Santidad en lo Cotidiano

La parashá Ajare Mot nos sumerge en las profundidades del servicio en el Mishkán y los preceptos de santidad que rigen la vida del pueblo judío. Si bien puede parecer que estos temas están alejados de nuestra realidad cotidiana, en realidad encierran una enseñanza fundamental que podemos aplicar a nuestras vidas diarias.

Hacia el final de la parashá, encontramos una poderosa exhortación: «Santificaos y sed santos, porque Yo soy santo» (Vaikrá/Levítico 19:2). Este llamado a la santidad no está dirigido únicamente a los kohanim o a aquellos que sirven en el Templo, sino a cada uno de nosotros, en nuestros hogares y en nuestras vidas cotidianas.

¿Pero qué significa realmente ser «santo» en el contexto de nuestra existencia diaria? La respuesta se encuentra en los versículos que siguen, que detallan una serie de mitzvot que rigen nuestras interacciones más básicas y mundanas.

Por ejemplo, se nos ordena no robar, no engañar, no mentir, no oprimir al prójimo y pagar puntualmente los salarios de los trabajadores. Se nos instruye a respetar a los ancianos, amar al extranjero y practicar la justicia en nuestros negocios y tratos.

Estas mitzvot pueden parecer simples y obvias, pero encierran una verdad profunda: la santidad no se limita a los grandes actos de devoción religiosa, sino que se manifiesta en la forma en que vivimos nuestras vidas cotidianas y tratamos a quienes nos rodean.

Ser «santo» significa actuar con integridad, honestidad y compasión en cada interacción, por pequeña que sea. Implica tratar a todos con dignidad y respeto, independientemente de su estatus o circunstancias. Es llevar una vida ética y moral en todos los aspectos, desde nuestro hogar hasta nuestro lugar de trabajo.
Lo que venimos enseñando desde hace décadas: ¡construir SHALOM, con pensamientos, palabras y acciones de bondad y justicia!

Así, la parashá Ajaré Mot nos recuerda que la verdadera santidad no es un estado reservado sólo para los grandes líderes espirituales, o para los judíos, o un grupo tal o cual, sino un camino que todos podemos transitar cada día, en nuestras acciones más cotidianas y aparentemente insignificantes.

Cuando actuamos con integridad en nuestros tratos, cuando tratamos a los demás con compasión y respeto, cuando llevamos una vida ética y moral, estamos cumpliendo el mandato divino de ser «santos». Y al hacerlo, no sólo elevamos nuestras propias vidas, sino que también contribuimos a crear un mundo más justo y sagrado.

Que esta enseñanza de Ajaré Mot nos inspire a buscar la santidad en cada aspecto de nuestras vidas, convirtiendo cada interacción en una oportunidad para reflejar los valores más elevados de nuestra tradición.

Comparte este mensaje con tus allegados y anímalos a reflexionar sobre estos importantes temas. Involúcrate en iniciativas que promuevan la construcción de Shalom.

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