Parashat Haazinu 5779

Una síntesis de nuestra parashá y luego un breve análisis:

  • Moshé canta su última canción, un poema de amor a Dios y de severa rectitud para el pueblo cuando no actúa con la dignidad que le corresponde (Devarim/Deuteronomio 32: 1-6).

  • El poema relata las bendiciones que Dios ha otorgado a los israelitas, las malas acciones que han cometido y los castigos que Dios les infligió (32: 7-43).

  • Dios le dice a Moshé que comience su ascenso al Monte Nebó, de allí verá la Tierra de Israel desde la distancia, pero no se le permitirá entrar en ella (32: 45-52).

Cuando pienso en cómo pudo vivir Moshé este momento en su vida, se me vienen dos emociones que chocan entre sí.
Por un lado la amargura de no poder completar la misión principal de su existencia, que era llevar a los judíos hasta la Tierra de Promisión. Ingresar allí junto con ellos. Estar presente cuando la repartieran a las familias de cada tribu. Dirigir la edificación del primer y único Beit haMikdash. Presenciar cómo gracias a que en aquel Templo había una especial conexión entre el plano físico y el espiritual, el pueblo de Israel junto a toda la humanidad pudieran alcanzar la paz, prosperidad, bienestar en todos los  niveles. Es decir, ser una parte esencial y activa del inicio la Era Mesiánica
Pero, todo ello sería imposible en aquel momento, porque él estaba a pocos instantes de fallecer, a pocos metros de aquella tierra preciosa. La vería desde la montaña del lado Este del Jordán, mientras con sus ojos espirituales podría vislumbrar los siglos por venir, cuando luego de mucho sufrimiento y contratiempos finalmente se alcanzaría la época de la redención de la humanidad.
¡Cuánta amargura para el gran Moshé! Por lo personal que no podía disfrutar, por la meta tan cercana que no podía cruzar y por todo lo que sufriría también su querido pueblo.
Pero por otra parte, pienso que Moshé también estaba en paz y satisfecho al evaluar su vida.
Nació cuando era improbable que ocurriera. Sobrevivió a la cruel matanza de varones judíos. Escapó de las garras del Nilo. Creció sumergido en idolatría y perversión, pero puedo construirse como un hombre íntegro y leal. Zafó de todo tipo de trampas mortales y engaños sin recurrir a golpes bajos ni maldades. Fue capaz de cumplir con dignidad y fidelidad los encargos de Dios. Se atrevió a confrontar al tirano más despiadado de su época. Pudo navegar sin zozobrar las tormentas emocionales de los esclavos israelitas para conducirlos hacia la libertad. Cargó sobre sus hombros a todo el pueblo cuando éste parecía desfallecer. Estuvo ante el Eterno en Sinaí. Fue maestro de su nación, enseñando las instrucciones de Hashem y lo que oportunamente tuviera que aleccionar. Tuvo la fuerza para oponerse a los malvados y la humildad para no creerse mejor que nadie. Aprendió con sinceridad de los que le enseñaron. Lideró a Israel en mil circunstancias adversas hasta transformarlo en un pueblo digno de servir al Eterno. Los condujo con paciencia y rigor hasta la Tierra de Promisión. Se encargó de no dejarlos huérfanos de nada ni nadie cuando él ya no estuviera con ellos. Preparó el terreno para que el éxito fuera posible para sus aprendices. Escribió la Torá, de acuerdo al dictado del Todopoderoso y la encomendó encarecidamente a los judíos para que la cuidaran, estudiaran, transmitieran y cumplieran.
Sin dudas que fue mucho más que un mero “legislador”, infinitamente más. De hecho, como elaborador de leyes no hay mucho para destacar en su carrera.
Por todo esto es que en la Tradición se le conoce como “Moshé Rabenu”, que quiere decir “nuestro maestro” (originalmente la voz rav/rabino significa maestro).
Entonces, ahora que estaba finalizando su despedida, ciertamente podía sentirse satisfecho, con sano orgullo, sabedor de que la descomunal y ardua tarea había sido realizada.
Ahora te dejo unas preguntas por si quieres pensarlas y compartir tus respuestas:

¿Cuál crees tú que era su estado de ánimo?
¿Qué podemos aprender de su historia para mejorar nuestra vida cotidiana?
¿Por qué crees que en realidad Dios no le autorizó a entrar en Israel?
¿Te parece que las personas del pueblo supieron valorarlo o hubo que esperar a que ya no estuviera?
¿Cuál es tu meta más importante en este momento?
¿Tienes idea de los pasos que podrías dar para alcanzarla?
¿Cómo se relaciona todo esto con la fiesta de Sucot que en pocas horas inicia?

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p align=”center”>¡SHABAT SHALOM!     ¡JAG SUCOT SAMEAJ!

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