que está en el diccionario cuando buscamos “fe”:
“Convencimiento íntimo o confianza, que no se basa en la razón ni en la experiencia, en que una persona es buena, capaz, honrada, sincera, etc., o en que algo es eficaz, verdadero, posible, etc.”.
¿Por qué esto está mal en el marco de la espiritualidad? Si parece tan bonito, sabio, santo y correcto… ¡y no es ninguna de ellas!
Podría extenderme, pero seré breve en la respuesta.
No precisamos ninguna fe para saber de Dios y Sus cosas. Porque SABEMOS que Dios existe, Él se manifestó en persona al pueblo judío en su totalidad durante la salida de Egipto y especialmente al momento de la entrega de la Torá en el monte Sinaí. Los antepasados de los judíos actuales estaban presentes allí, incuestionablemente siendo testigos de hechos sobrenaturales que no tienen otra explicación más que la directa intervención de Dios. Pero además, no fue necesario que ellos lo razonaran o imaginaran, Dios mismo les reveló Su Identidad, haciéndoles saber que estaban ante Él y que este acontecimiento ÚNICO es insustituible debería permanecer vivo y sin adulteraciones por todas las generaciones. Es por ello que gran cantidad de preceptos y costumbres tienen el mismo objetivo, preservar la memoria de lo que SABEMOS y no de dogmas, creencias, ideas, fantasías, deseos o lo que fuera que las religiones siguen y adoran. Nosotros, los judíos, SABEMOS porque hemos estado allí, porque una cadena ininterrumpida nos conecta y cuida el mensaje. Pretender tener fe es un atentado directo en contra de la Voluntad de Dios, en contra de lo que la persona (al menos judía) Le debe al Señor. Por tanto, dentro del marco del judaísmo es necesario abolir el concepto ajeno y enajenante de fe, que no pertenece a las cosas de Dios pero sí al campo de la fantasía que es la religión.
Resulta ajeno pretender alcanzar a Dios y sus cosas a través de la fantasía, de mitos, de suposiciones, porque tenemos un relato fiel en la Torá y uno aún más confiable (aunque suena increíble) como lo es la conducta familiar que preserva la memoria del acontecimiento del cual somos testigos. Matzá, mezuzá, tefilín, contar la salida de Egipto, la copa del kidush, shabat, y cien cosas más se entretejen en la vida cotidiana, en la de todos los días del año, para que el recuerdo no se borre ni se modifique. Porque nos lleva a decir con plena confianza en nuestro saber de que DIOS EXISTE y ACTÚA en el mundo.
No es necesaria la imposición dogmática, ni llenarse de lemas de ciega pasión por una deidad extrañan, ni estar fanatizado y encerrado en el Sistema de Creencias con un terror atroz a que algo te obligue a salir de allí.
¿Creer en absurdos, por fe? Tal vez es una de las formas de la idolatría para mantener fidelizada a su clientela. El judaísmo propone enseñar, educar, ayudar a crecer, cortar con el imperio de la fantasía y del dogma opresor. Sacar al Faraón, el EGO, del trono para que lo ocupe quien es su dueño: el Señor.
Ah, ¿pero qué pasa con los gentiles que no tuvieron esa revelación colectiva insustituible? Para que los gentiles no quedarán a merced de la falsedad, del error, de la fe; es que Dios nombró como Sus sacerdotes al pueblo judío. Ellos que tienen tanta responsabilidad con sus 613 mandamientos, con miles de reglas de vida, ellos que son testigos de Él; pues son los encargados por Dios para enseñar a la gente, mostrar el camino del noájida para el gentil. Esto significa, en parte, ser “luz para las naciones”, que todos puedan beneficiarse del relato en primera persona del pueblo judío; no porque se conviertan al judaísmo, sino porque reciben de los testigos directos la revelación de la verdad de Dios. No por fe, no por creencia, no por la fuerza del imperio, no por engaños; sino compartiendo la verdad a través del relato verídico, mostrando la fidelidad a través de los actos que Dios mandó a los judíos y que estos cumplen.
Pero, ¿qué hacemos cuando algún rabino (con título real o imaginario) habla de la fe? Ser rabino no quiere decir no equivocarse. Ni estar libre del EGO y sus complicaciones. Ni todo lo que se envuelve en papel colorido es alegre y sano. Ni todo lo que se repite como si fuera verdad, es verdad.
Pero, quizás es simplemente un error al querer traducir el concepto hebreo EMUNÁ al español, no tomando en consideración todo el riesgo que implica este pasaje de un mundo de conceptos a otro. Tal vez de “buena fe” creyeron que traducir EMUNÁ por fe era lo correcto. Pero, al ignorar esos maestros traductores muchísimas cosas, pero muchísimas realmente, entre otras la realidad diametralmente opuesta de la religión a la espiritualidad, quizás de “buena fe” usaron la palabra fe creyendo que estaban queriendo decir EMUNÁ. No por ello debemos seguir nosotros repitiendo como burros parlantes el tremendo error, que lleva a cada vez peores situaciones.
Como por ejemplo, un día a algún traductor no judío, ni experto en judaísmo, o al menos no respetuoso de la vivencia judía, ese traductor decidió que ASERET haDIBEROT (el Decálogo) debía ser traducido como “Diez Mandamientos”. PERO, en verdad en esas diez frases hay CATORCE mandamientos y no diez. Claramente al traductor no judío no le importó, o adrede no quiso poner el número real de los mandamientos. De hecho, si revisamos cómo los católicos mencionan estos diez mandamientos rápidamente nos damos cuenta de que no son fieles al texto que nos da la Torá de las Diez Frases. Se supone que ningún judío debiera llamar al Decálogo como Diez Mandamientos, por el simple hecho de ser falso, erróneo, anti Voluntad de Dios que puso 14 y no 10 preceptos allí. Y sin embargo, oh maldición, no faltan los numerosos rabinos, con mucha barba y cuerditas de las orejas, llamando al Decálogo con el espantoso y blasfemo nombre de “Diez Mandamientos”. ¿Quiere decir eso que entonces se abolieron cuatro de los diez? La respuesta es bastante sencilla: esos rabinos, o quien fuera, no están hablando con propiedad. Probablemente sea un problema de traducción… eso quiero creer… y no que están actuando de manera imperdonable, lesiva, contradictoria al Eterno.
En resumen, la EMUNÁ NO ES FE. La fe es del mundo de la idolatría, de la superstición, de la lejanía de Dios y Sus cosas. El que anda por la senda del Eterno usa la voz EMUNÁ, y puede ponerla en español como “convicción”, “creencia firmemente establecida”, “pensamiento elaborado con esfuerzo y estudio”, “un paso más allá del entendimiento, tras agotar todas las vías posibles de comprensión”, pero de ninguna manera permitir que se confunda con “fe”. Menos que menos que se convierta en una herramienta de difusión de religión, que es la antítesis de la espiritualidad.
Y no, la fe nunca ha movido montañas. Tal vez montañas de dinero que pasan de los seguidores de los líderes religiosos a los bolsillos de estos. Pero si alguna vez una montaña, o al menos un otero, fue movido por la fuerza de la fe; por favor, indícame en el Google Maps las coordenadas. Por su parte, la EMUNÁ no predica que tiene el poder de hacer magia, porque no viene del mundo de la superstición. Pero sí logra interesantes resultados promoviendo la acción que modifica positivamente la realidad. ¿Entendiste esta parte?
Para finalizar, ya hemos dicho qué es EMUNÁ concretamente, tanto al pasar en este estudio como en varios anteriores. ¿Te animas a decirnos qué es y cómo se diferencia notablemente de esa pobreza intelectual y ética que es la fe? Gracias, y gracias por difundir este estudio de Tradición, convicción y verdad.
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« וְשָׁ֣ם רָאִ֗ינוּ אֶת־הַנְּפִילִ֛ים בְּנֵ֥י עֲנָ֖ק מִן־הַנְּפִלִ֑ים וַנְּהִ֤י בְעֵינֵ֨ינוּ֙ כַּֽחֲגָבִ֔ים וְכֵ֥ן הָיִ֖ינוּ בְּעֵֽינֵיהֶֽם: También vimos allí a los Nefilim, hijos de Anac de la estirpe de Nefilim. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.» (Bemidbar/Números 13:33)
Los filósofos y pensadores a veces no se ponen de acuerdo en si la realidad existe o no. Como no me interesa divagar, no entraré en esas cuestiones. Solo te comento que entre los Maestros están aquellos que dicen que:
solo el Eterno es real y el resto es ilusión (sí, tú y yo somos espejismos en la Mente del Divino);
el Eterno hizo lugar para que existiera la creación, como si hubiera dejado un espacio vacío que cubrió con el universo;
Elohim está en todo lo creado, sin que por ello identifiquemos creación con Él;
Elohim es indistinto a su creación.
Como te dije, no vamos a resolver esta cuestión, ni siquiera vamos a pensar en ella. Ni tan siquiera sé si hemos compartido todas las opciones que al respecto los Maestros enseñan.
Simplemente te pido que nos enfoquemos en un tema que resulta absolutamente práctico, útil para el mejoramiento de nuestra vida cotidiana.
Lo que importa establecer es cómo eso que percibimos como realidad nos impacta. Dependiendo de cómo interpretas lo que te está pasando, es cómo construyes tu percepción de aquello que percibes como la realidad. Ésta puede existir o no, ser independiente de ti o no, ser parte del Creador o una ilusión, esto o aquello; nada de eso modifica el hecho de que lo que tú armas en tu mente y por ello reaccionas, es lo importante.
Las percepciones no se dan fuera de un contexto, ya que tú interpretas a partir de tu Sistema de Creencias. Por tanto, la realidad se arma en tu mente de acuerdo a quien estás siendo, a lo que crees, a lo que te inculcaron, a lo que admites o de lo que reniegas.
Por supuesto que no tenemos ni control ni responsabilidad por gran parte de lo que es nuestro Sistema de Creencias. Éste se fue formando desde el nacimiento, a instancias de los adultos que estaban influenciando en tu crianza. Está lleno de prejuicios sociales, de normas morales, de pautas implantadas por presión social. Se esconde en lo más profundo e inaccesible de tu memoria corporal, más allá de cualquier razonamiento o palabra. Guarda multitud de pesadillas y deseos, reglas y convenciones, recuerdos y heridas. Ese caudal misterioso y oscuro es el que te marca la manera en que interpretas lo que estás vivenciado, te obliga a percibir, te estructura tu imagen de la realidad.
Planteado de esta manera podría parecer que no tenemos responsabilidad por nuestra conducta y por tanto cualquier pecado o inconducta está disculpado puesto que somos víctimas de ese tenebroso Sistema de Creencias. Sin embargo, por sobre el Sistema de Creencias tenemos el poder de elegir nuestra conducta, de entrenarnos para no reaccionar por impulsos inconscientes e instintivos, sino educarnos para controlar el alcance del Sistema de Creencias y por tanto desarrollar una vida más coherente, sincronizada con el código de ética/espiritual.
Ahí está el famoso libre albedrío, que es el poder optar por actuar siguiendo el camino de la ética o no hacerlo. Por un lado está dejarnos llevar por el Sistema de Creencias y los impulsos, y por el otro adquirir poder al controlarnos y dar respuestas, en lugar de meramente reaccionar.
Cuando crecemos en poder, cuando limitamos el influjo de las partes irracionales de nuestro ser, entonces estamos pudiendo armar una interpretación de la realidad mucho más saludable.
¿Y por qué sería más saludable si aplicamos el razonamiento, el acercarnos según podamos a la objetividad? Una respuesta es: porque tratamos de medir las consecuencias de nuestras acciones y por tanto (se supone) que estaremos limitando el perjuicio que causaremos, cosa que indudablemente no ocurre cuando reaccionamos desde la inconsciencia. Segunda respuesta: porque ponemos a funcionar partes más humanas de nuestra personalidad, las que cooperan con nuestra NESHAMÁ para manifestar el espíritu en el mundo, en lugar de permitir que nuestra natural animalidad se explaye sin contención. Tercer respuesta: porque generamos (en lo posible) un ambiente de comunicación, de negociación y no simplemente la explosión del EGO y de lo que esto conlleva.
Sin embargo, si eres atento en la lectura y comprensión, bien podrías criticar este planteo diciendo: ¿acaso la racionalidad no está también saturada del Sistema de Creencias? Y la sincera respuesta es que nada de lo que hagamos puede estar esterilizado de ese Sistema, que opera en todo momento y contiene porciones absolutamente inaccesibles por el pensamiento racional. Sin embargo, cuando vamos coordinando nuestro Yo Vivido con el Yo Esencial, cuando quitamos influencia al aspecto animal (sin negarlo ni estigmatizarlo, sino limitándolo) estamos permitiendo desplegar el mayor potencial de nuestra personalidad divina.
No sé si he podido expresar con claridad las ideas, quedo a las órdenes para acompañarte en tu aprendizaje.
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En el Pirkei Avot (5:17) se nos enseña que hay dos tipos de controversias:
leshem shamaim – con una finalidad trascendente, elevada, motivadora de crecimiento, encuentro con la verdad; cuyo ejemplo son los debates entre las Shamai e Hilel;
shelo leshem shamaim – con una finalidad egoísta, mediocre, luchando para demostrar que se está por encima del contrincante, soberbia, disfrazada de intelecto; el ejemplo es la disputa de Koraj y su banda.
Cuando estamos ante las confrontaciones del EGO, las del segundo tipo, entonces no se está colaborando con el adversario, sino peleando en su contra.
El aprendizaje es irrelevante, el acuerdo es superfluo, la mediación para acordar en beneficio de ambas partes es inexistente.
Se pelea para destruir.
Se destruye para sentirse un poco poderoso, porque de no conseguir esa escasa victoria, entonces el sentimiento de impotencia es tan terrible que succiona hacia el abismo.
Se está tironeado entre hundirse en la desesperación y quedar en un estado de parálisis mental/emocional, o podría excitarse negativamente de tal modo que ardería en llamas de ira, deseos de venganza y otras cosas por el estilo.
Tal como ocurría con las discordias de Koraj y su pandilla.
Notemos, que interesante detalle que suele pasar inadvertido, que la Mishná no dice que era un conflicto de Koraj y sus seguidores en contra de Moshé y Aarón, pues tal sería lo que lógicamente habría que haber planteado. Porque el texto de la Torá deja bien en evidencia que había tres grupos discordes que se juntaron para desestabilizar el gobierno de Moshé y el liderazgo espiritual de Aarón. Estaban los siempre destructivos Datán y Aviram, gente que amaba el odio, que estaban enviciados con la malicia, que adoraban al EGO a tal punto que era irreconciliable cualquier TESHUVÁ con ellos. El otro grupo lo formaban los jefes comunitarios que estaban buscan posiciones de mayor relevancia, aproximarse más al servicio Divino, aunque empleando para ellos métodos fraudulentos y rivales de la espiritualidad. Recordemos que en la Tradición NO ES correcto afirmar que “el fin justifica los medios”. Y estaba el tercer grupo de resentidos o disconformes, formado básicamente por Koraj, el cual tenía reclamos en apariencia justos, que se sentía injustamente desplazado de su rango, pero que además estaba cargado de orgullo, resentimiento y otros sentimientos que son malos referentes para navegar éticamente las aguas de la existencia. Estos tres grupos disparejos estaban aunados para derrocar el gobierno emplazado por el Creador. Su desavenencia los unía, pero entre ellos estaban también en conflicto. Es por ello que la Mishná con gran sabiduría nos señala que Koraj estaba en rencillas con sus propios “seguidores”, quienes estaban siguiéndolo, pero causándole todo tipo de disturbios. En resumen, el caos reinaba en el interior de cada uno y por ello sembraban la confusión por donde iban.
Por otra parte, está la otra desavenencia, que es aquella que expone las diferencias, marca límites, muestra perspectivas alternativas, presenta justos planteos contradictorios y que tienen como finalidad encontrar el acuerdo, llegar a una negociación que brinde resultado ganador-ganador.
Habría mucho que estudiar sobre esto, pero solamente expondremos con suma brevedad los cuatros aspectos que la Universidad de Harvard indica para llevar negociaciones exitosas:
Separar a la persona del problema.
Concentrarse en los intereses y no en las posiciones.
Inventar opciones de mutuo beneficio.
Insistir en la aplicación de criterios objetivos.
En los años de enseñanza y aplicación de nuestro propio método de Coaching Espiritual basado nuclearmente en la Tradición (Kabbalah), hemos ido exponiendo principios de acuerdo, de una buena negociación.
No los repetiremos aquí ahora, simplemente te invito a que busques en lo que hemos publicado y te invito a que si quieres profundizar más, llevarlo a tu vida cotidiana, para mejorar tu relación familiar, de pareja, en el trabajo, con amigos, en el estudio, con vecinos o lo que fuera que te interese
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“El mensaje de Pesaj sigue siendo tan poderoso como siempre. La libertad no se gana en el campo de batalla sino en el salón de clases y en el hogar. Enseñad a vuestros hijos la historia de la libertad si queréis que nunca la pierdan”, enseña con sapiencia milenaria rabí Shimon Raichik.
¿Qué nos puede esclavizar?
¿Estamos siendo esclavos en este momento?
¿Qué hemos aprendido realmente de Pésaj para mejorar nuestra vida y la de nuestro entorno?
Post publicado originalmente en belev.me (Z»L) en 2018.
Enseñan los Sabios que no hay que juzgar al amigo hasta que no estemos en sus exactas mismas condiciones.
Como es evidente, jamás esa condición podrá darse, puesto que no hay un ser humano que sea idéntico al otro en ninguno de los cinco planos de existencia (físico, emocional, social, mental y espiritual).
¡Ni siquiera se logra entre gemelos!
Por tanto, es necesario evitar el juzgar al prójimo.
No obstante, es la propia Torá la que nos impone que SÍ juzguemos sus acciones, cuando eso sea necesario y siguiendo los adecuados procedimientos para realizarlo.
Porque, la justicia NO depende de Dios, sino de los hombres.
Eso es lo que explícitamente demanda la Torá y debe ser comprendido y aplicado.
Por supuesto que existe la justicia Divina, por lo cual nadie escapa de rendir cuentas y de pagar por sus deudas o ser recompensado por sus méritos. Pero, esto no quita nuestra obligación de que la justicia terrenal sea aplicada y que sea posible que esto suceda.
No es casualidad, no debe ser tomado a la ligera, que uno de los Siete Mandamientos para las Naciones, que TODO gentil debe conocer y cumplir, sea el mandamiento de que haya cortes de justicia en cada sociedad.
Veamos ahora la breve pero profunda enseñanza del póster: “Si no te pidieron el consejo, ¡cállate la boca!”.
En principio parece que no está vinculado al tema de la justicia, ¿no?
Sin embargo, cuando nos detenemos un instante a profundizar descubrimos al menos un par de relaciones.
La primera: dar consejos es gratis, por eso se hace tan a menudo.
Por eso se abre la boca con tanta facilidad.
Por eso uno se dedica a conjeturar y pretender arreglar la vida del otro disparando un par de frases, copiando unas ideas tomadas de internet.
Pero, un consejo es una valoración, un juicio, una instrucción para enfrentar una situación.
Por lo cual, aunque hay consejos que son extremadamente inteligentes y valiosos, solamente deben ser dados cuando el destinatario los quiere y los pide.
Porque si no, estamos violando su privacidad, invadiendo su independencia, provocando que esté cercado por una impotencia que no era necesaria.
Es decir, estamos apresurando un juicio cuando no es lo apropiado.
La segunda: aquel que aconseja de forma entrometida suele ver al aconsejado desde arriba.
Como juzgándose superior en tanto el otro es menos capaz, inteligente, apto, consciente, espiritual, o lo que fuera.
El consejero sin permiso está incurriendo en un juicio desinformado, provocando con ello el malestar.
Por lo cual, cierra la boca y guárdate tu consejo para ti; a no ser que el aconsejado te pida tu opinión; la cual debería ser dada con amabilidad, respeto, mesura, comprensión, humildad.
Cosa que no suele ser muy frecuente en quien peca de aconsejar…
Post publicado originalmente en belev.me (Z»L) en 2018.
«כְּתַפּ֨וּחַ֙ בַּֽעֲצֵ֣י הַיַּ֔עַר כֵּ֥ן דּוֹדִ֖י בֵּ֣ין הַבָּנִ֑ים בְּצִלּוֹ֙ חִמַּ֣דְתִּי וְיָשַׁ֔בְתִּי וּפִרְי֖וֹ מָת֥וֹק לְחִכִּֽי:
Como un manzano entre los árboles del bosque es mi amado entre los jóvenes. Me agrada sentarme bajo su sombra; su fruto es dulce a mi paladar» (Shir HaSHirim/Cantar de los Cantares 2:3)
Es ampliamente conocida la costumbre de la noche de Rosh haShaná de tener a la mesa (y quien quiera además comer) manzana a la que se le unta miel.
Una práctica que tiene unos 1.500 dentro de la cultura judía.
Se la toma entre las manos y se dice una frase, habitualmente: “Que sea Tu Voluntad renovar para nosotros un año bueno y dulce”.
Quien suele comerla, así lo hace, previamente recitando la bendición estipulada por el fruto el árbol.
Es una costumbre, no un mandamiento.
Es un ritual simbólico, no una orden que se da a Dios. Aunque muchos puedan considerar que es un decreto metafísico que impone el deseo de la persona ante el universo y ante el Rey; en verdad la magia no funciona de esta manera.
En cuanto a su sentido, exploraremos unos pocos ahora para llenar de trascendencia tu mesa festiva y/o tu estudio teórico.
Para la DEVASH – miel indagaremos solo lo evidente:
Representa la dulzura.
Es un alimento kosher que proviene de un animal que no lo es.
Es una de las características con las que el Eterno coronó a la Tierra de Promisión y es usado como parte de uno de sus nombres distintivos (tierra de la que mana leche y miel»).
En cuanto a la TAPUAJ – manzana:
En tiempos remotos del Oriente Próximo la manzana era considerada un alimento saludable, por tanto representa el deseo de un año con salud.
No resulta ajeno a la Tradición asociar la manzana con el ETROG, el fruto cítrico de los cuatro que se toman para la festividad de SUCOT, por su fragancia y sabor, por tanto representa sabiduría, plenitud, afinidad con lo trascendente.
NO ES el fruto prohibido por Dios para Adam, NO ES el fruto del conocimiento del bien y del mal; por tanto no se usa en el aniversario del ser humano (Rosh haShaná) para simbolizar que endulzamos el pecado.
La manzana era valorada como un fruto “bueno”, por tanto ideal para expresar el deseo de un buen año. (¡Qué diferencia con los que la llaman “malum” (en latín) y la asociación con lo malo, el pecado, la desventura!).
Lingüísticamente se vincula con la palabra hebrea “hinchado” – “nafuaj”, simbolizando así la expansión material, por tanto aspira a que lo que consigamos abarcar en este mundo siempre esté endulzado, o sea con sentido trascendente y no meramente pasajero. Que tengamos prosperidad, riquezas, bendiciones materiales y que tengamos el privilegio de gozar de ellas.
La amada en el “Cantar de los Cantares” compara a su amado con el manzano, y afirma que prefiere sentarse a su sombra en lugar de la que brindan otros árboles más frondosos y agraciados en sombra; esto representa el amor del pueblo judío por el Eterno, que si bien a veces no nos damos cuenta de Su gozo ni comprendemos Sus designios, igualmente lo seguimos eligiendo infinitamente por sobre la idolatría.
En síntesis, en las festividades tenemos canales para expresarnos más allá de las palabras.
En Rosh haShaná es sumamente evidente con el uso del SHOFAR.
Pero también a la hora de celebrar alrededor de la mesa proclamamos nuestra identidad espiritual, nuestro aprecio por el legado sabio y bendito que nos ha hecho llegar hasta aquí.
Que podamos seguir festejando con sentido y encontrado ocasiones para compartir el bienestar.
Hemos estado viendo la sabiduría en los balcones del Templo Beth Israel, de la Comunidad Israelita Sefaradí del Uruguay, las nueve frases y algunas de sus enseñanzas.
En esta ocasión, cuando alzamos la vista hacia arriba, en el frente de la cúpula, nos encontramos con un círculo que contiene unas manos rodeando una estrella de David.
Esas manos están simbolizando a los cohanim, la casta sacerdotal, en el momento en el cual bendecían al pueblo de Dios de acuerdo a las palabras que Él encomendó.
La costumbre indica que los dedos se abran de una manera particular, la podemos recordar en el saludo de los vulcanos, en la serie Star Trek. Resulta que el actor que interpretaba al clásico Sr. Spock era judío, de apellido Nimoy. Él quería imponer un saludo que fuera ritualísitco de su cultura interplanetaria, como parte de su carácter meditativo y místico, para lo cual recordó el gesto que veía de chico, cuando acompañaba a su padre a la sinagoga, en el momento en el cual los del linaje cohen bendecían a la comunidad.
Pero, no solamente está el ademán, que incluye también el revestirse con el talit por encima de la cabeza, estar descalzo, y otras cuestiones más que ahora no vienen a colación. Decía que incluye muchos elementos, pero especialmente las palabras con las que el Eterno pidió que los cohanim bendijeran a la comunidad.
En su traducción son:
«’el Eterno te bendiga y te guarde. El Eterno haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia. El Eterno levante hacia ti su rostro, y ponga en ti paz.’» (Bemidbar/Números 6:24-26)
Que Dios les bendiga y les guarde, Dios se dirija hacia ustedes y les encamine, Dios les brinde shalom.
Que nos podamos encontrar en muchas ocasiones festivas, en el templo Beth Israel, online o donde quiera que fuera.