El fracaso de una idea atrayente

Dentro del resumen de la parashá Koraj, al que se conoce como «Koré» en la traducción al español de la Biblia, vamos a descubrir cómo una idea atrayente, sugerente, simpática, que recibe aprobación, puede determinar un fracaso rotundo en sus seguidores.
Para ello, comencemos recordando que estamos en la sidrá 38ª de la Torá; que es la 5ª del sefer Bemidbar.

Al inicio encontramos que los ambiciosos y codiciosos Koraj (que era primo de Moshé y Aarón), Datan y Aviram, además de doscientos cincuenta líderes de Israel se rebelaron en contra de la autoridad de Moshé y Aarón, aduciendo que Aarón no tiene más derecho que cualquier otro del pueblo a ejercer las funciones del Cohen Hagadol (Sumo Sacerdote).
El mensaje que se ofrecía al pueblo era interesante, dulce a la vez que fervoroso, pues afirmaba que todos los israelitas son parte del pueblo santo, cada uno de los israelitas es parte de la santidad y por consiguiente, ni Moshé, ni Aarón tienen algún derecho superior a los demás para estar en el poder.
Evidentemente, (decía el astuto Koraj y repetían con alevosía sus seguidores, y hacían eco con torpeza los torpes), Moshé había tenido su momento de fama, pero ahora se estaba aprovechando de viejas glorias. Aunque no saben precisar los sabios exactamente cuando ocurrieron estos hechos, si poco tiempo después de la salida de Egipto, si casi finalizando la estadía de 40 años en el desierto, lo cierto es que el mensaje era denigratorio de Moshé, haciéndolo pasar por usurpador, por aprovechador y corrupto. ¿De qué otra forma explicar que él sea el líder político del pueblo, su hermano el máximo dirigente sacerdotal, en tanto que su hermana sea la encargada del ministerio de la mujer? Por si fuera poco, algunos de los parientes de Moshé ocupaban otros importantes cargos en la gobernación del pueblo; pero Koraj, que era su primo, fue relegado a una posición secundaria, infame a sus ojos. Él decía, ahora repitiendo a su esposa, que se estaban burlando de él, porque le envidiaban y no querían permitirle crecer. Por tanto, era necesario hacer un golpe de Estado, quitar a los corruptos y permitir que el pueblo fuera dirigido por quien era uno de ellos y contemplaba su perspectiva.
Siendo sinceros, esto no era más que demagogia, vender fantasías al pueblo. Hacerles creer en promesas de bienestar, prosperidad, éxito a cambio de otorgarle el poder a Koraj y su camarilla.
Moshé no permitió que la sublevación creciera de tono, pues de inmediato la confrontó. No anduvo ocultando la cabeza bajo tierra para no ver los problemas, ni daba excusas para no enfrentar la cuestión. Derecho fue a solucionar el asunto y puso a Dios como Juez del asunto.
Como es un resumen, decimos simplemente que por Su Voluntad, los subversivos murieron. Algunos fueron quemados al ofrecer ofrendas ígneas desagradables para Dios, otros fueron tragados vivos por la tierra que se abrió a sus pies, en tanto que el tercer grupo sufrió ambos finales.
Pareciera que el conflicto quedó resuelto, pero no… pues algunos integrantes del pueblo que se disgustan por el destino de los sublevados, no reconocen el terrible crimen cometido por estos, atribuyendo toda la responsabilidad a Moshé. Por lo cual, la furia de Hashem se manifiesta a través de una plaga que amenaza al pueblo, causando el deceso de miles de personas.
A pesar de haber sido inculpado injustamente, nuevamente Moshé ruega a favor del pueblo, e indica a Aarón que realice un ritual público que sirva para expiar el pecado del pueblo, merced a lo cual la plaga finaliza.
Tras lo cual, Hashem ordena a Moshé que en el Tabernáculo sean colocadas las varas de mando de los jefes de las tribus, cada una con su nombre tribal tallado. A la mañana siguiente, la vara de Leví, que lleva inscrito el nombre de Aarón, brota, florece y da almendras. Esto sirve como demostración pública de que es el Eterno quien ha escogido a la tribu de Leví para el ejercicio del sacerdocio, y también corrobora el rango de Aarón de Cohen Gadol, y no a otra tribu, ni a otra familia en Israel.

Luego, la parashá contnía con la orden de preservar el honor y santidad del Tabernáculo.

Más adelante se especifican las funciones de los leviim y los cohanim, que no pueden intercambiarse.
Así mismo se establecen algunas de las características particulares de la tribu. Por ejemplo, los cohanim no tendrán propiedad personal de terrenos en la Tierra de Israel, por lo cual no tendrán forma de mantenerse. Entonces es que se dictamina que su sustento provendrá de tributos (diezmos y regalos) que les ofrezca el pueblo. Esto es así, ya que los cohanim deben servir exclusivamente al Eterno, y no trabajar la tierra. Así como ninguno que no sea de la tribu de Leví es apto para las actividades consagradas en el Santuario.

Para finalizar, se enuncian las leyes relativas a los primeros frutos (bicurim), la redención del primogénito (pidión haben) y otras ofrendas destinadas a ser santificadas.

Retornando al tema que dio título a este post, ¿cuál crees que fue el error de los que se dejaron involucrar por esa idea atrayente, por esa fantasía demagógica y que resultó en una terrible catástrofe?
¿Crees que es un error que se pudo haber evitado, y si es así, cómo?
¿Siguen sucediendo cosas similares?

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