Viviendo al border

El EGO secuestra a la inteligencia, es una cuestión que ya hemos mencionado en varias oportunidades.
Por lo cual, la ecuación puede generalizarse como: a mayor poder intelectual aumentan las posibilidades de causar daños y pérdidas.

Los Sabios lo simbolizaron así: “Samael, el príncipe de los ángeles, montado sobre najash (serpiente) fue quien conversó con Eva (y la llevó al error)”.
Najash simboliza el intelecto, ya que específicamente se menciona: "Y el serpiente, que era el más astuto de todos los animales del campo que el Eterno Elokim había hecho" (Bereshit / Génesis 3:1).
Así pues, cuando la mente se pone al servicio del EGO, la astucia no implica beneficios y estabilidad, sino otra cosa. Quizás gratificación pasajera, maquinaria para justificarse en acciones impropias, maneras altamente efectivas para manipular a los demás, pero que a la postre no conllevan salud y ventajas.

La inteligencia es un instrumento al servicio de nuestro ser.
Si usamos la metáfora de la tripulación y componentes de un barco, la mente es el timonel de nuestra vida.
El capitán es la neshamá, nuestro Yo Esencial o espíritu (puede dirigir el navío desde su interior, o permanecer en tierra e instruye a través de la radio).
Las emociones son los motores.
Los marineros trabajan en desarrollar las diversas actividades laborales así como la comunicación con otros barcos y con tierra.
En tanto que la propia nave es nuestra dimensión física.
El EGO es un auxiliar con una tarea concreta: rescatar a los que se encuentran en serio peligro, sea porque cayeron al mar, por alguna contingencia grave en la nave, un accidente, etc. Su tarea está bien delimitada y especificada.
Si el curso se deja en manos del EGO, lo más probable es que no se navegue por aguas tranquilas ni se dirija hacia un puerto armonioso, sino simplemente se satisfagan pequeñas necesidades del momento, se sacien anhelos, se pretendan resultados, sin medir las consecuencias. Se vive como en estado de peligro constante, teniendo que ser rescatado del aparente riesgo una y otra vez por el salvador EGO. Así, éste mantiene su importancia, toma mayor protagonismo, siendo que en realidad no está ejerciendo su rol y por el contrario daña el correcto funcionamiento y la finalidad de la embarcación y sus tripulantes.

Así opera el EGO fuera de su rol.
Sometiendo a estrés constante, haciendo sentir impotencia, poniéndose en situaciones de innecesaria inseguridad (real o imaginaria), para acudir con sus primitivas herramientas al rescate. Entonces, se valora como si su intervención fuera salvadora, imprescindible, milagrosa por lo cual se le otorgan mayores alcances y “poderes”.
En verdad, si antes el EGO no se hubiera encargado de dejar a la impotencia varada y falta de poder, no se hubiera precisado de sus innecesarios servicios salvíficos.
Pero además, si en lugar de mantener al EGO trabajando en circunstancias de fabricado peligro, se permitiera a la inteligencia hacer su tarea, a las órdenes de la neshamá, entonces las apariciones del EGO serían fugaces, esporádicas, cuando realmente fuera necesario al no contarse con otros recursos para solucionar el percance.

Sí, así el EGO secuestró a la inteligencia.
Crea, fuerza, situaciones de riesgo y en apariencia las resuelve, hasta que se convierte en un hábito, es decir, una conducta automatizada y que no es inspeccionada voluntariamente por la inteligencia consciente.

Repito lo dicho, a mayor inteligencia más posibilidades de causar daño, puesto que se cuenta con una herramienta más poderosa pero mal encaminada.

Hay personas de gran capacidad intelectual, pero que llevan una vida miserable.
Tienen potenciales inmensos en diversas áreas, pero se ven limitados y en penosas sombras.
Siembran dudas de sus propias aptitudes, negándose el valor real que tienen.
Tienen una incorrecta autoestima, por lo que no llegan a expresar su ser, sino solamente una apariencia débil y fracasada de quienes pueden llegar a ser.
Pasan el tiempo entre lamentos, inventando excusas, siendo derrotados por pequeños contratiempos.
A la palabra desagradable la engrandecen y se aferran a ella, como si fuera un tesoro que están obligados a tener consigo. Pero, cuando es una palabra elogiosa cierta, la silencian, la subestiman, dura lo que una ráfaga que dejan escapar. Se quejan, sufren, se comparan para peor, no encuentran talento, ingenio, gracia, belleza, bondad, fuerza en ellos.
Se descubren siendo burlados, maltratados, dejados de lado, sometidos a burlas, cuando eso sucede y cuando eso ellos lo imaginan o hasta provocan.
Tal vez no salen, porque temen; pero adentro igualmente sufren.
Tal vez viven escapando, pero de poco les sirve porque llevan consigo su maleta llena de escombros, dudas, fantasías, “no puedos”. Temen estar enfermos de esto y aquello, también de enfermedades mentales, pero no hacen mucho para salir de su situación.
Se exigen más de la cuenta, aunque ya del comienzo saben que no llegarán al éxito, pero igual demandan perfección y cosas que van más allá de sus deberes y capacidades: es que la sobre-exigencia es un camino excelente para el fracaso.
Idealizan a los otros, en tanto se desprecian. O idealizan al extremo su potencialidad, para morder bien pronto el polvo al chocar contra el muro de la realidad.
No admiten en sí el error, y como paradoja de la vida, se la pasan cometiéndolos (en general a causa de su acciones y actitudes, que los pone en situaciones de indefensión o frustración). Probablemente alguno de sus padres (o ambos) les demandaban perfección, cumplir normas irracionales súper rigurosas, les castigaban hondamente sin causa, les hacían sentir que eran incapaces e ineptos, les negaban la independencia, respondían a sus llantos/gritos/pataleos, les comparaban negativamente con otros; pero esto no es lo único que contribuye a formar personas que actúan de esta manera.
Se juntan con personas que les torturarán, que se aprovecharán, que las usarán para botarlas luego, así tendrán motivos “reales” de queja, demostraciones de que ellos no pueden ni merecen vivir mejor. Así están humillados, avergonzados, aterrorizados, celando, odiando, queriendo vengarse, en tanto disfrutan de pasajeros momentos de alegría, tan efímeros como suspiros. Se aferran a quien tienen al lado, aunque sea quien les intensifique sus debilidades. O van saltando de una relación a otra, con similares patrones de conducta. Se aburren, se cansan, se agotan, se sienten sin fuerzas en todos los ámbitos.
Viven al límite de sus capacidades, comprando a crédito y sobregirándose en sus cuentas, para no disfrutar de ninguna adquisición y pasar penurias para estar al día.
Por ahí encuentran un área de satisfacción, en donde demuestran algo de su gran potencial, pero esto a la postre llevará a sumergirse en otras oscuridades o a caer estrepitosamente por falta de confianza y continuidad.
Es una angustia constante, ¿verdad? Llena de excesos, de limitaciones allí donde no hay motivo real. Dudan, desconfían y terminan confiando en lo que no ayuda y en quien suele dañarles. Cumplen al 100% con lo dicho por el rabino Noah Weinberg, recientemente fallecido: “La gente a menudo deja de tomar decisiones por miedo a cometer algún error. Realmente, el fracaso a la hora de tomar decisiones es uno de los más grandes errores en la vida”. Pero no solamente por ello viven fracasando y con miedos.

Por supuesto que llanto, grito y pataleo (con sus derivados), así como desconexión de la realidad (con sus derivados) están a la orden del día: son las herramientas del EGO.
Con esto esperan obtener algo de atención, que alguien se haga cargo de ellos, que se les atiende, cuide, sacie. Así el EGO se fortalece y se mantiene donde no debe.

¿Conoces gente así?
¿Eres uno de ellos?

A todo esto, ¿cuál es la salida? (si es que la hay).

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Alba AguadoJonathan OrtizYehuda Ribco Recent comment authors
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Jonathan Ortiz
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Gran texto Moré.
Y si, conozco gente asi. No se si es casualidad pero generalmente son personas que están muy aferradas a algun tipo de idolatria y/o religiosidad.

Salida? Mmm… Dificil.

Alba Aguado
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alba_siempre

Hola Moré, una gran invitación para trabajar con nosotros mismos como neshamá que viste de un cuerpo y no al revés. Se me ha venido a la memoria el nufragio de Rabí Akiva y su relato de cómo todos daban pataletas y luchaban contra las olas, mientras que él inclinaba la cabeza y dejaba brotar su emuná. El verdadero daño del cristianismo es que la gente inconscientemente cree que puede crucificar a D-s, prescindir de Él y hacer su voluntad… “lindo” legado grecorromano. No es fácil el camino de un ‘yo’ en Elokim, entender que somos como la Luna y… Read more »

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