Curiosidades y esencias en la parashá Nasó

Es leída esta semana fuera de Israel la parashá Nasó, segunda del libro Bemidbar/Números. En Israel se leyó la semana pasada, porque en Eretz haKodesh la festividad de Shavuot dura un solo día, pero fuera de ella se celebra durante dos días. Por tanto, la semana pasada mientras nosotros, en la Diáspora, festejamos Shavuot el sábado, y por ello no continuamos con el ciclo anual de lectura de Torá, en Israel sí prosiguieron con la lectura ordinaria.
En unas cuantas semanas nos sincronizamos, el sábado 4 de julio en Israel se leerá solamente la parashá Balak en tanto que nosotros leeremos juntas Jukat con Balak.
Son estas cosas extrañas de nuestro calendario, en gran parte causadas por las vicisitudes históricas que hemos padecido y que no han sido todavía corregidas para lograr mayor armonía dentro del pueblo judío.
Imagínense, fuera de Israel estamos en jag en tanto que en Israel ya terminó.
Acá leemos una parashá, allá otra.
Se dice determinados rezos y allá otros.
Ya llegará el día en que se podrá resolver estos cabos sueltos que fueron creados en determinado contexto social e histórico que ha cambiado.

Un dato interesante, Nasó es la parashá más extensa de la Torá, contiene un total de 176 versículos. Es curioso, pero el tratado más extenso del Talmud, que es Bava Batra, está formado por 176 páginas. Algunos quieren encontrar mensajes místicos en esta coincidencia, pero en verdad el número de páginas en el Talmud era (y es variable), pues depende de cómo organiza el editor el texto, los complementos, los tamaños y tipos de letras, etc.
Resulta que en la versión más clásica y difundida es que se alcanza dicho número.
Hay gente a la que le fascina encontrar todo tipo de conexiones numéricas dentro de los textos sagrados del judaísmo, ellos han encontrado muchísimas empleando diversos aspectos de la parashá Nasó. A quien le interese el tema, ya sabe que tiene bastante para descubrir.

Al inicio de la parashá encontramos la finalización del censo, de cuyo comienzo y desarrollo leímos en la parashá pasada.
Como habíamos explicado, no era solamente un recuento numérico, sino que se tomaba en consideración a las personas como individuos que son parte de una familia, las cuales a su vez forman una comunidad.
Éste fue uno de los varios censos que se realizaron durante el trayecto por el desierto, al menos diez de ellos, según el Midrash Tanjuma Ki Tisá 9. Sin dudas todo gobernante reconoce los beneficios prácticos de tener claro el número de integrantes del pueblo, de cada tribu y de los miembros de las fuerzas armadas. Como también es un insumo informativo imprescindible para los directores de institutos educativos, centros sociales, empresas y en donde interactúen las personas.
Sin embargo, en los censos del pueblo judío nos informa nuestra Tradición que había otro motivo. Leamos a Rash”i comentando Bemidbar/Números 1:1:

“Debido a que ellos (los israelitas) son preciosos ante Él (Hashem), los cuenta todo el tiempo”

Tal como uno cuenta cada moneda en su preciado cofre de los tesoros.
Como un niño vuelve una y otra vez a contar y revisar las figuritas que colecciona.
Es una manifestación de amor, de cariño, de cuidado, de protección.
Pero, se debe entender bien que no existe aquí una discriminación negativa hacia las otras naciones y familias, sino una réplica del amor de los judíos hacia Dios.
Explico brevemente este punto. Dios entregó a Adam y sus descendientes un breve y concreto manual de comportamiento compuesto por siete mandamientos, de los cuales uno no tenía aún utilidad puesto que todos eran vegetarianos y este mandamiento en específico era de no comer parte de animal aún con vida.
Luego, tras el Diluvio, este mandamiento tuvo sentido por lo que quedaron firmemente establecidos  los Siete Mandamientos Universales, que Dios encomendó nuevamente a Noaj/Noé y a todos sus descendientes . Estos mismos mandamientos los volvió a dictar Dios para las naciones en el monte Sinaí a Moshé, en tanto ordenaba allí mismo los 613 mandamientos para la nación judía.
Muy poco tiempo después del Diluvio, aquellos siete mandamientos fueron prontamente olvidados por las naciones, quienes desechaban éste o aquel mandamiento, para acomodar las leyes de acuerdo a su conveniencia. De entre ese olvido surgió un personaje que retomó la lealtad completa a los mandamientos, y se encargó de instruir a su familia para que fueran fieles a Dios por medio de este cumplimiento. Aquel personaje fue Abraham Abinu.
Tras él, solamente los hebreos y posteriormente israelitas siguieron por la senda marcada por Dios. Si bien es cierto con altibajos, con vacilaciones, pero sin perder la conexión con esos mandamientos así como con las otras reglas que fueron ordenadas por Dios a los patriarcas. Como por ejemplo el Brit Milá.
Repito, por diversas causas quizás no podían cumplir cabalmente con sus mandamientos aquellos antepasados israelitas, pero nunca dejaron de estar conectados a ellos de alguna forma.
Por ello, cuando llegó la evolución de la humanidad a un estado en el cual estaban en condiciones de recibir la Torá con sus 613 mandamientos, revisó Dios entre las naciones de la tierra y encontró una sola, que con dificultades y tropiezos seguía siendo leal, demostrando así un tremendo aprecio por Dios y Sus cosas. Eran los israelitas que seguían eligiendo a Dios por entre todas las otras opciones que el mundo ofrecía.
Como retribución, Él también escogió a aquellos antepasados judíos y lo amó.
No para convertir a esta nación en una privilegiada y que tuviera derechos por encima del resto de la humanidad, sino para que sirvieran como los maestros, mostrando a los demás el camino hacia Dios y las conductas que Él quiere que tengamos.
El pueblo de Israel resultó precioso, porque él apreciaba a Dios; y ese cariño debía ser contagiado al resto de las naciones, para que todos pudiéramos amar a Dios con sencillez y así tener conciencia de Su amor por toda Su creación.

Ahora, continuemos con la parashá Nasó.

Dios le dice a Moisés que cuente los levitas de 30 a 50 años, porque ellos son los que harán el servicio de llevar las partes del Mishkán. Alcanzan un total de 8,580 hombres.
La familia de Gershón queda encargada de llevar las cortinas, los revestimientos de Mishkán y las pantallas para el patio.
La familia de Merarí lleva los tablones y los pilares de las paredes.
La familia de Kehat lleva las vasijas.

Luego la parashá trata el tema del nazir, el nazareno.
Es una persona que quiere ser más sagrada y, por lo tanto, acepta mantenerse alejado de ciertas cosas, aunque estén permitidas. El nazir no puede cortarse el cabello, beber vino o jugo de uva, o volverse impuro por contacto con una persona muerta.
Si bien se valora su intención, se considera que está errando el camino, puesto que al final de su período de abstinencia, entre otros rituales tiene que ofrendar un Korbán para el perdón del pecado. Queda indirectamente señalado que no se llega a Dios ni a la santidad a través de negarse al contacto con lo de este mundo, sino al revés: convirtiendo nuestras experiencias mundanales en conexiones con lo sagrado.

También nos trae la parashá que Aarón y sus hijos han de bendecir al pueblo de Israel. Todavía hacemos esto en la sinagoga, al final de los servicios de Musaf de las festividades: se llama Birkat Kohanim. Es también con la cual los padres bendicen a sus hijos los viernes por la noche, antes del Kidush.
Comprendemos que no está en amuletos, o en tumbas de sabios difuntos, o en algunos rituales extraños la bendición, sino en esta fórmula que explícitamente Dios ha ordenado sea dicha para canalizar Su bendición:

Iebarejejá Adonai Veishmereja.

Iaer Adonai Panav Eleja vijuneka.

Isa Adonai Panav Eleja, Veiasem Leja Shalom.

El Eterno te bendiga y te guarde,

El Eterno con Su Presencia te ilumine y te guíe

El Eterno se torne hacia ti y te conceda paz e integridad.


Lo último que nos dice la parashá es sobre cómo cada presidente de tribu trae una ofrenda para la inauguración del altar. La ofrenda presentada por cada uno de ellos es exactamente la misma, pero la Torá repite cada uno, con todos sus detalles, pues es una manera de mostrar que Dios valora cada ofrenda como única. Entre otras enseñanzas, esto sirve para entender que no había tribus más valiosas que otras a ojos de Dios.

¡Shabat Shalom!

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