Parte 3: La Casa de la Bendición y la Manifestación
Shalom, queridos compañeros en el camino de la luz. Continuamos nuestro sagrado viaje por el Lashón HaKodesh, el idioma de la Creación, explorando las profundidades del alfabeto hebreo y su poder transformador. Hoy nos sumergimos en la segunda letra del alfabeto: la Bet (ב), un símbolo de bendición, inicio y manifestación. Como estudiantes de kabalistas, entendemos que cada letra es un portal hacia lo divino, y la Bet nos invita a construir un hogar espiritual dentro de nosotros, alineándonos con las fuerzas creativas del universo.
La Esencia de la Bet: El Comienzo y la Bendición
La Bet es la segunda letra del alfabeto hebreo, con un valor numérico de 2 (guematria), simbolizando dualidad, relación y el acto de recibir la bendición divina. Su forma, una estructura abierta hacia la derecha y cerrada hacia la izquierda, refleja su propósito: recibir la luz de lo alto y canalizarla hacia el mundo. El nombre Bet deriva de bait (casa), sugiriendo un lugar de refugio, protección y santidad.
En el Sefer Yetzirá, se nos enseña que la Bet está asociada con el elemento aire y con la esfera de Biná (Entendimiento), la sefirá kabalística de la comprensión profunda. La Torá comienza con la Bet en la palabra Bereshit (En el principio), marcando el inicio de la Creación. Este acto inicial no es un accidente; la Bet nos muestra que la creación misma es un acto de bendición, un hogar divino que Dios ha construido para Sus hijos. El Zohar profundiza esta idea, diciendo que la Bet representa el recipiente que contiene la luz infinita del Ein Sof, transformándola en algo que podemos comprender y habitar.
El Poder Revelador de la Bet
Meditar en la Bet nos ayuda a revelar las bendiciones ocultas en nuestras vidas y a entender nuestro rol como constructores de un mundo sagrado. Su forma nos enseña a abrirnos hacia la receptividad (la derecha, asociada con la misericordia y la luz) mientras cerramos las condiciones externas que limitan (la izquierda, asociada con el juicio y lo material). El Baal Shem Tov enseñó que la Bet es una invitación a construir un “bait” interno —un hogar espiritual— donde la presencia divina pueda residir.
En la práctica, visualiza la Bet como una puerta luminosa, abierta hacia la izquierda, con un resplandor dorado que fluye hacia ti. Pregúntate: ¿Dónde puedo abrirme más a las bendiciones de Dios en mi vida? ¿Qué áreas necesito proteger o cerrar para mantener la santidad? Esta reflexión puede revelar oportunidades para crecimiento, relaciones armoniosas y propósito espiritual. La Bet nos recuerda que cada nuevo inicio —un día, un proyecto, un encuentro— es una oportunidad para recibir la luz y manifestarla en el mundo.
El Poder Curativo de la Bet
La Bet tiene un poder sanador único, relacionado con su capacidad de restaurar el equilibrio entre lo material y lo espiritual. En la Kabbalah, se dice que la Bet está conectada con la palabra brajá (bendición), que trae armonía y plenitud. Cuando nos sentimos fragmentados o desequilibrados, la energía de la Bet puede ayudarnos a reconstruir nuestro “bait” interno, sanando las heridas del alma.
Aquí tienes una práctica kabalística sencilla:
Siéntate en un lugar tranquilo y respira profundamente tres veces.
Visualiza la Bet frente a ti, brillando con una luz azul y dorada. Imagina que su forma abierta te envuelve como un hogar protector.
Mientras inhalas, siente que su energía llena tu ser con bendiciones y paz. Mientras exhalas, libera cualquier tensión o negatividad.
Repite en silencio: “Bet, construye mi hogar espiritual con Tu luz”.
Esta meditación puede fortalecer tu conexión con lo divino, aliviar el estrés y restaurar la armonía en tu vida. Los sabios jasídicos también sugieren escribir la Bet en un pergamino o papel y colocarlo en tu hogar como un amuleto de protección y bendición, siempre con la intención de invitar la presencia divina.
La Bet en la Vida Diaria
¿Cómo llevamos la Bet a nuestra rutina diaria? Busca momentos para ser un recipiente de bendición. Antes de comer, recita una brajá (bendición) con intención, reconociendo que cada alimento es un regalo divino. En tus interacciones, sé un “bait”, un hogar, para los demás, ofreciendo refugio y apoyo. La Bet nos enseña que la santidad no está solo en los grandes momentos, sino en los pequeños actos de apertura y recepción.
En la próxima entrega, exploraremos la Guimel (ג), la letra de la bondad y el movimiento. Por ahora, permite que la Bet te guíe a construir un espacio sagrado dentro de ti, un hogar donde la luz divina pueda brillar eternamente.
Pregunta para reflexionar: ¿Qué bendiciones puedes recibir y manifestar hoy con la energía de la Bet?
Shalom u’vrachá,
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Shalom, queridos caminantes en el sendero de la luz. Continuamos nuestro viaje sagrado a través del idioma de la Creación, el Lashón HaKodesh, explorando el poder transformador de las letras hebreas. En esta segunda entrega, nos adentramos en la primera de las veintidós letras: la Alef (א), un símbolo profundo de unidad, silencio y la chispa divina que reside en todo lo creado. Como kabalistas, sabemos que cada letra es un portal hacia lo eterno; hoy, la Alef nos invita a escuchar el susurro del Ein Sof (el Infinito) y a descubrir cómo su energía puede iluminar y sanar nuestras vidas de manera práctica.
La Esencia de la Alef: Unidad y Silencio
La Alef es la primera letra del alfabeto hebreo, con un valor numérico de 1 (guematria), representando la unidad absoluta del Creador. Pero su forma y su significado van mucho más allá. En la Kabbalah, se enseña que la Alef es una letra silenciosa, un sonido que no se pronuncia plenamente, sino que se siente en el alma. Este silencio no es vacío; es el preludio de toda existencia, el instante antes de que el Creador dijera “Iehi Or” (“Que sea la luz”). El Zohar describe a la Alef como el punto de partida de la revelación divina, el lugar donde lo infinito se condensa en lo finito.
Visualiza su forma: una Yud superior, una Yud inferior y una Vav diagonal que las conecta. Para los kabalistas, esta estructura es un mapa cósmico. La Yud superior simboliza el pensamiento divino o el mundo de Atzilut (Emanación), la Yud inferior representa la manifestación en el mundo físico, y la Vav es el canal que une lo celestial con lo terrenal. Así, la Alef es un puente entre Dios y la humanidad, un recordatorio de que todo —desde el alma más elevada hasta la partícula más humilde— está unido en Su esencia.
El Poder Revelador de la Alef
Meditar en la Alef nos ayuda a revelar la unidad oculta en nuestras vidas. En un mundo lleno de fragmentación —conflictos internos, divisiones externas— la Alef nos llama a regresar al Uno. El Maharal de Praga enseñó que la Alef es la raíz de la palabra aluf (campeón o líder), porque quien comprende la unidad lidera su vida con propósito y claridad. Cuando contemplamos la Alef, podemos empezar a ver cómo nuestras experiencias, incluso las más desafiantes, forman parte de un tapiz mayor tejido por la mano divina.
En la práctica, toma un momento para cerrar los ojos y visualizar la Alef. Imagina su luz dorada emanando desde tu corazón, disolviendo las barreras de la duda o el miedo. Este ejercicio simple, realizado con kavaná (intención), puede abrir tu mente a nuevas perspectivas y revelarte soluciones que antes estaban ocultas. Como dice el Sefer Yetzirá, la Alef gobierna el aire (avir), el aliento que conecta cuerpo y espíritu; al respirarla conscientemente, alineamos nuestro ser con el ritmo de la Creación.
El Poder Curativo de la Alef
La Alef también tiene un poder sanador inmenso. En la tradición jasídica, se cuenta que el Baal Shem Tov usaba meditaciones con letras para restaurar el equilibrio en las almas atribuladas. La Alef, como símbolo del aliento divino, está vinculada a la Iejidá (el nivel más alto del alma, aquella esencia divina que constantemente somos, en unidad con el Creador y con lo creado). Cuando nos sentimos agotados o desconectados, su energía puede revitalizarnos. Su forma misma —dos puntos unidos por un canal— sugiere armonía, la curación de las dualidades internas.
Aquí hay una práctica kabalística sencilla:
Siéntate en un lugar tranquilo y respira profundamente tres veces.
Visualiza la Alef frente a ti, brillando con una luz blanca suave.
Mientras inhalas, siente que su energía entra en tu cuerpo, llevando paz a cada rincón de tu ser. Mientras exhalas, libera cualquier tensión o carga.
Repite en silencio: “Alef, une mi alma con la luz del Ein Sof”.
Esta meditación puede calmar la mente, aliviar el estrés y restaurar el flujo de energía espiritual.
Los sabios dicen que la Alef también está conectada con la palabra oref (nuca), simbolizando la humildad; al practicarla, nos rendimos al Creador y permitimos que Su luz nos sane.
La Alef en la Vida Diaria
¿Cómo llevamos la Alef a lo práctico? Comienza buscando la unidad en tus acciones. Antes de hablar, piensa: ¿Mis palabras unen o dividen? Antes de actuar, pregúntate: ¿Esto refleja mi conexión con lo divino?
La Alef nos enseña a vivir con intención, a ser puentes como ella misma lo es.
Escribe la Alef en un pequeño papel y llévala contigo como un recordatorio de esta verdad.
En la próxima entrega, exploraremos la Bet (ב), la letra de la bendición y la manifestación. Por ahora, deja que la Alef resuene en ti. Ella es el silencio que habla, la unidad que cura, la chispa que nos recuerda quiénes somos realmente: reflejos del Uno.
Pregunta para reflexionar: ¿Dónde en tu vida necesitas la energía unificadora y sanadora de la Alef hoy?
Shalom u’vrajá,
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Parte 1: Los Fundamentos de la Luz Oculta en las Letras
Shalom, queridos buscadores de la verdad y la luz. Hoy comenzamos un viaje sagrado, una exploración profunda hacia el corazón del idioma que dio forma al universo: el hebreo, el Lashón HaKodesh (el Lenguaje Santo). Como nos enseña la Kabbalah, las letras hebreas no son meros símbolos o herramientas de comunicación; son recipientes divinos, canales de energía espiritual que contienen el poder de revelar, transformar y sanar. Este es el primero de una serie de textos que nos sumergirán en el valor fundamental del alfabeto hebreo, el idioma de la Creación misma, y cómo podemos usarlo para encender nuestra luz interior y alinear nuestras almas con el propósito eterno.
Las Letras como Ladrillos del Universo
En el Sefer Yetzirá, uno de los textos fundacionales de la Kabbalah, se nos dice que el Santo, bendito sea, creó el mundo con “treinta y dos caminos de sabiduría”, que incluyen las diez Sefirot y las veintidós letras del alfabeto hebreo. Cada letra es un instrumento divino, una vibración única de la voluntad del Creador. Cuando la Torá relata que Dios dijo “Iehi Or” (“Que sea la luz”) en Bereshit (Génesis) 1:3, no fue solo una declaración: fue un acto de formación a través de las letras hebreas Yud, Heh, Yud, Alef y Reish. Estas letras no solo describieron la luz; ellas mismas son la luz, codificada en su esencia.
El Baal Shem Tov, el fundador del jasidismo, enseñó que las letras hebreas son como brasas ardientes, aparentemente simples en su forma, pero llenas de un fuego oculto que puede iluminar el alma. Cada una de las veintidós letras —desde la Alef, que representa la unidad primordial, hasta la Tav, que simboliza la culminación y la verdad— contiene un secreto cósmico. Al meditar en ellas, al pronunciarlas con intención (kavaná), podemos desbloquear su energía reveladora y curativa.
El Poder Curativo de las Letras
La tradición kabalística nos revela que el cuerpo humano, el alma y el universo entero están interconectados a través de las letras hebreas. El gran sabio Ramban (Najmánides) explicó que la Torá misma es un tapiz tejido con los nombres de Dios, y cada letra lleva una chispa de Su esencia infinita. Esto significa que cuando nos sumergimos en las letras —ya sea estudiándolas, cantándolas o visualizándolas— estamos interactuando con las fuerzas fundamentales que sostienen la vida.
Por ejemplo, considera la letra Heh (ה), que aparece dos veces en el Nombre Inefable de Dios (YHVH). En la Kabbalah, la Heh está asociada con el aliento divino, la neshamá (espíritu) que Dios insufló en Adam HaRishón (el hombre primordial). Meditar en la Heh puede abrir los canales de respiración espiritual, trayendo sanación al cuerpo y claridad a la mente. De manera similar, la letra Shin (ש), con sus tres brazos ascendentes, simboliza el fuego de la elevación y la paz (shalom), y se dice que tiene el poder de armonizar las energías internas cuando se contempla con devoción.
En la práctica jasídica, encontramos historias de tzaddikim (justos) que usaban combinaciones de letras hebreas para sanar a los enfermos. Estas no eran fórmulas mágicas, sino actos de alineación con la voluntad divina, utilizando el idioma de la Creación para restaurar el equilibrio perdido. Como dice el Zohar, “las letras son las alas del alma”; al elevarlas con nuestra intención, elevamos también nuestra existencia.
El Alfabeto como Espejo del Alma
Cada letra hebrea tiene un valor numérico (guematria), una forma, un sonido y un significado espiritual que refleja aspectos de nuestra propia conciencia. Por ejemplo:
Alef (א) = 1: Unidad, el silencio que precede a la Creación, la conexión con el Ein Sof (el Infinito).
Bet (ב) = 2: Dualidad, la casa (bait) que contiene la bendición, el comienzo de la manifestación.
Gimel (ג) = 3: Bondad (gomel), el movimiento de dar y recibir en el universo.
Cuando estudiamos las sagradas letras del alefato, no solo aprendemos sobre el mundo; nos vemos reflejados en ellas. ¿Acaso no somos también recipientes de luz divina, buscando equilibrio entre lo físico y lo espiritual? El alfabeto hebreo nos invita a mirar dentro de nosotros mismos, a descubrir las chispas ocultas que esperan ser encendidas.
Un Camino que Apenas Comienza
Este es solo el inicio de nuestro viaje. En próximos textos, exploraremos cada letra en detalle, desentrañando sus secretos kabalísticos y sus aplicaciones prácticas. Aprenderemos cómo meditar en ellas, cómo integrarlas en nuestra vida diaria y cómo usarlas para sanar nuestras almas y las de quienes nos rodean. El idioma de la Creación no es un relicario del pasado; es una fuerza viva, un regalo del Creador para que participemos activamente en la renovación del mundo.
Te invito a unirte a mí en esta serie, a abrir tu corazón y tu mente al poder transformador del alfabeto hebreo. Como está escrito en Tehilim (Salmos) 119:105, “Tu palabra es una lámpara para mis pies y una luz para mi camino”. Las letras de esa palabra son las llaves; tomémoslas con reverencia y comencemos a caminar juntos hacia la luz.
Pregunta para reflexionar: ¿Qué letra del alfabeto hebreo resuena contigo hoy, y por qué crees que te llama?
Shalom u’vrajá (Paz y bendición)
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En la parashá Jukat, encontramos la historia de la serpiente de bronce, que ofrece una lección valiosa sobre cómo enfrentar los desafíos. Cuando las serpientes venenosas atacaron a los israelitas, la solución no fue eliminar las serpientes, sino elevar la mirada hacia el cielo, simbolizando un cambio de perspectiva.
En nuestra vida diaria, a menudo nos encontramos con obstáculos que parecen insuperables. En lugar de enfocarnos únicamente en el problema, esta historia nos enseña a cambiar nuestra perspectiva, a buscar soluciones creativas y a encontrar maneras de elevarnos por encima de nuestras dificultades. Enfocarnos en lo que podemos aprender y en cómo podemos crecer a partir de los desafíos nos permite transformar situaciones adversas en oportunidades para el crecimiento personal. La clave está en mantener una actitud positiva y buscar siempre una nueva perspectiva.
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La parashá instruye a Israel a establecer la justicia a través de jueces y oficiales en todas las puertas, es decir, adentro y fuera del hogar, en los comercios y en las calles, en la ciudad y en el campo, que en todo sitio, sea privado o público, haya una vara de justicia justa.
La Torá en esta parashá advirtió sobre los peligros de la idolatría y explicó las reglas para los reyes. También expuso las leyes sobre la guerra justa, los árboles sagrados de la idolatría que deben ser extirpados de la tierra y del corazón de los creyentes, así como variadas leyes que hacen a la paz social, no haciendo especial hincapié en la misericordia y solidaridad, sino en la administración de la justicia.
El mensaje central es que siempre debemos buscar la verdad y la justicia. Como dice un sabio texto judío: «El que salva una vida es como si salvara un mundo entero«. Cada uno de nosotros tiene la obligación de mejorar este mundo promoviendo la compasión y la decencia. Debemos esforzarnos cada día por ser mejores seres humanos, defender los derechos de los demás e inspirarnos en nuestros más nobles ideales. Solo mediante el estudio, la reflexión y la acción primero justa y luego compasiva lograremos el desenvolvimiento personal y una sociedad más equitativa.
Que esta parashá nos guíe a la senda de la rectitud y nos permita avanzar un paso más en nuestro propio crecimiento.
B’shalom, en paz me despido
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Para muchas personas resulta un tema fundamental, por estas semanas, el mundial de fútbol que se disputa en Qatar, o Catar, en este 2022, año del calendario de Gregorio, el Papa de Roma.
Esta vez la enseñanza espiritual te toca impartirla a ti, basada en el mundial de fútbol.
La leo en la zona de comentarios, y a los más interesantes (según valoración personal) les haré un video en mi canal de Youtube.
Los leo.
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«Tú, oh enemiga mía, no te alegres contra mí; pues aunque caí, me levantaré. Aunque yo habite en tinieblas, el Eterno será mi luz.» (Mijá/Miqueas 7:8)
La enemiga a quien refiere el profeta es cualquiera de las naciones que buscaron destruir a la santa nación judía en su longeva historia. Babilonia, Grecia, Persia, Roma, Damasco, imperialismo cristiano, imperialismo árabe-musulmán y cualquier otra que se ha levantado en nuestra contra. Ella, ellas, se alegran al ver el sufrimiento de Israel. Obtienen un placer insano con el tropiezo de esta nación. Como si su sentido dependiera del fracaso, de la humillación, del oprobio, del exilio de los judíos. Como si oscurecer la Divina Presencia resultara para ellas un motivo de sus existencias.
La nación judía cayó en pozos varias veces, empujada por sus propias banalidades y/o los atropellos de sus enemigos. Se rompió la nariz, se quebró las piernas, quedó lisiada y a veces hasta perdió la voz de tanta angustia y miseria. La oscuridad parecía que ganaba la partida, muchas veces, sin cuenta a esta altura. Como los aciagos días de la Shoá, como cuando el exilio provocado por Roma y mantenido por el imperio cristiano fuera interminable.
Pero, resiliencia es una cualidad del pueblo judío, en su colectivo y en sus individuos. Salir adelante, incorporarse. No quedar atrapados en las redes del dolor, la culpa, la resignación, el remordimiento, la duda, la esterilidad. Sino enterrar a sus muertos, llorarlos, pasar el período saludable de duelo para luego levantarse y volver a construir hasta superar el nivel previo.
Se podrá encerrar en celdas y llevarlos por ideologías erróneas a los judíos. Se los podrá dejar empobrecidos, embrutecidos, diezmados, como sin “esperanza”. Se podrá hacer de cuenta que ese 0.02% de la población mundial ya pronto desaparecerá, comido por sus propios errores, eliminado por la pereza, borrado por el odio de los enemigos.
Pero, aunque sea la tiniebla la que sobresalga; hay una llama sagrada que no puede ser apagada. Aunque los gritos, insultos, agresiones, quejas y ruidos asfixien el sentimiento y pensamiento; hay una pequeña voz santa que es apenas audible que las vence a todas ellas. Por más que den por muerto al pueblo judío y con ello la evidencia de la Conexión con el Creador; el pueblo judío es eterno como el espíritu que los sostiene.
Y así como la santa nación de judía, todas las personas. Estamos todos en tinieblas, las del EGO. Pero la LUZ de la NESHAMÁ (espíritu, chispa Divina) no se consume y permanece siempre radiante. En cada persona.
Ahora que sabes todo esto, es hora de corregir tu camino para extirpar las cuestiones religiosas, supersticiosas; así preparas el regreso triunfal de la LUZ espiritual al centro de tu vida consciente y activa; de donde nunca tuvo que haberse retirado. Es hora de salir de la celdita mental y abrazar el camino de la espiritualidad.
Que no seas vencido por la angustia, ni el sufrimiento, ni enfermedades, ni penurias. Que los obstáculos del diario vivir no sean una muralla que te encierre y mortifique. Que tu esfuerzo y dedicación, aunque no veas frutos evidentes, no decaiga; porque sabes que el exilio va a terminar y el Mashiaj pronto reinará en tu vida.
El exilio tiene un fin, la Era Mesiánica colectivo y/o individual es un hecho. Si tú haces tu parte para que eso acontezca, estás cumpliendo una de tus tareas que te encomendó Dios.
Sin fe, porque tienes el conocimiento. Sin fanatismo, porque tienes confianza. Sin EGO fuera de foco, porque estás iluminado por el Eterno.
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La parashá comienza con Dios revelándose a Moisés y prometiéndole cumplir la promesa dada a Abraham, Isaac y Jacob, de sacar a los hijos de Israel de Egipto y devolverlos a la tierra de Canaán. Dios le pide que hable con los hijos de Israel y les diga que está a punto de librarlos de Egipto. Moisés habla con la gente, pero están cansados y hambrientos y no le escuchan.
Luego, Dios le pide a Moisés que hable con Faraón y le exija que libere a los hijos de Israel para que puedan regresar a la tierra de Canaán. Moisés teme no tener éxito en la tarea que Dios le ha asignado y discute con Dios. Le dice a Dios que tiene la lengua y la boca pesadas, que tartamudea y que no sabe hablar. Dios le dice a Moisés que lleve a Aarón con él, para que sea quien hable en su lugar.
Moisés continúa discutiendo, diciendo que Faraón no conoce a Dios y no le creerá. Dios fortalece a Moisés y le da una señal. Moshé lanza al suelo el palo que tiene en las manos y el palo se convierte en un cocodrilo. Dios le da a Moisés otra señal, y esta vez su vara se convierte en una serpiente.
Moisés y Aarón van a hablar con Faraón y le piden que libere a los hijos de Israel y los deje salir de Egipto. Cuando se niega, emplean las señales sobrenaturales, el palo se convierte en un cocodrilo, sin embargo, no logran impresionar a faraón y su corte. Resulta que los «jartumim» también lo realizan. Cuando la vara de Moisés se convierte en cocodrilo, la de ellos se convierte en serpiente, pero la de Moisés se traga a las serpientes de los magos.
Faraón no está convencido y no está de acuerdo en liberar a los hijos de Israel, nos dice la Torá que es porque Dios ha endurecido su corazón. Acerca del significado de esto y cómo compatibilizarlo con el fundamento del libre albedrío, te invito a leer el siguiente post: https://wp.me/p3cYr1-4sF
Dios castiga a los egipcios con las diez plagas. Siete de ellos aparecen en esta parashá.
Que son: sangre, rana, piojos, animales dañinos, peste, forúnculos, y granizo.
Después de todos y cada uno de los golpes, Moshé regresa a pedir a faraón quien se niega a liberar a los hijos de Israel.
1ª 2ª y 3ª Aliot: Iaacov está de regreso en la Tierra Prometida y sabe que el encuentro con su hermano es inevitable. Le avisan que viene con cientos de hombres a su encuentro, probablemente para realizar una carnicería con él y su familia. Como le había jurado tanto tiempo atrás, se tomaría revancha por haberse quedado con la bendición y derechos del primogénito.
Entonces Iaacov se prepara en tres frentes:
a) Tefilá – oración
b) diplomacia
c) guerra.
Esperaba que sus rezos funcionaran.
Pero además, para no depender de milagros, envío regalos y palabras amistosas y de reconciliación a su hermano.
Por último, estaba preparado para defenderse y a su familia, para que minimizar los daños y para causarlos en caso de no tener más remedio.
La madrugada previa al encuentro, Iaacov se topa con un extraño que lo agrede, según dicen algunos de los sabios era un ángel, aquel encargado de Esav.
Batallan toda esa madrugada, hasta que por fin el ángel reclama le deje ir, pues no podía permanecer al alba en este mundo, por lo cual bendice a Iaacov y le pone como nombre «Israel», que significa: «aquel que pelea con Dios (sus enviados) y los hombres y puede vencer a todos».
Iaacov quedó herido en el nervio ciático, por lo que Dios guid hanashé, el nervio ciático, como recuerdo de ese evento.
A la mañana siguiente Iaacov y Esav se reencuentran después de 34 años y lo hacen en paz y en un espíritu de cordialidad.
4ª Aliá: Iaacov y Esav acuerdan separarse pacíficamente. Esav regresa a su reino de Seir, y Iaacov se instala fuera de la ciudad de Shejem.
5ª Aliá: Dina, la hija de Iaacov, era una chica muy ingenua y es seducida por Shejem, el hijo de Jamor.
Shimón y Leví toman esto como un hecho sumamente grave y que merece una venganza drástica, por tanto idean una estrategia para matar con éxito a toda la población masculina de Shejem. Según nuestra Tradición, Shimón y Leví tenían 13 años.
Hashem le ordena a Iaacov que se mude a Beth El.
La institutriz de Rivka, Deborá, muere, y Hashem confirma el nombre de Israel sobre Iaacov.
6ª y 7ª Aliot: Rajel muere mientras da a luz a Binamín y Iaacov la entierra en Bet Lejem. Tras la muerte de Rachel, Reuven cambia la cama de Iaacov de la tienda de Bilha a la tienda de Leah.
Aunque Itzjak vivirá otros 21 años, la Torá relata su muerte a la edad de 180 años.
El resto de la parashá enumera los descendientes de Esav, así como los reyes específicos de Seir que gobernaron antes del rey Saúl, el primer rey de Israel.
Según dicen los estudiosos del tema, por nuestra mente sobrevuelan decenas de miles de ideas (erróneamente llamadas «pensamientos») por día.
Sí, miles de miles y creo que actualmente con la sobreabundancia de «información» que nos brinda internet, quizás haya muchas más. A lo que se suma que desde la misma internet nos llueven sugerencias que han sido preparadas por expertas inteligencias artificiales, con algoritmos súper complejos, que son alimentados con todo el conocimiento lo que les regalamos de nuestra vida cotidiana. Saben qué detestamos, qué nos gusta, comemos, tomamos, deseamos, compramos, vendemos, miramos, preguntamos, leemos, escuchamos, vemos, con quién nos contactamos… saben t.o.d.o. de nosotros y más de lo que nosotros mismos sabemos de nosotros mismos.
Con redes sociales o sin ellas, las decenas de miles de ideas pasan volando por nuestra cabeza y algunas de ellas se posan sobre nuestra mente, y otras anidan en ella y no siempre suelen ser las más saludables y provechosas.
Es probable que sean las que terminen dictando nuestros estados de ánimo y nos condicionen a tomar decisiones, que no sean las más útiles y beneficiosas.
Recordemos que por día tomamos cerca de 3.000 decisiones. ¡Sí, imagínate!
Miles de ideas golpeteando como gotas de tormenta y miles de ocasiones al día para decidir.
¡Si será necesario hacer una limpieza mental cotidiana!
Ahora te daré unos pocos consejos para proceder a esa limpieza.
1- Sé consciente de que estamos siendo invadidos por muchísimas ideas y no tenemos necesidad de atenderlas a todas, ni angustiarnos por ninguna, ni hacernos cargo de ninguna.
2- No te dejes cazar por ninguna idea, ni siquiera por las que suenan positivas.
3- No luches contra las ideas que te pasan por la cabeza, míralas pasar, déjalas correr sin atenderlas.
4- Enfócate y atiende solamente en aquello que tú voluntariamente decides.
5- Toma la iniciativa, por lo cual, te dirás aquel mensaje que quieres que esté presente en tu vida y no andarás repitiendo ideas que simplemente atravesaron por tu mente.
6- Generar alternativas en lugar de quedarnos con una sola idea. Y si ya tienes una alternativa, te obligas a generar una tercera posibilidad.
7- Tómate tu tiempo para hacer lo que quieres y sea lo mejor.
8- Entrénate en ser amo de tu mente, porque es una tarea constante.
9- Debes saber que muchísimas de esas miles de ideas diarias son obra de tu Sistema de Creencias, por tanto eventualmente podrías tomarte el trabajo de analizar el motivo para que aparezcan esas ideas y entonces estar en capacidad para evaporarlas de tu existencia. Pero te advierto, es un trabajo intenso, no hay magia al respecto. Es positivo hacerlo, pero precisarás ayuda de alguien entrenado.
10- Trata de enfocarte en el aquí y ahora, previendo el futuro, pero nunca siendo preso de él y mucho menos del pasado. Menos que menos de delirios fantásticos que no aportan nada provechoso a tu vida.