Accionar y no reaccionar ante el miedo

El miedo es una fantasía de una futura impotencia.
Eso a lo que le tenemos miedo no está aquí y ahora y quizás nunca se nos cruce en la vida.
Pero el miedo hace que nos dediquemos a darle realidad, porque vivimos angustiados, tensionados, desperdiciando energía en combatir fantasías sin presencia.

Debemos entender que miedo no es precaución, pues ésta es una anticipación racional, mesurada, de un posible peligro o inconveniente.
A diferencia del miedo no se basa en conjeturas falsas, sino en premisas verdaderas, en experiencias previas, en información veraz.
Mientras que el miedo no se aparta del mundo de la fantasía, de lo irracional, de las emociones disparadas.

Debemos entender también que el miedo no es el susto, porque éste aparece cuando algo está presente realmente y pudiera causarnos algún daño, o percibimos que eso presente pudiera causarlo.
Si se nos abalanza un perro grandote no tenemos miedo, sino susto.
Si no queremos pasar por una determinada calle porque sabemos que hay un perro grandote suelto, es precaución.
Pero, si no podemos estar tranquilos en casa, o en el auto, o en cualquier lado y ni siquiera hay cerca un perro, eso es miedo.

Debemos saber que estar en estado de impotencia, o sentirnos así, dispara automáticamente las reacciones del EGO: llanto, grito, pataleo y desconexión de la realidad; así como cualquiera de sus derivados.
En otras palabras, las famosas reacciones de parálisis por miedo, huida, ataque o realizar sonidos/gestos que denoten impotencia y pidan auxilio o piedad.
Son reacciones, es decir, no están pensadas, no las planificamos, se disparan automáticamente en menos de un segundo.
En realidad, esas reacciones suelen ser muy útiles cuando estamos efectivamente ante algo que causa susto, o cuando realmente estamos en impotencia y no tenemos manera de resolverla por nuestra cuenta.
Pero, esas reacciones son muy, muy perjudiciales cuando se ponen en funcionamiento ante el miedo, que como dijimos, es solamente una fantasía de impotencia.

Por tanto, sería muy bueno aprender a disminuir la influencia del miedo en nuestra vida, para vivir más plenos y dichosos.
Como así también aprender a no reaccionar ante el miedo, pero sí responder de manera racional, equilibrada, poderosa.

No es tarea fácil ni de corto tiempo, sino que requiere paciencia, trabajo, entrenamiento, aceptar que fracasaremos más de una vez, pero no por ello dejar de seguir entrenándonos.
Para que sean más las respuestas y menos las reacciones.

Al respecto, tenemos en la parashá Vaishlaj muchas enseñanzas de las conductas y actitudes del patriarca Iaacov, también conocido como Israel. Te dejará solamente 3:

  • Rezar y confiar en Dios.
  • Comunicarse auténticamente.
  • Desarrollar nuestras capacidades para que tengamos conocimiento de nuestros recursos y entrenamiento en cómo emplearlos sabiamente.

Hay otros tips, pero por el momento creo que con estos podemos dar grandes pasos en la dirección correcta y ser menos esclavos del EGO y su servidor el miedo.

https://serjudio.com/apoyo

https://youtube.com/yehudaribco

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