Categoría: CTerapia

  • Rompiendo los límites

    Los niños y también los adolescentes en muchas oportunidades van hasta el borde… y lo cruzan.
    ¿Por qué?
    Puede ser por varios motivos:

    1. Porque no tienen idea de que existen los límites, por ello precisan darse con ellos para ir adquiriendo el conocimiento a través de la experiencia.
    2. Porque no saben cuál es límite exactamente y hasta que no chocan con él no aprenden a reconocerlo.
    3. Porque prueban con ello la reacción de los adultos, ¿qué pasa cuando hago esto, qué dice o hace mi papá-mamá-maestra-etc.?
    4. Porque quieren auto castigarse, como una forma mágica de preservarse de imaginarios castigos que pueden provenir de otras fuentes.
    5. Porque buscan confirmar el cariño, apoyo, confianza, del entorno, de las figuras de autoridad, de sus pares, de quien consideren valioso y aprobatorio. Si traspaso, ¿me seguirá queriendo?
    6. Porque rechazan esos límites, al considerarlos ajenos, extraños, abusivos, maliciosos; con razón o sin ella.
    7. Porque anhelan hacer lo malo, lo incorrecto.
    8. Porque quieren experimentar el lado oscuro de la vida, pero sin dejarse caer en el abismo.
    9. Porque les da lo mismo el límite tal o cual, lo que les importa es obstinadamente oponerse a la figura de autoridad, o al sistema, o a lo que consideren el enemigo del momento.
    10. Porque hacen tonterías sin sentido, sin otra motivación profunda.

    Probablemente puedas encontrar más motivos, con gusto los leeré si los comparte aquí debajo en la zona destinada a los comentarios.

    También me encantaría leer tu comentario al respecto de la siguiente propuesta: ¿cómo seguimos actuando de esta manera aún siendo adultos y maduros –en apariencia-?

  • En busca de un dictador

    El diccionario nos informa acerca del dictador:

    • Soberano que recibe o se arroga el derecho de gobernar con poderes absolutos y sin someterse a ninguna ley.
    • [persona] Que abusa de su superioridad, de su fuerza o de su poder en su relación con los demás.

    Cuando estudiamos desde la perspectiva de la CabalaTerapia nos encontramos con que, la imagen externa por lo general no reproduce fielmente a la imagen interna.
    Sorpresivamente, la imagen interna tampoco representa a la imagen esencial o verdadera.
    Como si la persona estuviera formada por capas que se acumulan unas sobre otras, como cebollas. O cual muñeca rusa, donde una contiene a otra, y ésta a otra, y ésta a otra, y ésta…

    Atendiendo a la definición, el dictador se presenta como alguien que está por encima de los demás, que ostenta poderes, que abusa de la indefensión ajena, que se mantiene gracias a la fuerza y al ejercicio de trucos de manipulación, que se impone como ley que no respeta ninguna ley.
    Esa es la imagen externa, la que la gente teme; la que adoran los adoctrinados y los viciosos por migajas de poder; la que buscan aniquilar los “rebeldes”.
    La imagen de fuerza, de potencia, que no se debilita ni se retuerce en dudas y angustias.
    Una imagen que es alimentada por la maquinaria detrás del poder, que crea mitos, inventa creencias, lleva al dictador al olimpo de las deidades. No es raro encontrarse con cuentos de milagros, maravillas, dotes sobrenaturales entre las alabanzas propagandistas de estos líderes. Por ejemplo, sabemos que Faraón era adorado como un dios, se afirmaba que no precisaba de ir al baño. Hitler era un dios para sus seguidores, capaces de asesinar, matar y morir en honor de su líder. El gobernante de Corea del Norte es encumbrado con toda clase de virtudes y potestades mágicas. Algo similar ocurre con esos líderes religiosos, que no son otra cosa que dictadores pero sin llegar al trono político, pero que recurren a similares astucias, trampas, malabarismos, amenazas, extorsiones, falsedades, presiones, lo que fuera necesario para sostener su falso liderazgo, su bota apestosa aplastando la libertad de sus seguidores.

    La imagen interna, suele ser otra.
    Pero, no es fácil que ésta llegue al conocimiento público.
    Gente quebrada por dentro, sumergidos en angustia, de escasa autoestima, desesperados por sentir que sirven y son amados. Se saben impotentes, vulnerables, fracasados, por lo cual redoblan su fachada de poder atormentado a los otros para de esa forma sentirse menos atormentados ellos.
    Los dictadores tienen un poder externo, nunca interno. Pueden llenar de miedo, imponer, hasta matar o «suicidar» a alguien, pero por dentro tienen nulo poder. Son impotentes. Están sometidos al EGO, aunque pretendan ser los seres más poderosos de la comarca y alrededores. Como niños chicos armados con potentes herramientas de destrucción.

    Cuando cotejamos la imagen interna con la representación externa, nos damos cuenta de que son payasos grotescos y terroríficos, que muestran algo que no son. Si estuvieran alejados de la armadura externa, de sus armas y ejércitos, de sus pandillas de esbirros y matones, probablemente darían una gracia triste, serían objeto de una lástima mezclada con muecas risueñas. Gente atrapada en su debilidad pero con aires de supremacía.

    Pero, algo deben de tener para haber alcanzado ese lugar de poder externo a pesar de su deficiencia interna.
    ¿Qué podría ser?
    Sabemos que poder interno no.
    Equilibrio, armonía, unidad, paz, tampoco.

    Tal vez lo que tienen sea el total desprecio por el otro, al punto de no importar nada en su carrera por obtener un lugar que les haga sentirse menos inseguros y fracasados. Una ética ausente, una conciencia enlodada y enmudecida, un miedo inmenso capaz de llevarlos a cualquier disparate.
    Igualmente, algo más deben de tener para seguir ascendiendo en su carrera infernal, agobiante.
    Probablemente saben interpretar el sentir de sus seguidores, sabe de sus miedos y los aprovecha para su beneficio. Amenaza allí donde duele, crea enemigos gigantes a partir de habichuelas dolorosas, insiste en que el mal se los comerá pronto y sin piedad; luego ofrece una posibilidad única, mágica, sorprendente, de salvación a través de su liderazgo. Amenaza y promete. Llena de terror pero insiste en la fe y la esperanza. Crea el caos y mitiga con paños fríos. Agrede y promete bondad. Corrompe pero sueña con la justicia. Vive como un emperador y obliga a sus seguidores a conformarse con migajas pero agradecerlas como tesoros. Señala con fanatismo al enemigo para perseguir, culpar, odiar; que distrae de los verdaderos problemas y reales enemigos.
    Se presenta como el padre ideal, aquel que el niño sueña con tener, ese que resuelve las cosas de manera mágica, que aleja al cuco de debajo de la cama, el que todo lo sabe.
    Es su “público” el que habilita que surja este fantoche al trono.
    Un público sumergido en vacilaciones, temores, angustias, miedos, impotencia. Por ello, las épocas de crisis son las habituales para el surgir de la malaria dictatorial. Sea una guerra, hambruna, epidemia, caos, terrorismo, criminalidad, deterioro económico, cualquier factor externo debilitante es disparador para la aparición del dictador.
    Si el factor no brota por la coyuntura, habrá quien la provoque, de tal modo de preparar el camino para el “salvador”.

    A ver, veamos a Chávez, Fidel, Cristina, Gadafi, Al-Asad, Jomeini, Hitler, Mussolini, los Kim de Corea del Norte, Stalin, Lenin, Arafat, ar-Rantisi, Sadam, Bonaparte, Robespierre, Mao, Idi, los gurús religiosos (de la religión que fuera), reyes, emperadores, etc. Encontraremos similares patrones de conducta. Sin bondad ni justicia, sin construcción de Shalom. En resumen, el EGO al mando total de la persona. Llanto, grito, pataleo y desconexión de la realidad a un grado superlativo. Sin control real, sin dominio, sin poder, solamente el ejercicio externo que le brinde una especie de anestesia a sus torturas internas.
    Obviamente que habrá gente que se aprovechará de estas dotes carismáticas y mentirosas.
    Obviamente que habrá gente que acepte estas condiciones y se someta dando así la apariencia de poder al dictador.

    Así pues, EGO y más EGO.
    Por un lado el EGO que se expresa en forma de seudo poder, que apabulla, que reclama, que manipula, el del dictador y sus incondicionales y sostenedores. El dictador que suele ser un mequetrefe, alguien disminuido, lleno de vicios y fracasos, pero que se las apaña para hábilmente mostrar otra imagen, merced a las mentiras, la extorsión, la amenaza, la acción despiadada, etc.
    Por el otro, el EGO de las masas, quienes apresados por sus celditas mentales admiten los maltratos, la corrupción, el patoterismo, la crueldad, el desagrado por no tener confianza en sus poderes internos.

    Existen los dictadores a menor escala, dentro de la familia, en grupos de amigos, entre colegas, en clases del colegio, en la empresa, en equipos deportivos, en hinchadas de fanáticos deportivos, etc., cuya autoritarismo es una imagen reducida de los otros dictadores más conocidos.
    ¿Eres tú un dictador?
    Creo que si te haces esta pregunta y te animas a responderla, estás lejos de serlo. Pero es solo una creencia, no una verdad.

    Para finalizar, como ya te he mencionado, no escapan de esta imagen los líderes religiosos, quien habitualmente son dictadores enfundados en halos de santidad.

  • Cambiar la creencia

    Imagina el escenario.
    Alguna persona de tu cercanía tiene una creencia muy profunda y errónea, que la lleva a vivir en la oscuridad, en una falsa imagen de la realidad, en conflicto, en sufrimiento, etc.
    Tú quieres darle una mano, porque te duele su dolor, y más te apena que sea la misma persona la que participa en su quebranto.
    Sabes, o intuyes, que es necesario que deje de lado su ideología, que lo arrastra hacia el abismo, que lo mantiene atrapado, que lo revuelca en el fango, mientras él la alaba, la defiende, lucha con desespero para sostenerla.
    Tal vez ya te diste cuenta de que te será difícil ayudarle a cambiar de creencia y por tanto a ser libre.
    Ser socio en su liberación y fortalecimiento se presenta como una tarea inmensa y destinada al fracaso, particularmente por la forma en que la persona se esfuerza por atarse a su ideología.
    Si tú te opones abiertamente a esa creencia, el otro se aferrará aún más a ella.
    Si tienes la osadía de manifestar tu oposición, aunque fuera levemente, te devolverán furia, acritud, pesadez, culpas e incluso cosas más violentas.
    Si intentas señalar los evidentes errores, aquellos que siendo relativamente objetivos se pueden observar sin dificultad, chocarás contra el muro de la negación.
    Si eres un poco más agudo en tus comentarios, seguramente la respuesta agresiva será mayor.

    Es dudoso que a esta altura de tus intentos sigas en una posición amable, de buen ciudadano tratando de ayudar desinteresadamente. Casi te puedo asegurar que ya te has transformado en un guerrero, alguien que lucha para tener la razón, para no fracasar, para obtener la victoria. Si comenzaste siendo buena onda, con el deseo de colaborar generosamente, ahora estarás cegado por tu deseo de triunfar, aunque en el proceso te lastimes o lastimes a aquel que quieres (querías) ayudar a ser libre de la distorsión intelectual y emocional. Ahora también tú estarás en guerra. Como el otro, negarás tus acciones, reprimirás tus sentimientos, te encadenarás a tus creencias e ideas, darás excusas para lo que hagas, siempre con el lema de que lo haces por el bien del otro, que tú solamente quieres ayudar, que el otro te ha agredido, que no se deja ayudar, que…

    No, no es fácil que la gente quiera o pueda cambiar su mundo interno. Peor cuando esas creencias son relativas a tener un supuesto poder sobre las cosas, a dominar dioses y elementos, a obtener salvaciones y curaciones, a evitar maldiciones y condenas, a ser librado del mal. Porque esas creencias de poder invitan a encerrarse en ellas, a bloquear todo lo que pudiera poner de manifiesto que en verdad la persona es débil, endeble, vulnerable, rompible, mortal, impotente. Así, la persona se esfuerza en rodearse de lo que la asfixia y va matando, se abriga con ello, creyendo tener poder y superioridad, pero no tiene más que miseria y muerte.

    ¿Qué hacer?
    Unos pocos tips:

    • Usar la Comunicación Auténtica, obviamente.
    • No convertir el asunto en una guerra.
    • No querer vencer, ni convencer.
    • No querer controlar aquello que no se puede controlar.
    • Dominar aquello que está bajo tu dominio.
    • Admitir que el otro tiene esas creencias, aunque uno no las admita para sí mismo ni las considere saludables o necesarias.
    • No intentar cambiar las creencias del otro, porque el otro no está capacitado para que eso ocurra.
    • Encontrar un terreno en común, compartible y compartido, para no cortar el lazo de unión.
    • Recordar que más allá de las máscaras del Yo Vivido, todos somos Yo Verdadero, NESHAMÁ, seres de luz.
    • No permitir actos, palabras, etc. de odio, rencor, violencia, agresión, etc., hacia uno mismo, colectivos, etc.
    • Ten en cuenta que tú también eres esclavo de tus creencias y que en tanto no las tamizas ni filtras, puedes estar en situación similar a la que está el otro.
    • Es casi imposible que uno se libere por sí mismo de la celdita mental.

    Pero… ¿entonces?
    ¿El otro seguirá esclavo de sus creencias y sumará más trabajos forzados a los que ya cumple?
    ¿Será que no tenemos nada para hacer?
    ¿Rezar no serviría de algo?

    Como respuesta a estas preguntas te dejo con una tarea, que si la cumples y quieres nos compartes luego los datos, aquí debajo en la sección de comentarios.
    Estudiar el proceso de liberación de los judíos de la esclavitud de Egipto.
    Estudiar el proceso de la liberación de los judíos de la esclavitud que cargaban en su interior desde Egipto.

  • El consejo diario 439

    Nuestra esencia se denomina NESHAMÁ, es nuestro espíritu, el Yo Verdadero.
    Pero, nos manejamos habitualmente con otra identidad, la formada por las máscaras, imposturas, creencias, deseos, anhelos, mandatos, recuerdos, conflictos, EGO, acciones, omisiones, etc.; en lo que denominamos Yo Vivido.
    El Yo Verdadero no forma parte de lo que se puede experimentar plenamente en Este Mundo, no pertenece a él ni cuenta con herramientas para desplegarse aquí.
    Pero, sí es posible, y hasta un deber, llevar un modo de vida que haga del Yo Vivido el mejor embajador y representante de la NESHAMÁ.
    ¿Cómo?
    Contruyendo SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia.
    El mejor manual para lograrlo se llama TORÁ, la cual hay una noájida, para los gentiles; así como una judía, para los judíos.
    Conoce tu manual, apréndelo, hazlo tuyo, vívelo, compártelo.

  • Aguas y seres

    El agua es esencial para la vida, según la conocemos en casi todas las criaturas que habitan este mundo. No sabemos si hay otros seres en los diversos cuerpos celestes, ni podemos conjeturar si dependen del agua como nosotros. Pero, es un hecho, nosotros, los humanos, somo aguadependientes por completo.

    El judaísmo no es ajeno a conocer y reconocer este hecho, y en diversas narraciones, anécdotas, leyes, reglamentos, rezos se encuentra el agua como eje de referencia. No daré ahora ni siquiera una breve lista, ni siquiera mencionarñe que se compara a la Torá con agua, pero con gusto leeré la lista de quien desee compartirla en la sección de los comentarios, aquí debajo.

    Solamente me detendré en un par de pasajes del TANAJ, que creo son bastante conocidos.
    En el Salmo 23, el inspirado salmista menciona en el párrafo 2: «En lugares de verdes pastos me hace descansar; junto a aguas de reposo me conduce

    Junto a aguas de reposo, aguas calmadas, aguas que calman.
    Ese lugar que sirve como un refugio, como un hogar.
    Donde se satisface la sed, probablemente se encuentre algo de sombra reparadora, haya alguna opción para alimentarse.
    Un sitio seguro y que asegura.
    Donde el caos parece ajeno, alejado, detrás de una barrera invisible y protectora.
    A diferencia de las aguas rugientes, esas que son caóticas, que atormentan, que atemorizan, que confunden, que no brindan descanso ni seguridad. Como las que se arremolinan y succionan hacia la perdiciñon, el abismo, el olvido. Como cuando se está delante del océano que es misterioso, inmenso, peligroso. Aunque a sus orillas podamos creer que lo tenemos dominado, igualmente es una aventura ingresar en él con desmedida confianza, sin la cautela del sabio. Los conocedores no se atreven a faltarle el respeto, porque saben que de un instante al otro las condiciones varían, allí en donde era llano se abre una fosa profunda, donde estaba calmado existe una corriente subterránea que arrastra sin compasión, donde parecía que el océano perdía su vigor de repente se transforma en un gigante sediento de vidas.
    En palabras del salmista (124:5): «entonces las aguas nos hubieran anegado, un torrente hubiera pasado sobre nuestra alma, hubieran pasado entonces sobre nuestra alma las aguas impetuosas«.

    Podemos estar ante la misma agua, y sentirla como un lugar seguro, de reposo, de shalom; pero también puede ser la corriente que nos hunde y ahoga, que en su ímpetu nos asfixia y niega la paz.

    A veces esto solamente depende de nuestra actitud.
    Cómo evaluamos las situaciones y cómo reaccionamos ante ellas.
    Las misma aguas de muerte pueden ser convertidas en símbolo de vida; tal como las del río que llevaron a la muerte a muchos niñitos hebreos pero alcanzaron a Moshé hacia el refugio y la educación que le permitió ser el líder que necesitaría Israel para su liberación.

    Podemos dejarnos arrastrar por el caos interno-externo, hacia la potestad del EGO y actuar a su merced, como títeres, monigotes, autómatas dominados. O podemos dejar fluir lo incontrolable y hacernos maestros en la construcción de shalom.
    Mucho depende de nosotros, no todo, no siempre, pero sí mucho.

    Si tenemos la oportunidad, sentémonos al lado del mar, del océano, del río, de un lago, laguna, arroyo… lo que tengamos cerca. Veamos la infinita grandeza del Eterno reflejada en el Cosmos y percibamos Su rastro sagrado en nuestro ser. Optamos por seguir siendo payasos en papel de dictadores, envueltos en caos y desesperación, o quizás mejor decidamos disfrutar de las aguas del reposo, de la tranquilidad, de la serenidad de la mente que aquieta la agitación de las emociones.
    Construyamos shalom, con acciones de bondad y justicia. ¿Es fácil? Seguramente que no, pero se hará mucho más sencillo con la repetición, con el entrenamiento, con la adquisición del hábito del verdadero dominio.

  • Tomar posesión de la Tierra de Promisión

    «di a los Hijos de Israel: ‘Yo soy el Eterno. Yo os sacaré de debajo de las cargas de Egipto y os salvaré de su esclavitud. Os redimiré con brazo extendido y con grandes actos justicieros.
    Os tomaré como pueblo mío, y yo seré vuestro Elohim. Vosotros sabréis que yo soy el Eterno vuestro Elokim, que os libra de las cargas de Egipto.
    Yo os llevaré a la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a Avraham [Abraham], a Itzjac [Isaac] y a Iaacov [Jacob]. Yo os la daré en posesión. Yo el Eterno.’
    «
    (Shemot / Éxodo 6:6-8)

    No alcanza con dejar de sufrir, pero nos bastaría.
    No alcanza con salir de la esclavitud, pero nos bastaría.
    No alcanza con ser testigos de hechos grandiosos y maravillosos, pero nos bastaría.
    No alcanza con vincularse de manera especial e íntima con Dios y Éste con uno, pero nos bastaría.
    No alcanza con saber que es Dios quien nos conduce, pero nos bastaría.
    No alcanza con ir a la Tierra de la Promisión, pero nos bastaría.
    Sino que son parte de un camino que conduce a una meta: poseer la tierra que nos pertenece, entonces se cumple a pleno el “Yo soy el Eterno”.

    Así también en cada una de las cuestiones de nuestra vida.
    Avanzar entre las dificultades, pasar por los momentos de gozo, aceptar las alturas así como las llanuras, en tanto se tiene en mente la meta y se anda hacia ella.
    Dejar de lado lo que no aporta a la causa, no encerrarse en celditas mentales, no guardar rencor, no quedarse anclado al pasado o a ilusiones que desvían de la ruta.
    Tener conciencia de la meta, hacer lo bueno y justo para llegar a ella.

    Las cosas no marchan como quieres, puedes amargarte, abandonar, quejarte, recluirte, luchar con palos contra las sombras, gritar, llorar, hacer de cuenta que no pasa nada… o puedes probar con lo que realmente puede servirte.

    La cuestión es dejar la fantasía, transformarla en creatividad. Ésta en aliciente para un proyecto, el cual se traduce en una planificación. Ésta se lleva a la práctica, se evalúa, se modifica en lo necesario. Se continúa ejerciendo nuestro poder con la vista puesta en la meta, sin aflojar.

    Habrá momentos de flaqueza, son esperables.
    Habrá períodos para sentir que nada vale la pena, que la meta es inalcanzable, que es un error seguir en la senda hacia ella.
    Es tiempo para reconsiderar, con la mente creativa pero con los pies bien plantados en la tierra.

    Habrá ocasiones de tanta algarabía que parecerá innecesario seguir el esfuerzo hasta la meta.
    El secreto está en darse cuenta que la meta a veces puede ser el sentido con el cual vivimos nuestra vida, no un punto al que llegaremos materialmente.
    A veces, la meta es concreta tras la cual descubrimos una nueva meta para alcanzar.
    Siempre, cada pasito es una meta en sí misma.

    ¿Qué es lo importante?
    Llenar de sentido trascendente nuestra existencia.
    Hacer realidad la Presencia en cada momento, construir shalom.

  • El consejo diario 433

    Si usted no se enfrenta con sus sombras internas,
    nadie podrá alumbrarle.

  • En la reunión

    Tienes la sensación de que no sabes moverte entre la gente, o que no te dan el espacio. ¿Será que no te respetan?
    Directamente, ¡ni te registran! Nadie se da cuenta de tu existencia.
    ¿Será ese el problema?

    En las reuniones las personas conversan, se juntan en grupitos, van, vienen, ríen, carcajean, susurran, se invitan, y tú sientes que estás por fuera. Cuando ibas a decir algo, el otro te dio la espalda para irse con aquella rubia. Te preguntaron como estás y antes de poder responder ya estabas a solas con una aceituna a medio comer. Se te traban las palabras, estás convencido de que aburres, de que algo provoca que la gente te rechace en tanto los demás la pasan a las mil maravillas. No se te ocurren temas para la conversación, y cuando dices algo tienes la idea de que el otro ni te escucha, difícilmente dejas alguna huella en ellos. Tienes la certeza de que no hay nada interesante para compartir con los demás, y de haberlo, no tienes el carisma para expresarlo. Quisieras parecer inteligente, divertido, profundo, simpático, atrayente, seguro, todo lo que sientes que no eres, para de esa forma obtener la atención y reconocimiento.
    Estás por largar el llanto, o de esconderte en algún sillón arrinconado y en penumbras. Quizás pudieras decir una excusa, a la cual nadie prestará atención, para retirarte ya y sumergirte en un pote enorme de helado en la soledad de tu habitación. Quisieras estar en control de esa mezcolanza que son las fiestas, encuentros, banquetes, convites, rejuntes, pero sientes y sabes que no tienes ningún poder allí, todo te supera, te pasa como una marejada enorme y desordenada en la cual te ahogas.
    Sí, podrías decir que odias las reuniones sociales, no estás a gusto y preferirías estar en otra parte.

    Puede haber algo de cierto en lo que sientes, crees, piensas; pero también te aseguro que hay un enorme componente de imaginación de tu parte.
    ¿Cómo decírtelo para que no te ofendas?
    ¡Te estás boicoteando!

    El hecho cierto es que las reuniones sociales suelen ser caóticas, no hay un hilo conductor en las charlas, ni un tema que monopolice la reunión. Son olas que van y vienen, con una vida propia que supera a la individual de cada participante. Uno dice algo, el otro habla de otra cosa, aquel intenta responder lo que uno preguntó media hora atrás, ese otro está contando algo que nadie sabe bien qué es, aquellos están en su propio monólogo de a dúo pero en medio de la charla general, el otro interrumpe a cada rato, ese quiere rematar con un chiste tras cada frase de aquel, y así la cosa es mezclada, confusa, dinámica… como si solamente estuvieran pasando el tiempo soledades juntadas en un lugar y tiempo.

    Ten presente que estás mostrando máscaras, así como los otros. Habrá seguramente competencia de poder, a ver quien se impone, quien predomina, quien se lleva la atención. Es un habitual choque de las partes más primitivas y menos desarrollables de nuestro ser, con las de los otros; todo ello mediado por reglas sociales, costumbres, expectativas, etc.

    Las frases divertidas o inteligentes no son la norma, lo que se busca por lo general es impresionar, o mostrar el control de la situación.
    La gente se aburre pero sonríe, mostrar debilidad no es una estrategia admisible por el grueso de la sociedad.
    La gente está pensando en lo que ellos quieren responder y no en lo que el otro les quiere decir, porque en verdad poco importa la comunicación auténtica, sino tan solo predominar, obtener la satisfacción, o al menos no pasar papelones.

    Tus palabras quedarán en la memoria lo que una papa frita en cumpleaños infantil, lo mismo que pasará con los dichos de los otros en ti.
    Tu alarma de estar siendo inspeccionado y en la mirada de todos, probablemente sea solamente tu imaginación. Eres tú quien se cree en el centro de la inspección, los otros seguramente están pendientes de sus propios miedos y debilidades.
    Los otros concurrentes, probablemente flaquean como tú en estas situaciones, aunque tal vez tengan a mano algunos recursos para hacer más disfrutable, o menos calamitosa, la ocasión.
    Aunque, no faltan los criticones, los cítricos, aquellos que encuentran placer en el sufrimiento ajeno, porque de esa manera vil obtienen una miserable sensación de autoridad.

    Por supuesto que hay gente que se mueve en las reuniones con facilidad, sin preocuparse, están en su medio. Pero, ¿quién dice que ellos sean la mayoría o la norma?

    No te hundas, no te persigas, no te castigues, no te juzgues, simplemente trata de pasar un momento agradable junto a los otros participantes.
    Te ayudaré con algunas ideas.

    Si te escondes en algún rincón, si te alejas de los grupos, si estás en una posición defensiva, es muy difícil que puedas integrarte al ambiente de la charla.
    Sí, sé que crees que te cuesta, que no quieres ser el centro de las miradas, que tienes miedo de lo que opinan de ti. Estoy consciente de todo eso, por ello es que te sientes como te sientes.
    Entonces, haz el pequeño esfuerzo de acercarte a algún grupito y no quedarte por fuera, ni en la periferia, ni en un extremo. Mejor sitúate en el medio de la ronda, por el lugar donde vuelan las conversaciones de un lado para el otro. Así estarás participando incluso sin mover los labios.

    Atiende a lo que los demás tengan para decir. Es como una receta mágica, a la gente le encanta hablar y hablar y que alguien les escuche, o al menos parezca hacerlo. Sé tú quien les escucha y por supuesto puedes intervenir cuando te surja algo para comentar.
    No te esfuerces en llevar la voz cantante, ni en brindar las respuestas inteligentes, ni en ser el tipo más ocurrente de la sala.
    Con tu actitud receptiva y algunas palabras ya es más que suficiente para generar un clima amigable.
    Ten en cuenta tu postura corporal, porque los gestos, las posiciones, las entonaciones, las miradas, todo ello dice muchísimo, incluso más que las palabras.

    Pero, no tienes la obligación de guardar silencio ni de ser el psicoanalista de la velada, recibiendo en mutismo neutral todo lo que tienen para lanzarte encima.
    Tú también tienes algo para contar, algún chiste para divertirte, algo que te molesta, ¡qué sé yo! Lo que quieras y convenga y sea beneficioso para ti y los concurrentes.
    Si tienes que interrumpir, y no es algo frecuente en ti, hazlo. Ser amable y amistoso es parte de la construcción de shalom también. Por ello, cuando te interrumpan, pásales la posta. Ya podrás terminar tu idea, o tal vez ya no te interese hacerlo. Tú evalúa, pero con una meta en mente: que todos lo pasen lo mejor posible.

    Cuando hables, procura ser claro, conciso, en un tono y volumen que alcance el oído de la gente a tu alrededor, los destinatarios de tu mensaje.
    Si no te escuchan, ¿cómo van a saber que estás hablando con ellos?
    Y si te escuchan, pero el sonido es estridente, molesto, abusivo, agresivo, aburrido, ¿qué pretendes que te respondan?
    Está en ti manifestar tu presencia, hacer que te reconozcan, proponer tu autoridad.
    Si estás como si no estuvieras, ¿cómo quieres que aprecien lo que tienes para compartir?
    Si tu voz indica debilidad, hostilidad, desprecio, altanería, y por el estilo, ¿cuál crees que será la respuesta del otro lado?

    No admitas agresiones pero tampoco agredas.
    Si no estás a gusto, puedes correrte hacia un espacio más positivo.
    Si por alguna causa debes permanecer en la cercanía de algún personaje tóxico, trata de controlar tus reacciones inmediatas, no les brindes el placer de que te saquen de quicio y así obtener ventajas sobre ti.

    Como ves, en este baila participan varios convidados.
    Tú eres uno de ellos, las creencias que te dominan cual títere son otras de las que participan.
    Si permites que tus creencias, fantasías la mayoría de ellas, sigan dirigiendo tus pasos, pronto estarás en un lugar que podrás sentir confortable pero te horroriza. Tu celdita mental, tu zonita de confort.

    Si a pesar de las voces que te disminuyen, haces el esfuerzo de imponer una presencia amable, sonriente, atenta, participativa, confiable, entonces estarás quebrando el dominio del EGO sobre ti, al menos un poquito, lo suficiente para darte confianza y vigor para un nuevo paso.

    Si sigues los pequeños consejos e igualmente sientes que eres un fracasado, que la gente te rehúye, que no tienes valor a sus ojos, que te dejan con la palabra a medio decir, en fin, todo lo que ya mencionamos; sería hora de revisar a conciencia tu actitud hacia el mundo, tu sistema de creencias, tus máscaras que ocultan tu rostro, el poder que permites al EGO tener sobre ti.

    Ten en cuenta que tienes derecho a la privacidad, a tus gustos, a que no te agraden los eventos sociales. Pero una cosa no quita la otra. Si tu timidez te impide socializar, no es lo mismo a optar por ser retraído. Si sientes como nefasto el tener que rodearte de otros en una fiesta, no es parecido a preferir voluntaria y agradablemente otro tipo de solaz.

    Por último, de manera similar a como ocurre con esa timidez social, suceden en los otros obstáculos que están en tu  mente más que en la confrontación con la realidad.

    A todo esto, ¿cómo se vincula este tema tan interesante con la finalidad de SERJUDIO.com o FULVIDA.com?

  • Chocar contra el muro

    Es tarde, no sabe qué hora es, no funciona el reloj de su mesita de luz, está todo oscuro.
    La fuerte tormenta parece que ha provocado un cortocircuito, o un apagón, o vaya uno a saber. El hecho cierto es que no tiene electricidad en su casa. Apenas entra una penumbra por la ventana, y de a ratos se alumbra la escena por efectos de los relámpagos.
    Los árboles se quejan y golpean, hay ruidos por todas partes, pero fue uno en particular el que le despertó. No sabe muy bien qué fue. Solamente recuerda el sobresalto y el despertar. La confusión por el estruendo y la falta de luz, el nerviosísimo al no poder encender las lámparas tranquilizadoras.
    Trata de animarse diciéndose que algo habrá volado con el viento, quizás se abrió a la fuerza una ventana, o se rompió algún vidrio a causa de los elementos voladores. Nada para temer, solamente las cosas normales que suceden en una noche de tempestad. ¿No?
    En eso, otro ruido fuera de lo común… ¿son pasos? No, no es nada, solo ramas golpeando las paredes de la casa. O, ¿son pasos?
    Se agita, su respiración se apura y entrecorta, siente que el corazón está acelerado y como queriendo escapar de su pecho, se siente raro, siente como que está apretado por dentro…
    Confesémoslo, tiene miedo.
    ¿Sabe qué hacer?
    Piensa en llamar al 911, pero, ¿qué va a decir?
    Semejante grandulón con miedo a una tormenta… ¿eso quiere que quede grabado en el registro oficial?
    Miedo, ¿a qué?
    Es solo su imaginación que le está jugando bromas, nada más.
    Entonces, el rayo destella a través de su habitación… ¡allí mismo, allí donde alcanza a ver con el rabillo del ojo, acaba de ver el reflejo de un gran cuchillo, y pudiera jurar que había un tipo monstruoso sosteniéndolo!
    ¿Qué hacer?
    ¿Levantarse y correr?
    ¿Levantarse y luchar?
    ¿Levantarse y pedir misericordia?
    ¿Esconderse bajo las sábanas?
    ¿Confortarse diciendo que sigue siendo su imaginación?
    ¿Rezar?
    ¿Gritar?
    ¿Amenazar?
    ¿Lanzar una chancleta?
    ¿Orinarse en la cama sin atinar a otra cosa?
    ¿Desmayarse?
    ¿Cantar sonriente, haciendo de cuenta que está todo bien, y cuando hay pensamiento positivo el universo conspira para hacerle los mandados?
    ?Lamentarse por lo bajo diciendo: “¿Por qué a mí?”?
    ¿Qué hacer?

    Ante esta escena, sea que esté ocurriendo realmente, o que la esté imaginando vívidamente, o viéndola en una película, su cuerpo, de manera natural reacciona más allá de sus razonamientos, deseos, esperanzas, fe, declaraciones, etc.
    Su sistema límbico, que comprende regiones del cerebro que están conectadas al hipotálamo, controla la respuesta del cuerpo ante situaciones vividas como amenazas, de real o sentida impotencia.
    El hipotálamo ordena al cuerpo que aumente su tasa de oxigenación, la frecuencia de latidos del corazón, se dilatan sus pupilas, y sus palmas se ponen sudorosas.
    Su reacción es natural, es el estrés que se dispara automáticamente y sirve como mecanismo de supervivencia.

    A esto nosotros le denominamos IETZER HARÁ, en concordancia con la Tradición, eones anterior a que la ciencia descubriera y describiera los mecanismos fisiológicos en juego. También le llamamos EGO.

    Se dispara no solamente en situaciones que provocan este miedo espantoso que describimos, sino también las que son de menor cuantía pero igualmente le significan golpearse contra el muro de la impotencia. Por ejemplo, cuando alguno se coló en la fila y te ganó de mano. ¿Qué sientes?
    Cuando el prometido aumento de pronto desaparece, porque el jefe dice que tiene deudas que son prioritarias (su mes de vacaciones en el balneario top, por ejemplo), ¿cómo te sientes?
    Cuando alguien se ríe a tus espaldas y crees que se están burlando de ti, ¿qué pasa?
    Puedes seguir tú enumerando las miles de ocasiones que por día te suceden cosas que te hacen sentir impotencia.

    ¿Qué ocurre cuando reaccionamos así constantemente?
    ¿Qué pasa si imaginamos desastres todo el tiempo, allí en donde no los hay?
    ¿Cómo vivimos en constante estado de estrés, inundados por los mecanismos del EGO?
    ¿Cómo serán nuestras relaciones interpersonales, si estamos sometidos al accionar involuntario e inconsciente del EGO?
    ¿Qué hacer para liberarse?

  • El consejo diario 430

    No tienes el control de lo que no tienes el control,
    aceptarlo es tener el control.

    En palabras de los Sabios:
    “¿Quién es fuerte?
    Aquel que conquista su IETZER (EGO)”.

  • El consejo diario 429

    El divorcio cuerpo/espíritu, no tiene un origen en la Tradición, sino en la filosofía griega, más precisamente platónica.
    Desde el comienzo se ha establecido la unidad indisoluble de lo material y espiritual, en tanto existencia en este mundo, particularmente en los humanos pero no restringido solo a nosotros.

    Así, es importante saber y entender que la salud no es un concepto que afecta exclusivamente al cuerpo, sino que es multidimensional: corporal-emocional-social-mental-espiritual.
    Si fallamos en alguna de nuestras dimensiones, estamos en desequilibrio, en desarmonía, faltos de salud.

    La persona que pretende la vivencia íntegra, busca perfeccionarse, en la medida de lo posible, en todas sus dimensiones, sin excluir ni rebajar el valor de ninguna de ellas.

  • El consejo diario 428

    Una forma de cambiar nuestro humor, nuestro estado de ánimo,
    es cambiando la forma en que nos relacionamos con él.

    ¿Quieres saber cómo?
    CABALATERAPIA: http://serjudio.com/nosotros/sesiones-online