Lo íra ra

Famoso verso que lo habrás visto un millón de veces:

«גַּ֤ם כִּֽי־אֵלֵ֨ךְ בְּגֵ֪יא צַלְמָ֡וֶת לֹֽא־אִ֘ירָ֤א רָ֗ע כִּֽי־אַתָּ֥ה עִמָּדִ֑י שִׁבְטְךָ֥ וּ֝מִשְׁעַנְתֶּ֗ךָ הֵ֣מָּה יְנַֽחֲמֻֽנִי:
Aunque anduviere en valle de sombra de muerte, no temeré mal, porque Tú estás conmigo. Tu vara y tu cayado me darán consuelo.»
(Tehilim/Salmos 23:4)

Probablemente hasta lo hayas dicho otro tanto de ocasiones.
Incluso como una fórmula para asegurarte de poder ante fuerzas oscuras, como si se tratara de un encantamiento para librarte de miedo y terrores.
Puede ser que haya sido usado así por ti o por otra gente conocida.

Muchas son sus enseñanzas, que van a lo profundo del alma humana.
En esta oportunidad comparto la siguiente contigo.
Recuerda que estos estudios son gratuitos para ti, pero a mí me consume mucho tiempo elaborarlos, conocimiento, dedicación y es justo y espiritual de tu parte agradecerlo tanto con palabras como con una generosa donación para ayudarnos a continuar en la obra sagrada de difundir enseñanzas que nos exaltan en el Creador.
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Dice el salmista: “lo íra ra” – “no temeré mal”.
La pregunte evidente es: ¿pero acaso sí  “íra tov” – “temeré al bien”?

¿Entiendes la pregunta?
Propongo que el salmista tendría que haber dicho solamente “no temeré, porque Tú estás conmigo”; el añadir la palabra “mal” es innecesario.
¿O no lo es?

Se supone que miedo es siempre a algo malo, a una impotencia en el futuro.
Porque eso es el miedo, y no otra cosa.
Es la espera imaginaria de una impotencia futura, inexistente en tu vida actualmente, pero que consume tu energía presente, te trastorna ahora, y te lleva a una impotencia real que no hubiera existido sin la presencia imaginaria del miedo.

Entonces, que el salmista mencione que “no temerá mal” alguno, es una afirmación innecesaria, porque todo temor es temor a un mal, a una impotencia.
¿O conoces algún temor a algo bueno?

Algo nos está queriendo enseñar esta construcción literaria.

Una respuesta posible es que es una manera correcta de hablar en hebreo del Tanaj.
Por ejemplo nosotros en español decimos “bajar” y no es acertado decir “bajar abajo”, porque es una redundancia. Todo bajar es abajo.
Sin embargo en hebreo lo correcto es decir “iored lemata” – “bajar abajo”. Así es la forma de expresarlo, aunque quizás a nosotros nos parezca innecesario.
Tal vez en el idioma hablado por los antepasados hace tres milenios lo correcto era decir “temer un mal” y no simplemente “temer”.

Pero veamos una posibilidad más interesante.
Como el miedo es siempre un factor imaginario, es posible que nuestro Sistema de Creencias nos lleve a temer a lo que podría ser bueno.
¿Por qué?
Porque TODO en este mundo es posible ser sentido como productor de impotencia, por tanto motivo para el miedo.
Un espacio abierto, un paisaje, una relación tierna, un paso adelante en la carrera laboral, un nuevo trabajo, TODO puede ser usado por el EGO para arrastrarnos a la tortura del miedo. Ya que la realidad no dicta la aparición del sentimiento temeroso, sino tan solo la creencia de que padeceremos una impotencia.
Por tanto, es posible que tengamos miedo de algo bueno, porque lo hemos interpretado como una impotencia.

Puestos a verlo de esta manera, ¿acaso lo que es bueno se transforma por decreto del EGO en algo malo?
Tristemente, sí.
Porque lo que pasa a prevalecer no es la realidad, sino la interpretación que hacemos de la misma.
Es por ello fundamental desaprender para poder aprender a interpretar los eventos y lo imaginario desde un punto de vista positivo, realista, poderoso.
Que lo bueno sea vivido como tal, y lo que nos genera impotencia sea manejado de manera racional y saludable.
¿Se comprende?

El salmista nos está enseñando que confiar en el Eterno mientras hacemos nuestra parte, nos dará poder sobre el miedo.
Al menos evitaremos en mucho caer en decretar como malo algo que es bueno.
En tanto que tendremos más ocasiones para sobreponernos a la impotencia real, sea porque descubrimos mecanismos para ello o porque aceptamos nuestra limitación y no nos angustiamos por ella, sino que fluimos obteniendo con ello el dominio a nuestro alcance.

En resumen, no temer; pero sí tomar precauciones, aprender y avanzar con confianza.
Un paso por vez hacia la mejor versión de nosotros mismos.

Antes de finalizar nuestra enseñanza de hoy, una observación.
En la Tradición existe el concepto de “Irhat Hashem” (o irhat haShem), que se traduce como temor a Dios pero en general se comprende como reverencia al Eterno:

«אֶת־ה אֱלֹהֶ֛יךָ תִּירָ֖א אֹת֣וֹ תַֽעֲבֹ֑ד וּב֣וֹ תִדְבָּ֔ק וּבִשְׁמ֖וֹ תִּשָּׁבֵֽעַ :
‘Al Eterno tu Elohim temerás, y a Él servirás. A Él te adherirás y por Su nombre jurarás.»
(Devarim/Deuteronomio 10:20)

Es uno de los componentes que debe estar en nuestra relación personal con el Creador.
Porque, por un lado es nuestro Padre, y por tanto lo sentimos cercano, hay amor sosteniendo el lazo.
Pero también es el Rey, absolutamente lejano y diferente a todo lo que nuestra mente puede concebir. Este hecho nos debe dejar impactados, sin reacción, en completa sumisión, imposibilitados de salir de nuestra impotencia ante su infinita potencia. Es por ello que los sabios prefieren que lo comprendamos como reverencia, que sería la honra y el respeto supremo que Le debemos, que medianamente nos ubica en nuestro lugar. Para que de esa manera no nos penetre un ánimo de impotencia, que no quedemos devastados, sino que tengamos conciencia de nuestra relación especial con Él, que siendo Todopoderoso igualmente guarda un interés personal por cada uno.
Siendo así, el temor al Creador no nos llena de pesadumbre y amargura, sino por el contrario de un temblor sagrado que nos fortalece.
Debe quedar bien claro.

Hay gente que vive con temor a Dios, al verdadero, tal como tienen multitud de miedos. La idea no es sentir esto, que es una cáscara que interpone el EGO a la conciencia de nuestro vínculo sagrado con Él.
Por ello es imprescindible profundizar en los estudios de Inteligencia Espiritual, para poder quitarnos de encima creencias que nos esclavizan, salir al encuentro de la LUZ del AMOR que nos abraza siempre.

Recuerda apoyar nuestra obra sagrada para seguir trayendo la Verdad del Padre a los corazones necesitados, ¿el tuyo también?

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