Blog

  • Octavo

    Parashá SHEMINÍ, octavo.
    El día que siguió a los siete de preparación previos, de los cuales nos enteramos al final de la parashá anterior.
    El día señalado expresamente por el Eterno para inaugurar Su primer Templo, el Mishcán (Tabernáculo), que acompañó desde ese primero de Nisán en adelante a Sus hijos del pueblo de Israel.
    Lugar de la manifestación Divina, del encuentro con Él.
    Ese día fueron consagrados también los objetos sagrados, así como los integrantes del clan levítico que formarían la familia sacerdotal para todas las generaciones, los cohanim.

    En la Tradición se nos enseña que el octavo indica el inicio de una nueva etapa, una que sucede a la anterior que ha culminado.
    Hasta ese entonces hubo un período de siete en el cual se creó una realidad, o se trabajó por ella, o se realizó un proceso. Todo esto culmina y deja paso a una nueva realidad.
    Siguiendo el modelo de la Creación, en donde hubo siete etapas, las cuales tradicionalmente llamamos días (que no son los nuestros de 24 horas).
    Al finalizar el día séptimo, aquel Shabat universal, se inició un nuevo episodio de la existencia cósmica, el cual es el mundo que nosotros residimos.
    (Aunque lo cierto es que podríamos decir que todavía estamos en el Shabat creacional, pues en ninguna parte está expresado que terminó, como sí quedó dicho de los anteriores seis períodos.)

    Siete días, finaliza el acto creativo Divino. Al octavo comienza el gobierno de Dios oculto, a través de la naturaleza reglada por las Leyes por Él dictadas.

    Durante sus primeros siete días de nacido el varón judío todavía no lleva sobre sí la señal del pacto sagrado y eterno entre Dios e Israel, en su carne no se evidencia su identidad espiritual judía. Al día siguiente, si la salud lo permite, es circuncidado. Finalizó la etapa carnal y comenzó a caminar el nuevo trecho de manifestación espiritual en la carne.

    Durante siete días se celebra la boda judía con reuniones de familia y amigos, en los cuales se festeja y bendice a la nueva pareja. Siguen en esta luna de miel rodeados de las viejas familias. Al día siguiente, terminaron los preparativos, ya es el octavo día posterior a la boda, ahora empieza la etapa nueva, en donde enfrentar juntos los desafíos de la vida cotidiana. Despegan hacia la formación concreta de su nueva familia.

    Durante siete días, tras el entierro (o al enterarse del fallecimiento posteriormente) la familia directa expresa lo más hondo del ritual tradicional del duelo. Tras lo cual, al octavo se inicia la etapa de la aceptación de la nueva realidad, en la cual el familiar ya no se encuentra físicamente pero igualmente es deber retomar la vida y rearmarla, con los elementos de los cuales ahora se disponen.

    Tal vez tú recuerdes otras ocasiones en las cuales el lapso de siete fue de preparación, de formación, de separación, de adecuación para desembocar finalmente en el día octavo, que estrena el escenario renovado.
    Tal vez no tengas presentes otros.

    Lo importante, quizás, es darte cuenta de que muchas veces tenemos que estar esforzándonos en el período de la preparación, ejercitándonos, entrenando, elaborando, sacrificando, realizando lo que esté ordenado o sea necesario para que luego podamos disfrutar o acomodarnos al nuevo contexto. Uno que estará ahí, y que es mucho mejor cuando nos hemos dedicado anteriormente para llegar a él.

    Sería maravilloso que compartieras aquí debajo, como comentario, tus ideas y pareces respecto a lo que has leído en este texto. Gracias.

  • El consejo diario 629

    Reza, pero no para decretar milagros, ya que el verdadero rezo no es un perverso mecanismo egoísta para manipular a Dios.
    Reza, para estar en sintonía con el Padre, para bailar con Su música, para alumbrarte con Su LUZ.
    Reza, para encontrar tu NESHAMÁ y adecuar tu existencia a lo que eres realmente.
    Reza, para conocerte, para crecer, para corregirte, para darte cuenta de todo lo que tienes que agradecer y cuánto puedes ayudar a los demás.
    Con esto también estás impulsando tu bienestar, al promover el beneficio genuino de otros.
    Reza y no dejes de hacer tu parte, porque solo tú eres quien puede hacerla.

  • No solo conscientemente

    Estudiamos, desde hace años y en varias ocasiones, acerca del origen, acción y el ciclo de nuestro EGO.
    Aprendimos que su reacción es impulsiva y natural, la cual se ve reforzada por el uso constante lo cual la consolida como un hábito.
    Entendimos que desde nuestro inconsciente, sin uso de la voluntad, sin decisión, el EGO dispara automáticamente su breve repertorio para obtener atención, librarse de la impotencia, sobrevivir a las amenazas.
    Fuimos dándonos cuenta que el gatillo que lo dispara son percepciones, internas y externas, sean las que provienen de los sentidos que nos conectan con el mundo externo, y de los sentidos que nos informan de lo que ocurre en nuestro interior, y de lo que cruza nuestra mente (pensamientos con mayor o menor grado de desarrollo: sentimiento, ideas, creencias, fantasías, etc.).
    Cuando la señal de falta de poder/control llega a esa zonita primitiva de nuestro cerebro que aloja al EGO, no importa si hay una amenaza real o es una imaginación, el EGO reacciona. Es que el EGO no tiene cómo evaluar la realidad de la intimidación, ni su potencia, ni su alcance. Simplemente actúa automáticamente al sentirse en riesgo. Por ello, por ejemplo, cuando vemos una película de terror o suspenso en la que ocurre algo intimidatorio, reaccionamos, gritamos, nos molestamos, nos entra el miedo, etc. ¿Por qué? Porque la señal fue recibida por el EGO, el cual sintiéndose en peligro disparó sus instrumentos.
    Por más que otras partes del cerebro comprendan que no hay peligro verdadero, que no hay motivo para reacciones emocionales ni entrar en un estado de tensión, para atacar/defender, igualmente el EGO arremete. Y es que, esa zonita de nuestro cerebro recibe milésimas de segundos antes la información y no espera a que las partes pensantes le indiquen qué hacer, ¡no puede hacerlo! Porque su función natural es reaccionar ante el peligro, y en muchos de ellos realmente nos auxilia el EGO.

    Pero, cuando la impotencia no puede resolverse con los mecanismos automáticos del EGO, entonces en lugar de ser aprovechados para mejorar la vida, tienden a perjudicarla.
    Sea porque genera o amplifica conflictos con otros, porque distancia a la persona de su entorno, porque provoca un aumento innecesario del estrés y lo hace crónico, porque perturba el flujo del pensamiento, porque altera el rendimiento energético.
    Es decir, al estar bajo el mando del EGO, terminamos viviendo una vida reducida, de impotencia.
    Lo cual a su vez confirma la necesidad de la intervención del EGO.
    Sí, es un ciclo vicioso y enfermante.

    Tener conocimiento de todo esto, en parte ayuda a disminuir el alcance del EGO. Pero la teoría no es suficiente en lo absoluto.
    Repito, el EGO no espera a que tú voluntariamente lo habilites, simplemente reacciona a lo que tú le informas (conscientemente o no) acerca de tu estado (imaginario o real) de impotencia.
    Por lo cual, no es solamente con saber y consciencia que podemos evitar/reducir el malestar provocado por el EGO, sino también ejercitándonos para no dar rienda suelta a la maquinaria del EGO, al mismo tiempo que encaminamos las energías hacia metas positivas.

    Hemos dado en el pasado varias técnicas, de hecho hace unos días publicamos otra que es muy interesante y útil: http://serjudio.com/exclusivo/cterapia/mtodo-para-no-hundirte-en-el-crculo-de-la-ira, sería bueno que la estudiaras y aplicaras. De paso, te agradezco que la compartas con otros, y si se pudiera organizar seminarios impartidos por mí para aprender sobre todo esto, sería genial. Mayor bendición para el mundo.

    Con este método podrás advertir que prontamente reduces la tensión muscular, ya en los primeros instantes de su ejercicio. Tu postura se relaja, indicando que no estás para agredir/defender. Regulas tu ritmo respiratorio, te introduces en un estado de calma. Enfocas tu mente en imágenes placenteras y te fortaleces con la palabra clave de refuerzo. Dejas de atender lo que te genera la impotencia, pero no estás huyendo del problema, no te desconectas de la realidad, sino que hiciste la pausa necesaria para estar en paz y poder ejercer tus funciones mentales más desarrolladas y conscientes. Estás enviando señales placenteras, positivas al EGO, para que no intervenga, para que sea tu porción evolucionada la que pueda tomar el rol conductor.
    Tu control no es sobre el pensamiento, como verás, sino sobre lo que lo rodea. A qué atiendes. Cómo respiras. Cómo te posicionas corporalmente. Cómo retienes tu acción proveniente del EGO, pero no por ello te quedas atormentado. Cómo reencaminas tus energías y no las enquistas en cosas negativas. En resumen, no te entretienes luchando con tus pensamientos, sino que modificas el entorno para permitir que realmente pienses.

    Recuerda, aprender conlleva saber algún contenido, pero también llevarlo a la práctica y contar con las actitudes acordes para que se pueda realizar.
    No triunfarás sobre la eterna (en esta vida) presencia del EGO por medio de arrebatos, magia, superstición, teorías, lemas repetidos de sabios (supuestos o reales).
    Precisarás conocimiento, ejercicio, práctica, paciencia, humildad, esfuerzo, dedicación, comunicación auténtica, autocrítica, entre otras cosas.

    Y no dudes en rezar, pero no esperando milagros, no como mecanismo egoísta para manipular a Dios.
    Reza, para estar en sintonía con el Padre, para bailar con Su música, para alumbrarte con Su LUZ.
    Para conocerte, para crecer, para corregirte, para darte cuenta de todo lo que tienes que agradecer y cuánto puedes ayudar a los demás.
    Con esto también estás impulsando tu bienestar, al promover el beneficio genuino de otros.

  • Factores del aprendiz

    En la Mishná, Pirkei Avot 3:17, encontramos:

    “Rabí Eleazar ben Azaria solía decir: toda persona cuya sabiduría es superior a sus obras, ¿a qué se parece?
    A un árbol cuyas ramas son numerosas, pero sus raíces escasas; viene el viento y lo desarraiga y le obliga a doblarse sobre sí mismo, según está escrito: será como enebro en la estepa, y aunque le venga el bien, no lo verá; habita en las arideces del desierto, en tierra salitrosa e inhabitable (Irmiahu/Jeremías 17:6).

    En cambio, todo aquel cuyas obras sean superiores a su sabiduría, ¿a qué puede compararse?
    A un árbol de pocas ramas, pero con numerosas raíces. Aunque todos los vientos el mundo vinieran y soplaran contra él, no le podrían mover de su sitio, según está escrito: y será como árbol plantado junto a las aguas y que hacia el torrente envía sus raíces; no teme que venga el calor, y conserva verde el follaje. En año de sequía, no la siente, y no cesa de dar fruto (Irmiahu/Jeremías 17:8).”

    Para aprender es necesario tres componentes, los cuales a su vez son aprendidos:

    • Actitudes, como humildad, respeto, voluntad, apertura, empatía, atención, paciencia, constancia, comunicación, entre otros.
    • Conocimiento, que es aquello que se aprende.
    • Práctica, que es aplicar los procedimientos.

    Cuando falla alguno de ellos, entonces está en riesgo el aprendizaje y comprometido el resultado.

    Si nos llenamos de saber pero somos flojos en realizaciones, no estamos transformando el mundo, no producimos el bien, estamos encerrados en nuestra egoísta imagen de sapiencia. Se compara con alguien estéril en un lugar estéril, difícilmente tenga continuación puesto que nadie conoce su tesoro ni se alumbra con su luz.

    Si actuamos desde la ignorancia, aunque estemos llenos de buenas intenciones, somos como ciegos avanzando al borde del precipicio, faltos de entendimiento y probablemente provocando el dolor y sembrando el caos. Por supuesto que la realización es indispensable para la obtención de frutos, pero al mismo tiempo se puede estar sembrando yerba mala que perjudica.

    Si obtuvimos conocimiento y lo aplicamos en los hechos, necesariamente debemos manifestar las actitudes idóneas, que hacen del hombre un receptor del saber, un analista respetuoso, un preservador responsable, un portador sagaz y que con sus obras no atenta contra el bienestar del prójimo ni el suyo propio.

    Sería bueno tomarse un tiempo para evaluar nuestra postura y darnos cuenta qué tanto estamos en la senda del aprendizaje, y cuánto nos queda aún por aproximanos a ella.

  • Ideal de vida

    NESHAMÁ: espíritu, Yo Esencial, conexión constante con el Eterno, nuestra identidad perpetua, nuestra chispa de Divinidad. Su idioma es el AMOR, el deseo de dar.

    EGO: sistema automático, con un altísimo componente biológico/natural y otro aprendido, que se dispara en situaciones de impotencia (real o sentida) con la finalidad de preservar la vida. Su idioma es la manipulación, el deseo de recibir.

    Nuestra existencia en Este Mundo debiera estar entre ambos focos, ni en un polo, ni en el otro.
    Tendiendo hacia la NESHAMÁ, siendo leales a ella, organizando las reacciones del EGO, cuando ello sea posible.

    ¿Cómo se logra?
    Construyendo SHALOM, con acciones de bondad Y justicia.

  • El destino energético

    La NESHAMÁ que somos, probablemente cuenta con una inagotable provisión de energía que la sostiene indefinidamente y sin alteraciones (no tengo exacto conocimiento).
    Pero, nuestro Yo Auténtico y Yo Vivido, esta persona que estamos siendo en el mundo, tiene una limitada cantidad de recursos, entre los que se incluye la energía con la cual realizamos todos los procesos vitales.
    Debemos ser conscientes de nuestra limitación y actuar a favor de emplear la energía en acciones que provean beneficios, que aporten al bienestar, que conduzcan a un mejor nivel y disfrute de la existencia.
    Si derrochamos alocadamente, de manera inconsciente, nuestros recursos, pronto estaremos fatigados, debilitados, extenuados, aletargados, oscurecidos, atontados, adoloridos, extraviados, exiliada nuestra personalidad de nuestro espíritu, en displacer y en camino a la desconexión vital (muerte).

    Sentimos impotencia a cada rato, por las grandes o pequeñas cosas, sabiéndolo o sin darnos cuenta.
    Nuestra limitación, que no es solo energética, pesa. Su presencia asusta y remite a la pesadilla terrible del nacimiento, que ha quedado inscrita en lo más profundo de nuestra memoria somática.
    La falta de control, así como sentirse sin poder, disparan el mecanismo automático del EGO, cuya única finalidad es mantenernos con vida en situaciones de real impotencia.
    Cuando estas reacciones sobreabundan y se precipitan a causa de sentirse en impotencia, y no por verdaderas amenazas a la subsistencia, son las que generan eso que se denomina “estrés malo”.

    Al estar atormentados por este constante estrés, reaccionando desde el EGO a los sentimientos de impotencia, indudablemente estamos desperdiciando enormes cantidades de nuestra energía torpemente.
    ¿Te imaginas la cantidad de poder que estás desperdiciando al no poner orden y serenidad en tus pensamientos?
    ¡La vitalidad que se escurre en una lucha incoherente y sin sentido!
    Peleando contra gigantes monstruosos, o escapando precipitadamente y sin razón de ellos, cuando ni siquiera son pequeños molinos de viento.
    En eso se pierde el vigor, en cosas sin valor y que dañan. Porque, el malgasto de energía conlleva al menos tres perjuicios evidentes.

    Primero, la energía disponible para procesos edificantes, placenteros, constructivos se ve mermada, puesto que se dirige hacia otra parte. Lo que se usa en X no está para servir en Y.
    Por tanto, cuanto más estresado, al ritmo del EGO, menos pensamiento creativo, más lentitud en el procesamiento de los datos, peor capacidad de resolución, mayor desgaste sin obtener resultados alentadores.
    Esto a su vez aporta al detrimento de la tranquilidad, del goce de SHALOM, pues se siente y razona bajo el manto del EGO, percibiendo amenazas e impotencias y confirmándolas en la realidad en muchas ocasiones.
    Así el ciclo perverso se retroalimenta y aumenta el desperdicio de energía, la alteración del orden, la pobreza del pensamiento y de posibilidades de autorrealización.

    Segundo, al estar activándose señales de amenaza permanentes la atención se enfoca en ello, dejando de atender aquello que pudiera resultar provechoso. Entonces, se podría estar ante resoluciones, claves de mejoramiento, instancias de empoderamiento, pero lamentablemente todo esto se deja de lado. La energía corre sin obtenerse con ello resultados positivos, lo cual debilita aun más: porque el recurso se malgasta y porque se aumenta la confirmación de la impotencia y la incapacidad para salir de ella.

    Tercero, al estar en estado de agresión/defensa, se generan situaciones en las cuales se incrementa la problemática, porque no hemos respondido de manera eficiente y apropiada.
    Pero también, porque el estado agresión/defensa provoca que se perciban las situaciones desde una perspectiva atrevida, que no busca la resolución efectiva y pacífica, sino las señales que demuestren que se debe agredir/defender. Por ejemplo, tu esposo entró y pasó de largo saludando sin mucha efusividad. Tu EGO se dispara, porque te sientes ofendida por esa conducta. Entonces lanzas una palabrota, o pones cara de amargada/enojada, o te largas a llorar infantilmente, o te niegas a hablarle durante tres días. Si te hubieras detenido a averiguar, empleando la Comunicación Auténtica, quizás hubieras descubierto que fue tan poco cortés porque se sentía muy mal y debía ir al baño a vomitar. ¿Hubieras reaccionado desde el EGO sabiéndolo? ¿Valió la pena agrandar una situación, inocua en sí misma, porque no tuviste la precaución de actuar desde el AMOR en lugar desde el EGO?
    Todos los altercados generados por el EGO, resultan en un mayor consumo de energía, puesta en evitar potenciales riesgos e impotencia, en lugar de ocuparla en realizarse en la vida.
    Cuando lo oportuno y saludable sería parar la máquina automática, enfocar el poder en aquello que puede ser dominado, y entonces ejercer la fuerza justa para obtener el óptimo resultado.

    Recuerda que cuando una conducta se repite se termina formando un hábito, que es una segunda naturaleza.
    El hábito no te pide permiso para actuar, simplemente lo hace.
    Es, entre otras cosas, una manera natural que Dios ha diseñado para usar con mayor eficiencia la energía vital. PERO, cuando el hábito se creó a partir de conductas negativas, derrochonas de energía, entonces se transforma en una terrible espada, consumista, agobiante, mortal.

    Por ello, entrénate para que tus respuestas sean desde el AMOR y no desde el EGO.
    Aprende a bajar el poder del EGO en tus conductas (pensamientos/palabras/acciones), para que seas tú quien goce de mayor poder.
    Sé consciente de tu poder y empléalo saludablemente.

    Sintoniza tu Yo Vivido con tu Yo Esencial, lo que experimentas en esta vida con lo que eres espiritualmente, para que entonces el gran poder te restituya e incrementes tu bienestar.

    Construye SHALOM, con acciones de bondad Y justicia.

  • El profeta Jeremías y la CabalaTerapia

    El humano nace impotente, con una pequeñísima dosis de independencia.
    Está a merced de los acontecimientos y los padece a más no poder.
    El nacimiento es un completo desastre, una pesadilla sin registro y de la cual no hay memoria ni elementos para contenerla dentro de un sentido y término.
    Las pocas herramientas que disponemos son automáticas, las del EGO, para proveernos sustento y auxilio por medio de llamar la atención, alertando y alterando al universo circundante y por medio de esa inconsciente e involuntaria manipulación obtener algo de satisfacción y mitigar como sea el padecimiento.
    Gritar, patalear, llorar son esos instrumentos primitivos de alteración del orden, para que desde el caos que sufre el bebe se provoque el caos alrededor, entonces se dispararán reacciones en el medio que de alguna manera resolverán sus tormentos. Todo esto, por supuesto, no es planificado por el sufriente bebé, es parte de nuestra naturaleza.
    Cuando el auxilio no viene, o es insuficiente, el sistema tiene un mecanismo para reservar energías y sostener la vida en niveles de bajo consumo, por lo cual nos desconectamos de la realidad. Esto también mitiga la avalancha de sensaciones acuciantes que agreden al infante sin fin imaginable.
    Al repetirse las conductas y conseguir manipular al entorno, se van estableciendo redes cerebrales que se van solidificando y formando hábitos. Por ello, desde el fondo de los tiempos, desde un espacio sin nombre, desde una historia sin registro, cuando nos sentimos amenazados por la impotencia se desencadena en nosotros el reinado del EGO, con sus toscas herramientas y las que se fueron derivando en tanto el niño crecía y aprendía nuevos recursos a partir de los anteriores heredados naturalmente. A lo cual se suma lo cosificado como hábito.
    Entonces, no es de extrañar que ante la sensación de impotencia, real o sentida, el EGO haga presencia, que irreflexivamente reacciones de manera espontánea.

    El niño requiere ayuda y la obtiene, si no hubiera perecido al poco tiempo.
    El niño la obtuvo y con ello aprendió a “solicitarla” con sus arranques caóticos, sembrando turbulencias para cosechar satisfacción, o al menos reducir el displacer.
    El niño formó el hábito, también de estar pendiente de la ayuda de alguien poderoso.
    De alguna parte deberá surgir la salvación.
    El EGO se impone como el primer dios, que se siente operando y reclama obediencia y adoración.
    El EGO se fortalece en tanto la persona sigue sometida a la impotencia, real o sentida, para aparecer de pronto y resolver con su magia las situaciones. Y de no hacerlo, tiene la herramienta pasiva, aquella de desconectar a la persona de la realidad. Dormir, drogarse, mentir, auto engaño, estafa, olvidos, disonancia cognitiva, negación de los hechos, excusas, enfermedades, intento de autoeliminación son parte de las expresiones de la desconexión de la realidad que mencionamos.

    El niño aguarda su salvación y se deja caer en brazos de aquellos que adora como poderosos.
    Las ocasiones para sentirse impotente no escasean, de hecho podrían ser miles en un simple día cotidiano.
    El niño está a la espera, esperanzado, de sus milagros habituales que le solucionan sus inconvenientes.
    Al mismo tiempo va comprendiendo su propio falso poder, el que proviene de la manipulación.
    Se da cuenta de que si hace un berrinche, obtiene la golosina, paseo, juguete y lo más importante: la atención de aquellos seres poderosos que están a su servicio.

    El niño provoca el caos para quitarse de encima el malestar y para obtener su pequeña felicidad, gratificación lo más inmediata posible.
    Y el niño crece, pero su hábito arraigado al EGO permanece como indestructible e inseparable.
    Es cierto que aprende otros mecanismos, más amables, menos agresivos, más “civilizados” para adquirir beneficios; pero, desde la oscuridad de la impotencia, el EGO sigue adoctrinando a su esbirro. Es el esclavo que reina; cuando solamente debiera ser el servidor necesario en los momentos puntuales de verdadera situación de impotencia.

    A veces se obtiene sorbos de poder, se disfruta de felicidad y puede parecer que la impotencia es un hecho olvidado.
    Pero, que triste nuestra realidad limitada, lo cierto es que seguiremos siendo por siempre impotentes.
    Y a veces por escurrinos plácidos en la pequeña felicidad, dejamos de lado el esfuerzo por alcanzar la Gran Felicidad.

    Así andamos, a la espera de la Gran Felicidad, esquivando los pozos de oscuridad, esperanzados de no ser tragados por la desesperación, luchando para no sufrir más.
    Engañados por la esperanza, enojados con los dioses (o Dios), porque no zafamos de todo contratiempo, porque no somos los amos ilimitados de todo poder.
    Y nos engañamos, nos estafamos, con aires religiosos pretendiendo manipular a los dioses (o Dios) con plegarias, promesas, pactos, rituales y todo otro tipo de negociación religiosa. Como si tuviéramos el control, como si a nuestro alcance estuvieran los botones que nos brinden los paraísos terrenales y supraterrenos.

    ¡Cuánto tenemos para aprender, y para desaprender!
    ¡Cuánto daño nos hace la religión y nos aparta de la espiritualidad!

    Por ello la CabalaTerapia, que estudia estos fenómenos e intenta brindar herramientas para nuestro crecimiento integral, es tan necesaria.
    Para dotarnos de alas espirituales, las que nos corresponden por derecho de ser humanos; para darnos un poquito de dominio sobre el reinado del EGO.
    Para enseñarnos a vivir en construcción de SHALOM, interna y externa, por medio de acciones (pensamientos/palabras/actos) de bondad Y justicia, siendo leales a nuestro patrimonio espiritual.
    Para hacernos comprender cabalmente, y experimentar, las palabras sabias y eterna del profeta del Todopoderoso:

    «Así ha dicho el Eterno: ‘No se alabe el sabio en su sabiduría, ni se alabe el valiente en su valentía, ni se alabe el rico en sus riquezas.
    Más bien, alábese en esto el que se alabe: en entenderMe y conocerMe que Yo soy el Eterno, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra.
    Porque estas cosas Me agradan, dice el Eterno.»

    (Irmiá / Jeremías 9:23-24)

  • De cuentos maravillosos, teologías y filosofías

    Una de esas historias fantásticas, que se comparten con gran admiración y fascinación, afirmando con fe ciega que es de la vida real.
    Que se rodea de detalles y guiños al lector/escucha, como ofreciendo así evidencias de su veracidad y verdad.
    Que además se adorna de conclusiones metafísicas maravillosas, generalmente alabando hasta el infinito a algún rabino (o cualquier otro clérigo o similar), afirmando como verdad suprema que “todo es para bien”,  “nada es casualidad pero todo es causalidad”, y cuestiones parecidas que endulzan el ánimo del lector/escucha y lo reafirman en sus creencias fervientes y de apego a determinada facción o sistema de creencias.
    Esta historia en particular la leí en Facebook hace un par de días y es más o menos así.

    Una persona ortodoxa descubre que su vecino de asiento en el vuelo tiene un apellido “judío”, como si ellos existieran. Un apellido de los muy frecuentes, estilo “Rodríguez” entre los descendientes de la cultura española. Para su sorpresa al anciano vecino le sirven el menú corriente y no la vianda “kosher”. Lo cual motiva al ortodoxo a entrometerse en la vida del vecino, suponiéndolo judío y pasible de ser encuestado.
    Con reticencias el anciano saca a la luz que es un sobreviviente de la Shoá, el genocidio perpetrado por nazis y sus cómplices en contra de la familia judía alrededor de la Segunda Guerra Mundial. Él es el único sobreviviente de una amplia, alegre y ortodoxa familia, la cual fuera arrancada de la vida por el odio asesino del malvado. Pero, el buen hombre no estaba rencoroso contra el Hombre y sus flaquezas, aparentemente, sino hacia Dios, el cual había tolerado y hasta quizás alentado la masacre y el sufrimiento infinito de tantos buenos inocentes. Y, seguía diciendo el anciano, lo que más quebró su “fe” fue cuando se enteró que su último hijo había sido asesinado de manera cruel y vil allá fuera, en el campamento de exterminio que ambos compartían.
    Eso fue la gota que rebalsó su vaso de sufrimiento, porque él había depositado la esperanza en que el niño se salvará y fuera quien continuara la estirpe familiar.
    Ahora Dios, y no los nazis, le había arrancado su último aliento de vida, por tanto él escogía repudiar a Dios y negar su vínculo con el judaísmo y lo judaico.
    Así el buen hombre rehízo su vida.
    El ortodoxo no pudo, no supo, no quiso, vaya uno a saber qué, pero quedó así la triste historia, que se cuenta como real y fantástica en esta historia que te estoy repitiendo, y que supuestamente pasó y por ello se publica en libros, y se repite en redes sociales, y la gente la cuenta con placer y veneración de unos a otros.
    Unos pocos años más tarde el ortodoxo pasaría las Grandes Fiestas en Ierushalaim, en el barrio “Mea Shearim”,  que en esta narrativa popular e inexacta es catalogada como “un lugar sumamente sagrado”, vaya uno a saber el porqué.
    Iba camino a la sinagoga en Iom Kipur cuando vio a un anciano sentado en la parada del ómnibus, fumando, bebiendo, haciendo todo lo que no se debería en este día especial. Esa actitud despectiva le fastidió, pero de alguna manera reconoció al viejo sobreviviente de la Shoá, aquel que acusaba a Dios de los crímenes del hombre, el pobre hombre sin futuro y que amargado penaba por el terrible y verídico dolor que le había acontecido a él y los suyos. Se acercó y le saludó, obviamente que lo invitó a que le acompañara a la sinagoga. Porque, el ortodoxo se sentía sumamente culpable de no haber tratado de traerlo al redil aquella ocasión en el avión. Entonces ahora aprovecharía el momento, porque no hay casualidades, ¿no?
    El anciano no quería saber nada de eso, ¿o acaso él no estaba aún iracundo en contra de Dios, y por ello descartó el judaísmo y sus cosas, a causa de la maldad del Hombre?
    Pero el ortodoxo insistió, haciéndole ver que se rezaría el Izcor, un rito en el cual se recuerda de manera sentida y solemne a los difuntos de la familia, allegados y santos mártires de la gran familia.
    Tanto machacó que al final el sobreviviente aceptó acompañarlo, aunque a regañadientes.
    El oficiante entonaba con reverencia y encanto los cánticos del ritual tradicional ashkenazita del Izcor, y entonces el ortodoxo pidió al anciano el nombre del hijo fallecido, aquel que fue la culminación de su tormento en medio de la noche oscura. El anciano lo dijo débilmente, pero luego con mayor fuerza, hasta que llegó a oídos del cantor quien dijo ese nombre, pero de pronto se interrumpió, giró y miró detenidamente al viejo sobreviviente y gritó: “papá”.
    ¡Sí era el hijo, aquel que supuestamente había fallecido brutalmente pero nunca fue confirmado!
    Estaba vivo y era feliz y pleno en Ierushalaim, adoctrinando a su familia en los encantos de Mea Shearim.
    El viejo revivió en aquel instante, alabó al Eterno, rearmó su vida ahora como plenamente ortodoxo, extremadamente fanatizado, lleno de fe en Dios y alegría por la vida, rodeado de sus nietos, bisnietos y la nueva comunidad que le albergó en su despertar actual.

    Esa era más o menos la historia, presuntamente real y verdadera.
    Que, como te mencioné más arriba esta narración es decorada con todo tipo de conclusiones, alabanzas, maravilladas admiraciones, comentarios laudatorios, y es compartido fervientemente con gran fe y esperanza por las buenas gentes, llenas de inocente y cándida simpleza.

    De manera herética, con tus disculpas, me planteó unas pocas observaciones.
    Espero no ofenderte por usar un ratito ese don maravilloso que nos brinda Dios, el raciocinio y la intención de ser críticamente objetivos.

    1- ¿Se puede proveer de datos exactos para identificar a las personas en cuestión?
    2- ¿Se puede brindar maneras de comunicarse con ellos, para conversar directamente con los implicados?
    3- ¿Se podría obtener la historia narrada de primera mano por el anciano?
    4- Es bonito y produce felicidad el reencuentro del padre con el hijo, emociona y gratifica a toda persona de bien, sin dudas. Ahora, ¿eso hace olvidar la matanza del resto de la familia y de los otros millones de inocentes?
    5- ¿Solo por volver a encontrar a su último hijo, de repente regresa la fe del buen hombre?
    6- ¿Y todos los años, décadas, sumergido en angustia, deseos de muerte, rencor, se borraron mágicamente?
    7- ¿Todo es para bien? ¿Se le puede explicar eso a los millones de inocentes muertos y a los otros millones que sufrieron y sufren las consecuencias de la maldad del Hombre?
    8- ¿Todo es para bien? Y las cinco, o más, décadas que el hombre sobrevivió a su propia tortura emocional/mental, ¿fueron para bien?
    9- Que el hijo se críe alejado de su sobreviviente padre, aunque haya llevado una vida estupenda anteriormente, ¿disculpa la desgracia del pobre viejo de no saber de su hijo y penar hasta el infinito por creerlo muerto?
    10- ¿Culpar a Dios y rechazar Sus cosas en lugar de acusar al verdadero culpable y tratar de hacer algo al respecto?
    11- Supongamos que en verdad no existen las casualidades, entonces podemos concluir que Dios es un malvado que permite y alienta y produce genocidios y roturas de familias, los nazis, árabes y otros asesinos son meros inocentes en manos de un despiadado Dios.
    12- Hagamos de cuenta que la maravillosa historia es verdadera, cosa de que te habrás dado cuenta dudo, entonces ¡cómo no indignarse con Dios! Deja que un pobre viejo enloquezca de dolor durante décadas y no es capaz de producir el no casual encuentro muchos años antes. ¿Era necesarias tantas décadas de miseria y terror, solo para que se puede contar esta historia?
    13- ¿No hubiera sido maravilloso que el ortodoxo sentado junto al viejo en el avión fuera el hijo?
    14- ¿No hubiera sido aún más “mágico” que la Shoá no hubiera acaecido, si de últimas nada es casualidad y todo es para bien?
    15- ¿Cómo disculpar el dolor y la amargura con la fórmula mágica “todo es para bien”? ¿Acaso eso cancela la posibilidad de que el mal se padezca de forma muy real?
    16- Si se quiere convencer a la gente de cuestiones místicas, ¿por qué recurrir a estos golpes bajos sentimentales, en lugar de apelar a la inteligencia, al pensamiento crítico, a la creatividad encaminada por los preceptos?
    17- ¿Qué obliga a la gente a aferrarse con tanta fuerza a estos cuentos y venerar a los “santos” que imparten su luz metafísica? ¿Es un apego que proviene de la NESHAMÁ o del EGO?
    18- ¿Por qué hay gente que en verdad padeció terriblemente y escogen dejar el judaísmo, y a Dios, cuando a primera (y segunda) vista es el Hombre, o causas naturales, los que causaron su sufrimiento?
    19- Si se lo hace culpable, o responsable, a Dios de todos los males, incluso de aquellos que evidentemente son obra del Hombre; ¿por qué no se lo hace “culpable” de todo lo bueno, que supera infinitamente a lo malo que sucede?
    20 – ¿Cómo puede haber gente que sigue pidiendo explicaciones a Dios por la Shá, o atrocidades similares; y preguntando dónde estaba; como si eso fuera de inteligente y ético? Cuando no es de Dios la pregunta, ni tampoco la respuesta; sino que se debería cuestionar de principio a fin al Hombre.
    21- ¿Qué otras cosas podemos criticar de esta fábula con apariencia de realidad?
    22- ¿Qué opinas tú?
    23- ¿Qué sientes?

  • Entre Moshé y Aarón

    En la parashá Vaikrá se trató de korbanot, ofrendas al Eterno.
    Muy parecido en Tzav, la parashá siguiente en el orden del libro Vaikrá.

    La primera está expresada de acuerdo al código de ética mosaico (Torat Moshé).
    La segunda al código de ética aarónico (Tora Aarón).

    El mosaico parte de la asunción de que el ser humano es bueno, que su chispa divina, la NESHAMÁ encuentra caminos para manifestarse y que de algún modo prevalecerá su LUZ por sobre las penumbras.
    En tanto que el aarónico parte de la creencia de que el hombre tiene a pecar, que su EGO reina y lleva a la persona al exilio, a la separatividad de su Yo Vivido de su Yo Esencial.

    Por esto mismo, el tono del código mosaico es de apertura, de bondad, de confianza en que el hombre actuará de acuerdo a su Yo Esencial, que quizás tarde y se complique pero finalmente prevalecerá el reinado del Eterno. La TESHUVÁ es la opción obvia, la cual espera a la puerta a que el hombre le abra y la deje entrar. Porque el hombre es en esencia bueno y el EGO es por descuido el promotor del caos, no una entidad perversa y que arruina adrede la paz y armonía.
    Pero, el tono en el código de su hermano imperan las ordenanzas, las órdenes, los mandamientos, las reglas y los rituales. Se codifica para marcar los límites, para que el hombre no los traspase. Para que el hombre se sienta en falta y como si pendiera una amenaza a causa de sus desvíos.

    En consecuencia, a veces encontramos un Moshé iracundo, a causa de la decepción, frustrado, golpeándose con la realidad que muestra que el EGO se extiende y parece ser el amo.
    Y se nos relata a Aarón como el perseguidor de la paz, el que hace todo tipo de esfuerzos para alcanzarla. Precisamente porque sabe que el hombre está dominado por la oscuridad y que si no se le obliga difícilmente escape al mal, al caos.

    Ambas posturas son necesarias, aunque la ideal y recomendable sería la de Moshé, pero sin que llegue a sentirse en fracaso, para que no caiga en la desesperanza y se altere su bonhomía.

    Por otra parte, es casi imposible que el hombre adquiera hábitos positivos a través de amenazas, de miedo, de castigos, de obligaciones asfixiantes. Con estos el hombre puede comportarse dentro de la moral, pero difícilmente haga un cambio positivo y mantenido en el tiempo. Cuando se cancela el motivo castigador o acechante, el hombre retorna (probablemente) a la deriva del caos.
    Por ello, es necesario conocer la presencia de la NESHAMÁ y encontrar la manera que los cambios sean realizados por amor, por deseo de crecimiento, con voluntad, para beneficio y bendición.
    Claro, es un ideal para el cual es imprescindible entrenarse, trabajar, esforzarse, aprender, tomar conciencia, desaprender, dejar de depender de los látigos para sostener la LUZ.

    ¿Dónde estás tú?

  • Luz y fuego del santuario

    En la parashá TZAV se ordena que: «El fuego sobre el altar, encendido en él, no será apagado» (Vaikrá / Levítico 6:5), instrucción que es repetida en otras instancias.
    Pero, si revisamos en el Talmud (Iumá 21b), la lista de los diez milagros que acontecían en el Beit HaMikdash, nos encontramos que había un fuego del cielo que caía sobre el altar, manteniéndolo encendido sin importar las variaciones del clima. Recordemos que este altar se encontraba fuera del edificio del Santuario, en el patio que formaba parte sustancial del complejo del Templo, a merced del viento, la lluvia, la nieve, cualquier elemento de la naturaleza que pudiera afectar la llama prendida.
    Pareciera haber aquí un conflicto, porque por una parte es deber del hombre laborar para que la llama no sea apagada y siga encendida, al tiempo que se nos dice que es Elohim quien se ocupa de eso.
    ¿Cómo explicarlo?

    Para complicar más la cuestión, el mismo versículo que antes citamos indica que: «El sacerdote hará arder leña en él cada mañana» (Vaikrá / Levítico 6:5).
    ¿Qué significa esto? ¿Acaso que el fuego se apagaba y había que iniciar el proceso nuevamente cada mañana?
    Por ahora, no sabemos, lo que sí podemos advertir es que la actividad del hombre es requerida y esencial en mantener el fuego ardiendo y alumbrando en el sagrado recinto.

    Pero, además había otra llama que debía preservar su presencia dentro del Templo, la de la Menorá, según leemos en la parashá EMOR: «Manda a los Hijos de Israel que te traigan aceite de olivas claro y puro para la iluminación, a fin de hacer arder continuamente las lámparas» (Vaikrá / Levítico 24:2). Así cada noche eran reencendidas todas las lámparas de la Menorá, cuidándose de que la “occidental” nunca se apagara.

    Y había otra luz, en el Santo de los Santos.
    La que provenía de las Lujot haBerit, Tablas de la Alianza. La que deslumbraba de entre medio de los querubines y manifestaba la constante Presencia del Eterno.
    Luz que se podía percibir, cuando las telas eran corridas; luz que simbolizaba la LUZ de la Torá, por tanto, del Eterno alumbrando y energizando la totalidad.

    Luz fuera, luz dentro.
    Con la llama exterior, la del altar, se quemaba las ofrendas. Por eso era necesaria la actividad del hombre, quien estaba dispuesto a sacrificar sus partes oscuras, rindiéndolas ante la LUZ del Eterno.
    Con la luz más interior se manifestaba la conexión del Eterno con Su creación, la energía vivificante que permite la existencia.
    Con la intermedia, la del candelabro, se ponía en evidencia que somos NESHAMÁ, espíritu, chispa del Eterno, perpetuo vínculo que nos une a Él y a todas las otras neshamot.

    Esa LUZ que somos, nuestro Yo Esencial, está presente, conectándonos a cada instante con el Eterno y con el resto de los humanos (de toda época y lugar).
    Pero, se encuentra rodeada por la densidad de la oscuridad de experimentar Este Mundo.
    Además, con cada pecado sumamos una mancha alrededor de esa pura LUZ, haciendo más dificultoso que la podamos percibir.
    Y sin embargo, allí está.
    Nada la cambia, nada la marchita, nada la apaga.
    Ni el peor de los pecados erradica nuestra esencia, corta nuestro lazo.
    Pero, sí sentimos la lejanía, nos hundimos en oscuridad. Pareciera que estamos en penumbras, por dentro y por fuera. Como si la religión, re-ligarse, tuviera que ser necesaria, ya que aparentemente no existe más conexión con la Divinidad.
    Pero, seguimos siendo seres de LUZ. Aún en la peor de las miserias que podamos incurrir. Ninguna acción del Yo Vivido extingue la llama sagrada.
    Es imprescindible que tengamos consciencia de ello, que lo sepamos y no permitamos ser confundidos.
    Porque, cuando ignoramos nuestra esencia pura y sagrada, nos dejamos resbalar hacia peores estados del ser, exilándonos aún más, rechazando más y más el camino de la TESHUVÁ.
    ¡Sepamos que somos de LUZ y como tal debemos brillar!
    Para lo cual, sea grande o pequeño el pecado, estemos cercanos o lejanos a la Fuente, tenemos a disposición la TESHUVÁ.
    ¡No la desaprovechemos!

    Ofrendemos aquello que nos aliena, que nos perturba, que nos hace vivir una existencia separada de nuestra verdadera identidad.
    Tomemos conocimiento de nuestra sagrada personalidad, para así poder estar en armonía con ella.
    Obviando las religiones, apartando las sectas, despojándonos de rituales, repudiando todo lo que se nos apila para que desconozcamos nuestra NESHAMÁ.
    ¡No demos lugar al EGO y sus trampas!

    De arriba nos alumbran constantemente, nos llaman sin pausa, la silenciosa  y persistente voz nos conduce hacia el SHALOM.
    Pero no es por milagro que lograremos el ascenso de la existencia hacia la LUZ. Ni por atajos religiosos, ni con salmodias petrificadas, ni repitiendo lemas, ni adorando hombres, o actuando fuera del camino de los mandamientos que nos corresponden (los Siete Universales paralos gentiles, los que sean apropiados de los 613 para el judío).

    Encendamos nuestro fuego, borremos las manchas que estorban la LUZ.
    Limpiemos nuestros pensamientos/palabras/actos, para adecuarlos a la Presencia.
    Sacrifiquemos lo que nos entorpece el gozo de la felicidad verdadera, que es el disfrute de Su Gloria.

    Está en ti que vivas construyendo SHALOM, con acciones leales de bondad Y justicia; para que tu luz desenmascare la LUZ.
    Para que Su LUZ sea tu luz.

  • Método para no hundirte en el círculo de la ira

    Estar en constante posición de ataque/defensa te deja exhausto.
    Duermes pero no descansas.
    Comes pero no te alcanza, o te sobra a los pocos bocados. El peso varía de una forma que no te alienta.
    Estás excitado, nervioso, a punto de estallar. Hasta un rasguño es sentido como un ataque feroz; una palabra o un silencio desencadena una tormenta de ira.
    Señales de estrés, del malo.
    Tu cerebro y cuerpo están reaccionando como si de sobrevivir dependiera, aunque en realidad la impotencia sea algo “mínimo”, como que tus hijos no te dejan escuchar el informativo, o supones que tu esposa tiene un amante, o el gobierno ha subido el impuesto, o perdiste el bus y tendrás que esperar cinco minutos, o se acabaron las golosinas que te encantan y el negocio no abre hasta mañana, o tu compañero del trabajo se hace el vivo recargándote de tareas, y así con cualquier otra cosa que no supone un riesgo real a tu existencia pero lo vives como una agresión catastrófica.
    Estás transitando el círculo de la ira, hundiéndote en él, ahogándote sin encontrar resolución.

    Un breve pero poderoso método para reducirlo y recodificarlo.
    Son breves y simples pasos, pero no debes esperar hasta el punto de estallar para implementarlos.
    Sino que deberás tomarte un tiempo todos los días para entrenar, para ejercitar, para llevarlo a un estado de óptima capacidad y listo para ayudarte cuando realmente lo precises.
    Como todo lo que resulta en positivo, requiere dedicación, conciencia, voluntad y constancias. No esperes el resultado inmediato, y mucho menos si no ejercitas y esperas a la circunstancia tóxica para intentarlo.

    Esto es lo que debes entrenar para superar este estrés.

    1. Desenfoque.
    2. Respiración.
    3. Postura.
    4. Gatillo liberador.
    5. Reenfoque.

    Expliquemos.

    DESENFOQUE.
    Si tu cerebro sigue percibiendo aquello que siente como amenazante, una fuente de impotencia, entonces seguirán siendo disparados los servicios automáticos del EGO: llanto, grito, pataleo y desconexión de la realidad, así como cualquiera de sus derivados. Éstos pueden estar dirigidos hacia el interior del ser, o hacia fuera. Como sea, la agresión estará presente, dañando, consumiendo preciosa energía, requiriendo atención. Si se hace el esfuerzo de controlar las acciones, cosa que es posible y a menudo necesaria, se produce un forcejeo interno con el consiguiente mayor consumo de energías vitales, con el añadido de confundir el origen de la impotencia y no lograr una resolución eficiente y eficaz.
    Entonces, es tiempo de quitar el foco puesto en aquello que te genera esta reacción.
    Mira para otro lado.
    Sal de la habitación.
    Da un paseo.
    Pide un break y atiende otra cosa.
    Lo que fuera útil para la misión de no seguir con la vista y el cerebro lo que te está provocando el sentimiento de impotencia.
    En ocasiones, muchas tal vez, no proviene de una fuente externa a la que visualizas, o atiendes con algún otro órgano de tus sentidos de relación con el mundo; sino que se debe a una imagen dentro de ti, una creencia, recuerdo, fantasía, o similar. Es aquí también indicado apartar la “mirada” de lo que te afecta.
    ¡Atención! No implica huir, negar, escapar, hacerse el tonto o cualquier cosa parecida. Lo que te estoy pidiendo es que por un ratito desenfoques tu lente de eso que te tiene atrapado en tu atención y dispara tu EGO con sus reacciones extenuantes.
    ¿Comprendido?

    RESPIRACIÓN.
    Es imprescindible que aprendas y te ejercites en realizar ciclos profundos de inhalación-exhalación. Por minuto no debieras realizar más de 4 a 6 ciclos. Por supuesto que esto es para todo momento que quieras y puedas, pero es en particular parte del método que estamos estudiando para practicar. Por tanto, tomarás tiempos cada día para entrenarte así cuando llegue la circunstancia de sentirte impotente y reaccionar negativamente, podrás recurrir a tu preparación y respirar profunda y pausadamente, con no más de 4 a  6 ciclos por minuto.
    En la situación desencadenante puedes hacerlo por un par de minutos, hasta que te sientas en control de aquello que puedes controlar.
    Así pues, conjugas el desenfoque con la respiración. Quizás hasta puedes dirigir tu atención a tu ciclo respiratorio, para sacar tu atención de lo que te produce tensión e impotencia.
    ¿Qué debes hacer?
    Toma aire, si puedes por la nariz, y llena tu “panza”. No te quedes con el aire retenido a la altura del pecho, impúlsalo hacia abajo. Lo más abajo que puedas. Inhala profunda y lentamente. Siente tu “panza” extenderse con el aire que se acumula allí. Sostén la respiración unos pocos segundos. Luego expele el aire lentamente, si puedes por la boca. Lentamente. Si puedes ten a la vista un cronómetro o segundero, comprueba que estás armonizando tu ciclo respiratorio para que no sean más de 4 a 6 por minuto.
    No es bueno que hagas apneas, es decir, que te tragues el aire y no lo sueltes. Es un ciclo sin forzarte, introduce el aire, retenlo brevemente, expúlsalo lentamente.
    Probablemente no puedas hacerlo de inmediato, es por ello que deberás ejercitarte. Cuanto más entrenado estés, más sencillo y efectivo serás.

    POSTURA.
    Tu cuerpo está preparado para el ataque/defensa. Tal vez no de forma evidente, pero es una reacción automática que sigue al sentimiento de impotencia.
    Por ello, de forma voluntaria y consciente relájate, oblígate amablemente a tomar una postura laxa, cómoda, pero NO de debilidad.
    Tu espalda debe estar lo más derecha que puedas, para que la energía corra con menos obstáculos, para que el proceso respiratorio sea facilitado.
    Debes tener una postura relajada pero de poder; de firmeza, no de agresión; de seguridad y confianza, no de defensa.
    Como lo anterior, también deberás entrenar en los momentos que no estés enfrentado a la impotencia.
    Toma conciencia de tu cuerpo, obsérvalo, siéntelo, atiende sus mensajes; luego introduce las modificaciones que te favorecen.

    GATILLO LIBERADOR.
    Deberás escoger una palabra que te sea agradable, que sea respetuosa, y que sea poderosa. Visualízala. Dirige tu atención a ella. Obsérvala como se dibuja en tu mente. Juega con ella. Pronúnciala con firme reverencia. Hazla parte de una melodía que te vibre profundamente. Repite, repite. Atiende a su forma. Mientras tocas un punto accesible de tu cuerpo, que sea factible tocarlo con facilidad y sin inconvenientes (físicos, sociales, etc.). Por ejemplo, un lóbulo de una oreja, la punta de la nariz, la yema de uno de los dedos, un codo, cualquiera sirve. En tanto respiras como te mencione más arriba, mientras visualizas la palabra de poder y calma.
    Debes crear un nexo cerebral entre todos estos aspectos, que al tocar ese punto el cerebro automáticamente reconozca que debe entrar en fase de relajación, confianza y poder.
    No me canso de repetir, es cuestión de práctica. Si lo haces una vez, no alcanza. Diez tampoco. Cien, por ahí estarás comenzando. Repite, repite, repite, repite, repite. Estarás generando un cambio positivo en tu cerebro, que deviene en cambios beneficiosos en tu conducta.

    REENFOQUE.
    Luego de que hayas hecho lo anterior, llega el tiempo de evaluar con mayor objetividad, serenidad, confianza, voluntad, consciencia lo que te induce a impotencia, así como la acción que tomarás a continuación.
    Ahora estarás enfocando la cuestión desde otra perspectiva, ya no la automática e inconsciente, sino con más precisión, adecuación, control.
    Tal vez descubras que lo que sentiste no provenía de eso que te molestaba, sino de otra cosa. O reconoces que tienes alternativas más provechosas. O lo que sea que el nuevo encuadre y perspectiva te brinden.
    Estás en control.

  • El consejo diario 628

    ¡Sé feliz hoy!
    Y con ello deja motivos para poder festejar mañana.

    (¡Feliz PURIM!)