Categoría: CTerapia

  • Miedo al miedo

    Hemos enseñado y aprendido mucho en este sitio acerca del miedo.
    De su origen, de su función, de cómo manejarlo, de cómo evitar sus consecuencias, de sus modalidades, de su única raíz, de su diferencia con la precaución.
    Sí, hemos dedicado mucho tiempo, energía y trabajo para tener más conciencia carca de este importante tema, y sin embargo, hoy retomamos un poco su estudio.
    Te invito a repasar todo lo anterior y que encuentras en este hogar publicado, para seguir aprendiendo, para corregir, para mejorar, para obtener mayor Luz.

    El miedo está presente en nuestra vida, sea que se manifieste con mayor o menor presencia en nuestra conciencia.
    Es natural, es normal.
    Deja la zona de la normalidad cuando se convierte en crónico, imposible de eludir, más allá de límites relativamente soportables.
    Existen cinco miedos básicos, de los cuales se desprenden la infinidad de los otros miedos; a saber:

    • miedo a la imposibilidad física-material: muerte, enfermedad, accidente, encierro, pobreza, invalidez, vejez, debilidad, agresiones, hambre;
    • miedo a la imposibilidad emocional: soledad, sufrimiento, abandono;
    • miedo a la imposibilidad social: miseria, anonimato, rechazo, incapacidad de obtener logros valorados socialmente, burla, vergüenza, ser dejado fuera del grupo, exilio, destierro;
    • miedo a la imposibilidad mental: locura, senilidad, confusión, ignorancia, deficiencia perceptivo-cognitiva, olvido;
    • miedo a la imposibilidad seudo espiritual: a lo desconocido, al mal, a lo que hay después de la muerte, a seres fuera de la naturaleza, a brujería, etc.

    Estos cinco tienen una única raíz en común: el miedo a no poder.
    Al “no poder” se circunscriben todos nuestros miedos.
    Es la expectativa a no tener el control, a perderlo, a ser incapaces de dominar x aspecto.
    El miedo siempre es una mirada distorsionada hacia adelante.
    No está enfocado en el tiempo presente, ni toma en cuenta los reales datos para evaluar los riesgos y probabilidades.
    Lo que sentimos cuando sucede algo negativo o perjudicial ahora, no es miedo. Puede ser susto, impotencia, ira, pero no es miedo.

    Por supuesto que la cautela o precaución NO es miedo.
    Por el contrario, en la cautela se tiene en cuenta los posibles peligros así como la capacidad (poder) para evitarlos o reaccionar en caso de que se desencadenen.
    En el miedo, es la falta de poder lo que espanta, lo que lo genera.

    En base a esa expectativa de no poder, tomamos decisiones, seleccionamos, evitamos, huimos, agredimos, suponemos.
    Por esto, el miedo puede convertirse en determinante de nuestras vidas.

    Es necesario hacer consciente el miedo, admitir su presencia, reconocerlo, saber que está. Es muy perjudicial negarlo cuando existe. Tampoco es positivo minimizarlo y ridiculizarlo.
    Lo más efectivo es admitir que lo sentimos, para luego desarmar su efecto al aceptar que es solamente una proyección nuestra de sufrir a futura alguna impotencia.
    Es decir: reconozco que siento miedo, analizo y encuentro que me lo provoca la suposición de que no tendré el control en x situación futura. Pero, no es ahora que me está pasando, y por tanto no tengo ninguna forma de ejercer control sobre una situación que existe únicamente en mi fantasía. Pero sí puedo modificar mi fantasía, reubicarla dentro de los parámetros de la realidad.
    Si amerita que ande con cautela, entonces convertí el sentimiento de impotencia en una herramienta saludable.
    Si es una situación que deberé experimentar y en la que realmente no tendré el control, entonces podré optar por vivirla o evitarla. Si decido vivirla y no tengo el control, ¿de qué me sirve el miedo?

    Con un ejemplo quizás se entienda mejor.
    Estoy ahora en mi casa y me invitan a dar una conferencia en otro país. Deberé viajar en avión. Pero ahora no estoy abordo de ningún avión, estoy en casa, y sin embargo se dispara el miedo. El avión sufrirá un percance, cualquiera, y yo no tendré ningún poder allí. Caeré sin tener a mano nada que me salve. Seré un ente impotente, destinado al terror. Mi cerebro percibe mi miedo y dispara los mecanismos para evitar daños. Pero, no existe un peligro real, está solo en mi imaginación. Por lo cual, esos mecanismos en vez de ayudar a tranquilizarme, me agitan aún más. El cerebro percibe que el ánimo sufrido se incremento, por lo que automáticamente intenta rescatarme de lo que sucede. Pero eso no me sirve en la realidad, porque me hunde aún más en confusión y dolor. Y así continúa el ciclo negativo.
    Si no hago algo saludable, con mucha dificultad abordaré el avión y estaré sufriendo todo el viaje, y seguramente que después también.

    Como ves, la imaginación dio paso a reacciones en cadena que fueron incrementando el nivel de displacer.
    Mayor desconexión de la realidad, menos LUZ alumbrando nuestro ser.
    Más intentos desesperados del EGO por sostener la apariencia de control; pero que solamente servían para incrementar la sensación de impotencia.
    Estamos así sometidos al miedo.

    ¡Alto!
    Reconectémonos con nuestra NESHAMÁ, evitemos los jueguitos del EGO.
    Sepamos que tenemos poder, pero que también somos impotentes.
    Cuando estamos en condiciones de dominar, ¿por qué habremos de temer?
    Y si la situación es de falta de control, ¿de qué nos sirve desesperarnos?
    Claro, el EGO no hace este cálculo, solamente hace lo que sabe hacer: reaccionar con sus herramientas básicas.

    Es esa reacción la que debemos detener antes de convertirla en acto, y en lo posible antes de que sustraiga energía vital y la derive hacia imaginaciones tóxicas, de mayor desconexión con la realidad.
    Puedes decirte: “Ahora no estoy en el avión, estoy en casa, lo que imagino no es una realidad ni es un destino que ocurra. Sé que me genera miedo el volar, porque pueden pasar muchas cosas dañinas, la mayoría de las cuales van más allá de cualquier poder que yo tenga. Si quiero hacer el viaje, tomaré la decisión y me entregaré a lo que suceda. Controlaré aquello que está en mi dominio, y no me enfocaré en lo que no puedo controlar. Respiraré de la manera indicada, meditaré, rezaré, haré aquello que está en mí para que mi viaje sea placentero y luego ya no estaré sometido a mi mente secuestrada por el EGO. ¿Qué me quiere enseñar este miedo? ¿Qué puedo aprender de él? ¿Cómo hacer mejor mi tarea como constructor de SHALOM ahora que siento y sé que tuve este miedo?”.

  • El consejo diario 505

    Si aprendes a ordenar tu interior
    construyendo SHALOM en él,
    tendrás a disposición el verdadero poder para enfrentar con optimismo
    las vicisitudes que la vida presenta.

  • El consejo diario 500

    «Haced espadas de vuestras rejas de arado y lanzas de vuestras podaderas. Diga el débil: ‘Soy valiente.’»
    (Ioel / Joel 4:10)

    Si tienes en cuenta que mucha de tu debilidad son solamente ilusiones del EGO,
    y tomas conciencia de tu tarea como constructor de SHALOM,
    entonces podrás ser valiente,
    y convertir tus excusas en polvo, tus miedos en nada, tus vacilaciones en olvido.

  • El consejo diario 493

    Tú lo viste de este lado.
    Tu vecino lo ve de su lado.
    ¿Ya emplearon la Comunicación Auténtica para obtener una perspectiva mayor de la realidad?

  • El consejo diario 487

    Algo te ha molestado,
    te sentiste enojado,
    tal vez frustrado,
    quizás entristecido por no poder.

    ¡Eso es normal!
    No debieras sentirte pecador,
    ni permitir que nadie te manipule haciéndote sentir así.

    Lo que debes aprender es
    a NO reaccionar automáticamente cuanto te sientas así,
    sino,
    darte cuenta de tu sentimiento,
    encontrar qué te ha generado sentirte impotente,
    reconocer tus límites así como tu poder,
    y entonces elaborar una respuesta que edifique
    y por tanto te llenes de tranquilidad.

  • El consejo diario 486

    ¿Quién no ha sentido cansancio?
    Es normal, es parte natural de nuestra dimensión física.
    Nutrirnos de manera equilibrada y saludable, reposar, el ejercicio y acondicionamiento corporal, dormir suelen ser bálsamos para tal fatiga.

    Pero también, está el agotamiento emocional,
    aquel que se produce por un desgaste de la energía
    a causa de bloqueos de sentimientos, mantener reprimido asuntos, luchar para mantenerte en la zona de confort, deseos negativos, ánimo rencoroso o vengativo, invención desenfrenada de excusas, y todo lo que consume tu energía, vaciándote para llenarte de oscuridad y sufrimiento.
    No te descargas para fortalecerte, para construir tu personalidad,
    sino para debilitarte, para hacerte vulnerable, para introducirte más y más en el caos.
    Cuando no tienes conciencia ni estás orientado correctamente,
    tus cansinos intentos por tonificarte son irreales, para convertirse en amplificadores de tu agobio.
    Sumas sentimiento de impotencia a tu impotencia,
    más ahogo a tu asfixia,
    haciendo el sufrimiento constante.

    Deja de quejarte y de echar culpas.
    No te dejes conducir por reacciones automáticas allí en donde es tu mente racional la que debe comandar.
    No quieras dominar aquello que no controlas.
    Mejor, sé poderoso en lo que puedes.
    Deja fluir sin atormentarte por lo que no puedes dominar.
    Disfruta de lo permitido, mientras te alejas de lo prohibido.
    Comparte amablemente, pero pon límites para que no se aprovechen de ti.
    Pon límites justos, mantenlos.
    Comunícate auténticamente.
    Agradece.
    Reza.
    Estudia.
    Cuida tu salud física.
    Haz algo bondadoso por alguien, sin que ello represente un sacrificio para ti, y no esperes nada a cambio.

    De pronto te darás cuenta que estás rebosando de energía emocional,
    que no te sientes tan angustiado,
    que el sol brilla a pesar de las nubes,
    que tienes tanto por hacer, dar, recibir y disfrutar.

  • Amar por sobre los cielos

    מדת האהבה השרויה בנשמת הצדיקים היא כוללת את כל הברואים כולם, ואינה מוציאה מן הכלל שום דבר ולא עם ולשון, ואפילו עמלק אינו נמחה כי-אם מתחת השמים , אבל ע»י הזיכוך מתעלה הוא לשורש הטוב , אשר הוא מעל לשמים , ונכלל הכל באהבה העליונה , אלא שצריך כח גדול וטהרה עצומה ליחוד נשגב זה.

    מידות הראי»ה אהבה

    El valor del amor que anida en la NESHAMÁ (espíritu, Yo Esencial) de los justos, incluye a todas las personas, sin excepción, no deja fuera nada, ni nación o lengua; e incluso Amalec solamente es borrado de debajo de los cielos, pero gracias al proceso de purificación se eleva hacia la raíz del Bien, que está por encima de los cielos; es incluido todo con amor superior, pero hay que dedicar gran esfuerzo y pureza inmensa alcanzar una unificación como ésta.

    Así nos enseña el Rav Kook.
    Y tú que te enojas y armas terribles líos por cositas sin importancia… ¿no es así?
    Por cualquier cosa te ofendes, aunque después de un rato te das cuenta que no valía la pena.
    A veces, son cuestiones que parecen muy importantes las que te llevan a estresarte, digamos algo que sí amerita estar alterado… ¿no?
    Pero, releo la sabiduría del maestro, y encuentro que hasta el más perverso de los pueblos, aquel que su misión en la vida era destruir al pueblo judío para así erradicar el recuerdo y Nombre del Eterno, hasta ese infecto pueblo puede ser purificado y elevado hacia el Bien.

    Tenemos que aprender acerca del AMOR, que no es esa payasada romántica de los cuentos, ni esa manipulación emocional de religiones y sectas, ni tampoco un estado de ánimo.
    AMOR, es acción positiva y a favor de otro, sin esperar nada a cambio, y sin que nos perjudique.
    AMOR es un trabajo de unificación, de uno mismo en sus dimensiones; con el otro en su otredad. Sin embargo, NO debemos amar el mal, ni aceptar la injusticia, ni apoyar la negatividad. Pues, eso NO ES AMOR.
    El AMOR eleva, no se conduele con el mal; ni provoca el  malestar, ni se hace cómplice de ello.
    No tapa el pecado con excusas, ni se escuda en justificaciones para seguir alejado del Bien.

    El AMOR eleva con la construcción de SHALOM, y al hacerlo une.
    No es fácil, porque choca con tantas creencias, prejuicios, trabas, hábitos, que parece ser una tarea titánica e inaccesible.
    Pero, precisamente en el continuo trabajo por realizarlo, es que estamos ejerciendo el AMOR.

  • El consejo diario 480

    En la Tradición,
    puro significa conectado a la vida;
    impuro, su contrario.

    Hay cincuenta grados de impureza,
    así como cincuenta grados de pureza.

    ¿En cual peldaño te encuentras tú?
    ¿Qué aprendes de ello?

  • Pensar y crear

    No tenemos el poder para elegir nuestros pensamientos, pues estos surcan a una velocidad increíble la breve pantalla de la conciencia.
    Pero sí contamos con la capacidad para enfocar o dejar fluir, sin apegarnos a los que no nos benefician.
    Como si estuviéramos en una estación de tren, donde van y vienen infinidad de trenes, a numerosos destinos. Nosotros queremos viajar a un determinado lugar, por lo cual, estaremos atentos y nos iremos en aquel que nos sirva, o al menos nos aproxime. Dejaremos que los otros sigan su curso, sin dedicarles energía ni tiempo; aunque tal vez notemos su presencia, si tuviera alguna utilidad, en caso contrario simplemente pasarían sin atrapar ni una molécula de nuestra preciosa atención.

    Podemos entrenarnos en enfocar nuestra conciencia en aquellos pensamientos que sean de LUZ.
    Posiblemente no alcanzaremos la maestría en poco tiempo, pues será necesario dedicar mucho trabajo y esfuerzo para pulirnos; habremos de tropezar y caer, para luego incorporarnos y tomar experiencia e impulso renovado.
    La cuestión radica en no perder el rumbo, a pesar de la contrariedad y fallos.

    Por supuesto que de acuerdo a nuestras condiciones heredadas, así como a lo que hemos ido aprendido y adquiriendo como hábito, podremos encontrar mayor dificultad o facilidad.
    En líneas generales, todos podemos mejorar.

    Si cruzan por tu pantalla pensamientos de miedo, odio, ira, celos, venganza, culpa, manipulación, agresión, mentira, chantaje, amenaza, degradación o similares; estás enfocándote en la muerte en vida, o en la vida muerta.
    Pero, si tus pensamientos proyectados en tu conciencia son derivados del AMOR, tales como agradecimiento, elogio sincero, aprobación, bondad, ánimo, acuerdo, crítica constructiva, amabilidad, solidaridad, correctivos; entonces, la LUZ irradia en tu pantalla, dotándote de verdadero optimismo, de una mirada más clara y poderosa.
    Aquí tienes el secreto del pensamiento positivo en su rostro puro, sin malabarismos pintorescos, sin recurrir a farsas de ilusionista, sin mística de circo. El efecto benefactor del pensamiento positivo está en apartar la oscuridad para dar el espacio que le corresponde a la LUZ, para de esa forma tener una perspectiva realmente optimista y que promueve palabras y acciones beneficiosas.

    Tenemos el poder de expresar verbalmente muchísimos de nuestros pensamientos, y cuando sirve para la construcción de SHALOM, es bueno y necesario hacerlo. La expresión constructora de SHALOM la denominamos Comunicación Auténtica.
    Cuando no usamos la Comunicación Auténtica, estamos impidiendo fortalecer nuestro pensamiento creativo y saludable, porque profanamos nuestro santuario interior.
    Porque, aquello que debiendo ser dicho fue silenciado, puede convertirse en un foco infeccioso emocional.
    Aquello que debiendo permanecer silencioso fue dicho, probablemente se transforme en un problema.
    Lo mencionado agrediendo, basándose en falsedades, confundiendo, siempre terminan en callejones sin salida, donde se amontona energía y debilita al ser.

    Entonces, no esperes a que el bienestar provenga de afuera, comienza tú a poblar de bien tu ser, para de esa forma generarlo y compartirlo, al mismo tiempo que hacerte receptivo en caso de que te sea dado de fuera.

    Así, los tres ropajes de la NESHAMÁ (pensamientos, palabras, acciones) la representan con calidad.
    Vamos por la vida construyendo SHALOM, en los actos de bondad Y justicia; en las palabras bondadosas Y justas; en los pensamientos que juzgan meritoriamente.

    Entonces, incluso cuando estamos en dificultades, reaccionamos positivamente, buscando soluciones reales y no fantasías o ahondar los problemas.
    Aunque alguien diga alguna cosa agraviante, no respondemos desde el EGO, sino desde el AMOR, sin por ello permitir que prevalezca el mal y lo torcido.

  • Dos límites

    Nuestra Zona de Confort (ZC) se encuentra demarcada por dos límites:

    • el real; y
    • el imaginario.

    Cuando pretendemos traspasar el límite real, nos golpeamos y no logramos atravesarlo.
    Tal vez podemos encontrar alguna manera de sortearlo, sea intentando por otro lugar, con más fuerza, en otro momento, aunque tarde o temprano llegaremos al muro que es infranqueable.
    Por tanto, con ingenio, creatividad, esfuerzo, dedicación, compromiso, paciencia, ejercicio, tesón, humildad, estudio seguramente que tendremos chances para dar algunos pasitos que en principio podrían resultar imposibles de concebir o caminar.
    Pero, si al darnos contra el muro, el único procedimiento que usamos para cruzarlo es la repetición casi compulsiva de los mismos actos, chocando una y otra vez, sin variar, sin analizar los datos, sin buscar alternativas, sin evaluar racionalmente las posibilidades, entonces tal vez y con suerte tengamos algún avance; lo más probable es que nos llenemos de chichones y heridas de impotencia.

    ¿Cómo saber cuando hemos llegado al límite máximo y ya no vale la pena seguir intentando?
    ¿Cómo saber que es hora de probar otra cosa, dar finalizado algo, asumir nuestra limitación en ese aspecto?
    ¡Son excelentes y frecuentes preguntas!
    Te pido que compartas conmigo y los lectores tus ideas al respecto aquí debajo, en la zona para comentarios.

    El límite ilusorio está solamente en nuestra mente, tal vez se para sobre algunos aspectos pequeñitos reales, pero luego se hincha hasta abarcar terrenos en los cuales no existe ningún murallón, ni peligro cierto, y sin embargo nos paralizamos sin poder dar siquiera un paso.
    Esta frontera se yergue de forma amenazadora, su irreal presencia nos llena de angustias terribles, de dudas, de impotencia mayor cada vez.
    Lanza proclamas punzantes y dolorosas, en un monólogo interno y a veces hacia quien quiera oírlo, con los: no puedo, no sirvo, nunca lo hice, no podré, soy débil, soy inútil, mi madre me odia eso demuestra lo basura que soy, ya probé y fracase, mi destino es amargo, mi carta astral me lo marca, algún pecado cargo que me provoca esta vulnerabilidad, nadie me presta atención, si me muriera nadie se enteraría, quién puede quererme, etc.
    Con el muro imaginario, uno de verdad no se choca, porque no hay nada ahí con lo que colisionar; y sin embargo, tiene una fuerza enorme para debilitar y tullir. Energía que es robada a la vitalidad, a la alegría, al emprender proyectos y realizarlos, al disfrute, a avanzar efectivamente, al estar en paz y en calma. Energía que se malgasta y no se invierte, sino que se diluye en intentos destinados al fracaso. Y también, energía dilapidada en tapar el daño provocado, en disimular la impotencia, en tratar de aparentar algo mejor a lo que se está viviendo, en inventar justificaciones, en quejarse, en echar culpas, en huir de la realidad, en defenderse, en agredir, en… ¡tantas cosas que sirven para mantener vigente el muro imaginario y profundizar el drama personal y de relación!
    Aunque no lo parezca, los soberbios, los sabelotodo, los maltratadores, los chismosos, los perezosos, los envidiosos, los manipuladores, los que se creen merecedores de favores y dones especiales, y gente por el estilo; son típicas formaciones reactivas de gente aprisionada y agotada por sus límites fantaseados.

    Contra la pared ficticia nos podemos seguir topando un millón de veces, padeciendo millones de veces, sin avanzar ni destinar las energías hacia algo productivo.
    Nos consume.

    Pero, ¿se puede atravesar este muro angustiante que nace en nuestras creencias?
    ¡Por supuesto que sí!
    Porque, no tiene existencia real, aunque sus efectos son muy reales.
    Al hacerte consciente de tus recursos, de tus potenciales, de tus fuerzas, así como también de tus creencias de fracaso, de tus miedos, de tus aprendizajes tóxicos; al hacerte consciente, estarás convirtiendo en humo a ese muro gigante, para poder cruzar sin problemas y ampliar así tu ZC y hacerla mucho más saludable, productiva, disfrutable.
    Es necesario un trabajo de consciencia, pero necesariamente también de aplicación en la realidad. No basta con soñar, ni aprender a pensar en positivo; es indispensable actuar hacia la meta fijada, más allá del irreal muro que te detiene y angustia. El paso puede parecer doloroso, pero no lo es, por el contrario, es liberador, satisfactorio aunque no se alcance aquello anhelado.
    Ya el hecho de diluir una muralla irreal, nos hace victoriosos.

    Te brindaré un ejemplo de ambos casos.
    1- Solicitan para un importante trabajo a una persona menor de 40, con certificado de conocimiento de inglés a nivel terciario, estudios y títulos en Recursos Humanas, y con al menos diez años de experiencia laboral en el rubro X.
    Tengo 50 años, apenas si entiendo inglés, mis estudios son de jardinería y mecánica automotriz, nunca trabajé en el rubro X.
    Evidentemente de estas paredes contundentes, quizás pudiera hacer algo con respecto al conocimiento de inglés, pero igualmente no podría calificar para este empleo en particular.
    Son muros concretos, no dependen de mi imaginación.

    2- Es la misma solicitud, pero tengo 35 años, estudié todo lo que piden y tengo certificaciones y títulos de todo ello, tengo más de diez años de experiencia; pero, de los dos últimos empleos me despidieron, y en las últimas dos ocasiones que me postulé para un trabajo no me aceptaron. Estoy seguro que algo falla en mí, no sé bien qué pudiera ser, pero evidentemente por algo me han echado y no me han vuelto a contratar. Mis amigos insisten en que me presente al llamado, pero yo estoy convencido que no sirvo, que pudiera seguir viviendo del seguro que otorga el Estado por desempleo algunos meses más y entonces ver qué hacer para mantenerme. Ya no me considero capaz de pelear por un puesto laboral de importancia, ni hacer valer mis estudios y experiencia. ME angustia la sola idea de sufrir un nuevo rechazo. Por lo cual, me enojo cuando mis amigos siguen con la misma cantinela, parece que les cuesta entender cuánto me tortura el ser un fracasado y saber con seguridad que no hay nada bueno para mí en el futuro.

    Ahora, otra pregunta que resulta habitual e interesante: ¿Cómo saber que estamos ante un límite real y no imaginario?
    A veces pudiera parecer difícil distinguirlos. Porque, aquello que denominamos real también llega a nuestra percepción y a nuestra conciencia a través de como desciframos “la realidad” y nos manejamos en ella. Entonces, pudiera resultar dificultoso discernir cuando estamos ante un límite u otro.
    Tampoco para esta pregunta daré respuesta, ahora; sino que esperaré a que compartas conmigo y los lectores tus ideas, experiencias, lecturas, etc., que nos brinden alguna luz al respecto.

  • ¿Ego espiritual?

    El EGO, también llamado IETZER HARÁ, tiene asiento en una sección del cerebro, que compartimos con muchas especies animales.
    No es una entidad mística, ni un ángel alado de luz o oscuridad, ni una energía metafísica, ni siquiera es una metáfora, sino una función natural, instintiva, primitiva, normal que se dispara en ocasiones en las cuales estamos en impotencia y precisamos reaccionar de forma automática e inconsciente para obtener auxilio externo o para actuar de forma refleja para salvarnos del percance.

    El problema radica cuando el EGO se dispara cuando sentimos impotencia y no la estamos experimentando en la realidad; porque estaríamos desplegando un repertorio de respuestas inapropiadas para resolver la situación.
    También es conflictivo cuando debiendo recurrir a otros mecanismos caemos en el hábito de actuar bajo el mando del EGO; así, la respuesta más evolucionado debiera servir para resolver las cuestiones de manera eficiente, pero al actuar de acuerdo al EGO terminamos ampliando y/o profundizando una crisis.

    El EGO, cuando ejecuta su trabajo dentro del marco adecuado, es un gran aliado; está precisamente para ello, para salvarnos.
    Pero, cuando irrumpe y trastorna el accionar en situaciones innecesarias o inadecuadas, se convierte en un obstáculo (a superar).
    Por esto mismo, es que al sortear las trampas del EGO logramos fortalecernos, crecer, mejorar, beneficiarnos.
    Por tanto, incluso al estar usurpando roles y molestando, si sabemos cómo manejarnos correctamente, el EGO no es más que la mancuerna para ejercitarnos en nuestro entrenamiento del músculo de la superación personal. Pero, si tropezamos y caemos con sus trucos, entonces es doble el esfuerzo para sobresalir y perfeccionarnos.

    Muchas personas terminan en ciclos tóxicos, de enfermedad, abandono, pobreza, idolatría, engaños, desanimo, locura, enojo, altercado, separación, etc., por estar siendo comandados por su EGO, en lugar de mantenerlo limitado y al servicio del bienestar del individuo.

    Por su parte, el espíritu, la NESHAMÁ, el Yo Esencial, no tiene asiento en ninguna parte de nuestro organismo. Quizás, y de ello no tengo certeza, alguna porcioncita del cerebro actúa como su interfaz con el cuerpo; no lo sé, no tengo como saberlo, y prefiero no especular.
    Esa identidad pura que somos, aquí/ahora y en la eternidad, no puede ser modificada por el EGO, ni por nada que hagamos o dejemos de hacer. La NESHAMÁ no depende de nuestra voluntad, deseo o accionar, sino que solamente depende del Eterno, pues es una chispa Divina. Así pues, si hay algo de nuestro ser que jamás puede ser conquistado por el EGO, o secuestrado para servirle, es el espíritu.
    Pero, nuestras acciones van creando cáscaras en torno al espíritu, sin tocarlo en lo más mínimo, sin disminuir un grado de su brillantez. Lo que se obstaculiza es la llegada de su LUZ al resto de nuestro ser. Cada pecado, desviación de la senda correcta, pone una mancha que rodea la LUZ. Cada acción sintonizada con la senda del bien, limpia una de esas manchas, o amplía el canal de pasaje de la LUZ para que irradie con mayor potencia en nuestro ser. Así también actúa la TESHUVÁ, limpiando, armonizando, encaminando, devolviendo la luminosidad a los rincones oscurecidos.

    Si comprendes esto, te das cuenta que es imposible hablar de un EGO espiritual.
    El EGO impide el pasaje de la LUZ, pero no afecta al espíritu.
    La NESHAMÁ continuamente alumbra, susurra para orientarnos, es la brújula imperceptible que nos marca el norte ético que debiera movernos y servirnos para pensar.

    El espíritu, lo espiritual no pueden ser egoístas, es por definición algo imposible.
    Si bien, el propio espíritu nos impulsa a mantener una actitud de “egoísmo positivo”, que es el afán por obtener aquello que precisamos para nutrirnos y crecer, sin que por ello agredamos injustamente a otro ser.

    Entonces, si te encuentras con gente que dice estar transitando el camino espiritual, pero sus acciones no lo demuestran; debes tú evaluar cuánto oído prestar a sus prédicas y peticiones. No está en ti juzgar de manera parcial, ni condenar; pero sí es tu deber analizar, estimar, para conducirte con la LUZ a través de acciones concretas de bondad Y justicia.
    Esto es el grado máximo, actuar siempre como constructor de SHALOM, actuar con bondad Y justicia.

  • Ciclo negativo

    Una familia donde falla la Comunicación Auténtica, por tanto existen malos entendidos, distorsiones, agravios, confusión, engaños, censuras, exageraciones, prejuicios, imprecisión, irrespeto.
    Por consiguiente, no faltarán enojo, reproches, culpas, enfermedad emocional, negaciones, mentiras, excusas, justificaciones, desaprobaciones, abandono, insultos, gritos, violencia en varios niveles.
    En resumidas cuentas, un sentimiento persistente de impotencia, en unos y otros integrantes de la constelación.
    Cuanta mayor presión para aparentar “normalidad”, buenas relaciones, vínculos saludables, armonía, bienestar, paz; el resultado suele ser mayor angustia, sufrimiento, ira, caos interno y externo.

    De forma natural y automática se disparan las herramientas del EGO a todo vapor, todo el tiempo: gritos, llantos, violencia física, ocultamiento, falsedad, oposición irracional, una vida teatralizada como siguiendo un guión de pésima elaboración.
    El uso de estas herramientas impulsa de manera, también automática, a mayores profundidades de impotencia, a mayor dolor, a mayor enojo reprimido.
    Sí, el enojo reprimido es inmenso, y lo que se intenta para taparlo, solamente sirve para aumentarlo.
    Podrá no surgir a la vista, ni ser consciente para quien lo carga o quien lo padece, pero allí está, bullendo, carcomiendo, reclamando energía para sobrevivir y para mantenerse cegado.
    La presión interna aumenta, y tal como si de una olla de presión se tratara, que tiene la válvula de seguridad rota y en cualquier momento estalla, provocando daños terribles, gigantes, más allá de toda contención previa y precaución.
    La energía se desperdicia en contener el enojo, mal contenerlo en realidad, porque aparece en distracciones, sueños, y aparentes olvidos o accidentes.
    La energía se desperdicia, entonces queda menos enfocada para realizar con calidad las tareas, lo cual produce errores, que son nuevos disparadores de sentimiento de impotencia, que provocan mayor presencia de las herramientas del EGO. O, tal vez las tareas se hagan de manera totalmente lenta, pausada a grados extremos, con una precaución inaudita, que sea todo esto para evitar los errores. Sin embargo, las metas no se alcanzan, el entorno presiona por resultados y a tiempo, lo cual produce sentimiento de impotencia, que dispara las herramientas del EGO, que…
    Como ves, se está en un fabuloso ciclo negativo, del que pareciera no existir salida.

    Algunos encuentran involuntariamente un mecanismo patológico para ir librando presión, al padecer de compulsiones y obsesiones.
    Acciones y pensamientos que toman de rehén a la persona y a quienes le rodean, sometiéndole a todo tipo de humillaciones, vergüenzas, desgastes, ridículos, penas, pero que al mismo tiempo permite seguir sosteniendo la vida sin provocar graves daños evidentes. Son el mal menor, insoportables, terribles, pero hasta cierto punto menos temidos que lo que se fantasea pudiera resultar la catástrofe de dejar explotar la presión contenida, llena de ese enojo podrido, de un rugido abrumador de dolor dispuesto a destruir con tal de desagotarse.

    ¿Se entiende la paradoja del conflicto de quien padece esto?
    Si se quiere librar de su dolor, cree inconscientemente, que debe estallar para quitar de su interior tanta oscuridad.
    Si no quiere sufrir las consecuencias de ese siniestro, entonces debe ir dejando salir de manera tormentosa y horrible su malestar y violencia, por medio de sus pensamientos y acciones pesados y abrumadores, también llenos de enojo mal disimulado.
    Aquel que padece de esas voces internas que llevan a actos reiterados, rituales, absurdos, como imposibles de evitar; o los pensamientos de ese tenor; seguramente podrá reconocer que lo que los dispara suele ser una idea agresiva o violenta. Ejemplo: debo revisar otra vez, y ya van 323545 en esta noche, que la salida del gas esté cerrada (porque si no, puede volar por los aires mi casa con nosotros dentro). Otro: sé que no pise a nadie con el auto, pero tengo que parar nuevamente y fijarme que no hay nadie, o pedazos de alguien, adheridos al chasis del auto, víctima de un atropello por mi parte. Otro: me tengo que volver a lavar las manos, en un ritual que lleva media hora exactamente, porque acabo de tocar algo y estoy infectado de bacterias que producen enfermedades mortales. Otro: debo corregir nuevamente ese cuadro para dejarlo perfectamente horizontal, porque si no, algo malo puede llegar a suceder.

    Se puede reconocer todo esto, como una vivencia personal, que está sucediendo realmente y no como mera especulación teórica.
    Entonces, ser capaz de ponerlo en palabras.
    Identificar el origen del rencor, descubrir la impotencia, hacerse cargo de lo que uno ha hecho, darse cuenta del lugar que se ha ocupado, convertir la presión en aire modulado, que vaya siendo liberado sin dañar, aunque seguramente perturbará y pondrá al descubierto las cosas que tanto trabajo y dolor ha costado ocultar.

    En ese proceso de aligerar la carga es indispensable recurrir a la Comunicación Auténtica, para no dejarse llevar más por el EGO.
    Entonces, se abre de a poco una gran puerta al aire libre, que irá posibilitando llenar de frescura, claridad, sanidad, dicha, bienestar, el alma que había estado siendo torturada.

    A esto se le debe sumar la aceptación del error, el elogio a la impotencia, el aprender a disfrutar de lo incompleto, la satisfacción del logro parcial si fue alcanzado con el máximo esfuerzo y capacidad posibles aquí y ahora.
    Aprender a dejar fluir sin inquietarse aquello que no podemos controlar.
    Pero, controlar con decisión lo que sí está en nuestro dominio.
    Aprender a gozar de lo permitido y agradecer con sinceridad.