Armar tu realidad

« וְשָׁ֣ם רָאִ֗ינוּ אֶת־הַנְּפִילִ֛ים בְּנֵ֥י עֲנָ֖ק מִן־הַנְּפִלִ֑ים וַנְּהִ֤י בְעֵינֵ֨ינוּ֙ כַּֽחֲגָבִ֔ים וְכֵ֥ן הָיִ֖ינוּ בְּעֵֽינֵיהֶֽם:
También vimos allí a los Nefilim, hijos de Anac de la estirpe de Nefilim. Nosotros, a nuestros propios ojos, parecíamos langostas; y así parecíamos a sus ojos.»
(Bemidbar/Números 13:33)

Los filósofos y pensadores a veces no se ponen de acuerdo en si la realidad existe o no.
Como no me interesa divagar, no entraré en esas cuestiones.
Solo te comento que entre los Maestros están aquellos que dicen que:

  • solo el Eterno es real y el resto es ilusión (sí, tú y yo somos espejismos en la Mente del Divino);
  • el Eterno hizo lugar para que existiera la creación, como si hubiera dejado un espacio vacío que cubrió con el universo;
  • Elohim está en todo lo creado, sin que por ello identifiquemos creación con Él;
  • Elohim es indistinto a su creación.

Como te dije, no vamos a resolver esta cuestión, ni siquiera vamos a pensar en ella.
Ni tan siquiera sé si hemos compartido todas las opciones que al respecto los Maestros enseñan.

Simplemente te pido que nos enfoquemos en un tema que resulta absolutamente práctico, útil para el mejoramiento de nuestra vida cotidiana.

Lo que importa establecer es cómo eso que percibimos como realidad nos impacta.
Dependiendo de cómo interpretas lo que te está pasando, es cómo construyes tu percepción de aquello que percibes como la realidad.
Ésta puede existir o no, ser independiente de ti o no, ser parte del Creador o una ilusión, esto o aquello; nada de eso modifica el hecho de que lo que tú armas en tu mente y por ello reaccionas, es lo importante.

Las percepciones no se dan fuera de un contexto, ya que tú interpretas a partir de tu Sistema de Creencias.
Por tanto, la realidad se arma en tu mente de acuerdo a quien estás siendo, a lo que crees, a lo que te inculcaron, a lo que admites o de lo que reniegas.

Por supuesto que no tenemos ni control ni responsabilidad por gran parte de lo que es nuestro Sistema de Creencias. Éste se fue formando desde el nacimiento, a instancias de los adultos que estaban influenciando en tu crianza. Está lleno de prejuicios sociales, de normas morales, de pautas implantadas por presión social.
Se esconde en lo más profundo e inaccesible de tu memoria corporal, más allá de cualquier razonamiento o palabra. Guarda multitud de pesadillas y deseos, reglas y convenciones, recuerdos y heridas.
Ese caudal misterioso y oscuro es el que te marca la manera en que interpretas lo que estás vivenciado, te obliga a percibir, te estructura tu imagen de la realidad.

Planteado de esta manera podría parecer que no tenemos responsabilidad por nuestra conducta y por tanto cualquier pecado o inconducta está disculpado puesto que somos víctimas de ese tenebroso Sistema de Creencias.
Sin embargo, por sobre el Sistema de Creencias tenemos el poder de elegir nuestra conducta, de entrenarnos para no reaccionar por impulsos inconscientes e instintivos, sino educarnos para controlar el alcance del Sistema de Creencias y por tanto desarrollar una vida más coherente, sincronizada con el código de ética/espiritual.

Ahí está el famoso libre albedrío, que es el poder optar por actuar siguiendo el camino de la ética o no hacerlo.
Por un lado está dejarnos llevar por el Sistema de Creencias y los impulsos, y por el otro adquirir poder al controlarnos y dar respuestas, en lugar de meramente reaccionar.

Cuando crecemos en poder, cuando limitamos el influjo de las partes irracionales de nuestro ser, entonces estamos pudiendo armar una interpretación de la realidad mucho más saludable.

¿Y por qué sería más saludable si aplicamos el razonamiento, el acercarnos según podamos a la objetividad?
Una respuesta es: porque tratamos de medir las consecuencias de nuestras acciones y por tanto (se supone) que estaremos limitando el perjuicio que causaremos, cosa que indudablemente no ocurre cuando reaccionamos desde la inconsciencia.
Segunda respuesta: porque ponemos a funcionar partes más humanas de nuestra personalidad, las que cooperan con nuestra NESHAMÁ para manifestar el espíritu en el mundo, en lugar de permitir que nuestra natural animalidad se explaye sin contención.
Tercer respuesta: porque generamos (en lo posible) un ambiente de comunicación, de negociación y no simplemente la explosión del EGO y de lo que esto conlleva.

Sin embargo, si eres atento en la lectura y comprensión, bien podrías criticar este planteo diciendo: ¿acaso la racionalidad no está también saturada del Sistema de Creencias?
Y la sincera respuesta es que nada de lo que hagamos puede estar esterilizado de ese Sistema, que opera en todo momento y contiene porciones absolutamente inaccesibles por el pensamiento racional. Sin embargo, cuando vamos coordinando nuestro Yo Vivido con el Yo Esencial, cuando quitamos influencia al aspecto animal (sin negarlo ni estigmatizarlo, sino limitándolo) estamos permitiendo desplegar el mayor potencial de nuestra personalidad divina.

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