La hora de la verdad

El patriarca Iaacov, desde muy joven y hasta muy avanzada edad se caracterizaba por huir de los conflictos.
Literalmente escapaba, dejaba el lugar para no entrar en contiendas.
Cuando no podía, es escabullía de alguna forma, como por ejemplo haciéndose pasar por otra persona.
A veces el silencio era su respuesta teniendo otras opciones, quizás más provechosas pero que implicaban disensión y tal vez agresiones.
Sí, así se manejó el gran Iaacov por mucho tiempo.
Obviamente que no este recurso no le brindaba estabilidad emocional, ni tranquilidad social, no todo aquello esperable por seguir esta conducta.
Pero, así fue criado, así estableció su sistema de creencias y respuestas, así vivió.

Hasta una noche.
LA noche.
Porque la día siguiente debía encontrar con su hermano Esav, el cual venía acompañado por 400 caciques a su encuentro.
Entonces, la opción del escape fue acariciada, pero por diversos motivos tuvo que se descartada… por ahora…
¿Qué hizo el patriarca?
Tres conductas, las cuales se usan a menudo por otras personas –y sociedades- como formas de resolver conflictos, y a veces de amplificarlos como consecuencia de la mala resolución.
Envío regalos, materiales y emocionales, como una astuta negociación diplomática.
Se preparó para la guerra, tanto en defensa como en ataque.
Elevó sus ruegos al Eterno.
Como sabrás, la negociación, el ejercicio físico del poder y la plegaria no son ajenos a nuestra vida cotidiana.

Pero, igualmente fue tentado para huir.
Era más fuerte que él.
Entonces, se topó con un “hombre”, ángel lo llama la tradición, con el cual contendió fieramente hasta el alba.
Este hombre no le dejó ser el de siempre.
Lo obligó a confrontar lo más terrible, aquello que le impedía manifestar su mejor personalidad.
De este encuentro nació “Israel”, la nueva versión mejorada del patriarca.
Una identidad más acorde a su Yo Esencial, que perfeccionaba bastante el Yo Vivido que estaba representado por Iaacov.

Ese fue solo el inicio de esta nueva personalidad, ya tendría que seguir esforzándose en el trayecto para consolidarla y ser efectivamente Israel.
Israel, aquel que no permite a su EGO tomar el control, sino que se conduce de acuerdo a la NESHMÁ.
Por tanto, no teme, ni de hombres ni de poderes.
Por lo cual, es capaz de andar derecho, firme, confiado, en el camino del constructor de SHALOM.

Porque, sus acciones no estarán signadas por el miedo, ni por el atroz anhelo de poder desde la impotencia, sino que estará siendo activo en acciones de bondad y justicia.
En sus pensamientos, en sus palabras, en sus actos.
Entonces, la diplomacia, el ejército y la oración serán buscando la real ganancia, de todos los implicados.

¿Estamos listos para lidiar con nuestro EGO para ponerlo en su lugar?
Eso nos traerá cambios, algunos no serán agradables, pero en general el beneficio es incomparablemente superior.
¿Queremos ser reflejos de la NESHAMÁ o simples sombras de algo que podríamos ser?

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