La opción
Está escrito en la parashá: "En una misma noche él y yo tuvimos un sueño, y cada sueño tenÃa su propia interpretación. Y estaba allà con nosotros un joven hebreo, esclavo del capitán de la guardia. Se lo contamos, y él interpretó nuestros sueños; a cada uno le interpretó su propio sueño. Y aconteció que tal como él nos lo interpretó, asà sucedió…"
(Bereshit / Génesis 41:11-13)
Berl mañana a la tarde irÃa a conocer a su prometida, y hoy estaba sumamente nervioso.
El shadjen -casamentero- habÃa elogiado la belleza, nobleza y fortuna de la muchacha hasta el cansancio, por lo que el novio estaba preocupado, pues su apariencia era la que correspondÃa a un pobre cuarentón que se dedicaba a zapatero remendón, un tanto obeso, con poca gracia y en general descuidado en su aspecto.
Dada la situación, pidió de un amigo un saco prolijo. De otro una camisa blanca, con los remiendos ocultos bajo el pantalón. Y a otro le tomó prestada una pomada para lustrar sus barbas y cabellos.
Llegado el momento, se presentó en la confiterÃa, donde se producirÃa el anhelado encuentro con la mujer que colmarÃa sus dÃas de dicha.
Los nervios lo hacÃan palidecer y temblar, pero ya estaba en la empresa, y serÃa lo que Dios quisiera.
Muchas personas se encontraban en el salón disfrutando de su té, pero sólo dos damas solitarias, en mesas contiguas.
Vio a una con la figura de una doncella, ropas de princesa, modales de palacio.
Y la otra, modestamente vestida, sorbiendo un tÃmido té que hacÃa durar jugueteando con el terrón de azúcar entre sus labios, y el ojo de viejo zapatero no lo engañó al percibir toscos remiendos en sus zapatos.
TenÃa que decidir a cuál se aproximarÃa primero, pues si a la que se acercaba no era su prometida quedarÃa en ridÃculo, e indudablemente la otra serÃa testigo de su torpeza, y de la humillación sabÃa que perderÃa la oportunidad.
Y se puso a pensar que sà era la princesa, ¿qué vida llevarÃa? El no podrÃa darle los lujos a los que ella de seguro estaba acostumbrada. Y vivirÃan en continua disputa. Sus hijos crecerÃan en un hogar sin paz, y odiando al padre por su baja categorÃa y su escasa inteligencia.
Y si era la humilde, ¿no lo habÃa engañado el shadjen? ¿No se merecÃa él, Berl, una esposa que lo alimentara, que lo cuidara, que le diera hijos, que lo cobijara, que mantuviera su casa en orden? Claro que lo merecÃa, y aquella mujer que se conformaba con unos zapatos remendados y un terroncito de azúcar no parecÃa un buen partido.
¿Qué harÃa?
¿A cuál encararÃa primero?
Y, en verdad -se dijo- cualquiera que fuese, serÃa una pérdida para mÃ…
Dudó unos instantes más, se alisó las mangas del saco, sacudió una mota de caspa de sus hombros, y dando media vuelta se fue de la confiterÃa.
Mientras, los ojos de la vestida como princesa se clavaban en sus espaldas, y pensaba: "Qué lástima que no fuera aquel prominente Berl que el Shadjen me dijo que esperara, le hubieran agradado las ropas que conseguà prestadas de mi patrona…"
Shabbat Shalom les desea Yehuda Ribco
Destellos de la parashá
Sidrá 10ª de la Torá y 10ª del sefer Bereshit / Génesis
Entre los versos 41:1 y 44:17.
Haftará corresponde a I Melajim 3:15: – 4:21 (Pero es Rosh Jodesh y sexto dÃa de Januca).
Dijimos que Dios oye al que Le implora…
Pero Él edifica junto al que pone manos a la obra.
Iosef esperó en Dios.
Rezó.
Pero hizo todo lo que estaba a su alcance por vencer los obstáculos en su camino a la trascendencia… ¿no es ese el ejemplo de Januca… para todos los dÃas?