El poder destructivo

El poder destructivo es también parte del hombre, tiene su función positiva, suele ser sustancial en la tarea de construir shalom.
Es bueno saber para qué, cuándo y cómo usarlo.
Te lo ejemplifico para que se comprenda más fácilmente.
El cirujano tiene necesidad de cortar la piel y la carne de su paciente, debe someterlo a dolores y toda clase de incomodidades, incluso a veces hasta amputar miembros enteros. Por supuesto que es un acto sumamente agresivo, hay destrucción, pero el cuándo, el cómo, el para qué es evidente que conlleva una finalidad superior, positiva, necesaria.
El soldado tendrá que disparar y herir o hasta matar al enemigo, a aquel que está dispuesto a asesinarlo o arrasar con su familia y compatriotas. Supongo que la mayoría de los soldados no obtienen satisfacción al jalar el gatillo, al ver morir a su adversario, a otro ser humano. Sin embargo, tal como está planteado el mundo, es el último recurso con que cuenta la población para no perecer. Triste, caótico, espantoso pero (por ahora) lamentablemente necesario.
El fin NO justifica los medios, pero en ocasiones los medios no tan suaves, no tan placenteros, son los únicos accesibles para alcanzar el fin indefectible y mayor.
No vivimos en un mundo que es solo rosas, también hay espinas y otras cosillas más… ah, si fuera solo de rosas… no sería el mundo, sería una fantasía…
Sepamos que construir shalom no es ser uno que da la otra mejilla ante el agresor, porque quien hace eso se convierte en cómplice del mal.
Tenemos el derecho, a veces hasta el deber, de ser severos, estrictos e incluso usar la fuerza para prevenir que el mal impere.

Lo dice el sabio Salomón:

«Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora:
Tiempo de nacer y tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo plantado;
tiempo de matar y tiempo de sanar; tiempo de destruir y tiempo de construir;
tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de estar de duelo y tiempo de bailar;
tiempo de esparcir piedras y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar y tiempo de dejar de abrazar;
tiempo de buscar y tiempo de perder; tiempo de guardar y tiempo de arrojar;
tiempo de romper y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar;
tiempo de amar y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra y tiempo de paz.»
(Kohelet / Predicador 3:1-8)

Es por esto, en parte, esencial tener presente las enseñanzas acerca del Ietzer Hará, el EGO, para que sepamos reconocer las reacciones provenientes del EGO de aquellas que realmente están en el camino del Shalom.
El tema del EGO no es secundario, no es absurdo, no es falto de sentido espiritualidad.
Muy por el contrario, al trabajar con constancia y sabiduría sobre esta temática, al ir aprendiendo a conocernos, a amarnos, a respetarnos, estamos andando por el camino del justo, aquel que Dios ha dictado para cada humano sobre la tierra.

El inmenso sabio Rav Kook enseñó: «Hay santidad constructora y hay santidad destructora. La constructora es bondad evidente. La destructora es bondad oculta, porque destruye para que se pueda erigir una obra superior a la anterior… de la santidad destructora salen los grandes luchadores que proveen de bendición al mundo».

Entiéndase muy bien: el construir Shalom no es iniciar o sostener guerras santas,¡todo lo contrario! La guerra debiera ser el ultimísimo recurso cuando todo lo anterior ya ha sido intentado y no produjo el resultado pacífico, ganancial para todos, o el menos perjudicial al menos. No hay santidad en la guerra, solamente dolor, pero cuando es necesaria, cuando tiene sus razones válidas (cotejadas con los Fundamentos Universales y no con la pasión, la norma social o la ventaja de alguno).
No es de hombres de Luz imponer «la verdad» por la fuerza, ni promover el Caos. El dictamen cruel es propio de los emisarios del EGO, de los corsarios de las causas innobles.
Pero, no solamente se es cruel cuando se empuña el arma agresora, sino también cuando se propone el falso pacifismo de la inacción, de la pasividad cómplice, del suicidio por no defender la vida propia y del inocente.
El dar la otra mejilla, el sentarse a esperar que el malvado haga de las suyas, no es construir Shalom, ni siquiera es estar en la acera de la paz, sino que es lisa y llanamente asociarse con el mal para difundir el caos y atraer pesar al mundo.
Es aquí donde se impone la necesidad del uso del poder destructivo, y hallar en ello la santidad que permita desde las ruinas construir una nueva y mejor realidad.

Reitero, esto no es llamado a guerras santas ni a promover gobiernos asesinos o esclavizadores, más bien todo lo contrario. Es admitir que existe el mal y permitir que los valientes y valerosos se pongan en pie para defenderse y defender a los que ama, no para beneficio personal, no para derrocar al justo, no para obtener ventajas innobles, sino para detener al malhechor, para promover la vida.

¿Y cómo sabemos que estamos haciendo lo correcto y no somos uno más de los que vienen en nombre de dioses, doctrinas e ideologías mesiánicas y con esas excusas imponen sus credos y doctrinas con sangre y fuego?
Ah… qué buena pregunta… creo que al hacerla sinceramente ya se está un paso distanciado de los megalomaníacos, de los sectarios, de los facinerosos, de los déspotas, de los siervos del EGO.
Luego, está en cultivar el arte del análisis, de la construcción interna de Shalom, de no dejarse seducir por ideas bonitas pero faltas de razón y espiritualidad.
Tarea para nada sencilla, ¿pero quién dijo que vivir fuera sencillo para el que quiere ser socio de Dios en la construcción de Shalom?

Así pues, te invito a conocer tu poder destructivo, está en ti, lo posees, lo usas. Conócelo para no ser víctima de él, para que no sea un instrumento del EGO, sino que sea una herramienta en tu crecimiento y en la del prójimo.

Construir Shalom lo hemos ideado nosotros, otros lo usan porque lo entienden, otros porque lo usurpan, y otros nos disparan con él para atacarnos… nosotros respondamos con la construcción real de Shalom, en los hechos, en cada instante, no como eslogan sino como motivo de vida.
Para lograrlo precisamos conocer nuestro poder en todas sus variantes y ramificaciones, también en el destructivo, así lo sabremos canalizar, usar para la construcción y no como excusa para adorar al EGO en cualquiera de sus disfraces. Sea en la mascarada pacifista o belicista, sea en la religiosa o en la atea. Nosotros no nos arrodillemos antes nada de eso, sino que levantémonos y seamos leales a nuestra esencia, la de constructor de Shalom, pacifistas en serio y no de palabras…

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Gerardo Martinez

Gracias por compartir esto maestro, la verdad solo viene de Dios buscarla es nuestra responsabilidad, llevarlo a cabo nuestro trabajo. Saludos.

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