¿Qué pasa cuando la pasión por la selección (sea Argentina o España) choca con los días de mayor duelo del calendario judío?
En este video abordamos un dilema que trasciende lo deportivo. Si la final del Mundial ocurre durante «Los Nueve Días» previos al 9 de Av, la Halajá nos pide límites claros frente a la euforia pública. Pero hoy, a la tradición se le suma una realidad ineludible: la hostilidad global que exige activar el principio de Darkei Shalom (los caminos de la paz) por pura prudencia comunitaria.
Sin embargo, ¿significa esto que debemos ocultar nuestro arraigo? Para nada. Analizamos por qué celebrar los triunfos de nuestra tierra de origen o residencia es un acto de cariño y gratitud legítimo, lejos de cualquier hipocresía. El desafío es educar la pasión: entender que el fútbol es un juego (y un gran negocio) que no debe convertirse en nacionalismo tóxico, ni mucho menos en una plataforma para politizaciones absurdas que mezclan el deporte con figuras como Messi, Milei o Trump.
Acompañame en esta reflexión sobre cómo vivir nuestra identidad con dignidad, patriotismo bien entendido, responsabilidad colectiva y madurez espiritual.
Dejanos tu comentario: ¿Cómo encontrás vos el equilibrio entre la pasión, la ciudadanía y el respeto por nuestra identidad en tiempos tan complejos?
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