Amor en tiempos de caos

En esta semana leemos la parashá Kedoshim, que es un poderoso y milenario llamado a la santidad, a ser un pueblo empecinado en celebrar la vida.
Y que, por ello, está destinado a elegir la bondad, la justicia y la construcción del SHALOM.
Es en nuestra parashá que surge la proclama: «Ama a tu prójimo como a ti mismo», un poderoso llamado que resuena a través de las generaciones incontables, pero que en la oscuridad de la Shoá pareció desvanecerse.

Hoy, en estos días turbulentos y conmemorando en comunidad el Iom Hashoá Vehagvurá, recordamos la oscuridad, el horror, el intento de aniquilar a nuestro pueblo. Recordamos a los seis millones de almas que perecieron, a las familias destrozadas, a la vida judía europea devastada. Preservamos con amor y respeto la memoria de aquellos que no pudieron contar sus memorias, y alentamos las vidas de aquellos que pudieron emerger de entre las cenizas para alzar su voz o ser silenciosos testigos del horror y de la resistencia.

Recordamos a los que lucharon en los guetos, en los bosques, a los que mantuvieron viva la llama de la esperanza en los campos de exterminio. Recordamos la valentía de los Justos entre las Naciones, aquellos que arriesgaron sus vidas para salvar a nuestros hermanos y hermanas.

Tenemos en nuestros corazones a los que en pequeños actos de heroísmo anónimo se enfrentaron al monstruo para que la dignidad humana, la santidad de la vida prevaleciera.

Y vemos la continuidad. Vemos un Estado de Israel vibrante, una comunidad judía global que florece, un pueblo que se niega a ser definido por la tragedia. Vemos la resiliencia del pueblo judío, la fuerza que surge de nuestras raíces milenarias y de nuestra fe inquebrantable.

En estos días, con las profundas tensiones en Israel y la violencia que nos rodea, es fácil caer en la desesperación y la perplejidad. Hasta en nuestro propio remanso de amabilidad y cordura, en nuestro bendito Uruguay, surgen, brotan, voces y manifestaciones turbias, de un profundo y agobiante odio.
Cuando parecía que el veneno maldito ya era cosa del pasado oscuro, ha vuelto a cobrar forma, hay personas y activistas, que, escudados en cualquier justificación que nada justifica, enarbolan nuevamente las causas del odio atroz.
¿Habremos de permanecer callados ante esta violencia disfrazada de supuesto pacifismo?
¿Estaremos presenciando pasivamente como van reapareciendo espectros horrorosos que pretenden generar un nuevo infierno en esta tierra?
Creo que podemos y debemos no solamente recordar y estar alertas, sino activar para promover la verdad, la luz, la concordia, la justicia.
Porque la frase “nunca más”, no debe ser una frase, sino una realidad, que somos nosotros los encargados de mantenerla y empoderar.

Así pues, en enseñanzas de la parashá Kedoshim, con el recuerdo de nuestros hermanos y hermanas de la Shoá, aprendemos que incluso en la oscuridad más profunda, la luz de la esperanza nunca se extingue.

Sigamos construyendo, creando, amando. Honremos la memoria de los que perecieron, luchando por un mundo mejor, un mundo donde la santidad, la justicia y la paz prevalezcan. Un mundo donde «Ama a tu prójimo como a ti mismo» no sea solo un deseo o una proclama, sino una realidad para todos.

Am Israel Jai. El pueblo de Israel vive… eternamente.

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