Reseña Histórica
Una Introducción a las Siete Leyes de los Hijos de Noé
Por Chaim Clorfene y Yakov Rogalsky
ATENCIÓN: Ninguna parte de esta publicación, «El Camino del Gentil Justo» (Clorfene & Rogalsky), puede ser traducida, reproducida, fotocopiada o almacenada en sistema mecánico o electrónico alguno sin la autorización explícita y por escrito de los autores y de los responsables de la traducción. Sin embargo, pueden referenciarse pequeñas porciones del texto, indicando la fuente:
Fundación Luz de Vida Internacional – J. Mayorga (traductor) & Y. Ribco (asesor de traducción):
Traducción al Castellano bajo permiso del Rabino Chaim Clorfene a partir de la edición 1987 (Feldheim Publishers Ltd.):
The Path of the Righteous Gentile
(An introduction to the Seven Laws of the Children of Noah)
Chaim Clorfene & Yakov Rogalsky
Derechos: 1987 Chaim Clorfene — Yakov Rogalsky
ISBN 0-87306-433-X
RESEÑA HISTÓRICA
El código de Ley Divina que hoy conocemos como los Siete
Mandamientos de los Hijos de Noaj
ha estado con la humanidad desde el
tiempo en que Adán, el primer hombre, fue
creado.
Aun cuando el hombre es corona de la
creación, fue la última de
las creaciones; porque así Dios sentaba una lección eterna
con un simbolismo respecto al papel del ser humano
en el mundo.
Cuando el hombre está cumpliendo con la
voluntad de Dios,
se ubica por encima de todo lo que fue creado antes que él y es
verdaderamente corona de la
creación.
Pero cuando cae en
desobediencia,
es la última y más baja de todas las
criaturas,
incluso inferior al mosquito que pasa improductivamente su vida
entera, símbolo del peor egoísmo.
Pero aun el más pequeño de los
mosquitos cumple con el
deseo de Dios.
Sólo el hombre tiene la
opción
de trasgredir (o no).
[1]
Aun en su sencillez, el versículo,
«Y el Señor Dios ordenó a Adán, diciendo: De todo ‘arbol del jardín ciertamente podrás comer.
Pero del árbol del conocimiento
del bien y del mal, tú no deberás comer,
porque el día en que comas de él ciertamente
morirás» (Génesis 2:16-17 ),
constituye la fuente de los Siete Mandamientos
Noájidas.
[2]
Y, de hecho, Adán recibió de
Dios
la responsabilidad de enseñar las leyes a las generaciones
futuras.
El verso establece que Dios ordenó a Adán
«diciendo».
A pesar de que la palabra «diciendo»‘ se podría considerar
superflua, es un principio de la
Torá que «no hay palabras
superfluas» porque cada punto y cada coma vienen a
enseñarnos algo.
En este caso, la palabra «diciendo» indica que Dios no sólo que
dió el mandato a Adán, sino que El buscaba que Adán a su vez lo
transmitiera.
Es un principio del análisis
Bíblico
que cuando un verso
establece, «Y el Señor Dios habló a Moisés, diciendo»,
significa que Dios enseñó algo a Moisés y que esperaba que éste a
su vez lo enseñara al pueblo Judío,
[3]
o, como en el caso de los
Siete Mandamientos de los Hijos de
Noaj,
a toda la humanidad.
Y de esta manera, Adán
enseño a sus hijos las Siete Leyes
Universales:
no venerar a ídolos,
no maldecir a Dios,
no asesinar,
no robar,
no involucrarse en inmoralidad sexual,
no comer el miembro
de un animal vivo
y establecer cortes de
justicia que fortalezcan estas leyes.
Así progresó la humanidad.
La prueba clara de que los
descendientes
de Noaj
conocían estas
leyes
y de que (por encargo del Juez Divino) debían obedecerlas
se dió 1656 años después, cuando El (mediante el
Diluvio Universal)
castigó
a la humanidad por
no haber guardado estos mandamientos:
«Dios miró la tierra, y he aquí que estaba corrompida,
porque toda carne había corrompido su camino sobre la
tierra» (Génesis 6:12 ).
El clásico comentario Bíblico de
Rashí
[4]
enseña que la corrupción era inmoralidad sexual
y practicas
idolátricas.
El siguiente versículo dice:
«Y Dios le dijo a
Noaj,
el fin de toda carne a venido
delante de mi, porque la tierra está llena de maldad» (Génesis 6:13 ).
Rashí
comenta que la frase «la tierra está llena de maldad» se
refiere al robo.
Así, debido a inmoralidad sexual,
idolatría
y
robo
(tres de los siete mandamientos que se suponía
Adán debía enseñarles a
sus hijos y que la humanidad debía por tanto observar), el Creador
de todo destruyó todo,
excepto por un remanente que incluía a
Noaj,
su esposa, sus tres hijos y sus tres nueras.
Para cuando las aguas del
diluvio se asentaron, la tierra ya estaba
purificada y la humanidad no tenía que regresar a los tiempos de
Adán para encontrar al padre de la humanidad. Ahora la humanidad tenía un nuevo padre,
Noaj.
Y, a diferencia de Adán quien
había fallado al no cumplir a cabalidad con los
mandamientos
de Dios, Noaj era «un hombre recto, justo en su
generación, y Noaj
caminó con Dios» (Génesis 6:9 ).
De esta manera, con un mundo revestido de frescura y concebido en
santidad, Dios
reafirmó los siete mandamientos originales
que El había enseñado a Adán.
Dios bendijo a Noaj,
a sus hijos y a sus nueras y prometió que
nunca más destruiría el mundo como lo había hecho, sellando
la promesa para todos los tiempos al establecer un
pacto
con Noaj
(el nuevo padre de la humanidad), como está expresado en el verso,
«Y habló Dios a Noaj y a sus hijos con
él, diciendo: Y Yo, he aquí que establezco mi pacto con vosotros
y con vuestra descendencia después de vosotros» (Génesis 9:8-9 )
y en el verso,
«Y Dios dijo: ‘Esta será la señal
del pacto que
establezco entre Yo y vosotros, y todo ser viviente que está con
vosotros, por generaciones, para siempre:
Yo pongo Mi arco
en las nubes como señal del pacto que establezco
entre Yo y la tierra» {Génesis 9:12-13 ).
El signo del pacto era el
arco iris,
que serviría como un símbolo permanente de la
Divina Benevolencia.
Era la primera vez que el arco iris
se veía en la tierra,
a pesar de que había sido
creado
(y preparado para este momento)
en el ocaso del sexto día de la creación, entre el tiempo en que
Adán transgredió y el
Shabat, cuando Dios descansó de todo lo
que había hecho.
[5]
El arco iris, con sus siete colores, refleja la belleza y santidad de
los Siete Mandamientos
de los Hijos de Noaj.
* * * *
Cuando Dios creó a Adán,
lo puso en el Jardín de
Edén.
Este lugar, sería la morada
(por excelencia) de la Divina Presencia.
Pero cuando Adán contravino el mandato de Dios, la Divina Presencia
se «retrajo» abandonando la tierra en favor del primer
cielo.
[6]
[7]
Entonces, con el pecado de Caín (sobre Abel), la Divina Presencia
partió desde el primer cielo
al segundo cielo.
Luego, Enosh
invocó a ídolos, y la Divina Presencia
partió del
segundo al tercer cielo.
Y desde el tercer cielo al cuarto
por causa de la Generación del Diluvio.
A pesar de que Noaj
fue lo suficientemente digno como para evitar la
destrucción y ser designado (segundo) padre de la humanidad, a pesar
de sus esfuerzos, falló en su intento por llevar a cabo una
rectificación completa del pecado de Adán,
que era necesaria para atraer a
la Divina Presencia de vuelta a Su morada
deseada (en la tierra).
Uno de los primeros actos en que se ocupó al abandonar el arca fue
plantar una viña (Génesis 9:20-21 ).
La mayoría de los comentarios bíblicos
son notablemente críticos respecto a este proceder.
Después de todo la humanidad apenas había sido destruida.
Plantar una viña para hacer vino de su fruto se presenta totalmente
inapropiado bajo dichas circunstancias.
Pero hay quienes dicen que Noaj
estaba intentando rectificar el pecado
de Adán.
El Talmud
presenta la opinión
de que el fruto del árbol del
conocimiento
era la vid.
[8]
Lo que Adán habría hecho es beber vino de una manera
profana. Habría sido la intensión de Dios
que Adán esperara
hasta el Shabat, que llegaría en unas cuantas horas, y entonces el
fruto del árbol (la uva) sería usado para santificar el Shabat y
testimoniar el hecho de que Dios
había
creado
el mundo en seis
días y al séptimo había descansado.
[9]
Se argumenta que Noaj
conocía este profundo
significado de la transgresión
de Adán:
que plantando una viña
y usando el vino para fines santos, él podría alcanzar la
rectificación completa del pecado.
Pero Noaj falló.
Se intoxicó y fue descubierto desnudo por su hijo
menor, Jam, quien lo avergozó al
llamar a sus dos hermanos,
Shem
y Jafet,
para que vean la desnudez de su padre.
Rashí comenta sobre este verso (Génesis 9:22 )
que Jam, ya sea castró a su padre o tuvo relaciones homosexuales
con él, o ambas cosas.
Shem y Jafet respetuosamente cubrieron a su padre con una prenda de
vestir, pero el daño ya había sido hecho.
Noaj
despertó y maldijo a
Jam
y a sus descendientes, y la
Divina Presencia
«miraba apenada desde lo alto» (Génesis 9:23-27 ).
Las Siete Leyes de los Hijos de Noaj
permanecieron
desatendidas por todos, como antes del
Diluvio,
excepto por unos
pocos: notablemente
Shem (hijo de Noaj)
y su nieto Eber
establecieron Casas de
Estudio con el propósito de estudiar y cumplir con las Siete Leyes.
[10]
[11]
Entonces vino la generación de la Torre de
Babel.
Esta fue una generación de científicos
brillantes.
No sólo que aprendieron a manipular muchas de las fuerzas de la
naturaleza (e.g. control del clima),
sino que razonaron en su
sabiduría (científica)
que la tierra no tenía un
Creador o
que, al menos, si tuvo un Creador, que ellos eran iguales a El; y
construyeron una torre hacia el
cielo para retar la autoridad de
Dios.
Científicamente concluyeron que, puesto que el
Diluvio
vivenciado por Noaj ocurrió en el año
1656 (después de la creación), esto
significaba que cada 1656 años los cielos se
remecerían, las
profundidades se abrirían y la lluvia buscaría
destruir la tierra.
[12]
Y la Biblia enseña, «Y descendió Dios para ver
la ciudad y la torre
que edificaron los hijos del hombre» (Génesis 1:5 ).
Esto fue ya desde el quinto cielo.
Dios tomó medidas para frenar a sus hijos errantes al confundir sus
lenguas y dispersarlos a tierras distantes (Gén.11:4).
Originalmente, toda la humanidad hablaba una misma lengua,
Hebreo el idioma de las Escrituras.
[13]
[14]
[15]
Pero ahora la humanidad había perdido este mérito, y desde entonces,
para comunicarse, los hombres recurrían a alguno de los
setenta idiomas
originales del mundo.
En este tiempo, emergió el Rey
Nimrod
con una maldad que literalmente no tenía precedentes.
Se proclamó a sí mismo dios
de toda la tierra y ordenó a sus súbditos que lo adoraran como la
deidad vigente. Quienes se rehusaban eran eliminados.
[16]
[17]
Nimrod
fue llamado «un poderoso cazador delante del Señor» (Génesis 10:9 ).
Rashí comenta que la frase «un poderoso
cazador» quiere decir que capturaba las mentes de los hombres con
su boca y los guiaba hacia la rebeldía
contra Dios.
«Delante de Dios», dice Rashí, indica que
Nimrod intensionalmente
provocó a Dios, en Su
Presencia.
Nimrod, a diferencia de
cualquier hombre que hubiese vivido antes,
actuó malvadamente con el propósito de desafiar a
Dios.
El conoció a su Creador y, a pesar de ello,
se rebeló en contra de El.
Dios retrajo su
Divina Presencia hasta el sexto cielo
en respuesta a
los pecados de Sodoma y
Gomorra, principalmente
robo
y perversión sexual.
En aquellas sociedades, se admiraba la
crueldad;
la bondad humana era
fuertemente castigada, a menudo con la pena capital.
[18]
Los antiguos egipcios completaron
la secuencia de atrocidades al ser
plenamente fieles a sus muchos ídolos,
al involucrarse mucho más que los
Sodomitas en perversión sexual,
y al desarrollar una
nueva forma de extrema vileza – brujería.
[19]
Con la Divina Presencia
removida hasta el séptimo cielo
(el superior), la humanidad permaneció en un mundo de
obscuridad moral y espiritual.
Finalmente, emergió un hombre
justo
cuyos actos empezaron a traer de
vuelta a la Divina Presencia.
Abraham confrontó solo al mundo aferrándose al
Creador, cumpliendo
con Su deseo.
Retó la idolatría
de Nimrod
con su creencia en el Unico Dios;
y, eventualmente derrotó completamente a
Nimrod,
empujando a la humanidad
hacia el reconocimiento de Dios y de
Su camino para el
mundo.
Por el mérito de Abraham, la
Divina Presencia
descendió al sexto
cielo.
Debido al hijo de Abraham, Isaac,
la Divina Presencia descendió
desde el sexto hasta el quinto cielo;
y entonces, desde el quinto al
cuarto por el hijo de Isaac, Jacob.
El poder espiritual de Jacob era asombroso:
luchó con un ángel de Dios y lo venció (Génesis 32:25-30 ).
A través de Jacob y sus hijos,
[20]
un pueblo nuevo y distinto
emergió en la tierra.
Los Hijos de Israel fueron llamados así en virtud de la bendición (y nuevo nombre) que el
Creador le dio a su padre:
«Tu nombre no será más Jacob, sino que
Israel será tu nombre, y El llamó su nombre Israel» (Génesis 35:10 ).
Rashí comenta que el nombre
Jacob refiere a alguien que viene con sigilo y
engaño, pero el nombre Israel denota
un príncipe y gobernante.
Con los Hijos de Israel,
un pueblo (especial) de Dios hacía presencia en el
mundo.
Abraham, Isaac e
Israel fueron (cada uno) notables profetas y, en esa virtud, vieron
que sus descendientes irían al exilio en
Egipto y que entonces
serían redimidos por Dios para proveerles
con Su Divina Ley en el Monte Sinaí.
Los Patriarcas cumplieron a cabalidad con los Siete Mandamientos de
los Hijos de Noaj;
y, por medio de su don profético, vieron lo que la
Revelación de Sinaí
traería, y obedecieron también aquellas
leyes, a pesar de que no habían recibido mandato respecto a ellas.
Cuando Dios bendijo a Isaac, fue
«porque Abraham escuchó Mi voz,
y guardó Mi
encargo, Mis mandamientos, Mis estatutos, y Mis leyes» (Génesis 26:5 ).
Rashí comenta que «encargo» refiere a los
preceptos de la Torá
que aún no habían sido ordenados, incluyendo prohibiciones
rabínicas en lo concerniente al Shabat, mientras que
«mandamientos» refiere a asuntos como
robo y
asesinato
(dos de los Siete Mandamientos Noájidas).
[21]
De hecho, hubo instancias en que emergieron controversias a propósito
de los dos códigos legales.
La disensión inicial entre
José y sus hermanos tenía que ver
con las diferencias entre las normas
alimenticias del código Mosaico
y el Mandamiento Noájida
que prohibe comer carne (o el miembro) de un animal vivo.
La Ley Mosaica permite a un Judío comer
carne de un animal que
ha sido faenado conforme al ritual (prescrito),
aun si los miembros del animal
exhiben algún movimiento.
La Ley Noájida no requiere un faenamiento ritual
pero prohibe a los
Noájidas comer la carne de un animal hasta que
haya cesado todo rastro de movimiento.
Los hermanos tuvieron una acalorada discusión respecto a este
punto. Los hijos de Lea
argumentaban que ellos, por cumplir
con el precepto
Mosaico,
estaban exentos de la prohibición
Noájida.
Para probarlo, faenaron un animal
conforme al precepto Mosaico
y comieron de su carne antes de que los
miembros del animal dejaran de
moverse.
José sintió que ellos habían cometido un error de
juicio y llevó el asunto a su padre.
[22]
Entonces los hermanos de José
lo vendieron como esclavo,
pero José
tuvo a Dios con él y emergió para convertirse en el
segundo al mando de Egipto, prácticamente un
rey paralelo a Faraón.
Para el tiempo en que había perdonado a sus hermanos por lo que le
habían hecho, la
Divina Presencia
había descendido desde el
cuarto cielo
al tercero por el mérito de Leví.
Previo a que los Hijos de Israel
se asentaran en la tierra de Egipto,
su hermano Judá los había precedido y estableciendo en
Goshen una escuela para el estudio
de la Ley de Dios, tanto los Siete Mandamientos
que tenían obligación de observar como
las leyes que recibieron (como herencia)
de Abraham, Isaac e
Israel.
[23]
Aun durante el largo y amargo período de
esclavitud
egipcia, la
tribu de Leví permaneció en la
Casa de Estudio,
exenta de la terrible servidumbre,
de manera que la Ley Divina fuera recordada y entendida y cumplida.
[24]
Y debido a la rectitud del hijo de Leví,
Kejot,
[25]
la Divina Presencia
descendió del tercer cielo
al segundo.
Ante el decretó de Faraón
sobre la muerte para los hijos varones que
nacieran en el pueblo de Israel,
Amram, (un levita) líder de la
generación, se divorció de su esposa,
Yojebed.
Su idea era no traer a la vida más infantes israelitas, para evitar
que sean asesinados.
Amram,
como líder, sabía que su acción sería emulada por
su pueblo, que es precisamente lo que sucedió.
Pero su hija, Miriam,
le hizo ver que, en tanto que Faraón
había emitido un decreto en
contra de los varones, él lo había hecho en contra de varones y
mujeres, al evitar que llegaran a este mundo.
Conforme a las palabras de su hija,
Amram
y Yojebed
volvieron a casarse, y de esto nació Moisés.
[26]
En mérito de Amram,
la Divina Presencia descendió del segundo al
primer cielo.
Moisés es, en la historia de la humanidad, el individuo
más humilde que haya vivido (Números 12:3 ).
Su humildad era tan grande que se veía a sí mismo como nada.
Cualquier logro suyo lo miraba como algo que provenía
exclusivamente de Dios.
El sentía que si Dios hubiera bendecido a
otro hombre con tantos
talentos (como a él), ciertamente hubiese logrado más con ellos.
[27]
Esta autonulificación lo puso en claro contraste con
Faraón, quien
afirmaba ser una deidad (de la forma en que lo
había hecho Nimrod).
[28]
Cuando Dios redimió a los
Hijos de Israel
y diezmó la idolatría de
Egipto,
fue para que tuviera lugar Su Revelación en
Sinaí con la
Entrega de la Torá.
Cincuenta dias después de que los
Hijos de Israel
dejaran Egipto,
Moisés ascendió al Monte
Sinaí,
y a plena vista de 600.000 varones Judíos y al menos
1’400.000 (entre) mujeres y niños, el
Señor Dios
de Israel descendió a la tierra desde Su bóveda
celestial
[29]
(Exodo 24:10 ), y dijo
«Yo soy el Señor tu Dios quien te
sacó de la tierra de Egipto, de casa de
esclavitud«.
Dios había partido desde el Jardín de Edén y ahora había
retornado allí, en el
Monte Sinaí,
para entregar la
Torá.
Fue una Revelación Divina
de proporciones que la mente humana es
incapaz de (siquiera empezar a) comprender.
Todos los ciegos, sordos y cojos fueron milagrosamente sanados.
[30]
Todas las almas justas que en algún momento hubieran nacido fueron
llamadas por el Señor Dios para que fueran testigos de Su
Divina Presencia.
[31]
Este fue el sello de Dios, Su verdad.
Mediante la Entrega de la
Torá,
el Dios de Israel ungió a los
descendientes de Abraham, Isaac y Jacob como Su Pueblo
Elegido,
ordenándoles que cumplieran con los 613
Mandamientos
de la Torá.
Además, Dios ordenó a los
justos
de las otras naciones
del mundo que guardaran los Siete Mandamientos de
los Hijos de Noaj
y encomendó a Moisés
y a su pueblo que enseñaran
(a las naciones) cómo observar tales mandamientos.
[32]
Este fue tanto el establecimiento de un nuevo pacto
así como el
fortalecimiento del antiguo.
Los códigos Mosaico
y Noájida
fueron atados permanentemente uno al otro.
Los Hijos de Noaj,
los Gentiles Justos,
recibieron la orden de cumplir a cabalidad con los
Siete Mandamientos
debido a que éstos «fueron entregados en el Monte Sinaí», y no debido a
que (en su momento) le «fueron entregados a
Noaj».
Y los Hijos de Israel
recibieron la obligación de enseñar los
Siete Mandamientos
a los Gentiles Justos.
Cuando Moisés ascendió al Monte Sinaí para encontrarse con Dios,
cielo y tierra
estaban conectados de manera única.
Dios tomó de Su santidad y la trajo a la tierra.
Por primera vez en la creación,
los objetos físicos podían
ser irradiados con este nivel de santidad.
Los rollos de Torá
y otros escritos,
los sacrificios
y otros artículos de uso en el
Tabernáculo,
y los mismísimos Hijos de Israel irradiaban santidad
delante del Señor, esto es, se manifestaban «separados y distintos del
resto de la creación», con una
santidad que es exclusiva para el servicio a Dios (Exodo 19:6 ).
[33]
Este fue el principio del verdadero y universal camino religioso
donde Israel, el pueblo Judío, conforma el sacerdocio y
donde los Hijos de Noaj, los gentiles justos, son sus
compañeros «laicos» y (a la vez) «fieles».
[34]
Esto se dió el año 2448 de la creación.
[35]
En todas las épocas en que el pueblo
Judío
vivió en Tierra Santa,
su obligación de enseñar a los gentiles los Siete Mandamientos
fue
generalmente cumplida.
Durante los 410 años del
Primer Templo
y los 420 años del
Segundo Templo,
los gentiles que deseaban residir en
la Tierra de Israel
tenían que aceptar (formalmente)
el cumplimiento de las
Leyes Noájidas
y (entonces) tenían derecho de entrar al
Santo Templo para
ofrecer sacrificios
a Dios (Zacarías 14:17-18 ).
[36]
Con respecto a las naciones
del mundo, esto se presentaba como un escollo.
Israel,
a pesar de ser muy influyente bajo el reinado de
Salomón,
constituía nada más que un pedacito del gran globo
terráqueo:
la observancia de la
Leyes Noájidas fuera de la Tierra de Israel
era escasa.
Entonces, en el año 4800 de la creación, hace más o menos dos
mil años, Dios tomó una drástica medida para remediar la
situación.
Destruyó Su Santo Templo,
el centro de la vida religiosa del
pueblo Judío,
y exilió a Su pueblo, Israel, a todos los rincones del
planeta, donde permanecen en su mayoría hasta este día.
Como el Talmud
establece, «El pueblo Judío fue al exilio con el
propósito de hacer
conversos,
esto es, enseñar a las
naciones
la Fe en el Unico Dios».
[37]
La intensión era que el
pueblo Judío
proclamase la Fe en el Dios
de sus padres y que condujese a los
pueblos de la tierra
a una comunión con Dios
e Israel al enseñarles los Siete Mandamientos de
los Hijos de Noaj.
Pero lo que los Judíos
encontraron en aquel mundo ajeno a su
tierra, fue una situación difícil.
Confundidos en medio de miles de culturas, tuvieron que luchar
permanentemente por mantener sus propias tradiciones para no ser asimilados
(por los pueblos que los rodeaban) y, de
esta manera, cumplir con el precepto bíblico,
«Guárdate de no unirte a ellas, siguiéndolas aún
después de ser destruidas delante de ti, y que no inquieras respecto
de sus dioses, diciendo: del modo que servían estas naciones a sus
dioses, así haré yo también» (Deuteronomio 12:30 ).
Más aun, el Judío encontró que aquellos
pueblos
le eran hostiles y desconfiados; de hecho, demasiado ocupados tratando de
convertirlo
a sus propias religiones como para
permitirse escuchar lo que él
pudiera tener que decir sobre esta materia.
En tiempos reciente tres factores han motivado un cambio.
En primer lugar, el deterioro espiritual de la
humanidad
ha alcanzado un nivel alarmante.
La mitad del mundo sigue una doctrina oficial de
ateísmo
(que los Judíos
consideran la más cruel y extrema
forma de idolatría),
y una buena parte del resto del mundo está
sumergido en inmoralidad
y crimen.
[38]
Segundo, existe un espíritu de
ecumenismo, en gran medida debido a
la radio, televisión
y a la explosión de información,
[39]
en que el punto de vista del
Judaísmo
en lo concerniente a la relación del
no—Judío
con Dios,
ya no tiene que confrontar respuestas (basadas
en prejuicios) irracionales.
El tercer factor es que Dios finalmente ha
traído el tiempo propicio, como está escrito,
«Entonces dice el Señor de los Ejércitos. En aquellos
días sucederá, que diez hombres de todas las
lenguas
de las naciones
se aferrarán de los bordes (de las vestimentas) del
Judío,
diciendo, ‘Iremos contigo porque hemos oído que
Dios está contigo’ » (Zacarías 8:23 ).
Referencias
[1]
Talmud de Babilonia,
Sanedrín 38a
[2]
Talmud de Babilonia,
Sanedrín 58b
[3]
Comentario de Rashí sobre
«Diciendo… » (Levítico 1:1 )
[4]
Rashí es un acrónimo usado para referirse a
Rabino Salomón
hijo de Isaac, autor del comentario más notable sobre
las Escrituras. Rashí vivió en Francia y nació en
el año 4800 (1040 de la Era Común). A pesar de que
él explica el significado de la
Torá
a niños de cinco años, la profundidad y lo incisivo de su
comentario reta aun a los
eruditos más avanzados.
[5]
Capítulos de los Padres,
5:6
[6]
Midrash Rabá,
Cantar de los Cantares, 5:1
[7]
Bati l’ Gani, Maamar,
del sexto Rebé de Lubavitch,
Rabino Yosef Yitzchak Schneerson,
de bendita memoria.
[8]
Talmud de Babilonia,
Berajot 40a
[9]
Ta’amei HaMinhagim,
sección 393
[10]
Comentario de Rashí respecto de «Y ellos pelearon» (Génesis 25:22 )
[11]
Comentario de Rashí respecto de «Y se encontró en ese lugar» (Génesis 28:11 )
[12]
Comentario de Rashí respecto de Génesis 11:1 .
[13]
Las veintidos letras del alef-bet que son consideradas en sí mismas los instrumentos de la creación.
[14]
Talmud de Jerusalén,
Meguilá, capítulo 1, ley 9
[15]
Comentario de Rashí respecto de Génesis 11:1
[16]
Zohar,
página 73
[17]
Yalkut Me’am Loez,
(Antología de la Torá), Génesis, volumen 1, página 356
[18]
El comentario de Rashí respecto a Génesis 18:21 ,
menciona que la gente de Sodoma
llevó a cabo una extraña y cruel muerte a
una niña debido a que ésta había dado comida a un hombre pobre.
[19]
El comentario de Rashí respecto a
Exodo 7:22 , establece que cuando vino la primera de las
Diez Plagas (cuando las aguas del Nilo se tornaron sangre),
Faraón habló a Moisés y a Aarón, diciendo
«¿Traen ustedes hechicería a Egipto,
que está lleno de hechicería?»
[20]
Doce varones y una hija.
[21]
Comentario de Rashí respecto a Génesis 26:5 .
[22]
Comentario de Rashí respecto a «Y trajo José
un mal reporte a su padre…» (Génesis 37:2 ).
[23]
Comentario de Rashí respecto a «Y delante de él…»
(Génesis 46:28 ).
[24]
Comentario de Rashí respecto a «Vayan a sus tareas…»
(Exodo 5:4 ).
[25]
Cuyos hijos eventualmente serían designados
como los responsables de cargar el
Arca de Dios a través del desierto.
[26]
Comentario de Rashí respecto a
«Y él tomó de las hijas de Leví…» (Exodo 2:1 ).
[27]
Likutei Sijot,
Rabino Menajem M. Schneerson, volumen 13, página 30.
[28]
Comentario de Rashí respecto a
«El sale al agua…» (Exodo 7:15 )
[29]
Beit Elokim,
Moshe de Trani, Shaar HaYesodot, capítulo 47.
[30]
Comentario de Rashí respecto a
«Y todo el pueblo vió…» (Exodo 20:15 ).
[31]
El Libro de Nuestra Heredad,
volumen 3, página 86.
[32]
Mishné Torá,
Leyes de Reyes, capítulo 8, ley 11.
[33]
Torá Or,
Shneur Zalman de Liadi, página 68a.
[34]
El Santuario Desconocido: Un Peregrinaje
desde Roma a Israel,
Aimé Pallière, páginas 147-149.
[35]
Seder Hadorot,
volumen 1, página 83.
[36]
Talmud de Babilonia,
Sucá 52b.
[37]
Talmud de Babilonia,
Pesajim 87b.
[38]
El libro fue publicado antes de la caída del
Comunismo, al que se refiere el autor. Sin embargo,
los efectos de este sistema totalitario siguen
haciendo daño a la humanidad hasta hoy (Nota del Traductor).
[39]
Y nótese que el libro fue escrito antes del
«boom» de Internet. (Nota del Traductor).


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