Negativismo… ¡fuera de mi vida!

En nuestra parashá se ordena lo siguiente:

"El fuego sobre el altar, encendido en él, no será apagado."
(Vaikrá / Levítico 6:5)

Dice la Torá: "el fuego encendido en él", pero… ¿en qué "él" está encendido ese fuego?
¿En el altar?
¿En el cohén -sacerdote- que se encarga de las labores junto al altar?

De acuerdo al contexto, la respuesta surge por sí sola:

"El fuego ha de arder permanentemente en el altar; no se apagará."
(Vaikrá / Levítico 6:6)

Por otra parte, ¿por qué la Torá repite casi similar idea en más de un versículo de este capítulo?
¿Por qué la insistencia de que el fuego "en él" este constantemente encendido?
Sabemos que no hay repeticiones banales en la Torá, por tanto alguna enseñanza está aparente repetición nos debe dejar.
¿No será para indicarnos que el fuego interior (metafórico) del sacerdote debe permanecer encendido infatigablemente, tal como el del altar?1

Así como las llamas del altar quemaban al animal2 ofrendado al Eterno, y el humo se elevaba llevando la fragancia hacia las alturas;
la persona debiera tener encendido su fuego interno, la llama de la espiritualidad, para permitir elevar su vida de un mero materialismo, a una vida plena de sentido.
Para que no pase por el mundo como esclavo de su ego,
sino que tenga una verdadera vida, de solidaridad y trascendencia.

En el profeta una idea similar está expresada de la siguiente manera:

"¿No es Mi palabra como el fuego y como el martillo que despedaza la roca?, dice el Eterno."
(Irmiá / Jeremías 23:29)

Es la Torá, LA palabra del Eterno, el fuego,
en tanto que las mitzvot -mandamientos- forman el martillo,
ambos, de Torá y mitzvot, despedazan hasta el más duro y acendrado materialismo, egoísmo.

Y el proverbista inspirado nos enseñó:

"Porque el mandamiento es antorcha, y la Torá es luz. Y las reprensiones de la disciplina son camino de vida."
(Mishlei / Proverbios 6:23)

Nuevamente vemos que la Torá es el fuego, la luz.
Los preceptos son la antorcha, el martillo, la acción que porta la luz de Vida.

Cuando esa intensa llama interna alumbra desde los recovecos del alma, la persona queda en un estado especial, que le permite hacer de lo material un servidor de lo espiritual.
Con esta flama, lo cotidiano cobra una nueva valoración, ya no es lo mismo de siempre, ya no es más de lo pasajero que estimula nuestro sentidos por un instante, para luego desaparecer. Sino que toma un carácter de trascendencia, de momento irrepetible, de conexión con la santidad.
La pura flama interna, vincula la vida con la Vida, a la persona con la Eternidad.

Es como ocurre con el cuero, que en lo material es una sección de un animal muerto; pero cuando se lo usa para fabricar tefilín, y se lo imbuye de sentido trascendente (en Honor al Eterno), entonces ese pedazo de cuero adquiere santidad.
Ya no es un mero trozo de animal muerto, ahora es un elemento que conecta con la Vida.

Al saber esto, quizás podemos comprender más cabalmente este fragmento talmúdico:

"Los estudiantes le preguntaron a Rabí Ada ben Ahava: ‘¿Por qué mereciste una vida tan larga?’
A lo que respondió el sabio: ‘Una razón, es porque siempre me puse tefilín’
".
(Taanit 20b)

¿Lo entiendes?
Cuando descubres este mensaje de los tefilín, entonces estás dando verdadera vida a tus días.
Descubres que en aquello que en apariencia es poco valioso, quizás se esconde algo sumamente rico y eminente.
Descubres que tú eres algo más que un conjunto de células, aprendes a valorar tu ser, que es único e irrepetible.

Es como hizo el Eterno al crear al crearnos:

"Y formó el Eterno Elokim al humano, polvo de la tierra. Y sopló en sus narices aliento de vida, y el humano llegó a ser un ser viviente."
(Bereshit / Génesis 2:7)

Básicamente somos tierra, polvo, nada; pero cuando en nuestro interior se ha insuflado el fuego divino, entonces cobramos vida, somos personas y no solamente estatuas inertes.

Es como ocurre con las cosa simples de la vida.
Puedes comerte una manzana por placer, para saciar tu apetito, por que es parte de tu dieta.
Y nada de eso está mal.
Haciendo así, estarías alimentando solamente una parte de tu ser: el cuerpo.
Pero, si bendices correctamente, y por tanto agradeces al Eterno por la manzana que estás por comer, entonces, tu espíritu también se alimenta, adquiere una energía que no tenía antes, y que ahora le da mayor poder para obrar y obtener bienestar.

Entonces, cuando ese fuego, esa luz vivificadora, la espiritualidad, está encendida dentro de ti, encuentras que tu vida es algo más que un pasaje en un valle de sombras, o una huída perpetua entre diversiones;
si tu espíritu alumbra tu vida, puedes decir junto al salmista:

"Porque has librado mi vida de la muerte y mis pies de la caída,
para que ande delante de Elokim en la luz de la vida.
"
(Tehilim / Salmos 56:14)

Es el Eterno quien libra de la muerte, quien da Vida.
Nos ha dado las herramientas para hacerlo: Torá y preceptos.

En el lenguaje inspirado y poético del salmista:

"Ciertamente contigo [Eterno] está el manantial de la vida; en Tu luz veremos la luz."
(Tehilim / Salmos 36:10)

Ahora bien, el Alter Rebe (Rabi Shneur Zalman de Liadi) interpretó "que el fuego no se extinga en él" como: "debes extinguir lo negativo".
¿De qué otra manera se puede preservar la llama de la santidad, sino apagando los impulsos hacia lo negativo?
Cuando nos dedicamos a las acciones positivas, a hacer el bien, a cumplir con los mandamientos; entonces restamos poder a las influencias negativas, nos alejamos de malos pensamientos, endulzamos los malos sentimientos… ¡obtenemos vida!

Tal como el profeta nos enseña:

"¡Buscad el bien y no el mal, para que viváis! Así estará con vosotros el Eterno Elokim de los Ejércitos"
(Amós / Amós 5:14)

¿Qué es eso bueno que podemos hacer para vivir?

La respuesta, nuevamente nos la brinda un profeta:

"¡Oh hombre, Él te ha declarado lo que es bueno! ¿Qué requiere de ti el Eterno? Solamente hacer justicia, amar misericordia y caminar humildemente con tu Elokim."
(Mijá / Miqueas 6:8)

Esto es bueno y da vida:

  • Hacer justicia;

  • Amar misericordia;

  • caminar con humildad con el Eterno, por tanto, acatar Sus mandamientos que Él nos ha dado a cada uno.

Si vivimos de esta manera, tenemos la llama espiritual encendida dentro de nuestro ser, y viviremos verdaderamente en Este Mundo y en el Venidero.
Y aunque nos quieran avergonzar o dañar los malvados, ¡en nada seremos avergonzados!
Como nos educa el salmista inspirado:

"Los soberbios forjaron engaño contra mí, pero yo guardaré de todo corazón Tus mandamientos."
(Tehilim / Salmos 119:69)

Cuando todo el corazón está dedicado al servicio al Eterno, cumpliendo con Sus mandamientos, entonces… ¿qué mal nos puede alcanzar?

Es hora de quitar el negativismo de nuestra vida, inflamemos nuestro espíritu con actos de bondad y justicia, con estudio de Torá, con cumplimiento de los preceptos… ¡ese es el camino!

¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!
¡Cuídense y gocen de lo permitido para qué sepamos construir shalom!

Notas:

1- En realidad, Rashi in situ, refiriendo al Talmud (Ioma 43b) nos recuerda implicaciones prácticas de estas repeticiones.

2- Recordemos que había ofrendas vegetales y de libaciones también.

Moré Yehuda Ribco

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"La persona generosa será prosperada, y el que sacia a otros también será saciado."
(Mishlei / Proverbios 11:25)

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