Hacer tu parte del milagro

Cuenta el Midrash (que por lo general no han de ser tomados de forma literal) que Janina ben Dosa era un enorme sabio de Torá que vivió durante la era del Segundo Templo. Tan grande como su conocimiento de Torá era su pobreza, por tanto, aunque anhelaba llevar alguna donación al Templo siempre se encontraba con la dificultad para realizarlo.
Una vez estando en el desierto encontró una gran y llamativa roca que atrajo su atención y le despertó una brillante idea: la trabajaría de manera primorosa para que fuera usada en la estructura del Templo del Eterno.


Después de muchísimo esfuerzo y dedicación terminó su preciosa tarea, pero se encontró con un “pequeño” inconveniente, la piedra era tan pesada que resultaba imposible que él la pudiera mover, mucho menos transportar hasta Ierushalaim.
De haber tenido recursos, hubiera contratado una empresa de mudanzas, pero no había plata para ello, por más que el pensamiento positivo y la buena onda imperaban en él.
Pidió al Eterno por alguna solución…

Entonces, ocurrió algo insospechado.
Una tropilla de changadores acertó a pasar por ahí y estaban dispuestos a ayudarlo en el transporte, pero con una condición, él también tenía que changar.
El rabino era un tipo más bien intelectual, no contaba con gran fuerza física, ni estaba acostumbrado a tales tareas.
Pero era una oportunidad que no podía desperdiciar.

Él no sabía que esos obreros no estaban ahí por casualidad, sino que eran emisarios celestiales (ángeles), enviados por el Jefe para realizar esta tarea y darle una gran enseñanza al maestro.
Ahora, precisamente, estaba ocurriendo el milagro.
Janina ben Dosa apenas apoyó sus manos en la roca, con todo el compromiso de ayudar en la titánica tarea, aunque él bien sabía que sus fuerzas no alcanzaban por sí solas.
Sin darse cuenta cómo, ya estaba en el lugar del Templo y los changadores ya no estaban a su lado.

Estuvo en condiciones de hacer entrega de su donativo para el Templo, para honrar el Eterno, una donación de todo corazón…

Ahora unas preguntas.

  1. ¿Para qué los changadores le pidieron ayuda?
  2. ¿Por qué el transporte fue milagroso si se había armado toda una escenificación de trabajadores que iban a hacer el esfuerzo?
  3. ¿Por qué Dios no lo transportó milagrosamente sin necesidad de la escenificación?
  4. ¿Por qué no envió Dios obreros de verdad, con un camión de verdad, para que trabajen de verdad?
  5. ¿Por qué no llevaba el sabio una vida más acomodada, para que de esa manera pudiera tener más holgura para estudiar y hacer buenas obras?
  6. ¿Realmente el pensamiento positivo orquestó al universo para que sucediera lo que el sabio quería?
  7. ¿Cuáles ejemplos del TANAJ siguen este modelo de actuación?
  8. ¿Qué aplicación práctica obtenemos de todo esto?



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