Shalom, "¡Bendito el que viene en el nombre del Eterno!" (Tehilim / Salmos 118:26).
Bienvenido Que reciba pronto calma para su dolor y fuerza de ánimo.
Quiera el Eterno redimir la sangre de los justos caídos.
Querido "D", con todo cariño y respeto es mi respuesta. Espero que toque su alma, pues desde mi alma nace.
Estoy de acuerdo con usted: ¿Cómo volver a confiar? ¿Cómo volver a tener fe? ¿Cómo volver a creer? Luego de tanto horror, muerte, miseria, maldad… ¿cómo mirar con ojos limpios a la humanidad? ¿Cómo volver a creer en las promesas de los hombres? ¿Cómo volver a tener fe en el poderío de las armas o de los arsenales secretos? ¿Cómo volver a confiar en la invulnerabilidad de un ejército, o de un sistema humano?
Absolutamente comparto al 100% es su sentimiento de impotencia, de dolor, de incongruencia ante estas cosas de la vida.
El enemigo es un ser humano, que asesina, rapta, violenta, aterroriza, hace innumerables fechorías en nombre de cuestiones meramente humanas. El amigo padece, detrás de consignas, lemas, fervores, meramente humanos.
En los enemigos no podemos confiar, pues actúan cual lobos sedientos de sangre, y no se sacian con nada, y continúan en su carrera de violencia y maldad cada vez más miserable y grotesca. En los amigos no podemos confiar tampoco, porque hemos querido encontrar en ellos respuestas y soluciones, pero han sido escasas y condujeron al fracaso.
Ahí está ante su vista la miseria del ser humano cuando se deja libre a sus pasiones y deseos, cuando no lo retiene la obediencia debida a los mandamientos del Eterno. A causa de esa malicia humana padeció usted, murieron sus abnegados compañeros, sufrieron familias y poblaciones. A causa de la desconexión con los mandamientos y la Torá es que el hombre dice: "mi fuerza y poder conquistarán esto", para terminar en la banquina de la derrota sangrienta y dolida.
Yo también quiero creer, pero el hombre no me deja. La humanidad se empecina en seguir en su estúpida carrera de ciegos y sordos, sin aprender la lección que ya soportamos infinidad de veces. Los hombres seguimos ejerciendo la violencia en todos los planos, en vez de adiestrarnos a ser obedientes a los mandamientos del Eterno.
Yo también quisiera despertar un día en un nuevo mundo, en donde el hombre por fin deje de ser el lobo del hombre, en el cual podamos compartir, ser solidarios, discrepar en armonía. Pero, ese mundo que parece utópico permanece por ahora como sueño, pues el hombre está neciamente apegado a sus propias ideas, a sus mil y una fórmulas para quitarse el yugo de la Torá y los mandamientos, y por eso se pierde y cae.
Yo también quiero creer, pero el hombre no me deja. Ni el maldito asesino palestino, con sus infernales compinches; ni el político israelí, con sus generales y aliados. Ni Bush, ni Putin, ni Benedicto, ni… ninguno de ellos, que confían en el hombre, y por caminos de hombres llevan al mundo a este estado de apatía, desolación, caos, mortandad.
Yo tengo la esperanza de que llegará esa nueva Era, en la cual todos andaremos a la Luz del Eterno, y entonces ya no habrá guerras, ni miserias, ni maldades, ni otras aberraciones que son fruto del corazón del hombre.
Espero que mis palabras le sean de beneficio y bendición, reciba todo mi cariño y aprecio, y mi deseo de que sea usted uno de los primeros en convertir su arma en arado, pronto, bien pronto…
Si le quedan dudas pertinentes, hágalas llegar.
Iebarejejá H’ – Dios te bendiga, y que sepamos construir Shalom.
Moré Yehuda Ribco
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