Resp. 4066 – Torá desde el comienzo

consulta:

Shalom.
Porque la Tora no fue dada desde el comienzo de la humanidad?
Gracias

Shalom,
«Bendito el que viene en el nombre del Eterno.» (Tehilim / Salmos 118:26).
Bienvenido y gracias por enviarnos su interesante misiva.

Según tengo entendido, Napoleón había dicho que si le demostraban que alguna deidad había manifestado su voluntad (su «religión») desde el comienzo del mundo, entonces él estaría dispuesto a ser fiel a esa deidad.

Y realmente Hashem manifestó Su Voluntad, como primer acto soberano por sobre la humanidad, ni bien la humanidad nació. Tal como leemos:

«Tomó, pues, el Eterno Elokim al humano y lo puso en el jardín de Edén, para que lo trabajase y lo guardase.
Y el Eterno Elokim mandó al humano diciendo: ‘Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que comas de él, ciertamente morirás.'»
(Bereshit / Génesis 2:15-17)

Tal era la Divina Voluntad para la humanidad, resumida en Adam (que era macho y hembra).

Esa era la Torá, la Divina Instrucción, la Ley Espiritual, dada desde el comienzo a toda la humanidad.
Y, según aclaran los Sabios, se comprimen en el mandato de no comer del «árbol del conocimiento del bien y del mal» todos los siete mandamientos que desde entonces y por toda la eternidad las personas (los noájidas) deben cumplir.

Así pues, la Torá acorde con la esencia espiritual de todas las personas se encuentra entre nosotros desde le mismo momento del nacimiento de la humanidad.

La otra Torá, esa que corresponde en exclusividad a la nación judía (la que conocemos simplemente como «Torá»), era el otro árbol «especial» del Edén. Era el llamado «árbol de las vidas». Ese árbol quedó excluido de la humanidad, tal como está dicho:

«Expulsó al ser humano y puso querubines al oriente del jardín de Edén, y una espada incandescente que se movía en toda dirección, para guardar el camino al árbol de las vidas.»
(Bereshit / Génesis 3:24)

Por tanto, la Torá (Instrucción Divina) para la humanidad quedó marcada por siempre en el alma del ser humano, del noájida. Cumplir el mandamiento de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal, del cual emergen directamente los siete mandamientos universales.
Cada vez que el noájida cumple cabalmente con los siete mandamientos universales, está demostrando su fidelidad al Eterno, no actuando como hiciera torpemente Adam, sino con la entereza que se espera de un hijo de Dios.

Por otra parte, a los judíos, muchos siglos más tarde de la expulsión del jardín, el Eterno les entregó en exclusividad el acceso y el derecho a gozar del árbol de las vidas, que nosotros llamamos simplemente TORÁ (escrita y oral).

Invitamos a los lectores a comentar y tratar de responder a su consulta, y le invito a continuar visitando nuestros sitio para descubrir que quizás ya hemos dado respuesta a sus interrogantes.
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Que sepamos construir Shalom.

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