Como la vida misma…

¿Quién no ha recibido de esos famosos y desagradables «spam», o «correo basura», y similares?

A menudo el programa de filtro que empleo reconoce esas propuestas indecentes (sexualidad degradada o de idolatría de Jesús), o venden milagrosos medicamentos, u ofrecen grados universitarios, o vaya uno a saber qué cosas… que mi programa los elimina automáticamente.
Entre este correo basura remarco partcularmente los de aquellos que se creen mis salvadores, que me ofrecen el feo veneno espiritual de la idolatría en sus diversos envases, pero especialmente el del crucificado. Esos emails son remarcablemente detestables, repugnantes, enfermizos, junto con los que solamente saben de groserías y maldad.

A veces llegan esas ridículas cadenas, que te amenazan para que no las rompas porque si lo haces serás un «looser», o que si las perpetúas te regalarán un teléfono celular o algún otro fantástico premio, y otras cadenas con vaya uno a saber qué cosas supersticiosas, tontas o simplemente ridículas. A estos emails los erradico sin detenerme mucho a evaluarlos, ¡si no valen ni un centavo!

También se eliminan de mi sistema de email los correos conocidos como «hoax», aquellas fábulas modernas de niños enfermos que precisan que se hagan redes de emails para salvarlo, o propuestas de negocios multimillonarios con petróleo africano, o vaya uno a saber que disparates que pudiera parecer verosímiles, pero sin dudas que no lo son.

Y están mis amigos, esos que tengo en mi lista de admitidos, que mandan chistes, fotos, poemas, ocurrencias, artículos que ellos consideran interesantes, métodos de autoayuda, y vaya uno a saber cuantas cosas más (que confieso que no acostumbro a leer). Es que estos amigos y conocidos parecen suponer que a uno le interesan las mismas cosas que a ellos, le atraen los mismos fuegos de artificio. En fin, personas con muy buenas intenciones, con emails muy ponderables en ocasiones, pero que generalmente no pasan de causar un efecto momentáneo para luego desvanecerse en la noche del olvido perpetuo.

Últimamente el mercado de correo detestable tiene una nueva muestra de ingenio, de viveza criolla, pues te envían una misiva como si fuera de un conocido que no recuerdas, te encuentras con un relato amistoso o sugerente, que te hace dudar acerca de su conoces o no al susodicho remitente… pero luego te proponen que visites tal o cual sitio de la Red, o que compres esto o aquello. Por supuesto que es una sucia técnica de mercadero, repelente y grosera.

Claro están también los emails útiles con noticias de familiares o amigos, con enseñanzas valiosas, con recuerdos perdurables, con advertencias indispensables, con aportes que edifican.

Y puestos a reflexionar en estos tipos de emails, me di cuenta que son una muestra de la vida misma.

Están las ofertas infelices, que seducen con vistosas promesas de deleite, pero solamente entregan martirio y vacío. No te engañan, van directo al grano… solamente que su producto es tóxico y epidémico.
Están los que prometen y amenazan, pero no tienen ningún poder ni influencia en tu vida. Ni para bien, ni para mal.
Están los que te quieren hacer sentir culpable de mil y un dolores, del que realmente no eres responsable. Tratan de esclavizarte por medio de esta estafa emocional.
Están los que construyen castillos en las nubes, y te ofrecen para que les alquiles una suntuosa habitación allí. A veces hasta estos edificadores se creen su cuento, pero eso no los exime de vivir en la vacuidad.
Están los que tienen buenas intenciones, pero poco discernimiento. A veces generan una ola de fuerza positiva, pero muchas veces engendran inconvenientes.
Están los engañosos, cual los falsos judíos que se hacen llamar mesiánicos, que te ofrecen oro y paraísos, pero que esconden adrede que solamente te darán torturas e infiernos.
Y están las personas edificantes, socios en la construcción del Shalom. Gente buena, positiva, que trae esperanza y verdad, luz y justicia. Gente que vale.

Los emails como la vida misma…

Y mientras describo este paralelismo, me doy cuenta de que la Torá hace mas de 33 siglos me advertía de esta situación. Atiende por favor:

«El Eterno habló a Moshé [Moisés] diciendo:
‘Habla a los Hijos de Israel y diles que a través de sus generaciones se hagan flecos en los bordes de sus vestiduras y que pongan un cordón azul en cada fleco del borde.
Los flecos servirán para que al verlos os acordéis de todos los mandamientos del Eterno, a fin de ponerlos por obra, y para que no os desviéis en pos de vuestro corazón y de vuestros ojos, tras los cuales os prostituís.
Será para que os acordéis y cumpláis todos Mis mandamientos, a fin de que seáis santos para vuestro Elokim.
Yo soy el Eterno, vuestro Elokim, que os saqué de la tierra de Egipto para ser vuestro Elokim. Yo soy el Eterno, vuestro Elokim.'»

(Bemidbar / Números 15:37-41)

Nos desviamos fácilmente de la senda correcta, a causa de nuestros deseos internos (corazón) o de la seducción externa (ojos).
Con premura prostituimos nuestra vida, nos apartamos del bien, destruímos en lugar de edificar.
Damos excusas para no hacer lo bueno y para perpetrar actos indignos.
Encontramos millones de justificaciones para hacer cosas perjudiciales.
Vivimos en un agitado y caótico mundo desesperado por adquirir placer a bajo costo, y así nos va.
Somos víctimas y victimarios con facilidad de errores, pecados, falsedades, etc.
Pero hay una rectificación: el estudio de la Torá y el cumplimiento de los mandamientos.
Tal como el Eterno nos manda.
De esa manera, estamos sumándonos del lado de los que atraen Luz al mundo, ayudan a acrecentar el orden, y a disminuir el mal.

Recuérdalo la próxima vez que envíes o recibas un email.
Piensa de qué lado está el mensaje que envías o recibes.
Analiza tu conducta, sé precavido y mantente en la línea correcta.

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