La parashá Terumá comienza con el mandato del Eterno:
«Di a los Hijos de Israel que tomen para mí una ofrenda; de todo hombre cuyo corazón le mueva a hacerlo tomaréis mi ofrenda.»
(Shemot/Éxodo 25:2).
¿Te diste cuenta de que el Todopoderoso, el Creador, el Amo del universo, el Señor de señores, está pidiendo que la gente done para él objetos materiales y que esa contribución sea hecha de corazón, es decir, de manera genuina y sin esperar nada a cambio?
Tomando en consideración esta pregunta, dejo expuestos tres aspectos que son muy llamativos, y que pudiera haber más en este primer versículo:
- Dios pide de los humanos donaciones materiales, en lugar de proveer Él milagrosamente, de manera sobrenatural, o de forma natural, pero sin intervención humana.
- Él pide la donación de objetos materiales, o sea, no cánticos, plegarias, buena onda, fe, estudio, repetición de lemas y cosas inmateriales por el estilo; Él pide objetos materiales, que de paso te cuento, eran muchos de ellos bastante costosos, por no decir carísimos.
- La donación debe ser hecha de manera desinteresada, o sea, sin esperar nada a cambio de parte de Dios ni de la sociedad.
¿No te da para pensar muchas cosas estas reflexiones tan poderosas?
A mí si, pero, como es solamente un resumen de la parashá, lo dejo por acá para seguir exponiendo el contenido de la misma de manera sucinta.
Las donaciones solicitadas incluyen los materiales más costosos:
«oro, plata, bronce, material azul, púrpura, carmesí, lino, pelo de cabra, pieles de carnero teñidas de rojo, pieles finas, madera de acacia, aceite para la iluminación, especias aromáticas para el aceite de la unción y para el incienso aromático, piedras de ónice y piedras de engaste…»
(Shemot/Éxodo 25:3-7)
¿Y para qué deberían los hijos de Israel mostrar tanta generosidad?
Pues, Dios se encarga de decirlo:
«Que Me hagan un santuario, y Yo habitaré dentro de ellos.»
(Shemot/Éxodo 25:8)
Te pido que prestes atención que no dice Dios que morará dentro del santuario, sino dentro de ellos, es decir, de los israelitas.
Otra vez, algo excesivamente llamativo en pocas líneas, que se traduce en un poderoso mensaje que atraviesa las generaciones, pero que, tristemente, los piratas de la fe han borroneado hasta que no se tiene clara consciencia de lo que pide Dios y cómo es nuestra relación con Él.
A tomar en cuenta, pero sigamos con el resumen.
Todas las materias primas preciosas se utilizarán para la construcción de un templo portátil, que se puede plegar y erigir durante los paseos que harán por el desierto.
Recuerda que el plan original era que los israelitas entraran pocos meses después de la salida de Egipto.
Lo que se retrasó a causa del becerro de oro hasta dos años; pero luego, por el pecado de los exploradores, la travesía se extendió hasta 40 años.
Durante ese tiempo Dios «habitaba», por decirlo de alguna manera, en ese santuario, en medio de los israelitas.
Es por ello que aquel santuario en hebreo se llama en hebreo ‘Mishkán’, que hace alusión a la Shejiná, a morar, a presencia. De allí que Shejiná sea la Divina Presencia.
¿Qué es y cómo ha de entenderse?
Pues, son ideas inconcebibles para quien no las ha vivido, podemos imaginar cosas, pero ciertamente no coincidirán con experimentar la Shejiná. Por tanto, lo mejor que podemos hacer es no tratar de describir, ni de teorizar, para que la fantasía no nos lleve hacia caminos erróneos, de idolatría y superstición; como tristemente pasa con tanta gente incluso hoy en día.
Dios le da a Moshé instrucciones precisas para la construcción, incluso le muestra en imágenes proféticas cómo deben ser los elementos, la disposición, la estructura, etc.
No queda librado al azar ni a la imaginación, sino al plan diseñado por Dios hasta en sus detalles.
Luego la parashá nos describe algunos de los elementos que constituirán el mobiliario sagrado del templo, los describe y presenta; así como también a diferentes estructuras de la edificación plegable que están dispuestos a construir.
