Un milagro de Purim en 5770 y la asimilación de Mordejai y Ester

Hay una forma de interpretar el texto de lo ocurrido en Persia hace unos 2500 años, aquello que recordamos y celebramos en Purim, que reconoce al asentamiento judío de Shushán como extremadamente asimilado, incluso Los héroes del relato: Ester y Mordejai. (Entre los autores y textos de los que se pueden encontrar señales y datos están Rashi, Alshaij, el Babli, el Ierushalmi y el Daat Shmuel; actualmente el famoso Rav Uri Sherki entre otros).
Por supuesto que en determinado punto hicieron teshuvá, del menor al mayor, encontrando Mordejai la grandeza de la altura profética y Ester la de ser inspirada por el Ruaj HaKodesh.
Pero no al comienzo de sus carreras.
Recordemos sus nombres derivados de deidades persas (Ishtar y Merduc), el pedido de Mordejai de no confesar su origen a Ester, la vida palaciega de ambos, el ayuno durante Pesaj, entre otros detalles que deja vislumbrar la hagadá misma.

Podríamos aprender varias enseñanzas, pero quedémonos solamente con dos por ahora.
La primera es que el Eterno emplea herramientas que para nosotros pueden ser completamente impensadas.
Nadie hubiera apostado a que Moshé, el sacerdote y noble egipcio (adoptado por la familia real) sería Su instrumento en la sagrada empresa de redimir a los judíos de la esclavitud atroz y llevarlos hasta la Tierra de la Santidad.
Nadie hubiera supuesto que el insignificante pueblito judío sería el escogido para recibir y preservar permanentemente la Torá, habiendo tantos otros pueblos más poderosos y en apariencia dignos de estar a la diestra del Eterno en esta sagrada tarea.
Y nadie hubiera siquiera soñado que el político judío inmerso en los asuntos palaciegos persas, Mordejai, sería alzado del fango de la asimilación para alcanzar un sitial de liderazgo hacia la salvación a través del fiel retorno hacia el Eterno.
Como con los disfraces de Purim, se esconde la personalidad debajo de la apariencia de ser otra cosa.
La pureza está ofuscada a la mirada, parece inexistente, pero allí está.
La santa alma judía vibra, aunque sea enmascarada y cascoteada por el barro siniestro de la asimilación o la corrupción. Allí está el alma judía, lista para brotar al encuentro de la santidad del Eterno.
Aunque parezca que no, que no hay regreso, que la persona está perdida, caída, apartada… nosotros no podemos apostar a que así sea al final.
Por eso, debemos esforzarnos por rescatar a nuestro hermano judío de las garras espantosas de la asimilación, esa verdadera masacre de judíos, igual o peor que la shoá, según algunos, en el número de judíos que desaparecen del mundo.
Demos chance al alejado y no lo apartemos más.
Por supuesto que si esa persona alejada violenta nuestras personas, si atenta contra nuestras instituciones, si por ejemplo es un judío (verdadero y no de esos fantoches que se hacen pasar por tales) que ha caído en el estiércol de los “judíos mesiánicos”, abominables idólatras y pervertidos, y que no solamente es una persona pasiva sino un activista en la difusión de ese mortal veneno, no podemos ser tolerantes con sus conductas ni darle ni un milímetro para que cace y asfixie a inocentes. Podemos rezar por él, esperar que el Eterno haga algún milagro, pero no ser cómplices de sus maquinaciones dándole acceso a nuestras vidas o la de otros inocentes (sean sus probables víctimas judíos o gentiles).
Ante el malvado no podemos ser compasivos para no ser sus compinches en la maldad.
Algo similar con aquellos judíos que activamente y adrede difunden versiones caóticas y enfermizas de lo que pregonan como judaísmo, pero que no es otra cosa que sus propias ideologías y las de sus grupos rebeldes y revoltosos.
Datam y Aviram de los tiempos modernos, que encuentran en las fauces de la tierra su justo merecido.

Pero, al otro gran conjunto de personas alejadas, aquellos que son inocentes niños raptados por malhechores, que no conocen, no saben, no entienden y que por eso están ausentes, a esos debemos darles una mano, una chance y otra más, ser pacientes, ser afectuosos, ser comprensivos y ayudarlos y ayudarlos más.
Es una enorme mayoría los que están perdidos entre las sombras, confundidos, en caos, aunque parezcan exitosos, poderosos, socialmente eficientes, en realidad espiritualmente son como bebes sin una madre que los cargue y nutra.
Seamos nosotros los que les demos el abrazo que precisan, la leche de la Torá para alimentar sus desfallecidas almas.

Lo que parece imposible, a veces es un milagro.
El alejado da un paso hacia la luz.
Luego otro, y cuando nos damos cuenta, ya ha hecho teshuvá y preside el Sanhedrin… ¿por qué no?

Para finalizar, un amigo me tomó la foto que acompaña al texto.
El sr. obeso disfrazado de cowboy soy yo, en la lectura de Meguilá y festejo de Purim de este año, 5770, en la comunidad Yavne de mi ciudad.
Cientos de personas nos encontrábamos allí, alegres, regocijados, compenetrados, grandes y chicos, cercanos y lejanos, disfrazados por dentro y por fuera, sin disfraces, estos y aquellos.
Pero todos con esa alma judía radiante, anhelante de alcanzar la Luz del Eterno.

Como último detalle, presencié yo mismo un milagro de Purim esa noche, vi a una persona que estuvo alejada en el grado 49 de impureza (99%) y a punto de cruzar el definitivo, que esa noche participó poco y anónimamente, ¡pero participó!
Estaba allí, cuando un año atrás estaba revolcándose entre trozos de puerco y creencias confusas.
Quizás no ha subido del peldaño 48, no lo sé.
Pero ya el hecho de estar allí, de haber ido voluntariamente, de preguntar cuándo sería Pesaj… ¡cuán milagroso!

Quiera el Eterno que esta persona anónima sea el próximo Mordejai o la próxima Ester, a la cabeza de los que retornan y hacen retornar a los demás hacia las huestes del Eterno.
Que nosotros seamos testigos y socios en esa tarea de construcción de Shalom.
Así quiera el Santo bendito sea Él.

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