Categoría: Opiniones e ideas

  • Creador de tu camino

    La vida es cambio constante, aunque pareciera monotonía en muchos tramos.
    Estos tiempos prometieron ser de cambios profundos, como por ejemplo nos demostró la pandemia que no quiere dejarnos en paz.
    Según escuché, cada cien años nos condena una pandemia, siendo que toma tres años al sistema para acomodarse y continuar la vida en la verdadera nueva normalidad.
    Como sea, el cambio es la única manifestación constante desde que Dios puso en marcha el universo.
    Ya las mismas líneas iniciales del Bereshit así la evidencian, patentizando cada desarrollo, evolución y desviación que se suscitó.

    El pasado evidentemente se fue, pero sus ondas expansivas pueden continuar incluso hasta futuros y lugares impensados.
    Como esas olas que se forman al golpear una roca en el espejo del agua, que se alejan y multiplican como si su energía se preservara y no decayera.
    No sabemos los efectos de nuestras acciones, cómo siguen afectando.

    El futuro, para nosotros no existe, pero su expectativa nos va marcando también.
    Por lo cual, el presente, que es un guiño fugaz, un suspiro que se aleja, una sombra que vuela, tiene esas conexiones tan intensas con el pasado y el futuro.
    Sin embargo, es ese pestañeo veloz lo único que tenemos realmente y que debemos aprovechar.

    La forma en que tratamos y resolvemos nuestro presente, depende en buena medida de nuestra decisión.
    Puede convertirse en una condena que arrastraremos hacia lugares y tiempos que no imaginamos; o puede resultar ser el corte que era indispensable para contribuir con una mejor realidad.
    Como sea, creamos un mundo a partir de nuestras elecciones.

    Sin dudas que no tenemos el poder de determinar lo que nos ocurre, ni lo que sucederá.
    Nuestro poder es limitado y hay millones de factores que operan para limitarnos o potenciarnos.
    De nosotros depende lo que nos corresponde, luego, el resultado ya está en manos del Eterno.

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  • Estuviste en el momento de pactar con Dios

    En Parashat Nitzavim, Moshé le dice a la gente del pueblo de Israel que está convocada que el pacto que Dios hace con ellos en ese momento, en realidad no solo es con la generación actual, sino también con las siguientes generaciones.
    Es decir, en nombre de la posteridad sellan el pacto, para que indefinidamente exista ese vínculo especial entre Dios y el pueblo que Él escogió para que sirvan como los maestros de Sus enseñanzas.
    Varias cuestiones suelen surgir ante esto, mencionaré solo un par.
    La primera es: ¿por qué los descendientes quedan obligados a respetar un pacto que firmaron sus padres, siendo que a ellos nadie les consultó?
    La segunda: ¿era necesario sellar un pacto intergeneracional, no alcanzaba con que Dios expresara que Él escogió a los judíos y deberían, por tanto, cumplir con lo que Él mandase?

    Respondamos a la primera, con una de las varias respuestas habituales.
    En realidad no somos este cuerpo, sino que somos NESHAMÁ, es decir, espíritu, chispa de la Divinidad.
    Por tanto, es cierto que hubo una generación presente físicamente en el momento que se selló el pacto con Dios, pero espiritualmente estuvimos todos los judíos de todas las épocas, de todas las circunstancias allí presentes. Recordemos que para la NESHAMÁ no existe tiempo y espacio, pues es parte del Eterno. Mientras transitamos esta vida, en este mundo, estamos encadenados a las circunstancias de lo material, somos presos del tiempo y del espacio. Pero, cuando se termina este pasaje terrenal, volvemos a esa realidad incomprensible, indescriptible, que es la del mundo espiritual. Por tanto, fuera de todo tiempo y espacio, lo que habilita a que todas las esencias individuales estuvieran presentes en los momentos claves del proceso de firmar el pacto con Dios.

    Otra respuesta a la primera pregunta.
    Existe lo que se dio en llamar como «contrato social», por lo cual, somos responsables de continuar con los valores, mandatos, lineamientos de nuestros antecesores, y solo variarlos dentro de los marcos establecidos. De esta forma, aceptamos continuar con lo que pactaron nuestros ancestros, por voluntad propia, dando cuenta de que aceptamos y reafirmamos el pacto.

    Con esta respuesta ya podemos ir dando respuesta a la segunda pregunta.
    Dios no nos quería imponer Su Voluntad, sino que eligió hacernos Sus socios.
    Por lo cual, pactó con nuestros ancestros, y con nosotros, para que tomemos conciencia de nuestro rol y no actuemos como esclavos, sino como hijos y activos socios de la empresa que Él creó y dirige.
    Si nos hubiera creado sin libre albedrío, si nos hubiera impuesto Sus decretos sin darnos lugar para aceptarlos libremente, no seríamos más que títeres, herramientas, vasijas, sin ninguna responsabilidad ni comisión.

    Aquí se hace hincapié en la importancia de la conexión entre todas las generaciones y el continuo intergeneracional.

    ¿Qué te da para pensar todo esto?

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  • Olvidar su Torá o vivirla

    La enseñanza del rabino Dostai bar Yannai en el nombre del rabino Meir (Pirkei Avos / Ética de los Padres 3:10): Quien olvida algo de su aprendizaje de la Torá, la Escritura lo considera como si llevara culpa por su alma, como dice: ‘Pero ten cuidado y guarda tu alma en exceso, no sea que te olvides de las cosas que tus ojos han visto‘. (Devarim / Deuteronomio 4: 9)

    ¿Cómo podemos ser culpables por no recordar?
    Evidentemente no está refiriéndose a una persona con problemas físicos o psicológicos que le impiden recordar o incorporar nuevos recuerdos.
    Sino de aquella persona con todo «en regla», pero que sin embargo no aprende y no embebe en su vida el mensaje de la espiritualidad.
    Por ello, la enseñanza es que deberíamos tener tanta pasión por inculcar las verdades de la Torá en lo más profundo de nuestro corazón hasta que la totalidad de nuestros cuerpos y almas anhelen el cumplimiento de la Torá y la mitzvá. Con tal anhelo, olvidar sería imposible.
    Lo mismo aplica para el gentil respecto a sus Siete Mandamientos, aquellos que Dios le ha dado personalmente para que conozca, cuide y cumpla.

    Al respecto, una anécdota.
    Un trabajador que trabajaba de la mañana a la noche por su pan de cada día le preguntó una vez al rabino Israel Salanter, fundador del movimiento Musar (ética): dado que solo tenía diez o quince minutos al día para dedicarlo al estudio de la Torá, ¿en qué ámbito de la Torá debería dedicarse? El rabino Salanter lo animó a aprender musar, porque si trabajaba en musar durante esos quince minutos, descubriría que, de hecho, tenía mucho más tiempo disponible para cumplir con la Torá.
    Lo mismo aplica para los noájidas, quienes al llevar una vida de construcción de Shalom, mediante pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia, estarán cumpliendo con SU Torá y teniendo una vida de plenitud.

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  • A los buenos que les va bien y a los malos que no

    En Parashat Ree, Moshé informa al pueblo de Israel que Dios de manera constante les está ofreciendo la oportunidad de recibir una ‘bendición y una maldición’, la opción la tienen ellos.
    Por ello, si caminan en el camino de Dios, es decir su conducta está pautada por los mandamientos del Eterno, actúan movidos por los valores de la espiritualidad, evitan el caer en las trampas del EGO, entonces como consecuencia natural y lógica vivirán la bendición, llevarán una vida de plenitud, incluso en la dificultad.
    A esta bendición las mentes primitivas lo verán como una recompensa o premio. Algo así como que Dios premia para festejar las buenas acciones, esa es la manera infantil de contemplar la realidad. En la misma línea de estrechez mental, se hablará de castigo, como si Dios estuviera blandiendo una vara penalizadora para maltratar a los niños que se portan mal. Pero, cuando ampliamos nuestra mirada y contemplamos espiritualmente, lo que reconocemos es que la consecuencia de nuestros actos es vivir sufriendo, lo que puede ser correctamente llamado como maldición.
    Aquí serían válidas muchas preguntas, como por ejemplo: «Pero, yo me porto bien. Hago todos los esfuerzos para ser cumplidor de los mandamientos. Evito desviarme detrás de deseos impuros. Entonces, ¿por qué sufro?».
    Otra de esas preguntas clásicas y habituales: «Aquella persona tiene actitudes horribles, se la pasa pecando, es ofensivo, se burla de las cosas de Dios y sin embargo le va todo bien en la vida».
    Evidentemente ni la propia Torá da una respuesta certera a estas y otras cuestiones muy frecuentes y que llaman la atención. Tanto los profetas, como los sabios y los filósofos han dado sus diferentes versiones de la cuestión. También hay todo tipo de corruptos y piratas de la fe que pautan con sus doctrinas y fantasías modos de explicar la realidad que suelen arrancarnos de la pureza y belleza de la Torá, para llevarnos hacia terrenos muy peligrosos, pero que a simple vista son atractivos.
    Como sea, quedarán pendientes las respuestas ciertas y que satisfagan a todos.
    El hecho cierto es que Moshé, con toda su sabiduría y autoridad espiritual, nos dice que no dejemos de actuar de acuerdo a los mandamientos del Eterno, que hagamos el bien, porque la consecuencia siempre es la bendición. Lo entendamos o no, lo creamos o no, quede a la vista siempre o no.
    Por ello, tener siempre presente que ante nosotros está abierta la puerta de la bendición y la de la maldición, y Dios nos pide que siempre optemos por la de la bendición.
    Lo que sí es necesario recalcar que si bien estas palabras de Moshé podrían ser aplicadas a los individuos, en realidad se está refiriendo a la nación judía en su conjunto, por tanto, no aplica a los eventos que ocurren individualmente sino a la nación.

    La parashá Ree continúa contando que Moshé les avisa que cuando lleguen a la tierra, deberán realizar una convocatoria popular en la que leerán las bendiciones y maldiciones. La convocatoria masiva se llevará a cabo en el área de la ciudad de la actual Nablus, que era la original Shejem o Siquem, frente a las montañas de Guerizim y Eibal.
    La lista de bendiciones y maldiciones se puede leer en la parashá Ki-Tavó, donde también se describe el efecto aterrador de la maldición llevada a su punto más dramático, así como el estado de bienestar que se produce como consecuencia de la bendición.

    Continúa nuestra parashá con una lista de mitzvot, de mandamientos que Dios plantea para la nación judía. Entre otras se encuentra la prohibición del culto idolátrico, el deber de romper los altares de los ídolos, ofrecer sacrificios exclusivamente a Dios a su debido tiempo, el tener un lugar dedicado al culto del Eterno en el lugar que con Él elija. También queda prohibido escuchar a un falso profeta, se detalla la lista de animales kosher para comer y los que tienen prohibido comer. Adicionalmente se menciona: preocupación por los débiles  de la sociedad, la obligación de prestarles asistencia y protección, de cuidar de nuestro prójimo para que empobrezca, liberar a los esclavos y se mencionan también las tres fiestas de la peregrinación al templo: Pesaj, Shavuot y Sucot.
    Son algunos de los preceptos de la Torá para la nación judía que nos ayudan a los judíos a vivir espiritualmente, a convertir nuestro Yo Vivido en un mejor reflejo de nuestro Yo Esencial (Neshamá, espíritu).

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  • El quitarse la venda

    La gente que realmente piensa, y le interesa un poco divagar filosóficamente, a veces se cuestiona acerca de qué es verdad y cómo se puede intentar comprobarla.

    Hay otra gente que está afiliada de manera servil a sus creencias, esclavizada a su Sistema de Creencias, por tanto, no pregunta acerca de la verdad porque consideran que ellos ya están en posesión de la misma.
    En el judaísmo clásico es sabido que la Verdad es inaccesible, porque es el sello de Dios, signo de Su «identidad». Por tanto, imposible de alcanzar, como todo lo que es Dios. Él es incomprensible, inimaginable, inentendible; todo lo que decimos de Él son pobres palabras que ni siquiera rozan una infinitésima parte de Su realidad. No hay palabras, ni imaginación, ni fantasía que nos permita conocer algo de la Divina esencia. Solo tenemos aquello que Él se encargó de revelarnos a través de Sus profetas, a cuya cabeza está Moshé. Luego, los verdaderos Sabios nos explicaron aquellas profecías, las pusieron en un idioma comprensible, pero ni ellos, ni nosotros, tenemos la capacidad de acercar nuestro finito intelecto a su infinito Ser (aunque Dios no es un ser, ni existe, pero de alguna forma tenemos que hablar para tratar de al menos comprendernos entre nosotros).

    La sugerencia es que tomemos que en nuestra psique operan instrumentos, que por lo general no son visibles para nosotros.
    Nuestros conocimientos previos, opiniones, creencias, fabulaciones y perspectivas nos hacen creer en cosas sin cuestionarlas. Como si en determinado momento nos fuimos armando ciertas ideas que pasan a dictar como interpretamos lo que pasa, o incluso de cierta forma determina lo que está pasando. Como si la verdad fuera relativa, no porque ella cambie, sino porque somos incapaces de alcanzar a conocerla. Por tanto, nos vamos atando a ideas, a formas de ver el mundo, de sentirnos y después nos cuesta ir haciendo cambios, ya que hay que enfrentarse y revisar aspectos que están bien profundo en nuestra mente.

    A veces podemos cambiar ese mundo interno que nos hace ver el mundo general de determinada manera, pero precisamos trabajar muy profundamente en nuestras creencias y aceptar que no tenemos la verdad y que podemos cambiar y está bien hacerlo.

    Entonces: ¿cómo podemos hacerlo?
    Con humildad, aceptando el diálogo, no haciéndonos fanáticos de ninguna cosa, preguntando para conocer, no tener miedo a estar equivocados, cambiar cuando sea necesario hacerlo, no tomar nada como verdad porque otros lo digan o lo acepten como tal, ni siquiera aceptar que algo es verdad porque le dice una figura de autoridad. Hay que ejercitar le pregunta crítica, que es la que trata de conocer para saber, en la medida de lo posible, en vez de ser cómodos y quedarnos en nuestra cajita.
    Otra cosa que me parece muy corrientemente afecta la visión que tenemos de las cosas, y por lo tanto de lo que creemos, son los sentimientos y las emociones. Es evidente que así sea, pues no están separados de la mente, son una parte primitiva y abisal de la misma.
    Tenemos trabajo por delante.

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  • Límites sanos para la generación de cristal

    Me parece que un padre/madre con equilibrio emocional y mental no permite que sus niños hagan lo que quieran en la casa o fuera de ella, al punto de romper cosas que debieran permanecer indemnes, molestar a quien no debe ser importunado, o lastimar a cualquiera (incluso a ellos mismos).
    Los padres equilibrados ponen límites, en lo posible también equilibrados.
    Porque saben que son esos límites los que cuidan a sus hijos, los protegen, además de cuidar y proteger a otras personas y objetos.
    Pero también, me supongo tienen la noción de que no le hacen un favor al niño si lo dejan sin aprender las reglas de convivencia, consigo mismo y con los demás.
    Por ello, impondrán las reglas sociales en la vida del niño, por beneficio del propio niño y el de otros.

    Para que esos límites sean también saludables, es necesario que no sean abusivos, irreflexivos, carentes de perspectiva. Deben ser acordes a la edad del niño, a las normas sociales y especialmente a la realidad espiritual que es la única realidad a fin de cuentas.
    También serían útiles los consejos de personas sabias, siempre  y cuando sean requeridos por los padres.
    Además, no olvidemos que el límite no ha de ser severo, sino lleno de amor y compasión. Que sean de provecho y contención para el niño. Como un abrazo firme que lo acompañe por donde vaya y le dé confianza y seguridad en sí mismo. Porque la función del límite sano NO ES someter al niño, a la persona en general, sino dotarla de canalización para que su energía sea bien empleada y puede dedicarse a construir SHALOM interna y externa, con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia.

    También a nuestro niño interior debemos marcarle los límites, porque los hemos olvidado, los rechazamos y los cambiamos. Porque preferimos seguir los dictados caprichosos del EGO, en lugar de asumir nuestro rol de ser reflejos de nuestra NESHAMÁ.
    Por tanto, educarnos nosotros también para no ser caprichosos, iracundos, rebeldes, ingratos, perezosos, abusivos, egoístas y todos los etcéteras que suelen manifestar los niños que no han sido enseñados en los límites, niños de cualquier edad.

    Es hora de dejar de ser tan complacientes y autocomplacientes, abandonar la torpe conducta del dejar hacer, del hacer germinar generaciones de cristal que no soportan el peso de la vida y menos el de la eternidad.

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  • Tratando de entender a los progresistas que apoyan a los terroristas

    El impulsado por su Yo Esencial, por su Neshamá, puede llegar a hacer enormes sacrificios para favorecer a otros.
    Entonces, puede ser que el individuo decida sacrificarse por el bien de muchos.
    Por ejemplo, el soldado que sale a defender a los habitantes de su país y llegado el caso tendrá que destruir propiedad de otros, o hasta dañar la salud o quitar la vida del enemigo. El soldado no está solamente arriesgando su vida o integridad física, sino también la emocional, pero, está obligado por un criterio superior a ponerse en riesgo con tal de salvar al inocente, a los inocentes. Quizás en su noble y justiciera lucha hiera a inocentes, lamentable resultado de las guerras. En esta situación, aquel que es movido por la ética, por la voz de la Neshamá, no está ansioso porque ello ocurra, sino ansioso por evitarlo, tal como ocurre con el Ejército de Defensa de Israel, que hace hasta lo increíble para proteger a los inocentes del bando de sus enemigos. Tristemente, también mueren o sufren inocentes del lado enemigo, pero no por placer o ventajismo de los israelíes, sino por esos incidentes que no pueden ser evitados, o que los terroristas de Hamás adrede provocan. Pues, el terrorista (tal como los de Hamás) salen a provocar el daño en inocentes (propios y ajenos). Si tienen que usar niños propios como escudos, lo harán. Si tienen que asesinar personas que proclaman su deseo de paz, lo harán. Si se esconden en escuelas, mezquitas u hospitales para lanzar desde allí miles de bombas voladoras contra inocentes en Israel, lo harán. Porque para ellos lo que importa es adornar su EGO, adorar su vileza, destruir para prevalecer aunque sea un ratito.

    Es así que, aquel que es movido por el EGO, por sus impulsos primarios y fuera de foco con la eternidad, estará dispuesto a sacrificar a los demás, dañar a los muchos, con tal de obtener ventajas para sí.
    Estos son los típicos villanos de las películas y novelas, o los terribles terroristas que mencionamos líneas más arriba.
    Sin embargo, los encontramos a diario, por todas partes, en las situaciones más habituales y menos dramáticas.
    Pues, recordemos que el EGO sigue siendo el dios principal de la humanidad, disfrazado como los miles de dioses que la gente suele adorar.
    Así pues, si nos tomamos un ratito para observar el entorno, y también a nosotros mismos en un acto de reflexión sincera, tal vez encontremos algunas cuestiones que sería necesario mejorar, para que con el deseo de obtener ventaja no hagamos el mal al otro.
    Aunque, tengamos en cuenta que el egoísmo tiene una faceta positiva y necesaria, y que en ocasiones el éxito de uno implica la pérdida para otro.  Por ejemplo si A y B se presentan para un mismo puesto empresarial, uno de los dos será el que reciba el trabajo. El vencedor no tiene por qué regalar su nuevo puesto, o sentirse un hereje por recibirlo. Si ha actuado dentro de los parámetros de la ley, si es todo legal, no hay motivo para sentirse un esbirro del EGO. Pero, si el cargo fue conseguido con trampas, con cualquier astucia que no es legal, es allí donde el ventajismo está sacrificando a inocentes para obtener ganancias innobles.
    Yo me pregunto si así ocurre con esos «progresistas» de occidente que se afilian con los terroristas fanáticos de Hamás y similares, ¿será que buscan satisfacer de alguna manera bizarra su vocación egoísta y por tanto se oponen a Dios y Sus emisarios, para ponerse del lado de los hijos de la muerte y la corrupción? ¿Habrán sido adoctrinados en el odio, pero con disfraz de progresista amor, y por ello detestan todo aquello que clama por el camino ético y realmente espiritual?

    Por otra parte, en otro caso diferente, puede pasar que una persona que no esté mareada por la droga del EGO también cause daños a los otros, pero de forma involuntaria. Eso suele suceder cuando se actúa movido por las «buenas intenciones», pero se carece de conocimiento sobre la materia actuada o no se cuenta con suficiente equilibrio emocional.
    Entonces, el ignorante bien intencionado, queriendo hacer un favor a los demás, o a sí mismo, pero no es modo egoísta, termina provocando más perjuicios que si se hubiera quedado quieto.
    O mejor aún, sería maravilloso que acompañara sus buenas intenciones con un buen criterio emocional y una alta carga de precisión intelectual.
    ¿Será esta la situación de los progresistas? ¿Se creerán informados y con capacidad para discernir, pero no dejan de ser ignorantes, verdaderos pozos negros, y por tanto lanzan consignas y se afiebran alineándose con el enemigo de la paz, movidos por su deseo de hacer cosas bien intencionadas?
    ¿Será que le falta información al progresista occidental que es ciego ante los miles de cohetes que caen sobre la población civil de Israel, sin provocación? ¿Será que le comieron la neurona con lemas infantiles y mentirosos y por eso cree que Israel es una potencia colonialista imperial y genocida?

    Lo que no me cabe duda es que (en general) NO están siendo movidos por la consciencia espiritual, ni por el clamor de que haya SHALOM, sino por el EGO. Sea para obtener alguna ventaja egoísta, o sea porque son carne de cañón de los corruptos que los comandan.

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  • Eso que NO es espiritual pero se vende como tal

    Hay gente que medita, o hace algún otro ejercicio de supuesta espiritualidad y se quedan por un momento en una nube de gloria emocional.
    He dicho «supuesta espiritualidad», porque recordemos que lo espiritual es simple y llanamente cumplir el código de ética, es decir, aquellos mandamientos Divinos que nos competen.
    Si queremos resumir la idea, lo espiritual es la construcción de SHALOM, es decir, pensamientos, palabras y acciones de bondad Y justicia.
    Por lo general, meditar, evitar la aglomeración y encerrarse en imágenes místicas, repetir lemas religiosos, realizar poses corporales, encender velas aromáticas, oír determinados sonidos y cosas por el estilo se suelen suponer como cuestiones espirituales, pero son meramente artilugios emocionales, con mucho de cultural y a veces (si no siempre) rayando en el borde con la idolatría y la necedad intelectual. Pero bueno, sin entrar a debatir, ciertamente que no suelen ser cosas espirituales per sé.

    Esto que acabo de decir NO ES mi opinión, ni lo que me parece, ni lo que siento, creo o supongo.
    Esto ES lo que está dicho en la Torá y suministrado con sabiduría por los profetas de la Verdad.
    Te daré uno solo ejemplo, de varios que pudiera aportarte:

    «¿Con qué me presentaré al Eterno y me postraré ante el Elokim Altísimo?
    ¿Me presentaré ante él con holocaustos, con becerros de un año?
    ¿Aceptará el Eterno millares de carneros o miles de arroyos de aceite?
    ¿Daré a mi primogénito por mi rebelión, el fruto de mi vientre por el pecado de mi alma?
    [¡NO, nada de eso!]
    ¡Oh hombre, Dios te ha declarado lo que es bueno!
    ¿Qué requiere de ti el Eterno?
    Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Elokim.
    »
    (Mijá / Miqueas 6:6-8

    Ahora, te recomiendo que leas con detenimiento el siguiente antiquísimo texto de nuestra autoría: https://serjudio.com/personas/re060115a.htm

    Si no estás de acuerdo, qué pena por ti, ya que no es conmigo tu problema, sino con tu Creador y Señor.
    De mi parte, te deseo que sepas andar por el buen camino.
    Salud y danos una mano para continuar nuestra sagrada y esclarecida tarea:

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  • El maravilloso y evitado arte de pensar

    Pensar no es una conducta corriente y habitual, aunque muchos crean que es el uso de la facultad mental un sinónimo.
    Pensar en realidad es quebrar el mandato que impone el Sistema de Creencias, al menos en algún grado, aunque sea mínimo.
    Es dejar de repetir ideas, regresar a viejas y gastadas consignas.
    Es permitir a la creatividad dirigir, al menos por un rato, el flujo mental.
    Es quebrar el muro que divide la mente del espíritu y el que separa de las emociones.
    Pensar, es un acto valiente.

    Pero no, no suele ser corriente ni habitual.
    Muchos se mueven por el influjo del momento, sean influencias, estímulos sensoriales, mandatos internalizados, decretos inconscientes, programación subliminal, evaluaciones acomodaticias y otras estrategias de supervivencia, pero que no hacen al acto liberador de pensar.

    Quien piensa abre su mente, permite el conocimiento y con ello reconocer su ignorancia.
    Al pensar no se busca tener la razón ni demostrar el poder sobre otros, sino estimular un acercamiento al infinito a través del contacto con lo finito.

    Pensar es decirle no a los condicionamientos y acomodamientos, por eso aquel que piensa es temido, es perseguido, es silenciado.
    Porque pensar es un acto rebelde, revolucionario, evolucionario, en una sociedad marcada por el encierro en celditas mentales.
    Donde se adora al EGO, en sus diversas caretas, y se usa su lenguaje que se contrapone al idioma de la NESHAMÁ.

    Pero no, pensar no es ser el loquito que se rebela por todo, o quien quiere romper con los moldes, porque eso es lo que se supone hacen los rebeldes.
    Quien actúa así, no piensa, repita, gesticula, hace mímicas, actúa un papel que no hace justicia a su realidad patética.
    Quien piensa tampoco tiene porque ser genial, ni descubrir revelaciones impresionantes que cambien su vida o la del entorno. Con el modesto acto de no seguir la programación y tener una llamarada de acción mental divergente, ya se está pensando.

    Pero, estamos llenos de opinólogos, de todólogos, de sabelotodos que no suelen pensar más que los que están en silencio acatando las órdenes del EGO que los mantienen en la celdita mental.
    Está lleno de criticones, pero que se abstienen o no pueden criticar realmente, pues la verdadera crítica ciertamente es pensar.
    A veces pensar puede llevar a contradecir la revelación espiritual, preferir la palabrería académica a la sencillez de los sabios. Pero para quien se hace frecuente el ejercicio de pensar, de a poco se le puede ir allanando el camino que lo conecta a la conciencia espiritual. Si es que no cae en la torpeza solemne del académico patético, que es otro burro cargando montón de libros, memorizando pomposas frases, haciendo malabares para no pensar haciendo de cuenta que piensa.

    Es hora de despertar la conciencia espiritual también en esto, es lo que el Eterno nos pide desde el primer día que estamos en la tierra.
    Es lo que reclamaron incesantemente los profetas, los de la Verdad.

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  • Tamim tihiu – El camino para ser exitoso

    La sencillez es un gran aliado a la hora de llevar una vida excepcional.
    Hay gente que viven aletargados por Netflix y otros similares.
    Otros están estupefactos llenos de citas memorizadas de religiones e ideologías.
    Otros hacen complicados equilibrismos para no caer en el pánico al sentir el terror de una vida sin sentido.
    Otros se llenan de todo tipo de ismos, y apoyan todo tipo de causas supuestamente favorables, pero no es más que su manera de escapar peligrosamente del vacío existencial en el que viven.
    Otros más se hunden de lleno en adicciones que les embotan los sentidos, algunas de esas cadenas tóxicas también son las creencias religiosas y supersticiosas, porque las adicciones no siempre son a personas, juegos o sustancias químicas.
    Así se pasan la vida, complicándose, negándose, justificándose, anestesiándose, mintiéndose y una larga lista de otros verbos adosados al EGO y que los alelan de su NESHAMÁ.
    Cuando la sencillez es el gran aliado para despojarnos de disfraces y creencias esclavizantes.
    Pero ojo, no confundir sencillez con simpleza o facilismo o tontería hueca,

    Ya lo había dicho Dios, pero como es habitual, no le hacemos mucho caso:

    “Simple serás con el Eterno tu Dios”
    (Devarim / Deuteronomio 18:13).

    Quien quiera profundizar, le comparto un link: https://serjudio.com/personas/etica/el-mismo-fraude

    Gracias por apoyar nuestro trabajo:

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  • El juicio justo

    Hay gente que llevada por sus creencias religiosas, que no son del ámbito espiritual, dicen con mucha seguridad: «no hay que juzgar»; o también: «solo Dios juzga».
    Evidentemente que no es una creencia relevante para aquel que quiere seguir el verdadero sendero del Creador y Rey de reyes, pues Él nos ha dicho en Su bendita Torá:

    «»No harás injusticia en el juicio. No favorecerás al pobre, ni tratarás con deferencia al poderoso. Juzgarás a tu prójimo con justicia.»
    (Vaikrá/Levítico 19:15)

    Por si fuera poco, lo repite y amplía pocos versos más tarde:

    «»No haréis injusticia en el juicio, ni en la medida de longitud, ni en la de peso, ni en la de capacidad.  Tendréis balanzas justas, pesas justas, un efa justo y un hin justo. Yo soy el Eterno, vuestro Elohim que os saqué de la tierra de Egipto.»
    (Vaikrá/Levítico 19:35-36)

    Por supuesto que prefiero atender lo que Dios me dice y no los que los atontados por sus creencias religiosas proclaman como verdad.
    Por tanto, evidentemente que está en nuestra potestad juzgar, pero con ciertos límites para no caer en injusticia.
    Ante todo, debe ser un juicio justo, en donde prime el equilibrio y no el favoritismo de ninguna especie.
    Luego, lo necesario es aprender a juzgar los hechos de una persona y no a la persona en sí misma.
    Por último, aunque obviamente hay muchísimas reglas más para ser justos en nuestros juicios, ser prudentes en no juzgar cuando no nos compete o no tenemos la información adecuada y necesaria.

    Al respecto, quiero recordar una de las frases célebres de Víktor Frankl, que no fue una autoridad en el ámbito espiritual, pero sin dudas fue muy sabio en cuestiones psicológicas y de vida:

    “Ningún hombre debería juzgar a menos que se pregunte con absoluta honestidad si en una situación similar podría no haber hecho lo mismo”.

    Lo cual en realidad no es una invención de este moderno sabio, sino que proviene del milenario saber de la sagrada Tradición, cuando dice:

    «No juzgues a tu amigo hasta que estés en su situación»
    (Avot 2:5)

    Seamos cautos y prudentes, cuando no nos agrade la acción, la palabra o el pensamiento del otro, no corramos a criticarlo, pero sí tomemos el tiempo y la atención para recabar información, para comprender lo que dijo y lo que quiso decir, para ver qué lo lleva a actuar así, es decir, comprender a la persona y su situación.
    Cada uno carga una historia personal inmensa, compleja, y solemos no saber ni entender las circunstancias por las que el otro está pasando o lo que ha vivido. Por supuesto que eso no es justificación para conductas criminales, o un pase libre para el libertinaje, ya que el otro quizás pobrecito ha sufrido mucho y se comporta así porque esa acción negativa es la que aprendió y sabe hacer.
    ¡No! No es disculpar el mal, pero sí es ser mesurados, cuidadosos, atentos, para que no seamos injustos o perversos con la intención de ser juiciosos.
    ¿Estamos seguros de cómo actuaríamos nosotros si estuviésemos en la posición del otro?
    ¿Es que alguien alguna vez puede estar realmente en el lugar del otro?
    Por tanto, por supuesto que sí debemos juzgar lo que dice, hace o manifiesta el otro y tener cuidado para que no nos perjudique; no podemos esperar a que sea Dios el que haga nuestro trabajo.
    Pero que ese juicio sea considerado, como hemos explicado en este post.

    Para finalizar, es un hecho que la Torá habla a los jueces, para que aquellos con la potestad social de juzgar actúen de la manera correcta.
    Para que hayla Mishpat y Tzedek, juicio y justicia, ambas cosas.
    Pero también es cierto que es un imperativo ético para cada uno de nosotros.

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  • La poderosa alegría

    Una gran verdad es la que dice que la alegría es un poderoso vitaminizante, para todo momento.
    La verdadera alegría, no aquella risotada boba, ni la burla cruel, ni la insensibilidad provocada por vivir en la fantasía, ni la que deriva de sustancias que dejan perpleja la mente.
    La alegría que brota espontánea y sincera, sin estar siendo actuada ni parodiada.
    Una alegría simple, que puede aparecer hasta en los momentos más dramáticos de nuestra existencia.
    Una que nos conecta con la espiritualidad sin por ello desconectarnos de nuestras vivencias terrenales.
    La alegría que surge de la mirada amable, que se corre del lugar de víctima, que aprende a reírse de nosotros mismos sin por ello caer en lo grotesco o burlón.
    La alegría que es un foco de luz hasta en la noche más cruel.
    Que se permite esbozar una sonrisa en el día de luto, no por el placer de la muerte o sus recompensas viles, sino por estar convencido de que todo en este mundo es pasajero y nos espera una realidad eterna, de comprensión, de justicia, de misericordia, de paz.
    La alegría que se contagia y no perjudica.
    Una que no precisa del chiste, ni del gesto cómico, y mucho menos de hacer escarnio de alguien.
    La alegría que no puede realmente ser descrita, porque es un sentimiento y por tanto queda por fuera de las descripciones racionales.
    Pero que aquel que la ha sentido, sabe de qué estamos hablando.

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