Hay personas que viven comparándose con los demás, sepan los otros que están siendo usados para esa comparación o no.
Compiten para superar al otro, para sobrepasarlo.
A veces en cosas que pudieran parecer trascendentes, y otras en asuntos tan banales que da pena mencionarlos.
Imagina tú qué debe sentir la persona que vive de esa manera, en continuo y exigente cotejo, revisando quien supera a quien.
El pozo del alma que debe ser estar en competencia, anónima o con todas las letras.
El agobio para el alma de tener que dedicar energías sin fin a esa absurda contienda que no tiene ganadores.
Muchas veces desde las casas y colegios se elogia este tipo de conductas.
Se premian a los que destacan por sobre otros, y no por el mérito de haberse superado a su versión propia del día anterior.
Se aplaude al que escala más alto y más lejos y más fuerte en el podio de las comparaciones, en lugar de valorar y aprobar al que corrige su conducta y refuerza su poder.
Así andamos por la vida, compitiendo con los demás, con presentes y ausentes.
A veces hasta peleamos con fantasmas que solo existen en nuestra mente, pero que nos llenan de terror al suponerlos triunfadores en nuestro reemplazo.
No queremos morder el polvo, pero con esta actitud solamente promovemos el desconcierto, el desconsuelo y la derrota.
Mejor vernos sinceramente al espejo del alma, no solamente al del reflejo óptico, y descubrir aquellos puntos que habría que fortalecer en nuestra conducta.
Reconocer y valorar con ánimo lo que venimos haciendo bien, e impulsarnos a crecer en ello, hasta el verdadero límite de lo posible.
Dejar de perder el tiempo y la energía en compararnos con otros, cuando somos mundos tan diferentes unos de otros.
Claro que sabemos que existen los ámbitos que se dedican a la competencia, como algunos deportes, pasatiempos o cuestiones similares.
Sin dudas el premio se lo dan al corredor más veloz y no al más dedicado.
Pero, hasta el que llegó último en la carrera, y aquel que siempre pierde en las pulseadas, puede tener su primer premio cuando hizo el trabajo de compararse con su estado personal del día previo y vio que logró superarse en esa competencia por mejorar y crecer y no solamente por lucir públicamente y derrotar a otro.
Por ahí alguna vez llegaste a creer que a los demás no les pasa nada malo, pero que siempre te está sucediendo a ti.
La Torá plantea un mandamiento muy sencillo de cumplir pero intensamente profundo para los hijos de Israel, que es el contar cada día desde el segundo día de Pesaj y durante 49 días.
Desde hace varios años vivimos en una época en la cual los ancianos son muchas veces vistos y sentidos como un estorbo.
Hemos escrito y explicado mucho acerca del Sistema de Creencias, por lo que no lo repetiré ahora.
Fue en el último día de la inauguración del Mishkán, el Santuario portatil que construyeron los israelitas en el desierto.
El otro día vi la película «Liga de la Justicia», según la versión de Snyder.
Me gustaría que en las escuelas del mundo se enseñaran y se aplicaran los Siete Mandamientos para las Naciones.
Ciertamente, una gran verdad.
En la tradición se marca que el shabat anterior a Purim se lea una porción extra de la Torá, que recibe el nombre de «ZAJOR».
Hace muchísimos años, cuando casi nadie sabia qué era la Interné, ni era accesible para la gran mayoría, nosotros ya habíamos iniciado nuestro encuentro online.
No te imaginas la cantidad de estrellas que hay en el Cosmos, apenas te puedes dar una pálida idea cuando la noche te lo permite y te atreves a mirar al cielo.