Persona de éxito desde el comienzo

Sabemos que el éxito real se mide en cuanto podemos llevar nuestro Yo Vivido a sintonizar con nuestro Yo Esencial.
Es decir, cuánto de verdadera espiritualidad destella en nuestra vida cotidiana.
Ese, y no otro, es el éxito real.

La opulencia, el dinero, el disfrute de los bienes materiales, la adquisición de renombre, la posesión de objetos, el vencer a los competidores, de por sí nada de esto indica ningún grado de triunfo con valor eterno; lo que sí lo hace es cómo se emplea los recursos a nuestra disposición, sea en la abundancia, o en la estrechez; en la derrota material o en la victoria.

Entonces, veamos algunas ideas para las horas de la mañana, que son provenientes de las enseñanzas espirituales, que nos podrían ayudar a ser exitosos.

  1. Levantarse temprano, con el amanecer si fuera posible. Tener un rango más o menos habitual para dormir y despertar es muy recomendable.
  2. El primer pensamiento debiera ser de agradecimiento hacia el Eterno por la oportunidad que nos brinda de tener una jornada más para realizar nuestra obra. En la Tradición nos ofrecen el “modé aní” como frase clave para realizar esta tarea. Si quieres aprenderlo y hacerlo, lo encuentras en los sidurim, libros de rezos judíos.
    El agradecer no debe quedar reducido a este breve momento, ni solamente a Dios. Es una excelente virtud el ser sinceramente agradecido y encontrar hasta los motivos más simples para serlo.
    Aunque no lo parezca, el agradecimiento es un poderoso escarmiento al EGO, para ubicarlo en su necesario lugar.
  3. Tomar un tiempo para la introspección, enfoque en lo valioso, reenfoque positivo, planificación, estímulo, reconocimiento, agradecimiento, fortalecimiento. El método tradicional para hacerlo se denomina “tefilá”, que es el rezo. También lo encuentras en el sidur, y tenemos para los noájidas una versión muy interesante que pueden usar.
    Si bien muchas personas consideran el rezo como una obligación, y de hecho está codificado como tal en la reglamentación judía (halajá), es realmente un tiempo diferente, de reencuentro con la NESHAMÁ (espíritu) y por tanto de acercamiento al Eterno. Por medio de esto se percibe la unidad cósmica, uno es parte del todo, todo es parte del uno. Siendo así, se encuentran motivos para alabar, pedir y agradecer; pero no de manera egoísta, sino con amplitud de mente y corazón.
    No es cierto que el hombre tenga un instinto o necesidad compulsiva natural por rezar, sino que es un hecho aprendido que puede transformarse en hábito. Si es el caso, que el rezo no sea un derroche automático de palabrería sin sentido, sino una oportunidad de crecimiento.
  4. Desayunar con tiempo, en cantidad suficiente y de manera balanceada. Seguir los consejos de los expertos en nutrición es una buena idea, así como contemplar la dieta espiritual correspondiente a cada uno de acuerdo a su identidad espiritual (kosher para judíos, lo que corresponde de los Siete Mandamientos para los gentiles).
    Por supuesto no olvidarse de bendecir antes y después de tomar el alimento, los judíos de acuerdo a lo que indica la halajá, los gentiles pueden aprender estos modos también o dirigirse al Eterno espontáneamente y sin ritualismo cosificante.
  5. Apartar un rato para la familia. Que sea un tiempo de calidad, aunque fuera breve. Para la familia en conjunto, para la pareja en particular (en la vida íntima, así como en lo que se comparte con otros).
    Tal vez el resto del día no depare oportunidad para esto, por lo cual, es indispensable tomarlo en cuenta y evitar desperdiciar este momento sagrado del día.
  6. El ejercicio físico es una clave indispensable para el bienestar multidimensional. Reducimos el estrés, aumentamos la confianza, fortalecemos nuestro organismo, mejoramos la eficiencia, entre otras notables virtudes. Cada uno de acuerdo a sus capacidades, siguiendo el consejo de los expertos (médicos, entrenadores) para que el entrenamiento sea provechoso y no repercuta negativamente.
  7. Darse tiempo para el crecimiento individual, más allá de las tareas laborales. Estudiar, escribir, leer, realizar tareas personales, todo aquello que nos brinda un crecimiento y satisfacciones sanas.
    Aprovechar también para revisar correo, redes sociales, noticias; con límites.
  8. Al ver la lista de tareas previas podría considerarse saturada ya la agenda, por lo cual es inteligente apartar los tiempos con previsión, no recargar, no provocarse impotencia, no colaborar con el caos que enferma ni siquiera con la excusa de las buenas intenciones. Es importante esto último, muy importante. Planificar el día para sacarle el jugo, no para exprimirse a uno mismo.
  9. Los quehaceres que se prevén como complejos, intentar ponerlos primero en el orden metas diarias, pues al comenzar el trabajo se suele tener mayor energía, concentración y no se carga con la frustración de la jornada.
  10. Encontrar un momento para relajarse de la ocupación laboral y deleitarse, reforzar el cuerpo y el espíritu. Puede ser con una colación, que incluya la bendición previa y posterior; estirar las piernas; breve conversación con amigo o colega; despegarse de la faena obligatoria y encontrar la fuerza que nos oriente a través de las probables impotencias habituales.
  11. Busca cómo ayudar desinteresadamente a alguien, aunque sea algo breve y en apariencia insignificante, puede ser una palabra amable, una sonrisa, recoger algo caído, lo que fuera; pero que sea realmente desinteresado. No olvides también colaborar económicamente, con lo mucho o lo menos, con las personas que precisan de tu caridad así como con sitios que difunden valores, tal como el nuestro: SERJUDIO.com  y FULVIDA.com

Con estos consejos esperamos que tengas mayores opciones para descubrir las claves para tu éxito, ¡y compartirlo con nosotros!

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