Categoría: Opiniones e ideas

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    Shaúl ben Abraham, antropólogo, Colombia

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  • SOBRE LA RELACIÓN DEL JUDAÍSMO CON LA FILOSOFÍA

    platón

    SOBRE LA RELACIÓN DEL JUDAÍSMO CON LA FILOSOFÍA

    Por Shaúl Ben Abraham Avinu

    I
    ¿Filosofía judía, o judíos filósofos?

    Se ha dicho hasta el cansancio y en múltiples obras que la filosofía es ante todo griega, y aquí no vengo a desmentir esa verdad ¿Para qué además? El étimo de la palabra lo dice. Es cierto que en libros especializados se habla de una filosofía china, de una filosofía americana, de una filosofía bizantina, de una filosofía africana, de una filosofía hindú, de una filosofía helenístico-romana, y hasta de una filosofía latinoamericana, pero llámese como se llame y sea el “apellido” que le añadan la filosofía es una preocupación griega. Pero, ¿acaso no hay también una filosofía judía o hebrea? Nombres no faltan para confirmarlo; la pregunta sería mejor así: ¿pero si quién filosofa es un judío, hace realmente filosofía? Yo diría que hace una suerte de judaísmo filosófico, en ese orden, porque un judío siempre subordinará la filosofía al judaísmo. Debe entenderse sin embargo que esta subordinación no implica una infravaloración, lo que indica es un punto de partida: inicia desde el judaísmo y parte hacia la filosofía, así como miles de miles de judíos partían a otras tierras sin que por ello abandonaran Jerusalem. Muy consciente de esto Jacques Derrida, hacia el final de Violencia y metafísica. Ensayo sobre el pensamiento de Emmanuel Levinas proclamaba qué (1):

    ¿Somos Judíos? ¿Somos Griegos? Vivimos en la diferencia entre el Judío y el Griego, que es quizás la unidad de lo que se llama la historia. Vivimos en y de la diferencia, es decir, en la hipocresía, de la que tan profundamente dice Levinas que es «no sólo un despreciable defecto contingente del hombre, sino el desgarramiento profundo de un mundo ligado a la vez a los filósofos y a los profetas» (TI).
    ¿Somos Griegos? ¿Somos Judíos? Pero, ¿quiénes, nosotros? ¿Somos (cuestión no cronológica, cuestión pre-lógica) primeramente Judíos o primeramente Griegos? Y el extraño diálogo entre el Judío y el Griego, la paz misma, ¿tiene la forma de la lógica especulativa absoluta de Hegel, lógica viviente que reconcilia la tautología formal y la heterología empírica tras haber pensado el discurso profético en el Prefacio de la Fenomenología del espíritu? ¿Tiene, por el contrario, esta paz la forma de la separación infinita y de la trascendencia impensable, indecible, del otro? ¿Al horizonte de qué paz pertenece el lenguaje que plantea esta cuestión? ¿De dónde saca la energía de su cuestión? ¿Puede dar cuenta del acoplamiento histórico del judaísmo y del helenismo? ¿Qué legitimidad tiene, cuál es el sentido de la cópula en esta proposición del más hegeliano, quizás, de los novelistas modernos: «Jewgreek is greekjew. Extremes meet»?

    Hace falta que alguien se dedique a estudiar y comentar a profundidad las relaciones que han establecido, en sus larga conversación, la filosofía y el judaísmo; conversación que para mí al menos, constituye la esencia y suma de todo el debate que está en las entrañas de la intelectualidad occidental. Aun asumiendo como cierta la popular y exagerada afirmación de Alfred Whitehead, en la que aseguró: “La filosofía occidental no es más que una serie de anotaciones de Platón”; de idéntico modo se puede decir del Judaísmo con certeza que “no es más” que una serie de comentarios prácticos a la Toráh. Pero es ahí donde comienza la discusión, porque por más importante, y si se quiere espiritualizado que sea Platón, ningún judío –hasta el más hereje- lo compararía a la Toráh, la voz escrita del Creador mismo. Y a partir de esta discusión se fundarán las voces que darán paso a la filosofía moderna, que son los comentarios del largo dialogo por el saber que desde antiguo se da entre griegos y hebreos. Por eso cuando aparece un judío que se dedica a filosofar se le particulariza como “filósofo judío”, ya que se presiente la tensión de fuerzas entre los dos tipos de intelectualidad.

    Para continuar, debo destacar que la relación entre la filosofía griega y el pensamiento judío se remonta a varios siglos atrás de la llamada era cristiana; esto implica que hay al menos tres momentos distintos que marcan la relación: la primera cuando el mundo helenístico demandó del pueblo judío una asimilación forzada a sus intereses culturales, lo que originó dos vertientes: un judaísmo helenizado, cuyo mayor representante fue Filón de Alejandría, y un judaísmo tradicional que se desarrolló especialmente en las escuelas Fariseas encargadas de la preservación oral de las normas que interpretaban y explicaban la Toráh. El segundo momento, cuando el judaísmo fariseo sobreviviente a la destrucción del Segundo Templo en el año 70 d.e. quedó bajo el poder de Roma, Imperio que continuará expandiendo los intereses helenistas pero a los que sumaría elementos de su particular idiosincrasia, dando así origen a una mentalidad grecorromana; mentalidad que pasará al tercer momento y se incluirá, ya dentro del mundo cristiano, como la teología medieval, presunta sustentadora del saber bíblico antiguo que mezclaba sin rigor ideas hebreas con elaboraciones griegas en un latín artificial; habría que incluir un tercer momento que se inició con el Renacimiento, periodo en que los elementos intelectuales judaicos comenzaron a ser revisados y estudiados, no sin cierto temor y recelo propio de una mentalidad europea que con su judeofobia (2) -implícita o explícita- le costaba, convencional y culturalmente, admitir que los muy perseguidos judíos (usureros, complotistas, deicidas en su mentalidad) tuvieran algo importante que decir en términos intelectuales.

    Lo segundo que debo aclarar es que considero que en términos estrictos no se puede decir que exista una filosofía judía (3), si por ello admitimos el sentido básico y primario de amar la sabiduría (4). De hecho en hebreo no hay unanimidad para referirse a la filosofía. Generalmente se translitera el termino griego φιλοσοφία como פילוסופיה, y de este modo en los libros hebreos se habla de los filósofos como פילוסופים (filosofim), a quienes antiguamente se les llamaba los jajamim Yevani (sabios griegos); también, aunque pocas veces, se traducía literalmente como אהבת חכמה (ahabáh jojmáh), amor por la sabiduría, pero ello no tiene mucho sentido en hebreo ya que la sabiduría no se ama propiamente, se busca y sirve para amar. De igual modo se a lo largo de la historia se ha empleado diversos términos con los que se refiere o bien se asocia a la filosofía, como קיום (kium) validación; ידע, (yadá o yadoa) (5); מציאות (metziut) realidad, existencia; הכרה, (hakaráh) percepción, conocimiento, confirmación; הגיון (higayon), lógica, pensamiento, razonamiento.

    Para los rabinos y jajamim (sabios) el fin de la jojmá (sabiduría) se revela en un juego de palabras que hace de ella koaj máh, “el poder de ¿qué?”. Lo que quiere decir que es la pregunta y no la respuesta la protagonista en el pensamiento hebreo. En esta misma línea de pensamiento se dice que es más valiosa una buena pregunta que una mala respuesta, y ahí reside otro de los puntos en conflicto: el judío, frente a otros pueblos del mediterráneo dominados por el helenismo, encontró en éste, en su cultura y en su pensamiento, una mala respuesta a la pregunta de la vida. Es decir las preguntas hebreas no se responden con mentalidad griega, y desde luego viceversa.

    ¿Pero quién es el agente de la pregunta para el saber hebreo? ¿Acaso el ser humano? Ciertamente no, el ser humano simplemente refleja lo que ve hacer a su Hacedor, que no es un dios griego que copula y se transforma en toro, o que se traga a sus hijos sometido bajo el miedo a que estos lo superen. El Amo de las preguntas es ante todo el dador del lenguaje, Aquel que hizo que el hombre “llegar a ser un ser parlante” (6). Así pues la palabra es la que permite la pregunta y la respuesta, la que bien pueden llegar a ser vida si se alinean con la realidad divina, o muerte si se desvían de ella. En este sentido el pensamiento hebreo es, en líneas generales, una hermenéutica de la experiencia contemplativa de los mundos (ocultamientos) que en su devenir son asumidos como un perpetuo ejercicio de lectura en el que cada elemento que aparece, se desarrolla y desaparece, forma parte integral del gran texto que es la existencia. La Toráh no sólo es un libro, sino la misma vida bien vivida, y el secreto para adquirir esa vida está en leer bien en ella.

    No hay que olvidar que contrario al mundo occidental enfermo por la teología del remplazo y la antinomia “verotestamentaria”, la Toráh no es para el judío el complicado código legal ideado por la cultura grecoromana (7) que la mentalidad judeofobica implícita y latente continua preservando y presentado como si fuera una condición natural e histórica; para el judío la Toráh no es ley en tanto que nomos (8), sino una enseñanza (como debería traducirse) o una guía (9) que instruye al ser humano en todos los aspectos de su vida. Cuando el judío perseveró en leer e interpretar la Toráh, lo único que hacía era acrecentar la inteligencia (10).

    Esto nos lleva al tercer punto que deseo rescatar: una teología judía es imposible, no hay logos para entender a Dios, Dios es el davar, memra, o logos: él es, como dice Maimónides, el conocedor, el conocimiento y lo conocido. Pero tampoco se reduce a esto. El judío al admitir que lo sea no está diciendo que sea sólo eso. No hay que olvidar que en la larga época en que se dio la tensión judaísmo-filosofía se sabe de manera amplia y documentada que los judíos por su concepción de un Dios sin imagen, sin el εικων vital para los griegos, fueron tratados de manera particular en relación con otras culturas del mediterráneo que fueron sometidas a cuanto Imperio se aparecía (Egipcios, Babilonios, Persas, Griegos, Romanos) y que ostentaban sus dioses para ejercer su violencia simbólica, ya fueran estos hechos en madera o piedra, o bien tan abstractos como una idea (11). Al no someterse al poder de la imagen los judíos fueron considerados como un pueblo ateo, lo que con los siglos devendría en la estereotipo del judío como deicida para el cristianismo. En definitiva, y como quedará lo más parecido en las ideas griegas al Dios hebreo, es (que contradicción, pero no hay otra forma de decirlo) el No-Ser de la filosofía. El judaísmo lo único que tiene para brindarle un mundo habido de espiritualidad es una a-teología.

    El Talmud, en muchos pasajes, enseña como la jojmá yehudí y la jojmá yevaní (sabiduría griega) discutían, disputaban, se elogiaban y sobre todo se encontraban y se alejaban en muchos puntos; ¿en que se alejaban? En distinguir que era o quién era el origen de Todo. ¿En que se aproximaban? En que la sabiduría es el camino para resolver las preguntas. ¿Pero son los mismo jojmá y sofía? Basta con decir que no, que las condiciones y las visiones de mundo de los dos pueblos nos dan dos resultados distintos. Ante todo el jajam (sabio) es el experto, aquel que ha tenido una relación íntima o de conocimiento (daat) con el objeto, al punto de unirse a él y ser llamado un Baal (un poseedor). El filósofo, en cambio, es el que se aventura, por amor, a conocer aquello que aprecia sin importar que logre o no conocerlo realmente. De ahí el fatídico sino del griego (12). El conocimiento hebreo se establece por haber llegado, el conocimiento griego por haber partido.

    Muchos autores han dicho que la sabiduría helénica es visual y estética, y la hebrea auditiva y ética (13). Tal apreciación parte de prejuicios históricos. En realidad la experiencia del Nabí (o “profeta”) se reviste de un poder estético contundente en que escucha y percibe la realidad en un alto nivel representativo, pero que implican, en su juego de simbólicas móviles, una apreciación con menos “ropajes” de la realidad misma que la del resto de los mortales, que la gran mayoría de la veces no pueden, sea porque no quieren, sea por qué no han podido, interiorizar en el flujo (14) de Divinidad que parte del infinito hacia nosotros por diversas etapas a las que se les denomina ocultamientos o mundos (olamot); los profetas de acuerdo a sus exploraciones en el nivel de percepción que se encentran, establecen las descripciones para nosotros y las deposita en forma escrita. Así pues el texto es no sólo el resultado de una experiencia precisa y plena del llamado mundo porvenir, sino el suelo firme en el que las letras, a través de la forma y el curso de sus trazos, se hacen señales y números que nos permiten dilucidar en qué estado se encuentran las almas, en qué momento de nuestro acenso hacia la eternidad estamos.

    Por ejemplo, el proyecto filosófico del Rambam, expresado en Moré nebujim pretende señalar las correcciones que todo conocedor de Dios debe hacer en su intelecto, en la fase activa, para captarlo, o como él mismo diría para poder percibirlo, esto es en hebreo, para poder “agarrarlo” (hasagá), si así puede decirse. De ahí que en Mishnéh Toráh (15), quien pueda ser considerado como profeta debe cumplir con una serie de consideraciones, intelectuales, éticas y morales que unifiquen sin problema alguno racionalismo y espiritualidad:

    Una de las bases de nuestra religión, es saber que Dios hace que el hombre tenga profecía. La profecía no recae sino sobre el hombre sabio, rico y vigoroso en cualidades; aquel que no es superado jamás por sus impulsos {o pasiones} de ningún tipo, sino que con su propia capacidad, domina constantemente sus impulsos {o pasiones}; además, es poseedor de un amplio, {agudo} y certero discernimiento, en extremo. Aquel que esta ceñido de todas estas cualidades, con un cuerpo sano, habiendo penetrado en el Pardes, imbuido por la profundidad de esos temas, perfeccionando sus cualidades racionales para analizar y concebir, elevándose cada vez más, apartándose del camino del vulgo que transcurre en las tinieblas {de la ignorancia}; entrenando su espíritu hasta no encontrarse en él ningún pensamiento mundano ni la insensatez de lo cotidiano, ni fantasías, sino que su mente está orientada hacia las alturas, aferrada al Trono Celestial, para concebir aquellas entidades superiores, elevadas y sagradas, vislumbrando la sabiduría del Santo Bendito Él, desde el ente superior, hasta el nivel terrenal, percibiendo la grandeza de ellos {alcanzado este grado de perfeccionamiento}, inmediatamente la inspiración Divina se posa sobre él. En el momento en que la inspiración Divina recae sobre él, su alma se entremezcla con el nivel de los ángeles llamados Ishim, convirtiéndose en otra persona, y percibe por sí mismo que no es el mismo que era antes, sino que supero el nivel de los demás hombres sabios, tal como fue dicho con respecto a Saúl: “de manera que tú profetizaras y serás transformado en otro hombre” (16)

    Thorleif Boman, en su libro Das hebräische Denken im Vergleich mit dem Griechischen (1954) ) (17) considera que hay una diferencia radical entre el pensamiento griego expresado en la filosofía y la mentalidad hebrea expresada en la profecía; en la primera está impresa una concepción substancialista de la realidad que proviene de su forma de pensar de carácter “estático”; mientras que en la segunda se expresa una forma dinámica para apreciar la realidad. Los griegos y los indoeuropeos perciben al ser y la realidad como “presencia”, mientras que los hebreos y semitas se concibe como un devenir real, o hayah (18). Esto se vería reflejado en las respectivas estructuras lingüísticas: el indoeuropeo se expresa en la relación sujeto predicado; mientras que en lenguas semíticas en su peculiar forma verbal. Qué, en lo que respecta al hebreo, va afectar el sentido histórico del pueblo judío al preservar en su lengua una idea del tiempo muy propia de una comunidad que ha cargado con el estigma de “errante” y ha transformado esto en un elemento de conocimiento. Como lo explica el hebraísta Kyle M. Yates (19): “El tiempo no lo entiende la mente semita como lo entiende la mayor parte de las lenguas modernas”, pues según éste autor en los tiempos verbales: “El conocimiento del estado de la acción, en cuanto a su terminación o falta de terminación, era suficiente para el semita; y si no, había una palabra de significación temporal o histórica que traía el tiempo a la consideración. La relación de los acontecimientos y de las acciones era más importante que el tiempo mismo.” El tiempo y la historia se traen para que habite en la palabra.

    Esto es fundamental para entender la distinción que el pueblo judío expresa sobre sí y que se hace patente en la forma narrativa como expresa los acontecimientos a los que considera como únicos e irrepetibles, pero a la vez, siempre susceptibles de ser actualizados en virtud de un pasado siempre vivo que da razón de su presente y que hace de éste un vínculo de unión entre las generaciones presentes y las pretéritas. De este modo se rebasa la simple “conciencia histórica” o la evocación romántica y se va más allá, en camino de una construcción de identidad, como lo declaraba Martín Buber que aseguraba lo siguiente (20):

    Nosotros los judíos formamos una comunidad basada sobre nuestros recuerdos. Recuerdos comunes que nos mantuvieron unidos y nos posibilitaron la sobrevivencia. Eso no quiere decir que hemos identificado nuestra vida con un momento determinado del pasado, ni siquiera con uno de los momentos de gloria; lo que si quiere decir es, que cada generación transmite recuerdos a la otra, los que, por medio de nuevos destinos y nuevas emociones, siguen creciendo en envergadura, cuyo desenvolvimiento puede ser considerado como orgánico. Esta expansión de recuerdos era mucho mas que una motivación espiritual; era una fuerza que sostenía, reanimaba y resucitaba la misma existencia judía. Podría agregar aún que estos recuerdos se realizan biológicamente, pues su fuerza contribuyó a la renovación de la esencia del judaísmo.

    Sin embargo es evidente, al estudiar el periodo del hebreo post-bíblico, que el idioma hebreo adoptó muchas palabras griegas, en especial conceptos filosóficos los cuales se emplearon sin dificultad para plantearse nuevos problemas y buscar nuevos derroteros intelectuales, pero a menudo se han olvidado dos hechos fundamentales que marcan una diferencia: el primero, no se tiene en cuenta que fueron más los judíos que los griegos los que se interesaron (comercial e intelectualmente) por aprender el idioma del otro. ¿Cuántos griegos sabían hebreo? Muy pocos seguramente. El segundo de los hechos que quiero resaltar –y no sé si ya lo hice de otro modo- es que desde la historia de occidente se privilegia la idea de que han sido los grandes pueblos los que han influenciado al judaísmo y se olvidan adrede que la verdad puede ser también inversa (21).

    En muchas obras se ha demostrado y enfatizado sobre la influencia griega en el judaísmo, resolviendo fácilmente todo con la dupla “judeohelenismo”, pero muy pocos se han preguntado ¿cuál fue el impacto del judaísmo en la cultura griega? Iniciemos con un asunto pre-filosófico para ir dando un ejemplo concreto: ¿de dónde sacaron los griegos su alfabeto? Pues resulta que antes de que pudieran escribirse la Ilíada, la Odisea, las teogonías órficas, los pensamientos y doctrinas de Jenófanes, Parménides, Heráclito, Empedocles, Anaxágoras o Diógenes, ya los semitas tenían alfabeto y los griegos no, ya se habían escrito la Toráh, los profetas y otras muchas obras, mientras que los griegos andaban dispersos canturriando sus poemas de ciudad en ciudad y de boca en boca (22). Ahora bien, estos semitas son, de acuerdo a todos los estudiosos de la escritura que no querían preocupar a los “antisemitas”, fenicios; pero en realidad se trataba de hebreos (lo que no implica necesariamente judíos). Hay quienes sostienen que fueron influidos por los egipcios, y si fuera así yo me pregunto: ¿entonces por qué la agrupación de letras griegas se les llama alfabeto, nombre derivado de las letras hebreas “álef-bet”? No sé, pregúntenle a los expertos, por mi parte yo añado otra prueba que demuestra que dentro de las letras del alfabeto griego hay remanentes de sus orígenes hebreos: la antiguas letras Ϙ ϙ (koppa), Ϛ ϛ (digamma), Ϻ ϻ (san) y Ϡ ϡ (sampi) que se emplearon en algunos dialectos entre los siglos VII y VI dejaron de usarse por razones desconocidas, pero tuvieron sus orígenes respectivamente en las letra ק (kuf), ו (vav), צ (Tzad) y ץ (Tzad final) (23), las que no solamente tenían el mismo valor fonético, sino el mismo valor numérico de 100, 6, 90 y 900, tal y como aún se sigue usando en hebreo moderno.

    Otro ejemplo se encuentra en la arquitectura. Es famosa la agudeza arquitectónica de los griegos, especialmente en todo lo que respecta a las columnas, como los capiteles Eólicos y jónicos. Pero yo vuelvo y me pregunto, ¿por qué se desconoció la influencia de los arquitectos israelitas que incorporaron, cientos de años antes, el motivo de par de rollos espiralados saliendo de un triángulo central que se encuentra dentro del capitel de la columna y que han sido descubiertos en varias ciudades judías de la antigüedad? Que los modernos no lo supieran está claro: los arqueólogos no los habían encontrado, ¿pero por qué no está eso en los libros antiguos paganos? Y lo peor, los arqueólogos que los descubrieron -israelíes incluidos- tuvieron el descaro de llamarlos “pre-jónicos” o “pre-griegos”, cuando necesariamente tienen que llamarlos de otro modo (24).

    En cuanto a la filosofía, la influencia más interesante y poco estudiada es la que el judaísmo tiene sobre Pitágoras. De acuerdo a Hermippus de Smyrna Pitágoras hacía y decía “cosas imitando y transfiriendo opiniones de los judíos”. Opiniones similares a esta sustentaban Josefo, Origenes, Aristobulos y Jamblico (25).Por su parte Josefo, en Contra Apion I:22 (26), comenta: “Luego Ermippo agrega también lo siguiente: y Pitágoras solía hacer y decir cosas imitando y transfiriéndose opiniones de los judíos y los tracios. De este hombre, de hecho se ha dicho que ha transferido muchas costumbres de los judíos a su propia filosofía.” Por su parte Clearco de Solos relató un encuentro entre Aristóteles y un judío que, real o no, trasmite una idea bastante peculiar sobre los judíos de ese período: “El conversó con nosotros y con otros filósofos, y probó nuestros conocimientos sobre filosofía, como él había vivido con hombres muy instruidos, nos comunicó mucha más información de la que nosotros le transmitimos a él.” (27). Otros filósofos griegos que prestaron mucha, y casi devota atención al judaísmo, fueron Theofrastus (sucesor de Aristóteles), Hecataeus de Abdera (el llamado padre de la etnografía), y Apollonius Molon, (considerado el retórico de su época). (28)

    II
    Los temas y exponentes más destacados de la filosofía judía

    En el apartado §24 de Historia de la Filosofía de Zeferino Gonzales (29), llamado “La Filosofía entre los hebreos”, se resume -a pesar de su afán por contrastar innecesariamente “teologías” de otros pueblos con la concepción hebrea de lo Divino- con un peculiar estilo los motivos propios de esa “filosofía” judía que en su fuero pareciera más una teo-sofia, y por eso asegura:

    No existió entre los hebreos, como tampoco existió entre los egipcios, ni entre los secuaces del mazdeísmo, la Filosofía racional y científica, la Filosofía propiamente dicha o sistematizada, si se exceptúan los últimos siglos de su historia nacional, en que aparecen algunos ensayos más o menos sistemáticos. En cambio, y gracias a la revelación divina, el pueblo hebreo conoció y poseyó un conjunto de verdades teológicas, metafísicas, morales y político-sociales, que constituyen una Filosofía y una ciencia, muy superiores, en cuanto a verdad y pureza de doctrina, a todas las ciencias y a todos los sistemas filosóficos de las antiguas naciones y civilizaciones, sin excluir las de Grecia y Roma. Para convencerse de ello, bastará exponer sumariamente ese conjunto de verdades, comparándolas de paso con las ideas, máximas y práctica de otras naciones y pueblos.

    Esas verdades pueden resumirse en los siguientes seis puntos:

    a) La existencia de un Dios único, personal, vivo, eterno, trascendente, distinto y superior al mundo, inteligente, libre, omnipotente, infinitamente distinto, justo y misericordioso; distinguiendo se así del panteísmo indio, del dualismo iránico, del ateísmo búdhico y sínico, del politeísmo egipcio y greco-romano.

    b) El mundo y los seres que lo constituyen fueron producidos y sacados de la nada mediante la acción omnipotente, libre e infinita de Dios; diferenciándose del brahmanismo del zoroastrismo y de la Filosofía griega, dualistas.

    c) Dios es principio y causa del Universo y de todos los seres, no sólo en cuanto a su forma, distinción y orden, sino también en cuanto a la materia, y como tal es causa, principio y razón suficiente de todo lo que constituye sin que por eso sean parte de su substancia, ni que Dios dependa en nada ni para nada del mundo, sin el cual existió desde la eternidad.

    d) Dios es autor, creador y padre común de todos los seres humanos sin distinción de pueblos ni personas, siendo iguales entre sí al ser hechos a imagen y semejanza de Dios; son hermanos e iguales, porque son hijos del mismo padre terreno y celestial, llevan impreso el sello divino, y están destinados todos a la vida eterna en Dios.

    e) La inmortalidad del alma y el premio o castigo después de la muerte y la resurrección del cuerpo.

    f) El mal tiene su origen en la voluntad finita y creada del ser humano al hacer mal uso de la libertad concedida.

    En términos históricos puede enunciarse cuatro periodos influyentes para el judaísmo y sobre los que sin duda influenció filosófica y científicamente al punto de determinar etapas del tiempo:

    1. Período tanájico y rabínico: cuando se desarrolla toda la literatura clásica que expone puntos de vista definidos en cuanto a Dios, la naturaleza humana y la condición del mundo. La forma en que se presentan estas posturas, no es sistemática, ni se expone un orden definido con argumentos formales, lo que no implica que presenten ciertas formas de organización e interpretación, pues desde antiguo los sabios judíos de todos los tiempos han argumentado que las raíces de la inteligencia judía se encuentran en la Toráh y en los escritos rabínicos que la desarrollan.

    2. Período helenístico: donde la filosofía judía surge en condición de dialogo y a veces de confrontación con la filosofía griega, siendo influida por el platonismo y el estoicismo. Se sabe que existió una amplia literaturas de los judíos helenizados, pero la única que se conserva es la de de Philo (Filón) Judaeus de Alejandría, cuyo pensamiento se basa en que el Tanaj, como palabra divina, contiene un significado literal dirigido a las masas y uno secreto que los filósofos podían descubrir utilizando la alegoría como método interpretativo.

    3. Período medieval y el contacto con el Islam: cuando la filosofía judía medieval comienza, en el siglo X, como parte del renacimiento cultural que llegó a las tierras dominadas por las fuerzas islámicas. En este período hay una gran producción de temas religiosos escritos en árabe, y se continuó desarrollando como y de qué manera se relacionaba el judaísmo y la filosofía. Hacía finales del siglo XII este esquema comenzó a cambiar y las academias judías en el mundo islámico declinaron y se desarrollaron otras en tierras cristianas, especialmente en España, Francia e Italia, cuando los trabajos filosóficos y científicos se vuelven a escribir en hebreo.

    4. Período Moderno: cuando los filósofos judíos comienzan a plantearse nuevos temas filosóficos que van a repercutir en su concepción de la tradición judía motivados, sobre todo, por las soluciones que proponían la ciencia y los desafíos a la religión que ésta trazaba. De este modo el pensamiento filosófico judío se vio totalmente transformado, produciéndose fenómenos colectivos e intelectuales que son influyentes aun hasta la actualidad. El primero: la Hashklá o La Ilustración, qué, con su énfasis en la “religión de la razón”, exigió de los filósofos judíos un modificación de varias de las creencias y prácticas, lo que provocó que algunos pensadores continuaran en la posición tradicional y otros –la mayoría- asumiera que el judaísmo en tanto creación del pensamiento y la cultura de un pueblo “semita” en particular, con un desarrollo histórico específico, era susceptible de cambiar a la luz de los tiempos modernos. Segundo: la aparición de diversas corrientes religiosas dentro del judaísmo, como el reformistas, el ortodoxo, el conservador, el neo-ortodoxo y el ultra-ortodoxo reformista, que dividirían a un más los criterios de fe y de práctica . Tercero: el creciente “antisemitismo” de europeo y cristiano, que demostraba a los pensadores judíos que no era la emancipación el camino para obtener la igualdad del judío ante el mundo cristiano; cuarto el surgimiento del nacionalismo moderno bajo la bandera del sionismo que propició una nueva corriente de pensadores de carácter netamente político y económico.

    En esta misma línea de pensamiento el ya citado Diccionario de Filosofía de Ferrater Morá sostiene que “filosofía judía” debe entenderse al menos en dos sentidos, a saber: “Es, por una parte, la filosofía de la tradición “religiosa” del judaísmo, que elabora los conceptos metafísicos derivados de la Ley o pretende justificarlos racionalmente, y, por otra, las producciones filosóficas derivadas de pensadores de origen judío”. En ese primer sentido se incluyen los comentarios cabalísticos y talmúdicos, y los pensadores medievales “…que ensayaron una conciliación de la Ley con la tradición filosófica griega, especialmente aristotélica, y que tuvieron sus máximo representante en Maimónides” (30). En el segundo sentido se incluyen el platonismo de Filón de Alejandría hasta el sistema de Spinoza, la filosofía trascendental de Salomón Maimón y los pensamientos de Martin Buber y Franz Rosenzweig. Lo interesante es que José Ferrater Mora sostiene que este último no expresa filosofía judía propiamente, diciendo: “Sólo con grandes reservas puede darse a éste último concepto el nombre de filosofía judía. Más bien hay que entender por ella la filosofía que, admitiendo la noción de Ley como una peculiar manera de relación del hombre con la divinidad, se esfuerza por entenderla mediante el pensamiento racional”. ¿Pero cómo no va hacer judío también eso? El judaísmo a lo largo y a lo ancho de su ser es una disertación cada vez más racional de la “Ley” (=Toráh).

    Por su parte J. Husik en su libro A History of Jewish Mediaeval Philosophy (1916) considera que la única filosofía judía importante es aquella de la que trata su libro; en su estudio abarca los siglos X al XV, lo que en nombres propios se traduce en: Isaac Isarelí (870-920), David ben Mervan Al Mukamas (892-942), Saadias Gaón, Iosef al Basir (siglo XI), Yeshua ben Yehudáh, Shlomo Ibn Gabirol (1020-1070), Ibn Pakuda, Abraham bar Hiya (Abraham Savasorda), Aben-Tazdik (¿?-1149), Yehudá HaLeví (1080-1143), Moshé ibn Ezra (1070-1138), Abraham Ibn Ezra (1092-1167), Ibn Daud (siglo XII), Maimónides (1135-1204), Hillel Ben Shamuel, Levi Ben Gerson, Shem Tov Falakera (1255-1290), y Jasdai ben Abraham Crescas (1340-1410), y Yosef Albo (1380-1444).

    Otro autor, J. Guttmann, en Die Philosophie des Judentums (1933), está más interesado en la filosofía propia del judaísmo, que de acuerdo a su criterio se divide en tres grandes partes o temas; la primera parte consistiría de los problemas filosóficos que se plantearon en torno a los sucesivos contactos del judaísmo con otras tradiciones intelectuales, especialmente con la filosofía griega, lo que permitió una evolución religiosa del antiguo judaísmo desde la religión bíblica, hasta la especulación talmúdica, pasando por la filosofía judeohelenistica; la segunda parte abarca toda la filosofía judía de la Edad Media influida por el neoplatonismo y el aristotelismo, y que partiría de Isaac Israelí y Saadia Gaón, hasta las elaboraciones intelectuales de los judíos del Renacimiento; la tercera parte comprendería la filosofía judía moderna, en la que se incluyen todos aquellos pensadores judíos y no judíos que tuvieron en el judaísmo –positiva o negativamente- una fuente de influencia. En esta instancia se destacaría a Spinoza, Moisés Mendelson, Salomón Formstecher, Samuel Hirch, Moris Lazarus, Hermman Cohen, Walter Benjamin y Emanuel Levinas (31), A. I. Kook, Mordejai Kaplan, Ajad Haam, Abraham J. Heschel y J. B. Soleveichik entre otros.

    En términos de la filosofía de la religión se puede decir que la preocupación básica de los filósofos judíos, que sostienen concepciones diversas y distintas sobre religión y filosofía, es encontrar que el judaísmo es un sistema capaz de ofrecer interpretaciones racionales que puedan llevar a que las personas, en su vida diaria, opten por decisiones basadas en una mentalidad ilustrada. De este modo estudiaron cómo las opiniones de los filósofos de todas las épocas podían relacionarse con su propia tradición. Dicho interés permitió resolver dos problemas: el primero, como interpretar y formalizar las enseñanzas de la Toráh a través de conceptos y argumentaciones filosóficas y refutar, con esos conceptos y argumentaciones, enseñanzas tanto filosóficas como religiosas que entraban en conflicto con las enseñanzas y prácticas judías.

    De este modo esta filosofía, en particular, se llegó a componer de tres instancias bien definidas, en las que: 1) se interpretaba elementos exclusivos de la tradición judía como las concepción mesiánicas y del mundo por venir, la revelación, el contenido y la eternidad de la Toráh; 2) entraba a estudiar, asimilar y considerar cuestiones y preocupaciones comunes a otros sistemas (filosófico y/o religioso) como la existencia divina, sus atributos, la creación del mundo, el fenómeno profético, el alma humana y los principios de la conducta humana; 3) desarrolló una postura propia frente a temas en los que están implicados la dimensión del ser, la estructura y la naturaleza del universo, los argumentos y las categorías lógicas.

    Notas

    (1) Derrida, Jacques Violencia y metafísica. Ensayo sobre el pensamiento de Emmanuel Levinas, en La Escritura y la Diferencia) Antropos, Barcelona 1989, pp pg 209-210.
    (2) Por muchísimas razones prefiero el termino judeofobia al de antisemitismo, menos exacto, amén de haber sido inventado por el “antisemita” Wilhem Meyr.
    (3) Como de hecho sospecho de cualquier otra forma de pensamiento de otro pueblo que no sea el griego –el antiguo desde luego- al que se le endilgue el término. En cuanto al cristianismo y a los europeos que se dedicaron a ella, considero que se dedicaron desarrollar una forma especial de razonamiento y de ontología.
    (4) En la tripleta de libros hebreos conocidos como Emet (verdad), es decir en los Salmos, Job, los Proverbios, y en otros libros apócrifos como el Ben Sirá, o Sabiduría de Salomón, hay constantes cantos, poemas, dichos, dedicados a la jojmá, que si bien se insta en ellos a amarla y a buscarla, es con el fin de que ese amor se en ultima (y primera) instancia dirigido a Dios, fuente de la misma sabiduría.
    (5) La diferencia de pronunciación se debe a que la palabra que si se lee en forma verbal es yadoa (conocer, saber) y si se pronuncia como sustantivo másculino es yeda (conocimiento, erudición)
    (6) De este modo traduce Onquelos al arameo las palabras hebreas del Génesis: “llegó a ser un ser vivo”.
    (7) Lo que de paso me permite comentar que por eso y muchas otras razones tampoco puedo admitir el termino histórico con el cual han querido hacer ver dosmil años: judeocristianismo. ¡Que error! No hay oxímoron más grande y unido.
    (8) De hecho así fue como en la versión griega Septuaginta se tradujo Toráh, cuando los traductores pudieron haber usado mejor o didaskalia o paideia. Es gracias a esta traducción que la Toráh pasará a ser entendida como Ley. Esta traducción buscaba responder a la exigencia helénica de establecer normas sociales de carácter nacional a los pueblos subyugados a fin de que propusieran leyes internas por las cuales gobernarlos bajo el aliciente de hacerlo bajo sus propias concepciones culturales.
    (9) De hecho la diferencia entre la palabra Toráh y moréh es la fijación de las consonantes Mem y Tav
    (10) Todo lo cual no es más que la aplicación vivencial de una mandato explícito de la Toráh preservado en Deuteronomio 4:6: “Guarden (los mandamientos), y pónganlos por obra; porque esta (la Toráh) es su sabiduría (חכמתכם) y su inteligencia (בינתכם) ante los ojos de los pueblos, los cuales oirán todos estos decretos, y dirán: Ciertamente pueblo sabio y entendido, gran nación es esta.” (Traducción mía).
    (11) Lo que de paso me sirve para plantear otro tema imposible de tratar aquí: la no narrada violencia de los politeísmos al monoteísmo y las ideas como la idolatría mental.
    (12) Por eso es que considero, y sin asomo chauvinista, que por eso los griegos modernos no son ni la sombra de los griegos antiguos fueron; en contraste, y salvo una masa de sujetos, el nivel intelectual judío se ha mantenido desde el pasado hasta ahora.
    (13) Como de hecho lo presenta Dujovne en la introducción de su versión de Moréh nebujim.
    (14) No hago uso de esta palabra sin ningún sentido, sino que me remito al término hebraico shefa, tan importante para mis dos maestros antagónicos y que se originan uno del otro: Maimónides y Spinoza.
    (15) Mishné Toráh (Yad Hajazaká) Hiljot Isodé HaTora Capítulo 7: 1
    (16) 1 de Samuel 10:6.
    (17) Cf. Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora, tomo iii p. 3406
    (18) Este verbo es de muy difícil traducción, por lo general se lo vierte al español por “ser”, lo cual es un error no solo lingüístico, sino filosófico, que originó la pésima versión de Yo Soy el que Soy, para el pasaje de Exodo 3:14, en el que Dios expresa su Inefabilidad, pasaje que podría ser traducido mejor como Seré aquel que Seré. De acuerdo al Diccionario Strong הָיָה tiene al menos –partiendo de existir, i.e. ser o llegar a ser, tener lugar- unas cincuenta acepciones: acontecer, andar, bendición, caer, carecer, casar, causa, cobrar, cometer, conducir, conseguir, constituir, continuar, convertir, cumplir, dar, dejar, detener, disponer, echar, emisión, esperar, existir, extender, formar, ganar, hablar, hacer, hallar, ir, levantar, librar, llegar, llevar, obtener, ocurrir, orden, permanecer, quebrantar, quedar, recibir, requerir, seguir, ser, servir, suceder, tener, tomar, venir, volver.
    (19) Kyle M. Yates Nociones esenciales del hebreo bíblico, 1979, p. 183. Casa bautista de Publicaciones.
    (20) En Veghazi, Esteban. 1978. Las Fuentes del Judaísmo, Biblioteca Judía Escolar, Editado por la B’nai Brit Distrito 23, Colombia., p. 30.
    (21) Esto es patente sobre todo por un prejuicio histórico que presume y considera al pueblo judío de carácter religioso más que filosófico y científico. Así uno puede encontrar en muchos estudiosos en los que se asegura que la kabalá no es judía sino gnóstica (de Siria para ser exactos), que su idea del mal proviene del zoroastrismo, que su intelectualismo es griego, que sus mitos y leyendas son babilonios, que su tierra es de los cananeos, que no entendían nada de Dios hasta la teología cristiana y europea; afirmaciones que a mi modo de ver son producto de un sesgo cognitivo que puedo resumir en la frase coloquial de ¡todo lo del pobre es robado! Y yo me pregunto ¿no podría haber sido al contrario, que el genio judío haya influenciado a los pueblos que los hospedaron? En parte esa pregunta la ha intentado resolver Samuel Kurinsky en su libro La historia Secreta de la contribución judía a la civilización. Algo del tema lo presenta Paul Jonhson en La historia de los judíos.
    (22) Y paradójicamente el que los unió en un proyecto de conquista cultural fue un Macedonio discípulo de Aristóteles.
    (23) Samuel Kurinsky, El octavo día, La historia Secreta de la contribución judía a la civilización. Joseph nave, el Origen del Alfabeto Griego. Contra Apionem, Ibíd
    (24) Para más información ver Iojanán, Arqueología de la tierra de Israel, trans. A. F. Rainey. (Westminster Press, 1982), pág. 215
    (25) Cf. Berg, Michael 2002, A Book of Healing. Secret Meditations of the Ancient Kabbalists. The Kabbalah Centre International Inc, Canada.
    (26) Ver también Origenes, Contra Celsum I:15, y Porfirio de Tiro, La vida de Pitágoras 11
    (27) Josefo, Contra Apion; ver Clemente de Alejandría, El Stromata, (libro I, Cáp. 15).
    (28) Cf. Bezalel, Bar kochva La imagen de los judíos en la Literatura Griega. Este libro es una contribución importante a los pocas estudios realizados sobre la visón de los judíos en la antigüedad; en él, Bar Kochva examina las actitudes de los escritores griegos del período helenístico hacia los judíos, tomando referencia de sus escritos, tomando especial atención a lo que dicen sobre sus ideas religiosas, políticas, sociales, sus métodos literarios y estilísticos.
    (29) C.f. Gonzales, Zeferino. Historia de la Filosofia, tomo 1, (2ª ed.) Madrid 1886, pp 84-87.
    (30) Ferrater, op cit, pg 1328
    (31) Idem, p. 1328. Si bien Ferrater, siguiendo a Guttmman no los menciona me parece importante incluir a Walter Benjamín y a Herman Cohen, al igual que os nombres posteriores a Levinas.

  • Resp. 6019-Los números y sus significados

    Buenas noches. Dentro del ámbito judío existen números que tengan alguna interpretación o significado especial. Como por ejemplo el 6, 7, 12, etc. Gracias. Dios les proteja,
    Jaime Carpio, 57 años, escritor, Quito – Ecuador

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  • Contaminados por religión

    Hemos estudiado en otras ocasiones que la religión, toda religión, es un derivado social del EGO.
    Su misión es esclavizar al ser humano, doblegarlo, someterlo, mantenerlo a oscuras y apartado de su Yo Esencial, el cual es la NESHAMÁ (espíritu).
    Si bien se presenta como camino a la deidad, cualquiera ella sea, en realidad es un bloqueo a Su LUZ, es la negación de la espiritualidad.
    Para peor, al mostrarse como una senda sagrada, perturba la mirada, lleva a confundirse y exiliarse todavía más de la NESHAMÁ, y por tanto del Señor.

    Por otra parte, es instrumento de dominación social, lo cual en ciertos aspectos ha servido para reducir conflictos, someter la ferocidad y la violencia, ¿pero a qué costo?
    En efecto, hemos visto que al relajarse las cadenas de la religión, por ejemplo en Occidente, muchos se han desviado hacia estilos de vida ofensivos, criminales.
    Pero, también podemos comprobar que en otras regiones, así como en otras épocas, fue (y es) precisamente la religión la mayor causante de conflagraciones, destrucción, matanzas, odio, falta completa de paz interna y externa.

    Por tanto, debiéramos promover la desaparición de TODA religión, para que aflore lo que realmente debe estar guiando la vida de todo humano, que es la NESHAMÁ.
    Que sea la verdadera espiritualidad la que quede al mando, y no esa tortura del EGO llamada religión.
    Sabemos que las dos únicas identidades espirituales creadas por el Eterno son la judía y la noájida. La identidad espiritual judía se manifiesta a través del judaísmo, que es el estilo de vida ético que corresponde en exclusiva a las personas judías. En tanto que el resto de las personas, quienes son el 99% de la humanidad, son noájidas, pues tal es su esencia espiritual. Esa espiritualidad se vive a través del noajismo, que se basa en los Siete Mandamientos Universales que el Eterno ha dado a cada gentil, de toda época, lugar, creencia, condición social, para que cumpla y por medio de los cuales se manifiesta a pleno su ética espiritual.

    Toda religión es el fracaso del espíritu, pues es el imperio del EGO.
    Por lo cual, al querer conocer nuestra verdadera esencia, conectarnos con lo que somos eternamente y así estar conscientes de nuestra conexión perpetua con el Eterno, debemos aprender el camino que nos toca, sea judaísmo o sea noajismo, para experimentarlo plenamente.
    Porque con judaísmo, los judíos y noajismo los gentiles, se está en aplicada construcción de SHALOM, que es la obra/palabra/gesto/pensamiento que combina la bondad con la justicia, en la medida apropiada tal y como ordena el Eterno.

    Sin embargo, la religión nos ataca por todas partes, pues todos tenemos EGO, y por tanto estamos en habitual riesgo de sumergirnos en las fantasías que nos propone de falso poder, autoridad, trascendencia ficticia, o por el contrario, negación de nuestro ser, desamparo, abandono, sentimiento de pecado y perdición.
    Además, la religión ha encontrado mecanismos efectivos y eficientes para colarse hasta los lugares en los que parecen más esterilizados e improbables de contaminación religiosa. Así aparecen rasgos religiosos allí en donde menos se los espera, aunque no tengan la etiqueta religión, incluso si hasta se presentan como anticlericales o carentes de deidad a la cual adorar.
    Por doquier esta la contaminación de la religión, y por ello es sumamente importante despertar a la conciencia espiritual y abstenerse por completo de toda superchería, superstición, o acto religioso.

    Recordemos, aunque lo hemos dicho incluso unos párrafos más arriba.
    Ni judaísmo ni noajismo son religiones, ni se las debe equiparar con ellas.
    Lamentablemente, tanto por ignorancia como por falta de cuidado en el pensamiento/lenguaje, se terminan asimilando con el concepto religión, lo cual es una ofensa directa en contra del Hacedor, quien ha puestos estos dos santos caminos para redención de la persona, para perfeccionamiento de la sociedad, para establecimiento de un mundo paradisiaco en esta realidad terrenal.

    Es esencial para los gentiles conocer el noajismo, vivir de acuerdo a él, estar precavido para no tropezar con las trampas del EGO. Por supuesto que esto también aplica para los judíos con respecto al judaísmo, sin embargo, al haber muchos más rigores y preceptos que recordar y cumplir, entonces se supone que hay menos chance para le judío de verse arrastrado hacia “el lado oscuro”. Pero, si se carece de la teoría correcta, si no se realiza la práctica apropiada, entonces se está en manos del EGO, ya encerrado en la celdita mental.

    Liberarse de la religión, es una necesidad para todo ser humano.
    Dar el paso que nos saca de la celdita mental, en la que estamos atrapados. Renegar de esa mentalidad religiosa, que está probablemente en cada uno de nosotros.
    Y comprender que el camino del Eterno es llevar una vida de ética plena, la de origen espiritual.
    Cumpliendo cada uno sus mandamientos, los Siete para cada gentil; los que correspondan de los 613 para cada judío.
    Que se pueden resumir en una constante obra de bondad y justicia, siendo leales al Eterno.

  • Resp. 6008-La negación de Moshé como autor de la Torah

    Moré Ribco:
    He hablado con gente que me ha puesto en duda que la Torah haya sido escrita por Moshé. Señalan a un análisis interno del texto al existir diferentes Nombres que D*os recibe en el “Génesis” por ejemplo. Ellos apuntan a una confección de la Torah en la época del Rey “Josías”, quien no habría encontrado el Libro de la Ley, sino que él lo mandó escribir. Como responder estas preguntas? No quiero ganar una discusión, quiero la verdad antes que nada.
    Daniel Lemos Cavalheiro. 33 años. Empleado. Uruguay

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  • Resp. 6005-De identidad espiritual, libros y diezmos

    Buen día, Estube leyendo el tema: Levitas, Fariseos y otros en su comentario.
    1- Soy cristiano evangélico,
    2- y me gusta estudiar la biblia,
    3- he notado que los evangélicos hacemos malas interpretaciones,
    4- y realmente es muy díficil encontrar una iglesia que sepa diferenciar y explique las similitudes y diferencias entre el pueblo judío y el cristiano,
    5- por ejemplo no estoy de acuerdo en que los cristianos tengan que pagar diezmo,
    6-  ya que era para la manuntención sacerdotal y era una especie de impuesto agrícola,
    7- tampoco estoy de acuerdo con que llamen Levitas a los que cantan ya que es/era una tribu consagrada al servicio para el Eterno del pueblo judío,
    8-  en fin son muchas las cosas que no tenemos derecho de adueñarnos porque son tesoro del pueblo judío.
    9- Entiendo también que Jesús y los apostóles practicaron el judaismo,
    10- pues eran judíos y no dejaron de serlo
    11- y que además recomendaban practicar la ley basados en el amor y la misericordia.
    12-  Ahora bien, lo que me interesa es si puedo acceder a leer el Tanaj en español,
    13- y donde puedo leerlo en línea,
    14- también me interesa si existe algún comentario, libro o información de las diferentes pensamiento, filosofías, teología, de los saduceos, fariseos, esto con el fin de entender su forma de pensar y de ver el mundo

    Gracias,

    Atte, 

    Emanuel Jauregui

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  • Resp. 6004-Emoción por un salmo

    Estimado     Prof. Yehuda Ribco   Tengo una pregunta para usted , esta mañana al comienzo del nuevo año  2016 decidí leer el salmo 108  lo leí varias veces  en la madrugada, le pedí  al Eterno y todo Poderoso que me orientara en la vida y me abriera las puertas de su luz y esperanza, luego de esa oración  empecé  a sentir un intenso escalofrió.

    Le pregunto a que se debe esa sensación de sentir un escalofrío al leer un salmo, y después de esto sentí una intensa calma en mi ser.

    ¿dígame  porque un salmo libera esa fuerte sensación de energía.?

    sentí una intensa calma y a modo de visión ví muchos peces de colores y muy brillantes rodeados de una intensa luz, muy natural  como si emanará de una aurora, y su presencia se sentía cada vez mas en mi ser. como si indicase un camino.
    Iván David Vergara

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  • Perversión central de un sitio de “Kabbalah” (?)

    Hace un rato alguien me compartió esto: “Sé amable contigo mismo y deja ir el juicio. Confía en que donde estás en tu vida es exactamente donde tienes que estar.”
    Decía que era de un sitio de Cabalá, lo cual realmente dudo en grado extremo. Más bien será de ideología facilista New Age, del neo escapismo, o de algún paganismo que se quiere hacer pasar por judaísmo. Pero ciertamente, el mensaje es terrible, anti vida, grotesco, enfermo y mortal.

    ¿Por qué?
    Porque con estos argumentos ramplones las personas que están en situación de víctimas reales, seguirán estándolo, y para colmo sintiéndose brutalmente culpables si sueñan con un poco de justicia, si anhelan vivir sin degradación, si desean ser tratadas con dignidad y respeto.
    ¡No! El lugar en el cual estás, no necesariamente es el que debes estar.
    Porque si eres un niño abusado por tus mayores, no estás ahí porque un dios perverso lo quiere y tú obligación es aceptar tu maltrato.
    Porque si eres una mujer golpeada y violentada por su marido, no tienes el deber de guardar silencio y sufrir la pesadilla.
    Porque si te hostigan en el estudio o el trabajo, si eres objeto de bullying, no debes disculpar la tremenda injusticia y decir que estás allí porque es tu lugar.
    Porque si tu gobierno es despótico y cancela tus derechos, no es con pasividad y humillante aceptación que las cosas cambiarán.

    Ciertamente el mensaje verdadero de la Torá, y por tanto de toda corriente realmente cabalística, es que debemos buscar el juicio, hacer actuar a la justicia, promover el bien para quien es merecedor de tal y ser duros en la medida exacta con el malvado.

    No todo es bueno en todo momento, aunque pudiéramos ver cómo de cierta forma quizás lo podemos transformar en bien a futuro; aunque no comprendamos los vericuetos de la existencia, el hecho cierto es que debemos hacer nuestra parte para que sea establecido el verdadero SHALOM, que no se basa en mentiras, ni en negar la realidad, ni en mantenernos como impotentes miserables cuando es otra la opción válida.

    Por tanto, no confíes que estás donde debes estar.
    Porque tal vez eso es un justificativo para seguir siendo violado; porque eso es el arma que tiene el pervertido para manipularte.
    Porque, aunque no estés en una situación dramática, es un mensaje erróneo que te niega tu derecho a ser libre, a crecer, a cambiar, a trabajar por un mayor bienestar.

    Y sí, debes ser amable contigo mismo, obviamente que sí.
    Pero no, no tienes derecho a dejar ir el juicio sobre tus actos, porque esa es una excusa típica del que hace cualquier disparate para seguir en el camino del error. Sean pecados voluntarios o no, sea porque deseas hacer el mal o no, es imprescindible realizar un auto juicio de manera habitual. Es la evaluación de la conciencia que nos permite hacer TESHUVÁ, y nos acerca más a nuestra identidad espiritual, a Dios.

    Por tanto, por favor, no confíes en esos sitios de “KABBALAH” que son venenos mortales pero con sabor y aroma a deleite.
    Son maquinarias para entorpecer el pensamiento, paralizar el sentimiento, y aunque se quieran vender como finos perfumes espirituales, realmente son hediondas fauces de la idolatría supersticiosa.

    Es mi humilde consejo, puedes tomarlo o dejarlo, obviamente, porque no precisas de mi autorización para hacerlo.
    Sin embargo, yo sería atento y lo tomaría en cuenta. Dejaría de perder mi vida adorando doctrinas mortales. No gastaría un centavo más en engrosar las millonarias arcas de los centros de falsa espiritualidad, sea KABBALAH o la que fuera. No permitiría a familia o amigos contaminarse con la enfermedad que estas fábricas de muerte producen. No compartiría alegremente los mensajes distorsionados, falsamente positivos, amargamente desfigurados como judaísmo. No haría más caso al malvado, para entonces poder ser feliz y estar en paz.

    Para finalizar, palabras de un profeta de la Verdad:

    Estas son las cosas que debéis hacer: decid la verdad unos a otros, juzgad con verdad y con juicio de paz en vuestras puertas, no traméis en vuestro corazón el mal uno contra otro, ni améis el juramento falso; porque todas estas cosas son las que odio, declara el Eterno
    (Zejariá/Zacarías 8:16-17)

  • Para deleitarte en la LUZ

    Todo ser humano es NESHAMÁ, espíritu, por tanto conectado de manera permanente con el Eterno y todo lo creado.
    Esa LUZ irradia de manera constante en nuestro ser, pero no la disfrutamos a pleno en nuestra existencia terrenal por dos motivos:

    a) velos que interpone el Eterno, pues como entidades materiales no estamos capacitados para recibir el completo influjo de la LUZ;
    b) manchas y cáscaras que se producen como efecto de pecar, salir del camino correcto que cada uno tiene marcado de acuerdo a su identidad espiritual (noájica o judía).

    Si quisiéramos deleitarnos más de la LUZ del Creador, aquella que estamos posibilitados para recibir en esta vida, ¿qué podríamos hacer?

    Te sugiero algunas respuestas, escoge aquellas que consideres más adecuadas:

    1) Desconectarte del mundo, recluirte y llevar una vida extremadamente rigurosa y limitada de placeres sensuales (mundanos).
    2) Dedicarte a extensas horas de meditación, rezo, silencio, enfocándote en lo que sientes es tu interioridad.
    3) Sumergirte en repetición de textos que consideras sagrados, llenarte con palabras aunque no las comprendas, repetir lemas aunque no los entiendas; porque lo importante es la intención.
    4) Rodearte de gente que cree en cosas parecidas a tus creencias, hacer actividades con esos “hermanos” de fe, mantener una vida de rituales codificados por esa agrupación a la que te enrolas.
    5) Adquirir libros, audios, videos, amuletos, objetos varios; presentarte en lecturas, conferencias, encuentros, similares; de entidades cabalísticas, jasideas o afines (o que presuman de serlo); porque te sientes lleno con ese pan místico que te venden y devoras.
    6) Conocer y cumplir cabalmente los mandamientos que te corresponden, de acuerdo a tu identidad espiritual (noájica o judía); respetando con idéntica energía los mandatos que refieren a las relaciones sociales, tanto como los que se vinculan con el Eterno y Sus cosas.
    7) Adentrarte en costumbres, prácticas, creencias, vivencias judías, y si son llevadas al máximo rigor posible mejor (aunque no sea necesario desde un punto de vista estrictamente legal y ético). Tanto si eres judío como si eres gentil.
    8) Construir SHALOM en todo momento, con acciones de bondad Y justicia. Sea en pensamientos, palabras, acciones o actitudes.
    9) Hacer buenas obras sin mirar a quien.
    10) Predicar a viva voz tus creencias “religiosas”, conminando a conocidos y desconocidos a compartirlas y a “convertirlos” a ellas.
    11) Teniendo fe.
    12) Estudiando los temas referentes a NESHAMÁ y al EGO, como por ejemplo los que aparecen publicados en http://serjudio.com/category/exclusivo/cterapia. Y luego, aplicando los consejos para tratar de llevar una vida más saludable, integrada, bendita, etc.
    13) Conocerte mejor para encontrar mecanismos saludables para reaccionar y para activar en el mundo.
    14) Disfrutando de lo permitido y apartándote de lo prohibido.
    15) Haciendo TESHUVÁ.
    16) Desafiándote a crecer a pesar de tu pereza para salir de tu zonita de confort.
    17) Poniendo en redes sociales (Facebook, Twitter, etc.) fotos, mensajes, frases, videos que a ti te inspiran tu vena religiosa.
    18) Yendo a la iglesia, centro de Kabbalah, iglesias disfrazadas de sinagogas (mesiánicas, netzaritas, seudo anusim, etc.), antros de la Nueva Era, etc.
    19) Sirviendo al pastor, seudo rabino, seudo jajam, y negándote a cuestionarlo o requerirle honestidad.
    20) Teniendo la certeza de que ya estás conectado y eres un ser de luz.

    Si deseas, ¿nos cuentas las opciones que has escogido?
    Tal vez tengas otras en mente, ¿quisieras compartirlas?
    Estaré atento a tus comentarios, aquí debajo, en la zona destinada a los mismos.

  • De cuenticos Mahometanos y otras infamias

    De cuenticos Mahometanos y otras infamias

    Primera Parte
    Por Shaúl Ben Abraham

    Millones de personas en el mundo se consideran musulmanas, más exactamente, y en guarismos, 1,522,813,123. Lo interesante es que para muchos de ellos éste abultado dato constituye una prueba de que esa religión es necesariamente verdadera. Yo cuestiono esa cifra con mis típicas preguntas: ¿cómo no van a hacer mayoría si se mata y persigue a cristianos, se expulsa a judíos y yazidies, bahaís y drusos de los países árabes y en cualquier punto terrestre en el que son mayoría? ¿Cómo no van a tener rápido crecimiento si es una religión ultraproselitista a la que uno se convierte en cinco minutos tras haber aceptado el Corán sin examinarlo y decir bobaliconamente que Alá es su versión de dios y Mahomá el supuesto profeta? Así cualquiera. Yo, que no creo en el argumento de las multitudes, considero que no por ser más los moscos debemos entonces comer desperdicios. La comparación podría ser odiosa para algunos, en especial para los moscos que cumplen con su sagrada labor biológica, pero así como es dañina la descomposición física lo es más la espiritual, pues al ser la más grande de las dimensiones humanas es la que más afecta a las demás.

    Deshagamos pues ese argumento falaz comprendiendo un poco como llegó ese número a asociarse con la doctrina proclamada por el caravanero con ínfulas de profeta: Mahoma. Y no es que ser caravanero sea malo o desdiga de sus capacidades, sino que el daño está en ser Mahoma o Muhammad, para ser fonéticamente más exactos con el árabe. Cualquiera que revise su historia, sin prejuicios religiosos, se dará cuenta con facilidad del carnaval de infamias que llenarían los días de lo que sería su biografía.

    Pregunto: ¿Ha llegado a ser el Islam la religión mayoritaria por las vías de la paz y del acercamiento a la espiritualidad? Y si eso fuera así, ¿eso probaría que es efectivamente la verdad? Partamos de otra pregunta, para contestar esa: ¿es el Corán un libro revelado por Dios? Si usted le pregunta a un musulmán le dirá que sí por la sencilla razón que a éste se lo enseñaron por un método de adoctrinamiento a partir de un razonamiento circular muy típico en la historia del fanatismo religioso que dice que algo es verdadero porque en sus libros sagrados se dice que es verdadero. Y así como Mahoma dice, una y mil veces que la revelación que recibió es auténtica y quedó plasmada en el Corán, de igual modo Joseph Smith –por dar un ejemplo entre los miles de líderes sectarios-, el fundador de La Iglesia de los Santos del último día, dice lo mismo. Estos inflados a profeta, que tenían mucho en común por polígamos y mentirosos van afirmando sin razón alguna cosas que pretenden que se crean porque sí, porque ellos lo afirmaron. Smith, por ejemplo, escribió en su Libro de Mormon lo siguiente:

    Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, él os manifestará la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo” (Moroni 10:4).

    Y si creéis en Cristo, creeréis en estas palabras, porque son las palabras de Cristo… y enseñan a todos los hombres que deben hacer lo bueno” (2 Nefi 33:10)

    Mahoma, por su parte, afirma muchas veces en el Corán cosas como estas:

    Si dudáis de lo que hemos revelado a Nuestro siervo, traed una sura semejante y, si es verdad lo que decís, llamad a vuestros testigos en lugar de llamar a Dios. (2:23)

    O,

    Y cuando se les dice: «¡Creed en lo que Dios ha revelado!», dicen: «Creemos en lo que se nos ha revelado». Pero no creen en lo que vino después, que es la Verdad, en confirmación de lo que ya tenían. Di: «¿Por qué, pues, si erais creyentes, matasteis antes a los profetas de Dios?» (4:91)

    ¡No pues con esa forma de argumentar como no creerles! ¿Pero a quién? ¿A quién le creo entonces pues los dos afirman que es verdad? ¿A Mahoma o a José Smith? En lógica mahometana debería creerle a Smith, ya que el vino después de Mahoma, ¿y quién sabe si al pseudo-dios de Alá no le dio por cambiar de opinión y enviar a su verdadero último profeta y dejar a Mahoma como el penúltimo? Y como el dilema es absurdo, prefiero no hacerles caso a esos dos impostores. Y desde luego estos dos pensaron así pues tuvieron en común el ser seguidores de sus propias versiones de Jesús: uno lo ve como profeta y Mesías y otro como el hijo de Dios que hace parte de una trinidad de carne y hueso que vive en otro planeta. Es que desde la aparición de Jesús, más ficticia que real, se abrió la puerta a la impunidad y sobre todo al desequilibrio espiritual, prueba fehaciente de ello es el desarrollo desbordante de sectas y creencias que pulularon después de que sus enseñanzas permearan el mundo. Sin duda la más grande de ellas es de la que me ocupo en éste escrito.

    Pero aquí voy a escribir del Corán y lo fundamental que quiero decir y sostener es lo siguiente: es un libro feo, mal escrito, producto de un lujurioso por el sexo y el poder, una obra hecha a mordiscos, sin una dirección clara, salvo las conveniencias del autoproclamado servidor de Alá, un texto que vive maldiciendo y enviando al infierno a los que no creen en él y por eso dice en la Sura 2: 119 “Te hemos enviado con la Verdad como nuncio de buenas nuevas y como monitor, y no tendrás que responder de los condenados al fuego del infierno”, y después, versos más abajo (2: 206): “Y, cuando se le dice: «¡Teme a Dios!», se apodera de él un orgullo criminal. Tendrá el infierno como retribución. ¡Qué mal lecho…!”. Luego en 3: 12, se asegura: “Di a quienes no creen: «Seréis vencidos y congregados hacia el infierno». ¡Qué mal lecho…!”. Y en 3: 181: “Dios ha oído las palabras de quienes han dicho: «Dios es pobre y nosotros somos ricos». Tomaremos nota de lo que han dicho y de que han matado a los profetas sin justificación. Y les diremos: «¡Gustad el castigo del fuego del infierno!”

    Y ni continuo porque me tocaría trascribir casi todo el Corán, ese libro con presunciones de “midrash” árabe que presume explicar las “anteriores revelaciones”, que para el caso del Corán son la Torá y el evangelio ¡El evangelio! ¿Y cuál de los 50 evangelios que existieron y pulularon en los primeros siglos del cristianismo Mahoma? Pues si uno examina su legado, para el caravanero son más importantes los llamados apócrifos que los canónicos ya que cita leyendas del Protoevangelio de Santiago, de la Asunción de María y del Evangelio Árabe de la infancia a los que de seguro conoció de manera oral porque si no sabía leer en árabe menos iba a leer en griego koiné. Bien decían Michael Cook y Patricia Crone en su libro Hagarism: The Making of the Islamic World (1977: 18) que:

    Básicamente, el Corán carece de una estructura central, frecuentemente es oscuro e inconsecuente tanto en lengua como en contenido; es superficial en su concatenación de materiales dispersos y muy dado a la repetición de pasajes enteros en versiones que presentan variantes. Partiendo de todo esto, se puede argumentar plausiblemente que el libro es el producto de la edición imperfecta y morosa de materiales provenientes de una pluralidad de tradiciones.

    Ya los mismo poetas árabes como Abu Afak, del clan Khazrajite, la poetisa Asma bin Marwan, de la tribu de los Aws o el poeta judío Kab ibn al Asharaf habían denunciado al Corán como una obra fea, aburridora y maldiciente y a su autor como un farsante. Y no hay que ser filólogo para ello, ni experto en árabe, basta con examinar las diversas traducciones, musulmanas o no y leer como intentan salvar vanamente las aleyas del inspirado loquito. Yo lo he leído en español y en una versión farragosa en hebreo, y como sea que existan parecidos y plagios directos de la tradición hebrea en sus mejores partes (bien pocas), el libro espiritualmente no añade nada al sentido profundo que el judaísmo, sin afán proselitista, ya había enseñado siglos atrás para sí mismo y para otros. Pero claro, libro al que también se ha añadido elementos literarios del cristianismo y del politeísmo preislámico de arabia. ¡Y ay del que me lo niegue! Si me dicen que no, me voy, aburridamente, de sura en sura y de aleya en aleya, citando al barbárico de Mahoma, y espero ahórrame el trabajo y al lector el aburrimiento. Claro que si no me creen a mí pueden leer The Satanic Verses de Salman Rushdie, que si bien es ficción alude a un elemento perturbador de las ideas religiosas concebidas en el Islam.

    Ahora bien, ¿el Corán es de Mahoma? De acuerdo a una tradición la primera recopilación completa del Corán fue hecha durante el mandato del primer califa, Abu Bakr as-Siddiq Zayd ibn Thabit, quién había sido uno de los secretarios, amigos y seguidores de Mahoma y quién reunió a partir de varias piezas de hueso, trozos de pergamino, de piel, lápidas, nervaduras de hojas de palmera y de recuerdos que los seguidores habían escuchado cuando “el Enviado” peroraba las revelaciones de Alá trasmitidas por Gabriel. Dicha recopilación fue conservada por su hijo Hafsa bint Umar y una de las viudas de Mahoma. Ya durante el califato de Utman ibn Affan se presentaron discrepancias relativas a la manera correcta y adecuada de recitar el Corán. Por eso, hasta el día de hoy existen siete lecturas conocidas, que para arreglárselas con la historia de sus diversas formas los creyentes alegan que son interpretaciones. Como sea, Utman decidió codificar, estandarizar y transcribir el texto y producir una suerte de Textus Receptus. Pero según otras fuentes, esta recopilación se basó en el texto conservado por Hafsa, mientas que otras versiones aseguran que Utman hizo la recopilación de manera independiente y coincidió con el texto de Hafsa. Ahora, lo interesante es que cuando se terminó el proceso de recopilación, cerca de los años 650 y 656.e.c, Utman envió copias del texto final a todos los rincones del naciente imperio islámico y ordenó la destrucción de todas las copias que diferían de su versión. Por su parte otros especialistas tienden a mencionar, para considerar que el Corán no es un libro surgido en los días de Mahoma, que no hay una verdadera prueba de que el texto haya sido compilado bajo el mandato de Utman, puesto que las más viejas copias conservadas del Corán completo datan de varios siglos después de Utman. Alegan que el Islam se formó lentamente, durante los siglos transcurridos tras las conquistas musulmanes y en la medida en que los conquistadores islámicos iban elaborando sus propias creencias en respuesta de los desafíos propuestos por el judaísmo y el cristianismo. Sea uno u otra versión lo real para efectos de la crítica literaria el texto del Corán más usado y reconocido por las autoridades islámicas en la actualidad es el producido por la Universidad Al-Azhar de El Cairo en 1922 que se basa en la tradición de recitación de los Hafs.

    Cuando el Corán llegó a occidente los estudiosos lo vieron como un texto folklorico que contenía muchas características particulares que lo hacían un libro raro, con sus repeticiones, su ordenamiento, la mezcla de estilos y géneros, las cuales fueron apreciadas como señales de un proceso de recopilación en el que muchas manos, y a lo largo de varios años, habían intervenido en su redacción. Estos estudios encontraron en el Corán muchas semejanzas literales y similitudes de calco (por no decir plagio) con las escrituras hebreas, las leyendas cristianas apócrifas, tradiciones gnósticas y folklore politeísta de Arabia preislámica. Cosa que es cierta y que no necesita ser comprobada tras la lectura de cientos de libros eruditos que hagan una exégesis minuciosa del Corán, basta con leer las suras o azoras más largas del Corán, como la 2 y la 3, para percatarse de eso.

    Lo más interesante es que cuando los musulmanes afirma que el Corán es un texto que da continuidad al mensaje de la Torá, estos están pensando (si lo hacen) en la Torá escrita, pero el texto en realidad está reflejando muchas veces, en realidad, a la Torá oral y por eso no es extraño oírles alegar que el texto actual de la Torá está corrupto y no corresponde a la Torá original que Dios le entregó a Moisés. Es más para un buen musulmán nunca, bajo la lógica que ellos mismo imponen, va a existir una Torá fiel y verídica. La Torá o el NaJ «perfecto» que el Corán insta a leer para confirmarse así mismo sólo existe en las mentes de los musulmanes, es, en definitiva, un Tanaj que jamás existirá y que nunca será encontrado, pues lo que esperan es un Tanaj que esté de acuerdo con los que ellos consideran válido, es decir con las doctrinas expuestas en el Corán y con las supuestas profecías fraguadas que ellos aseguran estaban contenidas en la versión original y que anunciaban a Mahoma.

    Lo contradictorio es que el mismo Mahoma (o supuestamente Alá, según se vea) invita a inspeccionar y a comparar la perfección de su Corán con el Tanaj, y para el caso con la Biblia cristiana. Si esto es así yo me pregunto, ¿para qué hacer tal cosa si se supone que ya está plagada de errores? Sin embargo la Surá 2:136 dice con descaro: “Decid: «Creemos en Alá y en lo que se nos ha revelado, en lo que se reveló a Abraham, Ismael, Isaac, Jacob y las tribus, en lo que Moisés, Jesús y los profetas recibieron de su Señor. No hacemos distinción entre ninguno de ellos y nos sometemos a Él”. Claro por no hacer distinción es que caen en semejantes errores: y uno no debe confundir la miel con el barro.

    Pero, por causa de esa ignorancia que legó Mahoma a sus seguidores y que ellos en su afán e insistencia por conservarla, no se percatan que lo afirmado en su amado Corán acerca de la exposición de la Toráh y que había quedado “oculto” por causa de la perfidia judía estaba expuesto siglos antes en la Mishná y los midrashim, es decir nada más y nada menos en la tradición talmúdica que tanto han detestado los musulmanes, en especial sus líderes. Hay muchos casos para ilustrarlo. Un ejemplo notable es la historia del asesinato de Hevel (“Abel”) por parte de su hermano Caín tal y como la presenta el Corán en la Sura 5:30-35 o 27-32:

    ¡Y cuéntales la historia auténtica de los dos hijos de Adán, cuando ofrecieron una oblación y se le aceptó a uno, pero al otro no! Dijo: «¡He de matarte!». Dijo: «Dios sólo acepta de los que Le temen. Y si tú pones la mano en mí para matarme, yo no voy a ponerla en ti para matarte, porque temo a Dios, Señor del universo. Quiero que cargues con tu pecado contra mí y otros pecados y seas así de los moradores del Fuego. Ésa es la retribución de los impíos». Entonces, su alma le instigó a que matara a su hermano y le mató, pasando a ser de los que pierden. Dios envió un cuervo, que escarbó la tierra para mostrarle cómo esconder el cadáver de su hermano. Dijo: «¡Ay de mí! ¿Es que no soy capaz de imitar a este cuervo y esconder el cadáver de mi hermano?». Y pasó a ser de los arrepentidos. Por esta razón, prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad. Nuestros enviados vinieron a ellos con las pruebas claras, pero, a pesar de ellas, muchos cometieron excesos en la tierra.

    Nótese que en el versículo 34 (o 31 en otras versiones) leemos que Dios le mostró como ocultar el cadáver de su hermano. Lo interesante es que esto no aparece en el Sefer Bereshit (“Génesis”) pero se lee en Pirké de Rabí Eliezer un midrash muy anterior al Corán:

    Adán y su compañera estaban sentados llorando y haciendo duelo por él (Abel) y no sabían que hacer con él, porque desconocían la sepultura. Vino un cuervo, cuyo compañera había muerto, tomó su cuerpo, removió la tierra y lo ocultó de delante de sus ojos; entonces Adán dijo: Haré como ha hecho este cuervo.

    Es interesante ver que lo que aquí se supone que Dios reveló a Mahoma en el Corán es un paralelo de la Toráh Oral y no de la Escrita. La similitud entre los dos relatos es tan evidente que su relación no puede ser pasada por alto. Ante esto es llamativo que el Corán en la sura 2:79 acusa a los judíos de considerar a su folklore como Sagrada Escritura y sin embargo Mahoma fue quien tomó la tradición oral hebrea y la hizo pasar como “Escritura Revelada”, cuando este nunca fue el objetivo de los midrashim y por lo tanto no se puede sugerir que los judíos transformaron leyendas en verdades de la Torá. Pero queda la pregunta, ¿por qué estas leyendas son Sagrada Escritura en el Corán? Si Mahoma no tomó la historia del cuervo de fuentes judaicas, sin saber que formaba sólo parte de sus tradiciones, ¿de dónde las tomó? Con mucha seguridad Mahoma, que fue un viajero, se sentiría engañado al oír una historia de parte de los judíos y leer o reconocer otra desde la fuentes textuales que le leían o por lo que le decían los cristianos, y así hacía, libremente, atribuciones de una fuentes oral a una textual y viceversa. Para comprender esto hay que revisar a un más el pasaje citado y notar lo que dice hacia el final del mismo:

    Por esta razón, prescribimos a los Hijos de Israel que quien matara a una persona que no hubiera matado a nadie ni corrompido en la tierra, fuera como si hubiera matado a toda la Humanidad. Y que quien salvara una vida, fuera como si hubiera salvado las vidas de toda la Humanidad. Nuestros enviados vinieron a ellos con las pruebas claras, pero, a pesar de ellas, muchos cometieron excesos en la tierra.

    ¿Dónde se prescribo eso en la Torá? Literalmente esa prescripción no va aparecer en la versión escrita entregada a Moshé sino en la Toráh oral cuya primera redacción es la Mishná del siglo II. e.c, en la que se afirma (Sanhedrín 4:5):

    Encontramos que se dice en el caso de Caín, que dio muerte a su hermano: La voz de las sangres de tu hermano clama [Bereshit 4:10]. No se dice aquí “sangre” en singular, sino “sangres” en el plural, es decir, su propia sangre y la sangre de su simiente. El hombre fue creado solo a fin de mostrar que aquel que mata a una sola persona se le contará como habiendo matado a toda un mundo; pero al que preserva la vida de una sola persona se le cuenta que ha preservado toda el mundo.

    Aquí es donde encontramos la línea de pensamiento que es la fuente de la observación del Corán y que Mahoma desconocía porque, como es bien sabido, lo que dijo él solo lo dijo porque lo había oído a judíos con quienes había tratado a lo largo de sus viajes por la península arábiga. Ahora bien esta prescripción aportada por el Pirké de Rabí Eliezer debe comprenderse en el sistema PaRDeS de interpretación de la Torá que busca derivar halajá basándose en una Mitzvá (“No asesinarás”) y valiéndose de una hagadá constituye un midrash como método expositivo y profundizador del Texto Sagrado. En fin cosas que ni Mahoma comprendía ni a un hoy quieren entender los musulmanes porque contradice todo su sistema de creencias y si lo hicieran eso les provocaría una disonancia cognitiva multitudinaria y esa religión no aguantaría que 1,522,813,123 de sus seguidores se hicieran una lobotomía espiritual acabando así con el negocio.

    Así pues la Mishná, siglos después del pasaje de Bereshit, pero siglos antes de Mahoma, ha sacado esta interpretación del plural “sangres” de la Toráh para derivar una trato con respecto al asesinato y lo que éste implica. Lo importante e interesante es que las aleyas citadas de esa Sura del Corán son una repetición de las creencias de las afirmaciones de la Mishná y no de la Torá. Y aquí viene la pregunta, ¿a qué se debe que la pretendida revelación divina sea sustancialmente una repetición de una disertación rabínica de un versículo de la Toráh? Se debe a que ni Mahoma sabía lo que decía y que a Gabriel, ese angelito díscolo, se le olvidó decirle que Alá no sabía la diferencia y distinción entre la Torá Escrita y la Oral. ¿Y cómo no iba a saberlo? Pues porque Alá es una idea de Mahoma, un dios hecho a su imagen y semejanza.

    Con lo aportado cada quien podría sacer sus propias conclusiones. Por lo anterior, y que bien podría ser corroborado por muchísimas otras citas que demuestran lo afirmado, el Corán en sus mejores y pocas partes es un calco no muy bueno de midrashim y hagadot de la Torá Oral. Siguiendo esta idea yo postulo una tesis: al Islam no le conviene el judaísmo porque es la única sabiduría espiritual que puede desmentir, desde sus raíz, a Mahoma y sus doctrinas, pues el espíritu de la Toráh, por principio, denuncia la falsa profecía venga de quien venga: propios y ajenos. Esto va ligado a un hecho político territorial que tienen una influencia directa con el actual conflicto palestino-israelí y que ya ha sido detectado por estudiosos como Mordejai Keidar , Bernard Lewis o Robert Spencer, quienes afirman, entre otras cosas, que dentro de la perspectiva histórica islámica el judaísmo ha sido anulado en este mundo al nacer el cristianismo, y que este, a su vez, fue anulado al nacer el Islam ya que éste no apareció en situación de igualdad con el resto de las religiones sino que llegó para reemplazarlas. Así el mero hecho de que el judaísmo siga vivo contradice todas las expectativas del islam y contradice la “profecía” de Mahoma, a lo que se debe sumar el temor creciente a que los judíos vuelvan a construir el Templo de Jerusalén y, por lo tanto, su “religión”, en opinión de clérigos (imanes o ayatolas) vuelva a ser relevante para el mundo.

  • Resp. 5988-¿Que opina un judío sobre el rollo de Ieshaiá?

    1- ¿Que opina un judío sobre los rollos del mar muerto, en específico el rollo de Ieshaiá / Isaías?

    2- ¿Es confiable el texto?

    3- ¿Es aceptable la traducción al ingles de los profesores Peter Flint y Eugene Ulrich?
    joel,n,24,elec.,SD,RD

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  • Resp. 5987-Nombres y personalidades

    Tenía 2 preguntas que hacerle, brevemente:
    1. ¿Por que Dios no le cambio el nombre a Noe cuando le entregó los mandamientos?
    1b. Porque si lo hizo con los patriarcas judios.
    2. ¿Por que antepone la Bondad antes que la Justicia como valores que debemos seguir como seres humanos?
    2b. Porque la justicia fue primero; Noe fue primero que Abraham, y Noe, hasta donde he entendido, representa la Justicia.

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