Un encuentro sabatino

Estaba yendo ayer de tarde rumbo al Centro Maimónides para la tefilat minjá, como cada sábado.
En eso me cruzo nuevamente con aquel muchacho que hace unos 15-20 años fue alumno mío en el liceo. Nos pasa frecuentemente esto de cruzarnos en nuestros caminos. Muy especialmente los sábados de tarde. Como tantas otras veces lo saludo y lo invito a que nos acompañe en el rezo, nunca está de más.
Pero esta vez además deje correr un poco mi curiosidad, por lo que le pregunté qué hacía tan a menudo caminando por ahí.
Me responde que se toma al menos una hora por día para despabilar la mente y emociones haciendo un saludable recorrido. Especialmente lo hace en shabat, cuando luego regresa a la casa donde reza en solitario para más tarde seguir en su tarea autoimpuesta, misión la llamó él, de leer el TANAJ hasta completarlo. Quiere llegar a una lectura completa del mismo tantas veces como años tenga, ahora 33. Dijo que va por la décima.
Lo felicito sinceramente, reitero mi invitación a que nos acompañe en el templo de la Comunidad Sefaradita del Uruguay, porque además de hacer tefilá junto a otros podrá también compartir con nosotros lo que aprendió en sus lecturas así como aprender otras cosas, a todos nos viene bien.
Invitación que él agradece y que por ahora no tomará, pero confío en que pronto lo veremos por allá.
Podría quedar aquí la anécdota, pero hay un breve destello de luz más, al menos para mí.
El muchacho me agradece porque fueron mis humildes clases de TANAJ, hace tantos años atrás, las que lo impulsaron a conocer más de esta rica fuente de vida, parte sustancial de nuestra cultura. Recuerda con cariño aquellas clases, las historias no solamente leídas sino revividas a través del relato vívido, las cuestiones que nacieron con preguntas y respuestas, en definitiva, todo aquello que hacen ricas las clases cuando se dejan de lado las opiniones vacías para hacer del encuentro una experiencia maravillosa y del conocimiento un motivo de crecimiento.
Ojalá todos podamos inspirar, aunque sea a una persona que con eso ya es muchísimo, a estar con mayor plenitud, disfrutando de su heredad y construyendo una vida de integridad con sentido.

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