Sincronizar tu vida con el Creador

Es altamente improbable que la ideología que llama de “legalismo” a la lealtad en el cumplimiento de los mandamientos comprenda lo que a continuación te expondré.
Sin embargo, confío en que tú, apreciado lector, podrás beneficiarte con las enseñanzas de este texto.

El autor de los mandamientos es el Creador.
Él regaló a cada miembro de la humanidad los Siete Mandamientos para las Naciones, así como entregó al pueblo judío los 613 preceptos que se encuentran en la Torá de Israel.
¿Se entendió este básico enunciado?
Estamos hablando de mandamientos de origen divino, creaciones del Creador, Aquel que creó el universo con sus reglas, entre las cuales se incluyen las reglas que pertenecen a la espiritualidad humana.
Así como hay leyes de la física, están las leyes espirituales, con un mismo Creador.

En principio, las reglas espirituales no son dichas, no están redactadas, no forman parte de institutos legales, sino que constituyen la propia existencia del espíritu.
Tal como la ley de la Gravedad no fue inventada por Newton ni está declarada obligatoria por algún decreto gubernamental, sino que es intrínseca a la materia física. Del mismo modo, la esencia espiritual que es el núcleo del humano también tiene sus propias reglas.

Los Siete Mandamientos son la expresión de realidades que existen dentro del espíritu de cada gentil (una manera elegante de decir “no judío”). Es decir, no son imposiciones externos, no son leyes ajenas, no son inventos sociales para domesticar a los ciudadanos. Son la materialización de reglas existentes en el espíritu, forman parte esencial del ser humano.

Si Dios no las hubiera declarado a Noaj/Noé para que éste las conociera y respetara, y le heredara a sus descendientes por todas las generaciones, igualmente estarían formando parte del ser humano. Igual el humano tendría que vivir de acuerdo a ellas, porque de esa forma sincroniza su vida terrenal con su esencia infinita.
Es importante que esto quede bien comprendido, sin dudas, y temo no haber sido lo suficiente claro.
Por ello te pido, por favor, que si te quedaste sin entender o confundido, me hagas llegar tu comentario.

Como no tenemos a mano un espejo del espíritu, como se hace casi imposible tomar conciencia de su realidad y de las conductas que sincronizan nuestro Yo Vivido con el Yo Esencial, es que la Misericordia Divina llevó a que Él revelara explícitamente los Siete Mandamientos para las Naciones.
Así quedarían a la vista de todos, podrían ser conocidos, transmitidos, compartidos.
Cada vez que el gentil se hace cargo de cumplir cada uno de los esos mandamientos, no le está haciendo un favor a nadie, no está declarando su “fe” en determinada creencia, no está congraciándose con un loco dios despótico; sino que está materializando su espíritu, está llevando su vida en este mundo hacia niveles superiores de conexión consciente y manifiesta con el mundo espiritual.

Algo idéntico ocurre con la persona judía que cumple con los mandamientos que le corresponde cumplir dentro de los 613 que pertenecen al pueblo judío.
Con cada mandamientos cumplido se está realizando alguna conducta que se sincroniza con algún aspecto de la NESHAMÁ (espíritu, esencia) judía.
Tener 606 mandamientos más que el gentil no hace al judío más importante, ni demuestra una superioridad como “pueblo elegido”, sino simplemente pone en evidencia que la persona judía tiene más tarea, mucha más tarea, que realizar.

Si lo miramos con objetividad nos damos cuenta de que eso de “pueblo elegido” no conlleva privilegios, sino por el contrario mucha más dedicación, más entrega, más compromiso. Porque para el gentil para coordinar su vida terrenal con su esencia espiritual básicamente le alcanza con esos siete mandamientos. Son una base, pero es la que el Creador ha decidido que sea suficiente.
En cambio la base para la persona judía puede ser de 70, 100, 200 mandamientos, dependiendo de diferentes circunstancias.

Esto es, el gozo en el Paraíso para el gentil está mucho más cercano de alcanzar, a solo siete mandamientos de distancia. Que además, vale la pena decirlo, son preceptos muy evidentes, que no tienen nada de irracionales o apartados de la moral habitual.
Pero el mismo gozo para el judío está a 100 o más mandamientos de distancia, algunos de los cuales son totalmente ilógicos, causan diferentes dificultades para llevar una vida sencilla. Por ejemplo, no comer carne de ciertos animales, o no mezclar cárnicos con lácteos, o no hacer tareas durante 25 horas a la semana, o ponerse unas raras cajas y cuerdas en brazo y cabeza seis día a la semana, entre otras cosas muy apartadas de lo razonable y corriente.

Pero, tristemente la mayoría de las personas no andan en la sagrada tarea de materializar su espíritu, de coordinar su existencia terrenal con la eternidad. Por el contrario, nos dejamos comandar por el EGO, nos volvemos ciegos y sordos a nuestra esencia, obviamos los mandamientos, nos llenamos de fe, nos aferramos a religiones y otras supersticiones, negamos a nuestro Creador para adorar al EGO en forma de dioses e ideologías.
Si bien el EGO está para cumplir una importante pero minúscula función de supervivencia, las cosas se trastocan y se transforma en todo un “dios” que reemplaza en nuestra mente a Dios.
Y sin embargo, todo esto también sirve para de alguna manera mejorarnos, pues es lo que nos posibilita vencer nuestras tendencias negativas y optar por lo bueno haciendo ejercicio del libro albedrío.
No somos títeres de Dios, sino personas completas que tienen que hacer un esfuerzo para ser más meritorios y por eso recibir mayor placer al obtener por misericordiosa justicia los beneficios que nos da Dios.

Para terminar, recuerda que los mandamientos no están para castigarte, cansarte, doblegarte, hacerte ser legalista; sino para liberarte, acercarte a la mejor versión de ti, construir una sociedad digna de ser llamada “humana”, darte gozo en la eternidad.

Si te ha servido este estudio, agradece, comparte, comenta y apoya económicamente nuestra sagrada tarea: http://serjudio.com/apoyo

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