Vencer al enemigo

«Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos y veas caballos y carros, un pueblo más numeroso que tú, no tengas temor de ellos, porque contigo está el Eterno tu Elohim que te sacó de la tierra de Egipto.»
(Devarim/Deuteronomio 20:1)

En nuestra vida cotidiana nos sentimos amenazados por multitud de contratiempos, adversidades, amarguras, tropiezos, malos tragos y un largo número de otras contrariedades. Son esos caballos, carros, soldados, enemigos que está señalando aquí este párrafo de la perashá Shoftim.
Adversarios y adversidades que pueden provenir del plano físico/material, como por ejemplo achaques corporales o dificultades económicas; o del plano emocional, como las angustias o sentimientos de culpa; o del plano social, como enfrentamientos y malos entendidos; o del plano intelectual, como ignorancia o ineptitud.
Realmente, parece que no faltan y que sobran estos antagonistas que no nos dejan respirar tranquilos, que hacen zozobrar nuestra paz y corroen las bases de la felicidad.

Sin embargo, el mismo versículo nos da una respuesta para mitigar y hasta evaporar buena parte de los disgustos: confiar en el Eterno, que es todopoderoso. Él es nuestro Socio, nos da una mano si estamos dispuestos a recibirla y sabemos cómo emplearla. Por tanto, EMUNÁ (confianza) y BITAJÓN (seguridad) en Dios son elementos claves para sobreponernos a las dificultades.

Pero en verdad, hay un elemento en el versículo que puede resultar el más importante: “NO TEMAS”.
Porque, como aprendemos en la tradición cabalística, el miedo es el principal enemigo.

Atendamos bien a lo que los Sabios explicaron del párrafo que estamos estudiando:

“…a tus ojos pueden parecer numerosos, pero a Mis ojos no es más que uno solo, dice Dios…”
(Midrash Tanjuma, Shoftim 16)

NO es una multitud de enemigos los que nos atacan, sino que los sentimos así, porque de verdad es solo uno el contrincante: el miedo.

Vamos a explicarlo rápidamente, para que pueda ser entendido.
Es cierto que el cuerpo padece dolencias, grandes o pequeñas, que pueden ser enfermedades, accidentes, necesidades, etc.; pero la Torá nos quiere enseñar que en nuestra actitud se encuentra la más fundamental respuesta.
Porque, si es un malestar evitable, la actitud es actuar con sabiduría para prevenirlo.
Si es una indisposición que está en nuestro poder resolver, ¡resolvámosla!
Y si estamos ante una circunstancia que materialmente supera nuestra capacidad, entonces la actitud derrotista, quejosa, reprochona, padeciente, culpable, angustiada, NO aportará nada para mejorar nuestra existencia. Por el contrario, la actitud correcta es la confianza y seguridad en que el Creador es quien en definitiva pone orden en el universo, también en nuestro asuntos. Así pues, aceptar la situación, sin añadirle malestar que no es provechoso ni necesario.
Es todo una cuestión de actitud, de no permitir que el miedo nos impida prevenir lo prevenible, curar lo curable, aceptar con dignidad y entereza lo insuperable.
Así como en el plano físico, en el resto de los planos de nuestra existencia.
La actitud positiva es la herramienta esencial para vencer incluso en el fracaso.

Obviamente que dar esta batalla contra el miedo y tener la actitud poderosa, positiva, resiliente, triunfal, confiada y segura no la logramos mágicamente, ni la obtenemos por herencia o como regalo.
Por tanto, es cuestión de entender la enseñanza y ponernos en campaña para lograr vencer ese miedo que nos tiene atrapados y nos hace sentir como si miles de adversarios estuvieran a punto de vencernos.

Dejemos de alimentar al enemigo, no le demos más energía al miedo.
Porque el único combustible que éste tiene es el que nosotros le damos.
Cada pedacito de energía que malgastamos en sostener la existencia del miedo, es un pedacito de energía que no tenemos para construir nuestra felicidad.

Quitemos la fuerza al lado negativo no dando de comer más al miedo.
Avancemos con confianza y seguridad, un pasito por vez.
Una pequeña conquista con cada pasito.
Dejemos de inventar excusas y buscar justificativos para seguir atrapados por el miedo.
Dar el paso, aunque siga siendo el miedo el que nos manipula para que no lo demos.

También es necesario agradecer más, alabar más, ser más solidario, en resumen, hacer cosas que nos quiten del rol de perdedor, que nos muevan del pozo de la derrota y nos lleven a tomar conciencia de nuestra conexión inquebrantable con el Todopoderoso.
Con el Creador de nuestra parte, ¿de qué miedo hay que temer?

Este mes de Elul es ideal para ponerse en marcha hacia la conquista por sobre el miedo.
Pero el día que sea, el mes que sea, ese es el momento justo para empezar tu campaña de triunfos.

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