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  • Mandamientos de amor

    «La justicia y el derecho son el fundamento de Tu trono; la misericordia y la verdad van delante de Tu rostro.
    ¡Bienaventurado el pueblo que conoce su proximidad con el Eterno! Andarán a la luz de Tu rostro.
    En Tu nombre se alegrarán todo el día, y en Tu justicia serán enaltecidos.
    Porque Tú eres la gloria de su poder, y por Tu buena voluntad exaltarás nuestro poderío.
    ¡El Eterno es nuestro escudo! ¡Nuestro Rey es el Santo de Israel!»
    (Tehilim / Salmos 89:15-19)

    Es clásica la clasificación de las mitzvot como:

    • entre el hombre y su prójimo;
      cuyo precepto básico es: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Eterno» (Vaikrá / Levítico 19:18);

      y

    • entre el hombre y Dios;
      que su fundamento es: «amarás al Eterno tu Elohim con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas» (Devarim / Deuteronomio 6:5).

    De acuerdo a este criterio, los mandamientos de la Torá se inscriben en:

    • preceptos que repercuten en el beneficio social,
    • y aquellos en los que el hombre refuerza su conciencia en su conexión con el Eterno.

    Podrías advertir que ambos mandamientos que son los pilares de todo el sistema incluyen el verbo “amar”, en uno es al prójimo como a sí mismo; en el otro es a Dios con todo.
    Como ya hemos establecido en otras oportunidades, amar no es un mero sentimiento, ni buenas intenciones, sino acciones concretas que benefician sin perjudicar, y no esperan un beneficio compensatorio.

    Siendo así, el amor hacia el prójimo es entendible, pues el otro puede obtener algún provecho de nuestro acto de amor. El prójimo precisa, poco o mucho, pero como persona ser vivo siempre estamos en dependencia, en impotencia. Por lo cual, cada acto de amor sincero de nuestra parte, es una manifestación de poder y de dotar de poder a alguien que lo precisa en ese momento.

    Pero, ¿acaso se beneficia siquiera en un átomo el Eterno con cualquier cosa que hagamos en Su honor?
    Ciertamente que nada de lo que hagamos, o dejemos de hacer, tendrá efecto en el Eterno.
    Entonces, podemos darnos cuenta de algo muy profundo y de suma importancia, el amor no solamente es un acto de bondad, también puede ser un acto de justicia.
    ¡Sorpresivo!

    Por lo general asemejamos el amor a la bondad, y es correcto.
    Pero cuesta darse cuenta de que también es justicia, ¿no?

    Todo lo que hacemos en honor al Eterno es una forma, limitada y mínima, de devolver algo por Sus infinitas bondades con las que nos prodiga constantemente.
    Es un acto de justicia, en la medida de nuestras posibilidades.
    Él es constante DAR, y nada recibe.
    Por ello, cuando cumplimos un mandamiento entre nosotros y Él, estamos actuando por amor a Él, que significa hacer justicia.
    Por ejemplo, ponerme tefilín me inspira con su simbolismo, me brinda alegría, me identifica como judío y un sinfín de cosas más. ¿Qué recibe Él?
    Nada, absolutamente nada.
    Pero estamos haciendo un poco de justicia a Su Bondad, al asumir nuestro rol, al sintonizarnos con nuestra NESHAMÁ, al amarLo porque eso es lo que debemos (y nuestra NESHAMÁ quiere) hacer.

    Y entonces, de pronto, cuando amamos realmente al prójimo, quizás no estamos actuando solamente por bondad, sino que de alguna manera estamos equilibrando el Cosmos, haciendo justicia. ¿Podemos discernirlo?

    Al repasar estos datos que estamos aclarando ahora, nos encontramos con otra sorpresa.
    Aquella constante enseñanza nuestra de construir SHALOM por medio de actos de bondad y justicia, queda nuevamente iluminada como certera y sagrada de acuerdo a la verdad “bíblica”.

    Construir SHALOM, con actos (pensamientos/palabras/acciones) de bondad Y justicia, es amar al prójimo y amar a Dios.
    ¿Precisamos algo más?

  • Alrededor del Séder

    Alrededor del  Séder de Pésaj se suelen reunir las siguientes personas:

    a- tradicionalista, que pretende cumplir con todos los rituales, lecturas, bendiciones y costumbres al pie de la letra.

    b- niños, que se aburren con facilidad y quieren divertirse.

    c- aprendices, que tienen la intención de aprender, profundizar, divagar, debatir.

    d- los que quieren comer.

    1. ¿Con cuál de estos tipos te identificas más?
    2. ¿Podrías ubicar en alguno de ellos a tus acompañantes habituales en los sedarim?
    3. ¿Podrías enunciar algún otro tipo común que no esté incluido en los anteriores?
    4. Si tuvieras que organizar y dirigir este Séder, ¿qué harías para que todos se sintieran parte e intervinieran?
    5. ¿Encuentras que tiene alguna relación con los famosos hijos mencionados en la Torá y expuestos en la Hagadá?
    6. ¿Con cuál de ellos, sinceramente, te identificas más?
    7. ¿Habrán tomado en cuenta los sabios compiladores de la Hagadá estas tipologías a la hora de armarla?
    8. ¿Tienes ideas que quieras compartir para realizar un Séder ameno, instructivo, memorable, valorable?
    9. ¿No habrá otra manera de instruirnos para la libertad que no sea a través de lo estipulado en la Tradición?
    10. Si tuvieras que relacionar cada tipo de los mencionados con lo que sabemos del EGO, ¿qué dirías?
  • Estamos hechos y podemos rehacernos

    Nuestro Yo Vivido se forma en buena parte por la impronta que los demás van dejando en nosotros, para bien o para mal, queriéndolo o no.
    Nuestras experiencias nos marcan, nos forman, nos apartan o acercan a vivir de acuerdo a nuestro Yo Esencial (NESHAMÁ, espíritu).
    Cuanto más lejanos estemos de esa identidad espiritual, más conflictos en nuestra vida, más sufrimiento, más pesadumbre, más impotencia, menos gozo verdadero. Es el exilio del ser. Tal como Israel ha vivido exiliado, apartado de su tierra y del santuario en su corazón; así cada uno de nosotros cuando estamos en el imperio gobernado por el EGO, desconociendo nuestra NESHAMÁ, llevando una vida ajena, a la espera (a sabiendas o no) de esa Era Mesiánica con sus promesas de redención y salvación.

    No siempre, o casi nunca, tenemos control de esos mensajes formadores que provienen de nuestra interacciones con el medio social, con el otro. Lo que el otro hace o deja de hacer, no suele depender de nuestra voluntad, deseo o necesidad.
    Incluso es sumamente limitado nuestro poder para detener en nuestro interior la formación de reacciones a partir de esas interacciones. ¡Es un proceso inconsciente e involuntario, en su mayor parte!

    Podríamos tratar de vivir aislados, sin contacto con otros humanos, pretender la vida de los monjes ascéticos, esos ermitaños o yamabushi que se creían en un camino de santidad por vivir despojados de todo y todos; ¡pero eso sería renunciar a una parte sustancial de nuestra vivencia como personas!
    Además, el contacto con el otro no tiene porque ser inmediato, cuando leemos algo, o recordamos sucesos vividos con otros, o disfrutamos de algún bien u objeto elaborado por otro, ya estamos introduciendo sus mensajes en nuestra forma de ser. Esas caras y voces del pasado, están presentes en nuestra memoria, no solo la que traemos al frente con el recuerdo, sino también en las marcas dejadas en el Yo Vivido. Por lo cual, hasta en una nave espacial a miles de millones de kilómetros de otro ser humano, de cualquier otro ser vivo visible a simple vista, igualmente estaremos enfrascados en conversaciones, disputas, pasiones, rechazos, abandonos, sometimientos, amor, alegría, compañerismo; porque cargamos al otro en nuestro ser, porque una de nuestras dimensiones es la social. De hecho, el idioma que usas para comunicarte, y para pensar, no es tuyo original, es propiedad de la sociedad.
    Por otra parte, la cancelación de la interacción humana nos lleva al abismo de la alienación mental, es decir, enloquecer en la soledad. Me parece que el remedio resulta peor que lo que quiere curar.

    Quizás podríamos limitar nuestros vínculos, sin llegar al encierro desesperante, para solo contactar en lo más indispensable.
    Podría no ser tan mala idea, de hecho, es necesario aprender a filtrar nuestras relaciones, no solo con otras personas, sino también con objetos, acciones, sentimientos, etc.
    No, no es mala idea.
    Sin embargo, recordemos que no estamos en control del mundo y las interrelaciones se dan incluso cuando no las queremos, prevemos o esperamos. Por ejemplo, la brevísima relación que se establece con el conductor del bus que se retrasó y nos hizo llegar tarde al trabajo; la persona que nos pechó en la calle; aquel que se coló en la larga fila de espera; la ancianita que tropezó y ayudamos a levantar; la vecina que dejó el “regalito” de su perro en la acera delante de mi puerta; el que cruzó con la luz roja y estuvo a un segundo de pisarnos; tu hijo que perdió por enésima vez el carnet del club deportivo; como ves estamos, queramos o no, sometidos a miles de interacciones diarias, con gente cercana o no. Cada uno de esos encuentros van formando, deformando, conformando nuestro Yo Vivido.

    Podríamos aprender a usar el filtro de otra manera, no esquivando el contacto con otros, porque como vimos es casi imposible; sino tomando conciencia de lo que está sucediendo y entonces desechar lo inservible, porque le damos su real valor en ese determinado momento. Es como ignorar lo innecesario, pero sin ignorarlo realmente. Porque cuando somos ignorantes, estamos a merced de lo que no sabemos; pero si somos conscientes y escogemos a partir de lo que evaluamos, estamos ejerciendo un poder cierto.
    Por supuesto que no podemos tomar conciencia de todo, ni de evaluar todo, ni de hacerlo correctamente, ni de evitar las trampas del EGO, ni de dejarnos llevar por el hábito; sin embargo, ¿las dificultades excusan la total pereza y abandono?

    Pero, están las situaciones ambiguas, las que no tenemos elementos para evaluar; o que en su contexto espacio/tiempo/situación ameritaban una catalogación, que resulta ser completamente otra en otro contexto. ¿Te pasó alguna vez? ¡Claro que sí!
    Por tanto, ni siquiera el sobre analizar, la obsesión delirante por tener todo registrado y evaluado, tampoco es una manera saludable de vivir.
    Una cosa no quita la otra: tomar conciencia, por supuesto que sí. Fanatizarnos por/para hacerlo sin pausa, eso no.

    La idea, en resumen, es tomar conciencia, evaluar con bondad y justicia, seguir adelante.
    Hacer el esfuerzo consciente por adquirir lo que nos mejora, que esta conducta se transforme en un hábito.
    No dramatizar, no tomar a la tremenda, no guardar rencor, no desear la venganza, pero tampoco reprimir o negar lo que sentimos.
    Sino, elaborar, construir con los instrumentos y herramientas que tenemos a disposición.

    Por ejemplo, una historia real, cuyos nombres no recuerdo.
    Estaba el discípulo junto al maestro a la salida de la festividad de Pesaj, festividad durante la cual los judíos procuran no comer jametz, es decir gramíneas que han fermentado (pan, galletas, fideos, tortas, etc.).
    Había una larga cola de judíos desesperados por comprar pan recién horneado, humeante y sabroso. Bizcochos, masas, tartas, todo lo que durante una semana (o incluso un poquito más), aquellos judíos no degustaron.
    El alumno entonces, con tono dramático y amargo, comenta a su maestro: “Mira maestro, qué vergüenza. No bien termina Pesaj y ya corren desesperados por comer jametz. Como si no hubieran aprendido nada de la festividad de la libertad”.
    El maestro observa al atareada cola de consumidores, luego mira compasivamente al alumno y le dice: “Yo solo puedo elogiar a esta gente. Mira cuanto aman el jametz, como les encanta disfrutarlo. A pesar de ello, hicieron el tremendo esfuerzo por no consumirlo,ni poseerlo, ni siquiera verlo durante todos estos días. ¡Son dignos de todas las alabanzas, por su amor a los mandamientos del Eterno y su entrega desinteresada a vivirlos!”.

    Como ves, el alumno tenía el hábito del EGO, el maestro… ¡por algo era maestro y no meramente un disertante o un compilador de leyes!

    Platón , un maestro gentil, de los cuales hay mucho por aprender (pero NO de Torá), enseñó:  “Sé amable. Cada persona con la que te encuentras está librando su propia batalla”.
    Pero que esa amabilidad no sea hacerse cómplice del mal, ni colaborar con el caos.
    Sino más bien:eveh dan et kol adam l’kav zjut» – “juzga a toda persona para el lado del mérito” (Pirkei Avot 1:6).

    De esta forma, tampoco interiorizamos las ofendas; ya que el otro no tiene el poder para dañarnos con sus palabras.
    Comprendemos que grita, insulta, amenaza, protesta, se queja, murmura, chismorrea, etc., porque se siente impotente, porque no puede hacer otra cosa ya que siente que no tiene el poder de hacerlo. Entonces, le brota de manera automática el EGO con sus instrumentos.
    ¿Está bien eso negativo que está haciendo?
    Claro que no, de ninguna manera lo malo es bueno, aunque la sociedad diga que sí.
    Pero, entendemos que está sintiendo impotencia, por eso reacciona de esa manera oscura.
    ¿Nos duele? Probablemente que sí, pero no por ello habremos de reaccionar desde el EGO.
    ¿Vamos nosotros a someternos a su EGO, y por tanto esclavizarnos al nuestro?
    ¿O mejor lo juzgamos meritoriamente y le ayudamos a corregirse, si es que quiere hacerlo?

    No entrar en los juegos del EGO, sino tratar de vivir bajo la LUZ de la NESHAMÁ.
    Sabemos que no es posible al 100%, quizás ni siquiera al 50%; pero está en nosotros el tratar de lograrlo.

    ¿Cómo?
    Construyendo SHALOM, con pensamientos/palabras/actos de bondad Y justicia, siendo leales al Eterno.
    A veces para construir se precisa destruir, a veces la justicia debe sobrepasar en abundancia al amor; pero igualmente, la meta es construir SHALOM, no actuar bajo el imperio del EGO.

    No seremos robots, insensibles, máquinas frías que responden a una programación; sino que sentiremos, nos enojaremos, tendremos miedo, inventaremos excusas, todo lo oscuro pasará por nuestra psique, pero estaremos entrenando para no actuar de esa manera nefasta.
    Entrenar, ejercitar, repetir hasta que la conducta constructora de SHALOM sea un hábito, una segunda naturaleza notable en nosotros.

  • Pacificar hasta al enemigo

    «Con misericordia (bondad) y verdad (justicia) se expía la falta, y con el temor del Eterno uno se aparta del mal.
    Cuando los caminos del hombre le agradan al Eterno, aun a sus enemigos reconciliará con él.»
    (Mishlei / Proverbios 16:6-7)

    ¿Cuántas veces tendremos que repetir que el camino espiritual es el de construcción de SHALOM, con acciones de bondad Y justicia, siendo leales al Eterno?
    Acciones que no son solamente en el plano físico, sino también en las palabras y los pensamientos.
    Pensar, hablar y hacer con bondad y justicia.
    Porque actuando así, estamos en consonancia con la ética, es decir, con el programa espiritual que nos crea y alumbra.
    Entonces, adquirimos SHALOM en nuestro mundo interno, con el prójimo y con el ecosistema.

    Suena tan sencillo, ¿no?
    Sin pesados mandamientos, sin aburridos rituales, sin la mezquina fantasía de la fe, sin dependencia en mediadores y salvadores, sin pesadillas de infiernos y castigos, sin repetir hasta el cansancio lemas repetidos de memoria y sin conciencia, sin la mirada esquiva de la presión social: simple y claramente construir SHALOM por medio de acciones de bondad y justicia.

    Es por esa aparente sencillez que muchos lo desechan, lo ocultan, lo niegan, pretenden que hay cosas más importantes y sagradas como respuesta a la inquietud espiritual.
    Pero, es precisamente la sencillez lo que le brinda majestad, cualidad Divina.

    Y sin embargo, la gente escoge otras cosas, andar por sus propios caminos que son los del EGO, en forma de religión, de sectarismos, extremismos, fanatismos, y otras manifestaciones de lo menos encumbrado del hombre.
    Alejamos el SHALOM para sumergirnos en nuestras propias amarguras, esclavizándonos al EGO en lugar de ser dichosos con la LUZ de la NESHAMÁ.

    Como en aquella histórica salida de Egipto, para la cual Dios intervino de manera espectacular, y sin embargo solamente salieron de allí el 20% de los israelitas, puesto que la gran mayoría optó por seguir sumisos, adoctrinados, aferrados a su espantosa zonita de confort llamada esclavitud.
    ¡A cuántos de nosotros también nos pasa!

    Ahí tenemos la senda sagrada, de construcción de SHALOM.
    La que nos permite vivir en paz e integridad, con el Eterno, con nosotros, con todo el resto de lo creado. ¡Hasta con los enemigos!
    Esto no se consigue por el extremo inoperante de la sola bondad, como el torpe requerimiento de brindar siempre la otra mejilla. ¡Eso es injusto y malo!
    Como tampoco con el fanatismo de la justicia exclusiva, como la insensible petición de ser siempre riguroso. ¡Eso es malo y genera injusticia!
    El balance apropiado, columpiándose entre la bondad y la justicia, sin perder nunca la lealtad al Eterno.

    Podemos elegir, aunque el otro escoja el mal nosotros decidir por el SHALOM.
    Bondad Y justicia, con lealtad al Eterno.

  • Aprontando Pesaj

    Desde el 15 de Nisán y hasta el 22, en la Diáspora, celebramos la festividad de Pesaj. Este año 2016 es desde la noche del viernes 22 de Abril hasta el anochecer del sábado 30. Fuera de Israel son Iom tov, días festivos de abstención de labor, los dos primeros y los dos últimos.

    Es el tiempo en que celebramos nuestra libertad, zman jerutenu, pues hace unos 3330 años en esta fecha salimos de la terrible esclavitud en Egipto y comenzamos nuestra travesía hacia la liberación, que se vería realizada al establecernos y prosperar en la prometida tierra de Israel, muchos años más tarde.

    Sin embargo, no es una festividad que apunta solamente al recuerdo histórico, sino que es un llamado a trabajar de manera constante por ser libres, nosotros y todos los que pudieran estar esclavizados. Porque, esclavo es quien carece de libertad y está sometido por otro, como lo éramos del Faraón y sus siervos; pero también lo es la persona incapaz de independizarse de pasiones, afectos, vicios, hábitos, etc. Por ejemplo, los que no pueden desprenderse ni un ratito del celular, ¿son realmente libres? ¿Qué opinas? ¿Qué otros ejemplos podrías dar?
    Por ello, al llegar Pesaj se nos pide que revisemos nuestra vida y veamos aquello que nos retiene sin dejarnos crecer hasta alcanzar la mejor versión de nosotros mismos.

    Este camino de independencia comienza en Pesaj, pero involucra también a Shavuot y Sucot, que en conjunto forman los Shalosh regalim, las tres fiestas de la peregrinación del judaísmo, en las cuales el judío iba a celebrar junto a los suyos en el Beit haMikdash, templo del Eterno en Ierushalaim. Desde hace dos milenios que el templo fue destruido y ya no podemos cumplir éste y otros mandamientos que están directamente relacionados al Santuario, pero igualmente celebramos la festividad con sus otras ordenanzas y costumbres:

    • En la primera noche (y segunda también en la Diáspora):
      • Ingerir matzá, pan ázimo –sin leudar-; es mandamiento se cumple al ingerir como mínimo un tercio de una tableta de matzá. El resto de la semana no hay obligación. Los celíacos deben consumir matzot apropiadas para ellos.
      • Comer maror, hierba amarga.
      • Relatar la Salida de Egipto, para lo cual empleamos generalmente el texto compilado y organizado denominado Hagadá.
      • Reunirse con familia y amigos para celebrar el Séder, encuentro que está cargado de tradiciones, simbolismos y enseñanzas.
      • Beber cuatro copas de vino (y/o jugo de uvas) durante el Séder. Se realiza recostándose hacia la izquierda, como señal de opulenta libertad.
    • No comer, ni poseer, ni ver jametz durante todos los días de la festividad. Jametz es el producto de cinco granos (trigo, cebada, centeno, espelta, avena) que ha leudado (fermentado).
    • Colaborar para que los necesitados (económicos o de otra especie) judíos puedan festejar la festividad como corresponde, sea donando dinero o invitando a participar en casa.

    Hay muchísimas otras costumbres, que te invitamos a conocer, cumplir dado el caso y compartir con tu familia y amigos para hacer de Pesaj un tiempo de encuentros y crecimiento.

    Te deseo Shabbat Shalom, Pesaj Kasher veSameaj, todo lo bueno para ti y tu familia.

  • Espíritu del Paraíso

    NESHAMA-Es la conexión constante con Dios; pero también se integra con información recopilado durante el pasaje por este mundo.
    Estamos ahora en el GAN EDÉN, pero no lo percibimos por estar atendiendo a los estímulos del mundo material.
    Cuando se corta el lazo con este mundo, cuando morimos, entonces se abre abre la conciencia espiritual, a nuestra real identidad.
    Siendo así, morir no es marchar de este mundo ni dirigirse al próximo; es simplemente cortar las anclas que nos retienen en una limitada porción de la realidad para abrirnos a ser conscientes de la unidad del Cosmos.
    Sin embargo, es de trascendencia inigualable lo que hemos estudiado y hecho en vida, porque es la información personalizada que “llevamos” con nosotros. Será el fruto que comeremos (es una metáfora) en nuestra existencia incorpórea.
    Por tanto, cuanto más estudiamos de aquello que nos corresponde de Torá, y mejor cumplimos con los mandamientos que nos corresponden (de acuerdo a nuestra identidad espiritual), es cuando sembramos el buen pan para esta vida y los frutos para deleitarnos en la eternidad.

    Por otra parte, la NESHAMÁ contiene un código de conducta incorporado, que no precisa de estudio, ni de adoctrinamiento, ni de obligaciones, ni de varas sociales. Ese código es el ético (que podemos denominar a veces como “derej eretz”), que no depende de ninguna otra fuente, sino simplemente del espíritu y por tanto de Dios. Es la ética natural, la que nos permite ser libres, pues tenemos la capacidad para reconocer y escoger entre hacer lo bueno o lo malo.

    Por supuesto, si el estudio, la vecindad, el entrenamiento, nos refuerza en la ética, es mucho mejor. Entonces nuestro Yo Vivido está en sintonía con el Yo Esencial, es decir, nuestra personalidad terrena encuentra caminos para manifestar la Presencia Divina que nos alumbra.

    Pero, como es evidente, la ética natural no siempre encuentra repercusión material. Porque no somos solamente NESHAMÁ, también estamos formados por otras cuatro dimensiones: corporal, emocional, social y mental. Algunos de ellos fueron etiquetados por los sabios del pasado con nombres antiguos:
    RUAJ – Reflejos instintivos, aquellos que compartimos con los animales.
    NEFESH –Energía vital, la que nos permite realizar los procesos vitales.

    Se producen entrecruzamientos, contradicciones, tendencias que tiran hacia un lado o el otro, y el resultado es el Yo Vivido, éste que estamos siendo en este mundo.
    Aquí el trabajo del EGO es destacado, en hacernos desviar, en perder la senda, en encubrir nuestro rostro para adoptar máscaras a las que creemos ser nuestra cara. Del EGO hemos escrito en abundancia, por lo que no ampliaré más aquí.

    Con todo lo que hemos expuesto hasta aquí, es hora de considerar las cosas desde una perspectiva eterna y profunda.
    ¿Quieres vivir de acuerdo al espíritu del paraíso que YA estás siendo?
    ¿Quieres creer en fantasías religiosas de salvaciones personales condicionadas por dioses terribles y a costos espantosos?
    ¿Quieres desligarte, aunque no es posible, de la ética y vivir de acuerdo a la moral (modo social)?
    ¿Quieres ser cual animal, llevado por tu RUAJ?
    ¿Quieres seguir adorando al EGO, en forma de dioses, religiones, líderes carismáticos, adicciones, y todo otro tipo de engaños y malversaciones?
    ¿Qué es lo que quieres?

    Sería estupendo elegir vivir como el espíritu del paraíso, encarnado en esta realidad y transformarla para que vibre de acuerdo al Plan del Padre.
    Si esto es lo que prefieres, tienes el judaísmo si eres judío, y el noajismo si eres gentil, para auto realizarte y perfeccionar al mundo.

  • La pregunta y la libertad

    Dos tradiciones de hijos y preguntas se unieron en la HAGADÁ, el ma nishtaná y el párrafo los cuatro hijos.
    En ello encontramos uno de los secretos de la familia judía: el preguntar para ahondar en el conocimiento, para aproximarse hasta donde podamos en la búsqueda de la Verdad.

    Mira tú el mundo de los idólatras, que los hay tanto politeístas como monoteístas, e incluso ateístas.
    En ese mundo, los dioses son fijos, tal como los dogmas.
    Es lo que es, no hay cambios.
    Las preguntas deben estar dentro del sistema, no amenazarlo, mucho menos quebrarlo.
    Aquello que es sospechado de pretender algún cambio, rápidamente es silenciado, extirpado, expulsado, eliminado, ocultado u obligado a asimilarse hasta hacer desaparecer la duda que genera la sana innovación.
    Ahí tienes una explicación de lo que le ha ocurrido a la familia judía desde su inicio y hasta nuestros días. Se nos persigue, calla, mata, echa, disimula, fagocita, atormenta, asimila porque el judaísmo lleva en sí la semilla y el impulso de la sana transmutación. Esa que incomoda. Esa que obliga al EGO a reaccionar por sentirse impotente. Esa que busca permanentemente a Dios, que no tiene definición, que no es estático, que no es estatua, que no es materia y forma, que no tiene “vida” ni muere.

    En el judaísmo se pregunta, para conocer, pero también para avanzar sobre caminos novedosos, sin pausa casi.
    Y eso incomoda grandemente al EGO y sus zonitas de confort, entre las que se encuentra, por supuesto, la religión, en cualquiera de sus variantes (incluida la atea).

    Por tanto, aprendamos a preguntar, verdaderas preguntas.
    Entendamos que la libertad comienza con una pregunta, con quebrar los límites de las creencias que limitan injustamente.
    Para ello tenemos PESAJ y sus variadas costumbres y símbolos.

    ¿Qué podrías añadir a este texto?

  • Persona de éxito desde el comienzo

    Sabemos que el éxito real se mide en cuanto podemos llevar nuestro Yo Vivido a sintonizar con nuestro Yo Esencial.
    Es decir, cuánto de verdadera espiritualidad destella en nuestra vida cotidiana.
    Ese, y no otro, es el éxito real.

    La opulencia, el dinero, el disfrute de los bienes materiales, la adquisición de renombre, la posesión de objetos, el vencer a los competidores, de por sí nada de esto indica ningún grado de triunfo con valor eterno; lo que sí lo hace es cómo se emplea los recursos a nuestra disposición, sea en la abundancia, o en la estrechez; en la derrota material o en la victoria.

    Entonces, veamos algunas ideas para las horas de la mañana, que son provenientes de las enseñanzas espirituales, que nos podrían ayudar a ser exitosos.

    1. Levantarse temprano, con el amanecer si fuera posible. Tener un rango más o menos habitual para dormir y despertar es muy recomendable.
    2. El primer pensamiento debiera ser de agradecimiento hacia el Eterno por la oportunidad que nos brinda de tener una jornada más para realizar nuestra obra. En la Tradición nos ofrecen el “modé aní” como frase clave para realizar esta tarea. Si quieres aprenderlo y hacerlo, lo encuentras en los sidurim, libros de rezos judíos.
      El agradecer no debe quedar reducido a este breve momento, ni solamente a Dios. Es una excelente virtud el ser sinceramente agradecido y encontrar hasta los motivos más simples para serlo.
      Aunque no lo parezca, el agradecimiento es un poderoso escarmiento al EGO, para ubicarlo en su necesario lugar.
    3. Tomar un tiempo para la introspección, enfoque en lo valioso, reenfoque positivo, planificación, estímulo, reconocimiento, agradecimiento, fortalecimiento. El método tradicional para hacerlo se denomina “tefilá”, que es el rezo. También lo encuentras en el sidur, y tenemos para los noájidas una versión muy interesante que pueden usar.
      Si bien muchas personas consideran el rezo como una obligación, y de hecho está codificado como tal en la reglamentación judía (halajá), es realmente un tiempo diferente, de reencuentro con la NESHAMÁ (espíritu) y por tanto de acercamiento al Eterno. Por medio de esto se percibe la unidad cósmica, uno es parte del todo, todo es parte del uno. Siendo así, se encuentran motivos para alabar, pedir y agradecer; pero no de manera egoísta, sino con amplitud de mente y corazón.
      No es cierto que el hombre tenga un instinto o necesidad compulsiva natural por rezar, sino que es un hecho aprendido que puede transformarse en hábito. Si es el caso, que el rezo no sea un derroche automático de palabrería sin sentido, sino una oportunidad de crecimiento.
    4. Desayunar con tiempo, en cantidad suficiente y de manera balanceada. Seguir los consejos de los expertos en nutrición es una buena idea, así como contemplar la dieta espiritual correspondiente a cada uno de acuerdo a su identidad espiritual (kosher para judíos, lo que corresponde de los Siete Mandamientos para los gentiles).
      Por supuesto no olvidarse de bendecir antes y después de tomar el alimento, los judíos de acuerdo a lo que indica la halajá, los gentiles pueden aprender estos modos también o dirigirse al Eterno espontáneamente y sin ritualismo cosificante.
    5. Apartar un rato para la familia. Que sea un tiempo de calidad, aunque fuera breve. Para la familia en conjunto, para la pareja en particular (en la vida íntima, así como en lo que se comparte con otros).
      Tal vez el resto del día no depare oportunidad para esto, por lo cual, es indispensable tomarlo en cuenta y evitar desperdiciar este momento sagrado del día.
    6. El ejercicio físico es una clave indispensable para el bienestar multidimensional. Reducimos el estrés, aumentamos la confianza, fortalecemos nuestro organismo, mejoramos la eficiencia, entre otras notables virtudes. Cada uno de acuerdo a sus capacidades, siguiendo el consejo de los expertos (médicos, entrenadores) para que el entrenamiento sea provechoso y no repercuta negativamente.
    7. Darse tiempo para el crecimiento individual, más allá de las tareas laborales. Estudiar, escribir, leer, realizar tareas personales, todo aquello que nos brinda un crecimiento y satisfacciones sanas.
      Aprovechar también para revisar correo, redes sociales, noticias; con límites.
    8. Al ver la lista de tareas previas podría considerarse saturada ya la agenda, por lo cual es inteligente apartar los tiempos con previsión, no recargar, no provocarse impotencia, no colaborar con el caos que enferma ni siquiera con la excusa de las buenas intenciones. Es importante esto último, muy importante. Planificar el día para sacarle el jugo, no para exprimirse a uno mismo.
    9. Los quehaceres que se prevén como complejos, intentar ponerlos primero en el orden metas diarias, pues al comenzar el trabajo se suele tener mayor energía, concentración y no se carga con la frustración de la jornada.
    10. Encontrar un momento para relajarse de la ocupación laboral y deleitarse, reforzar el cuerpo y el espíritu. Puede ser con una colación, que incluya la bendición previa y posterior; estirar las piernas; breve conversación con amigo o colega; despegarse de la faena obligatoria y encontrar la fuerza que nos oriente a través de las probables impotencias habituales.
    11. Busca cómo ayudar desinteresadamente a alguien, aunque sea algo breve y en apariencia insignificante, puede ser una palabra amable, una sonrisa, recoger algo caído, lo que fuera; pero que sea realmente desinteresado. No olvides también colaborar económicamente, con lo mucho o lo menos, con las personas que precisan de tu caridad así como con sitios que difunden valores, tal como el nuestro: SERJUDIO.com  y FULVIDA.com

    Con estos consejos esperamos que tengas mayores opciones para descubrir las claves para tu éxito, ¡y compartirlo con nosotros!

  • Da y recibe

    El EGO solo entiende el idioma de recibir.
    La NESHAMÁ únicamente el de dar.
    Nuestra existencia terrena debe estar en un punto saludable, intermedio, entre ambos verbos. Con tendencia hacia la entrega bondadosa, pero sin olvidar el contrapeso de la justicia.

    Los Sabios fueron claros en marcar que el máximo de nuestra caridad es un quinto de nuestros ingresos, más de ello se transforma en una carga y no en una bendición.
    Si bien es cierto, en contadas ocasiones es necesario recargar el extremo de la entrega, para compensar hábitos abusivamente mezquinos, o para motivar a conductas espirituales; en líneas generales, entre un 10% y un 20% es el área en el cual movernos.

    Por supuesto que la generosidad es un mandamiento, así como una necesidad ética; pero en tanto seamos seres carnales, finitos, humanos, estamos en constante dependencia de lo que recibimos.
    Por tanto, es importante entrenarse en demostrar bondad hacia uno mismo, que es una cualidad sumamente positiva y digna, en la actitud de ser amable receptor de favores que provienen de otros.
    Negarse a recibir, excusarse por hacerlo, sufrir por ello, no es demostración de pureza y apego a la santidad, sino tal vez de exceso de EGO.

    En ocasiones es necesaria una postura severa, que limita el recibir, que corta las oportunidades del común disfrute, pues tal vez el EGO está imponiendo demasiado su presencia oscura; pero esto es una medida transitoria, imperiosa, y que no debe ser tomada como línea normal de vida.

    Como ves, mesura, equilibrio, un sano intercambio entre el dar y el recibir.
    No aferrarse, pero tampoco ser manisuelto.
    Estar dispuesto y animado a dar, para beneficiar sinceramente al que recibe.
    Estar feliz por recibir, otorgando la chance a quien da de hacerlo.
    Porque ambos, receptor y dador, tienen su cuota de poder en esta ecuación.
    Sin ansias, sin culpas, sin miedo, sin reproches, sin frustración, sin resentimiento, sin negociados ocultos, sin pretensión de dominación; simplemente, ser parte del ecosistema.
    No convertir el dar/recibir en jugarretas en donde se manifiesta el afán pobretón de controlar o la sumisión rabiosa de la impotencia.

    No hacer del dar un mecanismo de control, que ubica al otro en una zonita de confort que le es perjudicial; no favorecer la ineptitud, ni alentar la pereza. Por el contrario, ayudar en que cada cual se desarrolle al máximo posible de su potencial. Enseñar a pescar y hasta auxiliar en conseguir la caña, pero no estar todo el tiempo proveyendo del pescado a quien está con hambre. ¿Se comprende?
    Porque, si sometemos al receptor al grado de pasividad de solo recibir, estamos cancelando su virtud, impidiendo su crecimiento, agotando su vitalidad.

    Entiéndelo bien, aquel que impone su dádiva y se niega a recibir, es un esclavo del EGO. Tal vez tenga poder material, el falso poder, ya que el interno, aquel que realmente es valioso, está rodeado de las murallas que el EGO ha construido a su alrededor. Porque, no es realmente poderoso el que grita más, pega más fuerte, maneja más dinero, o silencia a los opositores con la amenaza y el miedo; ese NO es poderoso realmente, sino tan solo poseedor de mecanismos imaginarios de sometimiento El poder está en otra parte, en conductas y actitudes de construcción de SHALOM.

    Aprende con esto también a construir SHALOM, en tu interior y con el mundo.

  • Clave de éxito real

    Insistimos con nuestra enseñanza de vivir construyendo SHALOM, por medio de acciones de bondad Y justicia, siendo leales al Eterno.
    Es el camino sagrado, milenario, que tiene un profundísimo arraigo espiritual y que se manifiesta en el equilibrio interdimensional.
    Es la escalera de Iaacov, la que unía los cielos con la tierra, por la cual subían ángeles y bajaban también.

    Las acciones de construcción de SHALOM no se limitan a lo que obramos con el cuerpo, sino también en el plano del pensamiento y en el de la palabra.
    Cuando nos entrenamos en la construcción de SHALOM, conseguimos poner en orden también los sentimientos y las emociones.
    Por supuesto que el EGO seguirá estorbando con sus intromisiones fuera de lugar, pero le será más difícil hacerse dueño del palacio cuando el rey está saludable y atendiendo su reino.

    Hablando de reyes y de fortaleza, presta atención a esta palabra inspirada por Dios:

    «De esta manera hizo Jizkiá [Ezequías] en todo Yehudá [Judá]. Él hizo lo bueno, lo recto y lo verdadero delante del Eterno su Elohim.
    Él buscó a su Elohim en toda obra que emprendió en el servicio de la casa de Elokim y en la Torá y el mandamiento. Lo hizo de todo corazón y fue prosperado (exitoso).»
    (2 Divrei Haiamim / II Crónicas 31:20-21)

    ¿Qué podemos aprender de esta breve, pero intensamente espiritual, pasaje?
    Que el rey Jizkiá de todo corazón construía SHALOM, hacía lo bueno, lo justo y lo leal para con el Eterno.
    Todo lo que hacía, según consta en el libro, estaba enmarcado en el intento de construir SHALOM.
    El resultado fue la prosperidad, el éxito.

    ¿Entiendes?
    No es un consejo místico, que de manera rebuscada, religiosa, pretende someterte a la pobreza, a la mendicidad, a satisfacerte con poco y malo.
    ¡Por el contrario!
    Es un camino brillantemente espiritual, por tanto, que unifica y da vida plena a todas las dimensiones del ser: físico, emocional, social, mental y espiritual.

    Cada paso del rey estaba a la búsqueda del Eterno, que es lo que debemos aspirar nosotros a hacer: buscarLo incesantemente.
    Con conocimiento, con práctica, con virtudes, que es el triunvirato necesario para no estar en desequilibrio.
    Aprende de la historia del rey Jizkiá, tendrás buenas pistas para aclarar tu vida.

    En resumen, ¿quieres ser exitoso?
    Toma conciencia de lo que estás haciendo y evalúa qué tan lejana de la construcción de SHALOM está tu conducta.
    Encamínala, entonces el resto vendrá como consecuencia necesaria.

  • El dinero espiritual

    La riqueza, entre ellas el dinero, es solamente un instrumento, como tal puede ser empleado con un fin constructivo o caótico.
    Además es un símbolo y para muchos un ídolo al cual adorar y por el cual morir.

    Desde la perspectiva espiritual, es bueno disfrutar de lo que adquiere el dinero, así como de cualquier otro beneficio material que nos ha tocado recibir,
    siempre y cuando ello sea dentro de lo que es lícito y no perjudica.

    En ocasiones es necesario restringirse, aunque se tenga abundancia a disposición,
    pero esa no es la norma general, sino solamente cuando sea oportuna la impuesta limitación.

    Lo habitual es gozar de los frutos materiales, pero sin estar pendientes, obsesionados, por ellos.
    Es bueno cosechar plata, a través de mecanismos legales y saludables, sin sentirse acomplejado por ello; pero tampoco desvivirse para ganar un peso más, comprar una prenda más, tener el último modelo de auto o celular, etc.

    Saber vivir construyendo SHALOM, con acciones de bondad y justicia, en la riqueza así como en la pobreza,
    he ahí una gran manera de sembrar bendición en este mundo y gozo en la eternidad.
    Porque el éxito, en definitiva, no se juzga por el acopio de patrimonio, sino en el ejercicio de la construcción de SHALOM.

    Con tu dinero podrías seguir el consejo de los expertos, los que en verdad lo son, para que no sea una fuente de malestar ni de ruina,
    sino motor de prosperidad, crecimiento y deleite.

    Tal vez nos sirva atender esta propuesta de un buen amigo mío, que supo crecer de la estrechez a una gran opulencia: divide todos tus ingresos en cuatro partes:
    A- 10% (y hasta el 20%) para TZEDAKÁ, entre las que se incluye apoyar económicamente nuestro trabajo en SERJUDIO.com y FULVIDA.com;
    B- con lo que queda dividirlo en tres tercios:
      1- un tercio para los gastos y necesidades;
      2- un tercio para ahorro;
      3- un tercio para reinvertir en tu actividad productiva. Si no la tienes, porque por ejemplo eres empleado y no inviertes en el progreso de tu empresa, entonces puedes ver de hacer alguna inversión.

    En toda ocasión, construcción de SHALOM,
    que el breve pasaje por este mundo no sea lo único en tu existencia, pero tampoco dejado de lado por un anhelo fantasioso de “salvación eterna” egoísta.

  • Metzorá 5776

    Tzaraat era una terrible enfermedad antigua que afectaba de manera severa la piel, pelo, carne, a veces ropas y paredes de las casas. No es lepra, aunque en ocasiones se traduce así. Tampoco la conocemos directamente pues desde hace siglos que no se manifiesta físicamente.
    El aspecto del metzorá, enfermo de tzaraat, solía provocar asco, miedo, rechazo y por tanto se trataba de quitarlo de la vista y de todo posible contacto. Además, era obligación del cohén experto ordenarle que se separara de la comunidad, fuera a vivir aislado y apartado, sin contacto siquiera con su familia, hasta que eventualmente sanara.

    ¿Por qué se los trataba con tal crueldad? Ni siquiera a asesinos, traidores y otros graves pecadores se los destinaba al repudio solitario, a la marginación obligatoria.

    Tratemos de responder a esto conociendo un poco más de las causas de esta enfermedad.
    Probablemente intervenía alguna noxa biológica, quizás un hongo o bacteria, pero el factor principal que desencadenaba la enfermedad era una grave falta ética, que terminaba por afectar la salud física, emocional, social y mental de quien la padecía.
    La infracción que se tiene por principal es el LASHÓN HARÁ, “mala lengua”, que es hablar y decir algo que puede ser más o menos cierto, en presencia o ausencia de la víctima, con mayor o menor uso de tono humorístico; pero lo que no falta es el hacer sufrir injustamente a alguien a través de la palabra. El lashón hará llena la mente de ideas prejuiciosas, destruye lazos sociales, corrompe la confianza, incentiva los rencores, amarga la existencia, hunde en la desesperación, lleva a todo tipo de acciones censurables y puede terminar en tragedias sin fin.
    De acuerdo a la Tradición: “…es peor que una flecha filosa, porque mata a quien va dirigida, a quien la escucha y a quien la dice… incluso a gran distancia…” (Talmud, Arajín 15b).
    Recordemos, la víctima es atacada injustamente, sin merecerlo. No son comentarios necesarios y justos, sino agresiones más o menos camufladas entre chismes y buenas intenciones.
    Así pues, en la ecuación Divina, aquel que quiere perjudicar a alguien con mentiras, insultos, provocaciones, engaños, burlas, chismes, murmuraciones o cosas similares, termina dañándose también a sí mismo y a los que le prestan atención.
    Así se responde a lo que preguntamos más arriba. El castigo era tan terrible, porque el metzorá recibía lo que él quería provocar a su víctima. Con lashón hará iba a excluir a un inocente, entonces terminaba siendo desterrado él. Iba a provocar injustamente el rechazo social, entonces recibía como castigo el llenarse de signos que le hacían desagradable.

    Enseñó el sabio rey Shlomó/Salomón: «La muerte y la vida están en el poder de la lengua, y los que gustan usarla comerán de su fruto.» (Mishlei / Proverbios 18:21), sea éste amargo y mortal, o dulce y bendito. ¡Cuidemos lo que decimos y lo que aceptamos escuchar!
    Esta parashá nos sirve para reflexionar ¿qué preferimos? En nosotros está la opción de contribuir a que haya SHALOM, con bienestar, salud, alegría, progreso; o colaborar con el caos.

    Te deseo Shabbat Shalom umevoraj y todo lo bueno para ti y tu familia.