La desilusión de la subestimación

En nuestra parashá leemos acerca de las terribles y serias consecuencias que suceden al abandono de la Torá por parte de los judíos.
El Eterno interrumpe el relato de las heridas que podrían sobrevenir para anunciar:

"Yo Me acordaré de Mi pacto con Iaacov, y Me acordaré de Mi pacto con Itzjac y de Mi pacto con Avraham; y Me acordaré de la tierra."
(Vaikrá / Levítico 26:42)

¿Cuál es la relevancia de esta frase en el contexto de las duras admoniciones contra los pecadores?

Tiene una importancia positiva, pues nos alienta a tomar el modelo de nuestros ancestros, y apartarnos del pecado para aproximarnos a la Verdad.
Tal como Avraham dejó el país de la magia y ciencias ocultas, nosotros podemos dejar nuestros vicios.
Tal como Itzjac estuvo dispuesto a sacrificar su vida para alcanzar la trascendencia, nosotros podemos restar un poco de comodidad a nuestras vidas, para aumentar en espiritualidad.
Tal como Iaacov aprendió a vivir y superarse incluso a través del dolor profundo, nosotros podemos  crecer a pesar de nuestra indolencia.
De esa manera nos estamos previniendo de sufrir los temibles castigos anunciados.

Pero también tiene una importancia en su aspecto negativo, pues, si nuestros antecesores fueron tan elevados espiritualmente, ¿cómo excusar nuestro estado que nos acarrea tantas calamidades, como las anunciadas en nuestra parashá?
¿Cómo hacer creer que aquellos antiguos eran más puros y perfectos, siendo que nosotros hemos tenido su ejemplo y estamos provistos de la sagacidad que brindan los milenios de historia conocida?

No, no nos sirve de excusa el conocer esta historia, y argüir que nosotros no somos como ellos; por el contrario, nos compromete a ser mejores.

El Shela explica que la persona debe rendir cuentas de acuerdo a sus capacidades personales, tanto las realizadas como las potenciales.
Las acciones de los judíos son medidas por una vara estricta, dado que somos descendientes de los patriarcas.
Tenemos antepasados que fueron justos y santos, abocados a la espiritualidad incluso en su vida mundanal, dedicados por entero al Eterno y a cumplir con Su Voluntad.
Por lo tanto, nosotros también estamos capacitados para actuar de esa manera. Siendo así, podemos alejar el pecado de nuestras vidas, y actuar de una manera que progresivamente nos vaya permitiendo desarrollarnos.
Es por esto que el Eterno nos exige más a nosotros, a Sus elegidos, porque podemos hacer más, crecer más, atraer mayor santidad al mundo.
Y si no lo hacemos, nos estamos defraudando a nosotros mismos, y estamos siendo pasibles del severo control de parte del Todopoderoso.

Empero, el ietzer hará, nuestra tendencia hacia lo negativo no nos da respiro. Si no puede debilitar nuestra espiritualidad mediante una técnica, hábilmente cambiará y usará otra, sin cejar de buscar alcanzar su meta. Es muy capaz de embaucarnos, haciéndonos creer que somos muy humildes, y que estamos a un pasito de la perfección. Puede llenarnos la cabeza con ideas tales como: ‘¿Para qué te gastas estudiando Torá, si ya has alcanzado un alto grado de perfeccionamiento? Si vives como una persona justa, ¿para qué te esmeras por crecer cada día?’
Con ideas como éstas, la persona ciertamente no evoluciona ni despliega sus ocultos potenciales, sino que va decayendo cada vez más.
Estos pensamientos se suman a la natural inclinación por la comodidad y el no deseo de sacrificio personal.

Para contrarrestar las artimañas de la tendencia hacia lo negativo, es imprescindible que hagamos un relevamiento correcto de nuestra situación real, es decir, que reconozcamos sin engañarnos en dónde estamos parados, y que sepamos con precisión cuáles son nuestras potencialidades aún no aprovechadas.

Cada persona guarda un inmenso potencial espiritual, que está a la espera de poder desplegarse.
Solamente si la persona reconoce que es buena por naturaleza, y que puede/debe actuar acorde con sus verdaderos potenciales, es que podrá crecer espiritualmente.
Pero, si nos dejamos convencer de que somos malos o torpes, o de que estamos marcados por un negro destino para ser unos fracasados, sin dudas que no podremos elevaros más allá de nuestras limitadas expectativas y escasas fuerzas emocionales.

Recordemos que cuando una persona muestra un intenso deseo de elevar su nivel espiritual, el Eterno envía Su ayuda para que la persona tenga más chance de conseguir su objetivo. El Eterno quita fuerza a algunos de aquellos defectos que obstaculizan su propósito, de manera tal, que todo judío, en tanto lo desee realmente, puede alcanzar un mayor grado de espiritualidad en este mundo.

El punto está en no subestimarse, sino en aprender a reconocer el valor propio, más allá de las apariencias negativas, o de las creencias adversas que nos fueron inculcando a lo largo de nuestra crianza.

No podemos dejar de tener en mente otro versículo de la parashá, que nos enseña:

"Daré paz en la tierra"
(Vaikrá / Levítico 26:6)

El gran Rashi comenta: "Si no hay paz, no hay nada".
¿Qué aprendemos para nuestra vida diaria de esto?
Muchas personas podrían estar satisfechas con su porción, con lo que han alcanzado materialmente, sin embargo viven atormentados por estar envidiando lo que el otro posee, o lo que ellos creen que el otro posee.
Pero, si la persona se valorara correctamente a sí misma, y de esa manera estuviera habilitado para amar en realidad al prójimo, la envidia no perturbaría su existencia, y no se obsesionaría con alcanzar riquezas que le son ajenas o posesiones que le son innecesarias.
Cuando la ambición está dominada, y no es una bestia que pretende romper todos los límites, la persona alcanza una paz interior que le permite gozar de aquello que tiene.

Y cuando esa paz surge por reconocer que dentro de uno existe un inmenso potencial que podría desarrollarse, entonces la persona ha alcanzado un gozo verdadero, un éxito perdurable.

¡Les deseo a usted y los suyos que pasen un Shabbat Shalom UMevoraj!

Moré Yehuda Ribco

Relatos, anécdotas y enseñanzas

Primera consulta de la mañana, en mi trabajo como psicólogo, aparece la cucharita de café. Su discurso arranca así: "Mi vida es una miseria. Maldigo el día que salí del horno de fundición. ¿Para qué me fabricaron? ¿Es justa mi vida? Hay que ver, solamente hay que ver… esa petulante cuchara sopera, tan oronda se pasea de la cocina a la sala… de la sala al comedor… y se revuelca en un deleite sin par en esas deliciosas sopas de pollo, en esos suculentos platos de guiso… ¡qué daría yo para tener su destino! ¡Pero no! Mi negro destino es girar como una estúpida sin razón en un diminuto pocillo de fétido café…"

Vino a mi consultorio la cuchara sopera, toda consternada se confesó: "Odio a esa ociosa cuchara de oro. Todos la codician, todos la desean, y ella brilla con un fulgor único. Y a mí, ¿a mí qué me queda? Solamente hundirme en esas grasientas sopas… ay como la odio… ¡qué envidia sana! ¡Mire que es envidia sana la mía, eh!…"

Al ir cerrándose el día aparece con su majestuoso paso la cuchara de oro, aquella que estaba en la vitrina como un fino y encumbrado adorno. Con cansino tono solamente espeta: "Ay, si fuera por un sólo minuto cucharita de café… ¡cuán feliz sería!…"

Preguntas y datos para meditar y profundizar:

  • ¿Cómo se relaciona el relato con el comentario a la parashá que hemos brindado?

  • ¿Cuál es la manera de ser generoso realmente?

  • El potencial
    "Has hecho al hombre un poco menor que los ángeles y le has coronado de gloria y de honra."
    (Tehilim / Salmos 8:6)

    • ¿Cómo puede afectar a la autoestima personal el saber que Dios nos ha hecho un poco menos que ángeles?

    • ¿Qué cosas puede hacer la persona para desarrollarse espiritualmente?

  • El rico
    "Rico es aquel que está satisfecho con lo que tiene"
    (Pirkei Avot 4:1)

    • ¿Cuándo una persona puede sentirse realmente satisfecha?

    • ¿Por qué la Torá no se opone a la posesión de riquezas materiales?

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