Honra a los padres
Una Introducción a las Siete Leyes de los Hijos de Noé
Por Chaim Clorfene y Yakov Rogalsky
ATENCIÓN: Ninguna parte de esta publicación, «El Camino del Gentil Justo» (Clorfene & Rogalsky), puede ser traducida, reproducida, fotocopiada o almacenada en sistema mecánico o electrónico alguno sin la autorización explícita y por escrito de los autores y de los responsables de la traducción. Sin embargo, pueden referenciarse pequeñas porciones del texto, indicando la fuente:
Fundación Luz de Vida Internacional – J. Mayorga (traductor) & Y. Ribco (asesor de traducción):
Traducción al Castellano bajo permiso del Rabino Chaim Clorfene a partir de la edición 1987 (Feldheim Publishers Ltd.):
The Path of the Righteous Gentile
(An introduction to the Seven Laws of the Children of Noah)
Chaim Clorfene & Yakov Rogalsky
Derechos: 1987 Chaim Clorfene — Yakov Rogalsky
ISBN 0-87306-433-X
HONRANDO A PADRE Y MADRE
- Aun cuando a los Hijos de Noaj no se les entregó la
responsabilidad (como mandamiento) de honrar a sus progenitores, a
lo largo de la historia del hombre y desde sus inicios, tomaron para
sí este deber distinguiéndose por la rectitud de su
comportamiento.
[1] -
El Talmud
cuenta la historia de Doma Ben Nessina,
uno de los Hijos de Noaj que manifestó excelencia al
honrar a su padre al máximo nivel. Doma
ben Nessina vivía en un pequeño pueblo y los Sabios de Israel
se enteraron que él poseía una gema rara que deseaban para el
Santo Templo. Se trasladaron a lo de Doma ben
Nessina y le
ofrecieron una fabulosa cantidad de dinero a cambio de la gema. El
rechazó la propuesta debido a que la llave del cofre donde estaba
guardada la gema se encontraba en el cuarto de su padre,
quien yacía dormido. Los Sabios tuvieron que retornar así a
Jerusalén. Como recompensa ante este comportamiento, nobleza en el
cumplimiento de honrar a su padre, al año siguiente una novilla
roja nació milagrosamente en su corral.
Los Sabios se dirigieron nuevamente a lo de Dona ben Nessina y le
ofrecieron lo que quisiera a cambio de la novilla roja. Viendo que
todo era un milagro de Dios, tomó la misma cantidad de dinero que
los Sabios le habrían ofrecido un año antes por la gema.
Nota.-
Una novilla roja, creación única que nace solamente a
través de un milagro, es esencial para llevar a cabo uno de los
rituales de purificación en tiempos del Santo Templo.
3.
Uno debería ser extremadamente cuidadoso al honrar y
respetar a sus progenitores, porque esto tiene similitud con honrar
a Dios. Tres socios tienen parte en la
creación
de un hijo: los
progenitores provéen el cuerpo y Dios provée un alma.
[2]
-
¿Cuándo se considera que uno está respetando a
sus progenitores? Una persona no debería ocupar el lugar
designado para
su padre en un directorio (o consejo de ancianos),
ni debería sentarse en los lugares que habitúan sus
progenitores en el comedor,
ni debería contradecir
públicamente las palabras de sus progenitores.
5.
¿Cuándo se considera que uno está honrando a
sus progenitores? Uno debería proveerles comida, bebida y
vestuario de los fondos de los mismos progenitores.
Si el padre (o
la madre) no tiene recursos, el hijo está en la obligación de
proveerle a partir de sus propios fondos (previstos para
caridad). Uno debería escoltar a sus padres desde y hacia su
casa y proveer para sus necesidades de buena gana. Si el hijo
provée aun carne de primerísima calida para sus progenitores
pero lo hace toscamente, recibirá castigo divino.
Si el padre o la
madre (de un individuo) está durmiendo y la llave para acceder al
negocio del hijo está bajo la almohada, está prohibido
despertarlo aun si como consecuencia se perderá una venta. Pero si
el padre (o la madre) se beneficiaría de tal transacción y
entristecería ante la pérdida, entonces es deber del hijo
despertarlo y causarle regocigo por la situación.
Sin embargo, si de manera intensionada el padre intentara provocar
una pérdida financiera a su hijo (o hija), por ejemplo
quemando dinero, (entonces) el hijo puede detener al padre.
Esto último, sólo en caso de que el padre no cuente con
recursos para reembolzar al hijo, si éste acudiera a los tribunales.
Algunos dicen que aun si el padre contara con los medios para
cubrir el reembolso, el hijo debería detener al padre
para evitar el dolor de una batalla legal.
Si el dinero ha sido ya quemado, uno no podría
gritar o insultar a su progenitor sino que, más bien, podría
discretamente iniciar acciones legales.
6.
Si el hijo necesita un favor de la comunidad y sabe que tal
favor sería concedido debido ya sea a la estima que le tienen a su
padre (o madre), o a la estima que a él mismo le prodigan,
no debería
decir, «Háganlo por mi«, sino, «Háganlo por mi
padre«. Proceder así es hornar al progenitor. Sin embargo, si la
solicitud puede ser hecha sin referencia personal, uno no necesita
mencionar a su padre.
7.
Supongamos que una madre pide (u ordena)
a su hijo que realice una determinada tarea y el hijo la lleva a
cabo y supongamos que entonces el padre pregunta,
«¿Quién te dijo que hicieras esto?«. Si el hijo siente que al
responder, «Mamá me dijo que lo hiciera«, su padre se
disgustará con su madre, entonces el hijo debería
asumir (o absorber) tal enojo (o ira) antes que
implicar a su madre.
8.
Los hijos deben crecer y permanecer (como si estuvieran) delante
de sus padres.
-
Uno está obligado a dar honra a sus progenitores aun después
de muertos. Por ejemplo, cuando el hijo menciona el nombre de su
difunto padre, debería añadir (algo como), «Sea su memoria
bendecida en el Mundo por Venir» o, «Que descanse en paz«.
10.
Aún un hijo nacido de una relación prohibida está obligado a
honrar y reverenciar
[3]
a sus padres. Otros sostienen que uno no está
en obligación de honrar y reverenciar a sus padres (malvados)
hasta que estos se arrepientan de sus actos, pero que, en todo caso,
está prohibido causarles sufrimientos. Sin embargo, es mejor
seguir la primera opinión.
11.
Si un hijo mira que su progenitor (padre o madre) transgrede uno
de los Siete Mandamientos, el hijo no debería
hacerle ver el error de una manera ruda diciendo,
«Tu has violado uno de los
mandamientos«.
Por el contrario, el hijo debería plantear la
cosa a modo de pregunta como, «Padre (o madre), ¿no
dicen las Siete Leyes de Noaj de tal manera?«. Así, la
corrección viene como si el hijo estuviera buscando información
antes que reprendiendo. El padre entenderá las implicancias, se
corregirá y no pasará verguenza.
12.
Si los padres le dicen a su hijo que transgreda alguna de las
Siete Leyes Universales,
el hijo no debería escucharlos. Los
padres tienen la obligación de honrar a Dios y, por tanto, el hijo
tiene que honrar la voluntad Divina antes que los deseos de sus
padres.
13.
Tanto hombres como mujeres tienen la obligación de honrar y
reverenciar a sus padres. Sin embargo, una mujer casada debe su
devoción a su marido y está exenta de honrar a sus
progenitores. Pero si su marido no lo objeta, ella tiene la
obligación de honrar a sus progenitores tanto como le sea posible.
14.
Quienquiera que averguenza a su padre o a su madre, aun con
palabras o gestos, se considera maldecido por Dios, como está
escrito, «Maldecido es aquel que deshonra a su padre o
a su madre» (Deuteronomio 27:16 ).
15.
Si el padre o la madre tiene una esquirla (o astilla)
profundamente incrustada, el hijo (o hija) no podría
removerla debido a que esto podría provocar una herida: un hijo
tiene prohibido provocar cualquier tipo de herida a sus
progenitores. Aun si el hijo fuera doctor, no podría operarlo a
pesar de que la intensión solo sería sanar. Sin embargo, esto
se aplica sólo en casos en que hay a la mano otros galenos. Cuando
la necesidad es urgente y sólo el hijo puede ayudar, podría
proceder como sea necesario.
16.
Si el progenitor de una persona contrae una enfermedad mental,
Dios no lo permita, entonces debería tratar a su progenitor
conforme al estado mental de este último hasta que Dios tenga
misericordia de él. Si la situación se agravara de manera tal
que el hijo ya no puede con ella, entonces deberá dejar a su
progenitor a cargo de profesionales.
El padre no debería requerir
en demasía el honor de su hijo sino, más
bien, ser perdonador – pasar por alto tales falencias en su hijo.
17.
Un padre no debería corregir físicamente a un hijo
crecido. Esto se refiere a la madurez del muchacho, no a su edad
cronológica y esto depende de la naturaleza propia del hijo. Si un
padre mira que un hijo crecido presenta un comportamiento rebelde,
debería razonar y discutir la situación con él. Golpearlo
sólo agravará las cosas.
18.
Un hijo tiene la obligación de honrar a su madrastra (o
padrastro) en tanto que su padre (o madre) esté vivo. Es también
una conducta apropiada honrar al padrastro (o madrastra) aun
después de la muerte de su progenitor.
19.
Uno debería honrar a un hermano mayor aun si es sólo medio
– hermano.
Un hombre debería honrar a sus suegros como lo
haría con cualquier anciano importante, a través de palabras
amables y buenos actos.
20.
Quien realmente desea honrar a sus progenitores
debería estudiar y observar las Siete Leyes de los Hijos de
Noaj y debería llevar a cabo buenas acciones.
Es el mayor honor que un padre puede recibir
cuando la gente dice,
«Felices los padres que engendraron tal hijo«.
Pero un hijo que no camina derecho trae reproches a sus
padres y los desgracia de la forma más grave.
Además, los padres que están al
tanto de sus hijos deberían involucrarse en el
aprendizaje y en la práctica de las Siete Leyes de los
Hijos de Noaj y deberían llevar adelante actos de bondad
para ser regocijo de Dios y de sus conciudadanos y para
enorgullecer a sus hijos.
Quien no procede así, desgracia a sus hijos.
Y peor aun, los hijos mueren por los pecados de los padres,
como está escrito, «Visitando la
transgresión de los padres sobre los hijos hasta la tercera
y cuarta generación de aquellos que Me aborrecen.» (Exodo 20:5 ).
No hay crueldad mayor que provocar, por los pecados propios,
la muerte de un hijo. Por otro lado,
nadie muestra más compasión por sus hijos que
aquel que es justo, como está escrito,
«Y mostrando misericordia hasta mil
generaciones de aquellos que Me aman» (Exodo 20:6 ).
Referencias
[1]
Nahal Eshkol,
Leyes de Circuncisión, capítulo 39, ley 11
[2]
Kitzur Shulján Aruj,
capítulo 143, leyes 1-22
[3]
Claramente, en este capítulo el verbo reverenciar no implica de manera alguna idolatría (Nota del Traductor).


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