El mensaje correcto

Damos por hecho que Moshé no entró a la tierra de Israel por golpear a la roca y hablarle rudamente al pueblo en una ocasión, pero hoy la Torá –en propia declaración de Moshé- nos brinda el motivo más profundo:

«Por causa de vosotros el Eterno se enfureció también contra mí, y dijo: ‘Tampoco tú entrarás allá.»
(Devarim/Deuteronomio 1:37)

Para comprender bien de qué se trata es necesario leer el contexto, por lo cual haz clic en el link que está aquí arriba y analízalo.

El liderazgo de Moshé no era el indicado para la posesión de la tierra de santidad ni para establecerse allá.
Era más bien el pensamiento galútico, de la diáspora, aquel que sueña con una mejor época y depende de la buena voluntad de hombres y Dios.
Mira lo que dice:

«El Eterno, vuestro Elohim, quien va delante de vosotros, Él combatirá por vosotros de la manera que lo hizo por vosotros en Egipto ante vuestros propios ojos, como también en el desierto, donde habéis visto que el Eterno vuestro Elohim os ha traído, como trae un hombre a su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis llegado a este lugar.’»
(Devarim/Deuteronomio 1:30-31)

¿Te das cuenta?
Es un padre llevando a su hijo, y que de tanto amor y servicio no le da espacio al chico para que crezca.
En determinado momento de la existencia del niño esta muy bien que así sea, eso es justamente lo que él precisa.
Pero, cuando llega el momento de la madurez, es indispensable que el niño sea ahora adulto.
Por tanto, él debe ocupar sus espacios y cumplir sus roles, en tanto que el padre/madre debe tomar conciencia y apartarse.
Precisamente es la demostración de amor y respeto cuando el padre/madre acompaña este proceso de su hijo y no lo obstaculiza con la excusa del amor, que no lo es, sino solamente dominación, asfixia, ahogo.
Dios nos ama, por tanto nos deja a nuestro control y libre albedrío.
Solamente cuando las cosas están verdaderamente terribles, es que como un padre solícito acude al auxilio, cuando ya no tenemos otra opción posible.
¿Se entiende?
Por tanto, lo que Moshé está proponiendo es la visión errónea para el actual pueblo de Israel, aquel que debe manifestar su personalidad juvenil en la posesión de su nuevo hogar.
Siendo lo cual, no es el liderazgo del anciano Moshé el que servirá a su pueblo.
Es hora de dejar el camino libre a quien sí pueda cumplir el rol indicado.

La conducción que se precisa para tomar la tierra de santidad es uno que es capaz de empuñar las armas para defender a su pueblo y quitar al enemigo de en medio, es alguien que confía en Dios pero no por ello se queda pasivo a la espera del milagro.
Atendamos:

«Entonces Caleb hizo callar al pueblo delante de Moshé [Moisés], y dijo: –¡Ciertamente subamos y tomémosla en posesión, pues nosotros podremos más que ellos!»
(Bemidbar/Números 13:30)

Ésta es la clave también para nuestra época, ahora y aquí.
Es el tiempo de que digamos que podemos hacer nuestra parte y conquistar nuestras dificultades.
Sea ese grupo atrevido de fundamentalistas emisarios del imperio árabe musulmán, con sus esbirros progresistas y otros anatemas de la humanidad; o cualquier otra circunstancia que se nos oponga en la vida cotidiana.
Emprendamos nuestra tarea con decisión y valentía, confiemos en Dios pero no vivamos pendientes de salvaciones milagrosas.

Entonces, sea cual fuera el resultado final, habremos conquistado nuestra tierra prometida.

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