El poder de beneficiarte

Sale el anciano del centro comercial y ve al inspector de tránsito poniendo una multa al auto mal aparcado.
El anciano le dice: “Oiga joven, ¿no le da vergüenza estar haciendo eso a una persona mayor?”.
El policía lo mira de reojo y le dice: “Aquí va otra multa por falta de respeto a la autoridad” y escribe el nuevo formulario.
El veterano sube la apuesta y dice: “¡Cómo está la juventud hoy día! ¡Cómo no les enseñaron modales en sus casas! ¡Así responden a un anciano que anda con bastón! ¡Sinvergüenza!”.
Y el inspector comienza a escribir otra multa y la aplica sobre el mismo parabrisas, que ya estaba con las dos anteriores.
Y el viejo no se queda atrás: “¡Ah, pero claro! Haciéndose el valiente de esta manera, porque se esconde detrás de un escudito. En lugar de ir a trabajar en algo útil y honesto, estamos acá, multando gente buena y trabajadora.”.
El inspector ya a punto de explotar escribe la cuarta multa y cuando se gira con cara de satisfacción hacia el viejo, ve que éste está subiendo al autobús mientras le grita: “Llegó el bus que esperaba, sino te iba a seguir diciendo lo que te mereces”.

Ahora… ¿esas multas quién las pagará?

El más sabio de los  mortales nos enseñó que:

«La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que gustan usarla comerán de su fruto.»
(Mishlei/Proverbios 18:21)

Sin dudas, una gran verdad, puesto que el poder del lenguaje humano es altamente constructivo y beneficioso, o destructivo y perjudicial.
Una letra, una coma, una exclamación, una entonación mal empleadas y es como dinamita estallando.
También puede suceder al contrario y que sea el poder de la palabra la que cura, asiste, fortifica, calma, bendice.

Es una enorme verdad y que por esto mismo suele opacar otra gran verdad también enseñada por el poderoso Salomón en numerosas oportunidades en el mismo libro, y que como resumen te citaré solamente un verso:

«Escucha tú, hijo mío, y sé sabio; endereza tu corazón en el camino.»
(Mishlei/Proverbios 23:19)

El fundamental rol que tiene el escuchar, puesto que el proceso comunicativo no termina con la expresión del que habla, sino que se produce una enorme tarea en la mente/corazón del que recibe.
Hay que aprender a escuchar, dedicarse a hacerlo, querer hacerlo.
Emplear la intensa herramienta de la comunicación para mejorar y crecer, para enderezar caminos, para evitar conflictos, para estar a resguardo de los males.

Aprendamos Comunicación Auténtica, apliquemos sus principios y nos irá mucho mejor.

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Y ten presente que:

«La persona generosa será prosperada, y el que sacia a otros también será saciado.»
(Mishlei/Proverbios 11:25)

Desde ya te agradezco tu generoso aporte para nuestra obra sagrada.

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