Categoría: Creencias

  • Resp. 4538 – Salud física y espiritual

    Saludos para ser breve mi pregunta es por que después de tanta oración mi hija de 17 años no se cura de ASMA y vida espíritual es cada día más confusa y vacía. Perdone mi ignorancia y desespero. José Martí Jubilado Puerto Rico

    (más…)

  • Felicidad

    Quiero compartir contigo mi idea de la FELICIDAD.
    Felicidad: disfrutar de lo que puedes controlar, aquí y ahora, sin inquietarte por aquello que no está bajo tu control.

    Contrastemos, un poco y humildemente, con los tres padres de las tres escuelas de la psicología vienesa del siglo XX.

    Según Freud, el hombre busca dos finalidades en su vida: evitar el dolor y el displacer; y experimentar sensaciones placenteras. La felicidad sería como la sensación transitoria de placer que otorga la descarga de una tensión vivida como displacentera.
    Según Adler, felicidad es superar los caminos de angustia, miseria y neurosis de los sentimientos de inferioridad sufrida y de superioridad ansiada, para lograr una vida de armonía y desarrollo en lo afectivo, laboral, social, etc.
    Para Frankl, la felicidad es una actitud ante la vida, y no una finalidad en sí misma, surge de acuerdo a cómo uno afronte las situaciones, cómo las dote de sentido. Incluso en ocasiones en que nada pueda hacerse, igualmente le queda su actitud, por lo que puede aferrase al dolor o dejar de luchar inútilmente.

    ¿Cómo sabes qué puedes controlar y qué no?
    ¿Cómo no convertirse en una persona resignada, falta de empeño, que acepta cualquier cosa sin proponerse modificaciones y mejoras?
    ¿Hasta dónde dejar esforzarse por controlar lo que es posible, y entonces dejar fluir lo incontrolable?

    En principio, no puedes controlar a otra persona, nunca, jamás.
    (De hecho, controlas bastante poco realmente de ti mismo).
    Puedes (, pero no es correcto) manipular, presionar, extorsionar, amenazar, obligar, atormentar, en fin, cualquier forma de falso poder, de pretendido control, que nunca es un real control sobre otro. Podrás obtener alguna ventaja, creer que mandas, acallar las oposiciones, imponerte, pero a precio de negar al otro su derecho y empobrecer tu vida (aunque te desconectes de la realidad y quieras creer algo diferente).
    Pero, puedes negociar, comunicarte auténticamente, ceder y obtener, compartir, construir shalom en verdad, que es la manera correcta de aportar a tu felicidad y a la del otro.

    En cuanto al resto de las cosas, aquello que no es relación con otra persona, ¿cuál es el límite y cómo reconocerlo?
    Si nos dejáramos convencer por el desánimo, en aquello de dejar fluir ante los impedimentos, seguiríamos en las cavernas. Es parte de nuestra identidad espiritual el querer avanzar, progresar, superar escollos, crecer, convertirnos en algo diferente y mejor, ser autores de nuestra existencia, verdaderos socios de Dios.
    Pero, el EGO desde el origen nos impone su ritmo de miedos y angustias, de sus falsas promesas e ilusiones de poder, de sus susurros que se convierten en rugidos, nos acobardamos y quedamos en la impotencia, aunque a veces deliramos con súper poderes.
    Sin embargo, podemos y debemos conquistar el mundo físico, para hacer buen uso de él, disfrutarlo, desarrollarnos junto a él. Está marcado así en nuestros genes, tal como nos lo codificó nuestro creador.
    Entonces, en lo material tenemos siempre un pasito más para dar, ya la naturaleza se encarga de ponernos el límite que no podemos ni debemos franquear, e incluso entonces encontramos el elemento para avanzar un poquito más. Quizás nos dentemos por unos siglos o milenios, pero el sano afán de conquista sigue impulsándonos.
    Lo lamentable es cuando ese real poder se ve congestionado por el EGO, sea por apocarnos y hacernos acurrucar en impotencia; o sea por creernos con derechos y capacidades que no nos pertenecen y generan todo tipo de desequilibrios y situaciones traumáticas, a la persona, la sociedad o el entorno.

    Todas estas ideas las encuentro en los dos primeros capítulos de Bereshit/Génesis, y luego veo que el mismo patrón se repite una y otra vez.
    Tanto el del potencial inmenso, como el desequilibrio que promueve actuar desde el EGO.

    En resumen, retorno al tema de la felicidad con una pregunta: Si Java/Eva, tenía absolutamente todo lo placentero a su alcance, a quien no le faltaba realmente nada para ser plena, y tan solo quedaba fuera de su dominio un 0.0001% de la existencia, cual era el paladear una fruta que tenía prohibida, ¿cómo llegó a perder TODO a cambio de probar de esa fruta?

     


    Apéndice:

    La felicidad según Schopenhauer

    Tallulah Murphy recupera algunos consejos para alcanzar la felicidad del gran pesimista: Schopenhauer. En el libro El arte de ser feliz (Herder), se disfraza de optimista.

    No todos los filósofos han escrito un manual para conseguir la felicidad. Con frecuencia, la felicidad es tomada como una aspiración fútil, frívola, propia de gentes sin grandes alcances. Me cuentan en la redacción de Filosofia Hoy que el concepto de “felicidad” a nuestros lectores les parece subproducto de la literatura de autoayuda. Por llevar la contraria, ya que desde Nueva York no voy a oír las críticas, me he sumergido en los consejos de autoayuda escritos por el maestro supremo del pesimismo; convencido como estaba de que la vida de los humanos oscila entre el dolor y el aburrimiento.
    Schopenhauer no se lanza alegremente a una carrera de escritor de libros de autoayuda. De modo resignado pone su talento al servicio de la prudencia, no con la alegría atolondrada de los manuales al uso. Ni siquiera se promete a sí mismo alcanzar la felicidad (eudemonología, eudaimonia o arte de ser feliz en la medida de lo posible), sino meramente evitar las penurias y los golpes del destino con la esperanza de que al menos la ausencia de dolor nos proporcione bálsamo para nuestro corazón decepcionado. Si puedo tratar de hallar la columna esencial del pensamiento de nuestro Arthur más querido sería: nada como la prudencia para no ser atrapado por la desdicha. ¿No es delicioso? Lejos de nosotros la loca seducción por el riesgo; solo la contemplación puede proporcionar alguna felicidad; la volición es como jugar con un revólver cargado; contemplar la vida y reducir nuestros actos a la mínima exigencia de la búsqueda del sustento imprescindible.
    A continuación os propongo una selección de entre las 50 reglas de Schopenhauer para conseguir la eudaimonia:
    Regla número 1: Todos venimos al mundo llenos de aspiraciones a la felicidad y al goce y conservamos la insensata esperanza de realizarlas, hasta que el destino nos atrapa y nos muestra finalmente que nada es nuestro. La experiencia nos enseña que la felicidad es pura quimera, y mientras solo cabe escapar del dolor. ¿Por qué habría de ser necio procurar el disfrute del presente como lo único seguro?
    Regla número 2: Evitar la envidia. Sabemos cuán cruel e implacable es la envidia y, sin embargo, nos esforzamos sin cesar en suscitarla en los demás. ¿Por qué?
    Regla número 4: La resumiría en: contén tus pretensiones en los límites de lo que posees.
    Regla número 5: La medida del dolor, o de su ausencia, está en nuestro interior y no en las circunstancias externas, de modo que evitar ilusiones o comparaciones injustificadas prepara tu ánimo para entender el conjunto de tu vida con ecuanimidad inalterable.
    Regla número 6: Hacer con buena voluntad lo que se puede y tener la voluntad de soportar el sufrimiento inevitable.
    Regla número 7: Reflexionar a fondo sobre una cosa antes de emprenderla y una vez llevada a cabo no angustiarse con los resultados, sino desprenderse plenamente del asunto.
    Regla número 10: Sométete a la razón si quieres someterlo todo.
    Regla número 12: Nada será tan provechoso como comportarse de manera no llamativa y hablar muy poco con los demás, pero mucho consigo mismo.
    Regla número 13: Cuando estemos alegres, no debemos pedirnos permiso para ello con la pregunta de si tenemos motivo para estarlo.
    Regla número 14: La sabiduría de la vida se basa en una justa proporción entre la atención que prestamos al presente y al futuro, para que la una no pueda estropear a la otra.
    Regla número 18: En todas las cosas que afectan a nuestro bienestar y malestar, nuestras esperanzas y temores, hay que poner riendas a la fantasía.
    Regla número 20: Debemos organizar la manera de pensar en nuestros asuntos de forma fragmentaria; debemos poder abstraer, pensar, arreglar, disfrutar, sufrir cada cosa en su momento y sin preocuparnos de todo lo demás; tener cajones que abrimos y cerramos para nuestros pensamientos.
    Regla número 22: Vivir feliz solo puede significar vivir lo menos infeliz posible.
    Regla número 25: Debemos ver lo que poseemos como lo estaríamos mirando si alguien nos lo quitara; sea propiedad, salud, amigos, amantes, esposa e hijos, la mayoría de las veces sólo sentimos su valor después de haberlos perdido.
    Regla número 30: La actividad de emprender o aprender algo es necesaria para la felicidad del ser humano.
    Regla número 32: Al menos nueve décimas partes de nuestra felicidad se basan exclusivamente en la salud.
    Regla número 33: Debemos llegar a dominar la impresión de lo intuitivo y actual, que nos resulta desproporcionadamente fuerte frente a lo puramente pensado y sabido, no por su materia y contenido, sino porque su inmediatez altera nuestro ánimo y tranquilidad.
    Regla número 34: Cuando analizamos nuestra vida y nuestros fallos en ella podemos excedernos fácilmente en los reproches contra nosotros mismos.
    Regla número 35: Lo que más frecuentemente y casi forzosamente descuidamos y dejamos de tener en cuenta en nuestros planes de vida son las transformaciones que el tiempo opera en nosotros mismos.
    Regla número 38: Para bien y para mal es mucho menos importante lo que le sucede a uno en la vida que la manera en que lo experimentamos. Para la felicidad de nuestra existencia, el estado y la condición de la conciencia es absolutamente lo principal.
    Regla número 39: Debido al poder secreto que preside los sucesos más azarosos de nuestra vida, deberíamos acostumbrarnos a considerar todo acontecimiento como necesario, un fatalismo que resulta tranquilizador.
    Regla número 40: En lugar de especular sobre las posibilidades favorables, inventando cien esperanzas ilusas, todas preñadas de decepción si son incumplidas, deberíamos centrarnos en todas las posibilidades adversas. Eso nos llevaría a tomar precauciones.
    Regla número 42: Una de las insensateces mayores y más frecuentes es hacer amplios preparativos para la vida, no importa de qué tipo sean. La vida vista desde el principio parece infinita, o cuando se mira atrás, desde el final del camino, parece extremadamente breve.
    Regla número 43: Aquel que fue ricamente dotado por la naturaleza no necesita obtener del exterior nada más que la libertad del ocio para poder disfrutar de su riqueza interior. Únicamente lo interior, la conciencia y su estado son el yo y solo en él se halla nuestro bienestar y malestar.
    Regla número 44: La mayor fortuna está en la personalidad.
    Regla número 45: Como Aristóteles define: la vida filosófica es la más feliz.
    Regla número 47: Entre lo que uno tiene, los amigos ocupan un lugar principal. Mas esta posesión tiene la particularidad de que el poseedor tiene que ser en la misma medida propiedad del otro.
    Regla número 49: Una existencia feliz sería aquella que objetivamente, según una reflexión fría y madura, fuera decididamente preferible al no ser.
    Regla número 50: Toda realidad, es decir, todo presente colmado, consiste en dos mitades, el objeto y el sujeto, en una combinación tan necesaria y esencial como la del oxígeno y del hidrógeno en el agua.

    Ya veis, Arthur Schopenhauer transparente:
    un pensamiento independiente, que nunca acaba de ceder ante la seducción ni ante el fatalismo. Siempre jugando con la coquetería del pesimismo, pero consciente de que la vida por poco que contenga es mucho.
    La diferencia en la suerte de los mortales para Schopenhauer se reduce a tres puntos:
    1. Lo que uno es, es decir, la personalidad.
    2. Lo que uno tiene.
    3. Lo que uno representa: la opinión que otros tienen de uno.
    Nueva York sigue llena de afanes, divertida tras el paso sobrevalorado  del huracán Irene (la prudencia que aconseja Schopenhauer…) y expectante ante la campaña lanzada por Obama contra los grandes bancos. La vida.
    * Die Kunst, glücklich zu sein. El arte de ser feliz explicado en 50 reglas para la vida, publicado por Herder.
    De: http://www.filosofiahoy.es/Schopenhauer_Reglas_de_felicidad.htm

  • ¿Por qué no la dejas ir?

    ¿Por qué te cuesta tanto dejar ir el recuerdo de tu ex?
    Explicaciones y respuestas, seguramente, haya muchas.
    Si me permites, con humildad y simpleza te compartiré una.
    Es el EGO quien te hace aferrar (sea al ex, a los ex, a objetos, fantasías, etc.).

    Una relación que ha terminado, es sinónimo de impotencia.
    Sea que terminó por muerte, por hartazgo, violencia, infidelidad, aburrimiento, incomprensión, “enamoramiento” de otra persona, incompatibilidad, sin causa aparente, por cualquiera sea el motivo o la razón, detrás aparece la impotencia.

    Será que tú no has sabido mantener la relación.
    Tú no has querido seguir dentro de ella.
    Tú no hiciste lo que hubieras podido para que el resultado fuera diferente.
    Tú dejaste que las cosas derivaran de tal o cual manera.
    Tú te cansaste de ser el bombero que corría a arreglar los desastres de tu ex.
    Tu suegra era insoportable.
    Tu pareja se sentía atraída por otra persona y no pudiste hacer nada por reconquistarla.
    Cualquiera sea causa o motivo, ficticio o real, habrá alguna impotencia.

    El EGO quiere controlarte, para lo cual usa sus reducidas pero poderosas estrategias.
    Como su existencia se comprende solamente unida al sentimiento de impotencia, ya que con éste se dispara de forma automática y natural, siempre que actúa hay sentimiento de impotencia.

    Entonces, para luchar contra ese sentimiento, harás lo posible y hasta lo imposible.
    Te obsesionarás, viajarás miles de kilómetros, batallarás, llorarás, escribirás poemas, amenazarás con hacerte daño y a veces lo cumplirás, serás violento, manipularás emocionalmente, negarás que sea un fracaso, echarás culpas, rezarás, odiarás, andarás dando lástima por la vida, huirás lejos, insultarás, mendigarás su presencia, soñarás y anhelarás su presencia, te excusarás por mencionarla de continuo, justificarás que siga su fantasma presente en tu vida, impedirás nuevas relaciones… ¿Cuántas cosas más, imaginables y no?
    Todo a causa del EGO, para no sentir impotencia y al mismo tiempo hundirse en ella.

    Querer controlar lo que no se puede controlar, en vez de ser feliz controlando lo que se puede controlar y dejando fluir lo que no.
    Pero el EGO, no comprende, no razona, no negocia, no construye shalom. El EGO es el EGO, y hace lo único que sabe hacer.

    ¿Por qué te cuesta tanto dejar fluir, no querer controlar, asumir, desechar, valorar, y seguir adelante hacia una mejor existencia?

  • Por ser quien eres

    Por lo general el jefe de la empresa era un hombre hosco, malhumorado, estricto en extremo, exigente y a veces explosivo en vez de comunicativo. Este día, no parecía ser diferente a todos los otros. Hasta que, a media mañana, solicitó permiso para entrar a la oficina un empleado. El patrón con un gesto de su cabeza, seco y sin gracia le autoriza.
    Entonces el hombre le dice con humildad: “Jefe, si me permite quiero obsequiarle esta sencilla pulsera, espero no le incomode mi atrevimiento, es que deseaba expresarle mi reconocimiento por ser usted quien es.”
    El patrón se sintió confundido, pues le pareció que era víctima de una mala broma; ¿cómo le iba a reconocer que estuviera encima de él todos los días, que le destratara, que tuviera que soportar sus broncas? Sí, seguramente era una burla… pero, por otra parte, los gestos, el tono, las palabras expresaban sinceridad, agradecimiento, incluso un increíble aprecio.
    Aún desorientado respondió al rato con un sencillo «gracias”, y aceptó que el subordinado le entregara ese premio “por ser quien era”.
    Un poco más tarde, aún dubitativo el jefe va hasta el escritorio del subalterno y le pregunta: “¿Qué quiso decir que me quiere reconocer por ser quien soy?”.
    Y responde el otro: “Ah, perdone si no fui muy claro. Es que usted me lleva a esmerarme en mi tarea, a no dejarme ganar por la pereza y hasta me obliga a que encare mi trabajo diario de manera creativa. Sí, usted me inspira a mejorar cada día. Quería agradecerle por ello. ¿No le molesté, no?”.
    Y contestó: “No, no… gracias.” – esto lo dijo como un murmullo, inesperado en él. Es que estaba hondamente impresionado. No paró de meditar en esta experiencia extraordinaria. No se había percatado de los alcances de sus acciones. Sí, sabía que tenía mal genio, reconocía que a veces podía pasarse un poco de la raya en sus explosiones intempestivas, admitía que era un tanto exigente por demás, pero lo que nunca había imaginado es que alguien fuera capaz de hallar en ello una faceta positiva y usarlo como trampolín para el crecimiento en vez de excusa para la revancha, la queja o el descontento. Quizás debiera ser él quien agradeciera y reconociera al empleado “por ser quien era”, un simple hombre que le dio una tremenda lección, pues supo descubrir una cara profunda mucho más noble que sus habituales máscaras de exasperación, impaciencia e incomodo.
    Pensaba camino a casa, y mientras conducía cada tanto miraba esa pulsera sencilla alrededor de su muñeca.
    Al llegar a casa se encontró con su esposa, con sus hijos, su perro, el hogar, como todos los días, pero también diferente. Algo había cambiado. No se daba cuenta de qué, pero sin dudas que sentía que algo estaba distinto.
    Estuvo con ellos largo rato, conversaba, atendía mientras jugaba con su nueva pulsera, hasta que se dio cuenta de que era la primera vez en mucho tiempo, años quizás, que ellos estaban allí. Porque hasta entonces él llegaba del trabajo malhumorado, estresado, no quería saber nada de nada, ellos estaban pero como si no estuvieran. Como la lámpara, el timbre o el tapete. Eran parte de la casa. Sin embargo hoy eran ellos, su familia, cada uno con su propia personalidad y vida. Entonces, emocionado, salió de la casa para regresar al rato. Los llamó y les dijo que quería darles un regalo a cada uno, una sencilla pulsera como reconocimiento “por ser quien eres tú”. Ellos no comprendieron muy bien, el silencioso y ausente padre de pronto estaba tan efusivo, comunicativo, agradecido, no entendían bien que pasaba por lo que pasó a explicarles el extraño encuentro por la mañana en la oficina.
    Mientras tanto, en casa del empleado, éste conversaba con su esposa la cual, el día anterior, le había entregado una pulsera de reconocimiento “por ser quien eres tú”.

    Tu esencia es pura, es tu neshamá, o espíritu, tu Yo Esencial. Esa poderosa pero silenciosa voz que desde lo profundo te inspira al bien, a lo bueno, a la vida, a la eternidad. El lazo con el prójimo, con el cosmos y con el Eterno. Esa chispa sagrada que no perece ni se contamina, y sin embargo está oculta bajo las pesadas cáscaras que el EGO va sumando a su alrededor.
    El EGO nos atribula, nos llena de sentimientos de impotencia, nos asfixia, nos lleva al exilio interior, ajenos a nuestra identidad más pura. Creemos que somos las máscaras, los rostros prestados del Yo Vivido, nos aferramos a esas camisetas y banderas, nos creemos todos los mandatos que nos van instruyendo y todas las doctrinas que hacen del EGO nuestro dios y salvador.
    Tanto el EGO como esas máscara también somos nosotros, pero a diferencia del Yo Auténtico no es nuestra impronta sagrada y eterna, sino lo que vamos adosando a nuestra autenticidad. Por lo general ocultan la verdad, opacan la luz, en vez de permitir que la línea de energía poderosa irradie desde nuestro centro.
    Lo saludable no es batallar contra el EGO ni renegar de las máscaras, sino darnos cuenta de qué rol están cumpliendo, y aprender a usar uno y otras en sintonía con nuestra neshamá.
    Es una tarea que lleva toda la vida, con altibajos y tropiezos, pero es parte de nuestra misión en esta vida.

    Una manera de hallar esa armonía es gozar de lo permitido. Esto es, disfrutar de todo aquello que está a nuestro alcance, que es lícito, que es saludable, aunque pareciera ser algo pasajero y sin sentido trascendente. Pero, sin olvidar que es “de lo permitido”, esto es, con límites, con control.
    Control de uno mismo y de aquello que podemos controlar, dejando fluir lo que está por fuera de nuestro control.

    Una buena medida es para el gentil aprender y cumplir el código universal otorgado por el Eterno para las naciones, los Siete Mandamientos Noájicos.
    En tanto que la identidad espiritual judía se entrena y desarrolla por medio del código del judaísmo.
    Son puntales que sostienen y promueven nuestra buena vida.
    Una desprovista de supersticiones, sin rituales carentes de sentido, sin religión, sin atrevidos planteos al Eterno, sin negociados extraños, sin EGO.

    ¡Qué tarea ser quien eres!

  • Pararararam parara param param

    Confieso que me encanta la música Disco-Funk, especialmente o particularmente de los ‘70. Para mí no existe mejor, más alegre, más emotiva, más fantástica que esa música.
    Será que era la música de mi infancia, de mis hermanos mayores adolescentes, de un mundo que ya no es ni creo vuelva a ser.
    Aquello de todo tiempo pasado fue mejor… vaya uno a saber…

    Cuando por alguna de esas casualidades la vuelvo a oír y me topo con el tema “Don´t let me be misunderstood”, de “Santa Esmeralda”, enseguida lo asocio al basquetbol.
    Según me parece el tema no tiene ninguna relación, ni en su letra, ni en el ritmo, ni en el nunca visto video clip que le acompaña.
    Entonces, ¿por qué esa automática e instantánea asociación en mi mente?

    Este caso, no es un misterio para mí.
    Resulta que hace decenas y decenas de años atrás pasaban el basquetbol uruguayo por el canal 10, de la TV abierta.
    ¿A qué no saben qué música era usada como cortina de presentación?
    Sí, acertaron, la de Santa Esmeralda.
    O al menos eso tengo en mi memoria. ¿Será un recuerdo de un hecho real? ¿Me parece? ¿Me confundo?
    No sé con exactitud, tampoco me puse a buscar ni a indagar, no me cambia mucho la vida.
    El hecho cierto es que para mí escuchar el estribillo instrumental (¿se dice así? mis años de solista en violín ya están muy lejanos, así como mis conocimientos de música) yo enseguida lo asocio con basquetbol.

    Sí, también la conocemos de “Kill Bill”, pero para mí no es algo relativo a una bella rubia un poco loca por la venganza, sino de hombres jugando a ser deportistas profesionales de épocas que ya no volverán.

    Ahora, tú con todo derecho puedes estar aburrido e incluso preguntar ¿qué tiene que ver esto contigo?
    ¿Te aporta en algo a tu crecimiento multidimensional, especialmente en tu espiritualidad?

    Yo tengo mi respuesta a esta pregunta, dos preguntas.
    Pero me gustaría que te animaras a compartir conmigo las tuyas, y luego te prometo –más o menos- que te diré cuál creo que es la enseñanza que puede fortalecer tu identidad noájida, si eres gentil, o judía si eres tal.
    ¿Te animas a comentar?
    Desde ya te agradezco, hasta luego.

  • Ecología multidimensional en el judaísmo

    En la Tradición encontramos que se describe al ser humano como multidimensional: inanimado (domem); vegetativo (tzomeaj); animado (jai); parlante (medaber).
    En el hombre, además se identifica un plano supra-natural, que no es compartido por el resto de las criaturas terrestres, el de la neshamá, el espíritu.

    No resulta sorprendente que en “De Anima” Aristóteles (y probablemente tras de él nuestro Maimónides (“Shemoná Perakim”, cap. 1)) distingue tres facetas –funciones- del alma humana: la vegetativa, presente en las plantas, los animales y los hombres; la sensitiva, de la que carecen las plantas; y la racional, privativa del hombre.
    Esta alma es la “forma” de la materia, que es el cuerpo.
    Por sobre esto, se está el espíritu del hombre.
    Según lo exponemos humildemente nosotros, las dimensiones: física, emocional, social, mental y espiritual.
    Tales las cinco dimensiones que somos.
    (En el “Shemoná Perakim” del Rambam se encuentra ampliado y profundizado esto).

    Cuando decimos físico implicamos todo aquello que hace a su materialidad. Por lo general se entiende con esto su cuerpo, pero no debemos olvidar de incluir aquello que posibilita su vida, en particular lo ambiental.
    El hombre es un ser que es imposible su existencia fuera del ecosistema, o mejor dicho, el ecosistema también conforma una de las dimensiones del hombre.
    De cierta forma está esto indicado al momento del segundo relato de la Torá acerca de la creación del hombre, cuando dice: "Y formó el Eterno Elokim al humano, polvo de la tierra. Y sopló en sus narices aliento de vida, y el humano llegó a ser un ser viviente." (Bereshit / Génesis 2:7).
    El hombre ES polvo de la tierra, materia inerte, pero que con la intervención divino obtuvo forma, diseño, sentido, alma, espíritu, lo que lo hace viviente.
    No existe el hombre desprendido del ecosistema.
    Tal como el resto de los seres vivos: "Dijo además el Eterno Elokim: ‘No es bueno que el humano esté solo; le haré una ayuda idónea.’  El Eterno Elokim, pues, formó de la tierra todos los animales del campo y todas las aves del cielo, y los trajo al hombre para ver cómo los llamaría. Lo que el humano llamó a los animales, ése es su nombre. El humano puso nombres a todo el ganado, a las aves del cielo y a todos los animales del campo. Pero para Adam / Adán no halló ayuda que le fuera idónea." (Bereshit / Génesis 2:18-20).
    Ellos también son hijos de la tierra, criaturas del Eterno, que forman y son formados por el ambiente.
    Y si bien con ellos somos compañeros de ruta, pasajeros en esta gran nave, evidentemente que hay una barrera que nos separa permanentemente; nosotros somos espíritu también, es la marca fundamental que nos diferencia como especie. Así pues, no son nuestro prójimo, pero sin dudas son dignos y meritorios de aprecio y respeto, aunque se nos haya habilitado para hacer uso dignamente de ellos.
    Según queda dicho: “Creó Elokim, al humano a su imagen; a imagen de Elokim lo creó; hombre y mujer los creó. Elokim los bendijo y les dijo: ‘Sed fecundos y multiplicaos. Llenad la tierra; sojuzgadla y tened dominio sobre los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que se desplazan sobre la tierra.’" (Bereshit / Génesis 1:27-28).
    No es en todo correcta la idea que el misionero alemán, Albert Schweitzer, propusiera: “No me importa si el animal es capaz de razonar, sólo sé que es capaz de sufrir y, por eso, lo considero mi prójimo". Sí, debemos considerar al animal en su sufrimiento y tratar de evitarlo o impedirlo. No, en el marco de la Torá el animal no es el prójimo de la persona, aunque tengamos (y debemos hacerlo) mucho cariño y respeto por él. Aunque no sea un prójimo, igualmente es digno de misericordia, de justicia, como obra del Eterno, como ser vivo con capacidad de sentir.

    En el judaísmo hay un concepto muy antiguo denominado “tzaar baalei jaim”, que es la prohibición de atormentar a un animal sin obtener con ello ningún provecho real.
    Aparece varias veces en el Talmud, aunque su origen es la Torá (Shemot / Éxodo 23:5).
    A partir de preceptos de la Torá vamos comprendiendo que toda vida es sagrada, todo sufrimiento/dolor es terrible, incluso el de los animales. Entonces, no se caza animales por “placer” o “deporte”, ni se abusa de ellos en “espectáculos” sádicos y desalmados, ni a los domésticos –o propios- se les hace padecer adrede necesidades, ni se los emplea en ejercicios que no provean un beneficio verdadero para la sociedad humana.

    En Baba Metzia (85a) se nos relata que Ribbí Yehuda haNasí no tuvo compasión por un ternero que estaba aterrorizado cuando iba a ser degollado. A causa de esto desde lo Alto se le decretaron padecimientos que solamente finalizaron cuando aprendió a ser compasivo con los seres vivos, por ejemplo cuando su criada quería lanzar unas crías de comadrejas y él las protegió.
    La idea es que nuestra conducta sea una copia humana de la conducta divina, a la medida de nuestras capacidades: "Bueno es el Eterno para con todos, y su misericordia está en todas sus obras." (Tehilim / Salmos 145:9).
    Ser misericordioso con TODAS sus obras, personas, animales, vegetales, hongos, elementos físicos. Con todo nuestra actitud y conducta debiera regularse con el bien Y la justicia.
    Sí también con la hormiguita, a la cual pisamos involuntariamente al caminar, pero a la cual no debemos mortificar una tarde de aburrimiento en el jardín.
    También con el árbol, el cual no debe ser maltratado sin provecho real.
    Llevar una vida de armonía, de amor y respeto por la creación (en su conjunto y en sus individuos) sin por ello irse a extremos ascéticos. La propuesta del judaísmo clásico no roza las postura al estilo de las doctrinas del jainismo.
    Cada criatura alaba al Eterno según su naturaleza (Tehilim/Salmos 148), son nuestros compañeros de viaje, aunque no nuestro prójimo. Compañeros a los cuales respetar, cuidar y hasta en ocasiones amar.

    Por ello, cuando se debe tomar la vida de un animal, o emplearlo para alguna actividad beneficiosa para el hombre, se debe eliminar o disminuir al máximo todo sufrimiento que pueda ser evitado o reducido.
    Quizás a los modernos defensores de los “derechos de los animales” no les parezca suficiente, pero recordemos como comenzamos este estudio: somos también ecosistema, y en él las relaciones tróficas son constantes y necesarias, además de las otras relaciones que no siempre resultan pacíficas e indoloras en su naturalidad. Lo importante es también en esto tratar de construir Shalom, actuar con bondad Y justicia, hasta para con el animal que iremos a consumir o usar para nuestras necesidades. En palabras del filósofo Emmanuel Levinas, sería la “libertad difícil”, que es hacer uso de nuestro libre albedrío de forma digna.
    Tengamos en cuenta que el libre albedrío es la capacidad para elegir entre actuar bien o mal. Somos libres (al menos esa es la creencia) para escoger, pero el Eterno nos aconseja con precisión lo que es mejor para nosotros: optar por el bien, que es la bendición y la vida.
    Desechar el EGO para vivir en la plenitud, en la construcción de shalom.

    Recordemos otro relato de piedad hacia animales.
    Moshé pastoreaba las ovejas de su suegro cuando una pequeñita se escapó y se extravió en el desierto. Él no podía admitir que el pobre animalito muriera con el dolor de la sed, o los terrores del desierto, por lo cual salió a su busca. Fue en esa tarea que llegó hasta el monte Sinaí, en donde el enviado del Eterno se apareció a él en un arbusto encendido que no se consumía (Shemot / Éxodo 3:2).
    Aquel que era un excelente pastor de ovejas, que no dejaba a ninguna sin protección, ese era el indicado para conducir a los judíos por el camino que llevaba de la opresión a la libertad.
    Porque el verdadero líder espiritual no oprime a sus seguidores, no amedrenta, no amenaza, no castiga sin fundamento, no diezma, sino que se entrega por completo para la mejor conducción de su grey, para que todos y cada uno obtengan verdadero beneficios. Cuando el líder emplea de manera sistemática las herramientas del EGO, sabemos que no estamos ante un conductor espiritual, ni su camino es de vida.
    Entre otras cosas, por su bondad hacia su rebaño, por su nobleza, por su respeto a la vida del indefenso y del justo (aunque pudiera ser durísimo con el que lo ameritara), es que Moshé fue elegido por el Eterno para ser el personaje bisagra en la historia de Israel, e indirectamente en la de toda la humanidad.

    Es el mismo Moshé que no participó en la primer plaga sobre Egipto, la de “sangre”, pues afectaría las aguas del Nilo que muchos años antes habían ayudado (involuntariamente, por supuesto) a salvarle la vida. Ni a las arenas, que también estuvieron en su auxilio.
    Porque recordemos, el ecosistema consta de factora abióticos, lo inanimado, junto a los seres vivos que lo componen (y son compuestos por él).

    Vamos comprendiendo que la construcción de shalom debe ser una accionar y una actitud constante, hacia dentro y hacia fuera. Con nosotros mismos, con el prójimo, con la sociedad y con el ambiente. Una actitud que privilegie la armonía, el equilibrio, en lugar de la muerte y la esclavitud.
    Donde se oriente a través del AMOR y no de EGO.
    (AMOR NO es un sentimiento, es una forma de vida multidimensional).

    Si bien la Torá y los Sabios de antaño no hablaron específicamente del cuidado del ambiente, de llevar una vida de armonía ecológica, de ser hombres ecológicos, podemos encontrar que el mensaje está implícito, codificado. Recordemos que la palabra de la Torá es perpetua, pero fue otorgada en un contexto determinado, y debía ser comprensible para sus directos receptores. Era imposible para aquellos antiguos antepasados de los judíos actuales entender acerca de ecología, o de otros conceptos modernos. Pero la médula sigue siendo la misma.
    Es que una vida en donde el EGO está bajo control, lleva a la plenitud en todos los aspectos, al shalom multidimensional.

    ¿Qué sucede cuando es el EGO el rector?
    La Torá narra algún que otro suceso dramático, desde el asesinato de Abel, pasando por el Diluvio hasta la opresión de los judíos en Egipto, sin olvidar a los traicioneros amalecitas.
    Veamos un ejemplo: "El Eterno vio que la maldad del hombre era mucha en la tierra, y que toda tendencia de los pensamientos de su corazón era de continuo sólo al mal… La tierra estaba corrompida delante de Elokim; estaba llena de violencia. Elokim miró la tierra, y he aquí que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la tierra…" pero "…Noaj [Noé] era un hombre justo y cabal en su generación; Noaj caminaba con Elokim." (Bereshit / Génesis 6:5, 11, 12, 9).

    El hombre llevado por su EGO fue deteriorando el ambiente, el equilibrio había sido perdido hacía tiempo.
    Las advertencias aparecían a ojos de quien tuviera conciencia para admitirlas.
    Tal como Noaj lo hizo.
    Pero el resto siguió en franco abuso, destruyendo, corrompiendo, provocando la catástrofe.
    Lo que infantilmente se explica como un castigo divino, podemos comprenderlo cabalmente como la directa consecuencia de los actos egoístas del hombre, que llevaron al mundo al caos. Finalmente, ocurrió la devastación, la tierra se tomó se revancha. Tarde o temprano, como puede pasar actualmente.
    La naturaleza fuera de su cauce provocando destrozos, muerte, destrucción, un final tempestuoso que podría posibilitar un nuevo inicio.

    Apenas si sobresalía un poco de ese entrevero el líder de los sobrevivientes, Noaj, pero atiende qué fue lo primero que hizo cuando salió de su nave salvadora: "edificó Noaj [Noé] un altar al Eterno, y tomando de todo cuadrúpedo puro y de toda ave pura, ofreció holocaustos sobre el altar" (Bereshit / Génesis 8:20).
    ¿Alguien le pidió que sumara más muertes a los miles de millares que yacían en tumbas improvisadas por los elementos desatados?
    ¿Realmente Dios se complace tanto con el “grato aroma” de estos asados?
    ¿Era necesario?
    ¿Qué quería demostrar con este acto? ¿Qué demostró?

    Quizás como respuesta, la Torá añade lo siguiente: "Noaj [Noé] comenzó a cultivar la tierra y plantó una viña. Y bebiendo el vino, se embriagó y quedó desnudo en medio de su tienda." (Bereshit / Génesis 9:20-21).
    Piensa tú.
    ¿Plantar primero una viña, fabricar vino, emborracharse, actuar de manera degradante… eso es lo que podemos tomar como ejemplo para reconstruir una sociedad basada en el bien Y la justicia?
    ¿Dejarse dominar por el EGO?
    ¿Vivir como si se estuviera muerto?
    ¿Morir sin haber vivido?

    Toma en cuenta un ejemplo muy diferente, que lo narra un rabino (Aryeh Levine, “Malachim Kivnei Adam”, Simcha Raz, pp239-240 Fuentes, pg.15) contemporáneo: : "Después de Minjá (el servicio de la tarde) mi maestro (el Rav Kook), como era su costumbre, fue a dar un paseo con el fin de enfocar sus pensamientos y lo acompañé en el camino. En eso arranqué una flor. Él, temblando me dijo en voz baja: «Créeme, yo siempre he tenido cuidado de no arrancar sin propósito una brizna de hierba o una flor que puede crecer y desarrollarse, porque no hay hierba aquí abajo que no tiene una fuerza de lo Alto que le ordena ‘¡Crece!’. Cada brizna de hierba dice algo, cada piedra susurra un secreto, cada criatura pronuncia una canción. Esas palabras dichas por un corazón puro y sagrado penetraron hondo en mi corazón. Desde aquel día tengo una gran compasión por todas las criaturas.".
    ¿Recuerdas lo que te conté más arriba, cuando el príncipe de los rabinos de su tiempo no tuvo compasión por un ternero?
    ¿Qué podemos aprender para nuestra vida cotidiana?
    ¿A ser vegetarianos o veganos? ¿O algo mucho, muchísimo más consistente y profundo?
    ¿Que te parece a ti?

    Por otra parte, nuestra Tradición está enseñado también a cuidar de los recursos, a no transgredir el “bal tashjit”.
    Es un mandato sagrado el ser cuidadoso y no derrochar inútilmente, porque cada vez que abusamos de los recursos, estamos provocando un daño que podría resultar irreparable y que siempre genera consecuencias que llegan a exceder nuestros cálculos.
    Cuidamos, usemos cabalmente, sumemos en lugar de desperdiciar, construyamos shalom.
    Hagamos lo que fue ordenado a Adam con respecto al jardín terrenal: "el Eterno Elokim tomó al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase." (Bereshit / Génesis 2:15).
    Esa esa tarea y al mismo tiempo finalidad.
    Debía trabajar y cuidar del huerto del Edén, para así disfrutar plenamente de sus bienes. Hubiera podido obtener todo gratuitamente, sin esfuerzo, pero el Eterno le abocó a una tarea precisa para que alcanzara mayor bienestar. Porque disfrutar de lo permitido es una de las misiones sagradas que tenemos en este mundo, para cargarnos de experiencias positivas que de otra manera el espíritu no podría tener registrada. Pero cuando el deleite proviene de la buena acción, aquella que realizamos, la consecuencia placentera es mayor (y mejora con el sano esfuerzo dedicado).
    Este mundo es un potencial paraíso, solamente el EGO del hombre impide que alcance este estatus.
    Desde Arriba se nos ha provisto de todo lo necesario, simplemente no hemos alcanzado aún a desplegar nuestras capacidades. Eso acontecerá en la Era Mesiánica, tanto en lo personal como en lo colectivo. Entonces el mundo será un paraíso, aunque poco y nada haya cambiado exteriormente.
    Podemos trabajar para establecer una Era Mesiánica interna, en cada uno de nosotros. ¿Cómo? Disminuyendo la injerencia del EGO, actuando desde el AMOR.
    Esa manera de vida está en armonía con el Cosmos, por lo cual provoca reacciones en cadena que finalmente permitirán el brote completo de la Era Mesiánica global.

    Cada pequeño acto tiene consecuencias, muchas veces insospechadas, de un alcance que no se puede prever inicialmente.
    En la ciencia se conoce como el “efecto mariposa” dentro de la teoría del caos, y se la ejemplifica con la conocida frase: “el aleteo de las alas de una mariposa puede provocar un Tsunami al otro lado del mundo”.
    Desde otro ámbito, el genial Rav Kook nos enseñó: “Si usted está sorprendido por cómo es posible hablar, oír, oler, tocar, ver, entender y sentir –dígale a su alma que todos los seres vivos confieren colectivamente sobre usted la plenitud de su experiencia. Ni siquiera la menor partícula de existencia es superflua, se necesita todo, y todo sirve a su propósito. ‘Usted’ está presente en todo lo que está debajo de usted, y su ser está ligado a todo lo que le trasciende a usted.” (Orot haKodseh).
    Estamos todos unidos, aunque el EGO nos hace ver que no tenemos relación.
    La separatividad es un efecto de la materia, pero al mismo tiempo una ilusión. Cuando se contempla con la mirada espiritual, somos uno y unificados al Uno.
    Estos conceptos cabalísticos pueden resultar extraños y áridos, por lo que, explicándolo con sencillez: estamos en el mismo barco y cuidar al otro es cuidarse a sí mismo.

    En buena medida tal es uno de los objetivos de bendecir antes (y después) de disfrutar de alimentos (y otros placeres mundanos).
    Tomar conciencia de que estamos haciendo uso de elementos de la naturaleza, la cual nos son provistos para nuestro beneficio, y que sin embargo no nos hace amos de todo, sino sus usufructuarios, personas que vivimos pagando la renta y el Amo es el Eterno.
    Si comenzamos a despertar nuestra conciencia, a vivir por completo el aquí y ahora, seremos menos negativos y nocivos, mucho más agradecidos, más respetuosos, personas que aportan a una mejor existencia que se continúa en la eternidad.

    El amor y respeto por la naturaleza no se da solamente cuando vamos de paseo al campo, o en la playa, o en cualquier actividad al aire libre.
    Somos seres ecológicos, por tanto en cada momento estamos interactuando con el todo.
    Por ello es necesario comprender la importancia de la construcción constante de shalom, interna (consigo mismo) y externa (con los demás hombres, con todos los seres vivos, con el ambiente).

    La santidad suprema se halla cuando el hombre conoce su esencia y no se encierra en sí mismo, sino que lleva una vida plena, en relación a todo lo existente. Siente la ‘Presencia’ en lo inanimado, en lo vegetal, en los animales, la vida en todo, también en cada hombre, en cada uno de los seres humanos” (Rav Kook, “Arpelei tohar”).

    Sí, éste es el camino del constructor de Shalom.

  • Mashiaj: profundización y repaso

    1. ¿Cómo saber que X persona es realmente el Mashiaj?
    2. ¿Por qué solamente la nación judía tiene derecho a decidir acerca de lo que atiene al Mashiaj?
    3. ¿Cuáles eventos históricos ocurridos durante la vida del profeta Ieshaiá/Isaías dan luz a algunas de sus profecías mesiánicas más famosas?
    4. ¿Qué llevó a la gente a la errónea creencia de que el Mashiaj es un ser supernatural, una especie de dios, semidios, o superhéroe?
    5. ¿Cómo se explica que la gente siga a falsos mesías?
    6. ¿Cómo se explica que la gente enfrentada a las evidencias que demuestran la falsedad de un postulante a mesías, igualmente se aferran a esa creencia?
    7. ¿Por qué en el judaísmo es un principio básico el creer que el Mashiaj vendrá?
    8. ¿Dónde deberá ejercer el Mashiaj? ¿Por qué?
    9. ¿Cómo se vincula al Mashiaj con la profecía? Cinco respuestas.
    10. ¿Cómo crees que cambiaría tu vida con el Mashiaj?
    11. ¿Qué cosas te parece que deberían suceder para que el mundo acepte al verdadero Mashiaj?
    12. ¿Cómo sabemos que aún no ha venido el Mashiaj profetizado?
    13. David haMelej fue Mashiaj. Esto es verdadero o falso. Argumenta.
    14. Vincula Meguilat Rut con Mashiaj.
    15. Vincula Shofar con Mashiaj.
    16. Vincula Sidur con Mashiaj.
    17. Vincula Israel con Mashiaj.
    18. Vincula Dios con Mashiaj.
    19. Vincula Pesaj con Mashiaj.
    20. Vincula Iom haAtzmaut con Mashiaj.
    21. ¿Cómo se compuso el personaje ficticio de “Jesús/Ieshu/Ieshúa”?
    22. ¿Por qué no debiéramos decir “Antes/Después de Cristo”?
    23. ¿Cómo sabemos que no todo falso Mesías fue una persona perversa o con malas intenciones?
    24. ¿Hay que tener FE en el Mashiaj?
    25. ¿Hay que CREER en el Mashiaj?
    26. ¿Qué papel juega la fe en el tema del Mashiaj?
    27. Si alguna persona es postulada como Mashiaj, ¿qué se debe cotejar para resolver la cuestión?
    28. Si una persona que se postula como Mashiaj fallece antes de cumplir con todas las verdaderas profecías mesiánicas, ¿qué podemos concluir?
    29. ¿Cuáles son las desgracias que provocaron, voluntariamente o no, los falsos mesías?
    30. ¿Todas las profecías mesiánicas tienen el mismo valor de confirmar la idoneidad del Mashiaj?
  • El amo del tiempo

    El futuro aparece en la mente de muchos como una ocasión de angustias, de incertidumbre, de dudas, de miedos, de pavores.
    ¿Será padre? ¿Seré buen padre? ¿Tendré trabajo? ¿Mis hijos me sobrevivirán? ¿Sufriré? ¿Sufriré al morir? ¿Moriré joven? ¿Enfermaré? ¿Tendré amigos? ¿Me irá bien? Cualquier pregunta que desde lo emocional o desde lo filosófico se pueda plantear, se planteará.
    El misterio de lo no existente nos reclama, nos llama, nos atrapa para hacernos zozobrar y perder la senda que estamos recorriendo ahora.
    De tanto girar y girar alrededor de lo imposible, marchitamos lo posible.
    Las energías se escurren tratando de atrapar la arena o agua con nuestras manos, queriendo detener lo que ni siquiera tiene movimiento.
    Peleamos con un palo en contra de la oscuridad, (cuando sería más fácil y provechoso prender la luz, ¿no?), y en eso se pierde el tiempo, el presente, la única vida que tenemos que es aquí y ahora.

    Entonces, se quiere de alguna forma respuestas, algo que rasguñe esa cortina del tiempo y que nos deje vislumbrar jirones de otro tiempo, de lo que vendrá.
    Como si de esa forma se pudiera obtener un elixir en contra de la inseguridad.

    Si el pasado nos puede colmar de sentimiento de culpa, de rencores, de vergüenza, de negación, es el futuro (lo que imaginamos de él) lo que nos ahoga con miedo.
    Nos aprieta en impotencia.

    Queremos quitarnos de encima ese amargo malestar, esa imposibilidad honda, esa inutilidad.
    En vez de ir construyendo el futuro con decisiones y trabajo, rasqueteamos la oscuridad para esperar pasivamente y sin hacer nada realmente provechoso.
    Queremos, de alguna forma, dominar aquello que no es dominable, controlar lo que no se puede controlar, lo que quizás no existe.
    Porque, ¿el futuro existe en el presente?
    Y si de alguna extraña manera pudiera ser que el tiempo es una sincronía que aparenta continuidad, ¿habría modo de saltar al futuro para regresar, o abrir una ventana para echar una mirada allí?
    Supongamos que se eso pudiera ocurrir, sea con ciencia, sea con “magia”, ¿tendríamos mayor poder sobre nuestra vida? ¿Dominaríamos nuestros terrores? ¿Seríamos más felices? ¿Encontraríamos la manera de construir un sentido trascendente a nuestra existencia?

    No saber el futuro, no saber siquiera si hay algún futuro para nosotros (quizás al terminar de leer esta palabra nos sorprenda la muerte), no saber…
    Sufrir por ello, estar estremecido por miedos y extraños pensamientos, debilitarse, no avanzar, no construir, simplemente estar sin estar.

    Quizás el remedio para mitigar la pena esté en manejarnos con la idea segura y clara de que solamente tenemos este aquí y ahora, no otro tiempo, no otra vida, no una vida descarnada luego de la muerte, no una vida en otro cuerpo tras una creída resurrección, sin magia, sin saltos cuánticos, solamente con este tiempo y lugar.
    Quizás hay una vida en un mundo espiritual luego de la muerte terrenal, esa es la creencia de muchas religiones y una básica en el judaísmo. Pero no tenemos evidencia material, no hay pruebas aunque se presenten relatos, anécdotas y citas de personas más o menos célebres.
    Quizás haya reencarnación, tal como está de moda creer e incluso algunos ilustres sabios profesan. No lo sabemos y todo aquello que presentan como evidencias, son mitos, cuentos o cuestiones que pueden tener explicaciones alternativas mucho más sencillas y probables.
    Lo cierto, es que nada de esto es demostrable. Reside en la creencia y ésta a su vez en la inestable fe.
    Quizás esto y quizás aquello, pero la única certeza (al menos por ahora) es que el único tiempo es ese fugaz presente que tienes ahora, aquí.

    Puedes aprovecharlo para disfrutar de lo permitido, mejorarte como persona, ayudar a tu prójimo, construir shalom, elaborar un posible futuro con mejores perspectivas.
    O puedes no aprovecharlo, porque esperas que el futuro se haga presente como un destino fatal, como un acontecimiento que sucede sin que tú intervengas, como esa sombra misteriosa que cuando nos alcanza ya no es más futuro sino presente.

    Yo prefiero escoger lo que representa la vida, que es el aquí y ahora, todo dentro de lo permitido.
    Porque es la manera más eficiente y positiva de elaborar un posible mejor futuro.
    Pero, ni siquiera con los mejores ladrillos podemos tener la certeza completa de que tendremos un futuro, siquiera alguno breve, y que esté será radiante y pleno.
    Recuerda que no lo dominamos y cuanto más pretendemos controlarlo, más nos hundimos en sentimiento de impotencia, más nos duele, más tropezamos sin atinar a levantarnos.

    Así pues, haz algo de bendición para tu vida y la de quienes te rodean.
    No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.
    Es bien cierto que en pocos días dará comienzo otro año universal (el que comúnmente llamamos año hebreo o judío), el 5774, y por ello se llenan las personas de buenos deseos, salutaciones, rituales, promesas, balances, etc. que en gran medida quedan en el cajón de los olvidos antes de llegar a las dos semanas del año.
    Porque se toman fechas importantes para el ritual, el encuentro, la mímica de acción, y dejar todo como está, en la impotencia, en el afán de controlar aquello que es incontrolable.

    ¿Qué harás tú, mi amigo?

  • Mashiaj

    Características principales del Mashiaj:

    1. Ser humano, común y corriente, con defectos y virtudes. En su desarrollo, en su crecimiento las virtudes superarán a los defectos, sin embargo, cien por ciento humano.
    2. Descendiente (por línea paterna) del rey David, del linaje del rey Shlomó.
    3. Proclamado Mashiaj – Rey de acuerdo a las virtudes que manifestará públicamente y aceptadas por todos: rectitud, justicia, consejo, sabiduría, juicio, paciencia, misericordia, cumplimiento de las mitzvot y respeto a la Torá y sus sabios de cada generación, etc. Virtudes que distinguen a un buen rey de uno indigno.
    4. Amplio dominio de la sabiduría judía y estricto acatamiento a todas las leyes que debe cumplir un judío, así como las particulares del rey judío.
    5. El espíritu de profecía residirá en él, y el impacto de su enseñanza será profundo en toda la humanidad, si bien no modificará en nada la Torá, pues ésta es perfecta e inmutable.
    6. H’ quizás obre milagros por su intermedio, pero si no ocurren, en nada modifica su condición de rey consagrado y ungido de Israel.

    Características principales de la Era Mesiánica:

    1. Dirección política de Israel a cargo del Mashiaj, soberano descendiente de la dinastía davídica.

    2. Reunificación de los exiliados de Israel y Yehudá en la Tierra de Israel.

    3. Estado reunificado y consolidado, sin rupturas ni grietas internas.

    4. Cumplimiento cabal de los preceptos por parte de los judíos.

    5. Afirmación del valor insustituible de la Torá como modo de vida judío.

    6. No habrá nuevos exilios ni diásporas para los judíos, quienes habitarán con seguridad y tranquilidad dentro de los límites de nuestra Patria (Israel).

    7. Paz interior.

    8. Restauración permanente del Beit HaMikdash, y de los linajes de acuerdo a sus tribus y familias.

    9. Permanencia y vigencia de todos los mandamientos de la Torá (aquellos considerados como rituales al igual que los considerados como morales).

    10. Paz externa, lo que reporta independencia y soberanía nacional.

    11. El pueblo judío será respetado y alabado entre las naciones, y servirá de ejemplo moral para el mundo.

    12. Bienestar, armonía, paz y prosperidad generalizados.

    13. Aceptación por parte de las naciones de la especial vinculación entre Dios e Israel.

    14. Final del mal y el pecado.

    15. Conciencia y conocimiento universales de H’.

    16. Culto universal de H’.

    17. Resurrección de los muertos.

    18. Fin de la enfermedad y la muerte.

  • El consejo diario 405

    En lugar de quejarte, culpar, sufrir en tanto rumias pensamientos negativos, ¿no sería mejor si te enfocaras en HACER lo positivo?
    Creo que ahí esta la gran diferencia, entre una vida dichosa y una que no lo es tanto.

    http://fulvida.com/fortalecimiento/respuestas-a-preguntas/resp-1150-amar-es-hacer-por-otro#comment-58443

  • ¿Te cuento mi problema?

    Hace poco estudiamos acerca de lo inconveniente de habituarnos a reacciones violentas, incluso dirigidas a objetos, como método para liberar presión interna ante situaciones de impotencia. Porque, creado el hábito por la repetición de la conducta, necesaria y automáticamente se presentará cuando estemos en situaciones de impotencia. Entonces, nuestro cuerpo pedirá “a gritos” algún acto violento para sentirse descargado. Si no hay objetos, ¿sobre qué o quién se descarará esa violencia? Y, aunque hubiera “objetos apetecibles para romper en un ataque de furia descargadora”, ¿esa es la manera saludable de controlar nuestra vida y canalizar nuestras impotencias?

    Hoy toca el turno de desmitificar otro ídolo de la psicología popular (que suele ser otra forma de ignorancia y superstición): rumiar los problemas.

    Somos de aquellos que una y otra vez hablamos de nuestros problemas, nos quejamos, damos una y otra vez vueltas a lo negativos que nos sucede.
    Desde lo que a nuestros ojos es una gran desgracia, hasta aquello que objetivamente lo es.
    Hablamos con una amiga, con otra, con el vecino, pedimos consejos quizás, volvemos sobre el tema, compartimos nuestras lamentaciones con todo aquel que se cruza en el camino.
    Por ahí nos dijeron, con total buena intención, que si hacemos así estamos quitando angustias de nuestro corazón, nos liberamos del sufrimiento que nos aqueja a causa de esa debilidad. Como si el acto de rumiar los problemas, hablar y hablar y hablar de ellos, fuera el mecanismo idóneo para resolverlos.
    De cierta forma es como si dijéramos: “Es mi problema, ¿cómo no habré de tomarlo tan personal, tan a la tremenda, con tanta facilidad para contagiarlo a otros?”.

    En la Universidad de Missouri decidieron investigar si la co-rumiación ayuda a mejorar el bienestar de las personas. Es que así procede la ciencia, no actúa ciegamente a partir de creencias, no admite como ciertos los supuestos, sino que hace preguntas, comprueba, verifica, desmiente, rectifica y muchas veces los resultados son los contra lógicos, los contrarios a las creencias firmemente establecidas en la ignorancia popular.

    El hallazgo es que los efectos de la impotencia se acrecientan, con depresión, ansiedad e incluso cierto rechazo social.
    El continuo parloteo acerca de los problemas los intensifica, en parte porque:

    • el tiempo/energía se usa en hablar y no en resolver;
    • de tanto girar alrededor de ellos se magnifican y se pierde su real dimensión;
    • se puede agredir a otra persona, que no está interesada en escucharnos pero lo obligamos a hacerlo, o que la involucramos en asuntos que no le conciernen, o que acusamos y echamos culpas (o hacemos sentir culpable) y no tienen parte ni responsabilidad en el asunto;
    • funciona como un “teléfono descompuesto”, en el cual cada uno va añadiendo más datos erróneos y confusos, derivando la situación en algo generalmente peor.

    Por supuesto, como hemos mencionado al principio, se genera también un hábito poco saludable, el de centrarse en los problemas para comentarlos, regodearse en ellos, compartirlos, cargar a otros con nuestros asuntos, sumar cada vez más detalles oscuros a nuestro mal, dedicarse a rumiar pero no a resolver.
    Masticar incesantemente los problemas, es contraproducente, es enfermizo, es esclavizarse al EGO.

    Cuanto más te enfocas en el problema y te adviertes impotente, mayor impotencia sientes. De esa forma, buscarás por los métodos del EGO adquirir algún sucedáneo de poder, quizás mintiendo, negando la dificultad, esperando que algún dios o enviado místico resuelva milagrosamente las cuestiones, achacando culpas incesantemente, quejándote de tu fatal destino, insultando a X, admitiendo que eres un fracaso y mejor es el suicidio que esta vida tan amarga, y una larga y poco interesante lista de reacciones del EGO.

    En lugar de esto, tienes caminos alternativos.

    • Sin dudas que en ocasiones es necesario pedir consejo, en otras es bueno comentar con alguna persona que nos pueda ordenar las ideas, también expresar los sentimientos forma parte de una tarea de salud. Pero, de manera limitada, concreta, específica. Con la gente que realmente puede ayudar. Un rabino, por ejemplo, sabe de Torá, pero no tiene porqué saber de salud ni de cuestiones emocionales. ¿Te parece que sea el profesional idóneo para ayudarte con tus problemas sicológicos, económicos, laborales, etc.? Puede tener experiencia, buena voluntad, alguna idea superficial sobre esto y aquello, ¿pero es el profesional que deberías consultar? Y así, con todo el resto de los problemas con sus oídos.
    • Controla lo que puedes controlar, deja de pretender dominar lo que no puedes ni debes.
    • Deja fluir los problemas, no te aferres a ellos, no permitas que se adhieran a ti.
    • Busca soluciones, si no las hay, ¿por qué habrás de seguir enfocado en lo que no puede resolverse?
    • Confía en Dios y reza, pero no esperes que Él haga lo que tú tienes que hacer (o dejar de hacer).
    • Realiza actividades saludables y productivas: colaborar con un necesitado, hacer ejercicio, acompañar a un enfermo, donaciones, solidaridad, tu trabajo, etc.
    • Si las ideas obsesivas acerca del problema te siguen inquietando de manera incesante, conversa con tu psicólogo, pero no permitas que ni él ni tú se concentren exclusivamente en lo que padeces y en lo mal que te sientes.

    Recuerda que el EGO te ejercita en conductas perjudiciales para que se conviertan en hábitos que te esclavizan. Actúa con inteligencia y poder, habituándote a lo que te brinda satisfacción, energía, alegría, amistad, sentido de vida.

  • ¡Qué Dios te lo pague!

    Ves a una persona que está aferrada a un cable eléctrico. Está recibiendo corriente. Se está lastimando. Puede incluso morir.
    ¿Le dirás que rece y deje todo en manos de Dios?
    Hay mucho “religioso”, que se cree sabio y experto, que le citará rabinos, libros y opúsculos para decirle que “todo está en manos de Dios”, por tanto le dice al que se electrocuta que rece, que implore piedad de Dios, porque Él es bueno y todo depende de Él.
    Tú, ¿qué harías?
    ¿Quizás ayudarle a soltar el cable?
    ¿Cortar la electricidad?
    ¿Explicarle que deje el cable (si puede)?
    ¿Llamar al 911 o algo parecido?
    ¿Gritar pidiendo auxilio para que algún experto venga rápido?
    ¿Alguna otra cosa práctica y que Dios realmente ha dejado a nuestro alcance para hacer?

    Un amigo tuyo es adicto a X cosa. Puede ser droga, cigarro, relaciones enfermizas, apuestas, la tablet, trabajo, comida, lo que fuera. Tu amigo está hundido y hundiéndose más y más en ello. Sufre. Niega su sufrimiento. Busca ayuda pero la rechaza. No busca ayuda pero grita silenciosamente porque le auxilies.
    Hay mucho “religioso”, que se cree amo de Dios y Su titiritero, que le espetará lemas, repetirá palabras que no comprende, y con pose de santo le ordenará que clame a Dios para que Él le salve.
    Pero nada dirá de hacer terapia, concurrir a “X anónimos”, pedir asistencia profesional, probar con métodos que han sido efectivos anteriormente para dejar la X adicción, o simplemente pedirle que lo deje sin más consejos porque no sabe que más decirle. ¡No! Nada de esto dirá, porque supuestamente Dios es el que tiene que obrar el milagro (aleluya hermano, este es el pensamiento mágico típico de los religiosos y de los niñitos pequeñitos). ¿Cómo el adicto hará algo por su parte que sea asertivo y en procura de la salud? ¡Todo depende de Dios y el que dice lo contrario es un burro, hereje o algo peor!
    Sin embargo, ¿tú qué harías?

    El religioso dirá: “¡qué D-s te lo pague!”, y no abonará lo que te adeuda…
    ¿Es muy espiritual este accionar?
    ¿Construye Shalom?
    ¿Es la verdadera Voluntad de Dios?

    Por supuesto que rezar es bueno.
    Es genial tener confianza en Dios (¡que no fe! eso es religioso, es decir, lo contario a la espiritualidad).
    Es evidente que una ayuda, manifiesta o invisible, de Arriba es algo maravilloso.
    Pero Dios nos ha dado herramientas para hacer lo que tenemos y lo que debemos hacer.
    Esperar a que Él haga nuestra tarea, incluso la que no nos gusta, es una falta de respeto hacia Él, o hasta incluso una verdadera blasfemia.
    Pero, el supersticioso, el religioso, el esclavo del EGO, cree que sigue al Eterno, pero solamente adora a su EGO al que llama “dios” (con el nombre que sea, incluso con el del Eterno). Cree que mandando a su dios, estará todo hecho. Porque, el dios es su esclavo. ¿No?

    Pero, gracias a Dios hay otro camino.
    Uno de vida, de salud, de verdad, de eternidad.
    Es el camino espiritual.
    En el cual Dios es el REY, y tiene Su parte; y el hombre es Su socio, que también tiene SU propia parte de la tarea.

    Sin embargo, los religiosos son la inmensa mayoría. Los siervos del EGO son lo que predominan. Tienen la fuerza de la masa, del grito, de la violencia, de la amenaza, de la presión social, del dinero, de la corrupción, de la mentira, de la manipulación, en fin, de todo lo poquito que es el EGO en verdad.
    Por ello, la senda espiritual parece errónea, “pecaminosa”, rara. En tanto que la senda oscura de la religión parece tan cierta y completa.

    Depende de ti qué escogerás.
    Yo, realmente, prefiero ayudar a mi amigo a soltar el cable por sus propios medios, a que se libere de la adicción de la manera que Dios quiere: con su propio esfuerzo y compromiso.