Ahora dicen David y Salomón

Nunca sabemos en realidad qué resultará de lo que estamos haciendo.
Buscamos la mejor semilla, la mejor tierra, el mejor fertilizante, la mejor época para sembrar, cuidamos cada día de la planta, nos llenamos de buenos sentimientos y pensamientos positivos hasta el colmo del optimismo, pero nada de esto nos asegura que finalmente brotará un retoño saludable y vigoroso, que produce buen fruto y cobija con su amable sombra.
No tenemos como asegurarnos, no hay modo.
Aunque estemos llenos de buenos deseos, abarrotados de buenas acciones, plenos de rezos y loas al Eterno, el futuro es incierto.
Y a pesar de ello, aunque los pronósticos puedan cumplirse o no, aunque el futuro es incierto, aunque nunca podemos estar 100% tranquilos… es necesario hacer nuestra parte, esa que nos corresponde y no poner la excusa de la duda, de la falta de certeza, de la impotencia, para abandonar la tarea.
Con claridad el más comprensivo de los hombres de su época nos dijo:

"El que observa el viento no sembrará, y el que se queda mirando las nubes no segará.
Tal como tú no comprendes los senderos del viento, ni tampoco los huesos en el vientre de la mujer encinta, así no comprenderás la obra de Elokim, Quien hace todas las cosas.
En la mañana siembra tu semilla, y por la tarde no dejes reposar tu mano; porque tú no sabes cuál será mejor, si esto o lo otro, o si ambas cosas son igualmente buenas."
(Kohelet / Predicador 11:4-6)

Sí, las excusas brotan como una plaga. No tiene pausa. Es tan sencillo dejar de lado nuestra obligación y compromiso, que otros se encarguen de hacer el trabajo, que alguna deidad nos proteja, que se cumpla un milagro, que existan los “reyes magos”, cualquier cosa vale con tal de sumergirse en la impotencia, sea que una nube pasa cargada o si el viento está fuerte. Cualquier cosa sirve para justificar el fracaso.

Pero el que vive de esa manera, jamás alcanza un mínimo de éxito, del verdadero y no de aquel que la moda denomina com tal.

El inspirado salmo nos enseña:

"Los que siembran con lágrima, con regocijo segarán.
El que va llorando, llevando la bolsa de semilla, volverá con regocijo, trayendo sus gavillas."
(Tehilim / Salmos 126:5-6)

Aunque hoy cueste, aunque hoy parezca imposible, aunque los problemas parezcan insalvables, aunque no haya certeza del futuro, aunque todo parezca inútil, aunque seamos expertos en excusas, está en nosotros hundirnos en nuestros sentimientos erróneos, en nuestras creencias fantasiosas, o hacer lo que corresponde para construir hoy un mundo de shalom.
Claro, no es fácil, pero esa es la idea… que no lo sea…

Hagamos lo que es mejor según el calculo sabio y honesto del momento y no nos perdamos en angustias por el futuro. Pues, estas angustias por lo incierto y fantasioso, son tan enfermizas como los molestos remordimientos y sentimientos de culpa que nos anclan al pasado ya muerto.

El futuro siempre es incierto, incluso para los que se creen amos de secretos místicos y cuentan con poderosos amuletos que los confirman en su impotencia ingrata.
Lo único cierto, lo único que tenemos, lo único es el presente.
Claro, siempre y cuando no estemos perdidos en fantasías que nos ausentan del presente.

Hagamos aquello que podemos por construir shalom, por sembrar, por cuidar, por amar, por conocer, por moderar, porque nuestro poder es inmenso pero tan limitado. Somos extremadamente pequeños, aunque paradójicamente tan poderosos. En nuestra estrechez, ni siquiera tenemos poder para comprender nuestra propia existencia, lo que somos y cómo somos, y aprovechar el presente a pleno.

Pero, te cuento un secreto, el saber nuestros límites nos hace un poco menos impotentes y un poco más poderosos, porque controlar lo que podemos controlar y no pretender controlar aquello que no podemos controlar… ¡cuán poderosos nos hace!

No controlas a tu hijo, ni a tu esposa, ni a tu padre, ni a Dios, tampoco a tu patrón, ni a tu empleado, ni al presidente, ni al dictador… hasta a veces dudo que te controles a ti mismo de manera regular.
Por ahí aprendiste a manipular y te sale con gran maestría, pero la manipulación no es control real, es eso, manipulación.
Aprende a controlar ese poquito que está en tu poder controlar, que entonces serás realmente poderoso.
El resto, no te incumbe, que fluya, que no te atrapes en fantasías de control imposibles, que no te angusties ni obceques. Relájate, toma tu tiempo libre, respira, comparte, ama, disfruta y controla lo que puedes en verdad controlar.

Es fácil para mí decírtelo, suena bien… ¿sí?
Ahora, comprende el mensaje y vívelo.
Si quieres, y si no quieres, que seas feliz también… si es que lo consigues…

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