Yo tengo la razón

Parece ser una constante de nuestra especie el sentirnos ofendidos, agredidos, enojados, movidos a responder fieramente, obligados a defender atacando, cuando alguien osa llevarnos la contra.
¿No te pasa a menudo que si alguien te contradice tu primera reacción no es precisamente positiva?

Aunque aprendamos a ser tolerantes con los que piensan o creen diferentes, igualmente sentimos esa tensión. Tal vez no la expresemos, quizás hayamos aprendido a disimular, por ahí respondemos diplomáticamente, pero algo en nuestro interior está alborotado.

Más de una vez he oído que en algunas reuniones familiares ciertos temas no se tocan, para llevar la fiesta en paz: política, religión y fútbol.
¿Nunca te pasó de estar en una situación en la que se vetaron tales temáticas?

Pero no hay que entrar en asuntos tan espinosos, tan “íntimos”, en ocasiones por si el bus tal para en la esquina cual ya da motivo para la disputa, el combate, la lucha por prevalecer o al menos no ser derrotado por el otro.
Vamos, si haces memoria admitirás haber vivido muchas de esos conflictos tontos, que se van de las manos, que las voces van aumentando de volumen, que las palabrotas se van sumando, que se llega incluso a los golpes y divorcios por desavenencias que en principio eran insignificantes… pero parece que a la postre no lo fueran.
(Realmente, en esencia, son insignificantes, ya veremos porqué se inflan y explotan en discordia y mucho dolor).

Sea que el que te confronta diga cosas verídicas, o ciertas, o razonables, o coherentes, igualmente te surge desde lo profundo un ardor, una necesidad de prevalecer.
Y hasta cuando uno es el que se aferra a creencias toscas, pensamientos oscuros, evidentes falsedades.
Como si no se pudiera dar un paso atrás, o al costado.
Como si fuera una pelea encarnizada, de vida o muerte.
Luchar por ser quien dice o piensa: “yo soy quien tengo la razón”.
Vamos, sincérate ahora contigo mismo… ¿no es verdad lo que te digo?

Lo comprobamos casi a diario, cuando demostramos que el Nuevo Testamento es una obra elucubrada por el imperio romano para perdurar en el poder; cuando demostramos la ineficacia de Jesús como un dios, un hijo de Dios, un mesías, un profeta, un líder espiritual, un ser de Luz; cuando demostramos el sucio negociado de los traficantes de la fe, los misioneros en su variadas franquicias; cuando demostramos la verdad del noajismo y su simple belleza y eternidad. Chocamos contra un muro de concreto.
El creyente está embrutecido, ciego y sordo pero no mudo, luchando como un desesperado por sostener su ídolo en alto, mintiendo como puede para justificar los engaños y estafas de sus pastores o líderes.
Nos hemos cruzado con ellos infinidad de veces, se han mostrado solícitos para pedir, para robar información, pero luego desechan lo que no quieren admitir, o no pueden hacerlo.
Se empecinan, se ponen tercos como mulas, parece que no tiene forma de desprenderse de la pesada mochila de mentiras que ellos creen y mantienen a pesar de estar muriendo para cargarla.
Es penoso, pero allí están. Siguen declarando “por fe” cosas absurdas, las repiten, las envían por email, forman iglesias, presionan para que todos las inyecten en sus venas.
Son verdaderos adictos a la religión, a la falsedad, al EGO en sus expresiones sociales.

Pero, no es solamente un tema de religión, ya lo mencionamos.
Puede ser en cualquier asunto, desde los importantes hasta los más irrelevantes.
Desde qué almorzamos hoy hasta a quién votar como presidente de la nación. Cualquier cosa es válida para luchar descarnadamente para tener la razón y no fracasar y de paso vencer a otro que tiene otra idea, otra creencia.

A veces hasta parece como si el otro se estuviera defendiendo de una invasión, o nosotros mismos los que hacemos tal cosa.
Como en una guerra, cuando los soldados se infiltran y van tomando posiciones. Las murallas caen, los fuertes son arrasados, las trincheras atravesadas, los sistemas de defensa quebrados. Tal cual en una cruenta guerra.
Y uno lucha por sobrevivir, para no ser conquistado, para conquistar.

Por ello tal vez buscamos “aliados”, gente que se supone piensan o creen lo mismo o parecido.
Gente con la cual juntarse para estar más protegidos, porque unos a otros se repiten los mismos lemas, dejan de usar el razonamiento y la crítica para ser borregos.
Se congregan y expulsan a los que piensan.
Se aíslan en iglesias y maltratan a los que son disidentes.
Se hacen llamar elegidos, virtuosos, profetas, hijos de dioses, salvos, o cualquier otra forma de superioridad, para así no tener que “ensuciarse” con las ideas que vienen de los “inferiores”.
Proclaman sus absurdos lemas, repiten sus versículos huecos, se blindan detrás de sus frases aprendidas de memoria.
Y sí, mantienen como emperadores a sus pastores, a sus líderes, porque ellos son los que dan cohesión al grupejo.
Ellos se sienten estafados por sus líderes, pero callan, prefieren mirar para otro lado, justificar al malhechor, agredir al que denuncia la corrupción, porque el líder los manipula y ellos se dejan manipular.
El líder, ese lobo en piel de oveja, cumple una función muy importante para esta gente, que se refugia detrás del líder para huir del pensamiento, para no tener que cambiar, para seguir en la senda de la oscuridad pero creyendo que es de luz.
No es solo cuestión de gente religiosa, pasa con la política, barras bravas, deportes, organizaciones criminales, grupos de presión, etc.
La alianza estratégica, la reunión en el vicio, para reforzarse en sus creencias y en sus actitudes.
Repito, son intransigentes con la divergencia, silencian la oposición.
Aunque puedan parecer sonrientes, angelicales, amables, bondadosos, son máscaras para tapar sus emociones verdaderas.
Vamos, a ti te ha pasado cuando te atreviste a preguntar o comentar lo que al pastor no le gustaba… ¿no?
O te expulsaron cuando te diste cuenta de que todo era un negocio para enriquecer al pastor y sus amigotes.
Vamos, sé sincero, Tú en Colombia, Venezuela, Argentina, Chile…, vamos que te conozco, que sé tu historia… ¿por qué te escondes y no la cuentas? ¿Por qué no la denuncias? ¿A qué le tienes tanto miedo?

Parece que si no tienes la razón te sientes amenazado, como si tu vida y posteridad dependiera de vencer y tener la última palabra.
¿No?

Ojo, mira que está bien tener tus ideas y defenderlas.
Está muy bien.
No te voy a pedir que adoptes cualquier creencia para no resultar agresivo.
Tienes tu derecho a creer lo que mejor te parezca, pero no tienes derecho a imponer tu creencia a otros ni tampoco a tratar de destruir al que no cree como tú.
También tienes tu derecho a rechazar lo demencial, lo criminal, lo maligno, lo perjudicial, lo nefasto. Más que tu derecho, es tu obligación alejarte de esas ideas y creencias oscuras y trabajar por imponer un modelo de Luz, de espiritualidad verdadera.

Lo que te pido es que tengas la valentía de escudriñar tus ideas, tus pensamientos, tus creencias.
Reconoce tus sentimientos, no los tapes.
Busca y rebusca, pero no solamente allí en donde están los que dicen lo mismo que tú, sino también con los que dicen otra cosa.
No tienes que demostrarles nada a nadie.
Pero debes hacer el trabajo de armonizar tu Yo Vivido, que incluye tus creencias, con tu Yo Esencial, tu ser espiritual.
Para el Yo Esencial no hay lugar para idolatría, mentira, engaño, falsedad, rencor, enojo, venganza, etc.
No puedes estar en armonía, por tanto no puedes ser sano y feliz, si tu Yo Vivido es una constante mascarada, una risotada sin gracia, una guerra de la oscuridad contra la Luz.

Debes saber que esa necesidad de imponerte nace del EGO.
Sientes que eres impotente si no tienes la razón.
Que eres loco, o débil, o incapaz.
Tiembla todo tu ser ante el espanto de la impotencia, y mucho más cuando del centro de comando (el cerebro y sus funciones superiores) se trata.
Sí, en verdad se siente como una lucha por sobrevivir cuando otro te confronta con algo que te contradice.

Pero, es el EGO.
Si sigues sus manipulaciones, seguirás siendo esclavo.
Ahora te he dado otro elemento para ser libre, feliz, sano.

Probablemente sea dejado de lado, negado, aborrecido, porque contradice tu fe, tu religión, tus creencias…
Los sabios y de noble corazón se tomarán el tiempo y el espacio para analizarlo, medirlo, cotejarlo y finalmente lo incorporarán a sus vidas.
Y si son además justos y buenos, lo compartirán y mencionarán que lo han tomado de este humilde Moré, Yehuda Ribco.

Espero que sigamos en contacto.
Te pido un favor, ¿me darías un resumen de lo que se entiende de este texto y cómo te puede servir?
Y si deseas, ¿podrías confirmar, o no, lo que te pregunto y contar alguna anécdota?
Gracias.
Hasta luego.

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