Categoría: Opiniones e ideas

  • Cada uno es un mundo

    Hay personas que viven comparándose con los demás, sepan los otros que están siendo usados para esa comparación o no.
    Compiten para superar al otro, para sobrepasarlo.
    A veces en cosas que pudieran parecer trascendentes, y otras en asuntos tan banales que da pena mencionarlos.

    Imagina tú qué debe sentir la persona que vive de esa manera, en continuo y exigente cotejo, revisando quien supera a quien.
    El pozo del alma que debe ser estar en competencia, anónima o con todas las letras.
    El agobio para el alma de tener que dedicar energías sin fin a esa absurda contienda que no tiene ganadores.

    Muchas veces desde las casas y colegios se elogia este tipo de conductas.
    Se premian a los que destacan por sobre otros, y no por el mérito de haberse superado a su versión propia del día anterior.
    Se aplaude al que escala más alto y más lejos y más fuerte en el podio de las comparaciones, en lugar de valorar y aprobar al que corrige su conducta y refuerza su poder.

    Así andamos por la vida, compitiendo con los demás, con presentes y ausentes.
    A veces hasta peleamos con fantasmas que solo existen en nuestra mente, pero que nos llenan de terror al suponerlos triunfadores en nuestro reemplazo.
    No queremos morder el polvo, pero con esta actitud solamente promovemos el desconcierto, el desconsuelo y la derrota.

    Mejor vernos sinceramente al espejo del alma, no solamente al del reflejo óptico, y descubrir aquellos puntos que habría que fortalecer en nuestra conducta.
    Reconocer y valorar con ánimo lo que venimos haciendo bien, e impulsarnos a crecer en ello, hasta el verdadero límite de lo posible.
    Dejar de perder el tiempo y la energía en compararnos con otros, cuando somos mundos tan diferentes unos de otros.

    Claro que sabemos que existen los ámbitos que se dedican a la competencia, como algunos deportes, pasatiempos o cuestiones similares.
    Sin dudas el premio se lo dan al corredor más veloz y no al más dedicado.
    Pero, hasta el que llegó último en la carrera, y aquel que siempre pierde en las pulseadas, puede tener su primer premio cuando hizo el trabajo de compararse con su estado personal del día previo y vio que logró superarse en esa competencia por mejorar y crecer y no solamente por lucir públicamente y derrotar a otro.

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  • Cuando lo malo sucede

    Por ahí alguna vez llegaste a creer que a los demás no les pasa nada malo, pero que siempre te está sucediendo a ti.
    O tal vez no fuiste tan al extremo y supusiste que a los otros también les ocurren desgracias, solo que no tan pesadas como las que tienes que sobrellevar a diario tú.
    O te creíste que te persigue una sombra dramática, una habitual mala suerte, que te provoca amarguras sin cesar, mientras que a los demás les sonríe la vida.

    Sí, puede sonar muy extraño que haya gente que crea o sienta esto, porque lo lógico es creer que todos somos limitados, a todos nos pasan cosas malas.
    O tal vez, suponer que en realidad no son cosas malas, sino experiencias negativas que también tenemos que atravesar para completar algún aprendizaje que no hemos alcanzado por las buenas.
    Así pues, es quizás hora de ver tus momentos de desesperación con otra mirada, mucho más dulce y amable.

    No castigarte cuando sufres los reveses que te trae la vida.
    No colgarte la etiqueta de que solo a ti te pasa, ni que eres quien más sufre, ni que tu vida está destinada al sufrimiento como si estuvieras maldito.
    Tampoco ahondar en lo que padeces, adjudicando todo tipo de fantasías místicas a los sucesos de tu vida.

    Mejor es afrontar el tiempo oscuro con entereza, con confianza, con integridad.
    Sabiendo que tanto lo placentero como lo doloroso son pasajeros, como todo en este mundo lo es.
    Lo que queda para la eternidad es nuestra actitud ante los eventos y aquellos que hemos construído como experiencia.

    Así pues, yo no sé si todo es para bien, pero sin dudas de todo podemos aprender y encontrar la manera de aprovecharlo para que no todo lo sufrido sea para lamentar.
    Es necesario descubrir el punto de luz, hasta en la noche más cruel.
    Es indispensable poner la confianza en el Creador, sabiendo que Él ES Misericordia además de Justicia.

    Confianza en Él, confianza en ti.
    Una mirada serena y trascendente, que te permita ver más allá del quebranto actual.
    Y ante lo irreparable, lo que no puede corregirse en este mundo, saber que este mundo es solamente una fracción minúscula de nuestra existencia.

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  • El conteo de la vida

    La Torá plantea un mandamiento muy sencillo de cumplir pero intensamente profundo para los hijos de Israel, que es el contar cada día desde el segundo día de Pesaj y durante 49 días.
    Se ha dado en llamar a este período como Sefirat haOmer, el conteo del omer. Omer es una medida de capacidad, de volumen, que se utilizaba antiguamente, y acá hace referencia a un ritual que se realizaba antaño, en épocas del santo Templo del Eterno en Ierushalaim y que tenía un arraigo en la vida agrícola de la mayor parte de la nación.

    El mandamdiento es tan simple, tan poco complejo.
    Cada día contar, añadiendo un día a la cuenta.
    Cuando se completa la semana, también comenzar a llevar la cuenta de cuántas semanas y fracción de la misma.
    Así hasta completar las 7 semanas, para que al día siguiente celebremos la festividad de Shavuot, que entre otras cosas nos recuerda el momento de la Revelación del Eterno en Sinaí ante todo el pueblo de Israel para entregar allí el Decálogo (mal llamado Diez Mandamientos).

    Contamos y sumamos días.
    Podríamos haber hecho al revés, iniciado en el 49 e ir restando; pero la norma quedó establecida en que vayamos añadiendo.
    Quizás como señal de lo que debemos hacer con nuestras vidas.
    Para que aprendamos a que no vamos malgastando o usando días, sino acumulando experiencias al sacarle provecho a nuestro tiempo.
    Tomar conciencia de lo irremplazable del tiempo y cómo debemos aprovecharlo a máximo, para hacer aquello que hay que hacer en cada momento en particular.
    Tratando de evitar al máximo malgastar este recurso limitado, finito, que se extingue.
    Por ello, valorarlo como lo que realmente es: nuestra vida.
    Aprovechar el tiempo, sumar días y no perderlos.
    Estar atentos a que el tiempo está pasando, aunque el tiempo tal vez no sea más que una construcción mental y no tenga sentido sin alguien que se lo dé.

    Si hasta ahora no te habías puesto a contar tus instantes, tal vez sería genial que lo empezaras.
    Para que no sea un conteo regresivo hacia la nada; tampoco para que sea una sombra que pasa volando y sin control; sino que sea el monumento intangible de tu fabulosa vida.

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  • Los ancianos son las alas

    «וַֽיְהִי֙ בַּיּ֣וֹם הַשְּׁמִינִ֔י קָרָ֣א מֹשֶׁ֔ה לְאַֽהֲרֹ֖ן וּלְבָנָ֑יו וּלְזִקְנֵ֖י יִשְׂרָאֵֽל:
    En el octavo día Moshé llamó a Aarón y a sus hijos, y a los ancianos de Israel.»
    (Vaikrá/Levítico 9:1)

    Al respecto encontramos en el Midrash:

    «Dijo Rabí Akiva: El pueblo judío es comparado con un ave, pues así como ésta no puede volar sin sus alas, la nación no puede elevarse sin sus ancianos»
    (Vaikrá Rabá 2:8)

    Desde hace varios años vivimos en una época en la cual los ancianos son muchas veces vistos y sentidos como un estorbo.
    Por ahí se les quiere, pero que no molesten.
    Probablemente se les respete, pero no se valora su persona.
    Al menos, en buena parte de la cultura occidental es lo que me parece que está sucediendo.
    Por ello, es una época difícil para ser viejo.
    Quizás porque en esta cultura se valora lo novedoso, lo que impacta con su frescor, lo que atrapa con su olor a nuevo y nuevas prestaciones. Porque la tecnología y el mercado nos impulsan a conseguir nuevos productos, quizás idénticos a los anteriores pero en la versión de este año. Porque a los viejos les cuesta adaptarse a los cambios, eso nos dicen y quizás sea cierto, entonces pueden sentirse como un estorbo en el arrollador avance del progreso.

    A diferencia de la clásica cultura del judaísmo, en la cual los viejos eran habitualmente los sabios.
    Ellos eran los que conocía, tenían experiencia y podían aconsejar con conocimiento a la vez que con equilibrio que da la mesura de los años.
    Los ancianos no eran el ancla que dificultaba la navegación, sino el timón y el mapa, que trazaban un rumbo conocido y confiable a los nuevos navegantes.
    En aquella clásica cultura, el viejo era valioso como persona, al mismo tiempo que como enciclopedia viviente, recetario audaz, consejero ilustre. Pero hoy, tenemos smartphones y conexiones LTE, por lo que no precisamos más que guglear para tener las respuestas.

    Es triste que este pájaro no alce vuelo, por dejar abandonadas sus alas.
    Más allá de los cuidados particulares que la pandemia demanda para los ancianos, tomemos conciencia de su valía y del irrecuperable tesoro que es cada uno de ellos.

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  • El cambio de Sistema de Creencias que Dios no pudo

    Hemos escrito y explicado mucho acerca del Sistema de Creencias, por lo que no lo repetiré ahora.
    Simplemente tengamos en cuenta que comprendemos al mundo, lo que nos pasa, quienes somos, a través de ese Sistema.
    Y de acuerdo a cómo lo comprendemos, a la intepretación que realizamos, es cómo sentimos.
    Y es ese sentimiento que nos lleva a actuar y a veces también a tener ideas, a las que llamamos pensamientos.
    Por tanto, lo que sientes, haces, dices e ideas es producto en gran medida de tu Sistema de Creencias.

    Lo triste es que el dicho SC tiene muy poco de ti realmente, pues contiene mandatos sociales, imposiciones familiares, rituales heredados, fantasías infantiles no maduradas y un montón de otros ingredientes que hacen que lo que interpretas, sientes, dices, ideas, haces tenga muchísimo de irracional y ajeno a tu esencia, que es lo que eres realmente, es decir, NESHAMÁ (espíritu).

    Supongo que si no estás familiarizado con nuestras enseñanzas, probablemente no hayas podido procesar completamente lo que dije anteriormente. Te pido que lo releas, por favor.
    Ahora, sabiendo que eres una entidad espiritual, un Yo Esencial que está disfrazado de Yo Vivido y sometido al Sistema de Creencias, es tiempo para que comiences el proceso de cambio de tu Sistema de Creencias, en la medida de lo posible.

    No es fácil, nada fácil.
    Mira que ni Dios pudo cambiarle el SC a los israelitas durante 40 años de trabajo de reacondicionamiento en el desierto, tras la sallida de Egipto.
    Así que, tu tarea será titánica y probablemente no tendrás 100% de éxito.
    Pero, cada pasito en la dirección del reencuentro con tu NESHAMÁ, de cambio del SC para que sea realmente tuyo, es una bendición que te hará más poderoso y libre.
    Ahí te veo…

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  • Fue en el último día de la inauguración del Santuario

    Fue en el último día de la inauguración del Mishkán, el Santuario portatil que construyeron los israelitas en el desierto.
    La alegría era inconmensurable, nunca habían vivido algo parecido, pues estaban inaugurando un santuario a la gloria del Rey de reyes y al esplendor de Su reinado.
    Era una obra de sus manos, de su generosidad, de su laborioso esfuerzo.
    Esta vez el evento armado por ellos, aunque siguieran un plan celestial y tuvieran los planos diseñados, la tarea fue toda de ellos.
    No era pan del cielo, ni una apertura mágica del mar, ni tampoco la Ley de origen Divino lo que estaban celebrando, sino que ellos pudieron al fin hacer algo por sí mismos.
    Ya no eran meros espectadores, o peor aún, pasivos receptores de los dones que se les entregaban a cambio de nada.
    Por el contrario, esta vez tuvieron que hacer, y mucho.
    Pues, si cada uno no hacía su parte, entonces la cosa no marchaba.
    Es como cuando el niño por primera vez consigue hacer algo por sí mismo, aunque esté siendo supervisado por la madre, ahora ésta es su obra.
    La demostración de su poder, y no la de otros.
    Bueno, eso pasó al momento de construir el Santuario y ahora lo estaban inaugurando, con esa alegría propia de aquel que sabe que tiene algo de poder.
    Pero en una trágica secuencia anticlimática, la celebración se desgració.
    Dos de los cuatro hijos de Aharon, los mayores Nadav y Avihu, entraron  a zona prohibida para ellos en el Santuario, fueron al Lugar Santísimo y  ofrecieron incienso al Eterno, cosa que no había sido ordenada ni solicitada por Él.
    Ellos asumieron que podían seguir de largo con esto de demostrar el poder de los hijos, ofrendando un incienso extraño, que no seguía la receta dictada por Dios, en un momento y lugar que ellos decidieron y no fue decidido por Dios.
    Entonces, «un fuego salió de delante de Hashem y los consumió y murieron ante Hashem’ (Vaikrá/Levítico 10: 1-2).

    ¿Enseñanzas de esto?
    Hay miles, pero nos quedaremos con una por ahora.
    Aprender a encontrar nuestros límites y respetarlos, es una cuestión fundamental.
    Para no traspasar a zonas prohibidas y que nos ponen en situación de riesgo, para nosotros y/o para otros.
    Para no quedarnos a mitad de camino, suponiendo que hemos llegado al límite cuando en verdad aún no lo hemos hecho.

    ¿Se te ocurre alguna otra enseñanza?

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  • Cine de acción y fantasías

    El otro día vi la película «Liga de la Justicia», según la versión de Snyder.
    Dura 4 horas, que realmente no tengo, pero hice como acostumbro con videos que es verlo a velocidad mayor, en este caso fue a tres veces la normal. Así que en poco más de una hora pude deleitarme de esa obra de arte moderno.
    Por supuesto que encontré infinidad de similitudes con otras piezas, ya clásicas, del cine de superhéroes, tan de moda, por ejemplo con aquella de los Vengadores y el guantelete cósmico. En realidad, todas tienen tanto en común, no solo en los efectos especiales, sino en las historias y personajes.
    Pero, no es extraño que esto suceda, pues estos superhéroes suelen ser los dioses de antaño remasterizados para el público moderno. Incluso, algunos de los personajes son dioses en las películas, o provienen del mundo de las divinidades mitológicas. El bello Thor de Marvel, es la modernización del bárbaro dios nórdico; la bella Mujer Maravilla, es una diosa griega en su versión siglo XXI. Por supuesto que el adorado Superman, que hasta incluso en las propias películas se debate cómo es adorado como una deidad por manadas de fieles religiosos. En alguna parte de la «Liga» hay una escena tan, pero tan, pero tan jesusiana… cuando el superhéroe vuela por sobre la atmósfera y con los brazos semi en cruz recibe el saludo del sol a los lejos… no olvidemos que el mito Jesús está construido, en parte, en la mitología habitual de los dioses solares.
    En fin, la mitología se renueva con los héroes, divinidades, seres intermediarios, malignos y etc., pero sigue siendo la misma religión, producto del EGO, como TODA religión.

    Eso no quiere decir que en verdad haya gente que adora como dioses a estos superhéroes de comics, aunque quizás lo haya.
    De hecho, no me extrañaría que sucediera… ¡si hasta hay una iglesia Maradoniana!

    Da para mucho más lo que podríamos reflexionar al respecto, porque podemos derivarnos en varias temáticas, casi todas ellas muy interesantes; pero, por ahora es suficiente.

    Si Dios permite, seguiré disfrutando de películas de superhéroes, porque me hacen descansar un rato del estrés habitual; tal como el género de Ciencia Ficción, pero el simplón, no el pesado monolito filosófico de algunas obras.
    Y mientras me tomo esos ratos para el afloje neuronal y emocional, aprovecho para regenerar energías para dedicarme luego a pleno a la tarea sagrada.

    Pero, muy importante, incluso en los momentos de relax, no dejar de construir SHALOM, en pensamiento, palabra y acción.

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  • Me gustaría…

    Me gustaría que en las escuelas del mundo se enseñaran y se aplicaran los Siete Mandamientos para las Naciones.
    Pero claro, saltará algún atrevido diciendo que eso es parte de una religión y que en muchísimos países las escuelas (públicas) son y deben ser laicas. Estoy 10000% de acuerdo en que las escuelas (públicas) sean laicas en todos lados, pero 10000% laicas, sin contaminación de ninguna religión, ideología y etc. Cosa muy difícil.
    Pero estoy 10000% en desacuerdo con querer tildar al noajismo de religión, cuando sabemos que ni éste ni el judaísmo lo son.
    En fin, cosas que habrá que seguir explicando y enseñando hasta que algún día sea comprendido por todos, incluso por noájidas conscientes de su identidad y judíos que se precian de tales.

    Además de los Siete Mandamientos aspiraría a que se pudiera enseñar y vivencias algunas de estas propuestas, o todas ellas:

    1. A reconocer las propias creencias limitantes y adquirir herramientas mentales y emocionales para superarlas.
    2. Desarrollo de las propias cualidades, más allá de las clásicas esperables (lecto-escritura y matemáticas).
    3. A confiar en uno mismo, pero de verdad.
    4. Dar un peso importante a la inteligencia emocional.
    5. Dotarle de recursos para que sepa establecer metas y alcanzarlas, en la medida de lo posible.
    6. Educación económica y financiera, al menos los basamentos.
    7. A no descartar la intuición, pero no caer en superstición.
    8. A aprender.
    9. A expresarse a través de diferentes canales.
    10. A ser creativo.

    La mayoría de estas propuestas confluyen en permitirle al niño, y la niña obviamente, a tener un canal más abierto a su descubrimiento espiritual, a reconocerse como NESHAMÁ y alejarse así de supersticiones, religiones, fantasías de magia y otras necedades propias del dominio del EGO.

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  • No te hagas el ciego

    Dice el dramaturgo turco Mehmet Murat ildan:

    “¡Un hombre que rechaza la luz permanecerá en la oscuridad incluso al lado de la luz!”.

    Ciertamente, una gran verdad.
    Porque, el maestro te puede mostrar el paisaje, pero debes ser tú quien tienes abiertos los ojos para ver, y lo haces.
    Porque, el salvador te puede abrir la puerta de tu celda, pero debes ser tú quien da el paso que te saque de allí dentro.

    La persona que se abraza a la oscuridad, al oscurantismo, a lo más irracional y rancio de su Sistema de Creencias, podría ser atropellado por un tren cargado de buenas ideas, pensamientos vivificantes, conexiones de espiritualidad, montones de rayos de luz multicolor, pero seguiré en su oscuridad.
    Como sabemos dice con enorme sapiencia el popular dicho: «No hay peor sordo que aquel que no quiere oír».

    Así pues, cuando reces dentro de un rato, te sugiero que no solamente pidas por hallar la luz, sino también la capacidad y humildad para recibirla y hacer uso de ella. No te olvides de agradecerla, que eso hace que el recipiente para esa luz sea más poderoso.

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  • Zajor, el modo para recordar

    En la tradición se marca que el shabat anterior a Purim se lea una porción extra de la Torá, que recibe el nombre de «ZAJOR».
    Zajor, se traduce habitualmente como «recuerda».
    Es que, lizcor en hebreo significa recordar.
    Así se usó desde antaño la palabra y pareciera que no habría que darle más vueltas.
    Pero, cuando se busca en idiomas muy antiguos emparentados con el hebreo, descubrimos que con las mismas letras y con una pronunciación casi idéntica se usa para indicar «decir».
    Al saber esto, de pronto descubrimos nueva sabiduría en los lugares que la Torá y la tradición nos pide que ejerzamos el lizkor.
    Es decir, que no quede solamente como algo teórico, mental, sin otra expresión; sino que lo digamos, que lo manifestemos, que lo compartamos y sea de esa manera público.
    Es así como el mandamiento de «zajor et iom hashabat lekadeshó» – «recuerda el día de reposo para santificarlo», se puede entender cabalmente como que debemos santificarlo con palabras, y por eso la normativa judía nos dice que hagamos el kidush.
    Ahora que sabemos que en la tradición sagrada el recuerdo no es solamente imágenes mentales o sentimientos íntimos, sino declaraciones que unen el pasado con el presente para transformar el aquí y ahora en algo mejor, quizás podamos hacer algo al respecto, mejorando lo que ya veníamos haciendo hasta ahora.

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  • Sin etiquetas

    Hace muchísimos años, cuando casi nadie sabia qué era la Interné, ni era accesible para la gran mayoría, nosotros ya habíamos iniciado nuestro encuentro online.
    Primero con un sitio en la recordada Geocities, al que llamamos «Darjey Noam».
    Luego, fuimos avanzando y creamos serjudio.com.
    Hasta el día de hoy, otros sitios han ido quedando en el camino y otros permanecen como una biblioteca virtual. Tuvimos/tenemos cterapia.com, fulvida.com, belev.me, yespiritual.com, además de varias páginas en redes sociales y Youtube (la más actualizada está a mi nombre: YehudaRibco).

    Para cada uno de los sitios tratamos de que tuviera su propia identidad e impronta, siendo hasta ahora el que mejor viene navegando sigue siendo serjudio.com, a Dios gracias y al fiel público que se mantiene y a los nuevos visitantes que acceden.
    Desde su origen serjudio.com tuvo un subtítulo, el cual reza: «Judaísmo con sentido y sin etiquetas«.
    Lo de «con sentido», es un pretendido juego de palabras, por lo de que el judaísmo es consentido y además tratamos de que sean lecciones prácticas y que tengan sentido real, vivo, actual, vigente. Que no sea meramente filosofía, o sea, malabarismos de ideas e imaginaciones sin mucha utilidad ni beneficio concreto. Por el contrario, queremos que nuestras enseñanzas sean de provecho y canalicen la bendición que viene de lo Alto para cada uno de los lectores.

    Y queremos también dejar claro que nuestra intención es no quedar atrapados por las etiquetas.
    Resulta que el etiquetado de cosas es muy útil y necesario, por algo fue inventado y se usa por gente noble y sabia. Porque las etiquetas nos ayudan a mantener el orden con mínimo gasto de energía, porque evitan problemas y porque además permiten enfocarnos en lo principal y no en lo accesorio.
    Pero, cuando las etiquetas se usan para definir, encasillar, determinar a personas, entonces suelen ser problemáticas. Más allá de una visión «políticamente correcta», lo que queremos decir es que no es correcto etiquetar a personas, no por un asunto moral, sino por un asunto lógico. Ya que, nos quedamos atrapados por la etiqueta y perdemos de vista a la persona. Nos quedamos viendo la careta y no reconocemos la cara. Nos peleamos, o confabulamos, con un personaje y no conectamos con la persona verdadera. Nos dejamos ilusionar por el Yo Vivido en lugar de buscar la conexión con el Yo Esencial.
    En resumen, al etiquetar a las personas, perdemos de vista a las personas y nos quedamos con lo que hemos imaginado, supuesto, creído, prejuzgado del otro.
    Y eso… no es correcto…

    En una época en que el mensaje obligado es el de no discriminar, resulta que es cuando se viven todo tipo de discriminaciones negativas, que muchas veces quedan amparadas por el discurso de la corrección política. Por ejemplo, es bien cierto que la vida de una persona negra vale, sin dudas, lo mismo que la de una persona blanca, amarilla, verde o azul. Pero yo prefiero un mensaje que diga: «toda vida vale», sin hacer alusión a ningún color, preferencia sexual, etnia o lo que sea.
    ¿Se entiende?
    Entonces, vemos a esos que dicen importarles la vida y bienestar de algunos, que bien pronto atacan a los que no son de su tribu, o se atreven a disentir.
    Y eso, eso es el pésimo uso de las etiquetas y de generar grietas con el prójimo y que corrompen a la sociedad completa.

    Siento que quizás no me he llegado a hacer entender, tú me dirás.

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  • Las estrellas del Señor

    No te imaginas la cantidad de estrellas que hay en el Cosmos, apenas te puedes dar una pálida idea cuando la noche te lo permite y te atreves a mirar al cielo.
    Pero, ni siquiera así tu imaginación llega a considerar la tremenda cantidad de estrellas que alguna vez existieron o todavía lo hacen.
    ¿Quién te crees, entonces, para estar opinando acerca del Eterno?

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