Lo que nos enseñan los espías de Moshé

«Moshé envió gente para espiar a Jazer, y tomaron sus aldeas echando a los amorreos que estaban allí.»
(Bemidbar/Números 21:32)

Puede ocurrir cuando leemos este párrafo que nos salte la obvia pregunta: ¿acaso no había aprendido Moshé del error cometido cuatro décadas atrás al enviar a los otros exploradores?

Aquella vez germinó un descalabro inmenso, que provocó terribles desastres al pueblo judío y cuyos efectos negativos seguimos padeciendo incluso ahora, 3 milenios más tarde. Por ejemplo, hay gentiles que nos siguen negando nuestro derecho irrevocable a la tierra de Israel; hay grupos de judíos que rechazan nuestro vínculo sagrado con esa tierra; hay grupos de judíos que se oponen a que tengamos independencia nacional en nuestra tierra ancestral; seguimos llorando los padecimientos del 9 de Av; sigue habiendo gente que duda de Dios y/o de Su poder; entre otras consecuencias nefastas de aquellos doce espías enviados para reconocer la tierra y a los que la habitaban.

Pero ahora, en el pasaje que estamos comentando, vemos nuevamente que Moshé usa espías que avancen con sus tareas el reconocimiento y captura de la tierra de Israel para los judíos.
De hecho, este versículo nos informa que los espías no solamente hicieron tareas de inteligencia, sino que fueron los que lograron echar a los habitantes de aquellas aldeas, quienes escaparon por propia voluntad al descubrir a los operativos judíos entre ellos.

Una de las enseñanzas, entre varias, que podemos aprender de este hecho es que, el haber cometido errores en el pasado debe servirnos para corregir nuestra conducta y mejorar nuestra forma de ser. Si lo único que genera el error es sufrimiento, culpa, angustia, miedo, mayor impotencia, entonces añadimos malestares a los errores, ampliando así nuestra inoperancia.
Pero si al considerar el error lo corregimos, andamos el sincero camino de la TESHUVÁ, nos conectamos con partes de nuestra personalidad que desconocíamos; entonces el error deja de ser una muralla para impedirnos crecer, o un pozo para hundirnos en el fracaso, y se transforma en la catapulta que nos impulsa con poder y elegancia a nuevas posibilidades hasta ahora ignoradas o inalcanzables.

Es decir, también del error o pecado podemos conseguir alguna cosa buena, “también es para bien”.
Siempre y cuando enmendemos lo perjudicado, procesemos honestamente la senda de la TESHUVÁ, y nos encaminemos a salir de la celdita mental para conquistar mejores logros.

Eso es lo que hizo Moshé, aprendió la cruda y ruda lección del pasado y ahora tenía espías que adelantarían la toma de la tierra de Israel. Ahora era gente respetuosa del Eterno, que confiaban en Su Palabra, que no tenían miedo y se ponían al servicio de sus hermanos en lugar de estar calculando ventajas egoístas.

Es lo que podemos hacer nosotros, emprender la TESHUVÁ para perfeccionar nuestra conducta y disfrutar con ello una mejor experiencia de vida, aquí y en la eternidad.

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